Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 23


Ella niega con la cabeza, pero sigue con esa sonrisa radiante que me dice toda la verdad. Ella me quiere. Se que lo hace. Sé que a pesar de ser un completo desastre, ella tiene la bondad de quererme. Y por eso debo sentirme el bastardo con más suerte en el mundo.
Volteo su rostro tirando sin mucha fuerza de su barbilla, hasta que nuestros labios están juntos. No puedo evitar sonreír al sentir su beso. Ella se rinde y me abraza con fuerza, casi haciéndome colapsar sobre el acolchado. Recorro sus brazos con mis manos y siento su piel erizarse. Se separa de mi beso y me sonríe de una manera dulce. Se sonroja y me abraza de nuevo con fuerza. Refugia su rostro en mi cuello y siento su respiración relajarse. Acaricio su cabello, y beso su cien. No sé cuánto tiempo duramos en silencio, en esa misma posición, pero siento que este momento, pase lo que pase a continuación, puede traerme valor. No merezco siquiera su amistad. Pero es bondadosa. Ella es un ángel.
Y no la voy a dejar irse.














Capítulo 23
—Debemos ir lento. Muy lento. —Apenas logro distinguir sus palabras, que pronuncia entre dientes. No quiere decirlo, pero su voluntad es férrea. —Para.
—No puedo princesa. —Me encuentro confesando en su oído, luego de que muerdo su lóbulo. La siento estremecerse y pone su mano de nuevo en mi brazo. Tirando hacia atrás. Intentando alejarme. —Solo esta vez. —Repito. —Te lo estoy rogando. ¿Podrías tener compasión de este tonto?
—Qué cursi. —Se burla sin imponer más fuerza. —¿Y dónde está el chico que me quería matar con una navaja todo salvaje?
—Aquí mismo. Solo que no quiero hacerte daño. Nunca. ¿Me entiendes? Eres lo único bueno que tengo en la vida y no te quiero perder. Sé que no quieres lastimarme pero, vamos… soy un hijo de puta y estás harta de mí. No, no te rías. Sé que es cierto. Pero aquí me tienes luchando por ti como nunca había luchado por algo. Lo siento. Siento todo el daño que te he hecho. Yo soy el causante de que estés mal y por consecuencia, yo también lo estoy. Así que… linda, ¿podría tener una oportunidad contigo? ¿Solo esta vez?


Su compañera de habitación entra y sin mirarnos, coloca un par de cosas que no logro ver en el buró. Acto seguido, toma un bolso azul y sale. ________ está mirando hacia el techo, y solo pestañea. Yo no digo nada mas y tomo el extraño tubo de loción que la chica ha dejado. Vierto un poco en mis manos y comienzo a masajear los pies de _______. Un fuerte olor a alcohol llega a mí y ella suelta un quejido, dado a que sus heridas siguen frescas y el alcohol le lastima. Intento ir más lento, y ella ya no se queja tanto.
En silencio, sin mirarla, sigo pensando qué puedo hacer en este momento para olvidar toda la tensión. Obviamente ella no quiere volver a eso, tiene miedo de todo lo que le he hecho. Pero no es mi culpa… bueno, en cierta forma lo es. Mi forma de reaccionar, de ser. Ella me aceptó con todo lo que sabía que tenía. Pero no puedo pedirle tanto a una persona tan buena.
Al terminar de curarla, miro hacia ella y veo su cara empapada por lágrimas. Mira hacia abajo, jugando con sus dedos y respira con dificultad. Me acerco y tomo su mejilla, acariciando su piel húmeda.


—Ya ha pasado. —Digo, relacionando las heridas y la loción. —Con esto te vas a curar.
—Lo sé. —Suspira entrecortadamente. —Es solo que las heridas es lo que menos duele ¿sabes? Lo que me duele es saber que no podemos llevar todo en paz.
—Es mi culpa.
—Yo me siento culpable también. No te he apoyado casi en nada y tu me has demostrado que darías todo por mi. A mi no me importa ya lo que has hecho, porque aunque me hubieras mentido, hiciste cosas por mi, que nunca nadie habría hecho en su sano juicio. Y te lo voy a agradecer de por vida. Está bien para mí si esta vez olvidamos todo.
—Te amo.


Susurro en sus labios antes de irme despacio sobre ella, en un arrebato de felicidad. Escucho cómo suspira al envolver sus brazos a mi alrededor, y baja sus labios lentamente a mi cuello, besando lentamente mi piel. Aún siento sus lágrimas en su rostro, haciendo contacto con mi cuello. Pronto se queda quieta, solo sintiendo mis manos estúpidamente desesperadas y torpes tocándola de la cintura hacia arriba. Cuántas veces deseé esto desde que me separé de ella. Fue tan poco tiempo y me pareció una eternidad. Me siento mal de saber que ésta tal vez sea la última vez que podemos estar tranquilos de esta forma.
Estoy completamente encima de ella, besándola rápido, pero cortésmente en los labios. Ella ha dejado de llorar y ahora sigue mi juego con su boca. Tomo una de sus piernas y la llevo a la altura de mi cintura, para acercarme más a ella. Le hago saber mis ganas de tenerla conmigo y en cuento me deja, quito su blusa, dejando su torso expuesto a mí. Solo a mí. Quité mi camisa y la volví a abrazar, sintiendo sus pechos rozando con mi piel, haciéndome estremecer. Ella toma la iniciativa y hace nuestro beso más apasionado tocando mi lengua con la suya. Respiro con dificultad cerca de ella y me separo de su beso.


—¿No estarás considerándolo verdad? —Le pregunto antes de atrapar su labio inferior. —
—No. —Responde a secas. —
—¿No estarás pensando que soy alguien a quien le urge tener algo de sexo, verdad? Porque no es así. —Bajo sus bragas jugueteando con la tela y el elástico, beso su barbilla y hace una especie de “uhm” en un suspiro. Ella no lo sabe, pero lo hace todo el tiempo. Es cuando sé que está esperando por mí. —Solo quiero tenerte conmigo.
—Lo sé. —Dice divertidamente desesperada, mientras baja mi pantalón. La detengo y me levanto de la cama. —Justin…


Trato de evitar mi sonrisa y las ganas de verla así, desnuda y excitada en la cama. Camino con dificultar hasta la puerta y pongo el cerrojo, para evitar ser descubiertos. Hemos llegado hasta este punto, pero no sabemos qué puede pasar. Cuando me vuelvo, ella está mirando, curiosa, sentada sobre sus muslos, con su cabello alborotado y arrugando la frente mientras muerde su labio inferior rojo, por tantos besos.


—¿Qué? —Bromeo con ella. —¿Quieres que nos encuentren jugando?


Ella niega y busca entre las sábanas mi pantalón. Concentrada en ello. Ni siquiera le importa el hecho de que esté admirando todo su precioso cuerpo desnudo con detenimiento. Antes le apenaba, ahora ni siquiera presta atención. Y lo agradezco. Busca entre mis bolsillos y saca mi cartera, revisando, desesperada. Toma el paquete pequeño y metalizado, y mira la fecha de caducidad, como toda una experta. Alza la vista y me mira expectante.


—Eres la cosa más linda que he visto. —Me burlo acostándome sobre ella nuevamente. —Y voy a hacer que esto valga cada jodido segundo. Solo necesito que hagas una cosa.
—Por el amor de Dios ¿qué? —Escupe con algo de ira. Para mí resulta divertido verla así. —
—Dime que me amas.
—Te amo. —Responde rápidamente. —
—No me lo creo. —Estoy jodidamente seguro que esto me duele más a mí que a ella. —Ni siquiera lo pensaste. Eso no me suena bien… —Sus manos bajan hasta mis caderas y me quita la única prenda que me quedaba. —¡Eh! Pequeña traviesa.
—Justin por favor. —Dice, pegándose más a mí. —
—Mi amor… —Sonrío, levantando su barbilla. —Solo juego un poco.
—Deja de jugar. —Insiste. —Te amo. Te amo demasiado, me sorprende que aún no te des cuenta.
—¿Aunque me persigan?
—Podemos huir juntos.
—¿Aunque sea un asesino?
—Yo también mataría por estar cerca de ti.
—¿Entonces me amas?
—Te amo más que a nadie.


Es lo que necesito escuchar. La envuelvo en mis brazos tan fuerte, que temo lastimarla. La beso duro, y dirijo sus manos hacia las mías, guiando sus brazos, para tomar el preservativo que ella ha sacado de mi cartera. Entrelazo nuestros dedos y beso su cuello. Ella cierra los ojos y se arquea hacia mí. Con mi mano derecha, acaricio su cuerpo y llego hasta ese punto especial listo para mí. La toco por algunos segundos y sigo besando su cuello. En la primera señal de su casi orgasmo, retiro mis dedos y me coloco el preservativo. Entro en ella y siento sus dedos en mi espalda, luchando por no arañar mi piel. Sus labios me buscan, y se unen de nuevo. Me comienzo a mover sobre ella, y pronto ella acompaña mis movimientos. Gemidos salen de su linda boca entreabierta y cierra sus ojos con fuerza. Una última embestida con fuerza y todo su cuerpo tiembla en mis brazos. Grita y se deja ir. Incapaz de controlarse. Después, comienzo de nuevo a moverme, tocándola con desesperación. Ella se revuelve en el colchón de nuevo, y gime en mi oído.


—De… de nuevo… —No sé si fue una pregunta, o una indicación. — No puedo…
—Sip.


Nos seguimos moviendo, hasta que ambos caemos, rendidos y llenos de placer. Escucho su respiración volver a la normalidad, y al salir de ella, me recuesto a su lado. Al cabo de un rato, me levanto, envuelto con las sábanas y abro la puerta del pasillo. Está completamente vacío todo.


—Regresa. No quieres que nos descubran. —Dice la voz perezosa de mi chica. —Justin, regresa aquí.
—Hace calor, bonita. —Me encojo de hombros. —¿Hay algún baño cerca?
—¿Ducha o necesidad?—Pregunta cubriendo su rostro con una almohada. —Acá dentro tenemos uno, sin ducha.


Río, y cierro la puerta. Entro al baño, me quito el preservativo y lo tiro. Voy al lavabo y con agua fría, lavo mi rostro. Fresco de nuevo, salgo del cuarto de baño y me encuentro con ________ envuelta en las sábanas, respirando lentamente. Me acuesto a su lado, abrazándola de la cintura, acercándola a mí. Siento su mano tocando la mía y escucho su risa. Beso su mejilla, dejando un rastro fresco en ella. Se voltea para quedar frente a frente y me regala una de esas hermosas sonrisas que siempre agradezco. Acaricio su espalda, y la miro fijamente.


—Solo me quieres por mi físico.
—Idiota. —Ríe ella. —


No sabe cuán feliz estoy de tenerla conmigo ahora. Me ha hecho un doble adicto. A ella, y a su felicidad. Si ella no está bien, yo tampoco. Soy un jodido cursi, que no puedo dejar de comérmela a besos. A veces tenerla me resulta irreal. No merezco tanto, pero lo agradezco, y no me alcanzará la vida para terminar de hacerlo.


—Deseaba tanto estar así contigo. —Confieso, quitando el cabello de su cara. —Mi madre quiere conocerte. Y no aceptará un no por respuesta.
—Es arriesgado, supongo. —Responde más preocupada que emocionada. —Justin aún no estamos tan bien como para salir juntos y que nos encuentren… no me lo puedo imaginar.
—Vamos, una vez no daña a nadie, y quiero presentarle a mi chica mi maravillosa madre. ¿Por favor?
—Ah. ¿Quién dijo que era tu chica? —Responde a la defensiva. —Tienes que invitarme a cenar primero.
—¿En casa de mi madre?
—No llegues tarde.
—Aceptaste.
—¿Tiene algo de malo acaso?


Comienza a reírse, y no tengo de otra mas que seguirle el juego. Esta chica está completamente loca, pero es un punto más a nuestro favor, porque… siendo honestos. Yo estoy igual o más loco que ella.



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No fue tanto, no es mucho,
pero lo tengo y es precioso. Amé todo de este capítulo
yeah, kdsfkldsnk


Pronto buenas nuevas y
el big final (faltan algunos capítulos)

Gracias Por Leer
Much Love


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 22


El cielo está tan nublado, que el gris se asemeja casi al negro. El aire es frío y contiene ese conocido olor a lluvia que avisa que pronto llegará. Me cubro con mi suéter de lana y acomodo mis guantes azules en mis manos. Nunca he soportado el frío, aunque sea solo por un pequeño día triste, bonito y nublado. Soplo con fuerza en mis manos, haciendo que se calienten un poco. Me siento en la banca más cercana que encuentro, y me pongo a golpetear mis rodillas hacia arriba y hacia abajo. Miro para todos lados y no logro ver a nadie conocido. Cruzo mis piernas y espero unos minutos más. Genial mi único día libre y tengo que esperar bajo el frío. Subo mis manos hacia mi cabeza y me acomodo más hacia abajo el gorro de lana que combina con mis guantes, para hacer que cubra un poco mis orejas. Escasos resultados.


—Por poco y no te reconozco. —Escucho la voz de Christian a un lado mío. Me vuelvo y lo encuentro caminando hacia mí con solo una chaqueta de cuero. ¡Está helando! —¿Qué haces con todo eso puesto? No hace mucho frío.
—Nunca me ha gustado mucho el frío. —Confieso, frotando mis manos para calentarlas un poco. —No se como sobreviviré en Berlín, si es que quedo seleccionada.
—¿Tan pronto ha salido la convocatoria? —Se sienta a mi lado, mientras que pone su brazo en el respaldo de la banca. —Tenía entendido, porque tú lo explicaste, que sale dentro de un mes.
—Se habrá adelantado. —Me encojo de hombros. —Nunca es muy temprano e inoportuno para avisar sobre algún cambio. Tal vez y sea más temprano todo. No sé… puede que después de muchos años, hayan decidido cambiar el sistema. También me han dicho que presentaremos todos los internos una obra, nos estarán observando, y ahí decidirán todo.
—¿Cuál obra? —Me pregunta, obviamente interesado. —
—No estoy segura. Todos dicen que serán Las Zapatillas Rojas. Me parece buena idea, pero de verdad que no estoy segura de querer audicionar para Victoria.
—¿La protagonista?
—Si. Todo es hermoso, preciso y es una bella historia. Pero no puedo exigirme algo aún. ¿Sabes? Me dijeron que pusiera todo mi esfuerzo. Me están haciendo un favor de darme a elegir. Debería escoger un personaje menos importante.
—Si te crees capaz de hacerlo, la más remota posibilidad. Deberías de intentarlo. Si empiezas desde abajo, puede que mejores, pero pierdes credibilidad. Participa hasta donde creas que puedes, te tienen fe ahora, si es que dicen que te hacen un favor.
—¿Me ayudarás?
—Por favor… no puedo usar mallas y no puedo estar todos los días mirando cómo practicas. Pero dime apoyo moral y soy todo tuyo.
—Bueno, gracias por eso. —Sonríe. —De verdad no imagino tu imagen de chico rudo con mallas, es muy bueno que solo me des apoyo moral. Gracias Christian.
—Vaya… —Respira hondo, intentando ahogar una risa, pero no lo puede evitar, y termina riendo a mandíbula abierta, dejando a _______ consternada. —Una hoja está atorada en la lana de tu gorro.


***


No puedo más. Tengo que verla. Después de que haya convencido a mi madre de la mudanza, creo que estoy más confiado en poder dejarla sola unos días. Ella cree que le voy a dar una sorpresa en unos cuantos meses con una remodelación completa. Haré que pase. Solo espero salir de esta mierda antes que nada. Pero vamos… necesito ver a _______.
La llamo en las horas de descanso, y escucho su voz cansada y casi no tiene humor par a hablar. Me siento pésimo. Los fines de semana son los únicos que puede salir, pero yo tampoco le llamo ya muy seguido por miedo a que se moleste conmigo. Lo he dejado así desde que la escuché quejarse de sus pies en una llamada. Ella necesitaba descansar. Aún lo necesita. Así que opté por dejarle de llamar, pero Addy me informa cómo se encuentra por medio de Jace. No es lo que necesito, pero es mejor que nada.
La noche del viernes, preparé una pequeña maleta para todo el fin de semana y tomé el auto de Jace para dirigirme hacia la Academia de _______. Toda la noche estuve conduciendo, con música con ritmo, para mantenerme despierto. Llegué a casa cuando el reloj de mi muñeca marcó las tres de la mañana. Me detuve en frente de la Academia y me recargué en el respaldo, mirando hacia las instalaciones como un jodido sicópata. Pensé en marcarle, pero sigo sintiéndome culpable de tener que despertarla. Decido poner en marcha el auto, para buscar algún hotel cercano. Al registrarme, justo después de una eterna subida por ascensor, llego a mi habitación, abro las ventanas un poco, tomo una ducha y me recuesto en mi cama mientras veo televisión. Envío un mensaje a Jace, y me quedo dormido.
Cuando abro los ojos, las cortinas de las ventanas revolotean hacia dentro de la habitación. Una brisa fresca entra entre ellas, y junto con eso, unas pequeñas gotas de lluvia. Cierro las ventanas y me alisto para salir. Tomo algo en el restaurante del hotel y prácticamente corro hacia mi auto, para dirigirme hacia la Academia. Es su día libre, puede tener visitas. ¿No es así?
Cuando entro al vestíbulo de la Academia, saludo con una sonrisa a la recepcionista a lo que ella responde.


—¿Puedo ayudarte en algo? —Me pregunta amablemente. —¿Tienes permiso de visita?
—De eso quería hablar. —Dudo un poco, y me dejo llevar por mis antiguas costumbres. —Tengo una carta para la directora de estas instalaciones… Foster, si no me equivoco.
—Bueno, no recibí ninguna notificación al respecto. —La chica teclea en su computadora de escritorio, mientras observa la pantalla atentamente. —Tendré que avisarle.
—Muy bien, todo a su tiempo. —Asiento, con la esperanza de que se retire del lugar, para poder entrar. —¿Necesita que llame a alguien de seguridad?
—Para nada. —Se encoje de hombros y toma el teléfono del recibidor, marcando tres teclas seguidas. Mierda. —Señorita Foster, tengo aquí a un joven que tiene una carta para usted… no, no sé el remitente. ¿Está segura que no quiere que yo le pregunte? Muy bien. —Cuelga y me mira con la misma amabilidad de antes. —Pasa a su oficina. Toma el ascensor, tercer piso.
—Gracias.


Camino hacia el ascensor y observo las indicaciones que están pegadas a lado del teclado para indicar el piso. Cuarto piso, están las internas. Oprimo rápidamente el botón y las puertas se cierran frente a mí. Cuando se vuelven a abrir, salgo rápidamente, y comienzo a buscar con la mirada algún indicio, alguna señal que me indique dónde está ella. Pero todo el pasillo y las puertas son de un mismo color gris apagado. Una puerta se abre, y sale una chica rubia, leyendo un libro, sin siquiera despegar la vista de éste.


—Hola, perdona ¿Conoces a ________ Lombardi?
—Lombardi sigue en su cuatro. —Me dice con una voz inexpresiva. —Es el quince.


Se aleja sin siquiera despegar su vista del libro ni un segundo. Camino y busco entre los números que están a lado de las puertas, hasta encontrar el indicado. Suspiro y golpeo la madera de la puerta levemente, para no causar mucho escándalo. Una chica con cabellera rizada y tez morena abre la puerta y se sorprende al verme.


—¿Puedo ayudarte? —Dice sin despegar los ojos de mí. —¿Eres… de seguridad?
—No, no. Busco a tu compañera. ¿Está aquí ________...?
—Ah si, si. Pero no entiendo cómo te dejaron entrar hasta acá. Está prohibido. —Me mira temerosa. Casi dudando de mí. —
—Te agradecería si me haces el favor enorme de no decirle a nadie. es muy importante. —Le suplico. Ella mira hacia dentro de la habitación y se vuelve hacia mí. —Yo iba a tomar una ducha. Ella sigue dormida. Prometo que no te acusaré esta vez.
—No te vas a arrepentir. Muchas gracias.


Ella asiente modestamente y sale hacia el pasillo. Entro a la habitación y miro alrededor. Justo en la cama a lado de la ventana está ella durmiendo. Siempre en la misma posición, abrazando a la almohada, tumbada boca abajo y cubierta por las sábanas hasta la nuca. Me siento a su lado con cuidado y ella ni siquiera se inmuta. Debe estar tremendamente cansada. Me meto en la cama con ella y la abrazo por la cintura. Ella se mueve mucho, y hace un gesto gracioso al intentar zafarse de mi agarre. Aún dormida. Aprieta los ojos cerrados y se talla el rostro con las manos, dándose vuelta hasta quedar mirando hacia el techo. Pestañea y se da cuenta de que obviamente no está sola. Se vuelve hacia mí y se mueve rápidamente, asustada.


—¿Qué…? Pero tú… no deberías… —Sonrío y ella se cubre el rostro con las manos. —¿Qué haces aquí tú eh?
—Quería verte. —Digo acercándola a mí nuevamente. —Tengo el asunto resuelto con mi madre, y Jace me dijo que él intentaría encontrar a Christopher. Lo dejó ir después del enfrentamiento.
—Siento que no deberías estar aquí. —Duda. —Aún corres peligro. Bueno, de hecho todos.
—No vine a hablar de eso ________. —Aclaro regalándole una de mis mejores sonrisas, queriendo ver su reacción. Es justamente la misma. Ella, nerviosa, mira hacia otro lado y muerde su labio inferior. —Vine porque quería comprobar que estabas bien. Sabes a lo que me refiero.
—Lo estoy, yo… —Quiso ponerse de pie, pero al pisar el suelo con sus pies descalzos, hace un gesto de dolor y se sienta en la cama de nuevo. —Dios…


Me incorporo y observo sus pies. Está herida. Ella se encuentra cabizbaja intentando contener el llanto. Se que no gano nada con decirle algún sermón, o herirla más de lo que ya está. Eso haría el maldito en el que me convertí, el quien le trajo desdicha a todos mis seres queridos, y no pienso volver a revivir ese momento de ira, en el cual lo único que consigo es que me odien más.
La tomo de la cintura, y hago que se recueste de nuevo en la cama lentamente, con mucho cuidado. La vuelvo a tapar con las sábanas y me levanto, en busca de algo que pueda usar para esas heridas. Miro a mi alrededor, pero solo hay ropa de chica regada por todas partes, y solo eso. Me vuelvo hacia ella y me cruzo de brazos.


—¿Puedes decirme dónde hay algún kit de emergencia o algo?
—No los hay, a no ser que bajes a la enfermería. —Me contesta, a la vez que jala las sábanas hacia su barbilla. —No creo que vayas a ir tú… estás sin permiso en la habitación de las señoritas.
—Ni herida de esa forma puedes dejar de burlarte. —Niego mientras me siento en la esquina del acolchado, dejándome caer hacia atrás. —Mi madre quiere conocerte. Le conté sobre ti y me regañó por no llevarte a casa conmigo.
—¿Cómo reaccionó a tu confesión? —Me pregunta con el semblante serio. —Me planteo algo muy desastroso. Pero tú tienes esa capacidad de esconder lo que sientes. ¿O me equivoco?
—De verdad que no se cómo te las arreglas para encontrar baches en el camino. —Me recorro hasta estar a su misma distancia, ambos recostados mirando hacia el techo. —No le dije nada a mi madre porque… ¿te imaginas cómo se pondría? No quiero que sepa que está en peligro y se enferme por mi culpa.
—¿Y si se entera de todas formas? Justin, debes de hacer lo correcto.
—Siento que hago lo correcto para ella. Hay veces que lo correcto conlleva a no ser tan satisfactorio. Por el momento todo va bien.
—Nunca voy a poder contigo. Lo tengo claro. —Suspira. —¿Qué viniste a hacer aquí? Tienes mucho que hacer como para que vengas a recostarte sin decir nada.
—Ya te dije que vine a verificar que tú estuvieras bien. —Me doy la media vuelta, para tenerla frente mío. —Además de que, sé que terminamos algo mal realmente se me olvidó en qué terminamos, y vine a que me lo dijeras.
—Es un asunto muy fuera de lo que pasa. No tiene importancia.


Iba a responder, pero la chica morena que vive con ______ entró por la puerta, y solo nos miró de reojo, y siguió hacia su buró, tomó un cepillo y comenzó a pasarlo por su cabello mojado sin decir nada. Me vuelvo hacia ella, siente mi mirada y me sonríe amablemente. Le devuelvo la sonrisa y se me ocurre una buena idea.


—Chica, ¿quisieras ayudarme? —Pregunto, con el tono de voz más amable y amistoso que puedo lograr. —¿Podrías por favor ir a la enfermería a conseguir algo para estos pies tan terribles? —Levanto la sábana, mostrando los pies de _______, y ella rápidamente los intenta esconder de nuevo. —Hey, hey no es algo nuevo para otra bailarina de ballet.
—De hecho no. —Ríe por primera vez la chica. —No los entiendo a ustedes, pero los voy a ayudar de todas formas.


Se levanta, y sale de la habitación. Yo me acerco a ______ y tomo sus manos acariciándola lentamente. Encamino mis labios hacia su cuello y la beso con las ganas que no pude descargar tiempo atrás. Ella se queja, pero no retrocede. Me toca el hombro, y me hace retroceder después de varios besos. La miro a los ojos, y tiene una expresión burlona. Sabe perfectamente que no soporto el hecho de que me rechace.


—Quedamos de amigos. —Me recuerda en un intento por no reírse. —De eso no debemos pasar.
—Los amigos pueden hacer esto. —Murmuro roncamente en su mejilla, besándola repetidas veces hasta subir a su oído. Ella me avienta con sus manos sobre mi pecho, queriendo que retroceda. Sus risas me hacen sonreír. La tomo por la cintura y pongo mis labios en la comisura de sus labios. —Solo esta vez. —Le ruego.


Ella niega con la cabeza, pero sigue con esa sonrisa radiante que me dice toda la verdad. Ella me quiere. Se que lo hace. Sé que a pesar de ser un completo desastre, ella tiene la bondad de quererme. Y por eso debo sentirme el bastardo con más suerte en el mundo.
Volteo su rostro tirando sin mucha fuerza de su barbilla, hasta que nuestros labios están juntos. No puedo evitar sonreír al sentir su beso. Ella se rinde y me abraza con fuerza, casi haciéndome colapsar sobre el acolchado. Recorro sus brazos con mis manos y siento su piel erizarse. Se separa de mi beso y me sonríe de una manera dulce. Se sonroja y me abraza de nuevo con fuerza. Refugia su rostro en mi cuello y siento su respiración relajarse. Acaricio su cabello, y beso su cien. No sé cuánto tiempo duramos en silencio, en esa misma posición, pero siento que este momento, pase lo que pase a continuación, puede traerme valor. No merezco siquiera su amistad. Pero es bondadosa. Ella es un ángel.
Y no la voy a dejar irse.


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Uf. Al fin logré terminar un simple capítulo.
Me siento decadente. La semana pasada tuve examenes, hoy entrega de proyecto,
disequé una plantita y así.
Lo peor es que ando pobre... eso siempre me desanima.
Soy una materialista, ah. Pero bueno, este capítulo
fue tierno mas que nada. Pronto les diré buenas/malas nuevas
(no tan graves)


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
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Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 21



—He intentado llamarte a lo largo de todo este tiempo, pero he tenido montones de trabajo. Tuve que teñirme el cabello de un rubio más oscuro, no sé si lo notas… —Dina se revisó las puntas de su cabello, y luego volvió a mirarme. —Escucha, discúlpame por esta plática de chica tonta. Es solo que…
—No, no. Te escucho. —Asentí después de darle un sorbo a mi soda. —Debes estar muy emocionada con tu trabajo, es bueno que me lo cuentes. Espero que no mientas para faltar, como en la Universidad.
—Vaya, qué imagen. —Ríe ella. —Solo fue aquella vez. Créeme que hubiera pagado para no volver a pisar ese lugar. Desde que terminé con eso, ha ido todo muy bien. Y tengo la confianza en lo que sigue. Pero ya, basta de mí. Me has estado preguntando un montón de cosas, y tú no has dicho cómo te va.
—Bueno, la verdad es que prefería no recordarlo. —Admito, sin querer mirarla. —Todo se ha venido abajo muy rápido y odio eso.
—Oh, no quise incomodarte, perdona.
—Está bien. Solo te pido que hablemos de otra cosa.
—Lamento eso. Addy me llamó para preguntarme si estaba todo bien. —Jase se sienta a mi lado, y nota a Dina, sonriendo amigablemente. —Oh, perdona. Hola.
—Hola. —De pensar en lo que Addy pudo haberle dicho a Jace sobre _______, olvido presentarlos. —Soy Dina.
—Jace. —Amos se dan un saludo y sonríen. —Bueno, Addy me dijo que han llegado a salvo, y que ________ ha ido a renunciar a su empleo.


Por lo menos se va a alejar de aquel Christopher. Suspiro y miro directamente a Jace, quien rápidamente entiende mi pregunta sin siquiera hablar. Asiente y sin esperar ni un segundo más, me levanto, saco mi teléfono y marco ese número tan conocido. Espero que esté bien. No sé cómo jodidos terminamos, pero creo que estoy en posición de poder llamarla y preguntarle cómo está.
Después de tres zumbidos en mi teléfono, escucho su voz por primera vez. No me ignoró y eso se me hace un beneficio.


—Hola. —Dice ella en voz baja. —¿Cómo llegaste?
—Estoy bien. Ahora tomo algo con Jace. Acabo de llegar. —Por su simple interés me siento mejor. —Dime tú cómo estás.
—Bueno. ¿Listo para caerte de espaldas?
—Estoy bien equilibrado. —Sonrío. —
—Acabo de hacer nuevamente las pruebas. —Hace una pausa y vuelve a hablar. —Fue terrible. He perdido la práctica casi por completo. Lo único que me salvó, fue que recordé todo lo de mi primera audición. Y bueno… no tienes que preocuparte por mi seguridad. Estoy dentro. Ahora mismo estoy instalándome, y no tengo compañera esta vez. ¿Sabías que entre menos seleccionadas, más estrictos estarán? ¡Espero no fallar!
—¿En serio te gustaría volver al ballet?
—Claro. —Está muy entusiasmada. —Bueno, no me lo voy a tomar tan en serio, si es que es eso lo que te preocupa. Sigo con mi régimen y nuevamente tendré que visitar la enfermería de la Academia… —Vuelve a hacer una pausa. Sé precisamente lo que está pensando. —Sin ti, claro.
—Oye… sabes que puedo visitarte si quiero. —Me encojo de hombros, aunque sé que no puede verme. —
—No, no resuelve tus problemas. —Es increíble esta chica. —Yo acá tengo mucho que hacer. Los dos estaremos ocupados. Pero ten mucho cuidado.
—¿Te sigues preocupando por mi? —Pregunto. Muero de ganas de verla ahora. Apuesto a que está sonrojada sin quererlo. —
—No es tan fácil dejar de hacerlo. Además no quiero. Me preocupo por ti tengamos o no algo. Se que lo nuestro es extraño por ahora, pero ¿considerarías algún tipo de amistad conmigo?


Inhalo y exhalo. ¿Amistad? No me puedo imaginar cómo es que puedo ser solo amigable con ella. No puedo. Es una costumbre para mí el tenerla en mis brazos, robarle besos y hacerla mía cuando siento que es correcto. O sea, la mayor parte del tiempo. No puedo solo olvidar todo lo que he vivido con ella. Amistad no funciona para mí, pero tendré que intentarlo, solo por el beneficio de tenerla cerca.


