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Capítulo catorce: Evasión de la realidad.

Narra Justin

Cuando abrí los ojos me di cuenta de que la tenía a mi lado, de que estaba envuelta en mis brazos. Solo me había quedado dormido de aquella forma con mi madre, hacía ya bastante tiempo. Y nunca lo volvería a hacer.
Pero sin embargo, había estado en la cama con otras muchas chicas, no abrazados, quizás esa sea la razón por la que quería hacer el amor con ella. Por primera vez en mi vida sentía que quería caricias, besos y amor. No quería tirármela, quería hacerle el amor. Quería disfrutar, no solo sintiendo yo placer, sino dándoselo a ella. Me incorporé en mi antebrazo izquierdo mientras que con el brazo con el que la rodeaba la empecé a regalar caricias en la cintura, destapando poco a poco la fina sábana que se apoyaba en su cintura, provocando en ella pequeños movimientos y alguna que otra sonrisa. Como la sonrisa de tonto que debía tener ahora mismo en la cara, pero ¿qué importaba? Jamás me había sentido así. Jamás había tenido miedo de que alguien se fuese, jamás había sufrido cuando alguien se hacía daño. Pero, por alguna razón, con ella era diferente. Empecé a darle pequeños y cortos besos en el cuello para despertarla. Cuando vi que estaba consiguiendo lo que quería, la besé. Fue cuando me correspondió al beso cuando supe que estaba despierta. Sonreí haciéndola compañía. Porque es una pena que unos labios tan bonitos como los suyos sonrían solos.
Porque los chicos malos pueden ser duros, puede que parezca que tenemos el corazón de piedra, que seamos de metal tanto por fuera como por dentro, pero cuando una chica te impide pensar en otras, cuando se cuela en tu mente, cuando no puedes pasar más de dos minutos sin preguntarte qué estará haciendo, somos tan vulnerables como cualquier otro tío.
Y yo no era menos, estando con ella dejaba de ser el Bieber al que muchos temían y por el que muchas se derretían.
Empecé a notar sus suaves manos por mis antebrazos, ascendiendo despacio hasta acabar acariciándome los hombros y finalmente, revolviendo mi pelo.
No podía parar de mirarla, quizás porque era preciosa, quizás porque no puedes quitar el ojo de encima a la primera que te vuelve loco, quizás porque quería demostrarle que no entendía lo mucho que se odiaba a ella misma. Y de verdad que no lograba a entenderlo.
Estaba en bóxers, encima de ella. Con mis manos en sus caderas las deslicé hasta su cintura, dejando que bailasen en su vientre. Quería ver la reacción que causaba en ella, no fue hasta que no me libré de su camiseta hasta que no vi cómo su vello se erizaba y su tripa descendía de nivel cada vez que mis dedos se posaban en ella. La miré, solo quería saber si lo estaba haciendo bien, supongo que sí, porque me sonrió, con esa sonrisa que lo ponía todo patas arriba en mí. Desde su ombligo, mis manos exploraron su cuerpo hasta que llegaron a su pecho. Con cualquier otra chica me habría lanzado a presionarlos ya, pero ella no era cualquier chica. Volví a mirarla, pero esta vez ella ya tenía la sonrisa preparada. Empecé a acariciarla por los bordes, masajeando a la vez que mis manos se abrían y se cerraban haciéndola soltar pequeños gemidos que puedo jurar que disfruté yo más de lo que ella lo hizo.
Es bonito saber que estás haciéndole bien a alguien, ahora lo sé.
Deposité pequeños besos en la zona que había masajeado, subiendo tanto mis manos como mi boca a su cuello, sin dejar de besarla. Noté sus manos enredando en mis caderas con la banda de mis bóxers mientras los depositaba para abajo a la vez que me hacía pequeñas cosquillas. Dejé que me liberase de ellos, mis manos volvieron a ponerse en contacto con su piel a la altura de sus muslos, ascendiendo hasta la tela que la cubría, sin dejar de acariciarla en ningún momento. Agarré las tiras de su fina ropa interior cuando romí el silencio.

- ¿Seguro que quieres hacerlo? No hay prisas.
- Justin, quiero hacerlo… quiero hacerlo contigo. – Me provocó otra sonrisa. – Justin, solo… - tartamudeó cuando la desnudé al completo. – solo quiero que sepas que eres el primero.

Me helé. Mientras mis manos enredaban en sus tobillos y mis ojos seguían sin entender cómo una persona tan sumamente preciosa como ella no se gustaba. Mientras notaba que mi boca se secaba y todo lo que podía oír era a mi corazón latir más rápido que nunca con nuestra respiración de fondo. Mientras intentaba adivinar en qué pensaba.


- Dani… tú también eres la primera. – Me miró confusa. – Eres la primera con la que hago el amor.

La acerqué porque quería besarla. No quería dejar de besarla durante el resto del día.
Hacer el amor por la noche es bonito, por el día también lo es, pero hacerlo en el amanecer es lo mejor. Porque miras al cielo y ves tonos rosas y anaranjados, y ese no es el color habitual del cielo, eres un privilegiado si ves esos colores en el cielo. Y lo mejor de todo es que sientes que estás solo, que el mundo no se ha despertado todavía y que el universo se ha parado, solo por ella y por ti. Para regalarte este momento. Todo eso es lo que pensaba mientras movía mis caderas mientras me adentraba a ella, mientras no paraba de preguntarle si le hacía daño. Mientras veía cómo arqueaba su espalda por placer, mientras nuestros jadeos salían al unísono. Subí el ritmo cuando me depositó una larga serie de besos por mi clavícula. Oyéndola gemir más fuerte.
Quizás fue ahí cuando me di cuenta de que estaba enamorado, cuando la oí gritar mi nombre, cuando yo grité el suyo. Cuando me seguía repitiendo que era preciosa mientras me mecía sobre ella, mientras la susurraba al oído, mientras la miraba cuando estaba sudada y por tercera vez en esa madrugada, no era consciente de que no lograse ver lo perfecta que era. Desde cómo se movía, desde cómo echaba la cabeza para atrás cada vez que entraba en ella, cada vez que, en vez de decirme que le dolía, me cogía de la mano, cada vez que me acariciaba ella a mí, o cuando decidió ponerse encima de mí, cuando sus caderas chocaban con las mías.
Y de todo esto me daba cuenta a la vez que sonaba en mi cabeza Favorite Girl, la canción que compuse el día que se había quedado a dormir en mi casa, la noche en la que por primera vez le había contado a una persona mi historia, mientras ella me confesaba sus secretos.
No estaba totalmente seguro de si la canción era para ella, ahora estaba convencido de que sí. ¿Para quién si no? Para la única sin la que no puedo vivir.
Cualquier otra chica se habría ido después de hacerlo conmigo, pero era consciente de que ella no era cualquiera cuando la noté en mi pecho, dándome más besos aún.

- Espero que haya estado a la altura de tus expectativas. – Le dije al oído, con esa sonrisa de bobo otra vez.
- Siempre las superas. – Me volvió a helar. La abracé, porque es lo mejor que puedes hacer cuando no sabes qué decir.
- ¿Quieres que nos duchemos? – Le volví a susurrar.


Sin decir ninguna palabra, se incorporó, cubriéndose rápidamente con la sabana. Lo que yo no era capaz de entender. Se la volví a quitar.

- Créeme, si supieses lo preciosa que eres para mí andarías desnuda por la casa todo el día. – La hice sonreír mientras la cogía como una princesa. Como la princesa que era y como la princesa que quería que se sintiera.

  • 780 days ago via site
  • 245

Capítulo trece: Evasión de la realidad.

Estaba sentada en mi cama, viendo una película en el portátil con un té en la mano para ayudarme a calmarme. No quería pensar en si de verdad me iba a ir o no, pero tampoco he sido realmente feliz desde que llegué aquí, ahora me doy cuenta de que nunca lo he sido. Cerré de un golpe el portátil dando el último trago al té, ya no tenía ganas de ver la película. Me dirigí a la cocina a lavar el vaso cuando sonó el timbre. Tampoco tenía ganas de abrir. Volvió a insistir, una, dos, tres, hasta seis veces, lo que me hizo suponer que tal vez sería importante. Apagué el grifo, sacudí un par de veces las manos y abrí la puerta.

Iba a cerrarla al ver quién era justo cuando la mano de Justin me lo impidió, tenía muchísima fuerza, ¿pero por qué la tenía que emplear ahora? ¿y si no me daba la gana verle?

- ¿Te vas? – Le miré a la cara, tenía los ojos llorosos y los labios apretados.
- No lo sé, no quiero pensarlo ahora. – No me atreví a pedirle que se fuese.
Entró sin que le diese permiso y me abrazó, tan fuerte como no me habían abrazado nunca. Eso es lo que más necesitaba, ese abrazo liberaba más que cualquier corte, y sin hacerme daño. Finalmente, cesé las ganas de retener las lágrimas y le inundé la camiseta en pequeñas gotas saladas. Tenía la cabeza apoyada en su pecho mientras me daba besos en la frente a la vez que me pasaba la mano por la espalda. Miré hacia arriba y me encontré con su mirada, no dije nada, no sabía qué decir ni qué hacer, pero quería que me siguiese abrazando.
Cuando me había quedado sin lágrimas, me separé lo justo para seguir notando su respiración. Me limpié los ojos con las mangas, que rápidamente fueron capturadas por Justin. Subió el dobladillo de la chaqueta que me había puesto dejando al descubierto mis muñecas y todas las heridas que había en ellas. Con su mano empezó a acariciarlas, una por una, hasta que finalmente susurró:

- Tenemos que hacer algo para que desaparezcan.

Tan rápido como lo acabó de decir, llevó mis dos manos a su espalda y me sumergió en otro abrazo, este un poco más corto.

- ¿Por qué has venido? – Dije mirándole a la cara mientras sujetaba sus manos en las mías.
- Porque me asustaste al decir que te ibas. No quiero que lo hagas. Perdóname, ¿vale? Sé que esto ha sido por mi cul…
- No, - le interrumpí. – nada de esto ha sido por tu culpa. He sido yo, no me encuentro bien, no sé por qué Justin, pero no quiero seguir aquí.
- Esa es la razón por la que te fuiste de tu casa, ¿y si te vas de aquí y sigues sintiéndote así?
- No lo sé, pero puedo intentarlo… - Dejé de hablar cuando vi que estaba con los ojos húmedos mirándome las muñecas. – Eh, ¿qué pasa? – dije lo más bajo que pude. Por su mirada pude adivinar lo que tenía en mente. – Justin, no, no me voy a suicidar, ¿vale? Mírame, no lo voy a hacer. No importa lo mal que vayan las cosas, no lo haré. Te lo prometo.
- Pero si te has hecho esta mierda, - dijo a la vez que me enseñaba mis muñecas. - ¿Cómo sé que no irás más allá? – Y rompió a llorar. Nunca le había visto llorar. Me quedé boquiabierta, jamás le había oído sollozar.
- Justin, para. Te lo acabo de prometer. No lo voy a hacer. – Ahora era yo la que estaba en lágrimas.

Volví a cubrirme las muñecas, me sentía incómoda. Noté dos manos, una a cada lado de mi cabeza, sujetándome muy fuerte, cuando dirigí mi mirada para arriba me encontré con dos ojos cerrados aproximándome más y más a mí, cerré los ojos casi al mismo tiempo al que noté un suave contacto en mis labios. No era como el de Chaz, este sí le quería. Cerré los ojos con más fuerza aún y uní mis manos en la parte de atrás de la cabeza de Justin, mientras jugaba con su pelo, continuando el beso. Abriendo la boca y dejando tocar nuestras lenguas. Las manos de Justin bajaron hasta mi cintura, juntándome más a él, si es que eso era posible.
Era el beso más bonito que me habían dado en la vida. Besándonos a la vez que nuestras lágrimas fluían juntas, dejando hueco para oír nuestros sollozos y nuestros suspiros. Paré el beso cuando me había quedado sin aire, siendo lo suficientemente valiente para abrir mis ojos y encontrarme con los de Justin. No sé si era el momento más indicado, pero sonreí, quizás mostrándole que estaba un poco más feliz ahora, que me había hecho olvidar las razones por las que quería irme, no lo sé, pero quería sonreír.
Noté una mano en mi cuello cuando Justin me devolvió la sonrisa, me cogió con una mano por detrás de las rodillas y otra rodeándome la cintura, levantándome del suelo al estilo nupcial y depositándome en la cama. Se quitó los zapatos y se tumbó encima de mí, con ambas manos en mi cadera y sus piernas cubriendo las mías mientras nuestros labios se unían en pequeños besos cortos. Noté que se alejaba cuando yo cerraba los ojos. Le cogí de la mano.

- No te vayas.
- No tenía pensado hacerlo. – Dijo tumbándose detrás de mí, a la vez que me abrazaba.

  • 798 days ago via site
  • 196

Duodécimo capítulo: Evasión de la realidad.

Se paró en frente de mí, mirando al suelo. Intentaba adivinar si quería o no hablar conmigo cuando noté su fuerte agarre en una de mis muñecas. Me dolió muchísimo, pero hice apaño para disimular mi mueca.

- Espera. – Dijo con su característica voz ronca al despertarse.
Retiré mi mano de la suya y me encontré con su mirada. No sabía qué decir, pero tenía que romper aquel silencio.
- ¿Quieres algo?
- Pedirte perdón. – Levantó la mirada empequeñeciendo sus ojos.
- No soy yo al que pegaste anoche.
- También voy a pedirle perdón a él. Incluso aunque no crea que deba. Él mismo se lo buscó.
- ¿Por qué? – Subí mi tono. - ¿Por tocarme? Eso es algo de lo que me tendría que ocupar yo.
- Pues perdona por querer ayudar, ¿eh? – Dijo irónico y enfadado, casi al borde del grito. – Perdona por comportarme como un amigo.
- Chaz también es mi amigo. Y en ningún momento necesité tu ayuda.
- ¿Y Chaz sabe tanto de ti como yo? ¿Eh? Dime.
Sabía de lo que estaba hablando, pero en cambio, no sabía si era una amenaza por su parte o solo una pregunta retórica. Sentí cómo ardían mis mejillas y me di cuenta de que tenía las lágrimas prácticamente amenazando con salir, no quería que me viese llorar, no podía dejar que me viese así de débil. Estaba harta ya de eso.
- Mira Justin, - puse la voz más firme que pude. – ¿no ibas a pedirle disculpas? Pues hazlo, pero a mí déjame en paz.
Ni siquiera estaba segura de si lo que había dicho tenía sentido, pero tan rápido como escupí las palabras de mi boca, dejé a Justin ahí plantado y me dirigí a algún sitio. No sé si a casa, a la biblioteca, a alguna cafetería o a dónde, pero necesitaba irme lejos, y no solo para este rato.

Narra Justin.

Me sentí confuso cuando Dani se fue. Todo esto lo iba a hacer por ella, solo iba a pedirle perdón a Chaz para aliviar las tensiones entre todos nosotros y volver a estar bien. Pero ahora había metido la pata con ella también. Quería salir corriendo detrás de ella, pero mi orgullo me retenía allí. No sé por qué no me retuvo cuando pensé en ir a pedir perdón a Chaz.
Sacudí mi cabeza y me dirigí a los pisos donde vivía Chaz, subí en el ascensor sin pararme a pensar en lo que le iba a decir. No vacilé cuando me encontré delante de su puerta, llamé, y tan pronto como abrió, entré sin saludar.

- Eh, tío, ¿qué mierdas haces aquí? Salte ya. – Pude notar algo de medio en su voz.
- Tranquilo, he venido a… - ¿A pedir perdón? ¿Justin diciendo eso? Venga ya. – A hablar contigo sobre lo de anoche.
- Pues a mí no me da la gana. Vete. – No se fiaba de mis palabras. Saltaba a la vista el miedo que tenía de que no le pegase o empezase una pelea. Me senté en su sofá ignorándole, reconociendo el olor a Dani que tenía.
- Ven, siéntate.
- Esto me da mal rollo, ¿sabes? – Dijo quedándose de pie a mi lado. – Sales con Ashley y te pones celoso de que me acercase a Dani, ¿a ti qué te pasa? ¿No sabes que con Dani el rollo de ser el líder de tu banda no sirve para nada?
- ¿Y quién ha dicho que tenga que servir de algo, eh?
- Pues entonces, ¿qué mierda te importa si la toco o no?
- Mira tío, me estás cansando. Tú simplemente no te pases de la raya con ella o tendré que tomar cartas en el asunto.
- Osea que vienes con amenazas, dime, ¿es por eso por lo que no se ha atrevido a seguir besándome esta mañana?

Había tocado la fibra que no tenía que tocar. Anoche tocándola y hoy ¿besándola? Se me cruzaron los nervios al mismo tiempo que lo tenía enganchado del cuello contra la pared. ¿No venía a arreglar las cosas? ¿Por qué me había molestado tanto lo del beso?
Le escupí, sin más. Dejando su casa sin ni siquiera cerrar la puerta. Me sentía como una mierda. Estaba con Ashley, ¿no? ¿Qué más me da si la besa o se la tira? No, por alguna razón no me daba igual. Noté el móvil vibrando en el bolsillo, “Ash.” No tenía ganas de contestar, pero sabía lo increíblemente pesada que se pondría si no se lo cogía.
- ¿Qué quieres? – Hice el menor esfuerzo por parecer amable.
- Ays, vaya humor tenemos hoy, ¿no? – Detestaba su pito de pija. – En fin… ¿no vas a venir a verme hoy? Te echo de menos…
- Ashley, hoy no tengo ganas. - ¿Las tenía algún día? ¿Por qué seguía atado a ella? Ya no estaba bajo ninguna amenaza.
- Venga, tontorrón…
- Ashely, ¿sabes? Esto se ha acabado, sabes por qué estaba contigo. – Colgué y borré su número de mi agenda de contactos.

Tenía una llamada perdida de Dani, me daba miedo a la vez que tenía ganas de hablar con ella. Di a “devolver llamada” inmediatamente, aunque sabía qué tema iba a ser.
- ¿Qué te pasa Justin? ¿No ibas a pedirle disculpas? – Estaba llorando.
- Eso era antes de que me dijese que te intentó besar. – Y yo furioso.
- ¿Es esa razón para ponerte así? ¿Voy yo amenazando a tus amigos cada vez que besas a Ashley?
- ¿No podemos vernos en vez de gritarnos por el teléfono? – Sabía que tenía razón.
- No, no quiero verte, ni a ti ni a nadie. Es más, me voy. Ha sido un error venir aquí.

Era la primera vez que lloraba desde hacía mucho tiempo.

  • 803 days ago via site
  • 204

Undécimo capítulo: Evasión de la realidad.

No recordaba haberme quedado dormida, y tenía un recuerdo bastante borroso de haber llegado a casa anoche, en cambio, recuerdo a la perfección cómo acompañé a Chaz a casa en el más máximo e incómodo silencio. Estaba algo extraña, ¿estábamos Chaz y yo perdiendo nuestra amistad? Antes caminábamos horas y horas sin abrir la boca y no sentía la necesidad de tener que decir algo para sentirme a gusto, como anoche.
Todavía tumbada en la cama, supe que lo primero que tenía que hacer era hablar con Chaz, tranquilizarle para que no se sintiese culpable por lo que pasó ayer y preguntarle cómo estaba de aquellos golpes. No sé cómo lo iba a hacer, porque de pronto, tenía el móvil apagado, raro de él a las 2:30 de la tarde. Solo me quedaba ir a preguntar a la cafetería, aunque sus padres no quieran saber nada más de mí, les fallé en el trabajo, llevo a su hijo de fiesta y le traigo borracho y con unos guantos moratones… Me obligué a parar de pensar. No me iba a traer nada bueno sentirme culpable.
Le eché valor y decidí vestirme e ir en busca de Chaz. Me puse un vestido largo y floral fino con unas sandalias marrones, metí el móvil, el dinero y las llaves en el bolso y salí de casa sin pararme a comer nada. Esperaba que no me diese ningún mareo. Hacía un día increíble, de esos en los que te dan ganas de ser feliz, de cambiar de forma de ser y convertirte en lo que quieres, de ir por la calle sonriendo. Pero yo hoy no encontraba ninguna de esas razones. Vi a Lisa a través de los cristales de la cafetería, con un par de clientes nada más, pero decidí pasar a preguntar por Chaz.

- Hola. – Dije en cuanto Lisa se percató de mi presencia.
- Dani, - me respondió en tono amable. - ¿qué haces por aquí? ¿Buscas a Chaz?
- Sí, quería verle. ¿Está aquí?
- Oh, no. Está en casa. Cuando nos hemos venido aquí todavía no se había despertado. ¿Qué tal anoche?
Genial, parecía que no sabía nada. Era hora de seguir con el juego.
- Muy bien, nos divertimos mucho. – Mentí.
- Me alegro, aún no sé cómo convenciste a Chaz para que saliese con vosotros. No le van esas fiestas… ¿Bebió mucho? No he tenido oportunidad de verle.
- Probó de algunos vasos, dijo que no iba a beber. Ya sabes, no le gusta. – Volví a mentir.
- Bueno, pues luego le veré. – Se despidió al ver que entraban algunos clientes. – En casa le tienes.
Sin decir más que un “adiós” algo agradable, me dirigí a toda prisa a su casa. Después de lo de ayer debía de tener una resaca increíble. Me salió una pequeña risa al imaginarme cómo estaría ahora. Desde la calle se podía ver las persianas de su habitación subidas, lo que seguramente indicase que está despierto. Antes de entrar en el portal de su piso, me acerqué a una tienda de chocolates y cafés y le envié un mensaje:
“Si ibas a desayunar espérate cinco minutos, y si ya lo has hecho, hoy tienes desayuno doble.
Espero que te encuentres bien, te quiero.
Dani.”