—Lo considero, sí. —Le respondo. —Pero en serio. Como tú dices, no es fácil acostumbrarse. Así que… nena. Me atrevo a decirte que te extraño. Mierda, te extraño demasiado.
—Estaremos bien. Yo también te extraño, pero… —Duda un poco. —¿Sabes? Puedes llamarme cuando tú quieras. Ya sabes los horarios ¿no? En la madrugada y después de las cinco me puedes encontrar.
—Y el resto del tiempo te mandaré mensajes. —Me río. —De voz, de texto y videos.
—No exageres.
—Sabes que no lo hago.
—Tú siempre tiendes a exagerar todo. Le tomas sentido gracias a las cosas, y es exasperante, pero refrescante.
—Es un cumplido. —Puntualizo. —Muy bien utilizado.
—Cállate. —Me dice en su intento vano por no reír. —Tengo que irme ya. Hay mucho por hacer, no sé si pueda hablar por tanto tiempo como hoy, una vez que entre.
—Nos las arreglaremos. —Interrumpo. Sintiéndome un completo co-dependiente. —No te retraso más. Hazlo con todas las ganas del mundo.
—Gracias. —Hay un silencio de algunos segundos que parecen eternos, y luego la escucho suspirar muy sonoramente. —Te deseo lo mejor.


Sin decir más, asiento, como si de alguna forma pudiera verme, y después cortamos la llamada. Ella primero. Suspiro, tal vez demasiado desanimado como para volver, pero aún así lo hago. A paso lento y con la mirada perdida en algún lugar específico que ni siquiera noto. Finjo una mejor sonrisa, y me siento a lado de mis compañeros por ahora. Dina sigue platicando sobre sus nuevas aventuras en su trabajo de ensueño, pero por alguna razón no se me hace tan interesante como lo que me platica _______. Su “baile de puntas de pies”. Sonrío por dentro cuando recuerdo cómo me gustaba molestarla con eso. Saco mi teléfono y le tecleo esas mismas palabras que pensé, y le envió un mensaje. Después de mucha espera, sigo esperando una respuesta pero no la obtengo.
Me guardo el teléfono en el bolsillo de mis pantalones y sigo escuchando la acalorada plática entre Dina y Jace. Cuando estoy un poco más enterado del tema, comienzo a dar mis argumentos, pero no participo mucho. Al final, Jace también intercambia teléfono con Dina y nos despedimos. Ella está en la ciudad dado a que algún familiar vive aquí, o porque está en sesión en las cercanías, no recuerdo. Pero me dice que esta no es la última vez que nos veremos, y yo solo le sonrío.
Jace y yo entramos al auto de nuevo, y nos dirigimos a casa. Al llegar, camino rápidamente a la entrada, y busco entre la jardinera, justo debajo de las ventanas y encuentro la típica llave que mi madre siempre deja escondida por si pierde las originales. Abro la puerta y ambos entramos.


***


Todo esto parece lo mismo para mí. Coloco mi ropa vieja en el mismo ropero viejo que todas las alumnas tienen. Miro a las paredes del edificio viejo en el cual veremos todo nuestro futuro, planes, etcétera. Guardo la maleta vacía debajo de mi cama, porque ya no hay especio en el armario y me siento en mi cama recién hecha. No creí terminar tan rápido y ahora tengo toda la tarde libre.
Salgo de la habitación, disculpándome con mi compañera, y voy directamente a la enfermería. Toco la puerta una vez, y rápidamente una nueva enfermera me abre la puerta, con una sonrisa tan banca como su bata. Me hace pasar, y justamente tiene en su mesa mi expediente. Me mira comprensiva, y no me siento tan incómoda como en el principio.


—¿Sigues con tu régimen?


Asiento. No puedo dejar de mirar el escritorio. Donde hace tiempo Justin fue el primero en tocarme de aquella manera tan… significativa. Me sonrojo, lo noto por la puerta de cristal de su locker.


—Muy bien _______. Sabemos que estas clases requieren de todo tu esfuerzo y dedicación, y estamos en la etapa en la que importa de más el físico ¿estás consciente de eso?
—Demasiado. Creo que puedo manejarlo, es decir, toda mi vida estaba con un régimen alimenticio normal según yo.
—¿Desde cuando notaste que te sentías incómoda contigo misma?


Ugh. Pregunta difícil. ¿Desde que todo se salió de control? Me parece. Pues siempre me ha sentido incómoda, bajo a algunas exigencias, pero eso se fue incrementando. Desde que la profesora Donaire me dijo que yo no podía estar subiendo de peso, me empecé a poner nerviosa y preocuparme. Eso le respondo. Comienza a revisar las últimas páginas de mi expediente y de toda la bitácora que hicieron sobre mi tratamiento en los tres meses en el centro.


—¿Crees que puedas recaer?


Pregunta interesante. Antes no tenía tiempo de pensar en todo esto y hasta olvidaba tomar mis vitaminas. La verdad ni siquiera me importaba el espejo. Justin me hacía sentir tan bella, que solo usaba el espejo para cepillarme el cabello. Ahora, no he tenido tiempo, pero todas esas chicas son hermosas y se que probablemente vuelva a querer bajar algo de peso, pero…


—Me las arreglaré. —Aclaro. —Se que si vengo de vez en cuando, no tendré el miedo de recaer. Porque, bueno… ¿usted es experta y me apoyará, cierto?
—Muy cierto. —Asiente amablemente mientras cierra la carpeta beige. —Bueno _______, puedes retirarte. Tendrás cita todas las tardes después de clase conmigo ¿bien?


Asiento, tomo el permiso y me despido al salir del lugar. Camino por los pasillos lentamente leyendo el permiso que me acaba de dar, donde tiene las fechas de mis citas aún sin firmar. Doblo la hoja y la meto en mis jeans. Apresuro el paso y subo de nuevo a mi habitación donde Ashley, mi compañera, está doblando su ropa y metiéndola en su armario. Le sonrío y ella hace lo mismo. Me siento en mi cama y guardo mi hoja en el buró.


—Tu celular vibró hace unos minutos. —Me avisa Ashley. —No me atreví a revisar, por supuesto.
—Está bien Ashley. —Tomo el teléfono y reviso el mensaje. —Gracias por decirme.


Justin: “Baile de puntas de pies. :)”


***


—¡Estamos en casa! —Grito, buscando a mi madre con la mirada. —
—¿Justin? —Una pequeña mujer se asoma desde la cocina, sorprendida de verme. Se limpia las manos mojadas con jabón de platos y corre hacia mí. —¡Oh Dios, mío! Oh por Dios Justin ¿qué haces aquí? Estás tan cambiado… ¿Qué son esos tatuajes en tu brazo?
—Apuestas, de nuevo. —Me encojo de hombros y la abrazo, levantándola del suelo. —Siempre pierdo.
—Si, si ya veo que eres un perdedor. —Bromea cuando sus pies vuelven al suelo. —Empiezo a creer que esos tatuajes son por puro gusto. Aprende a Jacey, ¡Míralo! Completamente limpio.
—De hecho tengo uno en mi espalda, Pattie. Es reciente. —Jace o… “Jacey” se encoje de hombros y mete las manos a sus bolsillos. —
—Oh no. —Mi madre finge estar decepcionada y cubre su frente con su palma. —Ahora no tengo quien me respalde. Chicos, no puedo hacer nada con ustedes.
—¿Justin?


Una pequeña voz me hace voltear hacia la sala, donde una niña pequeña me está mirando como si no se creyera que esté en el mismo lugar que ella. La pequeña rubia se levanta del sofá y viene corriendo a mis brazos. Por primera vez en el día estoy sonriendo naturalmente y esto obviamente me agrada. Beso la mejilla de la pequeña y comienzo a dar vueltas, aún con ella enganchada en mi pecho. Cuando me he cansado un poco, me detengo, pero aún no la bajo. Le doy muchos besos nuevamente en su mejilla y ella ríe feliz, enganchando sus brazos en mi cuello. Mi pequeña hermana. Es irónico que ahora que pueda venir a ver a mi familia, sea para decirles que corren peligro. Desde que mi padre murió he tenido que cuidarlos más. El simple hecho de saber que pensarán cosas malas de mí, me hace sentirme aún más solo que antes. Pero sé que es mi familia, y que tendrán que aceptarlo de alguna forma.
Terminamos de cenar y nos sentamos todos a mirar un poco de televisión. Mis hermanos pequeños están acostados en el suelo, haciendo su tarea a la vez que miran la película con nosotros. Mi madre se levanta y decido que es ahora o nunca. Inhalo y me levanto, para seguirla hacia la cocina. Ella me sonríe y comienza a enjabonar algunos platos mientras yo los enjuago y los seco. Estamos en silencio, salvo en momentos en los que ella me pregunta sobre mis amigos. Tengo que mentir, diciendo que están bien y por supuesto, que no me han defraudado.


—¿Qué hay de tu novia?— Me confundo. — ¿Darcy? Solían ir juntos a todos lados.
—Es solo una amiga mamá. —Se que no me corresponde hacerlo, pero aún así lo hago. Y no creo arrepentirme pronto. —Ahora estoy con una preciosa chica que baila ballet.
—¿Así como Jazzy?
—Nop. —Coloco el último plato en su lugar, completamente seco. —Algo así como en las ligas mayores. Es muy dedicada y talentosa. Estuvo a punto de ir a una competencia mundial. Solo que enfermó y perdió todo eso.
—¿Y porqué no la trajiste contigo? —Me pregunta mi madre, completamente entusiasmada por la idea. —Nunca he conocido alguna chica que tenga algo serio contigo.
—Hay algo que quiero contarte ahora.


Su sonrisa no se desvanece por completo, pero disminuye. Hago que se siente en una de las sillas del comedor, y me siento a su lado. Suspiro y tomo sus manos. Intento mantenerme positivo, para que no sea tan dramática la hora en la que le cuente que es mejor que salgamos de ese lugar antes de que nos descubran y nos perjudiquen de algún modo. Pero… bueno. No hay forma tranquila de decirlo. Solo espero que al final de esto, aún tenga la integridad como para arréglalo todo con las personas que me estoy viendo forzado a llevar conmigo en este infierno.



---------------------------------



¡Valorsh, valorsh!
Chicas estoy feliz porque mañana no hay
clase, y nerviosa porque en una semana tengo toooodos los
examenes del periodo.
Seguramente tendré una cara de "los odio a todos".
Bueno, como sea gracias por esperar y leer.

Tengo una noticia. No se si sea buena o mala.

No habrá tercera temporada. Stuck In The Moment no
se podrá realizar debido a que quiero
juntar todo el "material" que tengo, para
no hacer capítulos demasiado tediosos e inútiles. No se si me
di a entender, pero ahí está la razón.
Estoy trabajando en una nueva y muy diferente novela, y
pronto les subiré la sinopsis.

#MuchLove #AbrazosVirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 20



Mi madre no tuvo objeciones al dejarme entrar de nuevo en la Academia. Pero me juzgó de loca. Aún así, se levantó del lugar, tomó sus cosas y me dijo que nos apuráramos si queríamos encontrar a la Señora Foster antes de que se fuera a una de las muchas reuniones con sus compañeros antiguos de la “Antigua Academia”. Le tuve que decir que se adelantara a la Academia y tuviera un poco de paciencia, pues tenía que ir a renunciar, muy a mi pesar en la revista.
Tomé un taxi y me dirigí hacia el edificio, al llegar entré corriendo y sin saludar a mi amigo del recibidor, llamé al elevador. Al llegar a las oficinas, me topé de narices con Christian. Se veía algo apurado, pero cuando me vio, el semblante la cambió. Sonrió y me tomó de los brazos, atrayéndome hacia él, abrazándome con fuerza. Yo no sé porqué lo hizo, si debo de estarles causando un terrible dolor de cabeza. Cuando nos separamos, me mira fijamente, quemando mis ojos con los suyos. Muy azules, muy lindos. Dudo un momento y me alejo de él.


—¿Dónde estabas? Todos están preocupados por ti. Sé que te reportaste enferma, pero al día siguiente, ayer, es decir… —Suspira y se rasca la cabeza. —No supe que hacer. Te llamé pero… no entiendo.
—Voy a renunciar. —Aclaro de una buena vez. —Lo siento, se que estoy siendo ingrata, pero tengo que irme. No muy lejos, es solo que ha surgido un problema y no puedo seguir aquí.
—¿Puedo ayudarte en algo? —Pregunta Christian desesperado, intentando encontrar mis ojos. No lo dejo. —Puedes hacer lo que sea, pero no renuncies. Es una gran oportunidad. Sabes que es tu pasión.
—¿Puedo pasar con tu padre ahora? —Pregunto esquivándolo. —Tengo algo de prisa. Agradezco que te preocupes por mi pero… no puedo.
—Tiene que haber una segunda opción. —Escucho su voz detrás de mí. —¿No es así?
—No la hay.


Camino decidida hacia la oficina del director. Llamo a la puerta y siento a Christian a mi lado, me llama, pero yo solo espero a que salga su padre. El señor Kingston está sentado en su escritorio, haciendo algunos apuntes, mientras habla por teléfono. Suspiro, y me vuelvo hacia Christian, cerrando la puerta. Suspiro y lo miro de nuevo a los ojos. ¿Puedo confiar en él no? No me ha hecho nada malo hasta ahora.


—¿Le podrías avisar que renuncié? —Le pregunto a punto de enloquecer de estrés. —Tengo mucha prisa, aún tengo que recoger mis cosas, y despedirme de…
—Te envío tus cosas luego. —Me responde Christian con media sonrisa. —No soy alguien para juzgar tus decisiones, pero… bueno. Espero que encuentres lo que buscas.
—Es molestia, yo lo hago. —Decido, dirigiéndome hacia las oficinas donde antes compartía con mis compañeros… no puedo creer lo que les estoy haciendo. —Quiero terminar con esto rápido. El favor que sí podrías hacerme es decirle a tu padre sobre mi renuncia. No necesito ningún sueldo por ahora, no hace falta. Aunque se que no lo merezco.
—Insisto, si tienes prisa… yo te llevo. —Ofrece sacando sus llaves de su bolsillo. —Es hora del desayuno. Puedo llevarte.


Protesto, pero no me escucha. Toma mi mano y nos dirigimos al ascensor, donde guardamos silencio en nuestro recorrido. Miro mi reloj y pataleo un poco, nerviosa, con miedo y ansias. Aún falta saber si la Señora Foster me permite entrar de nuevo, si no lo hace, renuncié sin razón. Debí haberlo pensado antes. Y creo que absolutamente nadie lo adivinó, dado a que tampoco me dijeron nada.
Al bajar, Christian me pide que lo espere en frente del edificio, mientras va al estacionamiento a sacar su auto. Cruzo la calle, y aprovecho para entrar a la cafetería para comprar algo. Cuando salgo, él aún no aparece. Tomo la caja de rosquillas y la abro, para oler por última vez ese delicioso aroma a chatarra. Apuesto a que en la Academia aún no dan de este tipo de comida.
Cuando Christian se detiene frente a mi con el auto, subo enseguida para no causar tráfico. Abro la caja de rosquillas y le ofrezco una. Se niega, pero después de verme darle una mordida descomunal, ríe y toma una, para imitarme en mi forma de comer.


—¿Mucha hambre? —Pregunta divertidamente. —¿Puedo saber porqué te vas?
—No estoy embarazada, si es lo que piensas. —Aclaré con o sin su comentario. Podría haber preguntado directamente. —Perdona. Es lo que quería evitar. Nunca se saben las conclusiones a las que se puede llegar cuando…
—Está bien, en verdad si fue lo que pensé. —Se disculpa modestamente Christian sin dejar de mirar al frente. —Solo que… bueno. Vives con tu novio, yo supuse que algo pasaba.
—Bueno, si fueras alguna otra persona no le confiaría esto, porque es muy pronto. —Asiento después de cerrar la caja de rosquillas. —Pero… bueno. La cosa es esa. Justin y yo nos dimos un tiempo, supongo que tengo que hacer algunos cambios, y decidí en entrar de nuevo a estudiar ballet justo como mi madre siempre me ha aconsejado para huir de los problemas. Créeme que me parece estúpido, pero cuando lo hago, descubro que me ayuda lo suficiente como para sobrellevar las cosas.
—Supongo que no puedo saber el motivo. —Tal vez el piensa que fue por las flores que me envió. —
—Por el momento no. Es muy fuerte lo que pasó.
—¿El no te golpea verdad?
—Por supuesto que no. —Recuerdo su mano golpeando en mi mejilla y por inercia la toco. Él se da cuenta. —
—No necesitas decirlo, y no lo preguntaré más.


***


Al llegar a la Academia, Christian me hace prometer que lo dejaré venir a visitarme cuando él quiera. Por el momento necesito de todo el apoyo posible y no me pude negar. Casi no tengo a nadie, y Christian logra muy fácil que confíe en él. En el camino tuve que contarle mi problema con Justin —obviamente no le di detalles y tuve que poner algo de mi imaginación para que no me dejara por miedo—. Y también le conté sobre toda mi vida en el ballet. Tengo que apartar una invitación a alguna clase abierta para invitarlo, ahora si me he metido en problemas. Pero prefiero estos problemas infantiles, a decir verdad.
Lo despido con la mano hasta que se aleja lo suficiente. Entro a la Academia y saludo a la chica que está en la recepción. Ella no da crédito a lo que ve. ¿Ya no soy predecible?


—Buen día. —Sonríe al examinarme. —¿La oficina de la profesora Foster…?
—Te está esperando _______, buena suerte. —Al parecer está enterada de lo que acontece. Me encojo de hombros y entro corriendo al ascensor. —


Mastico la goma de mascar que tenía en mi bolso e intento tranquilizarme. Cruzo los brazos y espero hasta llegar al piso que quiero. Cuando las puertas se abren, tengo en frente un pasillo largo. Corro hacia la puerta del fondo, donde seguramente mi madre, Donaire y Foster me esperan. Toco dos veces antes de que Donaire me abra y me sonría fugazmente. ¿Es que a caso sigue siendo una hipócrita? Le devuelvo la sonrisa por cortesía, y saludo a la Señora Foster y a mi madre. Me siento en frente del escritorio y cruzo mis piernas. Matico la goma un poco menos notable y escucho todo lo que tienen para decir.
Términos y condiciones. Si quiero seguir, supongo que tengo que poner todo mi esfuerzo y hacer audiciones de nuevo. Si llego a quedar, empezaré desde cero. Aunque sepa todo, aunque sepa las reglas y haya estado seleccionada para ser finalista en el Concurso Internacional y todas esas cosas. No tengo favoritismo, no tengo puntos extra. Esto será difícil, pero termino aceptando.


***


Jace va conduciendo el auto que rentamos. No tiene ningún buen estilo, así que nos decidimos por el que más pase inadvertido. Solo espero no quedarme a mitad del camino con ganas de ver a mi madre. Sería el colmo que este auto de mierda nos deje tirados en algo que bien podría ser una trampa mortal como este bosque.
Cuando entramos al pueblo, pocas casas han cambiado. Lo recuerdo todo, pues viví toda mi infancia aquí. Mi madre decidió mudarse cuando entré a la secundaria, para encontrar un mejor trabajo, mejores oportunidades y cosas así. Pero en cuento comencé a meterme en problemas, ella se enteró un poco, pero no del todo. Pensó que solo era vandalismo, así que decidí enviarla de nuevo a casa con el dinero que gané en una carrera para evitarle problemas. La visito unas veces al mes, pero estos últimos no he podido. De seguro ha de estar preocupada. Pero sé que se alegrará de tenerme cerca. Solo quiero encontrar otro lugar para tenerla, pues no quiero que la lastimen. Ni a mis hermanos. No sé a que mierda me enfrento. Mi plan era visitarla de nuevo y presentarle a mi chica, pero…


—Ha de estar pasando por los niños a la escuela. —Interrumpe Jace. —Podemos ir a comer a algún lugar primero. No desayunamos siquiera.
—Me parece bien. —Asiento. Jace da la vuelta en U y nos dirigimos hacia algún restaurante del centro. —


Al entrar en el restaurante, nos sentamos en una mesa que se encuentra en el exterior, junto a la entrada. Jace se disculpa y camina hacia la calle, para contestar una llamada, que supongo es de Addy. Me quedo solo y hojeo el menú, aunque no leo nada.
Esto es una mierda. Quisiera llamarla y decirle que el viaje estuvo bien, que ella se alegre y me diga cosas fuera de contexto para hacerme sonreír. Pero bueno… tengo que conformarme con el hecho de que ella me ha perdonado. Aunque sé que me odia aún. Vaya que me odia. De verdad que lo hace. ¿Cómo no odiarme? Soy un asesino, un maldito bastardo que no puede hacer algo simple que se llama pensar.
Seco el sudor de mi frente, pensando en que este año el clima está terrible y alzo la mirada. Jace sigue hablando, pero una rubia sonriente, que yo sé que conozco, se acerca a mí saludando. Trae el cabello recogido en una coleta y me cuesta trabajo reconocerla así, pues cuando la conocí estaba con cabello suelto. Dina. Cuando me levanto para recibirla, me abraza efusivamente. Huele a fresas. Ríe un poco y la invito a que se siente conmigo. Tomo la silla y la acomodo a su gusto. Ella vuelve a sonreír y se sienta. Toma el menú y lo examina, para luego dejarlo y mirarme fijamente. ¿Es que nunca deja de sonreír?
Lo primero que pienso es preguntarle porqué está aquí. Pero luego me viene otra cosa a la mente, que me hace creerme el loco más loco del mundo. ¿Y si lo que tengo con ______ está totalmente perdido? ¿Y si lo intento con Dina? ¿Estará interesada en mi oferta?


***


—Buen día. Lo que vamos a hacer ahora mismo, es ponernos en posición, para dar inicio con las pruebas para la generación de este año. ¿Todas listas?


Chicas de entre mi edad y más pequeñas asientan entusiasmadas. No puedo decir que no haya conocido a ninguna. Una que otra hizo la audición conmigo cuando yo entré, y supongo que siguen sin poder entrar. Espero que varios sueños se realicen hoy. Sobre todo, el de mi madre… que se une conmigo.
Termino de atarme las zapatillas que dejé hace tiempo y comienzo a hacer estiramientos básicos en las barras, donde todas siguen a la instructora. Casi me lo sé de memoria, pero la miro para no parecer obvia y también para cerciorarme que lo hago bien. Al terminar de dar instrucciones, tenemos que repetirlo de memoria, y ella pasa a nuestros lugares para observarnos de cerca. Asiente satisfecha cuando me ve haciendo mis movimientos y luego pasa de largo. No vuelve hasta que estamos en la segunda prueba, que es resistencia. Tenemos que aguantar tanta humillación, dolor y llanto… lo había olvidado. He perdido la forma y ahora me doy cuenta. Me duelen las piernas y siento que no puedo más. Pero aún así sigo.
La siguiente prueba es un poco más fácil, pero con todas las que han quedado descartadas, y el cansancio, no podemos siquiera mover un músculo. Nos toca el baile. Las instructoras comienzan a bailar un par de pasos fáciles, pero bastante rápidos, y no los vuelven a repetir. Tenemos que hacerlos exactamente igual si queremos pasar. Para beneficio, es el mismo que nos hacían repetir en el entrenamiento. Lo recuerdo por el dolor que causaba en mis pies. Suspiro y comienzo a bailar cuando llega mi turno. Siento como la piel de mis pies se estira y el dolor es electrizante y caliente. Sé que estoy lastimada. Sé que estoy sangrando. Pero me voy a tener que acostumbrar de nuevo. Cierro los ojos y finjo una sonrisa. Debo continuar.
Debo lograrlo.
Debo continuar.
Me lo repito en mi mente hasta que he terminado. Salgo de la pista, mientras siguen las demás chicas. Me estiro y voy hacia mis cosas para tomar agua. Finalmente hemos llegado a la parte decisiva. Todas las chicas están sentadas, descalzas en el piso de madrera. Es un ritual de la escuela, quitarnos nuestras bailarinas y colgarlas en unos estantes especiales para recogerlas si nos nombran. Nunca lo he entendido, pero creo que es el inicio de la vida llena de dolor.
Todas están sangrando de los pies. La chica morena que he visto antes en las pruebas, llora en silencio mientras se quita un cacho de piel que le lastima. Las instructoras revisan sus listas y como es típico, no ofrecen ni una sola bandita. Cierro los ojos y no escucho nada que me interese. Hasta que escucho mi nombre. Cuando me doy cuenta, estoy quitando mis bailarinas del estante, y formándome entre otras chicas que han sido seleccionadas.



-------------------


En serio chicas, perdón por tardarme de nuevo.
La escuela me tiene hecha un desastre.
Ya saben, como perdieron el tiempo el resto del año,
ya nos quieren joder en el último mes. Claro.
Maestros :(


Espero volver a subir esta semana. Las quiero mucho.


#Graciasporleer #MuchLove



*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
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Mafer.

  • 136 days ago via site
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Stuck In The Past


Capítulo 19


Cuando cierro la puerta tras de mí, no puedo creer lo que estoy viendo. Una chica bajita y de cabello largo se mira en el espejo y justo después cierra los ojos y baila esa tonada pop que no tiene nada que ver con el ballet. Nunca había visto a una chica tan tranquila. Joder, hasta si parece que está bailando dormida o algo así. Me siento hasta a salvo en este lugar y olvido completamente que soy un jodido ilegal que está intentando robar algo de más o menos valor en este lugar. Me alegro profundamente que nadie me haya visto. Tal vez pueda conversar con esta chica pequeña… cuando se vuelve, puedo ver cómo arquea su espalda y soy consciente de que tiene buen cuerpo. Gracias a Dios por las mallas.
Ella me mira y grita graciosamente, a lo que mi reacción es solo sonreír. Ahora que la miro bien, está preciosa. Me creerán un sensible, pero… que me den un golpe si esta chica no estaba hermosa. Instintivamente llevó sus manos hacia su cabello y comenzó a juguetear con él como si se salvara de algún peligro si tan solo lo hacía. Parece ser callada y sensible…


—Vete de aquí. Lárgate de mi espacio. —Whoa. Estaba equivocado. Tengamos un poco de diversión. —
—No me consta que este lugar tenga tu nombre, así que no me voy. —Me siento cerca de la pared para recargar mi espalda y saco un cigarrillo. A las chicas buenas las atraen chicos malos ¿no? ¿Es un cliché verdad? —Vamos, vamos no te detengas. Te ves tan sexy bailando así. Hasta me podría gustar.


Noté cómo sus mejillas se sonrojaban y solo me pude detener a mi mismo por el maldito ego que a veces me favorece. Ahora no juega con su cabello. Solamente lleva una mano hacia su boca y comienza a morder su uña de su dedo meñique. Dobla sus pies hacia afuera y hacia adentro cual niña pequeña. Nerviosa.
Me cuesta creer que por ese simple movimiento quisiera arrancarle toda su ropa. Sus ojos grandes me observan y siento de todo, menos amabilidad. En realidad pensé que este bombón podría ser la excepción a todas esas chicas ricas que, aunque se sienten atraídas, son unas hijas de perra que piensan que me rebajo a rogarles. Ah no.


—Apaga ese cigarrillo por lo menos ¿no? —Nop. —¿Sabías que quien vive con un fumador, tiene más posibilidades de enfermarse de cáncer que el mismo?


Nah. Ni idea.


—¿Qué bueno que no vives conmigo verdad? —Le guiño y se vuelve a sonrojar. Madre mía. No quiero perder los estribos, no puedo. —Te he dicho que continúes. Anda, anda. No te quedes allí parada.


Ella resopla y se da la media vuelta… joder, de verdad qué bonito trasero. De verdad que quisiera aunque sea tener una foto de ella y presumirla con el grupo alegando que me la follé hoy mismo, en pleno robo y en pleno piso de este lugar. Es más… ¿porqué esperar? Ella ya está haciendo calentamiento, la miro… ¿es que acaso esos estiramientos eran posibles? ¿No le duele? De verdad que es valiente. Y flexible… si tan solo yo pudiera… no. Me denunciaría esta niña rica. ¿Dónde tendrá una foto? ¡Eureka! En su ipod que está conectado a las bocinas.
Doy una última calada antes de levantarme del suelo y camino rápidamente hacia la mesa en donde está su reproductor. Ella sigue concentrada mirándose. Suspiro exageradamente y desconecto el aparato de las bocinas. Lo escondo rápidamente en mi chaqueta y camino hacia ella dispuesto a darle un beso. Tan solo un besito de despedida, vamos… se que le gustará. Solo que ella casi lo hace antes que yo. Se da la media vuelta, y choca con mi pecho. Retrocede asustada y abro un poco los brazos dispuesto a recibirla.


—Oh… tan pronto y me abrazas. —La escucho farfullar después de mi comentario. —Me debo sentir amado si una terca y molesta bailarina de ballet me abraza.


La empiezo a molestar de nuevo, y logro ver cómo su ojo izquierdo sufre un tic casi invisible cuando se irrita. Intento no echarme a reír en su cara y la reto a seguir defendiéndose. Hay tensión sexual, lo siento. Veo como se sonroja al ver que la observo fijamente a los ojos. Es genial poder dominarla así. Baja la guardia cuando la miro fijamente.
El único problema aquí es que por poco y yo también me quedo sin palabras. No sé cómo puedo responderle con solo tonterías, pero parece que lo hago bien. Ni siquiera sé lo que yo mismo estoy diciendo.
Después de que llega el policía, nos interrumpe en un omento privado muy violento para mi vocabulario, juego otro par de bromas con ambos. Ella no sabe que hemos salido por mucho tiempo, como se lo dije al oficial, y justo cuando me voy, le planto un beso en los labios. Demonios… suaves y dulces. Jugueteo un poco mordiendo su labio y luego meto mi lengua en su boca, sintiendo cómo sus hombros se tensan.
Bien.
Muy bien.
Cuando la suelto, el oficial amablemente me muestra la salida. Abotono mi chaqueta y de un momento a otro tomo velocidad y dejo atrás al policía, quien rápidamente comprende lo que pasa. He sido yo el que ha entrado a hurtar y ahora mismo me ha dejado ir.
Río mientras me encuentro con mis compañeros y tomo mi motocicleta, dando gas y acelerando hasta dejar atrás el lugar aquel donde conocí a esa pequeña con carácter de un ogro. Debo admitir que es buena besando. Tal vez ha practicado con sus muñecas. Río. Y de pronto mi estómago se contrae extrañamente como nunca lo ha hecho. ¿Y si ella tiene un chico con el cual practicar? Bueno… en esas escuelas no tienen mucho tiempo para salir, pero… ¿Y si lo hace? ¿Y si no la vuelvo a ver? No sé porqué me pregunto esto, pero lo hago. Miro hacia atrás, como si ella me estuviera siguiendo, pero no es así. Suspiro y me regaño. No es posible. Solo me estoy jugando una broma, supongo.


—¿Cómo es posible que nos todos hayamos recolectado más que tú? —Pregunta Rob algo sacado de quicio, pero con semblante divertido. —¿Qué mierda hacías?
—Me tiré a una chica. —Contesto interrumpiendo mis pensamientos, mientras tomo el ipod del bolsillo de mi chaqueta para buscar alguna foto. Por suerte no tiene contraseña. —Y bueno… le robé su ipod.
—Nunca pierdes tiempo. —Ríe Jace acercándose a mí con curiosidad. —Vamos, vamos quiero verla. ¿Hay alguna foto ahí?
—Creo que sí, solo espera. —Busco entre las fotos y encuentro una con la chica sonriendo simplemente a la cámara. Es preciosa. —Es ella.
—Parece de dieciséis años. Hombre. —Ríe Jace y la observa con más detenimiento. —Bueno, es muy atractiva, ¿qué tal?
—Si hubiera sido malo no lo contaría. —Encojo mis hombros arrogantemente. —¿Qué puedo decir? Es muy flexible. Basta de esta mierda ¿bien? Debemos ir a cobrar lo que nos den por estas cosas. Ya, vamos, no debemos perder el tiempo.