Compré un batido de leche con caramelo y otro de chocolate, y tras pagar, me dirigí a su casa a la velocidad del rayo, me abrió la puerta sin ni siquiera haber llamado.
Estaba increíblemente guapo. Con el pelo despeinado, sin camiseta, unos pantalones de chándal holgados y una cara de dormido que me provocó risa. Tras tres segundos de contemplación, me lancé a abrazarle. Me alegraba no verle con ningún moratón, eso indicaba que los golpes no habían sido demasiado fuertes.

- ¿Y esto? – Dijo sonriendo mientras me cogió su batido de chocolate de las manos.
- Para que me perdones por lo de anoche, ¿aceptas mis disculpas? – Puse con cara de cachorrito. Aunque antes de que mi expresión fuese creíble ya estaba en sus brazos otra vez con la cara llena de besos suyos y pidiéndole que parase de hacerme cosquillas.
- No me he enfadado contigo, tonta. – Rió divertido.

Perdí la cuenta de las muchas horas que llevaba hablando y riendo con él, hasta que cuando pegó su frente a la mía, reaccioné. Me alejé un poco, solo unos centímetros. No estaba segura de querer hacer eso. Chaz me encanta, es el chico que toda chica quiere tener de novio, es guapo, atento, responsable… pero por alguna razón, no le veía más que como un amigo. No, sí estaba segura. Aunque era evidente que sentía una pequeña atracción por él, no quería hacerlo. Si no hubiese sido tan lenta en ordenar mis pensamientos, quizás ahora no me encontraría con los ojos cerrados sintiendo una suave presión en mis labios, que rápidamente, se convirtió en una caricia, como las sentía en mi cintura. No dejé paso a la lengua, separé mis labios de los suyos y me apoyé en su hombro con la frente. Creo que no era el momento adecuado para decirle que no, pero tampoco era cuestión de hacerle ninguna ilusión. Sabía lo mucho que dolían. Me atreví a mirar para arriba, y me encontré con una mirada confusa, igual que la mía, pero por diferentes razones, él se preguntaba por qué había parado de besarle y yo, en cambio, por qué estaba Justin en mi mente. Me incorporé rápidamente, le di un beso en la mejilla y me despedí. Se quedó allí, sin decir ni hacer nada en cuanto salí por la puerta.

Y aquí volvían todos estos sentimientos que eran de todo menos buenos. ¿Por qué me sentía así? No he hecho nada malo, ni siquiera él. Pero me sentía mal. Como todas las veces que me habían llevado a lesionarme. Haciendo memoria, creo que sabía el por qué de esta sensación: le había hecho daño. Y eso era lo que más odiaba. ¿Cuántas veces me han hecho daño a mí? Mis padres, mis “amigos”, chicos de los que creía estar enamorada, yo mismo…
No le deseaba a nadie pasar por lo mismo que yo, y sin embargo, sentía que a Chaz, le había hecho esa clase de daño. Como cuando Justin y yo estuvimos tumbados esa noche confesándonos secretos y ahora vuelve con Ashley. Recordaba lo mucho que dolía. Pero no podía hacerle creer que yo sentía lo mismo que él. Aunque mi vida sea un conjunto de mentiras, no le quería entrometer a él. A veces, aunque nos duela no acceder a las peticiones de los demás, hay que pensar en qué queremos nosotros. Tenemos que dejar de lado lo que quieran los demás y pensar en nuestra felicidad. Y yo no sería feliz si engañase a Chaz de esa forma. Todo esto fue lo que pensé antes de encontrarme cara a cara con Justin, el que tampoco tenía un solo rastro de los golpes de anoche.

  • 828 days ago via site
  • 274

Décimo capítulo: Evasión de la realidad.

Esa conversación y unas cuantas caricias en mis muñecas era todo lo que recordaba de la noche anterior. Me sentía rara, todos los recuerdos de anoche me estaban golpeando la mente, sin embargo, me parecía increíble como el hecho de haber tenido a un hombre apuntándome con la pistola no me conmocionase tanto como el de haberle confesado a Justin mis autolesiones. Seguía impactada por la experiencia que él había pasado con su madre, y desgraciadamente, sin ella.
Me froté los ojos para despejarme un poco, y me di cuenta de que Justin no estaba a mi lado. Recorrí con mi vista todo el salón, y finalmente, dirigí mi mirada hacia la cocina, tampoco estaba allí. En cuestión de unos pocos segundos, cuando ya me había despertado casi por completo, oí un sonido procedente del piso de arriba, la ducha. Me incorporé en el sofá y me levante despacio. Antes de que pudiese haber ido a cualquier dirección, oí unos pasos bajando enérgicamente las escaleras y un “¡Buenos días!” fue lo primero que escuché. Justin se dirigió al perchero de al lado de su puerta, y con aire nervioso, me dijo:

- Oye Dani, tengo que irme. Te he dejado el desayuno preparado en la mesa. Quédate el tiempo que quieras. – Apuntó con la mirada hacia la cocina mientras yo puse mis ojos en los cereales y el zumo de naranja que allí había y que por supuesto, no me iba a comer.
- ¿Adónde te vas?
- He quedado… - Me quedé mirándole esperando una repuesta. - … con Ashley.

Sentí cómo me caían kilos y kilos de ladrillo sobre el corazón. Ya volvíamos a lo mismo de siempre, a las mentiras. Sé que diría algo como “Vale, no pasa nada.” Fingiendo estar bien en vez de pedirle que se quedase, que necesitaba que estuviese a mi lado.

- Vale, yo también me debería ir a casa. – Dije todo lo firme que pude mientras estiré mi ropa y me levantaba del sofá.
- ¿No vas a desayunar? – Se precipitó cuando me vio dirigirme a la puerta.
- Sí, claro. – No quería más sospechas. Desvié mi mirada hacia abajo para no tener que decir nada más y jugueteé con mis dedos hasta que finalmente se despidió.
- Te veo luego, ¿vale? O esta noche si hay fiesta. – Me dio un beso en la cabeza y desapareció por la puerta.

Desapareció dejándome sola en su casa, sola con mi mente torturándome. “Eres idiota.” Y tenía razón. ¿En qué momento se me había pasado por la cabeza la idea de que le importaba? Había sido amable conmigo la noche anterior y eso había sido todo. No le importo a nadie, ¿por qué a él sí? Estaba confusa, creía que solo salía con Ashley por la amenaza de su hermano, ahora estaba convencida de que estaba con ella porque le gustaba. Me cubrí las muñecas y vacié un poco de zumo y unos cuantos cereales para que Justin creyese que había desayunado, y los tiré por el fregadero y a la basura. Guardé la comida en su sitio y me fui a casa. Sin saber qué iba a hacer allí.

Necesitaba distraerme para no volver a la misma rutina de siempre. Me preparé un baño de agua caliente y perdí la cuenta del tiempo que estuve allí sumergida, con una guerra interna en mi mente. Observando mis muñecas y acordándome de cada historia que las había hecho estar allí. Me empezaba a sentir mal de nuevo, así que tenía que buscar otra distracción. Salí de la bañera y me miré en el espejo. Empecé a peinarme y secarme el pelo, sonreí lo mínimo cuando se me quedó a mi gusto, acto seguido, me liberé de la toalla y me acerqué al armario desnuda, me vestí con unos shorts vaqueros cortos, unas medias negras, un jersey del mismo color de las medias de talla grande y mis botas militares. Sin coger nada más, me dirigía a la puerta y salí a la calle.

Me gustaba bastante la zona donde vivía, apenas había personas adultas y el hecho de que estuviese habitado por gente de más o menos mi edad, me confortaba. Era un sitio libre. Caminé cerca del parque por el que siempre iba y vi a Chaz con la cabeza baja en un banco. Últimamente siempre estaba así, desanimado, triste… Cada vez salía menos y pasábamos menos tiempo hablando por teléfono. Sentí una oleada de tristeza cuando me di cuenta de que yo me sentía así cuando todos mis problemas empezaron. “Que no le pase eso a Chaz.” Me dije en mi cabeza a la vez que me sentaba con él en el banco.

- ¿Otra vez solo? – Me quedé mirándole un instante, ni siquiera se volvió hacia mí.
- No te preocupes. Estoy bien. – Era gracioso. Las veces que habría dicho yo eso…
- Escucha, sé que todos necesitamos un tiempo para nosotros, un tiempo para estar solos. Pero a veces pensar más de la cuenta trae problemas. Así que olvídate de todo y vente conmigo de fiesta esta noche. Ya llorarás más tarde, ¿qué te parece el plan?
Vislumbré una sonrisa lateral a medida que levantaba ligeramente la cabeza. – Me vas a llevar por el mal camino. – Los dos reímos.

Habíamos quedado con todo mi grupo, al que difícilmente había convencido para que pudiese venir Chaz, a las 11:00 en nuestro descampado de siempre. Chaz y yo habíamos quedado un poco antes así que decidí vestirme nada más volver a casa de nuevo.
Saqué una camiseta gris de un viejo grupo musical, me la metí por dentro de una falda de cuero negra y ajustada y me calcé unos tacones a conjunto con la falda. Me ondulé ligeramente el pelo y le di volumen a mis ojos. Cogí el bolso y salí hacia adonde habíamos quedado. Cuando le vi, con una camiseta con mensaje y unos vaqueros apretados, me dedicó una mirada de aprobación, di una vuelta sobre mí misma como te piden cada vez que llevas ropa nueva, y me uní a él entre risas. Decidimos ir andando hacia la fiesta, a la que Justin había decidido ir sin Ashley. Nada más llegar, presenté a todo el mundo a Chaz, menos a Justin, y me sentí aliviada de que se quedase hablando con un grupo de chicos. No había salido tan mal como esperaba. Me junté con Marlene y dos amigos más, viendo por el hueco que dejaban los dos chicos mientras bailaban a Justin con un cigarro en la mano y la mirada fija en el móvil. Estaba notando que me empezaba a preocupar de nuevo y como no quería joderme la noche, fui a servirme un vaso de vodka.

Una hora más tarde, todavía completamente consciente de todos mis actos, me retiré a una esquina después de haber estado bailando con algunos amigos, Chaz no tardó un minuto en dirigirse hacia mí. Por la forma en la que andaba, se notaba que había bebido algo más a lo que estaba acostumbrado, resultaba gracioso. Me puso una mano en la cintura, gesto raro viniendo de él, y me miró a los ojos. Me encontraba incómoda.

- Dani, escúchame, quería darte las gracias por haberme apoyado tanto. – Le acompañé la sonrisa. Me hizo un gesto y nos sentamos sobre los bancos de piedra que había allí.
- No tienes nada que agradecerme, me alegro de que te lo estés pasando bien. – Me sonrió mientras se acababa su cubata. Vi cómo su mano se desplazaba hacia la parte más cercana a mi rodilla de mi muslo, y rápidamente, me aparté quitándole la mano.

Antes de que ninguno de nosotros pudiésemos reaccionar, Justin estaba enfrente de mí con el puño cerrado en la cara de Chaz. Me quedé inmóvil, ¿por qué hacía eso? Apenas me había tocado. No tuve tiempo de levantarme cuando otro par de amigos separó a Justin, y Marlene a Chaz, quien también se había animado a sortear golpes.

- ¿Quién coño te crees para tocarla? – Gritó Justin mirándole con odio. – Si quieres conservar tu cara apártate de ella.

Mi cabeza dio un vuelco. Recordé lo mal que estaba Chaz días atrás, y que cuando me había tocado hace un instante lo había hecho porque llevaba copas de más, y cuando me vino la sensación de saber lo mal que se podría sentir mañana por esto que acababa de ocurrir, salté a defenderle.

- Justin, ¡no ha hecho nada! Está bebido. No tienes que controlar quién me toca y quién no. – Me acerqué a Chaz, que miraba al suelo sin ninguna expresión.
- Venga, vámonos. – Le susurré cogiéndole del brazo. Giré la cabeza viendo cómo Justin, ya sin nadie que le sujetase, escupía al suelo mientras me miraba de arriba abajo con algo de enfado o rabia. Desvié mi mirada lo rápido posible.

Bajando la colina donde se encontraba nuestro descampado y sin mediar palabra con Chaz, le paré en seco.

- Chaz, es mejor que vomites para que se te baje la borrachera un poco. No quiero que llegues a tu casa así. – Descarté rápidamente la idea de que se quedase en mi casa a dormir.

Asintió y llevé mi mirada hacia arriba del monte, donde aún se los podía distinguir a todos bailando. A todos menos a Justin, que dirigió su mirada hacia mí. Le aguanté la mirada unos segundos, hasta que Chaz me puso una mano en la espalda y me pidió que le llevase a casa.

Una vez que ya había dejado a Chaz en casa y yo me hallaba en la mía, me desplomé sobre unas de las paredes de mi habitación. ¿Por qué me confundía de esta forma? ¿Por qué no quiere que esté con nadie pero él no duda en salir con otra?

  • 875 days ago via site
  • 313

Noveno capítulo: Evasión de la realidad.

Nota: Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento.
Siento de verdad no haber podido subir capítulos, pero estaba hasta arriba, literal, de exámenes, y no tenía tiempo. Esta semana intentaré subir todos los días, en Navidades no voy a subir hasta el día 7 u 8 de Enero, no estoy en mi casa. Pero os prometo que estos capítulos van a ser largos y los de Enero también. Mil gracias por preguntarme una y otra vez por los capítulos y por todos los comentarios. Este capítulo lo he hecho más largo para compensar los días que no subí.

Una vez allí detrás de Justin, con el arma apuntando hacia nuestras cabezas, se me paró el mundo por un instante. Justin estaba hablando con él, pero yo no estaba pendiente de la conversación.
Por mi mente pasaron todos los recuerdos que tengo de mi corta vida, y llegué a la conclusión de que no estaba orgullosa, no había aprovechado bien el tiempo que había tenido, ni a las personas. Pero me di cuenta de que si me mataban ahora mismo, tampoco me importaría, no, no me importaba morir, pero si algo tenía claro, era que no iba dejar que matase a Justin. Antes de que pudiese concienciarme de lo que había pasado, aquel señor ya había bajado la pistola y Justin me estaba rodeando por la cintura con un solo brazo, pegándome a su costado e introduciéndome en su casa. Una vez dentro, apoyada en un extremo de la puerta abierta, Justin abrió un cajón para sacar una bolsa de lo que supuse que era dinero. Se la tiró al señor sin molestarse en salir de la casa y dio un portazo.

- ¿¡Qué ha sido todo eso!?
- ¡Te dije que te fueras, joder! ¡No tenías que haber visto nada de esto! – Estaba sentado contra la puerta, con la cabeza escondida entre sus manos. Sabía que estaba llorando, y por muchas veces que le viese llorar, sabía que no me iba a acostumbrar a aquello. Me senté a su lado, mirando el pelo que no estaba cubierto por las manos y relajé mi tono de voz.
- ¿Es tu padre? – Negó con la cabeza. Descubrió la cara y sin secarse los restos de lágrimas que se depositaban en sus mejillas, dijo entre dientes con cierto tono de asco. – No. Tendremos la misma sangre, pero ese cabrón no es mi familia. – Puso una mirada ausente, triste.
- ¿A qué ha venido? ¿Y por qué te apuntaba con una pistola?
- Es una historia larga y que no me apetece recordar. – Pausó en mí la mirada dos segundos. Acto seguido, se levantó, vaciló un momento y se secó la cara con la parte inferior de su camiseta. Me levanté tras él. – Siento que hayas tenido que ver esto. – Me rodeó con sus brazos y apoyé mi cabeza en su hombro. Depositó pequeños besos en mi pelo. Yo sólo le apretaba con fuerza, para hacerle saber que estaba allí con él. Nunca me había dado un abrazo tan sincero. Nuestros abrazos siempre solían ser bromeando, con unas cuantas risas y una sacudida de pelo por su parte. Noté cómo sus lágrimas volvían a caer de sus ojos, mojándome el cuello. Elevé un poco la cabeza y le di un beso en el mentón, me apretó un poco más.
- ¿Quieres estar sólo? – Sabía que aunque me dijera que sí, no quería, ¿a quién le iba a gustar estar solo en una situación como esta? Pero quería oír su voz, saber que esto ya había pasado.
- No, por favor, quédate conmigo. – Su voz se ahogaba contra mi cuello. Pero pude oírle gracias a que tenía el oído muy cerca de su boca. Cada vez sus brazos me estrechaban más, notaba presión, pero no me hacía daño. Alcé mis manos para acariciar su pelo, nunca me habían hecho eso, pero he visto en películas como esto tranquiliza. Noté un pequeño vacio en mi tripa, mi madre nunca me había acariciado el pelo. Me entristeció saber que jamás había recibido un gesto tan insignificante, como el que te acaricien el pelo, pero que a la vez podía ser tan gratificante. – Tenía que haberle matado. – Dudé en si había sido real lo que acababa de oír, pero Justin lo había dicho demasiado serio. Me separé un poco de él, sin dejar de abrazarle.
- Justin, no digas tonterías, por muy mal que te haya tratado, ¡es tu padre!
- ¡Que no, que ese imbécil no es mi padre, no es nada mío! ¡Nada! ¡Ha sido lo peor que me ha pasado en la vida, él!
- Justin, sé que estás cabreado, pero creo que te estás pasando.
- Pues yo creo que decir eso no es nada en comparación con…
- ¿Con qué? – No pudo responder. No pudo ni siquiera abrir la boca para musitar una palabra. Las lágrimas le invadieron. Creo que ni yo había llorado así en el peor día de mi vida. Pasó de sollozar a casi gritar. Yo sólo le estrechaba entre mis brazos. De repente le entendí a la perfección, esos llantos eran de rabia, de rabia por guardar una cosa dentro y no compartirla con nadie, y ya, simplemente había explotado. Como temo que me pase algún día.
- ¿Quieres que te lo cuente? – Se volvió a secar las lágrimas. Se separó del abrazo, pero seguía a la misma distancia mirándome fijamente a los ojos. Asentí levemente. Justin clavó su mirada en el suelo, cerró los puños y frunció el entrecejo unos segundos, luego se llevó las manos a los ojos y se apretó un poco, se pasó la mano por el pelo y me sentó a su lado en el sofá. Cogió una de mis manos y entrelazó sus dedos entre los míos, sin dejar de mirarme a los ojos. Luego, apoyó su cabeza contra el respaldo y empezó a hablar. – Cuando tenía doce años mi padre empezó a pegar a mi madre. Mi mundo entonces se empezó a desmoronar. – Se le humedecieron los ojos, yo le apreté la mano un poco más fuerte. – No he tenido una infancia fácil, en el colegio y en el instituto sufrí bullying, jamás llegué a tener ningún amigo. Ni uno solo, ni dentro ni fuera del colegio. No sabía exactamente por qué no encajaba, ellos me decían que porque tocaba la guitarra y el piano, y eso era de gays. Mi madre estaba siempre conmigo, siempre que venía solo del cole, ella estaba esperándome en la puerta, me llamaba en las horas de recreo al móvil para que no me sintiese solo… Empecé a odiar a mi padre, quizás a los doce años no se puede odiar a nadie, y menos a una persona que lleva viviendo contigo desde el día en el que naciste, pero yo solo sabía que estaba haciendo daño a mi madre, y eso no me gustaba. Una noche estaba durmiendo en mi habitación, cuando oí un ruido que venía de la puerta de mis padres. Me asusté, no escuché a mi madre llorar como solía hacer cada noche. – Empezó a llorar, acercándose un poco más a mí. – Fui corriendo a su habitación y me encontré a mi madre tirada en la cama, desnuda y muerta. Mi padre estaba con un bate de béisbol en la mano. Me recorrió algo por el cuerpo. No sé si fue odio, ira o qué, pero desde ese momento no era el mismo. Me había quitado a mi madre, a la persona más importante de mi vida. Ya no estaba. Mi padre salió de allí, dejándome solo con ella. ¿Sabes lo que lloré? Busqué de todo para matarme, me sentía perdido. – Ahora los dos estábamos con lágrimas en los ojos. Pero en vez de agarrados de la mano, él tenía su cabeza recostada en mi pecho. – Me fui de casa dos años más tarde. – Me miró e hizo una pausa que interpreté como que ya había acabado de hablar. Estaba conmocionada, me temblaba todo el cuerpo. Apenas podía articular palabra.
- Justin, yo… sé que “lo siento” no sirve de nada, pero…
- Lo sé, no tienes que decir nada. – Cruzó sus manos por detrás de mi cabeza y me apoyó en su pecho mientras me besaba la frente. Yo le abrazaba de la cintura, lo más fuerte que podía.
- ¿Por qué nunca le denunciaste?
- Porque eso no traería a mi madre de vuelta. Y es todo lo que yo quería, si ella no estaba no me importaba lo demás.
- Gracias por habérmelo confiado. – Susurré.
- Gracias a ti por habérmelo dejado confiar. Espero que ahora me cuentes más cosas a mí. – Sé que quería cambiar de tema. Lo entiendo, era demasiado horroroso.
- Ya sabes que me fui de casa porque ese no era mi sitio. No hay más historia.
- Yo no me refiero a eso. – Me tomó de las muñecas y las alzó para dejar los cortes a la vista de ambos. Intenté retirarlas, pero era más fuerte que yo. No pude evitar sentirme patética, durante todo el tiempo que llevo aquí siempre he fingido ir de una persona fuerte, una persona que no se rompía tan fácilmente. Jamás creí que llegaría un día en el que tendría que contárselo a alguien. “Patética.” Es todo lo que resonaba en mi mente. Cuando volví a mirarle, y prometo que me costó hacerlo, mis muñecas estaban en frente de sus labios, y él las iba dando pequeños besos mientras me acariciaba cada corte con las manos. - ¿Por qué lo haces? - ¿Qué se supone que tengo que decir? ¿”Porque me siento mal conmigo misma, lo hago porque la sangre me hace sentirme viva, durante unos momentos me libro de este vacío. Por mi autoestima.”? Ya sabía la respuesta “Eres increíble, no vuelvas a hacerlo, promételo.” Esa era la respuesta que siempre te dan. “No vuelvas a cortarte, eres preciosa.” Es como si a una persona con cáncer la dices “Supéralo, eres fuerte.” No es tan sencillo.
- No voy a mentirte, pero tampoco me hagas darte una respuesta. – Ahora era yo la que tenía la mirada baja. Estaba temblando. Tenía ganas de llorar, de volver a cerrarme en el baño… y a lo mismo de siempre.
- No te voy a pedir que lo hagas si no quieres. – Llevó mis brazos hacia su cintura, y me alzó encima de él, cuando consiguió tumbarse, me recostó a un lado, contra el respaldo del sofá y su costado. Se dio y la vuelta y quedó mirándome, acariciando cada corte, mientras me daba cortos besos en la frente. Me apretó contra él y nos quedamos mirándonos por un buen rato.