***


Enciende su motocicleta y se apresura a dirigir al grupo. Durante el resto de la noche no vuelve a pensar en aquella chica, ni en su pasado beso. De hecho, justo al llegar a su casa, Lorraine, una chica que ha conocido meses atrás, lo está esperando en la sala de estar, junto con otros compañeros. La toma de la mano y suben a su habitación.
Sin pensar.
Sin actuar bien.
Solo lo hacen. Al final ambos se quedan dormidos y el se levanta a media noche para sacarla de su habitación, pero la escucha hablando en el baño con alguien. ¿Será Joe? No puede ser. Espera a que termina la conversación en la que escucha frases como “nada nuevo”, “tendremos que hacerlo otra vez”. Sonríe para sus adentros. Hasta puede follarse a sus rivales. No es selectivo con sus chicas. Las adora por ser tan libres, y dejar que él haga lo que se le de la gana con ellas. Cuando Lorraine cuelga, Justin corre hacia la cama y se recuesta, fingiendo que duerme. De pronto nota que Lorraine se marcha sin que él le tenga que avisar. Perfecto. Cierra los ojos y se queda profundamente dormido. Puede divertirse un poco con la chica antes de pensar hacer algo. Posiblemente ella lo deje por devoción a él. Posiblemente. Nadie puede decirle que no. Y si lo hicieran, él no saldría lastimado nunca.
Nunca.


***


En la siguiente estación, el tren se detiene. Justin se levanta y va directamente al baño, sin mirar siquiera a su amigo Jace sentado en frente suyo. Se mira al espejo. Se nota demacrado y con los ojos completamente tristes. Abre el grifo y junta un poco de agua con sus manos, para llevárselas a su rostro. Se refresca un poco y suspira. Pronto _______ habrá bajado y tal vez nunca la vuelva a ver. Definitivamente no quiere estar mal con ella en estos momentos. Si es el final, debe ser justo. Sale del baño y busca entre sus cosas. De todas formas planeaba regresarlo algún día. Tima el ipod que tiempo atrás tomó del reproductor de _______ y sale de la habitación. Va directamente a la habitación de a lado, pero ya está vacía. Han salido rápidamente, supone. Se vuelve y corre por el pasillo hacia la salida.
Jace lo sigue, pero pronto se detiene. No puede juzgar a su amigo ahora. Solo apoyarlo. Se vuelve a la habitación y se pone a hojear un periódico.
Justin baja del tren y busca con la mirada a _______ o a Addy. En ningún lado las encuentra. Corre hacia la salida del lugar, buscando a las chicas. Mira hacia todos lados, pero no logra verlas. Está a punto de regresar, camina hacia la entrada de nuevo, y justo a lado del dispensador de golosinas, encuentra a las chicas pagando por algo para comer. Mira a ______. Recuerda la primera vez que la vio. Ahora es mucho más hermosa. Con esa cara de chica buena, su semblante triste… simplemente no puede dejarlo todo así.
Corre hacia ella y la toma por la cintura, alzándola en el aire. Ella grita y se vuelve a él, sorprendida. Justin la baja, y quita el cabello de ella que esté tapando su rostro. Quedándose serio por unos segundos.


—No puedo dejar que te vayas así nada más. —Susurra desesperado. —¿Cómo vas a practicar? Es decir… un idiota te robó un ipod.
—¿De qué estás hablando?
—De esto… —Saca de su bolsillo el ipod y lo coloca en las manos de la chica. —No le hice ningún cambio… bueno… solo robé unas fotos tuyas. Pero solo eso. Lo siento. Debí habértelo entregado antes. Quiero estar bien contigo. Solo eso. Dime que estamos bien y... bueno, todo estará bien.
—Vaya… —Suspira _____ mirando el ipod. —Me tomaste desprevenida. Yo… yo creo que podemos estar bien, solo con un tiempo… es decir…
—No digas nada más. —Asintió Justin obviamente arrepentido. —Sé lo que hice, pero confío en que pronto pueda arreglarlo.
—Suerte con lo que sea que hagas. —_______ le regaló media sonrisa. —Estaré bien. De verdad.
—Lo se.


Le sonrió tristemente antes de revolver su cabello juguetonamente con su mano y dándose la media vuelta hacia el tren.
Aunque fue extraño, puede decir que el asunto está algo mejor. Ella no cree que con eso llegue a perdonarlo, pero puede sentirse tranquila al no haber resultados de una pelea monumental de por medio. Tanto tiempo lejos podría mejorar las cosas y eso es lo que espera más que nada del distanciamiento. Observa su ipod un poco más, antes de volverse hacia Addy y salir de la estación con rapidez para alcanzar un taxi hacia la Academia.
Tiene algo claro: nada de baja autoestima, nada de exigirse demasiado. Sabe lo que puede hacer y cree que con eso puede lograr mucho, aunque tiene por seguro que tendrá que iniciar desde cero. Todo con tal de estar a salvo.


—Creo que debería ir a ver a mi madre. —Duda por unos segundos. —Oh… y debo renunciar a mi puesto pendiente en la revista. No me he presentado… no creo que sea un problema para ellos no lidiar conmigo.
—¿Estás segura de lo que estás haciendo? —Addy la toma de la mano. —Será difícil, pero puedo ayudarte.
—Entonces puedo estar segura de todo. —Termina ella. —Sé perfectamente lo que voy a hacer.


***


Él ve la oportunidad. La chica sale por el periódico a las tres de la madrugada siempre. Es una lunática. Su melena rubia está sujeta en una coleta. Deja la puerta abierta y el aprovecha para entrar. Saca su arma y se sienta en el sofá frente a la entrada. Cuando ella lo ve, por instinto grita y él se levanta para cubrir sus labios. Apunta con el arma en su cien y cierra la puerta.
Un perro pequeño, de pelaje blanco le ladra ferozmente, pero él no le teme. Es solo un perro de juguete, piensa. Siente como Lorraine grita sobre su mano tapando su boca. El ríe y niega con la cabeza varias veces.


—Oh no nena… no permitimos hablar. —Siente un escozor en la nariz, resultado de inhalar alguna droga para hacerse más violento. —Te dije que no. Qué coincidencia… es decir… no puede hablar, pero le cuentas a ese hijo de perra todo de mí. ¿Quién te ha enviado? Apuesto a que Joe.
—No te lo diré jamás. —Justin suelta un poco la boca de la chica y ese quejido resuena en la habitación. —Pero te vas a morir en manos de las personas que confías.
—No te creo.
—Piensa bien y si quieres hacer algo, hazlo ya.


No lo pensó dos veces y jaló el gatillo. Una vez… la vio tirada en el suelo y disparó tres veces más. El pequeño perro siguió ladrando y el antes de salir le disparó, pero solamente lo hirió en una pata.
Corre hacia el parque próximo, y se sienta en una banca, respirando entrecortadamente. Enciende un cigarrillo e intenta relajarse. Piensa en las palabras de Lorraine y todo tiene sentido. Ella no hablaba de si quería asesinarla, lo hiciera de una vez. Lo estaba advirtiendo. Justamente tiene sentido después de que todo se ha caído. Ahora no puede hacer nada. Solo huir.


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Hemos vivido un asesinato. D:
P.D: Justin está completamente loco.



#GraciasPorLeer #FelizSemana ;)

<3


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 17 & 18



Capítulo 17


Sus ojos vidriosos la miran fijamente sin siquiera una pizca de remordimiento por aquella pregunta tan atemorizante en estos justos segundos. La verdad no sabe cómo contestar a eso. Por una parte se siente terriblemente culpable por haber siquiera pensado en alguna posibilidad, pero por otra… Dios, estaba dolida. Christopher lo sabía. Jodidamente lo sabía. Lo usó en su contra, para ponerla contra Justin en ese mismo momento. Ahora siente que estuvo a punto de cometer un error gigante, y no puede borrar aquel estúpido movimiento en falso. Justin lo sabe. Ella lo sabe. Fue una magnífica estupidez. Seguro que sí.
Ella continúa frotando el algodón en la herida, y Justin hace muecas de dolor. Ella intenta no mirarlo a él, pero le es imposible. Tiene que curarlo y si no mira ¿entonces cómo lo hará? Duda unos momentos antes de levantarse, toma otro algodón y lo moja con el agua del grifo. Se inclina hacia Justin de nuevo y comienza a lavar la herida. De pronto Justin se levanta, y tiene ella que hacer lo mismo, para seguir limpiando la sangre.


—¿Qué es lo que haces? Siéntate por favor. —Es todo menos una orden autoritaria. —No quieres que se infecte.
—Da lo mismo. No te interesas por mí. —Contesta Justin dolido. Se recarga en el marco de la puerta y comienza a tocarse la herida de su codo. —Mierda. Siento como si todo hubiera sido una puta mentira.
—Te vas a infectar eso. —Justin se aleja de mí cuando doy un paso hacia él. —Justin… déjame curarte. ¿Qué pasa contigo?
—¿Te importa? —Responde a la defensiva. —Llama a Addy. Que ella me ayude.
—No seas infantil Justin. Si estoy aquí es porque quiero ayudarte. —Espeta ______ molesta mientras toma una bandita pequeña, intentando ponerla en el codo de Justin. —No seas tan infantil, solo quiero curarte.
—Llama a Addy.


Es lo único que dice antes de hacerse hacia un lado, guiándola hacia la salida de la habitación. Ella, sin decir más, comienza a caminar hacia el pasillo para llamar a Addy. No contesta cuando su amiga le pregunta qué necesita. Solo se dirige a la cocina y ahí lava sus heridas en el fregador colocándose una toalla de papel en el rostro para limpiar la sangre y la mugre que no sabe en qué momento se formó.
Va a su habitación y se sienta en el borde de su cama. Suspira entrecortadamente y tuerce su labio en un intento por no llorar. Su memoria no deja de repasar todo lo ocurrido y la traición que estuvo a punto de cometer. Pero… diablos… se siente tan bien estar con un arma en las manos… se siente el poder.
Sacude la cabeza. Justin no dejó que se le acercara. Su corazón se hace añicos y se regaña internamente por lo que ha hecho. Por lo que ha causado a causa de dejarse tentar por la idea de venganza infringida por Christopher. Ese chico serio que se suponía era amigo de Justin. Ella se sentía traicionada, por algo que Justin hizo en el pasado. Se imagina lo que él siente al ser traicionado de manera monumental por todas las personas en las que confiaba. Es doloroso. Y justo ella estar a punto de matarlo… también sería demasiado. Intenta ponerse en su lugar, pero siente un hueco horrible en el estómago al saber que no puede sentir la misma decepción.
Se abre la puerta de su habitación, y Addy entra con un pedazo de papel higiénico en las manos, secando el agua. Le dedica media sonrisa. En el momento quiere saber qué fue lo que platicó con Justin mientras limpiaba y curaba sus heridas. Pero no preguntará. Es obvio que pudo haber sido demasiado confidencial y sobre todo, Justin estando enojado y dolido, pudo haber dicho cosas hirientes.


—Jace dice que es prudente llevar a Justin con Pattie, su madre, antes de que nos encuentren aquí. —Se sienta a su lado y ______ recarga su cabeza en el hombro de su amiga. —Todo era tan fácil antes ¿sabes? Ir y venir del ballet para ver a los chicos con obsequios lindos, felicitándonos por nuestra presentación.


Ella no dice nada. Solo asiente, de acuerdo con lo que Addy recuerda. Toma su mano con fuerza y suspira mucho antes de notar que ya no tiene muchas ganas de llorar.


—Es porque no sabíamos en qué estaban metidos. —Explica Addy haciendo que ______ se recueste y coloque su cabeza sobre sus piernas. —Pero todo esto no cambia nada lo que Justin te dijo. Debes de saberlo.
—Me odia. Es lo que casi dijo.
—Antes de eso. —Corrige la chica, acariciando el cabello de su amiga. —Él te ama. Muchísimo. Entiende que está afectado tanto como tú. Son simples reacciones ________. Recuerda que la tuya fue un poquito más grave. Hay que compensarlo, porque él de seguro lo hará.
—Posiblemente me equivoqué. —Murmura incorporándose de su posición. —Más vale alistarme antes de que sea tarde. ¿Justin está listo?
—Entró a darse una ducha. —Addy se levanta y va hacia la puerta del clóset. —Te ayudaré a guardar algunas cosas, mientras te alistas.


________ se levanta y entra al baño. Se desnuda y abre la llave de la ducha, entrando rápidamente para sentir el agua helada por su cuerpo. Se enjabona el cabello dos veces. Siente la suciedad muy a fondo. Talla su piel con el jabón y termina rápido de enjuagarse. Se envuelve en una toalla y sale del baño. La habitación está sola, y en medio de su cama hay una maleta ya hecha. ¿Tardó tanto? Mira el reloj de su buró y confirma lo temido. Media hora. Y pareció un microsegundo.
Se viste rápidamente y cepilla su cabello mojado, dejándolo suelto para que se seque. Toma la maleta y sale de la habitación hacia la sala. Todos la esperan. Justin está como nuevo sentado en un sofá cercano, tecleando su teléfono. Cuando levanta la mirada hacia ella, se nota que tiene una herida en la cien y una pequeña bandita blanca le cubre lo más afectado.
Su corazón se hace pedacitos. Odia ser merecedora de esa mirada de resentimiento, decepción… tristeza de parte de él. Es una jodida imbécil. El tan solo pensar lo que pudo haber hecho… no. Sacude la cabeza al imaginarse apretar el gatillo. Cuando vuelve a estar en el mundo presente, Justin desvía la mirada, al no encontrar sonrisa alguna.


—Justin… —Murmura. —
—Vámonos. —La ignora Justin poniéndose de pié, tomando su maleta. —Quiero dejar este jodido lugar de una buena vez.


Addy la toma de la mano y camina junto con ella hacia la salida. Jace no dice ni una palabra, ni tampoco Justin. Addy es quien platica con ella durante todo el camino en el asiento trasero. De vez en cuando la hace sonreír, pero aún su semblante es triste. Su mirada se encuentra varias veces con la de Justin por el retrovisor, pero no es como antes. Aquella mirada viva, sarcástica y excitante que Justin le regalaba, ahora no es más que una ventana vacía. Ojos vidriosos llenos de nada. ¿Cómo pudo pasar tan rápido a la inexpresividad? No logra comprenderlo nada.
Llegan hacia la estación del tren. Las rutas siguen siendo las más cercanas, dado a que solo se puede viajar por ciertos lugares. Es lo más accesible y discreto. Aún. Todos se apean del auto y Jace lo lleva al estacionamiento. El plan era solo acompañar a Justin y a ______. Pero Jace también estaba implicado, y no quería arrastrar a Addy también. Ellos se quedarán en casa de Jace mientras que ______ y Justin, se quedarán en casa de su madre. Ni siquiera se imagina _______ estar sin Addy en el viaje. Con Justin no cruza palabra.
Hubo dos habitaciones en el tren, _______ entró a la suya, pensando que Addy quedaría con ella. Pero al darse la media vuelta, ve a Justin cerrando la puerta detrás de él. Su corazón se detiene y comienza a latir a una velocidad impresionante. Justin se sienta en el sofá y esconde su rostro entre sus manos. _______ toma acopio de valor y se sienta a su lado, tocando su mano lentamente.


—Debes dormir un poco. —Aconseja al sentir que Justin no quita la mano, y se la sostiene. —Vamos, descansa Justin.
—Quiero hablar contigo. —Responde él al quitar su mano de su frente. —Sólo dime la verdad. A todo lo que te pregunte. ¿Vale? —Ella asiente cabizbaja. —Bien… ¿en verdad quieres ayudarme?
—Claro que sí Justin. —Asiente, apretando más su mano. —
—¿Me podrías decir que me amas?
—Te amo. Lo sabes muy bien.
—¿En serio ibas a disparar?


Silencio. Los ojos de Justin la escrutan impacientemente, mientras ella mordisquea su uña del dedo meñique. Mira hacia otro lado. Hacia el lado del sofá entre Justin y ella. Él ha dejado su chaqueta entre ambos, y le hace revivir recuerdos dolorosos. Recuerdos que solo una vez vivió, y como ya sabe, nunca jamás se volverán a repetir.


Recuerdos.
Simples recuerdos…


***


Guarda su teléfono y alza la vista. Unas chicas caminan hacia ella y se sientan en su mesa, ella las ignora y sube sus pies en el asiento restante. Una chica con cabello negro se levanta y la mira fijamente con un vaso de soda fría.


—Aléjate de Jason. —Sonríe y estira la mano. Dejando a ______ bañada en soda oscura y lastimada por los hielos que la golpearon. No, no es solo soda… también tiene tequila. Mierda. —¿Está entendido hija de puta?
—Ebria de mierda, mira cómo me dejaste. — ______ trata de secar un poco la sudadera de Justin. Es imposible. —Vete a la mierda.


Toma su pedido y se encamina hacia el pasillo. Suerte que las chicas no la siguieron. Al entrar a la habitación, Justin está de nuevo con su chaqueta puesta. Solo que ahora no está cerrada, y su piel se ve un poco. Sus abdominales se asoman, ella de nuevo se sonroja.


—¿Qué mierda te pasó?- Ríe Justin mirando a la chica avergonzada, hecha una sopa. —Por Dios nena…—Se tapa la nariz exagerando. —Espero que no nos echen por tu culpa. ¿Ahora si puedo acostarme contigo? Estás ebria.
—Imbécil… —Susurra la chica. —Una de tus amigas me lanzó un bote lleno de esta cosa olorosa. Dijo… “aléjate de Jason”. —Imita una voz femenina graciosa y Justin se burla.- Cállate. No es divertido.
—¿Quién fue? —La mira de arriba abajo. —Mierda… huele a… ¡Mierda, sé quien te lo hizo! Solo Jen bebe esta porquería.
—¿Jen?
—La chica del verano, como yo la llamo. —Dice, orgulloso. —Me la pasé en la cama con ella el verano pasado, déjalo así. Ve al baño y quítate eso, apestas. Tendré que cederte mi chaqueta… me estás despojando poco a poco, empiezo a creer que es a propósito.
—Así estoy bien. —Insiste ______. —Por lo menos sé que te llamas Jason. Al fin.
—Oye… no me has dado las gracias por tu beso. —Le recuerda Justin. —Solo espero eso… mierda.
—¿Ahora qué? —Pregunta ella impaciente.-
—Tu olor me está volviendo loco.


Justin se inclina hacia el cuello de la chica y huele. Ella siente su aliento chocando en su cuello y su piel se eriza. Este chico está completamente loco. No se anima a moverse ni un poco. Tenerlo cerca le produce miedo. Siente los labios del chico en su piel y entreabre los labios. Disfrutando instintivamente. Justin toma su sudadera negra y se la quita a la chica. Su blusa negra de “Rolling Stones” está completamente mojada. Justin cierra los ojos y sigue tomando su cuello. Ella está quieta. En shock por ese comportamiento extraño. Siente las manos de Justin acariciando su piel por debajo de su blusa y su piel helada se eriza aún más. No le permitirá acceso a sus labios. Nunca más. Pero él no lucha con eso… está saboreando la piel dulce a causa de la soda. Su lengua la toca, la saborea… ella quiere apartarlo de un empujón, pero sus fuerzas son escasas. Justin toma su blusa empapada y la tira al piso. Se aparta de ella y se quita su chaqueta de piel. Se la coloca a ella y mira su pecho. Sonríe. Está tan jodidamente bien… por ahora no puede disfrutarla. Ya habrá tiempo. Cierra la chaqueta y desaparece esa piel tan deseable. Alza la mirada y encuentra a una chica no tan segura de sí misma.


—¿Tu nombre?
—________.
—Bueno, ______. Así es la manera en la que quiero que hagas lo que te pido.


***


Y vaya que sí hizo todo lo que él quería. Toca la piel de la chaqueta negra y la recorre con sus dedos, con la intención de abrir los ojos y apenas haberla tocado por primera vez, cuando Justin se la cedió al ser atacada por una maniática alcoholizada.
Quisiera regresar el tiempo. Al principio. Convencer a la pelirroja Addy que no era preciso ir a aquella fiesta que ella misma se realizó en The Devil. Cuántas cosas se habría ahorrado. Hubiera resultado ganadora del Internacional, tendría su jodido futuro infeliz construido y no tendría que reprocharse nada. Pero no. Definitivamente esa no fue la decisión fatal.
Su error fue precisamente ser dedicada en el ballet, ensayar horas extra y encontrarse con aquel chico que planeaba asaltar el lugar. Con sus brazos casi no tan llenos de tatuajes como ahora. Ahora tenía los dos repletos. Antes solo uno. Esa sonrisa malévola y egocéntrica que tenía, la compara con la actualidad. De verdad se ve destrozado. Quisiera de todo corazón no haberlo conocido. Porque desde que lo vio por primera vez, sabía que eso era el amor. Como una chiquilla inexperta, pero por alguna razón acertó. Estaba jodidamente enamorada.
Una lágrima cayó por su mejilla. Volvió a la realidad, tomó aire y se dispuso a contestar.


—Iba a disparar.



Capítulo 18


Justin se sobresalta. Se levanta del sofá y su rostro se pone rojo de furia. Me levanto y me quedo quieta. Sin decir absolutamente nada. Tomo la chaqueta y nuevamente los recuerdos se vienen a mi mente. Justin y yo en la moto, nuestras constantes peleas, él amenazándome… no era nuevo. Yo estuve a punto de hacer lo mismo que él hizo conmigo en aquellos días.
Para él yo era un estorbo.
Una mocosa mimada.
¿En serio iba a caer rendido a mis pies? A mí no le pueden pasar esas cosas. Aún pasando lista de las veces en las que ambos nos habíamos dejado claro que nos amábamos. Las veces que estuvimos juntos en tiempos algo difíciles, obviamente no comparados con la tormenta repentina que está sucediendo justo ahora.
Mi madre me contaba historias con finales felices. Y yo quería un final feliz, porque sé que todos tenemos un final.


—Quería un jodido final feliz. —Me encontré diciendo en voz baja, mientras Justin me miraba acusadoramente. —
—¿Estás consciente de lo que dices? —Me pregunta desesperadamente, y hasta parece burlarse. —Nena, esto no es una fantasía de la que posiblemente les hablan a las niñas tontas como tú.
—Reconsiderando… —No dejo que mi rabia se esconda y digo todo lo que me viene a la mente. —Quiero un final normal. Como las personas que quieren estar bien. Me importa un comino si soy feliz o estoy a medias. Pero definitivamente nadie, nadie quiere un final tan patético como éste. Huir. ¿Para qué mierda? Por tus asuntos infantiles en los que arrastras a todos tus seres cercanos.


La culpa llegó tarde. Lo había dicho y Justin rápidamente bajó la guardia. Sé que él puede soportar todo… menos que metan a su familia en asuntos que a solo él le incumben. Y ahora que está más vulnerable, me encuentro diciéndolo. Tenía que hacerlo. Estoy cansada.


—¿Sabes qué? Maldigo el puto día en el que te conocí. —Otra vez hablaba-gritaba sin escucharme. —Yo no sé cómo puedo ser tan vulnerable y tan estúpida leyendo el letrero de “problemas” que viene en tu frente. Justin, sé lo que soy y sé a lo que me he enfrentado antes, y creo que tú eres mi único contratiempo. Mi maldita piedra en el camino.
—Estaba equivocado. —Niega Justin con los ojos vidriosos y acusadores que apuntan letalmente hacia mí. —Eres como cualquier putita que puedo encontrar en la calle, solamente que vestida de princesita de ballet con anorexia.


Me derrumbo. Me dio en mi punto débil y más abajo. Había metido a su familia en esto, pero nunca pensé que él jugara con mi enfermedad. No tomé posesión de mi cuerpo y me dirigí hacia él, abalanzándome con mis puños cerrados, golpeándolo en el pecho y gritando varias veces que lo odiaba. Él no se defendía. Parecía una roca inerte frente mío. Lo peor es que no le prestaba atención. Solo seguía aruñando, gritando, golpeando, jalando. Sin control de mí misma. Un enorme hueco en el pecho me pesaba y me dolía más que nada en el mundo. Nunca me había sentido así. Entre más fuerte grito, el nudo es más poderoso. Es un monstro. Nos está comiendo vivos. Puedo detener el mundo, pero no puedo sobrevivir a esto. Ya no más.


—¡Te odio! —Le grito con una voz que no podría clasificar como mía. —¡Eres un jodido, un subnormal, te odio!
—¡Basta! —Grita Justin reaccionando y tratando de quitarse mis manos de su cuerpo. —_______ espera, no estamos pensando nada…
—¡Ya no más, ya no me arrastres a tu vida de mierda, ya no quiero, ya no quiero…!


Caigo al suelo presa de una fuerza que me hizo caer. Mi mejilla me arde y me punza. Mi cabello cubre todo mi rostro y solo puedo ver a Justin mirándose la mano izquierda, con la que me ha golpeado. Su respiración es agitada y está aún rojo de rabia. Pero sus ojos dicen otra cosa. Culpa. Retrocedo aún en el piso hacia la pared y me recargo en ella, intentando alejarme de él lo más que pueda, abrazando mis piernas temblando de temor.
Justin me ha golpeado.
Justin me ha llamado puta.
Todo en un solo día.


La puerta se mueve y escucho las voces insistentes de Addy y Jace del otro lado. Seguido de otras voces desconocidas que intentan abrir la puerta. No me muevo ni un centímetro. Él sí, pero no va a abrir la puerta. Va hacia mí y yo me encojo con miedo a que intente golpearme de nuevo.


—_______, bonita, te dije que no estamos pensando en nada… —Su voz vuelve a ser la de antes. Completamente preocupado y culpable. —Déjame ver ese golpe.
—Suéltame. —Sollocé recordando que lo conseguí por enloquecer. —No me toques.
—Mi amor… —Susurra Justin apartando el cabello de mi rostro, besando en donde antes estuvo su mano. —¿Te duele? Espera, hablaré con Addy para que te ayude…
—Nunca pensé que seríamos un desastre hasta este punto. —Murmuré levantándome a su par. —Esto no va a funcionar, y lo sabemos.
—No quiero perderte. —Susurra chocando su frente con la mía. Esta vez las lágrimas han salido de ambos. —Soy un desastre peor sin ti.
—Juzgando por lo que acaba de pasar, juntos somos una bomba nuclear. —Respondo sin querer mirarlo a los ojos. —Justin, me tengo que ir de tu vida. Voy a estar bien. Me reclutaré de nuevo en la academia, nadie sabrá de mi paradero. Estaré segura, no te preocupes por mí.
—No voy a dejarte ir tan fácil. —Insiste al poner sus manos en mis mejillas, cuidando de no lastimarme. —No puedo estar sin ti.
—No quiero ser tu piedra en el camino. —Repito en mí contra mis propias palabras. —Sin mí te puedes concentrar. No quiero ser el motivo de tus problemas.


Justin baja las manos y se aleja, abriendo la puerta de la habitación dejando pasar a Jace y Addy. Justamente después la vuelve a cerrar por dentro. Addy corre hacia mí y mira mi mejilla color carmesí.


—Bastardo… —Puntualiza hacia Justin. —¿Te atreviste a golpearla? Eres un bastado, hijo de puta, te mereces lo que te pasa…
—Addy, por favor. —La regaña Jace. Posiblemente es el único con cerebro ahora. Se vuelve hacia Justin, decepcionado. —Hablaremos de esto después.
—Jace, yo… —Musita Justin. —
—Ahorra aire Justin. —Lo calla Jace. —¿Qué es lo que quieres hacer ______?
—Creerán que soy demasiado egoísta. Pero estoy pensando en el bien de todos aunque no me lo crean. —Suspiro llevando mi cabello hacia detrás de mi oreja. —Soy una carga. Yo no tengo nada que ver en esto, y me he entrometido sin quererlo. Y lo siento. Siento complicarles las cosas… pero creo que será mejor que Addy y yo nos vayamos. Puedo hablar con la señora Foster, puedo reclutarme de nuevo en la academia, y les aseguro que nada malo nos pasará.
—Parece razonable… —Opina Addy. —Tienen muy buena seguridad.
—Está decidido. —Asiente Jace. —Al llegar a la próxima parada, ustedes dos bajan y Justin y yo continuamos.
—No… —Niega Justin. Parece que nadie lo escuchó. Solo yo. —
—Yo me voy con ______ en la otra habitación. —Aconseja Addy lanzándole a Justin una mirada asesina. —
—Quiero despedirme. —Insisto, soltándome de ella yendo hacia Justin. —Prometo que no habrá más problemas. Quiero estar a solas con él.
—Vamos. —Jace sale serio de la habitación y Addy me lanza una mirada triste y desaparece cerrando la puerta. —


Meto las manos en mi bolsillo y no me atrevo a mirarlo. ¿Por qué mierda quise tiempo con él si ya le he dejado claro que lo dejo? Estoy a punto de decirle que fue un error de mi parte y que sigo sin razonar, pero él habla.


—¿Están de sobra mis opiniones de que te quedes verdad? —Asiento mirándolo a los ojos. Con lentitud toma mis manos y las guía hacia sus hombros, acercándome a él. —Yo nunca planeé esto ______.
—Nada está planeado Justin. —Le recuerdo. —Las mejores y peores cosas son espontáneas. No podemos averiguar hasta qué nivel… —Toco mi mejilla aún punzante. —Todo ocurre sin planificación. Pero yo ya no puedo seguir con eso. Tal vez es porque soy una princesita débil y enferma, y nunca me dijeron sobre los peligros de la vida. Solo un assemble, coupé… con eso teníamos lo que deseábamos. Un estúpido trofeo. Sí lo sé, es estúpido. Pero ¿sabes? Soy fuerte y puedo con esto. Es con lo que he vivido toda mi vida.
—Sé que eres la mejor. —Dice en un hilo de voz, despejando mi rostro. —Estoy de acuerdo. Es por el bien de ambos. ¿Es el fin entonces?
—Sí. —Contesté secamente. —Es todo.
—Solo quiero algo. Un último beso.


No sé cómo es que Justin tiene la habilidad de hacerme ceder a todo lo que quiere. Lo abrazo con fuerza y junto nuestros labios. Los abro por un microsegundo y logro ver a Justin con apretando los ojos con dolor, una lágrima resbala de su mejilla. Cierro los ojos de nuevo y sollozo en su boca. Sus manos recorren mi cintura y me aprietan a él. Mi corazón se rompe. Es la última vez que lo beso. Nuestras lenguas se juntan en un intento por querer recordar… funciona muy bien. Me siento miserable. No es un beso de despedida feliz, a final de cuentas. Al terminar el beso, Justin me abraza y esconde su rostro en mi cuello. Aspirando m aroma y yo el de él. Durando cerca de cinco minutos sin movernos. Solo en ese abrazo que parece eterno. Nos duele. Luchamos, pero no encontramos otra salida mas que ésta.
Cuando salgo de la habitación estoy segura de una cosa.
No debí de besarlo.



---------------------


De nuevo doble capítulo.
Puros problemas con ellos D:


Chicas hay noticias buenas
hay una nueva novela que me gustaría que
leyeran. Es mía y de Sil ( )
acaba de empezar y les aseguro que es muy buena.