Por un momento, me sentí bien. Como hacía mucho tiempo que no me sentía, como cuando era pequeña. En ese momento no estaba fingiendo, estaba siendo yo. La “yo” que tanto odiaba, pero al menos no estaba mintiendo. Kurt Cobain una vez dijo “Prefiero que me odien por lo que soy, a que me quieran por lo que no soy.” Y por una vez esta frase tenía razón. He estado rodeada de gente que ‘quería’ a una persona que no era yo, por eso me sentía sola, porque no me mostraba. Mostraba una coraza de mí. ¿Y si me odian por ser yo? Tampoco me importaba en ese preciso instante, me iban a odiar a MÍ, pero al menos era yo misma, quizás por eso me sentía bien. Aunque sabía que este yo no iba a salir de aquí, que cuando volviese a ir a la calle o a quedar con todos, volvería a mostrar mi coraza. No me sentía con la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo, incluso sabiendo que era lo mejor.

- Dani. – Un susurro me cosquilleó la oreja. Volví a centrar mi mirada en él. - ¿Has intentado matarte alguna vez?
- No. Sólo lo he hecho por sentirme… porque me aliviaba. Pero jamás he querido matarme.
- ¿Crees que puedo hacer que dejes de cortarte?
- Con unas palabras no lo vas a conseguir, Justin. Pero tranquilo, por mucho que me autolesione no me voy a suicidar.
- No, creo que no me has entendido. – Se acercó un poco más a mí y me depositó las manos en la barbilla. – No es solo el hecho de que te cortes. Me daría prácticamente igual si te dejases de cortar pero sigues sintiéndote mal. Yo lo que quiero es que estés feliz, ¿me entiendes ahora?
- Sí. – Me salió una sonrisa repentinamente. – Porque ahora lo estás consiguiendo.

  • 985 days ago via site
  • 299

Octavo capítulo: Evasión de la realidad.

Nota: Hola. Siento ponerme pesada con las notas, pero en este capítulo quería aprovechar y poneros mi ask: http://ask.fm/thankskidrauhlx para cualquier pregunta sobre la novela o cualquier duda que tengáis acerca de ella.
Por supuesto si queréis preguntar algo que no tenga nada que ver con la novela, adelante. Os dejo con la novela, gracias otra vez por todos los comentarios. Sois increíbles.


Le miré, divertida y confusa al mismo tiempo. Me encontraba sin fuerzas para subir las escaleras, pero lo hice igualmente. Me dejó subir primero, y accedí a la habitación. Me apoyé en la puerta del baño, que estaba a unos pocos metros de la cama, mientas Justin se quitaba la camiseta. Me noté como enrojecía. Me dio otro pequeño mareo, y decidí que era hora de comer algo.


- Justin, voy a bajar abajo a coger unas cosas un momento, no tardo.
- ¿Te vas a poner guapa para mí? – Él ya yacía sobre la cama con las dos manos apoyadas detrás de su cabeza. Cogí la almohada que tenía a mi alcance y se la tiré a la cara. “Idiota”, dije entre risas. Oí su dulce risa mientras bajaba las escaleras.


Abrí la puerta de la nevera silenciosamente y, mientras calentaba un pequeño plato de macarrones del día anterior, me agaché a coger una manzana. El pitido del microondas me distrajo de mirar la tele que había puesto a bajo volumen. Apoyé el plato sobre la mesa, cogí un vaso de agua y empecé a cenar lo más rápido que pude para que Justin no pudiese verme.
Lamentablemente, no salió como esperaba. La puerta de la cocina se abrió sin ni siquiera ser golpeada. Justin entró e hizo una mueca de interrogación con la cara.

- Creía que no tenías hambre. – Dijo mientras desplazaba una silla y se sentaba a mi lado.
- No, no tenía. – Intenté sonar convincente. – Me ha venido de repente.
- Claro, al verme a mí. – Me robó el tenedor de las manos para meterse en la boca un pinchazo de macarrones.
- Seguro que es eso. – Dije mientras me apartaba de la mesa.
- ¿Ya no comes más?
- No, ya… - No podía decir que había cenado, porque era obvio que no. El sonido de mis tripas me volvió a jugar una mala pasada.
- ¿Te incomoda que te vea comer?
- ¿Qué dices, Justin? Claro que no. Es sólo que no tengo hambre.
- Dani, ¿te pasa algo? No comes desde ayer. Y no me digas que no tienes hambre cuando tus tripas no paran de rugir.
Negué con la cabeza, apartando un poco más el plato de mí, bebí un sorbo de agua, y, cuando me dispuse a levantarme de la silla, Justin tiró de mí hacia abajo.
- No te voy a dejar moverte de aquí hasta que no hayas comido algo. Si te lo tengo que dar yo, te lo daré. – Ahora sonaba más divertido. – Cogió el tenedor y se puso a hacer giros con él mientras chapuceaba con la boca imitando a un avión. – Venga, abre la boca que va a aterrizar. ¡Brrrrrrm!
No pude evitar soltar unas cuantas carcajadas. - ¿Qué estás haciendo Justin? – Dije sin dejar de reír. – Anda, dame el tenedor.
- No, abre la boca, venga. – Entre risas, consiguió hacerme comer el plato entero. Me sentía mucho mejor. Depositó un sonoro beso sobre mi mejilla y llevó el plato y el vaso al lavavajillas.


Una vez fuera de la cocina, volvimos a subir a la habitación. Antes de que pudiese darme cuenta, Justin ya estaba tumbado en la misma posición de antes en la cama. Dándole la espalda, metí mis manos por la espalda, debajo de mi camiseta, para desabrocharme el sujetador.

- ¿Me vas a hacer un striptease? – Noté el aliento en mi cuello mientras me susurraba al oído y sus manos recorrían mi cintura. Me estremecí a causa del escalofrío producido por el tacto de su piel.
Me alejé lo bastante como para que no pudiese tocarme. – Justin, si no te vas a poder aguantar una noche, me voy al sofá. – Traté de sonar enfadada, pero fracasé.
- Algún día iré a visitarse al convento. – Dijo mientras reía volviendo a la cama.
- Cada día eres más idiota, deberías ir al médico a mirártelo. – Me tumbé a su lado dándole la espalda mientras apagaba la luz. Se pegó más a mí, abrazándome desde atrás.
- Era broma, tonta. – Me dio un pequeño beso en el cuello y, sin alejarse de mí, se durmió en cuestión de pocos minutos.


Normalmente me costaba dormir, durante la noche solía darle vueltas a todas las cosas que ignoraba durante en día. Pero hoy estaba cansada, más de lo habitual. Apoyé mis manos en las suyas que me estaban rodeando, y cerré los ojos hasta la mañana siguiente.

Las finas gotas de agua rebotando sobre la ventana de la habitación me hicieron despertar. Seguíamos en la misma postura en la que nos habíamos dormido, pero algo más destapados. Me di la vuelta sin liberarme de sus brazos y me quedé cara a cara con él. Cuando estaba dormido tenía una cara de niño pequeño, de un niño que no había roto un plato en su vida. Pero cuando salíamos por ahí era todo lo contario, era una de las personas más temidas de entre las bandas, cuando a mí me parecía que era incapaz de hacer daño a alguien. Desenlacé con cuidado sus manos, y me levanté de la cama, haciendo el menor ruido posible. Me encerré en el baño, me volví a poner el sujetador, y me lavé la cara con agua fría, aunque ya estaba completamente despierta. Salí y casi arrastrándome por la pared, bajé a preparar el desayuno.


Puse MTV para escuchar algo de música mientras hacía las tortitas. Oí pasos bajando las escaleras, seguí sin detenerme. Escuché la puerta abrirse y entró Justin, todavía rascándose los ojos para despejarse.

- Un cubo de agua fría viene muy bien por las mañanas. Pruébalo.
- Un poco de sexo por la noche también. Pruébalo. – Me imitó con tono de burla. Puse los ojos en blanco, y llevé dos platos a la mesa, no sin antes preguntar la duda que tenía desde que apareció anoche en la puerta.
- ¿Por qué has venido esta noche a dormir? – Se encogió de hombros.
- ¿Acaso te molesta?
- Te he preguntado por qué has venido, no me respondas con otra pregunta.


Antes de que pudiese abrir la boca para responderme, se lanzó a atender la llama de su móvil. En menos de un segundo se volvió tenso, con la mirada clavada en el suelo.

- ¡Te dije que me dejases en paz! ¿Qué te queda para seguir amenazándome? ¡Eres un puto imbécil! ¡No te tengo miedo! – Colgó.
- ¿Todo bien? – Me preocupé.
- Sí, solo era mi padre.

¿Solo su padre? ¿Su padre? Por mucho odio o rencor que le tuviese, ¿cómo le había hablado de esa forma? Decidí no hacer más preguntas acerca del tema. Me limité a sentarme junto a él en la mesa e intenté encontrarle con la mirada. Pero la suya estaba perdida entre las tortitas. Dándolas vueltas y vueltas con el tenedor sin llevarse un bocado a la boca. Decidí romper el hielo.


- ¿Me va a tocar a mí ahora hacer el avión para que comas algo? – Me miró durante unos segundos y volvió a apartar la mirada. No pude adivinar el tono con el cual me había mirado. – Eh, Justin, ¿estás bien?


Al igual que yo la noche anterior, se retiró de la mesa dejando el desayuno en el plato. Subió corriendo las escaleras y, antes de que me diese tiempo a seguirlo, ya estaba abajo de nuevo completamente vestido. “Tengo que irme.” musitó, y dio un leve portazo antes de desaparecer.
Salí tal cual estaba vestida detrás de él, manteniendo cierta distancia para que no pudiese verme. Justin caminaba con la cabeza agachada y con paso decidido en dirección a su casa, acelerando cada paso que daba un poco más, incluso tuve que correr. Me quedé escondida en una de las paredes del callejón que daba antes de llegar a su casa, desde donde podía ver la escena perfectamente. Un hombre de unos 40 años con buena apariencia y vestido de traje estaba situado ahora en frente de Justin, con gestos amenazadores.

- No me hagas perder más el tiempo, Justin. – Dio un paso más hacia él. – Dámelo. – Justin negó con la cabeza, sin perder autoridad antes las amenazas, del que supuse que era su padre. – Justin, o me lo das o te mato.
- Aquí no va a morir nadie. – Intervení.
- Daniela, ¿qué cojones haces? ¡Vete de aquí ya! – Se acercó y me empujo fuera del espacio que había entre ellos dos.
- ¡Suéltame! – Le ordené. Empecé a sacudirme cuando vi que no me dejaba. – Justin, suéltame.
- ¡Que te pires, Daniela!

El señor sacó una pistola y apuntó hacia nosotros. Justin me aseguró detr

  • 999 days ago via site
  • 216

Séptimo capítulo: Evasión de la realidad.

Nota: Hola, vuelvo a disculparme por el retraso, lo siento mucho de verdad, pero con los exámenes apenas puedo conectarme. Os compensaré con alguna maratón de 2 o 3 capítulos en cuanto tenga tiempo, lo prometo. Muchas gracias por todos los comentarios y por seguir leyendo la novela.


Inspiré y exhalé el aire procedente de mis pulmones, mi corazón empezó a latir un poco más rápido, mi cuerpo estaba tenso. ¿De verdad había dicho que yo había sido la razón? ¿Yo? Levanté la vista del suelo hasta clavarla en sus ojos color miel, ojos que transmiten miedo y seguridad, deseo y comodidad.

- ¿Yo? – Balbuceé.
- Sí, Dani, joder. ¿Te crees que si me hubiese amenazado con otra cosa seguiría con dos piernas?

No pude mediar palabra, ¿qué se supone que estaba pasando? Podía preguntar la razón por la cual yo le era tan importante, pero sabía la respuesta, o eso creía. Quizás dijese “Porque te veo como a mi hermana pequeña.” Quizás algo de ese tipo. O quizás no. Pero opté por quedarme con la duda.

- Bueno, Justin, yo… - Dije todavía sin hablar decidida. Maldije por lo bajo el temblor de mi voz. – Yo… gracias, ahora es mejor que me vaya.

Antes de poder llegar a la puerta, noté la presión de su brazo sobre el mío, impidiéndome avanzar.

- Estás loca si crees que después de haberte amenazado voy a dejar que estés sola en casa.
- Puedo ir a casa de Marlene, o de Josh…
- No, no voy a estar seguro a no ser que te quedes aquí.
- ¿Por qué te da miedo que me haga algo?
- No me da miedo, Dani, pero si puedo evitarlo, que así sea.

Ni siquiera el “Porque eres como mi hermana pequeña.” me dio de respuesta. Es un maldito orgulloso, un egocéntrico. Se dio la vuelta y me indicó con un leve movimiento de cabeza que fuese tras él, subimos por las escaleras y entramos en su habitación. Se dirigió al armario y se dispuso a sacar unas sábanas y una almohada, estaba algo desconcertada. Sin intercambiar palabra alguna, salió de la habitación. Salí tras él.

- Justin, ¿a dónde vas?
- Yo duermo en el sofá, tú te quedas en mi habitación.
Este gesto no me le esperaba, para nada. – No, no voy a dejar que duermas en el sofá y yo en tu habitación, déjame a mí ir a dormir al salón.
- Buenas noches. – Dijo en tono vacilante y sin dejarme opción a una respuesta, bajó las escaleras.

Me despertó el sonido del Whassap. Cuando miré el móvil eran las 10:30 de la mañana, el mensaje que me había despertado era una cadena para reenviar. Me quejé en silencio. Salí de la cama y me puse la ropa que dejé tirada en el pie de la cama anoche. Me dirigí al pasillo y me asomé por las escaleras, para ver si Justin seguía dormido. Así estaba. Sin camiseta y con las sábanas tapándole hasta la cintura, con el pelo alborotado. Reprimí la idiota sonrisa que tenía en la cara y me dispuse escaleras abajo, sin hacer ruido. Cuando puse el primer pie en la alfombra del salón, nada más bajar el último escalón, Justin abrió perezosamente los ojos. Musitó una pequeña sonrisa y se incorporó en el sofá.

- Buenos días. – La manera en la que lo susurró era totalmente irresistible.
- Buenos días, Justin, ¿has dormido bien?

Se movió hasta el extremo derecho del sofá, indicándome que me sentase con él. Negué ligeramente con la cabeza y me apoyé en la pared que tenía justo detrás de mí.

- Mmmm. – Dijo todavía adormilado. – Con un poco de compañía habría dormido mejor.
- Siento haberte chafado la noche, don Juan. – reí levemente, incitándole a hacer lo mismo.
- Me debes una y grande, ¿eh? Mis noches de desfase son sagradas. – Se levantó del sofá y se removió el pelo, dejándolo mucho más despeinado de lo que lo tenía. La sábana cayó al sofá y Justin se quedó en calzoncillos. Noté como el rubor me subía a la cara y se depositaba en mis mejillas, me limité a apartar la mirada y me acomodé improvisadamente el pelo.
- ¿Quieres desayunar algo? - Le di un pequeño golpe en el brazo ante el doble sentido con el que emitió la pregunta.
- Estás enfermo, Justin. – Dije entre risas mientras se quejaba falsamente del puñetazo en el brazo.
- Vale, vale. Ahora en serio, ¿qué quieres tomar? – Se dirigió hacia la cocina, abrió la nevera y se giró para ofrecerme algo de comida.
- No tengo hambre, gracias.
Se acercó a mí y en tono bromista dijo. – Venga, tonta, que has hecho un gran esfuerzo en quedarte en la cama teniendo a esta tentación – Dijo mientras se señalaba. – aquí abajo durmiendo solo.
- Tienes razón, así que mejor me voy ya a casa para no tener que seguir conteniéndome. – Bromeé.

No es que no tuviese hambre, pero me incomodaba comer delante de él, bueno, delante de cualquier persona. Me sentía observada por todo el mundo, como si dijesen “Mira como come.” “Qué foca.” Y comentarios de ese tipo. Creo que estaba empezando a obsesionarme, porque en realidad mi figura no estaba mal. Pero la sociedad hace sentirse ‘gorda’ a cualquier chica que no estuviese como un palo. Sentí un leve mareo y me vi obligada a apoyarme en la encimera que se situaba a mi izquierda. Hacía varias horas desde que no había comido nada, quizás algo más que un día entero.

- ¿Te encuentras bien? Si tanto efecto te causo, me visto.
Abrí los ojos lentamente, sintiendo un cosquilleo en mi cerebro. “En cuanto llegue a casa como algo.” me dije a mí misma. Tanto tiempo sin comer me estaba debilitando. – Sí, sí. Creo que lo mejor es que me vaya a casa.
- Amenazada y mareada. ¿Así quieres irte a casa? Eres masoquista, Dani. – Sonrió divertido.
- ¿Puedes darme algo de comer? – Yo no estaba tan alegre, tenía que enfrentarme a una… ¿fobia? No, quizás a una obsesión de no comer delante de nadie. Pero no podía permitir que eso me hiciese enfermar.
- Claro… Coge lo que quieras, ahora vuelvo.

Elegí una manzana entre la poca fruta que había en un cajón de la nevera, y agradecí la ausencia de Justin para poder comer tranquila. Me sentí algo más aliviada cuando terminé de comérmela. Justin bajaba las escaleras de dos en dos peldaños, con gran vitalidad y sin tropezar en ninguno. Contestó el teléfono que acababa de sonar y, sin ni siquiera responder, puso mala cara.

- ¡Eres un hijo de puta! ¿Por qué no te mueres y me dejas en paz?


Barajé la opción de que fuese Paul, pero me extrañó que causase esta reacción en él. Pocas veces, por no decir ninguna, le había visto tan enfadado.

- ¡Olvídate de mí! – Pegó un puñetazo en la pared, acto seguido, pude divisar como le sangraban los nudillos. - ¡Cierra la puta boca! – Colgó.


Me quedé allí, con la mirada atónita. Justin subió corriendo las escaleras, pero ya le había visto llorar. Eso hizo que me preocupase más aún, ¿llorar Justin? ¿Desde cuándo? Oí un portazo. Debido a un impulso, subí inmediatamente las escaleras y golpeé con la mano la puerta correspondiente a la habitación en la cual se había encerrado. No obtuve respuesta. Pero no dejé de intentarlo.

- Justin, ¿¡qué ha pasado!?


Siguió sin responderme, quizás se debiese más a que no quería que le oyese llorando que al enfado. La puerta se abrió de golpe delante de mí, no pude ver ni el más mínimo rastro de lágrimas, se había lavado la cara. Pero sus ojos rojos le delataban. Se quedó allí parado, enfrente de mí, mirando al suelo, vestido con una camiseta blanca de manga corta y unos pantalones vaqueros algo anchos.

- ¿A qué se ha debido eso? – Dije un poco más calmada.

Tan solo se limitó a mirarme, sin mediar palabra alguna.

- Entiendo que no quieras hablar de ello. – No podía reprocharle que no me haya dado ninguna explicación. ¿Acaso yo lo hacía? No. ¿Acaso yo no tenía secretos? Mi vida entera era uno. – Pero, ¿estás bien?
- Sí, tranquila, era… - Se contuvo.
- Vale, da igual. – Retrocedí un poco para dejarle espacio, pero Justin apenas emitió movimiento. – Me voy a ir a casa, ¿vale? No te preocupes, estaré bien.

Sabía la necesidad que se tiene de estar solo en momentos como este. Un poco de ayuda nunca viene mal, incluso a veces es la mejor solución, sentarse a hablarlo con alguien. Pero conociendo a Justin, sabía que no lo iba a hacer. No iba a echarle la culpa. Yo hacía lo mismo. Huía de mis problemas cortándome en vez de desahogándome con la gente. Salí de la casa y, minutos después, me encontré vagando por las calles. Remangué un poco la manga de mi jersey, y debido a las pulseras que llevaba que se arrastraron con la manga, me quité una costra de mis muñecas. Solté un leve suspiro de dolor. Salió un poco de sangre, nada comparado con la que yo misma me había provocado con la cuchilla.

Abrí el móvil y miré los mensajes invitándome a fiestas esta noche. “Maldita rutina.” musité, me tomarían por loca si alguien me oyera decir que estoy harta de salir de fiestas todas las noches. Porque ellos ven eso, a una adolescente divirtiéndose entre bebida y chicos. Pero la realidad era una chica fingiendo entre actos que la destrozaban cada vez más.

Después de horas y horas deambulando por la calle, me fui a casa a darme un baño caliente. Necesitaba relajarme, olvidarme un poco de todo. Sumergí mi cabeza entre las pompas de la bañera varias veces, dejándome más tranquila. Con el chorro de agua cayendo fuertemente sobre mi piel. Cómo me gustaba el sonido del agua cayendo, sobre todo en la lluvia. Me relajaba mucho. Inspiré el agradable aroma de las sales de baño y una vez lavada, me envolví en una toalla blanca. Me sequé el pelo, y liso como siempre lo tenía, me hice la raya a un lado y lo desenredé. Luego me vestí con unos leggins negros y una camiseta blanca holgada que permitía distinguir el color del negro sujetador que llevaba, me calcé mis Uggs, y recogí el baño.

En la cocina me serví un tazón de cereales con miel, y, antes de que pudiese llevarme una cucharada a la boca, sonó el timbre. Solo rezaba que no fuesen Marlene y los demás para sacarme de fiesta. Le di las gracias a Dios cuando por la mirilla, vi que era Justin el que aguardaba fuera. Abrí la puerta y me hice a un lado, permitiéndole el paso.

- Hola, ¿todo bien?
- Sí. – Se rascó la nuca nervioso. – Necesito que me hagas un favor.
- Claro, dime. – Me maldije por precipitarme tanto.
- ¿Puedo pasar la noche aquí?
- Por supuesto. – Intenté no sonar demasiado eufórica. – Pasa.


Una vez dentro le dirigí a la cocina, donde supuse que hoy tampoco cenaría. Llevó la mirada hacia mis cereales, luego volvió a posarla en mí.

- No quiero interrumpir nada, puedes seguir cenando.
- No, si en realidad no tengo hambre. – Mentí. – Si te apetecen a ti… - El rugido de mis tripas me traicionó.
- Anda, tonta, cómetelos. – Dijo riendo.
- No, de verdad, no tengo ganas. – Me miró algo más serio.
- Dani, antes has estado a punto de desmayarte por no comer y ahora me dices que no tienes hambre mientras te suenan las tripas. ¡Come algo! – Alzó el tono de voz en la última frase.
- Justin, ¡no necesito que vengas a decirme que coma! Es mi casa y mi vida, si no quiero comer, no lo hago. – Absorbí las lágrimas que amenazaban con salir y el sonido de mis tripas me delató de nuevo.
- Dani, dame una buena razón para que no comas. Es que me parece tan absurdo… si tienes hambre, come. ¿Qué problema hay?
- Que no tengo hambre, ese es el problema.

Si me hubiese tragado mi orgullo, si hubiese confiado en Justin, si me hubiese puesto a llorar, si le hubiese dicho “No me gusto, ayúdame.”, quizás si hubiese hecho algo de eso, ¿habrían cambiado las cosas? Puede, pero a veces somos demasiados cobardes, queremos demostrar que no necesitamos ayuda, que lo tenemos todo controlado cuando en realidad no es así. La culpa de todo nuestro sufrimiento no es de nadie más que nuestra, porque simplemente pidiendo ayuda…

- Esta vez creo que me toca a mí dormir en el sofá. – Cambié de tema.
- No, no vas a dormir en el sofá.
- Ni de broma creas que te voy a volver a dejar machacarte la espalda…
- Tampoco yo. – Me cortó. – Tu cama es de matrimonio, ¿no?
- ¿Qué? – reí nerviosa. – No vamos a dormir juntos, Justin. No me confundas con ninguna de esas frescas.
- Eh, doña Respeta a todo el mundo sin poner etiquetas se acaba de ir de la lengua.
- Lo siento. – Me arrepentí de mis palabras, si querían acostarse con él, está bien. Es su vida. – Rectifico, no me voy a acostar contigo.
- No, no, dilo más literalmente.
- ¿Es que no te ha quedado claro? Que no lo voy a hacer contigo.
- Eso está mejor, porque dormir conmigo sí que lo vas a hacer, hace mucho frío, ¿no?
- Yo soy calurosa, no me importa dormir sola.
- Yo friolero, a mí sí me importa.

  • 1000 days ago via site
  • 173

Sexto capítulo: Evasión de la realidad.

Nota: Hola guapis, antes de continuar con la novela, quería disculparme por el retraso al subir capítulo, estoy hasta arriba de exámenes y apenas tengo tiempo. Lo siento. Y muchas gracias por leer y por todos los comentarios y tweets que me dejáis, qué asdfghjklñ sois.


Seguía sin explicarme a qué se debía este cambio. Justin cada vez salía menos con nosotros, por no decir que ya ni venía al descampado ni nos acompañaba a las fiestas. Ahora llenaba todo su tiempo con Ashley, con ella y con la banda de la calle. No me había atrevido a llamarle, y mucho menos a ir a buscar explicaciones a su casa, dado que la última vez que fui no obtuve una buena reacción. Tampoco estaba dispuesta a dejarlo pasar. Había barajado miles de posibilidades y ninguna me encajaba para dar razón al golpe que Justin lucía en la cara. En la fiesta que tuvimos anoche en casa de un grupo amigo nuestro, al que también fueron Justin y sus nuevos amigos, Justin me dijo “Ya hablaremos.” cuando se cruzó aposta conmigo para susurrármelo al oído. Sus palabras parecían mostrar interés, pero su cara reflejaba desgana, como si todo le diese igual, que es lo que siempre le pasaba, pero en modo superlativo. Quizás sí que tenía una excusa para ir a verle, el “ya hablaremos.” No puedo esperar a que venga él a casa, o a que me envíe un mensaje, porque puede que eso no ocurra. He aprendido a ir a por las cosas que quiero en la vida, nadie se la va a buscar por mí, así que no dudé en tomar la decisión de ir a su casa.

Con un jersey oversize, unos vaqueros ceñidos incoloros y mis botas militares, salí en dirección suya. Como días antes, también me le encontré tocando la guitarra, pero ya no alzaba la vista como lo hacía aquel día, ahora estaba más relajado. No notó mi presencia hasta que me senté enfrente de él en el muro. Me sonrío.

- Me debes una explicación, ¿no? – Dije devolviéndole el gesto.
- Creo. – Tocó dos últimos acordes. – Sí, quizás debería.
- Yo te escucho.
- No tengo ni idea de cómo empezar a explicártelo. – Levantó la vista de la guitarra y la fijó en mí, frunciendo un poco el ceño debido al Sol.
- ¿Qué tal si lo haces desde el principio? Desde el día en el que te fuiste.
- En realidad ese no es el principio, Dani. – Hizo una breve pausa para apartar la guitarra. – El día antes, por la tarde, pasé por delante del bazar donde solemos comprar el alcohol, como no tenía dinero, robé botellas por un precio de… ¿cien euros y pico? Ya sabes, algo normal en mí. El caso es que los dependientes se dieron cuenta y salieron de la tienda. Los de la calle estaban allí fuera y vieron todo lo que pasó, Paul, el cabecilla del grupo, vino hacia mí y me dijo que era una situación divertida, y que lo sería más aún si me desvelase antes los dependientes. Y yo no estaba dispuesto a pasar otra noche en el calabozo, ni a hacer servicios sociales. Le ofrecí la mitad de las botellas con tal de que no dijese nada, pero no se quedó conforme. Me dijo que le consiguiese algo de droga de diseño, también accedí. Cuando lo hice seguía pidiéndome más cosas, me dijo que saliese con su hermana pequeña, con Ashley. Le dije que ni de coña, que ya había hecho bastante y que se jodiese si no estaba contento, entonces me pegó con los nudillos en la cara.
- ¿Qué? ¿De qué narices va ese imbécil? ¡Dame su número, le teng…
- Dani. – Me cortó. – No. ¿Quieres escuchar lo que ha pasado o no?
Asentí con la cabeza, con una mueca de desaprobación.
- Entonces siguió pegándome hasta que le dije que sí, justo antes de que sacase la navaja. Me dijo que me fuese con su panda al día siguiente, y eso es lo que hice, por eso no me visteis por aquí. Y ya apenas me junto con vosotros porque Ashley pasa de separarse de su hermano.


Antes de que pudiese preguntar algo, un chico se situó delante de mí, dándome la espalda.

- Justin, tío, ¿qué tal te va? – Dijo con un tono en el que se podía distinguir ironía. Como si no le importase lo más mínimo su respuesta.
- ¿Qué coño quieres ahora, Paul? – Justin escupió al suelo, sin dirigirle la mirada.
- Mañana es el cumple de Ashley, así que más te vale darla algo bonito si no quieres otro adorno en tu cara de marica, ¿entiendes?
- ¡Eh, idiota! Si no le dejas en paz vas a ser tú el que…
- Daniela, cállate. – Me escupió Justin. – Paul, lárgate de aquí.
- Oh, mira, si tenemos a la pequeña rebelde algo valiente.
- Paul, qué te pires.
- ¿O si no qué?
- O si no te largo yo. – Salté del muro y me encaré delante de él, sin el más mínimo rastro de miedo.


Paul musitó una carcajada burlona, riéndose de mí. Me dio un repaso de abajo a arriba, pausando su mirada en mi pecho, humedeciéndose los labios con la lengua. Justin bajó del muro y sin apenas detenerse, le propinó un puñetazo a Paul en todo el pecho, haciendo que el dolor le obligara a caer al suelo, una vez tendido, empezó a darle patadas por todo el cuerpo, Paul tiró de él en una oportunidad que tuvo, y le dejó también en el suelo. Paul era proporcionalmente de igual tamaño que Justin, pero no iba a permitir que le hiciese daño. Me agaché y tiré de los hombros de Justin, dejándole totalmente apartado de la pelea, le empujé hacia casa, resistiendo toda la fuerza que este emitía. Paul se levantó, pero no se dirigió a ninguno de nosotros.


- Esto no va a quedar así, a mí no me vais a dejar en el suelo. Justin, o tienes cuidado, o como te vea por la calle te descuartizo vivo. ¡Ah! – Dijo señalándome a mí. – Y la piba tampoco va a salir muy bien como me tope con ella.
- ¿¡Qué le vas a hacer, gilipollas!? – Justin escupía sangre por la boca, pero no paraba de subir el tono.


Empezó a gritar toda clase de groserías que se le pasaron por la cabeza, incluso consiguió asustarme. Justin cerró la puerta de su casa por detrás de él, y le seguí hasta el salón. Me lanzó una mirada enfurecido.

- ¿Para qué le dices nada, Daniela? – Notaba el tono enfadado en su voz.
- ¿Has visto cómo te estaba hablando? ¡No estabas haciendo nada para defenderte!
- Joder Daniela, no soy idiota. Si no me he enfrentado a él es porque sé con qué me ha amenazado.
- ¿Sí? ¿Y qué es eso tan importante que haya hecho que te tragues todo tu orgullo?
- Tú.

  • 1005 days ago via site
  • 200

Quinto capítulo: Evasión de la realidad.

Abrí mi ojo izquierdo con dificultad debido a las legañas, no me ubicaba. ¿Dónde estaba? Me llevé las manos a los ojos para despejarlos un poco, me intenté incorporar lo más despacio posible, la resaca no me permitía articular muchos movimientos. Volví a abrir los ojos, seguía perdida. Lo único que tenía claro era que no estaba en mi habitación, el hecho de que apenas hubiese luz, me dificultaba más aún saber dónde me encontraba. Giré un poco la cabeza hasta el extremo izquierdo de la cama. ¿¡Josh!? Empecé a agitarle en la cama hasta conseguir despertarle. Miré por debajo de las sábanas, él estaba en calzoncillos. Yo vestida completamente. Aún así no me podía tranquilizar.

- ¡Josh! ¡Josh, despierta!
Hizo un sonido parecido al de un gruñido. - ¿Eh?
- ¡Josh! ¿¡Qué narices ha pasado!?
- ¿Tú qué crees? – Dijo dejando sólo un ojo abierto con una pequeña sonrisa.
- ¡Joder, Josh! – Me estaban empezando a recorrer las primeras lágrimas por la cara, ya que no me acordaba de nada.
- Eh, eh, tranquila. – Se incorporó y se puso a mi altura.
- ¿¡Cómo me voy a tranquilizar!? Josh, ¡lo hice contigo y no me acuerdo!
Se rió, no llego a carcajear, pero cada vez se reía con más fuerza. – Era coña, ¿sabes? Creía que era más fácil abrirte de piernas.
- ¡Vete a la mierda! ¡Te odio! ¡Eres idiota! – No paraba de darle golpes en el hombro, aunque o los evitaba, o apenas le llegaban a doler. No tenía fuerzas suficientes para darle.
- Vale, vale. – Dijo sin parar de reír. – Si lo sé no te hago la broma. – Evitó otro golpe directo a su cara.
- ¿Y qué narices hago en tu cama?
- Anoche cuando se estaba yendo todo el mundo te pregunté si te llevaba a casa, pero estabas tan borracha que decidí que lo mejor era que te quedases aquí, no te sostenías ni en la moto.

De la borrachera sí que me acuerdo, quería olvidar, tener otra salida aparte de los cortes que me hice anoche. No recuerdo mucho más a partir de la cuarta copa. Todavía seguía temblando, temía que hubiese visto mis cortes, aunque parece que no, habría dicho algo.

- Gracias, Josh. Siento haberme puesto así, es que…
- Eh boba, que ni lo intenté. – Me rodeó entre sus brazos y apoyé mi cara en su pecho, mojándole de lágrimas.

Cuando conseguí tranquilizarme, me puse los tacones, le volví a dar las gracias, y rechazando sus invitaciones a desayunar, salí disparada hacia casa.

Una vez dentro, me sumí en una ducha de agua caliente. Perdí la cuenta de los minutos que estuve allí, puede que cerca de una hora. Las lágrimas apenas se distinguían entre las gotas de agua que caían del grifo. Pero no había nada que disimulase los cortes, los muchos que llevaba ya. Salí de la ducha al recibir un mensaje de Whatssap, ya no esperaba ningún mensaje de nadie, pero reaccioné involuntariamente. Antes de mirar de quién era el mensaje, que no me corría prisa alguna, vi debajo del nombre de Justin “Última conexión: hoy a las 13: 40.” Hace 5 minutos. Marcaba como leídos los mensajes que le había enviado, pero sin embargo, no había respuesta. Algo dentro de mí se accionó, esto necesitaba una explicación, aunque yo soy la última en darlas, ¿a qué venía desaparecer sin más? Me puse un jersey gris algo holgado, con unos vaqueros pitillos rotos por la parte delantera de las piernas, y mis botas militares que tanto uso. Metí el móvil en el bolsillo, y salí de casa a todo correr.

A estas hora no había casi nadie en la calle, o estaban comiendo o durmiendo todavía. Reconocí a Justin sentado en un muro que daba a su jardín, en cuanto me vio, apartó la guitarra que estaba tocando.

- Tranquilo, no le voy a decir a nadie que te he visto tocando la guitarra. – Dije cuando estaba lo suficiente cerca de él. No emitió ninguna risa, ni siquiera una sonrisa como estaba acostumbrado a hacer. – Justin, ¿pasa algo?
- Ahora no puedo hablar, ¿vale?

No pude distinguir un tono enfadado en su tono de hablar, la verdad es que no noté ningún sentimiento, es como si estuviese representando un papel. Algo mal ensayado. Cuando se giró para disponerse a bajar del muro hacia su casa, vislumbré un moratón en la parte derecha de su cara, a la altura de la sien, una zona peligrosa. Bajando la mirada encontré otro al lado del labio. Un rayo de furia me recorrió pro dentro.

- ¡Eh, Justin! ¿¡Qué ha pasado!? – Corrí hacia el muro desde el cual todavía no se había bajado.
- Daniela, ahora no puedo hablar, ya te lo he dicho. – Y dio un portazo al meterse en casa.

Me dejó con la palabra en la boca. ¿Había dicho Daniela? Era la primera vez que oía mi nombre completo salir de su boca. ¿Por qué había desaparecido? ¿Por qué tenía la cara golpeada? ¿Por qué estaba tan distante conmigo? En cualquier otra circunstancia, me había extrañado que estuviese tocando la guitarra, algo que nunca había visto viniendo de él. Pero ahora todo era demasiado extraño. No iba a conseguir nada quedándome allí plantada, y estaba claro que él no me iba a abrir. Volví a mi casa, con mil preguntas en la cabeza. Noté una vibración en el bolsillo, el móvil.

“Tía, esta noche botellón en la calle de las bandas. Nos vemos a las 11.30.
Marlene.”
“¿En la calle de las bandas? Nuestro sitio es el descampado, ¿qué hacemos allí?
Dani.”
“Ni idea, es Justin quien lo ha dicho, por lo visto ha quedado también con los de la calle.
Marlene.”
“Vale, pues nos vemos allí.
Dani.”

¿La calle de las bandas? Las afueras de la ciudad estaba dividida en tres partes desde el punto de vista de grupos de gente de más o menos mi edad: El descampado, nuestra parte. La parte central, donde están bandas con las que no solemos juntarnos, y la calle de las bandas, con los que nos íbamos a reunir esta noche. Siempre iban por su parte a todas las fiestas y botellones, imponían demasiado respeto, por no decir miedo. Eran la banda más peligrosa. ¿Qué hacía Justin con ellos? Aunque sólo por el hecho de que él iba, estaba dispuesta a hacerlo yo también.

No tenía ganas de comer, mi estómago estaba lleno de los nervios que me ha producido ver a Justin. Aunque me obligué a tomar algo, ya que ni había desayunado, y que mi cena iban a ser unos cuantos vasos de alcohol. Me hice un bocadillo y me lo comí difícilmente. Abrí el armario y escogí el modelo de esta noche: un vestido corto y ajustado de tirantes blanco, con unos tacones negros. Me peiné el pelo y lo dejé tal cual estaba, suelto. Me vestí, maquillé un poco mis muñecas, y pasé de la cara. No me gustaba maquillarme. Era como llevar una máscara encima en vez de ir enseñando la cara. Normalmente, me habría venido a recoger Justin, pero esta vez tendría que ir andando. Tenía miedo de meterme en esos callejones oscuros que te llevaban a su calle, no es nada seguro ir sola, y menos una chica con vestido corto. Agaché la cabeza, respiré hondo y con paso rápido, alcancé la calle. Cuando salí del último callejón me encontré con un grupo de personas mezcladas entre las que conocía y las que no. Me acerqué al lado de Marlene, la saludé y me presenté a los demás, solo a los interesados.

- ¿Cuántos años tienes, preciosa?
- Diecisiete. – Dije sin dudarlo.
- Oh, así que eres la niña pequeña del grupo, ¿eh? – Ni siquiera sabía el nombre del tío que me hablaba, pero al estar rodeada de gente, no me daba miedo.


Le ignoré dirigiendo la mirada hacia otro lado. En una piedra vi a Justin sentado junto a una chica rubia y baja, la chica era bastante atractiva y estaba demasiado arrimada a él, Justin estaba coqueteando con ella, pero no de la forma en la que lo suele hacer con las demás. Noté un pinchazo dentro de mí y me obligué a apartar la mirada. Recurrí al método de siempre, la bebida. Cuando ya estaba algo cargada, aunque todavía consciente de todos y cada uno de mis actos, empecé a bailar con la gente que había allí. No soy capaz de reconocer a cuántos chicos besé, pero eso ya era rutina de todas las noches. De vez en cuando, por el rabillo de los ojos miraba a Justin, que había pasado de coquetear con la chica a liarse con ella en medio de todo el mundo. De repente se me quitaron las ganas de seguir bailando, pero era experta en fingir. Cuando estábamos todo nuestro grupo reunido, a excepción de Justin, se acercó de la mano de la chica a nosotros.

- Ey, chicos, esta es Ashley.

Todos acudieron a saludarla, menos Marlene y yo, Marlene no fue porque antes de que pudiese dirigirse a ella, la agarré del brazo. No dijo nada, solo sonrío, al igual que yo, y permanecimos en el sitio. Por el fondo se oyeron bromas del tipo “¿Qué tío, es de las difíciles y tienes que ‘enamorarla’ para poder tirártela?” Justin solo se reía, no como ella, nos miró con cara de asco y tiró del brazo de Justin apartándole a otro lado.

- ¿Es su novia? – dijo Rich entre risas.
- ¿Qué dices? ¿Justin saliendo con una chica?
- ¿Por eso ha desaparecido?
- ¿Qué mosca le ha picado?

Eso mismo me preguntaba yo, ¿tenía relación el haber desaparecido, los moratones en la cara, el distanciamiento, y ella? Esperaba que no.

- Oye, esto es demasiado aburrido, estamos apartados de todos, ¿nos vamos al descampado? – No sé si lo dije porque de verdad me estaba aburriendo, o por perder de vista a la nueva pareja.


Todos estuvieron de acuerdo conmigo, anunciamos que nos íbamos al grupo de la calle, que no pusieron mucho interés, solo unos movimientos de cabeza y algunos ‘’va’’ sin mucho entusiasmo. Peter se dirigió a Justin, que seguía toqueteando a la chica.

- Tío, ¿vienes al descampado?
Dudó un momento, miró a la chica que negó con la mirada y respondió – No, ya nos veremos, pasároslo bien.
- Puede venir… - Pensó un momento la respuesta. – Ashley.
- Yo paso. – Dijo haciendo una mueca desagradable. – Te quedas, ¿no Justin?
- Sí, claro.

Cuando todos se dirigían escaleras abajo, me giré para mirar a Justin, me miraron tanto él, que fijó sus ojos en los míos sin decir nada, y ella, que rápidamente movió la cara de Justin con un brusco movimiento hacia ella, y me volví antes de ver otro beso.

  • 1011 days ago via site
  • 255

Cuarto capítulo: Evasión de la realidad.


Justin seguía sin responder a las llamadas, habíamos ido a buscarle a casa, tampoco estaba, ni él ni su moto. Descartamos la opción de un accidente, ya que si le encuentran herido, el hospital llamaría a alguien de la agenda del móvil y no lo han hecho.