Les dejo el link
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.660384430700546.1073742234.211667235572270&type=3&uploaded=1

Espero que les guste ;)

#MuchLove #AbrazosVirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
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*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
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Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulos 15 & 16



Capítulo 15


Abro los ojos y me encuentro envuelta por sábanas azul oscuro, con media luz que entre del pasillo, pues la puerta no está del todo cerrada. Busco con la mirada mi ropa interior, y al vestirme, me encamino hacia el baño, donde tomo agua del grifo y la riego en mi cabello, y en mi rostro. Hace un calor horrible. Hay sudor acumulándose entre mis pechos y en mi cuello.
Hecho la cabeza hacia atrás y coloco agua fría en mi cuello. Cierro los ojos. Si me concentro, aún puedo sentir las manos del Justin en mi cuerpo, sus labios en mis labios, su abrazo especial. Abro los ojos y me doy cuenta de que estoy mordiendo mi labio inferior, y mis ojos brillan especialmente. No entiendo la diferencia totalmente, pero me noto mucho mejor. Creo que puedo ser bonita. Cuando me aman me siento bien. Como si todo fuese perfecto.
Salgo del baño y busco a Justin por toda su habitación. Su ropa no está tirada en el piso como estaba la mía, bueno, no la mayoría. Aún queda su camisa me siento en el piso, mirándola. La tomo y la coloco en mi regazo. Suspiro y me vuelvo instintivamente al buró. Hay una hoja de papel doblada a la mitad con mi nombre.
Estiro mi brazo y la tomo con rapidez. Comienzo a leer y al principio me río, a causa de que pienso que es una broma. Cuando termino de leerla, me levanto y corro hacia el pasillo. Entro a mi habitación y busco a Justin por todas partes. No. Tiene que estar bromeando.
Lo busco por todos lados y no lo encuentro. A cierto punto, mis lágrimas comienzan a salir. Corro hacia su habitación de nuevo y reviso sus cajones. Hay menos ropa que antes. No se llevó todo, pero se nota mucho lo que hace falta. Cierro el cajón de golpe y me dejo caer al piso, tomando su camisa. La sostengo con fuerza en mi pecho y suelto el llanto que me había impedido soltar. ¿Cómo pudo hacerme esto?
Lo noté extraño al momento de volver del trabajo, pero ni siquiera me dio tiempo de preguntarle nada. Tan solo llegamos y me hizo el amor. Como nunca. Como si fuera la última vez.
Y así fue.
Se ha ido.
Me ha dejado sola.
Me ha traicionado.
Escucho la puerta abrirse, y de pronto pienso que es Justin. Tomo su camisa y me la pongo, pera cubrir mi sostén y mis bragas. Corro hacia el recibidor y me encuentro con Addy y Jace con rostros apagados y casi tan dudosos como yo.
No soporto más. Corro a sus brazos de mi amiga y me pongo a llorar como niña pequeña repitiendo que mi Justin se ha ido. Ella se vuelve con Jace y el asiente, dejándonos solas.


—Sé que ustedes saben donde está… —Murmuro casi para mí misma. —Díganme por favor, no tienen idea de cuánto lo necesito. Por favor…
—El me llamó avisando que debía venir a verte. Solo eso ________. No tenía idea de nada, lo juro.
—Debe haber una explicación. —Jace saca su teléfono y marca a Justin. Me tranquilizo un poco en los brazos de Addy y espero a ver el rostro de Jace. —No me responde.
—Trata otra vez. —Exijo doblando mi labio inferior, comenzando a llorar de nuevo. —
—Yo intentaré, mientras ustedes platican con calma. Estaré en la habitación. —Jace suspira y camina hacia mi habitación. Intentando de nuevo. —
—No entiendo nada. —Dice Addy con su voz enferma. —Justin no haría eso, de verdad no tiene derecho, no tiene razón, no tiene porqué hacerlo.
—¿Entonces porqué lo hizo? —Pregunto sacada de quicio. —Solo pensó en que estaría muy mal y te llama. ¿Es eso correcto? ¿Tiene algo de vergüenza?
—Vamos a averiguar qué fue lo que pasó. Te lo prometo.


***


—Perdona, estaba conduciendo. ¿Qué ha pasado? —Contesta Darcy cuando recibe la llamada. —¿Jace? ¡Hola!
—Perdona la molestia, pero… estoy buscando a Justin. ¿Se ha comunicado contigo?
—Justin no me llama muy seguido que digamos. —Recuerda ella, algo melancólica. —Pero no, ni he escuchado de él, ni he logrado saber en qué anda.
—Es muy urgente. Si lo ves, llámame.
—Bien. ¿Es todo?
—Si, gracias Darcy, te debo una.
—Ya veré qué hacer.


***


Jace sale de mi habitación derrotado. No tiene noticias de Justin. No contesta su teléfono. Posiblemente el idiota lo tiene apagado. Addy me prepara algo de té caliente mientras me lo tomo, me soba la espalda como si estuviera enferma. Me gustaría decirle que mejor yo la atiendo, ella es la enferma, pero no digo nada, porque me pide que lo único bueno que puedo hacer es tomarme el té y esperar.
Así lo hago. Aún siento ese piquete extraño en el pecho que me dice que no hay nada bien en este momento, y que está de sobra ser positiva. Pero me mantengo callada. Ante todo, solo asiento, dibujo media sonrisa en mi rostro y nada más.
Jace recibe un mensaje y cuando lo lee, le cambia el semblante. Alza la vista hacia mí y me evita. Dejo la taza en la mesa y lo observo detenidamente. Parece nervioso. Lo escruto más tiempo hasta que se da cuenta.


—¿Pasa algo Jace? —Pregunto esperanzada. —¿Noticias sobre Justin?
—________... —Jace se levanta y guarda su teléfono. —Está en las carreras.
—¿Es… aún se llevan a cabo? —Pregunto confundida. —Ahora no entiendo nada, es solo… debo ir, merezco una explicación.
—Iré por él y lo traigo de nuevo para acá. —Ofrece Jace tomando sus llaves de la mesa y dirigiéndose a la puerta. —No te muevas. Ni tú Addy.
—Quiero ir contigo. —Insisto, caminando hacia mi habitación. —Tan solo me pongo algo y listo.


Voy directo a mi habitación y saco unos jeans deslavados y rasgados, una chaqueta de tela azul oscuro. Me coloco unas botas negras y salgo para encontrarme con Jace y Addy.


—No puedo llevarte allá. —Me dice él algo nervioso. —Es muy peligroso a estas horas de la noche.
—No es tan tarde. —Insisto, doblando las mangas de mi chaqueta. —Ya he ido una vez allá y puedo cuidarme sola. Puedo ir sola si lo prefieren. Solo quiero saber qué pasa en la cabeza de Justin. Solo quiero saber sus malditas razones.
—Aquella vez fue en la tarde ______. Había luz. —Señala Jace arrugando la frente. —En las carreras nocturnas van toda clase de pandillas esperando ver a cualquier chica confiada para hacerle daño.
—Pero voy contigo. —Me mantengo ingobernable. —Sé que no me dejarás sola. Vamos Jace. Justin se fue si decir nada, lo notaba extraño. Solo quiero saber qué diablos le ocurrió. Solo quiero eso. ¿Está bien? Sé que podrá explicármelo.
—Addy, quédate aquí, y prepárate algo. —Señala Jace antes de hacerme una seña con su mano para que me acerque. —No tardaremos nada. Solo iremos por Justin, y hablarán todo aquí mismo. No estaremos en ese lugar por mucho.


Addy no protesta. Al contrario, se siente aliviada de no tener que ir a arriesgarse aún más. Se despide de un beso en la mejilla con Jace y me abraza. Me susurra suerte, y asiento, intentando no volver a llorar.
Al subir al auto de Jace, hay silencio absoluto hasta que llegamos. Solo voy cruzando mis dedos como si de algo sirviera. No creo en la suerte, pero esta noche no sé en qué demonios estoy pensando. Estoy fuera de mi mente y no lo puedo evitar. Lo único que quiero es tener claro porqué Justin me hace esto.
Al llegar a la entrada del lugar, hay muchos chicos que nunca había visto antes, junto a un contenedor metálico de basura, fumando. Nos miran extraño, y se acercan peligrosamente pero en cuanto reconocen a Jace saludan amables y vuelven a lo suyo. Completamente cohibidos, puedo notar.
Entramos de lleno y toda la gente de las grada está gritando y de pié. Me quedo parada justo en medio de la fila de gradas desmontables para lograr ver bien lo que está ocurriendo. Es otra carrera. Jace se posiciona frente a mí y después de un rato terminando de ver la carrera, me dice que irá a buscar a Justin en algún otro lugar alrededor. Asentí y me quedé mirando la carrera. Ésta terminó y tardaron un poco en iniciar otra.


—¿Una bebida cariño? —Pregunta alguien a mi lado. Me vuelvo y es un chico alto, castaño y tiene un cigarrillo en la boca. —
—No, gracias. —Medio sonrío y hago que presto atención excesiva a la carrera. El chico no me vuelve a molestar. —


Entre la multitud distingo a Darcy, quien va a pedir su bandera. Le toca el color negro. Ella la desdobla y la coloca al derecho sobre su brazo. Me quedo atenta a sus movimientos y poco tardo en darme cuanta de que está a punto de correr con Justin. Cuando lo veo a él, me siento de vuelta a lo que era antes. Una manera negativa. La piel se me erizó como cuando lo sentí detrás de mí con esa maldita navaja en mi cuello.
Mis ojos se sintieron pesados de agonía, tan solo quería irme de ahí. Pero tengo que hablar con él y darle razón a lo que siento. Si el se quiere ir, que lo haga, pero que me lo diga directamente. Estoy cansada de esta clase de mentiras. Si no me quiere a su lado, que lo diga, ya que es mucho peor que diga que me ama y luego se va a vivir un estilo de doble vida que yo ya sabía que tenía. Entonces… ¿quién es el imbécil del cuento? Ya no lo entiendo.



Capítulo 16


Lo veo al final de la carrera. Nuestras miradas se cruzan, pero ya no es lo mismo. Antes no estaba consciente de lo que me hacía. De sus verdades a medias, de sus juegos mentales, de sus posibles cambios de personalidad… tal vez muy en el fondo lo sabía, pero nunca fui lo suficientemente lista para creerlo. Bueno, éstas son las consecuencias.
Decido esperar a Jace en el auto. Creo que es una idea mejor que soportar ver a Justin actuando como justamente casi prometió no volver a actuar.
Camino hacia la salida y cada vez apresuro mas el paso. Escucho la voz de Justin detrás de mí y el corazón se me parte en varios pedazos. No importa cuántos. El dolor es insoportable. Me toma de la cintura y me alza sobre su hombro, ignorando por completo mis súplicas peticiones de que por favor me baje.


—¿Qué estás haciendo? ¿Esa puta carta de qué se trataba? —Le reclamo con un nudo en la garganta. —Sé un hombre y dime lo que quieres en la cara ¿vale? No mandes a Addy para que intente decirme lo que tú no puedes.
—________ tienes que irte. —Su mirada es la misma del Justin protector. Pero ya estoy tan confundida, que no sé en qué creer. — Te prometo que te explicaré todo luego. Aquí corres peligro.
—Ya no te puedo creer nada Justin. —Le digo. —O me explicas ahora, o te hago caso y me desaparezco. ¿Qué es eso de que mataste a alguien? ¿Te inculparon? Eres inocente…
—___________. —Suspira nervioso y abrumado. Después me besa. —


Sin previo aviso mis lágrimas corren por mis mejillas y se pasan a la piel de Justin. Tal vez sea nuestro último beso antes de que digamos adiós. Esto está entre mis planes. No siento remordimiento, no siento miedo, no siento molestia. Es solo un jodido sentimiento que no sé como describir, pero que pronto me consume hasta los huesos. Tal vez sea la advertencia de que todo se ha terminado y no hay cambio de hoja. Es cambio de historia completa.

—¿Mataste a alguien? —Le pregunto rápidamente, con miedo a su respuesta. —
—Lorraine. Liz McLaren. —Dice secamente y todo el mundo se detiene. —Una bocona.


Me suelto de su agarre y me largo corriendo. Estoy en manos de un asesino, y no es él lo que más me molesta. Sino yo, que estaba segura de que podría cambiar, pero sigue siendo el mismo y no lo culpo. Es lo que le gusta. Ama hacer sufrir a las personas y actúa como si no se tratara de eso. Aquí la única culpable soy yo. Por enamorarme de Jason McCann. Porque Justin Bieber no existe. Nunca ha existido, y aunque él lo promete mil veces, nunca existirá.
Me detiene de nuevo y me explica sus posibles razones. Ni siquiera escucho sus argumentos totalmente claros, pero estoy hecha un mar de lágrimas. Es increíble como alguien te puede llegar a enamorar tanto para que puedas olvidar lo que siempre ha sido y le des oportunidades gratis. Oportunidades que claramente no se aprovechas y se echan en saco roto. Es muy injusto.
De pronto muchos ruidos, que provienen de las carreras no toman desprevenidos y sin que me pase por la mente siquiera, de un momento a otro estoy con Justin tirada en el piso, cuando logro comprenderlo, soy presa del miedo y del pánico.


—No te vayas a mover de aquí. —Me indica. —Olvida lo demás y confía en mí. Volveré por ti. Lo prometo.


No tengo objeciones. Mi mente está en un estado de shock por todo lo que está sucediendo. Me agacho lo más que puedo y me siento en el piso, cubriendo mi rostro, conteniendo las lágrimas. De vez en cuando subo la mirada hacia el camino por el cual Justin se fue. Pero solo logro ver humo, personas corriendo y un cielo oscuro al principio, que se va haciendo rojo por las llamas provenientes de algún lugar no específico. De un momento a otro, esto se ha convertido en el mismo infierno.


***


Me alejo corriendo hacia dentro del lugar, donde todas las personas que salen atemorizadas y en pánico, me mira como si fuera totalmente un loco por aventurarme dentro de ese lugar. Pero no puedo decir nada al respecto. Esto si es mi asunto, y por más que me niegue, tengo que tratar de resolverlo, o por lo menos ganar la guerra.
Corro hacia la entrada, donde hay personas con miedo, que corren despavoridas hacia las salidas y hacia sus autos. Otras se dispersan hacia otros lugares. Me vuelvo y observo el lugar donde está escondida _______ dudo un momento, y después me doy la media vuelta para seguir con mi camino. Confío en _______ y se que ella confía en mí ahora mismo, aunque no lo quiera. Sabe que soy su única salida de este maldito infierno en el que desgraciadamente yo la metí.
Corro hacia la pista desmantelada, y no logro distinguir nada por el humo denso que hay en todo el lugar. Gracias a las personas corriendo y a la explosión. Tal vez fue un accidente, o tal vez no. Saco mi arma y la escondo debajo de la manga de mi chaqueta. Miro hacia todos lados y no puedo ver nada. Me vuelvo hacia la salida, y aún sigue completamente bloqueada gracias a las personas. Rápidamente subo a las gradas y corro por las escaleras hasta la parte más alta. Contemplo a mí alrededor con cuidado, esperando ver a algún traidor de mi equipo. Un fuerte sonido me ensordece y un dolor punzante golpea mi espalda haciendo que caiga hacia adelante, quedando tirado dos gradas más abajo. Me quejo de dolor. Abro los ojos y me levanto lentamente, antes de ver un par de botas delante de mis ojos. Subo la mirada y me encuentro con la cara de Christopher mirándome lleno de gracia de que yo esté tirado en el suelo con una marca de un golpe de un metal directo en mi espalda. No puedo respirar con facilidad. Cuando estoy completamente de pie, Christopher retrocede y suelta el barrote de metal que lleva en sus manos. Alza los brazos y adopta una actitud altanera y sobre todo, completamente despreocupada. Me acerco hacia él un poco y retrocede, pero en su cara no hay miedo.


—Te tengo donde te quería McCann… —Murmura en un tono con el cual solo yo podría entender lo que dice. —¿Y tu chica? Escuché que vino por ti porque quería ver en el momento en el que te entregara a la policía… pero pensé un poco. ¿Sabes? ¿Por qué te entrego si puedo darte tu merecido yo mismo?
—Eres un completo idiota. —Me burlo sin moverme de mi lugar. —Para empezar. No entiendo como el equipo pudo hacerte caso a ti. Son unos completos idiotas. Tan solo alguien con valor de más toma el arma y todos los siguen. De verdad que es patético.
—¿Patético? Patético es que tu propio equipo te quiera muerto. —Christopher se acerca paso por paso hasta que está a pocos centímetros de Justin. —Hijo de puta. Eso es lo que eres. Jason McCann… o podría decir ¿Justin Bieber? ¿Qué dirá Jackson desde la prisión si llega a saber tu verdadera identidad?
—Pensé que ese bastardo estaba muerto. —Dije para mí mismo, pero sé que él me escuchó, pues se rió más fuerte. —Si una bala en su jodida cabeza no puede asesinarlo, hay algo mál aquí.
—En eso tienes razón. —Sin decir nada más, Christopher lanza su puño contra mi estómago, dejándome sin aire rápidamente. —¡Trae mi chaqueta, imbécil!— Grita imitando mi voz.— No soy un puto mandadero. Ahora lo sabes.


Estoy agachado, intentando recuperar el aire respirando repetidas veces mientras toso. Cada movimiento es difícil. Cada exhalación me cuesta sangre, la cual sale por mi boca. Siento otro golpe un poco más arriba del anterior y me incorporo. Saco mis fuerzas sobrantes y me abalanzo sobre él, haciendo que pierda el balance y caiga por las gradas conmigo enganchado por intentar lastimarle su brazo.
Caemos hasta el último escalón de las gradas y comenzamos a golpearnos. En un momento, tomo del cuello a Christopher y lo lanzo hacia unos contenedores de basura. Tomo rápidamente mi navaja y la encajo en su pierna. La saco de su piel rápidamente y la guardo. Corro hacia la salida, y logro pasar, pues la gente casi ha desaparecido. Miro hacia el maizal, donde sé que _______ está esperando. Corro hacia allá, entro y justo en medio me detengo. Entre la oscuridad logro verla agachada, temblando de miedo. Cuando mis manos la toman, se sorprende.


—Tranquila nena, estoy aquí. —Digo cuando ella se esconde en mi pecho y la rodeo con mis brazos, besando su frente. —Esto no ha acabado, no puedo dejarte sola.
—Tengo miedo. —Dice al acariciar mi espalda. —
—No te voy a dejar. —Prometo. —Aunque me cueste la vida, te voy a sacar de esto. A ti y a mi familia. ¿Vale? Pero tendrás que seguirme. Tienes que confiar en mí. Por favor hazlo. No tienes ninguna salida. Te buscarán. Y a mi familia también. Debemos irnos. Pero nada de esto nos va a salir si es que tú no cooperas. Debes creer en lo que digo.
—Te creo. —Me dice mirándome a los ojos. —Confío en ti.


La tomo de la mano y la guío hacia el auto. Nos quedamos algunos metros antes de salir del maizal, dado a que tengo que verificar que no haya nadie. Miro hacia la desértica pradera que fue usada como estacionamiento. Está mi auto y algunos más que posiblemente se quedaron tirados gracias al pánico de sus dueños. Todo está muy tranquilo.


***



Un segundo.
Dos segundos…
Tres segundos.


—Vamos a salir. Correrás rápido y no te soltarás de mi mano. ¿Entiendes? —Ella asiente, mirando hacia su objetivo. —Lo más rápido que puedas. Vamos.


La toma de la mano con fuerza y salen corriendo del maizal. Los primeros metros los recorren a salvo, pero al casi llegar al auto, detrás de él aparece Rob, el chico del arete del antiguo equipo de Justin. Trae consigo una especie de chacos. En su cintura lleva atada una pistola y una navaja.
Justin se coloca detrás de ________ extendiendo sus brazos para protegerla. Ella tiene que soltarse de su agarre y unas manos la toman por los brazos haciéndola retroceder. Se vuelve y el rostro conocido es el de Mark. Su barba descomunal cubre un poco su sonrisa venenosa, pero su mirada da los mismos resultados. Ella grita, Justin se vuelve, y recibe una patada en el estómago de nuevo.


—Mierda… ¿qué no saben que hay otros lugares, hijos de puta?


Rob y Mark se ríen. Aparece el resto de la pandilla. Un nuevo chico y Christopher. La pandilla está incompleta. Taylor le dijo que eran todos, pero….


—¿Tus traidores amigos son como tú? —Pregunta Justin levantándose, mientras lanza un puñetazo a Rob, mandándolo directo al suelo. —Se echan para atrás, te dejan tirado. ¿Te suena eso?
—No tenían las agallas. —Musita Christopher. —Cuando acabe contigo podré poseer a ese bombón que tienes como chica.
—Ni siquiera te atrevas a tocarla. —Amenaza Justin. —Esto de que no se atreva todo el grupo a enfrentarme me dice una cosa. No tienen agallas, exactamente lo que tú dices. Pero bueno. Esto que tú haces es más cobarde que lo que ellos hicieron.
—Mírate ahora, y luego decides lo que quieras.


Las manos grandes de Mark la sostienen con fuerza y lastiman sus brazos. Ella ha dejado de forcejear, pero tiemble de miedo y no sabe cómo, pero ambos se mueven de un lado al otro, ella intentando escapar y Mark solo sosteniéndola, mirando la escena que tienen en frente. Justin se gira, manteniendo el contacto visual con Christopher. Ambos con el arma en sus manos. Justin aún con su navaja, y Christopher tiene la suya, pero aún no se apuntan siquiera. La mirada de Justin se centra en la de ________.
Algo le dice.
Algo quiere que sepa.
Pone atención.
Se tranquiliza.
Los ojos de Justin la miran a ella, y después al suelo. Ella mira hacia abajo, pero no encuentra nada con significado. Vuelve a mirar a Justin, discute con Christopher, pero sigue mirándola a ella. Vuelve a bajar la mirada y deletrea “abajo” cuando su enemigo se ha despistado.
Ella asiente, pero no está segura de lo que le ha querido decir. ¿Abajo? ¿A qué se refiere? No lo pierde de vista a él ni a sus movimientos. De nuevo ve algo inusual en los labios de Justin y pone atención.
“Uno”
“Dos…”
“Tres.”
“Abajo”.
Las manos de Justin se mueven rápidamente, después de tanta charla sin sentido con Christopher y saca su arma de fuego rápidamente. Apunta hacia donde están _______ y Mark y ella logra soltarse, dado a que Mark reacciona y pone las manos en alto, soltándola y se tira al piso. Segundos después escucha un disparo y Mark cae muerto a su lado. Ella coloca sus manos sobre su nuca y se queda tirada en el piso, temiendo por lo que se avecina.
Alza la mirada y Justin está siendo golpeado por Christopher, y Rob. Éste último lo sostiene por la espalda, y él logra darle una patada a Christopher en la mano, logrando que se le zafe su arma. ¿Qué debe hacer? Se levanta un poco, pero se vuelve a dejar caer, al escuchar un grito de dolor de Justin. Cierra los ojos al escuchar cómo lo golpean. Mira hacia donde cayó el arma de Christopher y se levanta rápido. Corre y la toma. Rob logra mirarla y deja caer a Justin, malherido al suelo. Los dos enemigos se vuelven hacia ella, quien tiene el arma temblando junto con sus manos. Apuntando a ellos.


—Estoy harta. Me han cansado. —Dice ella, no muy segura de sí. —Si alguno de ustedes se mueve, juro que les vuelo la puta cabeza. ¡Lo juro!
—Uy, basta, tranquila preciosa. —Se burla Christopher, pero aún así no da ni un solo paso. —Volvemos a la misma lección. Agallas. Nena, no estás hecha para vivir una vida con… —Da un paso adelante y ________ aprieta el gatillo sin apuntar y cierra los ojos. El disparo se escucha y Rob cae al suelo, sosteniéndose la hemorragia de su hombro. —¡Eah! Relájate. Vaya, que puntería… es decir… ¡Guau!
—¡No me hagas hacerlo de nuevo! ¡No te muevas!
—Podrías estar de mi lado si quisieras. —Christopher no le hace caso y sigue caminando lentamente hacia ella sin bajar las manos. No se atreve a dispararle de nuevo. —Sé mucho de ti. Justin me ha contado muchas cosas ¿Sabes? Ah, claro… todo lo contable. Me dijo que le parecía gracioso intentar ser un chico bueno con una bailarinita de ballet. Después de visitarte se encerraba con Darcy en su habitación. No jugaban Monopolio, eso está claro. Puedes vengarte. Puedes desquitarte de todas esas mentiras.
—¿A ti que más te da?
—Bueno, sí. Eres linda, pero puedo respetarte. Solo piénsalo. —Le toma el hombro, y baja el arma. —¿Me vas a decir que no te dolió saber que Justin es un asesino?
—Dolió. —Susurra ella mirando hacia abajo. —Lo odio ahora mismo.
—Desquita ese odio ¿vale? —La toma de la cintura y la hace acercarse a Justin, que aún está hincado a cierta distancia, sosteniéndose con una mano en el piso, y la otra la tiene en su estómago. Se nota que no puede respirar muy bien, y tiene sangre en el rostro. —Míralo. Es tu blanco. Solo tienes que apuntar la pistola hacia él. Con esas bonitas manos.


Susurra detrás de ella y toma sus manos. Guiando el arma hacia Justin. Él mira impactado la facilidad con la que ________ toma el arma. Ahora él es el que está del otro lado del arma. Es la víctima y no se lo puede creer.
Ella duda, tanta es la confusión y la rabia, que podría dispararle ahora mismo. Pero tiene miedo. Mira los ojos suplicantes y cansados de Justin y no se atreve a disparar.


—¡Hazlo de una jodida vez! —Grita Christopher en su oído. —Se llama karma. Practícalo.


Su voz se aleja. Ella se vuelve hacia atrás y ve a Jace tomando a Christopher por la camisa, haciéndolo caer. Mira sus manos, aún sosteniendo el arma, pero ahora hacia abajo. Mira a Justin. Hace una mueca de dolor y se deja caer al suelo. ¿Qué estaba pensando hacer? Se vuelve hacia Jace y le arroja el arma.


—¡Jace! —Arroja el arma por el asfalto y su amigo la toma. —
—Toma a Justin y llévatelo. —Le ordena Jace al poner un pie sobre la espalda de Christopher. —¡Vamos! ¡Vete!


Ella asiente, saliendo de su shock, corre hacia donde está Justin y lo ayuda a ponerse de pie. Él no puede. Intenta de nuevo.


—¿Qué ibas a hacer? —Pregunta él en un quejido. —
—Cállate y ayúdame por favor. —Pide ella tomándolo del brazo. —Vamos, no hay tiempo. Levántate por favor.


Al tercer intento, logra levantarlo. El se queja de dolor, y comienzan a caminar hacia su auto. Justin no puede evitar quejarse y apretar los ojos a causa del dolor en su estómago y en su pierna. Lamentablemente no puede conducir.


—¿No puedes conducir? —Pregunta ________ sacando las llaves del auto de los pantalones de Justin. —Pero yo no…
—Entra. —Ordena Justin. —No. Ayúdame a subir, primero.


Rodean el auto, y abre la puerta para él, ayudándolo a sentarse en el asiento del copiloto. Le abrocha el cinturón y lo mira. Él evade su mirada y solo ve al frente. Está molesto. Debería de estarlo. Estuvo a punto de traicionarlo. Cierra la puerta y corre a su lado del auto. Cierra la puerta y mira el tablero.


—¿No sabes conducir? —Pregunta Justin impaciente. —¡Mierda ______ no me jodas! ¿Sabes encenderlo siquiera?


Ella duda, pero con movimientos tensos y torpes, logra encenderlo. Mira a Justin y él duramente le indica que meta primera velocidad. Señala lo que debe de hacer y ella lo hace. Pronto se alejan del lugar, dejando a Jace gritándole algo a Chrisopher, aún tirado en el suelo.
Durante todo el camino no emiten ninguna palabra que no sean instrucciones de manejo de parte de Justin. De una manera fría y de vez en cuando lanzando maldiciones a su condición. Lo mira y él la regaña, gritándole que debe mirar al frente. Sus manos se retuercen sobre el volante y le duelen los nudillos. De reojo lo mira y sabe que está pensando en algo, hace muecas de dolor, pero lo nota molesto. Tiene razones. ¿En qué mierda estaba pensando?
Llegan a su casa, donde él le ha indicado. Lo ayuda a bajar y tardan demasiado en subir las escaleras. Abren la puerta y encuentran a Addy preocupada, quien rápidamente va a buscar el equipo de emergencia. _______ ayuda a Justin a entrar en su habitación y se meten al baño. Lo sienta a lado del lavabo y espera a que Addy llegue con una bolsa de algodones, gasas y alcohol.


—Te vas a poner bien Justin. —Susurra ______ frotando un pedazo de algodón con alcohol en la herida de su cien. —Lo prometo.
—¿En serio ibas a disparar? —Pregunta Justin en tono serio. Ni siquiera la mira. —Dímelo _____. ¿Me odias tanto ahora como para matarme?




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SI. Ah dsklnfklsd
muy bien chicas, no es lo que yo llamo maratón, pero
fue algo interesante
y comenzamos de nuevo con la acción.
No esperan lo que viene ;)

Gracias por seguir leyendo, significa muchísimo.
Un abrazo.

#FelizDia #FelizNoCumpleaños #LOVEANDROCKETS


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 14


Después de un fin de semana tranquilo, era preciso volver al trabajo. Mierda. Suspiro y bajo del auto de Justin, lo despido con un último beso enviado a distancia y me doy la media vuelta para caminar con rapidez hacia el edificio. Quisiera tener la respuesta a la pregunta que ha circulado mi mente durante todo este tiempo. ¿Y si resulto ganadora? Sé que suena algo adelantado, dado a que no tengo ninguna idea concreta, a no ser que a Marco y a mi compañera Linda se les haya ocurrido algo nuevo en el fin de semana. Esperamos que sea así, ya que mi idea fue un verdadero asco. Pensándolo bien, esa pradera sería buena para mí, para mis gustos, pero para alguien más… tal vez suena aburrido. Tengo que buscar otro lugar si es que la opinión de mi equipo es que me he fijado en el concepto erróneo.
Llego a la oficina que nos cedieron para trabajar sin interrupciones y me siento frente a la PC rápidamente. Marco alza la vista desde su portátil, y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa fugazmente y me pongo a teclear nuevas ideas. Aunque no muy buenas. ¿Y Linda? Miro el reloj del ordenador y vuelvo a alzar la mirada hacia Marco. Absorto en el trabajo. Me levanto y me coloco detrás suyo para ver en qué trabaja. Son mis fotos. Les pone filtros, eslóganes, photoshop de aquí para allá y hasta le gustaron las de Justin.


—Dime… ¿Éstas son las fotos que vamos a usar? —Pregunto jugando a tronar los dedos de mis manos. —Bueno… aparte de eso… ¿tuviste alguna idea? No se me hace muy relevante ¿sabes?
—Es bueno. —Asiente Marco dejando por un momento la computadora. —Tengo que estirar los pies. Llamaré a Linda para que nos envíe su propuesta. La tenía lista, pero su madre enfermó anoche.
—Oh, vale. Yo me quedo buscando nuevas ideas. —Digo no muy motivada. Espero a que Marco se vaya y suspiro pesadamente. Maldito lunes. —


***


Espero en la mesa del salón de pool, tomo un taco y comienzo a jugar solo. Casi no hay personas a esta hora, y las que hay, solo vienen a tomarse un trago de resignación por ser lunes. Miro el reloj de la pared y continúo jugando hasta que alguien me toma del hombro. Me vuelvo y veo a Taylor dedicándome media sonrisa.
Taylor es algo así como un cómplice secreto. Es amigo de Jackson, pero me informa sobre todos sus movimientos. Ahora no hay mucho, pero es porque está en la cárcel. Pido una cerveza para Taylor y comenzamos a jugar sin decir nada. Nunca vamos directamente al grano. Siempre tiene que haber un juego de por medio. Ya sea de apuestas, o solo por simple y sana diversión. Alzo la vista y asiento, cuando la poca gente que quedaba, está absorta en su bebida, o mirando el resumen de deportes en la TV gigante de la esquina.


***


Ambos se sientan en una mesa cercana. Observa a Taylor. Intenta averiguar que es lo que pasa ahora. Solo que parece que su semblante es más o menos preocupado. ¿Habrá algo lo suficientemente malo como para ver al viejo Taylor de esa manera?
Intenta romper el hielo golpeando el salero con sus dedos. Lo mira fijamente, y luego a su amigo. Tiene que ir al grano esta vez.


—¿Cómo está la ley ahora? —Pregunto después de un enorme trago a mi cerveza. —Jackson ha dicho algo… ¿o no?
—Ha hablado solo mierdas de ti en la prisión, solo porque cuando llegues, él quiere que todos te odien. —Taylor toma un sobre de azúcar de la mesa y lo abre con sus dedos largos y morenos. —Dice que has violado chicas. Que has raptado niños y que se los has dado a contactos ilegales para venderlos.
—Ni siquiera él mismo se cree lo que dice. —Niega Jason McCann con un aire divertido en su engañoso semblante. —Ese hijo de puta lo único que consigue es más odio de todos lados. Él no fue inteligente. Yo lo soy. Él no planeó bien sus jugadas. Yo voy un paso adelante. Y aunque lo sueñe… nunca me atraparán.
—Mataste a Lorraine. —Le recuerda Taylor. —McCann, ahora tienes qué pensar bien cómo harás para zafarte. No te tienen en los registros, pero eso no impide que te llamen a una auditoría, entrevista, o detector de mentiras.
—¿No recuerdas cuántas veces me he zafado de esto?
—Christopher habló. —Suelta Taylor impacientemente. —Le dijo a la policía que tú fuiste el último que tuvo una relación sentimental con Lorraine, y que tenías motivos para asesinarla. Por tu antigua rivalidad con Joe.


El rostro de Justin/Jason se tensa. Su frente se arruga y su mirada se vuelve más dura. Más rudo. Peligroso. Mortal. Sabe exactamente que Chritopher era confiable, según él. Pero ahora se da cuenta de que no es nada más que un estúpido. Un hijo de perra. Termina su trago y pide algo más fuerte. Se lo empina de un trago y mira a Taylor con ojos rojos con una extraña mezcla de rabia y algo más fuerte.


—Ese traidor me las va a pagar Taylor. —Espeta con voz ronca. Enciende un cigarrillo y saca el humo. —Lo voy a matar. Lo tengo que matar.
—Hazlo imbécil. A ver cuántos días extra te refunden en la cárcel por eso. —Lo regaña Taylor, pero al mismo tiempo intenta calmarlo. —Sabes que debes mantenerte al margen. Hasta pareces nuevo, caray.
—No puedo quedarme con los putos brazos cruzados viendo cómo me traiciona un miembro de mi equipo que conocía desde hace tiempo… confiaba en él, por la puta.
—No es solo él.
—¿Qué quieres decir?
—Es todo tu equipo.



***


Apenas logré articular palabra alguna. Pedí otro trago después de que se fue Taylor y sentí mi cabeza explotar. No sabía si era estrés o tal vez otras mierdas que rondaban por mi mente. Por lo principal, ahora sé que toda mi puta camada está traicionándome. El buen Jace se ha mantenido fuera del complot, sino me sentiría más mierda.
Todos planean entregarme en la próxima carrera. Donde yo estoy invitado. Armarán un alboroto y me culparán a mí de todo. Más maricas no pueden ser. Ni siquiera me acusan sobre el hecho en sí. Sino que causan otra revuelta de “coincidencia”. ¿Qué hago? Por una parte puedo entregarme y pagar por todo. El asunto es que no quiero. Nadie quiere pasar el resto de su vida pudriéndose en una celda.
Tampoco puedo huir. Sería egoísta ahora que _______ se encuentra estable. Es curioso… ella es la única cuerda en este manicomio y me estoy viendo forzado a llevarla conmigo en lo que estoy metido. Tengo mierda hasta la frente. Me siento miserable. Mis camaradas… mis compañeros con los que convivía me han delatado. Me delatarán. No puedo dejar que eso pase.
Después de pensar tanto en una solución. Se me ocurrió una que no me puede fallar. Pero implica sacrificios. Es la mejor, y la que más hará daño. Pero tengo que hacerlo. Es la única manera efectiva de deshacerme de todo. Quedaré libre. Quedaré sin alguna culpa, o remordimiento…
Pero implica renunciar a ________.


***


Cuando voy por ella al trabajo, me he dado una ducha con agua helada y he comido algo, intentando que se bajen estas copas de más que me he tomado. Solo queda un poco, lo suficiente para ser valiente… o cobarde y lograr mi cometido. Soy un estúpido.
La miro correr a mi auto. Sube y me recibe con un beso, como solo ella sabe darlos. Envidio su plenitud y felicidad. Me siento tan culpable… pero no quiero arrastrarla conmigo a todo esto. Ella se merece estar tranquila una vez en su vida. Y la única forma de hacerlo es estúpida. La tengo que dejar. Todo con tal de que esté bien.
Porque la amo.

Llegamos a casa y no le permito hablar sobre nada. La llevo a mi habitación y comienzo a besarla lentamente. Mis manos bajan a su cintura y por debajo de su blusa. Ella se quita sus zapatos altos, y se queda de la altura tierna y pequeña que siempre ha sido. Se para de puntillas para besarme. Toco su trasero mientras muerdo sus labios. Beso su boca, la saboreo, meto mi lengua, la aprieto contra mí. Pues se que es la última vez que le hago el amor. Arranco su ropa tan rápido, que ni yo me doy cuenta cuando ambos estamos en la cama.
Entro en ella rápido, y escucho un sollozo. Sus uñas arañan mi piel mientras la follo con fuerza. Cada vez mas aumento mi ritmo. Arquea su espalda y hace que sus pechos rocen con mi piel. Gimo antes de besar su barbilla, y continúo haciéndola mía de nuevo.


—Te amo preciosa. —Le confieso al sentir su orgasmo. —Una vez más para mí, por favor.
—Ah, Justin… —Gime mientras acaricio su frente sudorosa. —


Esta vez llego primero. Segundos después ella me acompaña. Beso su cuello lentamente, por mientras de que nuestras respiraciones vuelvan a la normalidad. La abrazo con tal fuerza, que me prometo no lastimarla, sabiendo que esa promesa la tengo que romper por nuestro bien. La amo. No quisiera hacerle daño. No puedo.


—Creo que mejoró radicalmente mi lunes. —Comenta con voz perezosa cuando recorro la piel de su cintura con mis dedos. —¡Esto debería de volverse una tradición!
—Oh, si. Debería… —Le sigo el juego a la vez que la beso de nuevo. —Pero no es así de fácil pequeña. Daría todo porque fuera así.
—¿Pasa algo? —Se vuelve hacia mí, escrutándome con cuidado. —Sabes que puedes contarme lo que sea. Lo que quieras.
—¿Tienes mucho trabajo? —Le corto el rollo rápidamente, intentando no llegar al punto en este momento. —Podrías dormir un poco. Te noto cansada.
—La verdad es que no dormí bien ayer… solo será unos minutos. No quiero perderme toda la tarde. Quiero platicar contigo.
—Duerme un poco. —Le susurro en su cuello y lo beso lentamente. Mi estómago da un triple salto mortal. —Descansa, estaremos bien.
—Está bien, solo un momento.
—Te amo demasiado. Nunca lo olvides.
—Nunca lo haré.
—Dime que me amas ________. —Le ordeno casi sin voz cuando ella cierra los ojos, intentando relajarse. —Por favor.
—Te amo… —Contesta adormilada. —Te amo más que a nadie.


***


Querida _______:
Te escribo esta carta para pedir disculpas, y para disculparme por ser un hijo de puta y dejarte así. No lo mereces, mi amor. Pero menos mereces sufrir con alguien como yo. No te convengo. De verdad estás mejor ahora que yo me voy.
No pienses que no te amo. Si no lo hiciera, no me importaría tu bienestar y te hubiera arrastrado conmigo hacia el puto infierno en el que vivo en secreto desde que llegaste a mi vida. No te mereces nada de lo que te estaba haciendo creer.
Soy una mala persona.
Soy un peligro para ti.
Así que he decidido que es mejor retirarme. Tengo que solucionar todos estos problemas antes de poder pensar en algún futuro. No te pido que te vayas. Quédate aquí, realiza tu trabajo, concéntrate. Sé que se puede. Sé que tú puedes. Demuéstrame que soy un cobarde.
Tú eres más valiente que yo en muchos sentidos ¿sabes? Pudiste salir de un problema que llevabas cargando desde hace tiempo, y yo no estuve ahí para apoyarte. Simplemente no es justo que tú me apoyes en algo que es más grave. No entiendo porqué estás conmigo a éste punto de conocer mis sombras oscuras. Los que las conocen se alejan.
Mis amigos me han traicionado. Me están buscando por asesinar a una chica. Tengo que buscar tiempo para pensar en qué mierda voy a hacer para compensarte nena. Aunque nada en el entero mundo va a compensar el peligro en el que te he metido. Lo siento. De verdad lo siento. Aunque ahora más que nunca estoy de acuerdo a que no me creerás nada. No te culpo. Pero lo que te dije antes de que te quedaras dormida es cierto.
Te amo demasiado.
Nunca lo olvides.


***


Dejo la carta en el buró de mi habitación, donde _______ aún duerme desnuda y envuelta por las sábanas. Me acerco, y bajo mi maleta al piso con cuidado para no hacer ruido. Quito cabello de su frente y la beso. Aprieto lo ojos con fuerza, intentando no llorar. Aún así, dos lágrimas rebeldes han salido. Mi ______. Mi amor. Espero volverte a ver algún día.

Salgo de la habitación… de la casa… de la zona. Manejando con un puto nudo en la garganta que no había sentido nunca. ¿Qué tal si regreso, quemo la carta y me recuesto a su lado? Haré como si no hubiera pasado nada, y por supuesto, haré que esté a salvo.
¿Cuándo fue la última vez que prometí eso? Vale… ella salió lastimada la última vez que le prometí que no dejaría que nada le pasara. No puedo regresar. Debo dejarla antes de que se metan con ella de nuevo.
Llamo a mi único contacto confiable. Addy. Espero a que conteste y cuando escucho su voz, comienzo a querer llorar de nuevo y no sé siquiera porqué. Todo me recuerda a ________. Addy es su mejor amiga.


—Está oscureciendo Justin. ¿Qué pasa? —Pregunta ella con voz algo ronca. —Lamento mi voz de hombre. He pescado un resfriado.
—Está bien Ad’s. —Suspiro. —Ve a casa por favor… _______ te va a necesitar.
—¿A dónde vas tú? —Me pregunta al instante. —
—Por favor… ve Addy. —Insisto. —Te prometo que te diré dónde estoy. Pero ve con ella ahora, no puedo hablar voy por carretera.


No me despido y cuelgo. Me concentro en conducir hacia las carreras. Tengo que ajustar cuentas antes de irme. Conduzco rápido y llego rápidamente. Voy hacia el asiento de atrás cuando ya aparqué el auto, y me saco la camisa aventándola al suelo del auto. Tomo mi chaqueta de piel, mis lentes oscuros y enciendo un cigarrillo. Cierro el auto, pero no le pongo seguro. Necesitaré rapidez.
Camino como sin nada hacia donde hay un grupo de chicos armando escándalo con una motocicleta. En cuanto me ven, saludan, con respeto. Con miedo. Nunca los he visto, pero les dedico una media sonrisa torcida. Ellos no saben nada. Se ven muy inexpertos. Es la primera vez que vienen.
Al fondo veo una chica conocida. Darcy, mueve su cabello hacia un lado, y se pueden notar sus nuevos tonos más claros. En cuanto me ve, se baja de las gradas, y corre hacia mí. me saluda y me mira de arriba abajo.


—Viejo McCann. —Sonríe. —Todo va bien. Supongo que nada inusual. Pero vete por favor… ellos…
—Taylor ya habló conmigo. —Sonrío falsamente hacia mi amiga. —Nena, a eso vine. A divertirme un poco con mí equipo. ¿Qué esperabas?
—Como quieras. Sabes que estoy de tu lado. Taylor lo dijo ¿no?
—Jace y tú son la mierda Darcy. ¿Jace no vino cierto?
—Tenía una reunión con amigos de la universidad. —Darcy parece casi orgullosa de dos cosas: De que Jace no esté aquí, y de que yo haya vuelto a la actitud fría y calculadora que era antes. —En cuento escuche algo, te mantendré informado.
—Mensaje de texto. —Musito antes de irme en busca de mi venganza. —


Hasta ahora todo pinta bien. La primera carrera salió, y Christopher, Matt y lo demás actúan como si no mataran a una puta mosca. Cuando me vieron llegar y les acepté una cerveza, un cigarrillo y una pequeña bolsa con cocaína, se quedaron extrañados. Guardé la bolsa pequeña en mis pantalones y le di un trago a mi botella. Aposté un poco y me decidí a correr. Una pequeña idea.
Texto a Darcy: “Nena, hoy vamos a correr. Ven a la pista ya.”
Cuando la vi llegar con lavandera llegó nostalgia. Subí al auto que me ha prestado un novato (solo le dije mi nombre y me llamó “leyenda”) Darcy subió conmigo y tomó entre sus manos la bandera negra. Pero al instante me miró extraño. Suspiro pesadamente y saco la bolsita con el polvo blanco. Ella niega con la cabeza.
Estoy orgulloso.


—Cuando estés arriba, míralos a todos. Solo míralos. Si hay algo inusual, hondeas la bandera. ¿Entiendes?


Ella asiente y se sienta en el respaldo del asiento. Las luces comienzan a moverse en indicación de “preparados…” tiro mi cigarrillo y me acomodo en mi asiento. Mirando a todos lados y tomando el volante con mis manos, apretándolo fuerte. “Listos….” Sonrío seguro de mi triunfo.
Fuera.
Este puto motor es un guerrero. Ruge salvajemente, y piso el acelerador. Darcy se levanta y extiendo la venderá justo encima de su cabeza para poder ver.
Observo solo el frente del camino. Desquitándome con el pobre acelerador. Siento que entre más rápido voy, menos problemas voy a tener. Increíblemente libre. Jodidamente satisfecho. Pasamos la línea de meta primero. Darcy grita, sabiendo que lo está disfrutando. Última vez “como los viejos tiempos”. Ya no volverán. Estoy seguro.
Ambos nos apeamos del auto, y levanto mis brazos, triunfante hacia el público. Todos gritan eufóricos y las chicas aún tienen esperanzas a que las lleve a un paseo. Estoy a punto de darme la media vuelta, pero veo a _______ en el público. Inmóvil y en estado de shock. ¿Qué mierda…? No puede estar aquí. No puede. Esto va a ser una jodida carnicería en minutos.


—Ellos ya no están. —Dice Darcy preocupada. —Será mejor que la corras rápido. Si no, va a salir lastimada.


Tomo su hombro y asiento. Salgo hacia el público, tomo el dinero de las apuestas y corro hacia donde está ella. Pero se echa acorrer hacia la salida. La sigo por el estacionamiento, ella grita un poco, pero la tomo de la cintura y la alzo sobre mis hombros. Sigue gritando. Corro hacia aquel maizal oscuro, en el cual la perseguí meses atrás. Cuando me temía.
La bajé, pero no la solté. La tomé de los hombros e hice que se hincara conmigo, para mantenernos ocultos.


—¿Qué estás haciendo? ¿Esa puta carta de qué se trataba? —Está tan molesta, que casi no la reconozco. —Sé un hombre y dime lo que quieres en la cara ¿vale? No mandes a Addy para que intente decirme lo que tú no puedes.
—________ tienes que irte. Te prometo que te explicaré todo luego. Aquí corres peligro.
—Ya no te puedo creer nada Justin. —Espeta. —O me explicas ahora, o te hago caso y me desaparezco. ¿Qué es eso de que mataste a alguien? ¿Te inculparon? Eres inocente…
—___________. —Antes de decirle la verdad, la tomo del rostro y la beso. —


Al principio se resiste. Pero luego se rinde en mis labios. La abrazo con fuerza y acaricio su cabello. El beso más apasionado que pude darle. No quiero que lo olvide. No quiero que no sepa que la amo de verdad. Gime en mis labios, pero sé que es de llanto. Puedo sentir sus lágrimas en mi piel. Al separarnos, me abraza con fuerza.


—¿Mataste a alguien? —Me pregunta, temblando en mis brazos. —
—Lorraine. Liz McLaren. —Digo con la voz seca. —Una bocona.


Me mira. Sus ojos llorosos llenos de miedo me lastiman. Se suelta de mi agarre y se levanta. Yo lo hago con ella, intentando sostener su mano. Pero ella no se deja. Solo dice “no” con la cabeza repetidas veces. Se cubre los labios con las manos y comienza a llorar antes de echarse a correr.


—_________, no. —La detengo fuertemente. —Mi amor, entiende. Fue hace mucho. Me detestabas en ese entonces.
—Me mentiste.
—Te dije que había matado antes…
—Dijiste que me amabas. Que me cuidarías. —reclama. —¿Esto es protección? ¿Esto es amor Justin?
—Lo es, por eso me voy. No quiero arrastrarte conmigo a esto, ¡entiende de una jodida vez!


Disparos y una fuerte explosión resuenan detrás de nosotros. Nos volvemos hacia allá y solo vemos humo saliendo de la pista de carreras. Tomo a ______ en mis brazos caemos al suelo.


—No te vayas a mover de aquí. Olvide lo demás y confía en mí. Volveré por ti. Lo prometo. —Y la beso rápidamente, antes de verla asentir con miedo y lágrimas, y me encamino hacia la pista. —Cuentas pendientes a punto de saldarse.



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¿Qué les pareció? A mi me pareció muy bueno,
muy cambiante, ah.
Giro dramático.

Canción apta para leerlo: Monster - Paramore


Falta poco para las vacaciones,
espero subir maratón pronto. Se lo merecen. :)

#MuchLove #AbrazosVirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 13


Las pinturas de la pared siguen donde mismo. Las fotos fueron cambiadas de lugar, pero siguen teniendo orden. Perfecto. Hay nuevas fotos de los recitales de Nancy, su hermana pequeña. Ahora debe de tener ya siete… ¿o eran ocho años? No recuerda. Casi no convivió con ella, dado a que siempre estuvo “recluida” en academias de baile. Y ahora que quiere verla, no podría, pues ahora Nancy es la prioridad de su madre. Todas las esperanzas están depositadas en ella, y no es porque sea la bendición o algo así. Desde el accidente y su enfermedad, su madre se ha vuelto más comprensiva de lo que era antes. Ahora por lo menos la ayuda a estudiar, o más bien dicho, la apoya. Casi no hay tiempo para verse.
Es día de familias. En el mundo, todos los fines de semana es casi obligatorio estar en familia. También era una tradición de su padre cuando residía en Italia, hace “millones de años”. Está sentada en el típico sofá gigante digno para el jefe de familia, y cruza las piernas, hundiéndose en el mismo, esperando a que su madre vuelva con su taza de té de melocotón. Patalea, golpeando el piso con sus tobillos, nerviosamente. Levanta la vista y ve a Justin sentado en el sofá de tres, situado justo en frente de ella.
Justin está relajado y mira hacia todos lados, como el típico visitante que revisa todo el lugar cuando lo conoce por primera vez. Sus miradas se cruzan y se regalan una media sonrisa. Justin estira sus brazos por encima del respaldo del sofá y se acomoda cómodamente. ¿Cómo es posible que no esté nervioso? Ella lo está. Aunque su madre los recibió muy bien y ha entablado pláticas interesantes. Se siente un poco paranoica, pero no puede evitarlo. Su madre se había puesto entre su relación cuando todavía iba a la Academia. ¿Será que también se ha ablandado su corazón respecto a las relaciones de su hija? ¿Qué dirá cuando se entere de que están viviendo juntos?
Cuando siente que la presión no puede ser más fuerte, su madre regresa con una bandeja que contiene tres tazas blancas, y una tetera de porcelana (la misma que siempre saca cuando hay visitas) se sienta justo en medio del lugar, lo que es un sofá de dos personas en frente de ellos. Coloca con cuidado la bandeja en la mesa y se sienta. Incluyéndose en el silencio.


—Así que… Ellie. —Justin, tan valiente como siempre, intenta iniciar de nuevo la plática con un tono dulce y de lo más educado. —Vamos a probar el té, para comprobar si es tan delicioso como su hija dice.


Él mismo se estira y toma la tetera, sirviéndose lentamente el té en su taza. Ignorando sus brazos llenos de tatuajes, se ve extremadamente elegante y bien portado haciendo este tipo de cosas, piensa _______ mientras que juguetea con una uña media rota que tiene en su meñique.
Al levantar la vista, su madre la mira con un intento de sonrisa aprobatoria que siempre ha conocido, pero que casi nunca ha tenido la dicha de ver. ¿En verdad está aceptando a Justin? Se vuelve a su novio, quien está aún más interesado por una foto que está situada en medio de la mesa. Serio, da un trago a su té y a ella casi le sale una trompetilla, seguida de una carcajada. Le parece algo gracioso que “Jason McCann” esté ahora sentado en una casa típica de la ciudad, tomando té de melocotón con esas tazas que parecen de juguete comparadas con sus manos.
Se estira y toma el suyo, con tres cucharadas de azúcar, y comprende que su madre ya no se preocupa exageradamente por ella, pues no le dice nada sobre el azúcar extra. Se vuelve hacia Justin, quien la mira también sonriente. No puede disimular su alegría al ver que su chica poco a poco va mejorando, aunque también sabe que no debe aprovecharse de su “recuperación” para volverse adicta al azúcar.


—Vaya, su hija se ve verdaderamente hermosa en esta fotografía. —Guiña Justin hacia ______, señalando una foto del centro de mesa. —¿Qué edad tenía?
—Oh, en esa foto tenía cerca de la edad de su hermana. Ocho años. —Ríe Ellie. —Estaba por presentarse en un festival de su colegio. ¿No se ve maravillosa con su vestido de mariposa?
—Mamá… —Reclama ______ poniendo los ojos en blanco. —Yo quería ser abejita. No mariposa.
—¡Y no has visto las fotos de sus recitales en su primera academia! —Ellie aplaude una sola vez y se levanta del sofá, dirigiéndose hacia el pasillo. —¡Vuelvo con los retratos!
—¡Mamá…!
—Si, estoy ansioso.
—¿Qué diablos…? Justin, de verdad no quieres verme de pequeña. No quieres. —_______ se levanta del sofá individual, para sentarse a lado de Justin. —Es bochornoso. Demasiado.
—Vamos, solo serán unas fotos. Las madres se sienten halagadas cuando se acepta tener sesiones de muestra de fotos de sus hijos pequeños. Solo quiero hacerla sentir cómoda ¿vale? No voy en contra tuyo.
—No pensaba eso… solo que sería muy bochornoso. —______ toma los brazos de Justin y comienza a hacer cosquillas en su piel. —Te ves realmente gracioso tomando té y mostrando todos tus tatuajes ¿sabes?
—Oye, la elegancia ante todo. —Se encoge de hombros y toma sus manos. —Mi madre me enseñó cómo impresionar a las damas. Pronto verás a lo que me refiero.
—¿Quieres que conozca a tu madre? —Pregunta ella, apretando aún más sus manos. —Dios, ahora me causarás un ataque de nervios.
—Hay ventajas. —Le recuerda. —Podrás ver mis fotos de pequeño.
—¡Acepto encantada!
—Te amo. —Susurra Justin acercándose a ella mientras acaricia con una mano su barbilla. —
—Mi mamá pronto vuelve… —Un beso fugaz. Inocente y tierno. Se separan un poco para que no llegue su madre y los descubra tan juntos. —Te amo.
—¡Encontré los álbumes de toda tu niñez!


Ellie se sienta en medio de ellos y abre el primer álbum. La primera foto es de un pequeño bebé casi sin pelo, que resulta ser _______ a los tres días de nacida. Con un trajecito de conejo color rosa, sin que hagan falta sus enormes orejas puntiagudas. En las siguientes páginas es casi lo mismo. Justin aprieta la mano de ________ por encima del respaldo.
Poco a poco el bebé sin cabello, comienza a ser una niña preciosa con dos coletas y un vestido color amarillo. En una está oliendo una rosa roja, en otra está bajo un árbol y en la última está recostada en el pasto. Ellie recuerda que fue una sesión de fotos que le hizo su padre. Meses después, el falleció. _______ reprime su nostalgia y se preocupa por las fotos que siguen a continuación.
Recitando un poema en la primaria, ganando un diploma de puntualidad, vestida de nuevo de mariposa, catarina, bailarina de ballet, y justo después aparece en las innumerables academias de baile que su madre quería. Pronto aparece en funciones importantes. Su cara se va haciendo más parecida a la ______ que ahora está sentada cerca de él. Y de pronto, a la vuelta a la última página del último álbum, hasta ver a la preciosa ______ que conoce. El fondo es la playa y ella está con unos lentes de sol, mirando hacia los turistas con una sonrisa. Sus curvas son notables, dado a que lleva un bikini verde. Su cabello es el mismo, su rostro es el mismo. Ella es la misma. Y Justin pronto se siente un tonto por no haber vivido todos los cambios junto a ella. Siente como si se hubiera perdido la mitad de la vida de su chica. Hubiera dado lo que fuera por haberla visto vestida de mariposa. Una tierna y adorable mini _______ cantando una canción acerca de las flores.
Levanta su vista y ______ está limpiando una lágrima de su rostro. Se vuelve a Ellie, y ella también está escondiendo su llanto. ¿Acaso es el único que puede quedarse sin drama? Aunque se siente triste por no haber visto crecer a su chica, no cree llorar por eso. Su madre siempre llora cuando él vuelve a casa. Sus hermanos pequeños lloran igualmente. Casi nunca lo ven. No puede tener una vida normal por miedo a que les pase algo a ellos. No puede dejarlos solos tanto tiempo.
Tiene seguro que pronto irá a visitar a su familia, cuando ______ esté lista. Quiere incluirla en todos los aspectos de su vida. No va a dejarla ir por nada del mundo.


***


El regreso a casa se vuelve un debate entre los mejores disfraces que se vieron en la noche. Ganó la mariposa. Ambos decidieron no decirle a Ellie sobre el pequeño detalle de que viven juntos. Esperan que para la siguiente visita de nuevo esté de buen humor. Al despedirse, no le dijo “joven” sino “Justin”. Eso debe ser una buena señal.
La lluvia ha cesado, y con el pequeño detalle del campo de flores, y la visita con su madre, ______ se siente mejor al respecto de su salud dañada hace varias horas, y la inesperada llegada de Christian. Pronto llamará a Dina para exigirle una explicación. Pero no ahora, no quiere arruinar su buen humor.
Toma un baño con agua caliente y se coloca su pijama que consiste en un pantalón de tela delgada y una blusa cualquiera, que le queda demasiado floja. Se pone sus pantuflas, y se hace un moño desordenado. Entra a la habitación de Justin se sienta en la cama, esperándolo con su portátil en las piernas. Cuando el chico sale, no puede evitar notar lo guapo que se ve. Sus pantalones de chándal, y solamente eso. Su cabello desordenado y húmedo por la ducha. Puede oler la loción. Este chico es absolutamente fantástico.
Ambos se colocan entre las sábanas y encienden el ordenador, conectando el teléfono de Justin, donde están guardadas las fotos que tomaron esa misma tarde en el campo de margaritas. _______ saca de su bolsillo cuidadosamente un estuche gris del tamaño de su mano. Lo abre y saca unos anteojos con el contorno negro. Se los coloca y se vuelve hacia Justin.


—¿Te gustaría una novia que tiene problemas de visión?
—Sabía que usabas lentes de contacto, los noté varias veces, pero… ¿en verdad? Te ves mucho mejor con anteojos. —Justin levanta un poco los anteojos de ______, observa, y los vuelve a poner en su lugar. —Sip. Mucho mejor.
—Casi no los uso. Los lentes de contacto cubren cerca de diez horas y es el único tiempo que los necesito. Pero ahora creo que me gustaría descansar y solo colocármelos.
—Cuatro-ojos.


Comienzan a revisar las fotos, y ______ va redactando la idea del lugar. Pronto escuchan la lluvia de nuevo, y el ambiente se relaja aún más. Justin sirvió de modelo en algunas fotos, y hasta accedió a parecer uno de ésos chicos de campañas publicitarias que parece que no tienen ningún problema en su vida. Se ve sonriente, seguro y atractivo. Pronto, ella se arrepiente de no haberle ofrecido posar sin camisa. Broma interna. Ríe por lo bajo y continúa trabajando.
Al terminar de redactar la idea del trabajo, lo manda al correo de Marco, su compañero. En algunos minutos recibe un simple “Genial, ya lo reviso”. Suspira de alivio y cierra el portátil apoyándose en el hombro de Justin.


—Va a salir bien. —Dice él, a lo que ella asiente. —


Su teléfono comienza a sonar, y corre por la habitación y el pasillo hacia la suya. Toma el teléfono, que ha dejado de sonar y el identificador solo dice que es privado. Lo deja en el buró de nuevo y al instante comienza a sonar de nuevo. En forma de mensaje. “Voy a marcar y quiero que me contestes. Debemos hablar. Christian”
De nuevo vuelve a timbrar el teléfono en su mano. Suda algunos segundos en contestar y rechaza la llamada. Deja el teléfono de nuevo en el buró y se encamina hacia la habitación de Justin de nuevo. Al dar tan solo unos pasos, el celular vuelve a sonar.
Bufa y corre a contestar de una buena vez. Suspira entrecortadamente y pulsa el indicador verde.


—Está bien, habla. —Dice directamente al colocar el teléfono entre su oreja y mejilla. —Vamos, querías hablar ¿no es así?
—¿Te gustaron las flores? —Pregunta Christian del otro lado de la llamada. —Pensé en darte rosas, pero son muy formales. Yo quería algo tipo… “mejórate pronto”.
—Están muy bonitas, gracias. —________ se aclara la garganta y prosigue. —Me agradan las margaritas. Muchísimo. Pero dejando de lado todo esto… Dina te dio mi número.
—Exacto. —Responde él. Casi puede ver su sonrisa. —
—No me molesta que te preocupes. Creo que fui algo cerrada contigo. —Se disculpa al sentarse en el colchón. —Te pido una sincera disculpa.
—Yo también me disculpo, por se ron fenómeno. —Ríe un poco. —Tú sabes… casi te acoso.
—Bueno, de verdad que sí, muy cierto.
—Bueno, solo quiero decirte que si representas una amenaza. Que quiero ponerme de tu lado porque me gustaría verte ganar esta cosa. Así que… pelea limpia. Relación de trabajo. ¿Está bien?
—Excelente.
—Nos vemos el lunes.
—Dalo por hecho.


Al colgar, se siente más animada. Da un suspiro de alivio y se dirige hacia la habitación de Justin. Él está tecleando rápidamente en la computadora y la apaga rápidamente cuando la ve entrar. Le sonríe y estira su brazo, hacia ella.
________ sube a su lado lo abraza con fuerza, en silencio y escuchando la lluvia hasta quedarse dormida. Justin la observa y se siente triste y culpable. Pronto una verdad podría salir a la luz, y todo se podría derrumbar. Tanto, que no podría llegarse a reconocer a sí mismo.


--------------------------

Volvemos al misterio. ¿Qué será?
Sin spoilers, ah kldsnkls
Tare, trabajo, y más tarea son las causas de mi ausencia.
Gracias a Dios hay vacaciones en dos semanas *-*

Que tengan una linda semana, espero
subir más capítulos para el jueves o el viernes. :)

#MuchLove #AbrazosVirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
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*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
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Mafer.

  • 171 days ago via site
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Stuck In The Past


Capítulo 12


—Primera semana de trabajo y me enfermo. Soy patética. —Me repito una y otra vez mientras me miro frente al espejo contemplando mis labios secos y mi cara pálida. —Tengo que resistir la presión. No hay otra forma.