Y, por otra parte, yo seguía sin trabajo, si antes el sueldo del bar apenas me servía para comer, ahora que no gano nada, tendré que arreglármelas. Sin considerar la opción de robar, claro. Quizás invirtiendo menos en alcohol, aunque parece que ahora sólo vivo para eso. Es triste, pero la realidad es así, es como toca, y, lo que está en tu mano, sirve para retocarla un poco, un poco nada más. En mi caso nada, debido a que no ponía ni el más mínimo esfuerzo para cambiar. Quizás, si cuando empecé a tener problemas conmigo misma hubiese pedido ayuda en vez de recurrir a la cuchilla, estaría en otra situación. Pero me lo callaba, todo lo que me pasaba me lo guardaba dentro de mí, autoestima, problemas familiares, depresiones, estrés… y, una vez que te pases del límite, todo explota. Yo lo hice. Con el portazo que di antes de irme de casa, con la profundidad con la cual me corté, con los puñetazos que pegaba a la pared… Aquí nadie sabe eso, todos creen que soy una más, una más como ellos, una rebelde. Aunque quizás yo también esté confundida, a lo mejor no hay ningún “como ellos”, a lo mejor cada uno tiene su propia historia. No creo que nadie elija esta vida por gusto. Salir de fiesta está bien, pero emborracharse todos los días, liarse con chicos todos los días, eso no está tan bien.

Tenía que salir a tomar el aire, y qué mejor manera de hacerlo que salir a dar un paseo por los parques de enfrente de casa. Me vestí con unos vaqueros ceñidos negros y rotos, una camiseta blanca algo holgada, y mis botines militares. Sin bolso, sin móvil, sin dinero… Vivía en un segundo, por lo que no me suponía mucho esfuerzo bajar por las escaleras. Una vez fuera inhalé y expiré el aire. Como si me limpiase los pulmones. Como si me regenerase por dentro. Empecé a andar con la cabeza alta, pero no para dar sensación de superioridad, como la mayoría de la gente suele hacer, si no para observar el ambiente en el que estaba. Siempre me fijaba en un detalle nuevo, un árbol, una papelera, una farola… cosas sin importancia, pero que simplemente, nunca te habías dado cuenta de que estaban allí. Quizás por las prisas con las que vamos por la vida, como si quisiésemos conquistar la otra punta del mundo sin saber si quiera qué hay a nuestro lado.
Me resultó conocida una figura que se aproximaba hacia mí, conocida e incómoda.

- Dani, ¿qué ha pasado?
- ¿De qué? – Me resultaba vergonzoso hablar de ello. Normalmente pasaba de cualquier tema, pero Chaz era alguien que en cierto modo me importaba, y haberle fallado como lo he hecho en el café no me permitía hacer como si nada.
- Mi padre me ha dicho que ya no trabajas en el bar, que te has ido, ya sabes, que…
- No tienes que avergonzarte de decirlo, me han despedido. Pero está bien, ha sido por mi culpa.
- Ven, anda, seguro que te dan otra oportunidad.
- No, Chaz. – Digo apartándome de su agarre. – Ya me buscaré algo yo misma sin tener que comprometer a nadie.
- Puedes ser ayudante en la biblioteca. – Me suelta del brazo. – No creo que al señor P…
- No. – Le corto. – No voy a trabajar para nadie que conozca, siempre les acabo fallando.
- No seas tonta, ¿quieres dejar el orgullo? Se trata del dinero que vas a tener para comer, Dani, deberías coger cualquier oportunidad.
- Ya lo sé, ya me las apañaré.
- ¿Vas a comprar alcohol?
- No, es que no me apetecía estar en casa, ¿tú no deberías estar en el instituto?
- Sí, pero estaba agobiado, no sé, nunca me había pasado.
- ¿Te has escapado?
- Realmente no, he llevado un justificante, la firma de Lisa es bastante fácil. – Siempre me dirigía a ella como su madre, pero Chaz era incapaz de hacerlo, siempre la llamaba Lisa, no sé si era porque no le gusta demasiado, aunque es una mujer encantadora, o porque ocupa el mismo lugar que ocupaba su madre años atrás en el corazón de su padre. Creo que no ha superado el divorcio de sus padres.
- Oye, ¿estás bien? Tienes la voz como… ahogada.
- Sí, es sólo que estoy algo nervioso, nunca había hecho pellas.
- ¿Vas a algún sitio en especial? Es decir, si no vas a ninguna parte, puedes estar conmigo.
- ¿No te importa? Si quieres estar sola lo entiendo. – Niego con la cabeza en señal de respuesta.


Recorremos gran parte del camino sin apenas cruzar palabra, aunque no es un silencio incómodo. Su compañía no me molesta. No me atrevo a volverme para mirarle, Chaz es un chico atractivo, pero por la relación que tenemos, sé que no vamos a llegar a nada más, y eso me reconforta, aunque sé que es un sentimiento egoísta, no quiero perderle, es una de las pocas personas cercanas a mí, incluyendo a Justin y a Marlene. A no más de 30 metros, al lado de un banco, distingo a gente de mi grupo, rápidamente, acelero el paso y me dirijo a la dirección contraria a ellos, espero que Chaz no se dé cuenta.

- ¿Por qué damos la vuelta? – Dice siguiéndome el paso.
- Mejor vamos para la biblioteca, a visitar al señor Preston.
Sin poner objeción alguna, asiente y me sigue. No tenía especial ganas en visitarle, pero no quería que viesen a Chaz. Siempre que le ven le llenan de insultos y se dirigen a él con comentarios ofensivos, en más de una ocasión me he metido en peleas por defenderle. Y esto es algo que nos gusta tan poco a él como a mí. A él por la idea de necesitar ayudar, y a mí por la de dársela. Hacía 3 días desde que me habían echado del bar, por lo que es viernes, la biblioteca apenas tendrá algo de gente. Por no decir ninguna.

- Chicos, ¿cómo vosotros por aquí? ¿Y tú Chaz, en horario de colegio?
- No me sentía precisamente bien, y he decidió salir.
- No cojas ejemplo de esta señorita. – Me señala. - ¿Eh?
Me río, porque es lo más sensato que puedo hacer. – No ha tenido nada que ver conmigo, me le he encontrado en la calle.
- Cuando deberías estar trabajando…
- ¿No sabe que me han…
- Sí, Tom me ha dicho que te han echado. – Dice antes de que pueda acabar la frase.
- Señor Preston, ¿verdad que usted estaría encantado de tenerla como ayudante?
- Chaz, cállate. – Le susurro mientras le doy un codazo en las costillas.
- Sólo si me demuestra que es lo bastante responsable.
- No, señor Preston, se lo agradezco, pero no.
- Claro, como tienes todo el dinero del mundo no te hace falta, ¿verdad? – Recalca con ironía. - ¿Vas a ser quisquillosa con los trabajos que te ofrezcan?
Decido no contestar, me fui de casa para no obedecer a nadie, para ser más libre, no para vivir el mismo infierno. – Lo siento, pero tengo que irme, nos vemos luego.


Con lágrimas en los ojos, salgo corriendo de allí, voy subiendo las calles con la esperanza de que Justin esté en casa. Me inunda la sensación de soledad, de no tener a nadie. Considero a Marlene mi mejor amiga, pero no de la forma en la que me gustaría que lo fuera, no sabe nada de mí, ni siquiera tenemos conversaciones íntimas. Sólo me cae bien, ya está. Chaz tampoco sabe mucho más de mí, él no suele tener problemas en casa, por lo que dudo que no me tome por loca si le contase los míos, pensaría mal de mí si viese los cortes de mis muñecas y no me dejaría darle una explicación. Y luego está Justin, quien sólo sabe que me marché de casa porque no aguantaba más. Me hace sentir bien, pero sin querer, porque no sabe cómo me siento por dentro. Creo que nadie lo sabe, y no importa cuanta gente haya a mi alrededor, no importa si no saben qué me pasa. Me voy a sentir sola siempre que me sienta como si estuviese escondiendo algo.

Ni siquiera sé si hay gente alrededor de su casa, las lágrimas me provocan una visión borrosa. Sé que su moto no está, cosa que me hace perder la esperanza de que me abra la puerta. Y como yo misma he deducido, no la abre. ¿Y si me vuelvo a ir? Nadie me echaría de menos mucho tiempo, quizás necesito otro cambio de aires. Pero aunque fuese lo que más desease en el mundo, no tengo el valor suficiente. No es por la casa, es por un vínculo más fuerte que me hace quedarme aquí, Justin. Aunque él se ha ido sin decir nada, sin dejarnos la certeza de si volverá o no.

Cuando llego a casa tengo 5 llamadas perdidas en el móvil, aunque ninguna de él, todas son de Marlene. La llamo.

- ¿Dani?
- Hola, ¿qué pasa?
- Tía, ¿dónde te habías metido? Ya me estaba temiendo tu desaparición, primero Justin y luego tú. – Se ríe, al igual que yo. La única diferencia es que yo lo finjo. Pero me queda bastante creíble.
- ¿Para qué me habías llamado?
- Esta noche, fiesta en casa de Josh, te apuntas, ¿no?
- Claro. – Dije intentando sonar convincente. - ¿A qué hora?
- A las 12 allí, hay un botellón antes. ¿Vienes?
- No, mejor nos vemos en la casa de Josh.
- Vale, hasta luego.
- Adiós.


Cuando empecé con esta vida, creía que me iba a cansar de fingir mis ganas de fiesta en dos semanas. Pero ya llevo meses, meses en las que vivo una mentira. En las que aparento ser una persona que no soy, sin perderme una sola fiesta, las que en realidad, no me importan nada.

Intento contactar otra vez con Justin, otro intento inútil, ¿cuántas llamadas llevaba ya? ¿30? De repente recibo un mensaje, que por supuesto, no pertenece a él.

“Me han dicho que vienes esta noche, ¿quieres que te pase a recoger?
Josh.”
Respondo:

“No debes de tener muchas pretendientas, ¿eh? Vale, te espero.
Dani.”

Y apago el móvil, ya no me importa si me contesta o no. La cuchilla se vuelve tentadora de pronto, y mis muñecas apetecibles. Ya no sé lo que siento, quizás porque no siento nada. Estoy sola, triste, deprimida, agotada… sentimientos que, en conjunto, no son buenos. De repente el baño parece un buen lugar. Me acuerdo de la primera vez que me corté, hará casi un año. Mis manos estaban temblorosas, dudaba si hacerlo o no. Hoy no, hoy está decidido. El dolor que causa la cuchilla al romper los finos tejidos duele. Mucho. No obstante, eso es bueno, quiere decir que le voy a prestar más atención a ello que a mis problemas. Justo lo que necesito. Una salida. Sin embargo tengo claro lo que quiero, una distracción. No quitarme la vida. Eso nunca. Por eso no presiono con mucha fuerza, solo con la suficiente para que me duele, y ya.

Percibo una fuerte vibración de la calle. La moto de Josh. No salgo hasta que me aseguro que la herida está más o menos disimulada.

- ¿Vamos cielo?
- Claro. – Finjo la sonrisa más grande del mundo, y me monto.

El vestido se me sube, pero no me importa, no estoy pendiente de eso. No estoy pendiente de lo mucho que me aprietan los tacones, ni siquiera del dolor que me perfora la muñeca. De la única cosa de la que estoy pendiente es de la moto, de la moto y de que no es la misma sensación que me produce la moto de Justin.

  • 1013 days ago via site
  • 252

Tercer capítulo: Evasión de la realidad.

Hacía quince minutos desde que había sonado el despertador, volvía a llegar tarde a trabajar. Conseguí un pequeño empleo en el bar que hay en la esquina de mi calle, el salario no me da para caprichos, pero es suficiente para comprar comida.

Me encerré en el baño, sin prisa alguna aunque me estuviese jugando el puesto. Abrí el grifo del agua, la puse lo más caliente posible, y una vez desnuda, me metí en ella. Intentaba relajarme con cada gota. No pensar en nada, pero los pensamientos me penetraban en la mente. Me enjaboné, me aclaré el pelo, y me envolví en mi albornoz. Me dirigí al armario y escogí una camisa de seda, y unos shorts vaqueros. Cogí unas Converse blancas bajas, y salí de casa no sin antes coger el bolso. En los 5 minutos que me supone llegar, pensaría en alguna excusa, pero al final, me decantaría por la de siempre.

- Lo siento, me he dormido.
- Daniela, en los dos meses que llevas te has atrasado… ¿20 veces? ¿No eres consciente de la gente que desearía tener este puesto?
- Lo sé, Tom, lo siento.
- No, Daniela, empieza a tomarte las cosas en serio, un atraso más, y estás despedida.

Que me despidiese es una opción con la que no podía contar. Ni siquiera tengo nada ahorrado para devolverle a mi padre. A estas horas de la mañana el bar estaba repleto de personas ancianas tomando café o té mientras leen el periódico. Hace no más de un mes conocí al señor Preston, un bibliotecario sin ganas de jubilarse. Dice que el olor de los libros le llena de vida, y que cada libro que presta, le rejuvenece. Me cayó bien por lo ingenioso que es, su mujer murió hace poco y ahora llena su vida viniendo al bar.

- Hola señor Preston, ¿un té de frutos rojos?
- No, hoy no. Quiero probar algo nuevo.
Su respuesta me desconcertó. – Vaya… ¿uno de la India mejor?
- Sí, claro, ¿por qué no?
- ¿Cómo es que ha decidido cambiar?
- Uno se cansa de la rutina, todos los días, a la misma hora, el mismo bar, el mismo té…
- ¿No sería más novedoso cambiar de bar? Sería un cambio más grande.
Se limitó a sonreír mientras sacudía la cabeza, al no obtener respuesta, fui a prepararle el té.

En el bar trabajábamos 4 personas, Tom; el dueño del local, Lisa, su mujer, su hijo Chaz y yo. Chaz fue el primer amigo que hice cuando vine aquí. Aunque él no sale con nosotros, dice que estoy rodeada de mala influencia.

Las mañanas en el bar se me hacen entretenidas, trabajo de 10:00 a 14:30, como con Chaz allí, a pesar de las miles de veces que les he dicho que no era necesario que me invitasen, pero se ha convertido en un hábito.

Mi móvil vibra en mi bolso, se me ha olvidado encender el sonido.

- ¿Sí?
- Hola Dani, ¿te vienes a comprar la bebida?
- Hola Marlene, claro, ¿a dónde vais?
- Supongo que al bazar del parque, 10 euros.
- Me voy a arruinar, me pagan 15 al día…
- Sabes que siempre puedes robar.

“Prefiero morirme de hambre, a robar para comer.”, pero me lo ahorro.

- Te cuelgo, voy a para allá.

Para llegar al bazar sólo tengo que cruzar la calle del bar, cuando lo hago, vislumbro a un grupo de 10 personas, estos son los míos. Acelero el paso sin llegar a correr, elevando la mano para saludar a los dos o tres que se han girado al oírme.

- Dani, el dinero, venga chicos, ya tenemos bote.
- Eh, ¿cómo es que soy la única que pone 10?
- Con tu dinero compramos una botella, con el de todos los demás, otra…
- ¿Y ya?
- No, las demás, a la chaqueta. Ser honrada te va a salir caro.

Después de unas cuantas mofas, doy el dinero. Espero afuera, solo han entrado Pat y Martin, somos ocho fuera del local; Marlene, Rich, Chris, Rob, Leila, Peter, y yo. Nueve. Falta Justin.

- Marlene, ¿no ha venido Justin? – Digo, casi susurrándola.
- No, no nos ha cogido el teléfono.
- Espera, que le llamo.
Nada, el contestador. – No, parece ser que no está.

De repente siento menos ganas de salir esta noche, pero ya no me voy a echar atrás. No tardan más de 10 minutos en salir con dos botellas en una bolsa, y unas cuantas escondidas en los laterales de la chaqueta.

- ¿Quién las guarda?

Se oye un continuo ‘’ Yo la lleve la otra vez.”, “A mí no me toca.”, “No me miréis a mí…”

- Dádmelas, las guardo yo. – Ofrezco la mano para que me cuelguen la bolsa de las botellas. – Meted también las de las chaquetas.

Recibo un par de caricias divertidas en el pelo por parte de los chicos.

- Las voy a guardar, nos vemos esta noche.
- ¡A las 11!

Asiento con la cabeza y me voy por el mismo camino por el cual había venido. Me introduzco un auricular por cada oído, agacho la cabeza, y me dirijo hacia casa. En no más de 5 pasos alguien se choca contra mi hombro. Dejo escapar una exclamación de dolor.

- Perdona,… ¿Dani?
- Ah, hola Chaz, ¿qué haces por aquí?
- Ir al insti, me toca laboratorio. – Era obvio por la mochila que llevaba en la espalda.
- Ah vale, pásatelo bien. – Dije distinguiendo cierto toque de ironía.
- ¿Quieres que te lleve la bolsa hasta casa?
- No, gracias, vete ya, no vaya a ser que llegues tarde.
- Bueno, como tú al trabajo, y ¿acaso te preocupa?
- Ya, pero no son los mismos tus padres que los profesores.
- Tienes razón, nos vemos… ¿luego?
- Supongo, ¿te quieres venir con nosotros esta noche?
- Qué va, mañana tengo examen…
- Vale, pues te veo mañana en el café.

Hizo un gesto con la cabeza y le perdí de vista. Sólo veía a Chaz cuando iba a comer al bar, y poco más. Le vería más a menudo si fuese al instituto, pero hace tiempo ya que decidí dejar de ir. Antes de meterme por la calle que conducía a mi piso, subí dos calles más para arriba, en dirección a la casa de Justin. Vivía por unas calles algo peligrosas, creo que esta es la primera vez que voy sola, pero de día no me da miedo. Número 42. Aquí es, nadie contesta a la llamada del timbre, no debe estar en casa. Dirijo la vista hacia la acera de enfrente, su moto tampoco está, no hay duda de que ha salido a algún sitio. Esquivando algunos comentarios groseros, vuelvo a bajar la calle, no sé qué hacer después de dejar las botellas en casa, hasta las 11 queda mucho. Tuerzo la llave un par de veces hasta que se abre la puerta. Meto las botellas en el congelador, y vuelvo a salir de casa. Vago por las calles sin rumbo alguno. Es martes, así que no hay mucha gente por las calles, a excepción de algunos ancianos con niños pequeños. Sigo andando hasta toparme con la fachada de la biblioteca del señor Preston, una vez allí, me dirijo a entrar. Al señor Preston se le iluminan los ojos, voy hacia él.

- Daniela, qué sorpresa, ¿qué haces aquí?
- Venía a verle.
- Te lo agradezco, la verdad. También podrías hacer una visita a los libros.

He perdido la noción del tiempo, cuando alzo la vista hacia el viejo reloj de pared del centro, son las 20:30. Todavía tengo que prepararme para salir esta noche.

- Bueno, señor Preston, me tengo que ir, ha sido un placer.
- ¿Te vas a acostar ya?
El comentario me produce risa. – No, pero que quedado para esta noche y tengo que arreglarme.
- ¿Que has quedado, de fiesta?
- Sí…
- Alcohol, sexo y drogas lo entiendo yo.
- Lo entiende bien, entonces.
- ¿Te gusta eso? ¿Con 17 años salir todos los días de fiesta, Daniela? ¿Destrozándote el cuerpo y… haciéndolo con chicos?
- No me emborracho todas las noches, ni tampoco me acuesto con chicos, le agradezco el interés, pero sé cuidarme, señor Preston.
- Bueno, cada uno elige la forma de vida que le hace feliz, tampoco estás delinquiendo, así que no haces nada malo.

Me despedí de él, y en dirección a mi casa recordaba que me había dicho que cada uno elegimos la vida que nos hace feliz. Yo no tengo seguro haber elegido esto. Yo llegué aquí, y esto fue lo que encontré. Ni siquiera me hace feliz.

Salgo de casa a las 11 sin apenas haber cenado, sé que el alcohol me hará más daño, y me causará más efecto. Pero no tengo hambre, aunque por dentro, estoy vacía. Tanto en comida como en todo. Llevo unos pantalones de cuero negros cortos, con una camiseta gris de algodón de media manga metida por dentro. Los tacones son los mismos que los de ayer. Oigo un silbido a lo lejos. Es Josh.

- Eh, Dani, ¿vas al descampado?
- Sí, ¿vais vosotros también?
- Sí, bueno, mi grupo sí va, yo paso, ¿te acerco?
- ¿Por qué no vas?
- No me apetece mucho. – Dice aparcando la moto. - ¿A qué hora has quedado? – Se dirige a mi lado.
- Ahora, a las 11.
- Qué puntual.
- ¿De verdad que no te importa llevarme?
- Qué va, sube.


Siempre me ha gustado montar en moto, aunque sé que sin caso y a esta velocidad, es un grave riesgo, pero me encanta la sensación de adrenalina, la sensación de libertad que me produce el aire cuando choca contra mi cuerpo. Aunque no es la misma sensación que cuando monto con Justin, y no es porque la moto sea diferente, sino porque con Justin voy más segura, incluso yendo más rápido. Se ve a un grupo de personas en lo alto de la colina, nadie a los que no pueda reconocer.

- Ya me puedes bajar, gracias Josh.
- No se dan. Pásalo bien.


Hago una mueca de agradecimiento y me dirijo a donde abunda la multitud. Cuando me despierto me duele la cabeza, resaca. Pero agradezco haber acabado en mi cama, aunque no tengo ni idea de si vine sola, o si me acompañó alguien. Apenas recuerdo qué pasó anoche, aunque supongo que lo de siempre. En cambio, si puedo recordar que Justin no estaba. Son las 11:30, tendría que estar en el bar hace más de una hora, pero en estos momentos, poco me importa que me despidan. Aún así, no puedo evitar sentirme culpable, Tom y Lisa siempre han estado cuidándome.