Y así me quedo un momento, observándome en el espejo, intentando molestarme conmigo misma para poder echarle más ganas y recuperarme. Pero no. no puedo echarme la culpa por algo natural que pasa con el cambio de rutina. Así no se puede. Así que lo que hago es meterme en mi bata y entrar a la ducha para un largo y relajante baño, que según yo, duraría una hora, pero ni relajarme pude. Así que salí rapidísimo y noté mucho mejor mi rostro, ya no tan cansado. Solo mi cabeza dolía un poco y la fiebre bajó desde en la madrugada. Por suerte es sábado y no tengo que ir al trabajo. Me encantaría dedicarme a algo que me haga olvidar ese dolor, pero Lidia me dijo que no tardaría mucho en quitarse. Miro el reloj y son las nueve y diez de la mañana. Camino lentamente por la habitación, para no hacerle ruido a Justin, quien está acostado en mi cama sumido en un profundo sueño.
Pobre chico, pienso compadeciéndome y odiándome de nuevo. Si no fuera por mí, el estaría bien, pero tuve que acceder a que se hiciera cargo de mí y por supuesto se durmió hasta que yo ya no tuve conciencia para hacerlo quedarse despierto aún más. Supongo que no lleva ni una hora de dormir, pues se ve muy cansado.
Tomo mi bolso y comienzo a hacer apuntes sobre los posibles lugares en los cuales puedo investigar sobre algo llamativo para el trabajo. No se me ocurre nada. Me piden que haga algo así, algo que atraiga a las personas como si fueran completamente una revista con énfasis en turismo. Estoy frustrada y así no puedo siquiera pensar bien las cosas. Haré que me duela más la cabeza.
Voy hacia el refrigerador y veo la nota pegada con la letra de Lidia justamente en el centro: “Ignora la chatarra. Solo vegetales por ahora”. No hay humor en mí en este momento, pero aún así tomo solo jugo de manzana frío. No es natural, pero se me apetecía. Y no creo que me haga mucho daño. Voy hacia la habitación de nuevo y tomo de mi buró mis tabletas de hierro e ingiero solo una. Espero que funcione.
Justin entre sueños se da la media vuelta y estira los brazos, intentando encontrar algo. Cuando no lo encuentra, abre los ojos lentamente y se vuelve hacia todos lados, luego me mira. Abre los ojos por completo y se levanta rápidamente mirándome preocupado.


—¿Te sientes mal? —Pregunta con un tono bajo que solo puede lograr estando recién despierto. —Te noto mejor. ¿Estás mejor?
—No, no… estoy bien Justin. Duerme de nuevo. —Hago que se siente de nuevo en el colchón y tomo sus manos. —Estoy de maravilla, gracias a ti y a Lidia. En verdad no sé que haría sin ustedes.
—No es nada, me sacaste un susto de muerte. —Las últimas palabras las dice bostezando y apenas logro comprender. —Estoy bien después de esa siesta.
—Sigue dormido, yo iré a visitar a mi madre, y después iré a buscar algún lugar interesante para mi reportaje. —Tomo su rostro en mis manos y le doy un beso ligero. —Duerme ¿vale? Mereces descansar.
—Descansaré cuando muera. —Se pone de pié y corre hacia su habitación con más energía que antes. —¡Tomo una ducha y te acompaño con tu madre! —Grita desde su habitación y de pronto silencio de nuevo. —


Estoy a punto de decirle que no, que se quede en casa pues lo necesita. Pero sé que discutir con Justin solo tiene una salida, y esa salida es perder. Sus argumentos siempre me convences y sé que no será excepción esta vez. En vez de quejarme, tomo mi cabello en una coleta y me pongo unos zapatos de piso que combinen con mi atuendo. Paso al cuarto de Justin y me siento en su cama. Estiro mis brazos y me dejo caer para atrás. Justo en el acolchado, el cual es muy cómodo. Cierro los ojos y subo hasta las almohadas y las abrazo con fuerza, inhalando el aroma entre limpio y el perfume de Justin. Mi respiración comienza a ser menos rápida y estoy a punto de quedarme dormida de nuevo.
La mano de Justin recorre mi espalda y me hace cosquillas. Río y me incorporo. Ambos nos sentamos y el me rodea con sus fuertes brazos. Me besa por todo el cuello y la cara. Acaricio su brazo y abro los ojos. Tiene nuevos tatuajes desde hace seis meses. Tal vez demasiado nuevos y no logro distinguir dónde termina uno y comienza otro. Delineo el contorno de cada dibujo con mi dedo índice lentamente. Siento su aliento en mi piel tan cálido y tan tierno. Se ha lavado los dientes recientemente y logro percibir el olor a menta. Juguetea con mi oreja y mi piel se eriza y río fuerte. Él también ríe y me abraza con más fuerza. Nos recostamos en la cama y nos besamos por un largo rato. Al terminar nuestra sesión, solo nos miramos y así abrazados, conversamos sobre mi salud y sobre el plan de salir hoy. Llegamos a la conclusión de que debo dejar descansar a Justin, estar tranquilos y disfrutar lentamente del momento. Él se queda jugando con mi cabello y yo sigo delineando sus tatuajes.


—Quedarnos fue la mejor idea. —Comento después de casi una hora de no decir frase larga alguna. —¿Justin?


Me vuelvo. Justin está completamente dormido. Suspiro y me quedo observándolo durante un tiempo. Al fin está relajado. Le di su tiempo, y ahora debo darle su espacio. Delicadamente me muevo, para dejarlo dormir tranquilo, pues lo merece. Cuando hago el primer movimiento, sus manos en mi cintura aprietan más.


—No te vayas…—Susurra con lo ojos cerrados. —


Cierro los ojos y aprieto los dientes. Me acomodo de nuevo a su lado y sigo acariciando su piel, hasta que sé que está completamente dormido, dado a que su boca está abierta y salen ronquidos graciosos desde su garganta. Perfecto e imperfecto. Hasta ahora me doy cuenta de que eso existe. Estamos juntos por eso. Sin pena, sin arrepentimientos y sobre todo, siendo nosotros mismos, intentando convivir normalmente como una pareja cualquiera. Y me parece bien. Será loco, pero me he imaginado el resto de mi vida con él. Dicen que cuando te imaginas tu vida con alguien, es porque de verdad quieres que funcione. Estás completamente enamorada (o enamorado).
Hemos estado en la salud y en la enfermedad, ahora puedo decirlo. ¿Eso no es el amor? ¿Eso no es estar sin penas ni arrepentimientos? Al diablo con Christian. Aunque sea alguien especial sin saberlo, nunca llegaré a sentir algo tan fuerte por él, o por algún otro chico que no sea Justin. Es mi primer amor y ésos nunca se olvidan.
Qué bonito es que el primer amor se quede para siempre.
No hay segundo.
Mucho menos tercero.
El amor puro, inocente y apasionado del primero siempre se queda. Queramos o no.


***


—Imagina abrir tu puerta y que hayan dejado un cadáver en ella. —Imagino después de ver una película de terror. —Sería asqueroso, pero no pensarías en ello, pues morirías del susto.
—Por lo menos le hacemos compañía al bastardo que ha muerto. —Opina Justin mirando hacia el techo con las manos detrás de su nuca. —Creo que si me daría miedo, pero si está en estado de descomposición imagina el terrible olor.
—Imagina el cadáver de un perro. —Bromeo asquerosamente y observo la reacción graciosa de Justin. —¡Está bien lo dejo estar!
—Me parece lo mejor que podrías hacer. —Suspira, quitando su gesto de asco. —Creo que no volveré a comer carne en mi vida.
—Sabes que mientes.
—Si, lo sé.


El timbre resuena en toda la casa. Tomo a Justin del brazo y me levanto apoyándome en él. Gano el turno para atender. Corro hacia la puerta y cuando la abro lo único que veo es a alguien sosteniendo un arreglo grande de margaritas de colores.


—¿Disculpe..? —Pregunto al mismo tiempo de que se bajan las flores un poco y me dejan ver el rostro de aquella persona. —Ay.
—Es un gesto de compañero ¿vale? —Se defiende Christian. —Dina me dijo que le mandaste un mensaje esta mañana diciendo el motivo por el cual no te despediste ayer. Me contó, hurgué entre tus archivos y…
—¿Hurgaste en mi expediente? —Pregunto casi gritando. —Acepto que en un buen gesto, y lo agradezco, pero no tenías que hurgar si no sabías. Es muy grave. Aunque seas el hijo del señor Kingston.
—Lo tomaré como algo bueno.
—No deberías… —No soy yo. Es Justin, me vuelvo y está detrás de mí, cruzado de brazos y la sonrisa de hace rato se ha desvanecido, formando una mueca de odio. —Sé que _____ agradece tu preocupación, pero es hora de que te vayas, tenemos mucho que hacer.
—Saludos Justin. —Christian sonríe de lado. Hoy lleva su piercing. —Espero que tu chica esté mejor, estaba preocupado. Aún porque pensé que tenía que ver con lo que platicamos ayer. Pero como veo que no… un gusto. ¿Puedo pasar para dejarlas en algún lugar?
—Yo lo hago… —Digo, pero Christian me hace un lado casi literalmente y pasa para dejar el arreglo en la mesa de la sala de estar. —
—¿Es todo? Te puedes ir. —Presiona Justin acercándose peligrosamente a él. —Buen gesto.
—No gesto. As bajo la manga.


Sin decirse nada más, Christian sale, me sonríe y se va. Justin en un instante se queda mirando hacia la puerta para evitar que si regresase, pudiera entrar de nuevo con tanta confianza. Camina hacia la puerta y la cierra de golpe. Se vuelve hacia el arreglo de flores y se queda en silencio.


—Sabe que te gustan las margaritas. —Murmura casi para él. —
—Lo adivinó. Creo. —Digo. En un instante me arrepiento al ver que Justin no lo tomó muy bien. —Tal vez lo hizo al azar.
—Tengo un lugar que mostrarte. —Dice como si lo de antes no hubiera pasado. —Toma tus cosas y te espero abajo en un momento.


Dudosa, camino hacia mi habitación y tomo mi teléfono y mis pastillas. Las meto en una pequeña bolsa y bajo hacia el estacionamiento, donde Justin me espera en el auto. Subo y me vuelvo hacia él. Tiene la vista fija al frente.


—Por un momento pensé que quien tocaba la puerta era un cadáver... —Bromeo, intentando hacerlo sonreír. —…de un perro.
—No estabas tan equivocada nena. —Sonríe y enciende el auto. —Olvidemos eso.


Durante el camino no hablamos de mucho, pero tampoco siento el ambiente denso. Completamente diferente y mucho mejor. Es cómodo. Me quito mis zapatos y miro mi reloj. Falta poco para las seis. ¿A dónde vamos? Miro por la ventana y poco a poco la ciudad desaparece frente a mis ojos. Poco a poco es todo mas rural y lleno de naturaleza. Veo la playa por el rascacielos y pronto desaparece, pues viramos en una curva y ya no hay vista de nada más que naturaleza.
Frente a mis ojos, un campo con destellos blancos aparece y me cubro la boca de sorpresa. No dejo de repetir “Por Dios, por Dios…” hasta que Justin aparca el auto a un lado del camino. Ambos bajamos al mismo tiempo, me paro justo donde los destellos blancos aparecen. Es una pradera llena de margaritas. Justin me toma de la mano y comenzamos a caminar lentamente hacia dentro de ese manto un poco alto de flores blancas y pasto verde.
El cielo está entre un color grisáceo, y azul, dado a que está soleado hacia el lado del atardecer. Es una tarde extraña y me parece lo más bello que he visto en la vida.


—Ni siquiera un ramo de margaritas de ese individuo se compara con esto. —Dice Justin, completamente orgulloso de su gesto. —Oye, perdona. Es muy celoso de mi parte, pero de verdad ese tipo es una amenaza y no te voy a mentir.
—No es una amenaza. Es un… bueno, no sé que sea, de verdad. Pero no creo que haga competencia contigo. Y no pienso hablar más del tema, es innecesario.


Sin decir nada más, Justin me abraza por detrás y nos quedamos observando un tiempo el atardecer con las flores, y colores de todo tipo de tonos. El lugar es precioso y creo que será uno de los que consideraré para el trabajo. De un momento a otro llega una tormenta algo fuerte, y tenemos que correr hacia el auto entre risas. Definitivamente el mal paso se ha mejorado y la visita de Christian se convirtió en una ventaja.



-------------------


¡A sacarle ventajas al Christian!
Ahq.

Nota: He aprendido a no dar spoilers :)


#MuchLove
#Abrazosvirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 11


El parque está solitario. Solo está él y su periódico de esa mañana, que en pocas horas pasará a ser historia, dado a que ya es de madrugada. Hojea rápidamente hasta encontrar la nota que necesita para su papel tapiz. Es una obsesión que no puede controlar.
“El caso de la prostituta conocida como Lorraine sigue sin resolverse a casi nueve meses de haber ocurrido. Este enigma cada vez está peor, esperemos que pronto salgan pistas nuevas sobre este acto macabro que aterró a…”

Siempre lo mismo. Las mismas palabras de reporteros interesados y de entrevistados confundidos. Nunca encontrarán nada interesante y será su gran hazaña. Lorraine o más bien dicho Liz McLaren puede pudrirse en el infierno como siempre aspiró a hacerlo en la vida.
La noche es más bien fría y los nubarrones amenazan con una tormenta que tal vez pase, debido al aire fuerte que espanta todo el cielo gris. Solo pretende esperar a cierta hora para marcharse antes de que los policías del parque lo encuentren. Sería demasiado obvio. Nadie se atrevería a pasar por ese parque en la madrugada y con ese clima. Solo en autos que no se detienen a observar nada.
Sigue libre después de todo ese asunto y sigue haciendo lo de siempre. Buscando nuevas víctimas. Está muerto de ganas de conseguir otra víctima. Eso hacen los asesinos. Tienen ganas de más, y más hasta que sienten que es suficiente. Cosa que no pasa nunca a no ser que los atrapen.
Pero no.
Nadie ha dado con él.
Nunca lo harán.
Suelta una carcajada seca antes de doblar el periódico por la mitad y se levanta de la banca de metal helado. Comienza a caminar sin rumbo. No tiene lugar preciso al cual ir. Se siente solo a veces en su faceta de persona normal. Pero ahora más que nunca necesita venganza. Dicen que Jason McCann casi ha desaparecido de la lista de los más buscados. No por la policía. Sino por los matones que tenían cuentas pendientes con él. Aún así quiere golpear a ése bastardo. Y mucho más a Joe. Ahora que se supone que los dos son muy amigos de nada le sirve la pelea. O eso han dicho ¿no están de acuerdo? ¿Ah? Pues no es su problema. Pronto habrá una masacre en donde él descargará todo el rencor que le tiene a todo ese bando de imbéciles. Sus chicas, su familia y por último ellos. Todos van a pagar porque si.


***


—Margarita, veo que te ha tocado trabajar con Marco. Es buen chico, estuvo conmigo en la primaria. —Dice Christian durante el descanso del viernes. —¿Vas a seguir ignorándome?
—¿De dónde sacas que me llamo Margarita? Tú bien sabes que mi nombre es _______ así que por favor, si fueras tan amable. —Contesta molesta cuando toma una rosquilla de fresa del mostrador. —Tengo que correr, aún tengo que trabajar.
—¿Tienen alguna idea de sobre lo que tratará su reportaje? —Pregunta el chico al tomar una rosquilla igual a la de ella. —El mío será sobre… patos.
—No pienso decirte. No confío mucho en ti a decir verdad. —Ella ni siquiera lo mira a los ojos. Solo avanza hacia la caja y saca su cartera. —
—Déjalo. —La hace a un lado, casi aventándola, y él paga dando su tarjeta de crédito a la chica que está en la caja. —Lo de ella también.
—Mierda, no. —Demasiado tarde. La chica ha pasado la tarjeta y tecle varias veces. —Debiste haberme dejado pagar mi parte. No me debes nada.
—Soy un caballero. No lo entiendes porque tú eres una nena, querida Margarita. Y nunca podrás ser un caballero. Así que resígnate y sé una dama.
—Insistes en llamarme margarita. Odio eso. No tienes siquiera el valor de decirme por qué me nombras de esa absurda manera.
—Tienes cara de que te gustan las margaritas. —Señala él antes de darle un trago a su café. O soporta mucho lo caliente, o finge no haberse quemado la lengua. —Saliendo del trabajo te invito una. Helada. Es viernes.
—Odio el alcohol. —Miente. Casi nunca lo ha probado, pero tampoco le encanta. —No tiene nada de interesante este viernes. Y mañana tengo que madrugar de nuevo, visitaré a mi madre.
—Vale. No hablo de las bebidas. Te he tomado el pelo. —Sonríe Christian tomando de nuevo a su café. —Hablo de las flores. Tienes cara de que amas las margaritas.


Su santa madre… ¿hay cámaras escondidas en su pequeña oficina de cuatro? ¿Cómo mierda sabe que le gustan las margaritas? Ese chico es aterrador. Mira su sonrisa con la marca del piercing ausente en la comisura de su labio. Su aliento huele a café. De seguro si se ha quemado el imbécil. Ríe por lo bajo, pero parece que a él no le importa mucho, pues sigue mirándola fijamente. Le gustaría seguir peleando por nada porque es divertido. Pero se ha quedado muda.
Justin la conoce de casi un año y no sabía que flores le gustan. Christian tiene cinco días en su vida y conoce mucho de ella sin hablarle. Ha de ser un espía. O tal vez solo lo dijo como broma y sin querer adivinó. Como sea, no le dará a conocer que ha acertado. Solo se vuelve hacia otro lado y comienza a caminar hacia la salida.


—Gracias por el desayuno. —Musita. —
—No hay porqué agradecer. —La alcanza y camina junto a ella. —Margarita Lombardi. ¿Me puedes decir por qué me evitas?
—Porque no estoy segura de querer no evitarte. —Se explica insegura. Casi hablando para sí misma. —No nos conocemos de nada y no me apetece conocerte. No puedes llegar y actuar como si quisieras ser mi dueño o algo así. ¿Crees que no me dolió que mi novio se molestara por juegos tuyos? Mi vida no ha sido fácil y te agradecería que lo dejaras así. Solo compañeros de trabajo. Por favor.
—Te voy a decir algo importante. —Interrumpe Christian hablando un poco más bajo, pues las personas a su alrededor no deben ser espectadores. —Aunque no lo creas, mi vida ha sido una reverenda mierda _______. Mi padre me presiona para hacer esto y no estoy seguro de encajar. Yo quiero ser de otra rama de la revista. Quiero ser un jodido modelo ¿vale? Me parece mejor que estar detrás de la cámara como un ser inexistente. Sin ofender, es mi opinión. —Suspira. _______ está a punto de hablar, pero él la interrumpe de nuevo. —Y llego a mi trabajo, y me encuentro con una chica que está entregando todo por conseguir su puesto y me siento una mierda por ser el hijo del director y suponer que tengo ventajas. Te miro y por lo menos quisiera ser amable.
—¿Amable con la chica que vas a desplazar hacia un lado?
—Lo último que quiero es apartarte de tu sueño. —Parece que lo dice en serio… —Me siento mal por esa chica valiente que siempre muerde su labio o su dedo meñique cuando está nerviosa. Esa pequeña que siempre elige una rosquilla de fresa y un café americano para el almuerzo. —Señala con la mirada su menú chatarra, y ella casi sonríe. —La chica que tiene en sus ojos un pasado terrible. La chica que se sonroja cuando llega su chico por ella todos los días después del trabajo. Esa chica que da todo de ella por lograr conseguir algo que quiere.
—No es tu problema. —Termina ella cayendo en desesperación. —No me gustaría lastimar a nadie, pero me asustaste Christian. Con tus “métodos”. Fuiste muy directo conmigo y yo… Justin fue así cuando nos conocimos.
—¿Tu novio?
—Ajá. —Asiente. —Es exactamente como tú. Es un maldito desastre. Y me da miedo que tú lo seas también.
—¿Tienes miedo de que yo te guste ______?
—No.
—No deberías.
—Ten un buen día.
—Igualmente Margarita. —Contesta él con una sonrisa triunfante. Aunque ella ya no lo está mirando. —Mis métodos…


No hubiera soportado dos minutos más con ese discurso. No lo siente falso, pero cree que no fue del todo honesto. Aunque acepta que él ha acertado en todos los aspectos. Se ha mordido la uña por nervios desde que tiene tres años. Ha sido mucha presión en su vida y por un momento lo entiende. Sus historias casi son iguales. Sus padres forzándolos a hacer algo que de verdad no les gusta mucho. Le gustaría darse la media vuelta y contarle todo. Pero no lo cree prudente. No quiere que lo malinterprete. Ella no siente nada especial por él. Solo una mezcla de admiración, pena y miedo.
Se queda en las nubes el reto del día y a las tres en punto recoge sus cosas y corre a la salida. Donde Justin está esperándola en el auto. Ella alza la vista y ve a Christian de nuevo haciendo su rutina. Piercing, sube a la moto y la enciende. Y como siempre la mira. Solo que ahora no le sonríe. Alejan la mirada al mismo tiempo y hacen su rutina de nuevo.
________ sube al auto y le da un beso a Justin. Sip. Las mariposas siguen ahí. No tiene que preocuparse. Él es el chico. El indicado. Aún quiere quedarse en sus brazos siempre. Mira por el retrovisor y Christian ya no está. Tiene todo el fin de semana para sacarse esa conversación de la mente.


—Te veo algo mal… —Observa Justin. Rápidamente toca la frente de la chica y la quita al cabo de unos segundos. —¿Te duele la cabeza?
—No.
—Bien, vamos a casa y si te sigues sintiendo mal, llamamos a un médico.
—Justin.
—¿Qué pasa?
—Te amo.
—Oh, nena. —La rodea con un brazo y la atrae para un beso en su frente. —Yo también te amo.


El trayecto a casa es más o menos caótico. Siente que va de mal en peor con su salud. No sabe si es por la discusión o solo porque ya le tocaba un buen resfriado. Tal y como su madre decía, los resfriados llegan cuando vas a crecer. Pero casi cumple veinte. ¿Ya dejó de crecer no? Se debe preocupar. Se envuelve a sí misma en sus brazos e intenta olvidar los escalofríos. Al entrar a su casa, el aire acondicionado la hace sentirse peor.


—Amor… —Murmura temblorosamente. —¿Podrías apagarlo? Estoy muy mal.
—¿Apagar qué?
—Necesito… —No puede articular más, pues sus ojos se cierran un segundo y rápidamente lo abre. —Me siento muy mal.
—Ven, dame eso. —Dice Justin quitándole su bolso y dejándolo en el sofá de la sala. —Vamos a tu habitación y en un momento apago eso.


La carga hasta su habitación. La recuesta en su cama y saca del clóset una sábana color verde menta y la coloca sobre ella. Cubriéndola. Se acerca, acaricia su rostro y besa su frente. Ahora si siente que su piel está ardiendo. Se aleja rápidamente y corre a apagar el motor del acondicionado. Corre hacia su habitación y toma la carpeta que Lidia le dio. En una esquina, sujeta a un clip hay una tarjeta con su nombre y número. Marca rápidamente y espera. Hasta que contesta y le dice casi gritando que _______ tiene mucha fiebre y que la necesitan ahora. Ella rápidamente pide la dirección y en menos de dos minutos cuelgan.
Regresa a la habitación y encuentra a ________ recostada en posición fetal en su cama. Temblando mucho. Corre hacia el baño y abre el pequeño botiquín que tiene casi vacío. Po suerte hay alcohol. Toma la botella y moja una toalla pequeña con el líquido. Lo coloca en la frente de _______ y se recuesta a su lado.


—Siento que no sea un profesional… pero mi madre hacía esto conmigo cuando me enfermaba. Espero que sirva.
—Gracias. —Responde débilmente. —Tengo mucho frío. Necesito un baño. Y una cobija más gruesa.
—Eso solo hace más daño. —Recuerda Justin. —Lidia viene en un momento. ¿Crees soportar quince minutos?
—Tal vez esté dormida cuando llegue. —_______ toma su mano y no la suelta. —Quédate conmigo.
—No iré a ningún lado, linda. Nunca.

Se quedan en silencio esperando. A los diez minutos, _______ se queda dormida. Justin no quisiera estar alejado, pero si la abraza, la temperatura no bajaría. O eso más o menos le han explicado. No es un profesional, claramente. Pero no quiere hacer nada dudando. No quiere hacerle daño. Solo quiere protegerla. Ella merece todo lo bueno del mundo y él no la privará de eso mientras estén juntos.
Lidia llega justo a los quince minutos de la llamada. Llega con su equipo de enfermera y rápidamente coloca algunas toallas con alguna extraña medicina en el estómago, frente y pecho de ______, por mientras de que ella despierta. Durante su sueño la ve inquieta y con el ceño arrugado. Daría todo por quitarle ese sufrimiento. Ve sus manos temblorosas. Su piel aún más blanca. Sale de la habitación al pasillo y cubre sus ojos con sus manos. Limpiando sus lágrimas. No entiende porqué tiene miedo, si ella estará bien. Es una fiebre pasajera. Lidia lo ha dicho. No tiene porqué preocuparse. Su nena seguirá allí cuando termine de sentirse mal.
Cuando _____ despierta, Lidia le da una cápsula y le dice que espere a que haga reacción. Sale de la habitación y Justin entra. Se recuesta con ella de nuevo y le sonríe mientras juega con su cabello. Ella está mucho mejor que antes, aunque no del todo. Por lo menos no tiembla ni habla rápido. Sintió tanto miedo, que ahora parece ridículo. Teme perderla.


-----------------


Volvemos con el problema/misterio de antes.
¡No lo olvidé! ¿Ven? Ah.

dskfnkdls


#FelizViernes (mañana es viernes) kdlnsfkds
#AbrazosVirtuales



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Mafer.

  • 183 days ago via site
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Stuck In The Past


Capítulo 9


Abrocha su cinturón de seguridad y se acomoda el cabello hacia un lado. Cuando han dado la primera vuelta, doblando la esquina, se siente más relajada. De verdad que se puso muy tensa con esa situación de Christian. Es un chico demasiado seguro de sí mismo, y eso le asusta. El simple hecho de que la primera vez que hayan hablado haya dado varias indirectas, la hace sentirse aterrada. Se vuelve hacia Justin y se tranquiliza un poco. Si es que Christian intentara ser un patán, sabe que no estaría sola. Su novio estará allí para ella en todo momento.
Aclara su garganta y revuelve las cosas en su bolso, intentando buscar algo, lo que sea. Recordando que la primera vez que vio a Justin, éste le plantó un beso increíble. Odiaría a todos los chicos creídos y con demasiado ego, quienes piensan que son dueños de todo el mundo y van por la galaxia, pero aún así no estarían a su alcance. Ni ella para ellos, ni ellos para ella. Hay muchas diferencias. Los chicos así no consiguen nada especial ni siquiera intentando de volverse tranquilos y dejarla primero que nadie más en su bruta vida. Claro, que como en todos los casos, hay excepciones. Excepciones demasiado claras. No es nadie para poner límites y aunque esté abierta a nuevas experiencias, debe tener prioridades. Pero Justin sería su única e inigualable excepción.


—¿Cómo te ha ido en tu primer día? —Pregunta rompiendo el silencio que se proyectaba desde que ella abordó el auto. —Deseo saber cada detalle.
—Bueno… —_______ deja su bolso entre sus piernas y suelta su cabello para volverlo a tomar en un moño alto. —Digamos que no fue muy dinámico. Solo nos explicaron lo básico y desde el primer día siento que estoy en problemas.
—Eso pasa siempre. —Estira la mano y le da unas ligeras palmaditas en la pierna. —Pero creo que estarás bien, el primer día es el más confuso.
—Bueno, dado el hecho de que debo trabajar contra el hijo de mi jefe para tener el puesto de fotógrafa general… digamos que cuenta como un grave problema.
—Esos imbéciles ni siquiera tuvieron que estudiar. —Justin aprieta más el volante, se pueden notar sus nudillos tensos. —
—Lo que me reconforta es que el público decidirá quien es el ganador. —Se encoje de hombros. —Espero que todo esto sea honesto, si no, no sé que voy a hacer.
—Sabes que podemos contar con el magnífico Joe Weed que hace trabajos sucios. —Guiña graciosamente y después se vuelve. —Es broma.
—No es muy divertido… —Duda ______ pensando en los problemas en los que se ha metido gracias a tener que salir con alguien con amistades un tanto peligrosas. —Me alejo de todo eso, después de que casi muero en cada cita contigo, prefiero todo por separado.
—En mi defensa todo está más tranquilo. —Plantea Justin aparcando el auto cerca de la acera. Un restaurante con un nombre un tanto exótico, aparece a su lado. —Bueno, justo como prometí, hay una mesa lista para nosotros en este lugar.
—Me parece bien. —Asiente la chica sonriendo hacia su novio. —¿No es demasiado elegante?
—Lo probaremos. Mírame. —Estira sus brazos y deja ver un poco su atuendo que consiste en jeans oscuros y una camisa azul oscuro, casi color negro. —Si me llegan a llamar la atención, no sería una buena idea. Como siempre, tú eres la refinada en esta relación.


________ ríe por lo bajo y observa su atuendo un poco más elegante que el de Justin. Verdaderamente si hay normas de vestimenta, si uno de los dos logra entrar, sería ella y no Justin. Éste toma la barbilla de su chica y la guía hacia sus labios para regalarle un beso pequeño.
Baja del auto y rodea rápidamente para abrirle la puerta a ______. Ella observa detenidamente el atuendo ahora más visible de su novio. Sonríe. Justin es una de esas personas que se pueden ver elegantes si actúan como tal, aunque traigan el pijama puesto. Cada vez se siente más atraída. Ambos entran tomados de la mano justo después de verificar que el auto está en un sitio seguro. Se detienen frente a la recepcionista y les indica su mesa. Ambos toman asiento y toman las cartas. Llega el momento de ordenar y ambos piden un plato de espagueti con salsa de tomate. El camarero llega con dos vasos de agua, de cortesía para la espera. _______ juguetea con las flores del centro de mesa azul que está elegantemente adornado para la mejora de la vista en el lugar.


—¿Me ayudarías a buscar un lugar especial? —Pregunta al soltar la flor. —Es para el reportaje. No me han asignado muy bien a los editores, pero prefiero ir con ideas.
—Bueno, el lugar más especial sería mi cama. —Sonríe y hace sonrojar a la chica. —No me digas que miento, dulzura.
—No puedo comentar al respecto. —Musita _____ intentando cubrir sus mejillas sonrojadas con la servilleta de tela que se encontraba acomodada de forma triangular en la mesa. —
—¿Te he dicho que te ves adorable así? —Señala Justin antes de dar un trago a su agua helada. Suelta el vaso en el mismo lugar de donde lo tomó y se apoya en la mesa para acercarse más a _______. —Creo que te pondré incómoda más seguido.
—Ya, en serio.
—Bien. —Coloca una mano en su cuello, masajeándolo e intentando pensar en algún lugar significativo. —Bueno… no tengo idea. Iniciamos bien ¿no?
—Puedo apostarlo. —______ cubre su rostro con sus manos y suspira pesadamente. —Dios, estoy perdida.
—Recuerda que es solo el primer día, ya saldrá algo. Te ayudaré.
—Gracias Justin. —En su bolsillo, su teléfono comienza a sonar. Se levanta y se disculpa por medio de señas. —Ya vuelvo.


Camina hacia los sanitarios, al momento de contestar su teléfono. El identificador de llamadas la hace maldecir por lo bajo. Su madre se ha enterado de que ha salido del centro sin su permiso. Seguramente sí. ¿Qué haría si no informarse de su hija quien ha estado internada por problemas alimentarios? Oh vaya, ni siquiera sabe sobre su trabajo nuevo. Decide tomar fuerzas y contestar a esa llamada amenazante.


—Hola mamá. —Finge no estar algo alterada. —¿Cómo estás?
—¿Saliste del centro y no me avisaste? —Su voz más que molesta, parecía muy decepcionada. —Hija, sabes que era mi responsabilidad recogerte. Me han dicho que has conseguido el empleo y supongo que tendrás un apartamento.
—Lo tengo, de verdad. —Ignora el hecho de que vive con Justin para no alarmarla. Sabe que Lidia no pudo haberle contado ese pequeño detalle importante, por solidaridad. —Pronto te invitaré, lo prometo. Es muy bonito.
—Bueno, no podemos hablar de todo este desorden por teléfono. —Asegura ella. —Tengo que dejarte de momento, pero no te salvas. Voy a saber todos y cada uno de los detalles sin excepción.
—Está bien mamá. —Sonríe al saber que existe ahora una comunicación normal con su madre. —Buena tarde. Te amo.
—Con cuidado linda. Te adoro. Y sigo molesta.