- Bar “Sweet Smooke”, ¿qué desea?
- Mmmm, ¿Tom?
- ¿Daniela? Espero que tengas más que claro que estás despedida.
- Sí, lo sé, sólo llamaba para pedir perdón.
- Vale, Daniela, pero eso no arregla nada. “Perdón” no te sustituye aquí.
- Ya lo sé, aún así me siento… - ¿Avergonzada? No, no lo estaba. – Culpable, me siento culpable por haberos fallado.
- Confiamos en ti, Daniela, creíamos que ibas a ser responsable con este trabajo, y más cuando no tienes nada.
- Y estoy agradecida por haberlo tenido, pero el compromiso no es lo mío, no ahora mismo.
- Bueno, en todo caso, sigues pudiendo venir a comer siempre que quieras.
- No, Tom, no es justo. Si no estoy con vosotros ayudándoos en el bar, tampoco lo voy a estar para comer. Os lo agradezco, pero me buscaré la vida. – Cuelgo.

Y tanto que tenía que buscármela. Pero hoy no, hoy me voy a volver a tumbar en la cama.

  • 1016 days ago via site
  • 240

Segundo capítulo: Evasión de la realidad.

Pasé cada pierna por cada extremo de la moto, y me agarré a la parte trasera, el viento y la velocidad a la que íbamos, hacía que todo el aroma de Justin se me impregnase, estaba fuera de mí, todavía seguía pensando en las últimas palabras de Justin. Y fue él el que me hizo volver a la Tierra de nuevo.

- ¿Cómo es que te has decidido a venir?

Tarde un momento en pensar cuál iba a ser mi respuesta, al fin me decanté por la más predecible, y la menos real:

- Tenías razón, el alcohol gratis es algo que hay que aprovechar.

Nunca había estado en casa de esas chicas, ni sabía por qué invitaban a gente a la que ni siquiera conocían, como yo, por ejemplo. Antes de entrar a la gran casa, había que cruzar una enorme valla negra. Una vez ya dentro, todo el mundo estaba bebiendo, bailando o tonteando entre ellos. Había gente en la piscina, y, a juzgar por las luces encendidas, también había gente dentro de casa. Antes de que me quisiese dar cuenta, Justin ya estaba ligando con una chica frente a la barra libre que había en el jardín. Accedí a una mesa llena de bebidas, y antes de que pudiese servirme, un chico se me adelantó.

- ¿Qué quieres tomar?
- Algo fuerte, me da igual qué.

El chico vertió un líquido que no pude identificar en un fino vaso de tubo, y me lo ofreció, no sabía qué era, pero por cómo me quemaba la garganta a medida que la bebida se deslizaba por ella, quizás vodka.

- ¿Has venido sola?

Alcé la cabeza para buscar a alguien de mis amigos, pero la multitud de gente me impidió ver a nadie.

- No, he venido con unos amigos, pero no me apetecía bailar y he venido a beber algo.
- Si te aburres te puedes venir conmigo a casa. – Hizo una pequeña mueca con la cara, seguida de un guiño, dejando claras sus intenciones.
- No, no soy de esas.

Antes de que el chico me diese la espalda, pude oír cómo mascullaba la palabra “estirada” entre dientes. ¿Tan mal visto estaba no querer acostarse con un chico al que acabas de… conocer? No soy de las que juzga, si una chica se va con un chico a la cama, soy la última que la llama puta. Creo que nadie de mis amigos sabe que soy virgen, bueno, nadie excepto Justin, que se enteró por un malentendido una vez que me acompañó a casa, cuando me preguntó si me apetecía. En vez de disimular, fui poco lista al decir “No quiero que mi primera vez sea así.” Me miró con mala cara, pero no dijo nada más al respecto. No creo que haya nada malo en ser virgen a los 17, pero por lo que veo, me conviene callármelo.

- ¡Dani! ¡Por fin!
- Hola Marlene. – Mostré una sonrisa. - ¿Qué tal lo estás pasando?
- Genial, tía, ¿por qué no has venido antes? Han venido unos tíos increíbles, pero se han ido con unas cuantas pavas, ya sabes.
- Sí, lo sé, ¿tú no te has ido con ninguno?
- Pues… - Dudó un momento. – En fin, ¡vamos a bailar!
- No, yo me quedo aquí. – Dije resistiendo como pude al tirón que me dio.
- ¿Has venido a una fiesta y no vas a bailar? ¿¡Te pasa algo!?
- Agradece que haya venido.
- Vale, pues, ¿qué quieres hacer?
- Oye, vete a bailar, ya hablamos luego.

Sin oponer excusa alguna, se perdió entre la gente. Estaba confundida, ¿por qué había venido? ¿Qué hago sola en una fiesta? ¿De verdad tenía que emborracharme para olvidar mis problemas y divertirme un poco aquella noche?

- Oye, ¿me puedes poner un poco de eso? – Dije señalando una botella transparente al chico que estaba sirviendo.

Esta bebida ya no quemaba, me pareció más dulce, como cada vaso que bebía. Los últimos incluso me parecían agua, empezaba a notar un ligero calor en mis mejillas, y un intenso cosquilleo en la punta de mis dedos. Ya me estaba haciendo efecto. Sin buscar a nadie, porque sabía que no iba a ser capaz de encontrarlo debido a la visión borrosa que me provocó el alcohol, me dirigí a la pista de baile.

- ¿Bailas conmigo?

Me costó reconocer a Richard, otro amigo de nuestro grupo. Sin contestarle, me puse a bailar con él. No soy consciente de toda la gente con la que bailé, poco a poco se me iba pasando el efecto de la bebida, y me volvía sentir sin ganas de bailar. No había llevado la cuenta, pero puedo asegurar que estuve bailando un par de horas, los ojos se me empezaban a cerrar, y tenía ganas de irme a casa. Justin seguía tonteando, pero ahora con una chica diferente, así que no iba a ir a molestarle. Me dirigí a la salida, había un gran grupo de personas, no todas conocidas, pero alguien me llevaría a casa seguro. No suelo ser muy confiada, y menos con gente que no conozco, pero también había aprendido a no pensar lo peor de las personas, a no pensar que cada persona que me mira, trama con hacerme algo malo. Visualicé a Josh, un chico al que conocía de vista, y de alguna pequeña conversación, a excepción de ninguna otra persona, le pedí que me llevase a casa.

- Claro, súbete atrás, te llevo.
- Gracias, Josh.


Antes de que me diese tiempo a hacer todas esas costosas maniobras para subir a una moto con vestido, alguien me agarró de la cintura bajándome del vehículo. Una vez en el suelo, le empujé involuntariamente.

- ¡Eh! ¿Qué haces? Suéltame.
- ¡Auh, Dani! Eh Josh, tío, ya la llevo yo, tranquilo.
- ¡Joder, Justin! Podrías avisar antes de bajarme a traición de una moto.
- ¿De una moto parada? Sí, es verdad, casi te mato. – Dijo con un cierto toque de ironía, restregándose las costillas donde le había dado. - ¿Por qué no me has pedido a mí que te lleve?
- Ah,… no te quería molestar.
- ¿Por qué?
- Por que estabas… hablando con una chica.
- Tonta. – Dijo entre risas. – Venga, monta.

No tenía miedo a montar en moto sin caso, se había convertido en un hábito. Pero todavía me sentía un poco mareada a causa del alcohol, y me asustaba la idea de caerme. Me monté con los miembros temblando ligeramente, me agarré lo más fuerte posible a la parte trasera, como estaba acostumbrada a hacer, y cerré fuerte lo ojos, tanto que me hacían daño. A medio camino, no pude evitar depositar mi cabeza en el hombro de Justin.

- Eh, ¿estás bien?
- No, estoy mareada, siento que me voy a caer, ¿puedes ir más despacio?
- ¿Conducir despacio? ¿Yo? Sí que estás borracha, sí.
- Justin, no va en broma. ¡Ve más despacio!
Su risa sonaba perfecta incluso a 180 por hora. –Anda, agárrate a mí.
- ¿Qué?
- Que te agarres a mí.

De todas las veces en las que había ido en moto con Justin, esta era la primera vez que me decía que me sujetase a él, deslicé una mano desde la parte de atrás de la moto hasta su cintura, luego, la subí un poco más, hice lo mismo con la otra, pero un poco más rápido, y le rodeé con toda la fuerza que tenía, que en esos momentos, no era mucha.

- ¿Ahora mejor?
- Un poco.

No intercambiamos más palabras hasta que llegamos a mi piso, era incapaz de soltarme. Aunque estuviésemos parados, tenía la sensación de desvanecerme.

- Te puedes soltar si quieres, ¿eh? Estar así en un poco aburrido, ¿no crees?
- Eres idiota. – Dije sin el menor tono de enfado.
- Pues este idiota te ha llevado a casa.
- Hay gente que hace cola por traerme. – Todavía seguía en la moto, pero ahora con las manos sobre el asiento.
- Y no solo por traerte. – Se dio la vuelta sobre sí mismo, de tal forma, que quedamos cara a cara. – Y seguramente te habrías caído por el camino.
- Gracias. – Me contagié de su sonrisa. – Pero que conste que no sigo la discusión porque tengo sueño.
- ¿Vas a ser capaz de entrar en casa?
Le miré con el mismo tono de burla con el que él me había hecho la pregunta. Luego, tras esbozar alguna pequeña sonrisa, di un salto de la moto, y cuando recuperé la estabilidad, me despedí.

- Hasta mañana, Biebs.
- Buenas noches, Dani.

Sin quitarme el vestido, me metí en la cama, oyendo el ruido de la moto de Justin alejarse.

  • 1018 days ago via site
  • 234

Sinopsis-capítulo: Evasión de la realidad.

Han pasado ya 3 meses desde que cerré la puerta de mi casa por última vez.
Mi madre me dijo que iba a llegar un día en el cual me diese cuenta de la tontería que había cometido. Sigo esperando ese día, porque desde que me fui, no ha habido un solo día en el que me haya arrepentido. Generalmente, no ha cambiado nada, excepto el hecho de que ahora vivo sola en un piso el cual tengo que pagar a mi padre. Después de que no me dejase otra opción que aceptar que él me pagaría el alquiler, le prometí devolverle el dinero. Todavía me pregunto por qué decidió eso, justo antes de que me marchase.
Cuando me integré en un grupo de, por llamarlos de alguna manera, amigos, creía que no iba a poder seguir adelante, que este mundo no estaba hecho para mí. Hasta que no me quedó otra opción que cambiar. Cambiar de vida, cambiar de forma de pensar, cambiar de personalidad, cambiar de persona. O a lo mejor no he cambiado, a lo mejor me he encontrado a mí misma.
Marlene, a la que puedo considerar mi mejor amiga, me dijo que no iba a durar ni un solo día aquí. Me encanta demostrarla que estaba equivocada. Justin también me dijo ‘’O pisas, o te pisan.” y tampoco estaba en lo cierto. Por donde yo camino no tengo la necesidad de pisar a nadie, pero tampoco permito ser yo la pisada. El único consejo contra el que no tengo objeciones, es el de ser honesta, el de ser buena persona. La gente tiende a menospreciarme por mi exceso de tachuelas, roturas en los vaqueros, y cueros que suelo llevar. Etiquetas que te pone la sociedad. A mí me tachan de rebelde, pero en mi vida he robado o pegado a nadie, ni lo pienso hacer. Al principio este hecho me molestaba, pero he aprendido a no dejarme influenciar por lo que me diga la gente. Y, las cosas más útiles e importantes para la vida, las he aprendido por mi cuenta, cayéndome y levantándome, curándome y evitando los golpes que esta te da.

No puedo evitar emitir una pequeña sonrisa cuando oigo el tono de mi móvil. Oír algo de música siempre se agradece, quizás sonrío por eso, o quizás porque el móvil me avisa de que es Justin el que llama.

- ¿Sí?
- Daniela, nos han invitado a una fiesta en casa de las Saenders, ¿te paso a buscar?
- ¿Qué pintamos en casa de esas pijas?
- ¿Estás celosa?
- ¿De esos palos? – No había terminado la frase, podría seguir con un “¿De esos palos? ¿De esas chicas que tienen todo lo que quieren con un simple chasquido de dedos? ¿De esas con las que no paras de tontear? ¿De esas aspirantes a modelos? Sí, lo estoy.” Pero me limito a ocultar esa faceta, y a mostrar la dura. – Ni de broma, Biebs, ¿vais a ir todos?
- Claro, ¿cómo no íbamos a ir a una fiesta en una supermegamansión gratis? Además, ponen ellas el alcohol y todo. Es un chollo.
- Prefiero no ir, mañana me contáis cómo os ha ido.
- Como quieras, si te arrepientes, llámame, pero en 10 minutos salgo, así que decídete pronto.
- Ya lo he decidido, me quedo en casa. Adiós.
- Adiós, Dani.

Y me vuelvo a encontrar en frente del espejo, con mis leggins negros despedazados, mi jersey gris, y mis zapatillas de estar por casa. Hacía poco tiempo desde que había dejado de atemorizarme frente a la imagen que reflejaba en el espejo. Y creo que ir a una fiesta en la cual abundan chicas sin una mínima curva, no iba a ayudarme de mucho. Me podía considerar atractiva, y desde mi punto de vista, soy mucho más ‘’apetecible” a esos sacos de hueso, pero esa era mi idea, la mía en contra a la de la sociedad. Siempre que me cambio, intento evitar mirar mis muñecas, llenas de cortes. ¿Cuántos podía tener? ¿10 en cada una? Me había decidido mil veces a dejarlas cicatrizar, pero la única forma de distraerme. Me aliviaba sentir que el dolor de mis muñecas era mayor al de mis problemas.

Mi teléfono vuelve a sonar, pero ya no lo cojo con tanto entusiasmo, aunque es la misma música, ya no es Justin el que llama.

- Hola Marlene, ¿estás en la fiesta?
- ¿¡QUÉ!? Oye tía, ¿¡dónde estás!?
- Marlene, ¿Marlene, me oyes? – Era obvio que no, y menos con mi tono de voz, pero no me apetecía subirlo.
- Tía, no oigo nada, pero a lo que iba, ¿¡estás en la fiesta!?
- No, estoy en casa.
- ¿¡Dónde!?
- ¿Puedes irte a un sitio tranquilo?
- Espera. Ya, ya, dime, ¿estás…?
- En mi casa.
- ¿¡QUÉ!? Ven ya, tía, esto es la hostia.
- Seguro, pero no me apetece mucho, no me encuentro muy bien…
- ¿Qué te pasa?
- A… - No, no podía decir autoestima. – Nada, que no me apetece. Pásatelo bien.
- Bueno, mañana vienes al botellón, ¿no?
- Claro, mañana nos vemos.

A veces me pregunto qué hago con mi vida, si es esto lo que de verdad quiero, pero estoy perdida. No sé qué responder. Pero es lo que he encontrado, no son la clase de personas con las que te puedes sentar a contarles tus problemas, porque se reirían de ti, te dirían que no encajas. Y eso es lo que menos necesito, volver a sentirme excluida, que no sola, porque no importa toda la gente que me rodea, siempre estoy sola. Ni siquiera creo que sería buena idea contarle cómo me siento a Marlene, y esto hace que quiera explotar.
Ya empiezo otra vez, ya empiezo a obsesionarme, mis pensamientos me empiezan a ahogar, me cuesta respirar, pero no, no puedo volver a meterme en el baño. No puedo permitirme coger la cuchilla. No otra vez.
Me dispongo a abrir el armario, tengo varios vestidos entre los que elegir. Normalmente no empleo tanto tiempo en escoger qué vestido me voy a poner, pero si voy, tengo que hacerme notar. Al final escojo un vestido azul oscuro de un material duro, con un forro negro. El vestido apenas me llega a la mitad de los muslos, pero las mangas tapan hasta los codos. El vestido, al ser ceñido, marca mis curvas. Me dirijo hacia las baldas del baño donde guardo el maquillaje, saco un poco de base y lo deposito en mis muñecas, para disimular mis cortes. Luego, con raya y un poco de sombra negra, me difumino los ojos. Me calzo unos tacones de charol negros. El resultado me satisface, sí, voy a salir.

1 tono, 2tonos, 3 tonos.

- ¿Sí? – La voz de Justin suena algo ronca, justo igual que cuando está borracho.
- Justin, ¿estás borracho?
- No, ¿qué pasa?
- ¿Me puedes venir a buscar?
Deja escapar una pequeña risa. – Claro. Espera 10 minutos. – Cuelga.
Tal y como dice, en 10 minutos oigo las ruedas de su moto. Me arrepiento de haberle llamado a él, borracho como va, podría haber tenido algún accidente. Me hace una mueca para que me suba a la moto con él.

- No deberías estar celosa de ellas, en todo caso, al contrario.

No sé si es debido al ruido que hace el motor de su moto, o a lo desconcertante que me suenan sus palabras, pero no logro oír bien lo que dice.

  • 1019 days ago via site
  • 670

{I´d cross the world for someone like you. Cap. 5}

La casa de Justin no era muy grande, pero para dos, era perfecta. Casi todos los muebles eran de madera, era un lugar muy acogedor. Justin se acercó a mí, y susurrando, me preguntó si tenía hambre, negué con la cabeza. Me sonrió, y con la cabeza, me hizo una pequeña indicación para subir a su cuarto. Cuando entramos, hice una pequeña inspección en mi cabeza, acto seguido, me fijé en la cama. Era imposible dormir juntos sin tocarnos.

-¿Vamos a dormir los dos en esa cama? –Dije en tono de burla.
-Si quieres puedes dormir en el sofá, pero no me parece una forma adecuada para tratar a un invitado, y menos tan guapa como tú. –Reímos.
-Vale, dormiremos en la cama. –Solté un pequeña carcajada. -¿Me pasas algo para dormir?

Abrió el armario y cogió la típica camiseta blanca. Se acercó a mí, y me la ofreció.

-¿Y los pantalones? No pretenderás que duerma solo con una camiseta.
-Venga, si sabes que no te voy a tocar. El baño está ahí. –Señaló hacia una pequeña puerta pintada de blanca.

Me dirigí a la habitación donde se situaba el baño, cerré la puerta, y me refresqué la cara con un chorro de agua fría. Dejé la camiseta que me había dado Justin en el lavabo, y comencé a desvestirme. Dudé entre si me quitaba el sujetador o no, pero como nunca dormía con él, opté por quitármelo. Me probé la camiseta de Justin, olía a él. Sonreí como una tonta al notar el olor. Luego me miré al espejo, la camiseta me tapaba lo justo. Terminaba por encima de mis caderas. Tras dudarlo un momento, decidí salir del baño. Justin esbozó una media sonrisa, esa que provoca los chillidos de miles de chicas, y con razón, ¿a quién no le volvería loca? No pude evitar sonreír yo también, disimulaba bastante mal. Me miró de arriba abajo, y afirmó con la cabeza. Yo seguía apoyada sobre la puerta del baño, sin saber cómo reaccionar. Antes de que pudiese moverme, Justin empezó a quitarse la camisa, luego los pantalones, y siguió así hasta que se quedó en boxes.

-Te puedes quedar ahí pasmada toda la noche, pero te advierto que es más cómoda la cama. –No pude evitar reír ante su comentario, me acerqué a la cama, y me tumbé cubriéndome con las sábanas.
-Si eres friolera me puedes abrazar, doy más calor que esas sábanas. – Si iba a estar así toda la noche, tenía las risas aseguradas.
-No tengo frío, pero estoy más cómoda tapada.
-¿No confías en mí?
-¿Quieres que confie en ti ya? Te he conocido hace unas horas.
-Llevo 3 años siendo famoso, deberías conocerme.
-Tú mismo lo has dicho antes, conozco a Justin Bieber, a ti no.
-Pues lo primero que deberías saber de mí, es que soy de fiar, y si digo que no te voy a tocar, es porque no te voy a tocar.
-Aunque te pongas más tierno que un osito de peluche, no vas a conseguir que me abra de piernas, lo siento si te funciona con otras.

Y dicho esto, se formó un silencio, duradero e incómodo. Quizás me había pasado diciendo eso, siempre hablo antes de pensar. Ahora llega la parte en la que me arrepiento. Miré a Justin, estaba tumbado de lado, en mi posición, con los ojos cerrados, pero noté que todavía estaba despierto. Estaba al borde de la cama, manteniendo las distancias. No pude evitar sentirme mal, y me maldije a mí misma por dejarme caer tan pronto. Me acerqué a él, y hundí mi cabeza en su pecho. Noté como respondió rodeándo mi cabeza entre sus brazos, sonreí, y aunque yo ya había cerrado los ojos, noté como él también sonrío. Me destapé poco a poco, hasta que quedé totalmente al descubierto. Justin, con sus manos todavía rodeándome, adhirió nuestros labios. Yo esbozaba pequeños círculos, sonriendo a la vez que Justin lo hacía, bajó sus manos hasta mi cintura, y empezó a hacerme pequeños círculos sobre la camiseta con su pulgar, elevé mis manos hasta su mandíbula, y empecé a hacer lo mismo con mis pulgares. Y entre besos interrumpidos por sonrisas, y pequeños masajes, nos quedamos dormidos.

El sol que penetraba por las ventanas, hizo que me despertarse. Lo primero que hice al abrir los ojos, fue mirar a Justin, seguía dormido, con una pequeña sonrisa en su rostro. Noté como sus manos todavía estaban apoyadas sobre mi cintura. Volví a esbozar un sonrisa y noté su respiración agitándose en mi frente.