Al colgar, sonríe y aparta un mechón rebelde de su rostro. Al darse la vuelta, se topa de bruces con un sonriente Christian, quien abre los brazos, dispuesto a tomarla en ese abrazo improvisado. Se queda inerte unos segundos, contemplando su mirada burlona y a la vez encantadora.
Sus cejas oscuras se curvean de una manera extraña, que lo hace adoptar siempre un aire sarcástico, de un chico que no se toma nada en serio.
Se aparta lentamente dando tumbos hacia atrás con una mueca fingida de desprecio. Intenta imitar su mirada, pero a la inversa. Que sepa que ella manda y que puede tener el control de lo que le de la gana. Consigue escasos resultados y Christian no cede.


—Supongo que debo tomarlo como otro rechazo. —Se encoje de hombros y la mira fijamente, pretendiendo buscar sus ojos. —¿Qué te parece? Es un encuentro casual. No podría haberlo definido mejor.
—¿Cómo sé que no me has seguido? —Bromea ella un poco abrumada por la misteriosa presencia de Christian en el mismo lugar. —Como sea, no interesa, solo… debo volver con mi novio.
—¿Es ese chico de allá?
—Hay muchos chicos por allá… —Disimula no ver que él señala a Justin, quien está concentrado en su teléfono. —No podría decirte.
—Sí que eres cabeza dura. —Se burla Christian negando con la cabeza. —Como sea mujer, debo entrar al sanitario. No me estés deteniendo. ¡No me detengas he dicho!
—Yo no… —


Es el momento en el que se da cuenta de que todo el restaurante se ha dado cuenta de su discusión inventada y fantasiosa. Justin está arrugando el ceño, aún en la mesa. Hace el ademán de levantarse para correr en su ayuda, preguntando con la mirada si todo está bien. ________ asiente, nerviosa sin querer iniciar un problema mayor al atraer la atención de veinte personas con un solo grito inofensivo. Bueno, de hecho no lo es. Christian Kingston no es inofensivo y ahora se ha dado cuenta. ¿Qué otra explicación tiene? Los ha seguido.


—Tengo ases bajo la manga. —Escucha su voz sobre sus pensamientos y tarda en darse cuanta de que no lo recordó. Él se lo está repitiendo justo como antes. —No olvides ese detalle.


No le responde. Solo lo mira de mala gana y regresa a su mesa con Justin. Se sienta y acomoda su servilleta en sus piernas educadamente, aunque su mirada transmite todo menos calma. Justin la escruta, al momento de que llega su orden y ella ataca el plato con el tenedor como si su vida dependiera de aquello. Bueno, de hecho podría decirse que sí.
Levanta su barbilla y Justin la mira serio, sin siquiera haber tocado su comida. Estira su mano, y por inercia ______ retrocede. Él toma su hombro y la acerca. Con la misma, suelta el hombro y usa el pulgar para limpiarle una mancha de salsa de la comisura del labio. Al hacerlo, se aleja y limpia su dedo en la servilleta. Le regala una media sonrisa.
Durante el resto de la comida, el hielo se rompe, pues Justin le cuanta sobre la carrera que tiene en algunos días. Intenta convencer a ______ haciendo caras dignas de un gran actor de drama, o de un niño que quiere que le compren algo en navidad. La chica ríe al ver sus intentos fallidos, pero aún así lo está considerando.
La mandíbula de Justin se tensa, y ______ sabe porqué. Se vuelve y ve a Christian saliendo del pasillo, acomodándose en una mesa no muy alejada. Toma su vaso con agua y lo levanta, brindando hacia ellos con una sonrisa de sorna. A ella se le revuelve el estómago de nervios.


—¿Quién es él? —Susurra Justin volviendo a escrutarla algo molesto. —
—Él… bueno, es… mi competencia. —Elige el escape fácil. La verdad. —Christian Kingston, hijo de mi jefe. Es un odioso. Se comporta como un niño. Es del tipo de los malos… tú sabes. Solo quiere atención.
—Lo noto. —Musita sin dejar de mirarlo. —
—Deja de mirarlo Justin, ya tengo suficiente con sus bromas de mal gusto. —Esconde su rostro entre sus manos y comienza a juguetear con su tenedor. —Si te parece, creo que es buena la opción de irnos…
—Tengo la impresión de que está muy interesado… —Murmura Justin sin dejar de atacar a Christian. —¿Qué espera para dejarte de ver?
—No me está mirando… no lo creo.
—Está bien, entonces pone tus ojos fijos en ti por nada y ni siquiera se da cuenta de que yo estoy contigo. —Asiente, sonriendo sarcásticamente. —Bien, me parece bien. Eso no es mirar, para nada ______.
—Solo vámonos Justin.
—Buena idea.


Ambos se levantan al mismo tiempo. Justin saca su cartera, saca dos billetes y los arroja a la mesa con cierto enfado. Lanza una última mirada a Christian antes de tomar la mano de ______ y saliendo rápidamente del lugar.
Sin decir alguna otra palabra, abre la puerta del auto para ella, espera a que suba y la cierra. Al llegar a su lugar, enciende el auto, lo pone en marcha y acelera rudamente hacia la carretera. No le da tiempo a ______ para abrocharse el cinturón y ni siquiera prende la radio como algunas veces. Solo deja que fluya el drama y sobre todo, la tensión versión mundial del momento.


—Justin, no veo el problema de que bajes un poco la velocidad.


No responde y no baja la velocidad. Para adoptar un aire más frío, se coloca sus gafas oscuras y enciende un cigarrillo lo sostiene con sus dientes, para luego soltar con una mano el volante y darle la primera calada para retirarlo de su boca. Acto seguido, suelta el humo y lo vuelve a colocar.
Durante el trayecto no se habla de nada, así que _______ saca el pequeño cuaderno donde realizó sus apuntes y se pone a revisar las reglas una y otra vez. Cada que se vuelve hacia Justin, él sigue mirando hacia el frente (o por lo menos eso piensa, ya que tiene las gafas de por medio) prefiere no iniciar un drama y se queda callada hasta llegar a casa.
Capítulo 10
Al llegar es el mismo asunto. Ambos bajan del auto y suben en silencio las escaleras, hasta llegar al pórtico. Justin abre la puerta y la deja entrar primero. Cuando cierra la puerta, se escucha que lo hace aún molesto, dado al portazo.
________ camina hacia su nueva habitación, pues supone que no es el momento de estar con Justin. Cierra la puerta y se desnuda, para luego envolverse con la toalla que encontró doblada en el baño. Abre la llave de la ducha y regula la temperatura del agua hasta que está fresca. Se quita la toalla y entra completamente. Cerrando sus ojos intentando relajarse. Toma el bote de shampoo con aroma frutal que Justin le había llevado apenas ayer. Al enjuagarse el cabello y el cuerpo, cierra la llave y se vuelve a envolver con la toalla. Al salir del baño, en su mesita de noche, junto a un frasco naranja, está una nota. La toma y lee con algo de miedo, dado a que cuando entró esa nota no estaba, y Justin ahora está muy molesto.

“Te he conseguido tabletas de hierro según el régimen. Tómalas siguiendo las instrucciones que te daban antes.”

Mierda. Se siente culpable, triste y molesta a la vez. Sabe perfectamente que Justin no se merece ningún tipo de disgusto así, pero por otra parte, ella no estuvo coqueteando con Christian y mucho menos planeó ese desagradable encuentro. Así que ¿por qué tanto drama? Tal vez Justin se sintió amenazado. ¿Pero por qué? Si se siente amenazado de seguro es porque se está guiando por algo. Y ese algo es ese chico nuevo en su vida que ni siquiera conoce bien.
Toma su cabello en una coleta floja de lado y se pone unos shorts de mezclilla una camiseta grande y floja, digna para usarse solo de pijama. Se recuesta en la cama y dormita unos segundos. No puede. Se pone de pie, se coloca una blusa más presentable, calzado deportivo y mete algunas cosas en su bolso, toma su teléfono y sale de la habitación, justo cuando Justin estaba por tocar la puerta. Ha dejado sus gafas oscuras.


—¿A dónde vas? —Pregunta con su tono de voz más calmado. —
—No lo sé, tal vez al centro, quiero buscar sitios nuevos para el reportaje… y también puedo buscar un apartamento, no quiero incomodar.


Se abre paso y evade los brazos de Justin. Es una maldita y siente que se va a ir al infierno con el simple hecho de comportarse así. Pero es algo que hace más que nada por dignidad. Dignidad de la buena. Justin se queda detrás de ella sin siquiera intentar seguirla. Sabe de antemano que el problema lo inició él por no saber confiar.
Al escuchar la puerta principal cerrarse, suspira y se coloca las manos en su nuca, mirando hacia abajo. Camina hacia la habitación de su chica, y abre la ventana un poco para ver directo a la calle. Ella camina derecho y da vuelta en la esquina, desapareciendo detrás de un muro.
Maldice por lo bajo y corre a su habitación para tomar sus llaves y su teléfono. Sale, entra al auto y marca el número de Jace.


—¿Estás ocupado hermano?


***


—Las rosas son demasiado típicas. —Duda con una mueca, mirando el enorme corazón hecho por rosas que hay en un aparador cercano. —Mi chica no es para nada típica. Es mucho más que rosas.
—Eso dicen todos… —El dependiente pronto se arrepiente de su comentario al ver la mirada desaprobatoria de Justin. —El problema es que así es. Toda mujer es especial a su manera y debemos encontrar una flor específica que se adapte a toda su personalidad.
—Entonces… ¿qué te parecen unas violetas? —Pregunta Jace señalando un nuevo arreglo de color digno del nombre. —Me parecen unas flores completamente especiales, de hecho.
—Hombre ¿cómo ha durado tu relación con Addy teniendo gustos tan de la mierda? —Justin está desesperado. —Nunca he regalado flores a alguien que sigue vivo. Pienso que las flores son más para los muertos, pero por alguna razón a las chicas les gustan. Una cosa es llevarle un arreglo bonito para felicitarla por su recital, pero esta vez quiero en serio una reacción positiva.
—Tal vez sea más una chica de zapatos. —Opina el dependiente. —Aunque debo admitir que no hay señorita que se resista a un bonito arreglo floral.
—Exacto. Sé que ella se merece lo mejor. Las rosas no son lo mejor y las violetas definitivamente no serían su estilo.
—¿Cómo es ella? —Pregunta el dependiente, mirando fijamente a Justin, aunque se siente intimidado por la mera presencia y actitud del chico. —
—Ella es perfecta. —Musita Justin tomando un ramo de tulipanes amarillos, mirando la tarjeta, para luego dejarlos en su lugar. —
—Sé específico idiota. —Jace también busca algo para Addy, pero es más práctico. Ha elegido una rosa blanca con una tarjeta. —
—Vale, vale. Ella es una chica reservada. Muy educada. —Sonríe instintivamente. —Muy dulce. Demasiado delicada. Es inteligente, humilde y algo vulnerable… sentimental.
—Hablamos de una chica práctica.
—Pero especial. —Continúa Justin. —Quiero que tenga claro que la amo.
—Entonces te recomiendo margaritas. Son flores típicas, pero delicadas y son conocidas y amadas por las chicas dulces.
—Sí, si. Es cierto. —Opina Jace. —Margaritas para ______. Es perfecto.
—¡No!


***


Camina toda la tarde por el centro. Buscando lugares en los cuales podría conseguir buen material para su reportaje. También ha buscado por apartamentos, pero ninguno la convence lo suficiente. O es por el hecho de que no quiere separarse de Justin. Como sea, cuando estamos buscando algo que simplemente no necesitamos o no queremos necesitar, simplemente nada convence. Así que más vale regresar ya. Tal vez su dignidad ya deje de jugarle tan chueco.
Toma el autobús de la misma ruta que tomó para alejarse, solo que ahora lo hace obviamente para regresar. Tiene algunos apuntes y algunas ideas, así que no pudo negar que no consiguió nada. Valió la pena salir a despejarse y sobre todo, encontró un buen lugar donde comer helado y mirar la naturaleza. Mas no se adentró tanto al lugar. Lo dejó para la vez que vuelve con más ganas de pasar un buen rato.
Al bajar del autobús, ya estaba anocheciendo. Dado el drama de la comida, no comió muy bien, aparte del helado. Su estómago está tal vez más rebelde que de costumbre. Esta vez pide a gritos comida, no importa que no esté en su menú. Ahora todo podría entrar con facilidad.
Olvidó que no tiene llaves de la casa aún. Con la dignidad algo molesta por hacer drama y luego tener que ceder, toca el timbre y espera que Justin abra. En cuestión de segundos él abre y le obsequia media sonrisa.


—¿Todo bien?
—Algo, muero de hambre. —Ataque de dignidad. —Debo ir a preparar todo para mañana y vuelvo para cenar. ¿Supongo que tú ya lo hiciste no? que tengas buena noche.
—Igualmente. —Responde Justin dirigiéndose hacia el refrigerador, fingiendo solo tomar un poco de agua de una botella. —


________ se descuelga la bolsa de su hombro y entra a su habitación, la cual está completamente en penumbras. Enciende la luz y deja caer la bolsa en el piso, junto a sus pies, gracias a que la suelta para cubrir su boca con sus manos. Sorprendida. No puede creer lo que está frente a sus ojos toda la habitación está llena de arreglos florales, con todo tipo de flores. Justo en el centro de su cama hay un pequeño arreglo de rosas con una tarjeta abierta, en la cual se puede leer a simple vista “Lo Siento”. Camina hacia su buró, donde hay más flores con varias notas de colores con frases como “te amo”, “lo siento mucho”, “nunca te dejaré ir”.
Retrocede, aturdida por semejante gesto que la tomó por sorpresa, choca con el pecho de Justin y él la acoge en un abrazo, masajeando sus hombros.


—Te mereces lo mejor. —Dice antes de besar su cuello. —Yo… yo no sabía qué flor era tu favorita, así que decidí tomar un poco de todo…
—Es demasiado… tú siempre con tus detalles monumentales…Y mi flor favorita es la margarita. —________ toma sus manos, cerrándolas en su cintura y recarga su cabeza en su hombro. —No debiste, no estaba molesta, yo solo… vale sí estaba molesta.
—Oh… margaritas. Ahora lo sé. —Asiente Justin recordando la predicción ahora acertada del dependiente. —En cuanto a lo otro… es un nuevo sentimiento o algo así. No quiero compartirte con nadie, nena. Eres mía, eres mi novia y no quiero perderte. Eso me hace ser muy posesivo, pero entiéndeme…
—Los celos son aceptables, yo los siento a menudo, solo que no te lo digo.
—Creo que nunca me di cuenta.
—Es momento de pedir perdón mutuamente. —Dice algo fuera de sí, pues Justin está tomándola de las caderas y besa su cuello muy lenta y sensualmente. —Para, para…
—Tu cuello es bellísimo. —Murmura marcando en la piel sus palabras con los labios. —Creo que luciría más con algo especial.
—No Justin. Marcas no.
—Juguetona, claro que no preciosa. —Ríe y retira sus manos de la cintura de la chica. En un momento siente el frío en su cuello. Una cadena de plata con un dije en forma de una pequeña y delgada llave. —De esto hablaba. Tienes la llave de mi corazón.


Deposita por completo el collar en su cuello y asegura el pequeño broche. Acomoda el dije y aprovecha la cercanía para besarle su hombro. La toma de ambos para darle la vuelta y la mira a los ojos. Quita el cabello de su rostro y la besa lentamente. Como si fuera la última vez que la tendrá cerca. Ahora ha comprobado que tiene que cuidar aún más a su chica. La ama, y lo tiene muy claro. Y no por alguna estupidez de su parte, va a perder todo en un segundo.
La abraza con fuerza, hasta levantarla del piso. Al bajarla nuevamente. La toma de la mano y la lleva directo a la cocina para cenar algo. Durante el resto de la noche se la pasan mucho mejor que antes. Conversan, se divierten y hay una pequeña guerra de almohadazos. Terminan cansados y ______ queda dormida con su mano entrelazada con la de Justin. Juntos, en esa habitación llena de flores.



-----------------------------------


¿El Christian Kingston de verdad les recuerda al
monumental Grey? Porque a mí sí, tiene como
el aura de rudo y acá, ah.

Nota: Mafer bien lectora de auras, ¿uhm?

Hoy les dejos dos capítulos a consecuencia
de mi ausencia por una semana *se maltrata mentalmente*
tareas, visitas a museos, salidas y cosas así. Me tienen
hasta los cuernos que no tengo. Ah.

Gracias por leer y por ser pacientes.

#MuchLove #FelizSemana



*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 8


Durante su trayecto hacia el edificio, piensa en cómo le irá en su primer día. Después de mucho tiempo sin ninguna obligación más que hacer sus respectivos ejercicios mentales, y comer toda su comida, lo demás no parece nada fácil. Pero si le gusta, y si estudió, es obvio que no debe ser tan pesado. Debe exhalar dos veces antes de decidirse a entrar por las puertas de cristal.
La misma decoración de la recepción aparece ante sus ojos y saluda con una sonrisa a Greg, el recepcionista. Éste levanta los pulgares en alto y le indica que se acerque con él. Ella camina algo confundida, y mira su reloj. En tres minutos comienza su turno, así que puede empezar a charlar.
Greg se agacha y tarda un poco rebuscando entre sus cajones. Cuando se levanta de nuevo, le entrega un papel a _______ con su horario, explicándole los códigos de colores que él mismo perfeccionó para ella. Luego busca en otro cajón y saca su nueva credencial.


—Normalmente no hago nada de esto con todos los que entran. —Explica. —Pero como eres amiga de Dina, lo menos que podría hacer es apoyarte ahora que eres del grupo.
—¿Eres amigo de Dina? ¿Ya la conocías? —Pregunta _______ mirando su horario. —Eso explica porqué nos vimos en The Devil.
—En parte. Pero yo no pude ayudarla a conseguir empleo, así que… sin celos por el momento. Ella consiguió el trabajo bajo sus méritos.
—Vaya, no hace falta que lo digas. —Suspira, acomodando su bolsa en el hombro. —Ella es muy bonita y talentosa. Sé que merecía el empleo.
—Tú también, no seas modesta. —Greg se coloca los auriculares y comienza a teclear en su computadora. —Que tengas suerte en tu primer día. Siempre es sencillo.
—Gracias.


Se aleja de la recepción y se apresura a tomar el ascensor hasta el piso cinco. Donde estará listo su nuevo trabajo, sea el que sea que le tengan asignado. Al llegar a dicho piso, se acerca a la recepción y a lado está el láser donde marca su entrada. Justamente a las nueve. En el sillón de la sala, está Dina y varias personas, chicas y chicos (supone que todos modelos) esperando al director del lugar. Saluda a Dina y se sienta a su lado, comenzando una plática sobre en dónde se metió la noche de The Devil. Solo le contó algo sobre un encuentro con una persona de su pasado con la cual debía arreglar las cosas. No fue muy explícita, pues aún lo logra procesar todo lo malo que pasó aquella noche. De lo bueno, lo recuerda más que nada, pero parece que a su mente le pareció mucho mejor borrar los hechos menos relevantes.
Solo conoce a Dina entre toda esa gente. Pero su mirada se concentra en un chico alto y rubio. Parece ser un nuevo modelo contratado, supone. Su aspecto es ése. Está muy concentrado en su teléfono. Pero cuando alza la vista, la mira directamente. Su mirada es profunda y ruda aún teniendo color azul claro. ________ desvía la mirada, por atender una pregunta de Dina. Ambas comienzan a platicar y se olvida por completo del chico.
Una puerta se abre y de ahí sale un hombre alto, delgado y atractivo, de cerca de unos treinta y cinco años de edad. Con presencia de empresario. Todas las personas presentes se ponen de pie educadamente y sonríen, obviamente nerviosos. Las chicas acomodan sus perfectas faldas y los hombres, para verse más serios, se cruzan de brazos. _______ imita a las chicas y adopta una posición madura y seria.
El hombre se posiciona frente a ellos con una media sonrisa decidida en el rostro y les hace un ademán para que entren detrás de él a la oficina. Todos lo obedecen y se acomodan en una silla, frente a una mesa larga de madera. El director se quedó hacia el frente del lugar, a lado de una pantalla iluminada por el proyector que se posicionaba justo en el medio de la mesa.


—Bueno, les doy a todos una cordial bienvenida a Faces. Yo soy el director en jefe de la revista. John Kingston a sus órdenes. —Dobla las mangas de su traje unos escasos centímetros y comienza a mostrar su lenguaje corporal, moviendo mucho los brazos, y sonriendo amablemente. —Como en todo trabajo, tenemos dinámicas especiales para asignar puestos y calificar su rendimiento. Ahora, decidí hacerlo algo diferente a algunas veces anteriores. Por el momento solo les explicaré el reglamento de las instalaciones.


Al parecer la mayoría eran modelos. Solo mencionó a dos fotógrafos. Ella y alguien más. Lástima que no dijo los nombres, pues todo ellos parecían ser sacados de una revista, para… exactamente una revista.
Durante la explicación ______ prestaba atención y realizaba apuntes rápidos en su libreta. Levantó la vista hacia el frente, y miraba a John hablar y moverse. Al girarse a la derecha, ve a Dina haciendo apuntes igualmente y a la izquierda tenía al chico de ojos azules que casualmente no tomaba apuntes y no miraba siquiera al director.
Sus miradas se fijan por un momento y recibe una sonrisa preciosa del chico. En su labio inferior hay una especie de marca, como de un piercing que ha sido retirado. Un chico malo, o tal vez lo requirió en su trabajo de modelo… ¿Qué importa?
Después de varias especificaciones, habló sobre las llegadas tarde, sanciones, horarios para el almuerzo que ya deben de estar marcados en los horarios, horario de salida y vestimenta de trabajo. Todos deben de ir formales, a no ser que los modelos tengan alguna sesión y necesiten cambiarse. Después de eso, miró su reloj y decidió terminar el repaso de reglas rápidamente para no quitar tiempo del almuerzo. Al levantarse, _______ recoge sus cosas, dispuesta a salir rápidamente de la oficina en busca de Dina, quien se adelantó. Antes de salir, siente un toque en su hombro y se vuelve rápidamente. El chico de ojos azules le vuelve a sonreír y estira su mano hacia ella.


—No pude evitar notar que me mirabas… lo siento. —_______ toma su mano, indecisa y saluda. —Christian Kingston.
—______ Lombardi. —Se lleva una mano a los labios y suspira sonoramente. —¿Eres hijo de John Kingston, el director?
—Bueno, debí no haber dicho mi apellido ¿cierto? —Guiña y lame su labio inferior en una fracción de segundo. —Sé que te molestaría que te pidiera que guardaras el secreto ¿verdad? Eres la única que lo debe saber.
—Tarde o temprano te darás cuenta de que eso no se puede ocultar. —______ sonríe y cierra la cremallera de su bolso, dispuesta a ir corriendo detrás de Dina. —Debo ir a desayunar, nos vemos en un rato Kingston.
—Vaya, qué discreción.


_______ corre hacia el ascensor y presiona el botón varias veces, algo nerviosa por haber hablado con el hijo del director de la empresa. No cree justo de que le hayan dado el empleo a él, dado a que muchos seguramente dieron todo su esfuerzo para conseguir el puesto, que posiblemente él ahora lleva. Un modelo no debe ser difícil… es decir, con el apellido Kingston ya puede lograr mucho. Cuando el ascensor llega al primer piso, sale corriendo hacia donde Greg. Lo aluda y sale hacia la calle en busca de Diane. Pronto recibe un mensaje de ella que dice que la espere en la entrada, que tuvo que ir al baño, por un problema femenino.
Se recarga en la pared, a lado de la puerta corrediza del edificio y se pone a teclear un mensaje a Justin, avisando que estaba todo bien y que ahora debe ir a desayunar. Él responde inmediatamente.
“Me alegra que te vaya bien cariño. He ido a comprar las vitaminas que necesitas y pondré algunas cosas en tu habitación… ¿o quieres que las ponga en la mía?”
________ ríe por lo bajo y alza la mirada. Christian Kingston está saliendo del edificio y de nuevo sus miradas se cruzan. El sonríe y de nuevo camina hacia ella. Teclea rápido el mensaje y guarda su teléfono en su bolso. Christian se cruza de brazos y hace un mohín. De nuevo logra ver la marca del supuesto piercing.


—¿Qué se te ofrece? —Preguntan al unísono. —
—Habla primero. —Christian es más rápido. —
—Bueno, la misma pregunta. ¿Qué se te ofrece Christian Kingston?
—Nunca lo superarás ¿eh? —El chico se cruza de brazos y su mirada penetrante ataca de nuevo. —Bueno, cuando alguien me sonríe, supongo que necesitan de mí o algo así. Así que… aquí estoy.
—No. Yo… bueno… —Tartamudea y se deja en evidencia su nerviosismo. —No te sonreía a ti. ¿Sabes? Es que mi novio me envió un mensaje y yo…
—Oh mierda.
—¿Qué ocurre?
—Me acabas de romper el corazón diciéndome que tienes novio.
—Vamos Kingston, son solo dos minutos de nuestra presentación. —______ se aleja un poco de él, pero no le teme. Su sonrisa irradia confianza. —No seas así.
—Bueno, es un problema grave. Muy grave Lombardi. —Asiente, como si quisiera parecer comprensible. —¿Acaso eres italiana? Las extranjeras me atraen. Ya lo decía yo desde que te ví entrar al edificio.
—¿Me has estado espiando a caso? —Pensándolo bien… ahora le teme un poco. —No quiero parecer grosera, pero no tienes porqué dejarte llevar por mi apellido. Soy solo descendencia. No tengo muchas raíces italianas, por suerte.
—Está bien, me rindo. —Alza las manos y se aleja dando pasos hacia atrás. —Bueno, como sea, Lombardi. Tengo ases bajo la manga. Espero que tu chico también.
—Como sea.
—Grosera.
—Solo… ve a almorzar. —Suspira, rendida. — Yo también necesito proteínas.
—Entonces vamos juntos. —Ofrece, con su sonrisa amable de nuevo en el rostro. —Lo entiendo. No quieres. Como sea… ten un buen día.
—Igual.


Se cuza de brazos al observar a Christian alejarse. Se vuelve hacia otro lado cuando presiente que él se volverá hacia ella. Cuando más o menos lo siente alejado, se vuelve hacia la puerta, y Diane sale corriendo hacia ella. Toma su cabello en un moño alto y le sonríe.


—Lo siento mucho, nunca pensé que en mi primer día… —Aclara la garganta dramáticamente y suspira. —Como sea, no tengo porqué decirte detalles. ¿Hambre?
—Demasiada.
—Entonces corramos, quedan quince minutos.

Durante su almuerzo improvisado con una rosquilla y un café expreso gigante, conversaron poco, pues se les hacía tarde para terminar el almuerzo. Al pagar y retirarse de la cafetería se apresuraron a entrar de nuevo al edificio y al mismo piso. Cuando entraron a la oficina, había pocas personas (entre ellas Christian, quien sigue sentado en el mismo lugar). Dina tiene la idea de sentarse más cerca para ver mejor la presentación y eso hacen. Aunque ______ se sienta mal por hacerle pensar al chico que tal vez de verdad la asustó. Cada que se vuelve hacia él, está muy concentrado en su teléfono. Serio. Nada que ver con el tipo alegre y carismático que conoció hace varios minutos. Eso es ser bastante voluble. Como sea, en cuestión de minutos, entra el resto de los modelos y el posible fotógrafo. Después llega John Kingston y no puede evitar compararlos a él y a su hijo. Tienen la misma mirada color azul y el mismo tono de piel y de cabello. Si no hubiera estado nerviosa y hubiera prestado más atención, lo hubiera adivinado sin que Chris se lo dijera. ¿Qué? ¿Acaba de llamarlo Chris? No, no. El joven Kingston.


—Bueno, esta vez tuvimos dos seleccionados en cuanto a fotografía. Así que supongo que será el primer reto. —John enciende el proyector y comienza a explicar las partes de su nuevo proyecto. —Deben crear la sección de “Vamos a la Calle” de la revista. Consiste en lo obvio… salir a la calle, a un lugar interesante y presentarlo por medio de fotos y entrevistas. Podrán usar a los modelos presentes, y les prestaré a los mejores editores. ¿Está bien?


Todos asienten. John saca una hoja de papel de su carpeta, y relee los nombres.


—Muy bien, señorita Lombardi, y Kingston. ¿Listos para enfrentarse?


Espera… ¿Qué? ¿Christian es el fotógrafo?


—Tendrán un mes para planear y realizar todo el trabajo. Después de eso, publicaremos en nuestra página su trabajo. El fotógrafo con más votos gana. —Hago apuntes rápidamente, pero en estado de shock. —El ganador, será el fotógrafo en jefe y el perdedor, será el fotógrafo asistente. ¿Estamos bien?


Asiente. No se atreve a mirar a Christian. Solo imagina la sonrisa de satisfacción, porque obviamente sabía más que ella. Sabía de la competencia y sabía lo demás. El resto de las explicaciones generales se le pasan rápidamente y a la hora de su salida, se siente abrumada y tal vez algo triste. Pasa su credencial por el láser y sale corriendo con la excusa de que se le hace tarde para una cita importante. Manda un mensaje a Justin y espera nuevamente a lado de la puerta de cristal. Diane sale y la despide con una sonrisa. El resto de los chicos salen y hasta el final Christian. Se acerca a una motocicleta Harley color azul oscuro y se sienta en el sillín. Acomoda el retrovisor a su rostro y se coloca el piercing en el labio con mucho cuidado. Es atractivo hasta el punto del egocentrismo. Le recuerda a alguien… y en ese momento ese alguien llega en el auto por ella. Esta vez está vestido casualmente y su cabello vuelve a estar arreglado, maldice por lo bajo. Le gusta más cuando está desaliñado. Camina hacia el auto y sube. Justin la atrae hacia del y la besa. Se alejan y ella logra ver por el retrovisor la mirada de Christian y su media sonrisa arrogante.


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Nuevo personaje. Lo amo, es como muy...
dsklfnkdslnfklds rápido. Ah.


Espero que les esté gustando la novela, sus
comentarios son ksdnkfsdkl gracias. <3


#MuchLove
#LoveAndRockets


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
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Mafer.

  • 192 days ago via site
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Stuck In The Past


Capítulo 7


—Debo detenerme ahora. Si no lo hago, podría perder el control antes de la cena. —Puntualiza Justin al soltar mi cintura. —No soy capaz de controlarme.
—Debo creer que te gusto ahora que estoy un poco más huesuda. —Bromeo. No le hace gracia, pues noto como tensa la mandíbula y aleja su mirada dolida. —Solo estoy bromeando. Lidia me enseñó a tomarlo con gracia a pesar de que sea malo, tú sabes… que sea lo más mínimo que podría interpretar.
—Es algo serio ______. —Aunque noto su semblante molesto, vuelve a apretarme contra él sobreprotectoramente. —Aún no me perdono no haber podido estar contigo en esos momentos malos que viviste. —Muerdo mi labio inferior y me dedica una sonrisa pequeña y tranquila antes de tocar mi mejilla. —Ve a la habitación un momento. Necesito arreglar todo esto.
—Ya lo hice. —Intento romper la inmensa tensión bromeando de nuevo, pero esta vez con cuidado. —¿A caso me hechas de la cocina? ¿Crees que no puedo hacerlo?
—No, no lo hago. —El rostro de Justin se relaja. —Está bien, puedes quedarte. ¿Qué quieres cenar?
—Depende… ¿qué has traído?
—De todo.
—¿Lo necesario para hacer hamburguesas? —Pregunto haciendo mi mejor cara de cachorro triste. — Necesito una desde que dejé de comerlas, que fue a los catorce años.
—Entonces creo que podremos hacerlo. —De un momento a otro parece avergonzado. —Yo quería algo más elegante, dado a que es tu primer día conmigo, para festejar y…
—¿Insinúas que no podemos hacer hamburguesas elegantes? —Finjo sorpresa y coloco mi mano en el pecho. —Yo puedo hacer que cualquier comida sea elegante.
—Tendré que creerte. —Ríe Justin. Hago un guiño y me besa los labios. —Te amo.