-Buenos días, princesa. – Despertarse así era todo lo que había soñado, no necesitaba estar bañana en oro, ni rodeada de diamantes, ni sobre una lluvia de dinero, que te dijesen ‘princesa’, era más que suficiente para empezar bien el día.
-Buenos días príncipe. – Sonreí. -¿Qué tal has dormido?
-Genial, es lo que suele pasar cuando duermes con alguien como tú al lado.
-Ya. –Carcajeé. –Oye, siento lo de anoche, en serio. Soy demasiado orgullosa.
-No pasa nada, quizás me pasé piropeando.
-No, piropeando no, mintiendo.
-¡Ah! Que ahora es mi culpa que seas preciosa. –Reímos a compas. -¿Quieres bajar a desayunar?
-Claro.

Al levantarme, me acordé de lo corta que era la camiseta. La estiré un poco, pero no dio resultado. Noté la sonrisa de Justin clavada en mí. En cuanto entró en el baño, me puse la falda de la noche anterior, inmediatamente, me sentí más cómoda.

-Hombre, si ya estás vestida. –Burló Justin.

Me pasó la mano por la cintura, y me abrió la puerta de la habitación. Salí delante, pero en las escaleras se puso a mi altura. Nos dirigimos hacia la cocina, y tomamos un vaso de zumo con unos croisanes.

-¿Crees que Caitlin estará despierta ya?
-No lo sé, pero la dije que se inventase una escusa, que quería pasar el día contigo. Así que no hace falta que la llames. –Sonrió pícaro.

Me molestó un poco que no me hubiese pedido opinión, estaba claro que quería estar con él todo el día, y todo el verano si era posible, pero ¿y si no hubiese querido?

-Ah vaya, gracias por consultármelo, ha sido todo un detalle.
-No te enfades, tonta. Te acompaño a casa de Caitlin a que te cambies, y damos una vuelta, ¿te parece?
-Vale, ¿a dónde vamos a ir?
-A donde quieras, yo ya tengo muy visto este pueblo.
Reí. –Llévame a los lugares que más te gusten.

Subimos otra vez a su habitación y me vestí con la ropa de ayer, él se puso una camiseta amarilla y unos jeans oscuros. Se calzó unas Vans, y nos montamos en su coche.

-Vamos a tardar unos 15 minutos en llegar a su casa.
-Podré aguantarte. –Bromeé. –Por cierto, ¿qué hubieses hecho si te hubiese dicho que no quería pasar el día contigo?
-Nadie me ha negado nunca una cita. –Me guiñó el ojo mientras ponía el coche en marcha.
-¿Quieres que sea yo la primera? –Dije en el tono más enfadado que pude. Que obviamente, no me salió como quería.

Después de una conversación sin mucho sentido, llegamos a casa de Caitlin.

-¿Qué hago si los padres me preguntan dónde está Caitlin?
-Están trabajando los dos, no hay nadie en su casa.
-Vale, bajo rápido.

Abrí y me dirigí corriendo a la habitación para no perder tiempo, sin poder evitar tropezarme con algunos escalones. Abrí la maleta, cogí unos pantalones cortos de encaje blanco roto, con una camiseta azul por debaj odel ombligo, me pase el cepillo un par de veces, y salí corriendo al coche de Justin. Justin estaba apoyado sobre la puerta del copiloto, cuando me vió salir de la casa, la abrió y me dirigió una pequeña sonrisa, se la devolví, pero más grande.

-¿A dónde me vas a llevar? –Le dije cuando ya estaba dentro del coche.
-Adivina. –Metió las llaves y arrancó el coche.
-¿A tu antiguo instituto?
-¿Estás en vacaciones y quieres visitar un instituto? –Hizo una mueca divertida. -¿Todas las españolas estáis así de locas?
-Vale, pues… ¿a una piscina?
Hizo un ruido con la boca, imitando a una bocina. –Error.

Después de que Justin me negase todas las preguntas que le hacía, me rendí, intentaba buscar sitios originales, pero no se me ocurrían más. Me quedé observando el precioso paisaje que se apreciaba desde la ventana del coche, todo era bosque. ¡Claro!

-¿Me llevas al bosque? –Sonreí segura de la pregunta, tan segura, que casi parecía una afirmación.
-Más o menos, se podría decir que sí. –Y me volví a enamorar de su media sonrisa.

FIN DEL QUINTO CAPÍTULO.

Muchas gracias por leer, sí queréis que os avise del 6º, comentario.

  • 1116 days ago via site
  • 218

{I´d cross the world for someone like you. Cap. 4}

Cuando Justin abrió la puerta de la sala en la que se celebraba la fiesta, pude distinguir a muchas más personas de las que Ryan dijo que irían, calculé a unas 500 personas. Antes de que me pudiese dar cuenta, los cuatro ya se habían ido a saludar a la gente, les perdí de vista. Con pasos torpes e intentando esquivar a la gente, llegué a una silla que había cerca de donde estaban los refrescos, me senté allí apartada de la fiesta. Era una alivio que no hubiese nadie, no llevaba bien conocer a gente nueva. La música explotaba mis tímpanos, estaba demasiado alta, traté de encontrar con la vista a alguno de ellos de cuatro, pero me fue inútil. Solo veía una barrera formada por gente bailando: parejas, grupos de amigos, incluso alguno que otro, bailaba solo. Me arrepentía de haber venido a la fiesta, solo quería irme a casa, solo acababa de empezar, y ya me estaba empezando a sentir mal.

-¡En esta fiesta celebramos la bienvenida de Justin, y en su honor, en 3 minutos, pincharé un temazo suyo, será uno lento: First Dance! – Anunció el DJ.

Todo el mundo empezó a gritar, a saltar, a volverse loco… Pero no había ni rastro de Justin. Me alegraba de que fuesen a poner una canción lenta, no me torturaría tanto los tímpanos.

-¡Quiero ver a todo el mundo buscando una pareja, en 1 minuto, empieza la canción!

Ahora sí que me sentía mal de verdad, todo el mundo estaría bailando con su pareja, menos yo, que estaría aquí, sola y sentada en una silla. Tenía ganas de llorar, pero respiré hondo y cogí una bebida, la canción no durará mucho, podía aguantarlo. Todos estaban preguntándose mutuamente si querían bailar, todo me parecía como en las películas. Pude ver a Justin dirigiéndose hacia mí entre la multitud, cuando me vio, sonrió y vino hacía donde yo estaba, me hizo una reverencia.

-¿Me concedes este baile?

No sabía cómo reaccionar, ni siquiera creía que esto fuese real, pero sin pensármelo dos veces, le devolví la reverencia asintiendo con la cabeza. Nos introdujimos en la pista de baile, las primeras notas de la canción ya habían empezado a sonar, Justin me adhirió más a su cuerpo, cuando estábamos prácticamente pegados, llevó sus manos hasta mi cintura, intercambiando sonrisas, entrelacé mis manos entre su cuello. Empezamos a movernos con pequeños pasos, yo tan solo me dejaba llevar por él, estuvimos así toda la canción, cuando estaba finalizando, acarició mis labios con los suyos, poco a poco, nos fundimos en un beso. Podía notar como las mariposas que sentía en el estómago, ascendían a medida que Justin deslizaba sus labios por mi cuello, sería una locura si dijese que estaba enamorada de él, porque apenas de conocía de hacía algunas horas, pero ya sentía cosas muy fuertes. Volvió a reposar sus labios en los míos, yo plegué mis manos en su cuello, acariciándolo al mismo ritmo en el que Justin me besaba. Cuando acabó la canción, nos separamos los centímetros suficientes para poder quedarnos mirándonos a los ojos, yo me perdí en sus ojos color miel, es verdad, no eran verdes, ni azules, ni ningún color especial, pero él no necesitaba ojos impresionantes, los suyos eran perfectos. Elevó un poco sus manos hacia mi espalda siguiendo el compás de la canción que nos acompañaba ahora, ‘We’re young’, de Fun. La gente se movía con mucha marcha, sin embargo, nosotros apenas hacíamos algún movimiento, yo seguía sin apartar la vista de sus ojos, era uno de esos momentos que me gustaría inmortalizar, para siempre.
Me llevó de la mano hacía la mesa de bebidas, que ahora, sí estaba rodeada de gente.

-Voy a visitar a unos amigos, ahora vuelvo.

Se fue mucho antes de que pudiese decirle nada, me quedé mirando al ponche con la vista perdida. Debía de parecer idiota, mirando al infinito mientras me mordía el labio y sonreía como una tonta recordando el beso de Justin.

-¡Bú! – Di un pequeño salto para atrás, y pude ver a Caitlin con un chico, supuse que era su novio.
-¡Caitlin! Me has asustado.
-Era mi intención, jajaja, es broma, mira, vengo a presentarte a Josh, mi novio.
-Hola Josh, soy Carla, encantada.
-Igualmente, ¿estás de campamento?
-Sí, dos meses.
Estuvimos un cuarto de hora hablando, cuando Josh le dio un beso a Caitlin y la dijo que tenía que irse.

-Bueno Carla, ahora que estamos solas, dime, ¿quién ha sido el afortunado que ha bailado First Dance contigo?
Justo cuando abrí la boca para decirle a Caitlin con quién había bailado, alguien me abrazó por detrás, no me hizo faltar voltearme para darme cuenta de que era Justin.

-El afortunado he sido yo. – Dijo mientas me dio un beso en el cuello.

-¿Ves, Caitlin? Te lo dije, desde que conocí a Carla te dije que estos dos pegan juntos. – Chaz iba con un megáfono, y varios gorros de fiesta en su cabeza.

El comentario de Chaz me había confundido, ¿quería decir que éramos una pareja? Quizás estaba demasiado borracho y solo lo dijo para bromear. Ya eran las 5 de la mañana, de las 500 personas que había al empezar la fiesta, nos habíamos quedado unos 50. Estábamos los cuatro sentados en unos sofás que había en un rincón de la sala, yo estaba recostada sobre el torso de Justin, mientras él me acariciaba el pelo. Aunque estábamos todos en grupo, Justin y yo estábamos en una conversación aparte, hablando solos él y yo.

-¿Tienes sueño?
-Un poco, pero puedo aguantar hasta que nos vayamos todos.
-Si quieres, puedo llevarte a casa ahora, le pido el coche a Ryan y luego vuelvo a por ellos.
-Gracias Justin, pero no hace falta, en serio, estoy bien.
-Puedes dormirte encima de mí si quieres, cuando nos vayamos te llevo al coche cogida.
-No, no te molestes, no hace falta.

Seguí besando los labios de Justin, me sentía realmente bien. Aunque le dije a Justin que podía aguantar despierta, me acomodé en su hombro y entrecerré los ojos, mientras él me daba pequeños besos en la frente, me quedé dormida.

El ruido de la carretera, me despertó. Cuando abrí los ojos, estaba tumbada en las piernas de Justin, estábamos en el coche de vuelta a Statford.

-Con que ibas a aguantar, ¿eh? – Rió Justin mientras me acariciaba dulcemente la cara.
-¿Me he dormido? Lo siento, creía que iba a aguantar, ¿y Caitlin?
-Se ha ido a casa de Josh, si no quieres dormir sola, puedes venirte a mi casa.
-Gracias, pero no me importa dormir sola, gracias, en serio.
-¿Sabes? – Dijo Ryan de repente. – Si vuelves tú sola a casa, los padres de Caitlin sospecharán de dónde está ella, es mejor que volváis las dos juntas por la mañana, así decís que estabais en casa de una amiga o algo.
-Sí, Ryan tiene razón. – La voz de Chaz estaba ronca, pero estaba sobrio. – Los padres de Caitlin son muy… conservadores, por llamarlo de alguna manera, no les hará mucha gracia que esté con un chico durmiendo.
-Entonces, ¿no te importa que duerma en tu casa? – Elevé la cabeza, mirando a Justin.
-Para nada, me das una alegría y todo.

Ryan y Chaz empezaron a bromear, no paraban de soltar comentarios como ‘’’Uhhhhhh, cuidado con lo que hacéis. ’’, ‘’la gomita, Justin, que luego hay sustos. ’’ Cuando vio que me estaba sonrojando, Justin les pidió que parasen, luego se tumbó conmigo en el asiento de atrás, y me susurró ‘’Tranquila, princesa, no te voy a tocar. ’’ Esa clase de comentarios me hacían estar segura, es como si Justin fuese un amigo mío de toda la vida, pero, quitando que era un famoso, era un completo desconocido, pero algo había en la forma en la que me trataba que me decía que él era especial, que merecía la pena.
Cuando llegamos a Stratford, Justin me abrió la puerta del coche, me despedí de Chaz y de Ryan, y fui con Justin hacia su casa.

-Vivo en casa de mi madre, pero ahora no está, tenemos la casa para nosotros. – Me tendió la mano.
-¿Vivías solo con tu madre? – Se la cogí.
-Sí, mis padres se separaron cuando yo aún era un bebé, pero sigo sin superarlo. – Me la apretó más fuerte.
-Lo siento, en serio, lo siento, no quería…
-No pasa nada, hablarlo me viene bien, casi siempre lo llevo encerrado dentro.
-¿Por qué nunca hablas de ello con nadie?
-Bueno… - Dijo mientras le caían unas pocas lágrimas. – Siempre he querido tener una familia, ya sabes, normal, y con mis padres separados, eso era imposible.
-Mis padres están juntos, pero tampoco lo llamaría una familia normal. – Sequé las lágrimas que le caían con mis manos.
-¿Por qué no?
-No te creas que soy feliz con ellos, me gustaría que me trataran de forma diferente, a veces me siento realmente mal con ellos, es un tema que jamás hablo con nadie, pero tienes razón, hablarlo viene bien.
-Puedes hablarlo conmigo siempre que quieras, todavía nos quedan quince minutos para llegar a casa.
-Gracias por ser tan cercano conmigo.
-No me las des, es más, gracias a ti, no recuerdo haberlo pasado tan bien desde hacía mucho tiempo.
-¿No te lo pasas bien en Estados Unidos, recorriendo todo el mundo, conociendo a gente importante…?
-Tú eres mucho más importante que toda la gente a la que he conocido en estos tres años. – Se produjo un corto silencio. – No me arrepiento de haber escogido esa vida, pero es mucho estrés, tengo que fingir que estoy feliz todo el tiempo, siempre tengo que sonreír, no me permiten equivocarme, hay días en los que no me dejan vivir. Manejan todo mi tiempo, no puedo decidir casi nada, es agotador vivir así, mis fans son las que me dan ese impulso que necesito, puede sonar a marketing, pero eso lo siento de verdad.
-Vaya, no creía que tu vida fuese así, siempre me la imaginé más…
-¿Perfecta? – Dijo mientras me soltó la mano de un brusco movimiento.
-Sí, perfecta, eso es lo que aparentáis. – Recibí un todo borde.
-Pues eso es lo que me molesta. – Alzó la voz. – Es como si os engañasen, no quiero que den una imagen falsa de mí.
-¿Y por qué no hablas con ellos?
-Mi opinión les importa una mierda. Yo quiero transmitir fuerzas, coraje, valor, quiero transmitir mensajes positivos, pero ellos, ellos solo quieren dinero y más dinero.
-Eres como… ¿su marioneta?
-Vaya. – Volvió a cogerme la mano, mientras suspiró. – Jamás nadie lo había descrito tan bien, soy justo eso, su marioneta. Es un alivio que lo entiendas.
-¿Cuántos días te vas a quedar en Stratford? – Ahora fui yo la que agarré su mano con más fuerza, tenía miedo de que se fuera.
-Todo el verano, me dejan pasar todas las vacaciones aquí, luego empiezo con el tour.
-Pues relájate, no pienses en el trabajo, tienes todo el verano para descansar.
-¿Contigo?
-Conmigo. – Le afirmé sonriendo.

Fin del 4º capítulo, si queréis que os avise del siguiente, dejad un comentario. Gracias por leer.

  • 1126 days ago via site
  • 229

Hola, lo primero que quería hacer es disculparme por el retraso con la novela, si no viene la inspiración, es muy difícil escribir. Este ya es el capítulo esperado, en el que aparece Justin, por fin.
{I´d cross the world for someone like you. Cap. 3}
No tenía que haber insistido en que me dejasen dar un paseo por Stratford para relajarme un poco, necesitaba estar sola, pero me había perdido. Caitlin me había dicho que, aunque el pueblo fuese pequeño, era muy enrevesado, y que podría perderme. Justo lo que me había pasado, podría arreglarlo todo llamándola, pero tenía demasiado orgullo para hacerlo, mis Converses negras estaban empapadas a causa de los charcos que estaba ocasionando la lluvia. Llovía a cántaros, pero no hacía frío, es más, hacía un calor horroroso, aún así, el ambiente húmedo, había hecho que me apeteciese un chocolate caliente. En una esquina, pude ver una pequeña cafetería, justo lo que necesitaba.
-Hola, ¿en qué puedo ayudarla?
-Buenos días, ¿podría darme un chocolate caliente?
-Claro, ¿lo quiere con algo?
-No, gracias.
-Muy bien. – Dijo vertiendo un poco de leche al chocolate. – Aquí tiene, son 4 dólares.
Vaya, para ser de una pequeña cafetería, era demasiado caro, eché una mano en el bolso para sacar el monedero, antes de que pudiese poner el dinero sobre el mostrador, una mano con un billete de 5 dólares, se me adelantó.
-Yo lo pago. – Cuando me di la vuelta, pude ver la cara empapada de Chaz, dos mechones de pelo le caían sobre la frente, pero lo que más le resaltaba, era su gran sonrisa.
-De ninguna manera. – Dije metiendo el dinero en su bolsillo. – Ya me has invitado a demasiadas cosas.
-Y más que quedan. – Sacó el dinero y lo volvió a colocar sobre la barra, guardando el mío en mi monedero. – Cóbramelo a mí, por favor.
-Claro, faltaría más. – La camarera le dio la vuelta y se dirigió a mí para entregarme el ticket.
Aunque hice un indefinido número de intentos por darle a Chaz el dinero que se había gastado en mi chocolate, fue inútil.
-¿Quieres un poco? Es tuyo, lo has pagado tú.
-No, gracias, ¿has visto el calor que hace? ¿Cómo te compras un chocolate caliente?
-¡Eh, eh! Te he ofrecido chocolate, no te he pedido que me critiques.
-Vale, perdón. – Rió. – Por cierto, esta tarde vamos a ir al aeropuerto de Montreal a recoger a nuestro amigo, supongo que Caitlin vendrá, ¿tú te apuntas?
-Claro, ¿no le importará?
-A ningún chico en su sano juicio le importaría que una chica como tú vaya a recibirle al aeropuerto.
-Anda ya, Chaz. – Dije entre carcajadas.
Después de pasar unas horas riéndome con él, fui a cambiarme casa, que al final, no que quedó más remedió que pedirle la dirección a Chaz.
Toqué al timbre varias veces, pero no abría nadie. Saqué la copia de las llaves que me habían confiado y entré.
-¿Caitlin? – Como no obtuve respuesta, me dispuse a subir las escaleras en busca de alguien en la casa.
Cuando llegué al piso de arriba pude oír el sonido de una ducha, provenía del baño de Caitlin, así que comprendí que no me había abierto porque no lo había oído. Me metí en nuestra habitación y abrí mi maleta, ¿qué podría ponerme? No sabía que íbamos a hacer, quizás luego fuésemos a cenar, por lo que elegí una camiseta de raso blanca algo holgada y una falta con un estampado étnico ajustada. Me metí la camiseta por dentro y cogí unas sandalias negras, me hice una trenza al lado y metí en mi bolso dinero y el móvil. No se me ocurrió nada más. El portazo que dio Caitlin al entrar en la habitación, me trajo de vuelta a la tierra.
-¡Uh! Perdón Carla, ha sido el aire.
-No pasa nada, ¿crees que voy bien así?
-Claro, vas guapísima. No hace falta que lleves mucho dinero, nos va a invitar a cenar.
-¿Qué? Y, ¿eso por qué? No, a mí no tiene por qué invitarme a nada.
-Da igual, anda, guarda el dinero.
-Como sois, ¿eh? No me dejáis gastarme nada. – Se me escapó una pequeña risa recordando el momento con Chaz en la cafetería.
-¿Quién no te ha dejado?
-Chaz. – Reí. – Me ha pagado él el chocolate que me he comprado esta mañana.
-No te dejes enamorar, ¿eh? Es broma, en serio, me alegro de que hayas hecho amigos aquí.

Lo único malo de residir en un pueblo alejado de todo, son las distancias. Habíamos tardado casi dos horas en llegar al aeropuerto, aunque al parecer, a ellos no les importaban las horas del viaje, parecía ser un amigo al que no habían visto en mucho tiempo.
-Me acaba de llegar un mensaje suyo, me dice que va a salir por la VIP. Vamos antes de que venga más gente. – Ryan empezó a correr, dejándonos a atrás.
Seguía sin entender nada de esto, ¿VIP? ¿Antes de que venga más gente? Aunque se suponía que Ryan debía de estar cansado de conducir durando 2 horas, estaba saltando de alegría. La zona VIP estaba vacía, solo estábamos nosotros y unos cuantos agentes de seguridad más.
-El avión aterrizaba a esta hora, ya debe de estar bajando.
-Sí, pero ya sabes cómo son estas cosas Chaz, se puede retrasar.
Justo después de que Caitlin dijese esto, ya estaban todos abalanzándose ante él. No pude evitar sentir curiosidad por quién era, así que cuando acabaron de saludarse todos, fui hacía allí.
-Tú debes de ser Carla, ¿no? La chica tan preciosa de la que tanto me han hablado.
Enmudecí, ahora entendía a qué se debía todo este misterio, estaba claro que no me iba a poner a gritar, pero me sorprendió de una forma enorme ver a Justin Bieber allí, no era una gran fan suya, pero sus canciones siempre me habían enamorado.
-Chaz, en lo de que era preciosa tenías razón, pero no me habías dicho que era tan tímida.
Reaccioné con una sonrisa, luego reí tímidamente.
-Lo siento, es que no me imaginaba que fueses tú. – Dicho esto, me devolvió la sonrisa mientras se dirigía a darme un beso en la mejilla.
-No eres Belieber, ¿verdad? Si no, habrías reconocido a Chaz, a Ryan y a Caitlin.
-No, no lo soy, pero me encantan tus canciones.
-Vaya hombre, me habría imaginado que te ibas a poner a llorar y a correr como una maniática.
-Ni lo sueñes, y aunque fuese Belieber tampoco lo habría hecho.
Me molestó un poco que dijese eso, pero no puedo negar que no me reí, me molestó el hecho de que creyese que era tan importante, aunque eso había sido una sensación, le acababa de conocer, no podía juzgarle como nada.
-Bueno, ¿dónde queréis cenar? Esto hay que celebrarlo. Cada vez vengo menos.
-No tío, hoy no tienes que invitar. – Chaz sacó su móvil y le enseñó un mensaje. – El capitán de tu antiguo equipo de hockey ha hecho una fiesta de bienvenida, le dijo que vamos, ¿no?
-¡Por supuesto! – Todos asintieron a coro, menos yo.
-¡Eh! …
-Carla.
-Eso, perdón, se me había olvidado, ¿no vienes?
-¿Yo? Que va, no les conozco de nada, pasároslo bien.
Cuando antes de que me diese la vuelta, me cogió de la muñeca.
-Venga, ven, así será una fiesta de bienvenida doble, por ti y por mí.
-No, gracias, en serio, pero no estoy invitada. – Dije sin poder evitar soltar alguna carcajada.
-Hacemos una cosa, les mando un mensaje, si dicen que pueden venir, que lo van a decir, vienes.
Asentí, todavía cogida de la muñeca por Justin. Su móvil emitió un corto sonido, miró la pantalla, sonrió pasándose la lengua por sus labios y me enseñó el mensaje en el que ponía: ‘’Por supuesto, ¡cuántos más mejor!” Me soltó de la muñeca y me volvió a sonreír, yo le devolví la sonrisa.
Se sentó en el asiento de copiloto junto a Ryan, que conducía. Chaz, Caitlin y yo íbamos atrás.
-¿Cinturones? – Se aseguró Ryan antes de poner el coche en marcha.
Puso la radio a todo volumen y pisó el acelerador.
-Ryan, ¿cuántos van a la fiesta?
-Pues, me han dicho que unos 150 o así.
-¿150? – No pude evitar levantar el tono de voz.
-Tranquila, no te vamos a dejar sola. – Me susurró Chaz.
-No hace falta que estéis pendientes de mí, no quiero ser una molestia.
Justin le dio un codazo a Ryan.
-Molestia dice.
La amabilidad de Justin me hizo sentirme más cómoda, recosté la cabeza sobre el asiento, cerré los ojos y me dormí, 2 horas iban a dar para mucho.

FIN DEL 3er CAPÍTULO.
¿Os ha gustado? Bueno, si queréis que os avise del siguiente, dejad un comentario, muchas gracias por leer.

  • 1140 days ago via site
  • 282

¡Hola! Antes de que leáis os quería volver a dar las gracias por leer. Quizás estos capítulos sean un poco más aburridos, pero van a merecer la pena, ftgyhujik. Bueno, empiezo:


{I´d cross the world for someone like you. Cap.2]

Los pequeños pero intensos rayos de Sol me despertaron, cuando abrí los ojos no me ubicaba, hasta que recordé que no estaba en mi casa, dormirme había sido más fácil de lo que yo pensaba. Como la ventana estaba abierta, pude ver a Caitlin perfectamente, todavía yacía sobre la cama, dormida, imaginé. No entendía como podía dormir con toda esa luz que penetraba por la ventana, me volví a tumbar en la cama.
-¿Carla? ¿Estás despierta?
-Sí, buenos días, Caitlin.
-Igualmente – dijo dejando de susurrar – ¿Quieres bajar a desayunar?
-Vale – lo dije poco convencida, no tenía hambre, pero accedí por amabilidad.

Me sorprendió que, a pesar de lo pronto que era, ya estuvieran todos en la cocina.
-Buenos días – El hecho de que todos estuviesen vestidos menos yo, me incomodaba un poco.
-Hola, ¿qué tal has dormido? – El olor a tabaco que desprendía el cigarro del padre de Caitlin, me resultaba desagradable.
-Bien, gracias.
Aunque la verdad fuese que no, que no había dormido bien porque todavía quería irme, pero ¿qué iba a decir?
-Por cierto Carla – Caitlin me sacó de mis pensamientos. – Hoy vas a conocer a nuestro amigo.
-Ah, sí, es verdad. – No me había acordado, tenía demasiadas cosas en la cabeza como para pensar en eso. – Caitlin, no quiero sonar borde, pero ¿a qué vienen tantas ganas por que conozca a un chico?
-En unas horas lo veras. –Sonrió y se fue a la nevera a coger la leche.

15 minutos más tarde.

-Bueno, Carla, ¿subimos a vestirnos? Chaz y Ryan me han dicho que viene sobre las 12:00, nos queda una hora.
-Vale, nos da tiempo de sobra, ¿no?
-Sí, pero bueno, para no perder tiempo.
Abrí la maleta, me sorprendió toda la ropa que llevaba, no recordaba haber metido tanta. Seleccioné un vestido palabra de honor, con estampado floral y unas sandalias negras. Pelo suelto con raya al lado y listo. A Caitlin le costó mucho más elegir, quizás fuese porque ese chico es alguien importante para ella y quería ir arreglada, pero a mí me parecía que estaba guapa con todo lo que se ponía.
-¿No te decides? – Dije pasando mi peine por mi pelo liso.
-No, no sé, me suele gustar toda mi ropa, pero hoy no me encuentro a gusto con nada.
-Todo lo que te has probado te sentaba genial, ¿quieres mirar algo de mi ropa? Creo que usamos la misma talla.
-Vale, muchas gracias – Acto seguido, se puso a sacar cuidadosamente las prendas tan bien dobladas por mi madre.
-Caitlin, ¿te puedo preguntar algo?
-Por supuesto, ¿qué es?
-Quizás sea un poco personal, el amigo que me vais a presentar, ¿te gusta? Es decir, ¿tuvisteis algo?
-No, no me gusta – Dijo entre risas, me alivió no haberla molestado. – Sí que tuvimos algo, pero eso fue hace mucho, ahora yo tengo novio.
-Vale, perdón si ha sido muy personal.
-Oh, no es nada, tranquila. ¿Por qué lo preguntabas? – Eligió una camiseta marinera, y unos pantalones blancos de talle alto.
-Porque habías dicho que hoy no te gustaba como te quedaba la ropa.
-Ah, sí, pero eso me pasa mucho.

A pesar de que todavía quedase media hora para el esperado encuentro, Ryan y Chaz ya estaban allí esperándonos, pero no había nadie más, supuse que todavía no habían llegado.

-Eh, Chaz, mira que pivonazos vienen por ahí – Silbó y alzó la voz. No pude evitar reírme, lo que hizo que a Ryan también se le escapasen algunas carcajadas.
-Hola, ¿qué tal? – Antes de que pudiesen responder, ya estaba formulando otra pregunta. – Y, ¿vuestro amigo? A ver si después de todo lo que ha dado para hablar, no me le presentáis.
-Pues… ha tenido un pequeño problema con el horario del avión, no creo que llegue hoy.
-Oh, bueno, otro día será, ¿verdad? – Caitlin hizo una mueca, Ryan y Chaz también parecían estar tristes, ¿qué más dará? Un día antes que un día después no es para tanto.
Sonó la melodía de ‘Drive by’, supuse que era un teléfono, concretamente el de Chaz, que deslizó su mano por el bolsillo sacando un iPhone.
-¿Sí? ¡Ah! Hola tío, ¿cómo es que no puedes venir? Ya… entiendo. Sí, Carla está aquí esperando.
Y ‘blablablá’, eso fue lo que entendí después de que dijese que le estaba esperando. ¿A él que más le daría? Ni siquiera me conoce, Ryan me guiñó un ojo. No entendía por qué le habían hablado de mí, cuando Chaz terminó de hablar, pude resolver mi duda.
-¿Por qué le dices que le estoy esperando? No tengo ni idea de quién es. – Quizás se me notaba algo histérica en la voz, me ponía realmente nerviosa hablando de estos temas.
-Vas a ver como sí, anda tonta, no te enfades. – Chaz me introdujo en un cariñoso abrazo, no sabía por qué, pero me sentía a gusto. Le di un beso en la mejilla y me deshice de él.
-Eh, Chaz, déjasela a la persona que viene mañana. – Todos empezaron a reír a coro, yo seguía sin comprenderles, ¿quién narices era?


Bueno, pues fin de otro capítulo, ya en el siguiente, aparecerá el chico este tan “misterioso” JAJAJAJA. Muchas gracias por leer, sois geniales. Un beso.
Si queréis que os avise del siguiente capítulo, comentar.

  • 1158 days ago via site
  • 278

1. Mencióname si lo estás haciendo, :

2. ¿Cómo te llamas?:

3. ¿Quiénes son tus ídolos?:

4. ¿Cuál es el país más bonito que has visitado?:

5. ¿Cuál es el mejor libro que has leído?:

6. ¿Y la mejor película que has visto?:

7. ¿Qué canción es la que te anima?:

8. ¿Cuál es el disco que más te gusta oír?:

9. ¿Qué te gustaría ser de mayor?:

10. ¿Tienes defectos? ¿ Cuáles?:

11. Pues sonríe, eres preciosa:

12. ¿Cuál es tu mayor virtud?:

13. ¿Cuál es tu tienda de ropa favorita?:

14. ¿Lees mi novela?:

15. ¿Playa o piscina?:

16. ¿Qué estás haciendo ahora mismo?:

17. Del 1 al 10, ¿cuánto de feliz eres?:

18. ¿Tienes mascotas?:

19. Si tuviese a tu ídolo delante, ¿qué harías?

20. ¿Te ha gustado el cuestionario?:

  • 1170 days ago via site
  • 202

¡Hola! Hoy pondré la sinopsis y el primer capítulo de mi novela Belieber; I´d cross the world for someone like you.




No me lo podía creer, mis padres me iban a enviar de intercambio en un pueblo de Canadá durante todo el verano. ¿Qué iba a hacer yo allí? Nada, o eso era lo que creía. Me fui a Stratford, esa ciudad tan conocida gracias al cantante criado allí, Justin Bieber. Aunque al principio no tenía ni el más mínimo interés, me costó una vida entera irme de allí, ese pequeño pueblo se convirtió en algo esencial para mí.
Personajes:

Carla: 17 años, no era la típica adolescente, ni mucho menos. No era del montón, pero en todo hay un excepción; el amor. Esa trampa en la que caemos todos, esa, en la que ni siquiera Carla se libra.
Justin: Creo que no hay que dar explicaciones sobre él. Lo sabemos todo, y en la novela, será exactamente igual.
Chaz y Ryan: Eran los mejores amigos de Justin, eran algo traviesos, pero buenas personas. Carla les cogerá un cariño especial.
Virginia y Natalia: Las mejores amigas de Carla, ellas residían en España, pero no perdieron el contacto con Carla cuando se fue a Canadá por dos meses.

-Nota: En el momento en el que aterrice en Canadá, tendrá que hablar en inglés, pero pondré todos los comentarios en español.

{I´d cross the world for someone like you, capítulo 1}
-¡Carla, vamos, baja! ¡El avión sale en 2 horas! – La voz de mi padre me sonaba tan desagradable como cualquier ruido de la calle. Cogí las maletas ya preparadas, y, con resignación, me digné a bajar las escaleras, dándole un último vistazo a mi habitación por dos meses.
-¿Has desayunado? ¿No? ¡Pues venga! ¿A qué esperas?
-Mamá, no me metas prisas. Ya he hecho mucho accediendo a ir.
-¿Accediendo? – preguntó mi padre con una risa burlona. – Pero si, si no te hubiésemos obligado, no irías.
Ignorando todos esos comentarios me metí en la boca un trozo de tostada, seguía enfadada con mis padres desde el día en el que me dijeron que me iba a pasar a Canadá las vacaciones. Iba a ir de intercambio a una casa con gente que no conocía de nada, ni tenía ganas de conocer.
Arrastré mis dos maletas durante todo el pasillo hasta llegar al coche, me metí en él, vacilando, porque todavía estaba dudando, ¿por qué me tenía que ir allí? Era buenísima en inglés, no me hacía falta. Y el “es para que mejores, y para que seas un poco más independiente” de mi madre, no sonaba muy convincente. Era un día odioso, entre que dejaba España por primera vez yo sola y que estaba lloviendo, digamos que no era mi día favorito. Estaba aguantando las lágrimas, pero tenía unas ganas increíbles de llorar. El sonido de los aviones al despegar me despertó, esa noche no había dormido nada, así que me quedé dormida en el coche, debían de ser las 6 de la mañana.
-¿Ya hemos llegado?
-Claro, ¿Qué si no van a ser esos aviones?
-Una pesadilla. – Resoplé.
-¿Qué? ¿Has dicho algo?
-He dicho que sí, que qué iba a ser si no.
Mi autoestima estaba por los suelos, y entre todos los procesos que había que realizar antes del vuelo, bajo tierra. Cuando ya había facturado las maletas, pasado por el control de seguridad y enseñado el pasaporte, me dispuse a despedirme de mis padres.
-Bueno cariño, quizás ahora no te des cuenta, pero ya te notificarás que hemos hecho esto por ti, por ayudarte. Verás lo bien que te lo pasas cuando llegues allí. – ‘’A ver si es verdad’’ pensé.
-Vale, gracias mamá, ya os llamo yo cuando llegue, os quiero. – Abracé a los dos y agitando la mano en señal de despedida, me metí en el avión.
‘Asiento 4, pasillo A’. Con la vista hice un recorrido del avión, ‘ahí es’ me dije para mí misma, cargando con una mochila, lo único que llevaba como equipaje de mano. Me acomodé en mi asiento asignado. Me tocó al lado de un señor mayor, quizás unos 50 años, pero parecía que no iba a ser muy hablador, eso me gustaba. Llevaba un libro de bolsillo; ‘Orgullo y prejuicio’. Las veces que me habré intentado leer ese libro, pero no había logrado tener éxito, me parecía muy aburrido. Ya sentada, saqué de la mochila el móvil, conecté los auriculares y me dirigí al reproductor de música. ‘Green Day’ ¿qué mejor música para empezar un viaje? Aunque estuviese cansada, no tenía sueño. Intenté ver alguna que otra película en la pequeña pantalla que tenía en el asiento, pero me resultaban tan poco interesantes, que las acababa quitando.
-¿Quiere algo de comer? – La azafata que tenía a mi lado me ofreció dos platos; pollo o pasta. No me había dado cuenta de cuando había llegado.
-Pollo, gracias. – Cogí el plato precocinado aunque no tuviese hambre, me ofreció también una ‘Coca-cola’, esta sí que me la bebí.
‘’15 minutos para el aterrizaje, por favor, vuelvan a sus asientos asignados y abróchense el cinturón. ’’ También dijo algo más que no pude oír a causa de los nervios, se supone que la familia con la que me iba a alojar iba a ir a recogerme al aeropuerto de una ciudad de Ontario. ¿Cómo los iba a reconocer? Imaginaba que iban a llevar un trozo de cartulina con mi nombre, como en las películas. Estaba empezando a sufrir un ataque de nervios, quería volver a casa, esa sensación no me gustaba nada. El nudo de la garganta me estaba ahogando, ‘’5 minutos’’ logré oír a una azafata que se disponía a recoger los platos.
El avión estaba empezando a descender, podía notar cómo las mariposas se chocaban con cada una de las paredes de mi estómago. Tocamos tierra, me puse mi mochila a la espalda y me dirigí hacia las escaleras para bajar de allí, me acordé de cambiar la hora de mi reloj a causa de la diferencia horaria, ‘son 8 horas de diferencia, vale, salí de España a las 8:00, las 4 de la tarde’.
Al llegar al aeropuerto un chico separó en un grupo a los alumnos que iban de intercambio. Éramos 10, en una lista iban diciendo los nombres de cada uno de nosotros, y la familia correspondiente levantaba la mano y se iban juntos a casa. No oí mi nombre, pero vi a la única familia que quedaba preguntar si era yo. Los nervios se relajaron un poco, parecían simpáticos, y tenían una hija que debía de ser de mi edad, la que primera me saludó:
-Hola Carla, soy Caitlin, encantada. – Recordé que tenía que hablar absolutamente todo en inglés a partir de ahora. Me dirigí a darla un abrazo, pero ella se me adelantó y abrió los brazos primero.
-Encantada.
De camino a su coche, conocí a sus padres, también eran muy agradables. Me dijeron que tardaríamos media hora en llegar a Stratford, en el coche estuvimos hablando sobre mí: mis gustos, si tenía alergias (que afortunadamente no tenía), manías…
-En cuanto coloques tus cosas en mi habitación, te presentaré a dos amigos míos; Chaz y Ryan, te van a encantar, aparte de ser majos, son guapísimos. – Tenía pinta de que íbamos a dormir juntas, eso no me gustaba tanto. Necesitaría algunas noches solas, para poder llorar tranquila.
-Vale, es genial tener amigos el primer día, espero caerles bien.
-¡Claro que sí! Les caerás perfectamente.
Su casa era enorme, tenían 4 pisos, la habitación de Caitlin se encontraba en la segunda planta; era muy grande, pintada de blanca con tonos rosas, algo desordenada, sin ningún poster, pero con miles de fotos. Me pareció reconocer a un cantante en muchas de ellas, a Justin Bieber. Pero preferí no preguntar. Me ayudó a organizar todas mis cosas, y, según estaba, con unos pantalones blancos cortos de talle alto, una camiseta azul algo holgada metida por dentro y mis Converse negras, salimos a encontrarnos con sus dos amigos. Quedamos en un parque no muy lejos de su casa, en cuando nos vieron se dirigieron a nosotras. Saludaron a Caitlin con un beso en la mejilla, y luego, me saludaron a mí. Me dieron un abrazo, un gran abrazo.
-¡Hola! Eres la alumna de intercambio, ¿no? – Se presentó como Chaz, el otro debía de ser Ryan.
-Sí, la de España.
-¡España! ¡Me encanta ese país!
-¿Pero qué dices? ¿Cuándo has estado tú en España? –Le calló Ryan con un codazo en las costillas. – Anda, Chaz, deja de ligar con ella, ¿no ves lo guapa que es? Seguro que tiene novio.
-Anda, callaros bobos, ¿vamos a dar una vuelta? – Dijo Caitlin, debió de darse cuenta de que me estaba sonrojando, ya que me sacó de aquel aprieto, cada vez me caía mejor.
-¿Sabes? – me dijo Chaz pagándome la Fanta de naranja que me acababa de pedir. – Mañana viene un amigo, deberías conocerle.
-Vale, pero no hace falta que me pagases la bebida.
-Anda, si no es nada. – Dijo entre risas. – Entonces, ¿mañana volvemos a quedar para conocer a nuestro amiguete?
-Chaz, está cansada, debe de estar con el jet-jack todavía.
-Gracias Caitlin, pero la verdad es que estoy bien, podríamos volver a quedar mañana si quieres.
-¡Oh, por supuesto! Por mí estaría todo el día fuera de casa, pero como me han dicho que es la primera vez que sales sola de tu país, quería que te sintieses a gusto.
-Muchas gracias. – Dije mientras la abrazaba por un extremo. – Me siento genial, sois increíbles todos.
-Vale. – Digo Ryan. – Pues mañana nos vemos en el mismo lugar que hoy. Vas a flipar en colores con él.
Tras despedirnos de Chaz y Ryan, que me parecieron unas personas estupendas, fuimos a cenar a casa de Caitlin, pizza, vaya comida sana que estaba comiendo hoy. Seguía sin tener hambre, pero tenía que aceptar el plato que me estaban ofreciendo, debía ser amable.
-¿Quieres hacer algo especial? ¿Ver la tele, jugar a algo…?
-No, gracias, ¿qué te parece si nos vamos a dormir? Hoy ha sido un día muy largo y mañana tiene pinta de serlo también, con ese amigo vuestro, ¿quién es?
-No te lo puedo decir, quieren que sea sorpresa.
-Ahora me decís que es Justin Bieber. – Dije bromeando. – Ya sabes, como es de aquí.
-Bueno, ¿entonces quieres dormir? Me parece bien.
No entendí por qué no contestó a mi comentario de si era Justin, quizás estaría hasta las narices de oír cosas de él. Estaba claro que no iba a ser él, lo dije de broma, espero que no se lo haya tomado demasiado mal. Nos pusimos el pijama y nos metimos las dos en una cama, la mía, se sacaba de debajo de la de Caitlin. En el momento en el que me tumbé, me olvidé del mundo. Escondí mi cabeza entre las sábanas y empecé a derramar lágrimas debido a la presión de todo el día, como vi que mis sollozos no se oían, seguí llorando. ‘’Mañana será un nuevo día. ’’ Me susurré, y dicho esto, me quedé dormida.

FIN DEL PRIMER CAPÍTULO.

¿Qué? ¿Os ha gustado? Si queréis que os avise del siguiente capítulo, ponedlo en un comentario, ¿quién será el amigo? Fácil, ¿verdad? Bueno, a partir de la llegada de este chico, las cosas se pondrán un poco más interesante, muchas gracias por leer.
Un abrazo muy fuerte a y a . <3

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