***


En las siguientes dos horas preparamos los ingredientes para esa comida “elegante”. Si por decir ese término, nos referimos a bailar por la cocina, cantar una estrofa de una canción y contestarla, inventar historias, y algunas sesiones de besuqueos inocentes. Eso sí que es elegante para mí.
Meto las patatas en el aceite caliente para freírlas y espero un momento antes de moverlas. Me alejo, y voy hacia donde está Justin haciendo su parte. Coloca unas fresas en la licuadora, donde se mezclan con el resto de los ingredientes y oprime el botón. Pronto se forma un delicioso batido de fresas y lo vacía con hielos en dos copas, poniéndoles una pajilla de espiral. “Elegante”. Pienso.
Regreso a las patatas y las muevo nuevamente. Calculo el tiempo y parto el tomate y la lechuga en partes iguales. Cuando vuelvo a la cacerola de las patatas, están listas y las vierto en un recipiente grande para quitar el aceite extra. Después, las reparto en partes iguales en dos platos y preparamos las hamburguesas. Cuando terminamos, nos sentamos en la mesa del comedor y comenzamos a comer.
Justin sonríe al ver cómo ataco mi comida. Estira su mano y revuelve mi cabello, teniendo resultados escasos, ya que tengo una trenza que impide que me despeine. Le lanzo una mirada excesivamente asesina, aunque solo estoy fingiendo. El retrocede un poco, diciendo “tregua” con los labios.
Al terminar nuestra comida, alzamos las copas con los batidos de fresa y las chocamos, diciendo el respectivo brindis por el futuro y por nosotros. Salud.


***


Me revuelvo en la cama, incapaz de quedarme dormida. Afuera está cayendo una tormenta y los rayos hacen menos posible que me relaje. Faltan menos de doce horas para iniciar mi trabajo nuevo, y hasta ahora están llegando los nervios.
No hubo mucho que contar en el periodo de la cena a la cama, pues vimos televisión, y nos fuimos a dormir cada quien a su habitación. Acordamos que deberíamos dormir mucho en especial hoy, y si estábamos juntos, lo más probable era que se nos apsara la noche platicando… o haciendo algo más. Quien sabe eso. Pero no quise arriesgarme.
Cierro los ojos y dormito un momento. Cuando los abro, vuelve el insomnio. El reloj de la pared es iluminado por la luz de la calle y logro ver que son apenas las doce quince. Aún así estoy desesperada. Me levanto y salgo de mi habitación, mirando hacia los lados del pasillo. En frente, escucho la televisión de Justin encendida. Hay luz saliendo. Supongo que sigue despierto. Abro la puerta con cuidado y me encuentro con su mirada adormilada y confundida.


—¿_________? —Se incorpora y se sienta en el colchón. Apaga la televisión y prende la lámpara que hay en su mesita de noche. —¿Qué pasa?
—No puedo dormir. —Explico. —Estoy nerviosa y no logro descansar ni un poco.
—Ven. —Me indica con su mano, golpeteando el acolchado. —


Entro a la cama con él y me siento a su lado, dejando que me rodee con sus brazos. Siento su aliento en mi mejilla, antes de cerrarse en un beso. Al separarse de mi piel, recarga su cabeza en mi hombro. Con mi mano izquierda, tomo la suya y empiezo a masajearla lentamente.


—Cuando era una niña, mi padre se acercaba a mí cuando no podía dormir y me tomaba de la mano así. —Recuerdo, mirando nuestras manos. —Yo hacía estos movimientos lentos, hasta que me quedaba profundamente dormida. Cuando mi madre se acercaba no era lo mismo ¿sabes?
—Entonces tendré que decirte que no funcionará conmigo. —Contesta Justin. —Si solo tu padre podía hacerlo…
—Tal vez. Pero por lo menos te siento cerca. —Giro la cabeza y le sonrío. —Si alguna vez me sentí segura después de que mi padre murió, creo que fue hasta que estuve contigo. Cuando estuvimos en el tren y me diste tu chaqueta después de que aquella chica me tiró su refresco encima.
—Oye, estoy para servir a las personas. —Guiña alegremente. —Aunque solo fue porque quería llamar tu atención con mis músculos.
—No lo hiciste… en su momento.
—¿Estás admitiendo que te gustan mis músculos? —Deja de abrazarme y adopta su actitud alterna y egocéntrica que llegué a conocer primero. —Yo lo sé, nena. No será la primera vez que lo consigo. ¿Qué te gusta más? ¿Mis abdominales o mis brazos?
—Basta. —Pongo los ojos en blanco e ignoro el hecho de que su piel se ve preciosa con esta tenue luz. —No me hagas querer tocarte.
—¿Estás admitiendo que me quieres tocar?
—Yo no dije eso.
—Oh, si lo hiciste. —Me atrapa por la cintura y me levanta un poco de la cama, para dejarme acostada, y se posiciona sobre mí. —¿Aún quieres tocarme?
—Bájate de mí o harás que devuelva toda la cena. —Amenacé, aunque no sentía nada de malestar. —¡Justin!
—Te adoro.


Dicho esto, me zampó un beso en los labios. Cálido, lento y ardiente. Me abrazó con fuerza y recorrió mi cadera y mi cintura con sus manos. Levantó mi blusa y se la llevó rápidamente, dejándome desnuda de la cintura hacia arriba. Bajó sus besos hacia mi clavícula y luego a mi pecho. Con sus manos masajeaba sensualmente la piel de mi torso, produciéndome mariposas en el estómago y murciélagos en mi mente.
Cuando baja sus manos hacia el pantalón de mi pijama, se me corta el aire. Tengo que respirar fuertemente y entreabro la boca. Sus labios en mi cuello son un arma casi mortal, peligrosa y deliciosa. No recuerdo que la última vez haya sido así. Baja por completo mis pantalones y mi ropa interior y sus manos se posan en mi trasero, apretando con fuerza y justo después dan masajes circulares. Emito gemidos irregulares y me atrevo a quitar el resto de ropa que lo separa de mí. Cierro los ojos y de pronto ya no lo siento. Pero no me apetece abrirlos, estoy demasiado relajada y tranquila, y feliz… cuando escucho el ruido de su cajón cerrándose, justo después escucho un ruido metálico. Muerdo mi labio inferior y ruego porque no duela tanto como la última vez.
Siento su tacto de nuevo, y abro los ojos. Me encuentro con su mirada oscura y provocativa, fija en mí y lo beso hasta aumentar el ritmo de nuevo. Cuando entra en mí, me arqueo hacia él y grito. Ya no duele tanto como la primera vez, pero estoy tan llena de placer, que no puedo soportarlo. Ya no se mide en hacerlo despacio. Entra y sale de mí con velocidad, haciéndome temblar. Gimo por última vez en su oído, antes de escuchar jadeos de su parte y me dejo ir en sus brazos. Justo después, él me acompaña, moviéndonos repetidas veces hasta que terminamos exhaustos sobre la cama.


—¿Entonces…? ¿Mis abdominales o mis brazos?
—Los dos, porque sin ellos, no se conformaría un abrazo.


Besa mi frente y tomo su mano nuevamente para masajearla con la mía. Intentando de nuevo mi técnica. Veo en su reloj de su mesa, que son las dos en punto de la mañana. Pestañeo varias veces y me quedo profundamente dormida. Ha funcionado.
Entre sueños siento su mirada. Sus caricias en mi cintura y en mis brazos. Mimándome y amándome como si aún estuviera despierta. Lo último que siento, son sus brazos rodeándome antes de que su respiración sea baja y relajada. Después de eso, pierdo el conocimiento de todo y me pierdo en mis sueños.


***


Al sentir los besos de Justin en mi brazo, me despierto de golpe. Lo veo sonriente, con mi brazo aún en sus manos. Me incorporo con rapidez, y le doy un abrazo, seguido de un beso largo. Me ordena que me levante, pues falta poco para ir a mi nuevo trabajo. Obedezco y me envuelvo en las sábanas y me voy corriendo a la ducha.
Al salir, camino a mi armario y saco la ropa destinada a ser del primer día. La falda ceñida, y una blusa de botones color blanco. Me coloco los únicos tacones altos que tengo, y peino mi cabello en una coleta. Me maquillo, tomo mis cosas y salgo hacia la cocina, encontrándome a Justin cocinando.
Me obliga a comer los panqueques y la fruta. Doy un trago corto a mi jugo y me pongo de pie, apurada, yendo hacia la puerta y despidiéndome. Justin, aún en pijama (que consiste en pantalones de chándal flojos y una camiseta) toma sus llaves y baja conmigo hacia el estacionamiento, alegando que debe llevarme todos los días al trabajo.
Durante el camino, me pregunta sobre lo que debo de hacer, revisamos mi material varias veces antes de convencernos de que no falta nada. Llegados a éste punto, hasta él parece más nervioso que yo.
Cuando aparca en frente del edificio, me mira y me da una sonrisa de aliento.

—Lo harás bien, linda. —Me anima. —Paso por ti… ¿A qué hora sales?
—Supongo que a las tres. —Reviso mi horario, dado a que son diferentes actividades. —
—Estoy aquí a las dos con cuarenta. —Sonríe. —De aquí, vamos a algún lugar para comer ¿está bien?
—Me parece buena idea… —Contesto, sin pensar siquiera en lo que digo. —Estoy muy nerviosa… es nuevo esto y…
—Haz lo que te gusta y nada saldrá mal… —Justin apoya su mano en la mía. —Si el trabajo fuera bueno, no nos pagarían por hacerlo… ¿por qué mejor no hacer lo que amas?
—Exacto. —Asiento. Examino mi atuendo con discreción. —Vaya… creo que me esperan.
—Te ves preciosa. —Dice atrayéndome hacia sus labios. —Lo harás bien. Los dejarás con ganas de más… como a mí, hace algunas horas en la habitación…
—Solo que en otro contexto. —Lo corrijo, intentando no hacer notar mis mejillas completamente sonrojadas. —
—Exacto, porque eres solo mía. —Se encoje de hombros como un niño pequeño y me guiña. —Sé que suena egoísta, pero te quiero solo para mí.
—Vale, si sigues así, olvidaré el hecho de que me obligaste a despertar esta mañana.
—Voy por el camino correcto.
—Supongo. —Tomo mis cosas y abro la puerta del auto. —Debo irme ya. Te extrañaré.
—Te voy a extrañar más. —Dice antes de besarme por última vez. Después, rápidamente me apeo del auto. —Te amo ______.
—Te amo más.


--------------------


Tarde y seguro.
Bueno, quiero dedicar este capítulo a
porque ayer fue su cumpleaños. FELICIDADES. <3.


#Graciasporleer #Muchlove

*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 6


— ¿Hola? —Pregunto. El otro lado de la línea se escucha su respiración. — ¿Así que tecleaste mi teléfono sin permiso ah?
—Perdona, fue una broma de mal gusto, pero teníamos que mantenernos en contacto. Supongo que fue un error. —La risa de Dina se contagia y sonrío. —Solo llamo para decirte que he conseguido el empleo. No te conté, pero bueno, acertaste. Ahora soy modelo.
—Me parece muy bien Dina, te felicito.
—Bueno, era todo, es decir… de alguna forma tenía que llamarte para hacerte saber mi pequeña broma. —Sonaba cual niña quien acababa de hacer una travesura, que por descontado, lo hizo. —Y como no nos conocimos muy bien, pensé en salir alguna vez.
—Me parece una buena idea, pero no puedo. —Pienso en que la chica es atractiva, pero hay un problema. — ¿Sabes? Acabo de entrar en un tipo de prueba con mi chica, tuvimos malos días y quiero hacer lo que esté en mis manos para recuperarla, no creo que sea buen momento.
—En ese caso, aprovecha ese tiempo. —Anima Dina. —De verdad que tiene mucha suerte de tenerte.


Debo tomarlo como un coqueteo. ¿O no? Sin querer sonrío y no borro esa línea curva de mi rostro hasta que se despide Dina y colgamos al mismo tiempo. Me recuesto en mi cama y hago memoria de lo que pasó anoche. Logré ver a _______ después de un tiempo, la obligué a hablar conmigo y de nuevo estamos juntos.
Nunca antes me había sentido tan feliz al ver terminado algo que comenzó mal. Es algún tipo de señal de lo que en verdad necesito, de lo que en verdad me importa. Ahora solo debo concentrarme en no echarlo a perder. Eso implica no hacer nada estúpida que pueda dañar lo que tengo con ______. Dina es muy linda, atractiva y amable, pero apenas la conoce y no querría tener una cita con ella, sabiendo que ______ puede enterarse. Ahora estoy con ella, y es lo único de lo que me debo preocupar.
Tomo mi teléfono de nuevo e intento mandarle un mensaje a mi chica. Pero me doy cuenta de que hace seis meses ella se excluyó de todo y tal vez cambió su número. Mando un mensaje largo a Jace explicándole mi arreglo con _______, que ahora estamos bien y que necesito su número. Al cabo de un rato, mi amigo responde diciéndome que según él, el número sigue siendo el mismo. Intento una vez saludando por medio de un nuevo mensaje. Yo no he cambiado mi número y confío en que ella lo tenga, o por lo menos lo recuerde.
“El mismo… supongo. ¿Quién eres?” me responde el mensaje. Entonces sonrío y comienzo a escribir rápidamente un enorme mensaje.
“Soy el chico que te ama demasiado, y que no puede vivir sin ti. De hecho, ahora que te dejé en la puerta de ese lugar, sentí que te decía adiós por última vez. Por favor prométeme que nos veremos pronto, o me veré obligado a perseguirte de nuevo y forzarte a subir a mi auto. Ah, y te invito esta noche a mi casa. Cenaremos, conversaremos y te haré el amor otra vez. ¿Aceptas pequeña?”
El mensaje se tardó varios segundos más en enviarse. Después de quedarme mirando la pantalla por casi una eternidad, ella respondió.
“Maldita sea, Justin casi me sacas un susto de muerte. ¿Sabes cuántos criminales peligrosos hay en el mundo haciendo bromas de éste tipo?”
Me río fuertemente y de pronto me siento un estúpido por sonreírle a una pantalla. Pero recuerdo que ella está del otro lado de ésta. No puede ser mejor. Soy el hombre más afortunado del mundo entero.
“Muchos. Yo soy uno, recuérdalo” y le envío un guiño. En cuanto suelto el teléfono en la cama, comienza a sonar en modo de llamada. Lo tomo de nuevo y contesto sin ver siquiera el número. Sé que es ella.


—Basta de mensajes por favor, sabes que me asustaste mucho. ¿Verdad? Hablo en serio Justin. No me habían mandado mensaje antes, desde que lo entregué.
—Bien, bien tranquilízate linda, ya ha pasado, y lo siento. —Digo entre risas y aclaro la garganta. —Como sea... ¿Aceptas mi invitación?
—No puedo. Mañana inicio con mi trabajo y necesito dormirme temprano. —Se disculpa con un hilo de voz, probablemente aún no le tengan permitido hablar allí dentro. —No es nada personal, me gustaría pasar todo el tiempo del mundo contigo.
—Entonces veremos qué hacer. —Una idea se viene a mi mente. Me levanto, tomo las llaves y salgo hacia el estacionamiento. —No te muevas de ahí ¿vale? En un rato llego.
—No puedo tener visitas… —La escucho insistir, pero rompo la llamada. Esta es una buena idea y no pienso desperdiciarla. —


***


Nerviosa, muevo mis pies de un lado al otro de la habitación, revisando mi teléfono cada cinco segundos, después de tomar algún objeto de aquí, otro de allá... examinándolos con desinterés. Solo quiero matar el tiempo. Cuando no tengo otro objeto más que revisar, dado a que hay pocos en una habitación de rehabilitación, me recargo en la pared a lado de la puerta y espero a que me llamen. De un momento a otro la puerta se abre y pego un salto de conmoción. Lidia entra y cierra la puerta a sus espaldas, con una cara que no podría describir de tora manera más que emocionada.


—Acabo de conocer a tu Justin. —Se pone a aplaudir y me mira pícaramente, dado a que le he contado todo sobre la noche anterior. —No te culpo chica, no te culpo.
— ¿Qué te ha dicho? Me dijo que tenía planeado algo, pero me dejó con dudas. No quiero que haga algo loco, como siempre lo hace.
—Su pregunta me pareció muy razonable. —Asiente Lidia dándose palmaditas en su barbilla con el dedo índice. —
— ¿Qué te ha dicho? Es decir... ¿Qué te ha preguntado?
—Te repito que fue razonable.


Lidia se acerca a mi armario y lo abre. Comienza a sacar toda mi ropa, y no es que tenga mucha. Abre la maleta y la deposita sin cuidado en ella. Yo solo me quedo parada mirándola y preguntándome qué fue lo que hizo Justin, o si esto siquiera es parte de su plan o me están echando de aquí a la fuerza.
Lidia no tarda en guardar todas mis cosas y baja la maleta con ruedas al piso, dándomela. Yo no entiendo qué pasa, ni qué hice mal, o qué hizo Justin. Me indica que la siga y eso hago. Tomamos el ascensor hasta el primer piso y cuando se abre, veo a Justin sentado en el recibidor, leyendo cómodamente un periódico. Cuando me ve, sonríe y se levanta, caminando hacia mí. Me abraza y yo ni siquiera me jacto de lo que pasa. Solo le parece gracioso ver mi rostro de preocupación y de ansiedad. Si sigue así, lo golpeo. De verdad que sí.


—Gracias Lidia, fue muy bueno contar con tu comprensión. —Agradece Justin ofreciendo un apretón de manos a mi enfermera. —Ahora, debemos irnos.
— ¿Alguien puede decirme qué pasa? —Pregunto con los brazos estirados hacia los lados dramáticamente, dando a entender mi confusión. —Justin explícamelo.
—Expliqué que como es tu primera semana de trabajo, tal vez deberías contar con el apoyo moral de alguien que te ama. —Giña y vuelve a explicar. —Tú sabes… los primeros días son los más difíciles.
—Te dije que era razonable, linda. —Apoya Lidia abriendo mi carpeta con mi expediente dentro, y se la entrega a Justin. —Aquí tenemos su régimen. Cualquier duda, ya tengo tu teléfono y dirección. Así que haré visitas de inspección. —No había visto a Lidia tan feliz desde que ganó un cupón para una pizza gratis. —Mucha suerte a ambos.
—Gracias Lidia. Serás bienvenida. —Se despide Justin y rodea mis hombros con su brazo. —Vamos a casa, linda.


Aún no creo que lo haya hecho de ésta forma. Es demasiado increíble, inoportuno y divertido. No entiendo cómo es que ambos lograron convencer a la directora Western de que esto era lo correcto.
De hecho, ahora lo creo. Siendo honesta. Justin y Lidia tienen un gran poder de persuasión y hasta ahora logro comprender, que entre ellos dos juntos, usando su encanto, lograrían hasta que me apartaran el régimen. Y no dudo que lo hayan intentado. Pero hay límites también. Así que por solo la razón de ir a vivir con Justin por un tiempo me siento increíblemente libre de nuevo.
Durante todo el camino le hago preguntas a Justin sobre cómo fue que logró todo esto, diciéndole que es un genio y que nunca me habría pasado por la cabeza esa idea, y mucho menos ese tipo de petición improvisada. Sus argumentos me han dejado con la boca abierta, y eso que no me los ha dicho todos exactamente completos.
Me ayuda con mi maleta del estacionamiento subimos las escaleras y llegamos al apartamento. Entra, deja la maleta a lado de la puerta y enciende el aire acondicionado por medio de un control táctil instalado en la pared a lado de la entrada. Observo su casa y la recuerdo un poco de la última vez que la vi.
No recuerdo mucho, dado que él me llevó a la fuerza y la mayor parte del tiempo estuvimos peleando. Pero en mi mente se pintan poco a poco los rasgos interesantes, y me doy cuenta de que ha cambiado mucho. Ya no está todo en completo orden, ahora parece una casa normal, de un chico normal. No está encendido el reproductor esta vez y siento el ambiente más cómodo y acogedor. ¿Tendrá que ver con el humor?
Justin pasa a mi lado y aprieta mi hombro con suavidad al instante. Se dirige a la cocina y desde ahí me ofrece algo de comer o de tomar. Le digo que no, gracias. En sus manos tiene la carpeta de mi régimen y se sienta en la barra del desayunador, después de haberse destapad una lata de soda. Da un trago y levanta la vista hacia mí. Sonríe y baja la lata.


—De ese pasillo largo en adelante, hay habitaciones. Elige la tuya. —Por un momento pensé que dormiríamos juntos. —O es que acaso… —Me ha leído el pensamiento. —No te preocupes, solo elige uno para que guardes tus cosas. Lo siento, pero en mi armario no hay mucho lugar.


Sonrío en forma de agradecimiento, tomo mi maleta y dejo a Justin solo en la cocina leyendo mi expediente. Camino por el pasillo y me detengo en la habitación en la que Justin me encerró la última vez que estuve aquí. Es el suyo. Salgo rápido y cruzo el pasillo para dar con el que será mi cuarto. Está limpio, con sábanas azules bien acomodadas y las paredes son blancas. De verdad que tengo miedo de siquiera tocarlo. Dejo mi maleta y salgo de nuevo hacia la cocina, donde Justin sigue atento a las hojas de la carpeta. Me siento a su lado y beso su mejilla, el se vuelve y me sonríe tiernamente, besando mi frente.


—Lo siento por todo esto. —Murmuro escondiendo mi rostro en su cuello. —No sé que es lo que siento cuando te veo leyendo todo lo malo que me ha pasad, pero puedo asegurar que no pienso nada positivo.
—Yo al contrario estoy orgulloso de ti, nena. —Justin cierra la carpeta a medio leer, y me rodea con sus fuertes brazo. —Eres tan fuerte… has pasado por mucho y tienes todo el crédito del mundo. Mereces ser feliz y yo voy a hacer que eso pase.
—Un ejemplo es vivir juntos ¿eh? —Le pregunto arqueando una ceja. —
—Si puedes vivir conmigo, créeme que eres una diosa invencible. —Bromea y luego se levanta, tomando sus llaves de nuevo. —Entonces debo traer algo de fruta, nada de alcohol, mucha carne para la señorita y… ¿donas?
—Una debilidad. —Admito encogiéndome de hombros. —
—Voy a comprar todo eso, y regreso pronto ¿vale? —Se inclina hacia mí y me besa. Succionando mis labios tan apasionadamente, que quiero explotar. —Te tengo conmigo y nada ni nadie va a impedirlo. Prepárate. Toma un baño y usa algo bonito porque esta noche cenaremos aquí, miraremos una película y…


Lo dejó a la imaginación. Pero sé a lo que se refiere. Mi piel se eriza y le sonrío levemente como respuesta. Es obvio que lo ha notado. Guiña y sale del apartamento.
Doy un trago enorme a la lata que él dejó a medio tomar en la barra y me levanto, caminando hacia la habitación. Tomo mi maleta y la dejo caer cautelosamente sobre la cama, abriéndola de un movimiento. Comienzo a desempacar mi poca ropa que llevo, algunos zapatos y me siento extraña cuando noto que solo abarcan la mitad de ese enorme clóset. Me encojo de hombros y tomo mi ropa interior, y unos jeans bonitos, a juego con una blusa color amarillo pálido. Abro la única puerta que hay en la habitación y encuentro el baño. Me desnudo, me hago un moño desordenado con mi cabello y entro al agua regulada. Enjabono mi cuerpo solamente, y al terminar, me envuelvo una toalla blanca que está colgada en la puerta corrediza. Ato la toalla en mi cabello y salgo del baño, tomando de mi maleta mi neceser y vuelvo al lavabo. Cepillo mis dientes y me visto. Suelto mi cabello y hago una trenza a modo de diadema, desde un extremo a otro, dejando el resto del cabello suelto.
Sonrío al espejo y me retiro. Según algunos consejos, cuando inicio a rehabilitarme, tengo que dejarme de ver detenidamente antes de encontrar algún defecto creado por mi mente. No tiene caso ahora, pues es uno de los días que me siento bien. No excelente. Solo bien. Y eso es un avance.
Deambulo por la casa y cuando no tengo a donde más ir, me siento en el sofá del living y hojeo una revista de autos que estaba en la mesa de centro. Escucho la puerta abrirse y me pongo de pie por inercia. Justin entra con bolsas llenas de productos y debe cerrar con el pié. Corro a ayudarlo y tomo dos bolsas, depositándoles en la barra, a lado de mi carpeta. Él me mira de arriba abajo y arquea una ceja. Solo pienso en decirle “Es lo más bonito que pude conseguir”. Pero parece bastarle. Sonríe, deja las bolsas y corre a abrazarme. Besa mu cuello y me aprieta contra su pecho. Como diría Lidia… “Fue muy razonable”.



-----------------------------


¿Les pareció razonable?
Porque a mí si. Ah.

Hoy me dieron activación física
nivel ninja. I'M A PURPLE NINJA ah
Me duele todo, debo dormir.

Espero que les haya gustado.
#MuchLove #AbrazosVirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
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*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
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Mafer.

  • 200 days ago via site
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Stuck In The Past


Capítulo 5


Después de dormitar en su pecho, me encuentro aún con su mirada despierta y atenta hacia mí. Me parece la criatura más inocente del mundo, aunque estemos así, tan juntos, desnudos y después de haber hecho el amor. Aún su cuello está algo húmedo por el sudor, pero su respiración se ha normalizado. Ella juega con los dedos de mi mano derecha y me hace cosquillas con cada toque. Su cabello está echado hacia atrás, sobrepasando el sofá, cayendo al vacío. Beso su cuello otra vez y suspira.
Se levanta un poco, y me incorporo con ella hasta quedar sentado en el sofá. Ella levanta sus bragas del piso y se las pone, junto con el resto de su ropa. Me mira seria y busca su celular en su bolsillo. Teclea un par de palabras y espera.
Yo la miro, sin entender qué he hecho mal. ¿La he lastimado? ¿No estaba lista? ¿Se ha enojado conmigo? No puedo comprenderla, la verdad. Si no hubiera estado lista me lo hubiera dicho. La conozco. En un estado de shock me coloco mis bóxers y me siento, mirando al piso. Segundos después, ella se sienta del otro extremo del sofá y se recuesta nuevamente. Me vuelvo hacia ella y me sonríe, indicándome que me vuelva a recostar en sus brazos. Forzó media sonrisa y lo hago. Aunque sigo dudando de lo que ha pasado.


—Lidia me ha dejado estar contigo hasta mañana. —Indica ella en un hilo de voz, su voz se escucha perezosa y alegre. — ¿Está bien verdad?
—Solo si me dices quien es Lidia. —Contesto acariciando su cintura por debajo de su blusa. —
—Bueno, voy a contarte todo. —Dice ______ mirando hacia el balcón. —En primera, no te preocupes. Solo me vestí porque hace frío.
—Lo hubieras dicho. —Me levanto, me pongo mis pantalones y me aproximo hacia la puerta de la habitación. —Si quiero saberlo todo, tenemos que acomodarnos. Pasaremos la noche aquí. ¿Cierto?
—Claro, si tú quieres estar aquí. —Asiente la chica, sentándose en el extremo del sofá. —Eh, ¿a dónde vas?
—Voy al auto por algunas cosas, regreso rápido.


Bajo las escaleras de dos en dos y salgo por la puerta principal. Quito la alarma al auto y saco unas mantas limpias que siempre llevo en la parte de atrás. Cierro el auto y lo aseguro de nuevo y entro al lugar, subiendo de nuevo los escalones hasta llegar a la habitación. _______ está cerrando la gran ventana y enciende una lámpara vieja que está en una especie de mesa en la esquina de la habitación. Me sorprende que aún sirva. Tiendo las mantas en el sofá y nos recostamos de nuevo. Besos sus labios rápidamente y entrelazo nuestras manos. Juego con sus dedos y me imagino cómo luciría con un anillo de compromiso, enorme y hermoso. Desde ese arranque en el estacionamiento, la idea se ha sembrado en mi mente. Tal vez sea una buena idea después de todo.


—Bueno, todo listo. ¿Aún quieres que te cuente? —Pregunta ______ arqueando una ceja. —No quiero que después de esto nos pongamos extraños Justin. Quiero que todo sea como antes… eh, es decir, la parte buena de lo que éramos antes.
— ¿Me estás aceptando de nuevo? —Pregunto mirándola pícaramente y metiendo mis manos debajo de su blusa al mismo tiempo que le beso la mejilla. —Mierda, ¿para qué te vestiste?
—Basta. —Ríe quitando mis manos de su cintura y recobra la compostura. —Vale… quitando todo lo que pasó contigo y aquella chica en la fiesta, prefiero olvidarlo. Esa fiesta fue de locos, y sé que fue tu intención, pero por la influencia de todos los narcóticos. Y prometo nunca volver a algo así.
—Mucho mejor. —Asiento subiendo la manta hacia mi pecho. —En serio lo siento nena.
—Yo también.


Unos minutos se queda en silencio. Como una señal de que lo que está a punto de contarme es difícil, y tiene que saber las palabras exactas antes de decir algo que pueda interpretarse mal. Acaricio su rostro, ella parpadea y vuelve a mirarme. Sus ojos están de nuevo tristes y me preocupo. Sé que es extraño cambiar tantas veces de estado de ánimo, pero conozco a ______ y debe tener una razón importante. Así que le doy su tiempo para estar a gusto de nuevo conmigo.


—Hace tiempo atrás, cuando iniciábamos a salir, tenía muchos problemas en la Academia de baile. —Recuerda recargando su cabeza en el sofá, mirando al techo. —La profesora Donaire dejó de tratarme bien en ese tiempo. No digo que por tu culpa, pero en parte desde que supo que tenía algo que ver contigo, se hizo muy fría conmigo. No entiendo muy bien porqué… tal vez pensaba que su única alumna sobresaliente se atrasaría.
—Tal vez estaba enamorada de mí. —Bromeo, pero no estoy sonriendo. Lo digo de una manera algo realista, y ella solo suspira. —
—Está vieja Justin, lo sabes. —Contesta en voz baja. —La razón de esto, es que Donaire me llamó la atención cuando me vio contigo. Me dijo que si quería ir a competencias y tener un puesto importante, necesitaba dar mi cien porciento y más. Y luego… me obligó a hacer más entrenamiento porque… —Toma aire sonoramente y después exhala. —…según ella estaba pasada de peso.
—Eso no es posible. —Niego sin entender bien a dónde lleva esto. —Tú eres algo así como perfecta amor. —Rodeo su cintura nuevamente con mi mano y le beso el cuello. —
—Para ella no lo era, supongo. —Se encoge de hombros y aclara la garganta. —Bueno, yo seguí las instrucciones y pronto me di cuenta de que eso no era suficiente. Desde pequeña estuve con el prototipo de chica perfecta que quería alcanzar. Nunca fui muy buena con la comida y soportaba pasar horas de hambre hasta por días. Nunca te dije nada porque pensé que eso estaba bien. Durante mi última actuación, cuando me obligaron a no verte durante un mes, no comí nada más que una manzana u otra fruta al día. Con ejercicios extenuantes y cuatro horas de sueño. Creí que era normal pero…


Se detuvo. Levanté mi mirada a su rostro, y logré ver a una chica completamente derrumbada. No era como nuestra pelea, no era como cuando me contaba sobre las peleas con su madre. No. Era diferente. Ella estaba tan decaída y derrumbada y me siento culpable por no haberme dado cuenta en ese tiempo.
Una lágrima cae sobre su mejilla y me encargo de limpiarla con mis dedos. Ella lucha con dureza para no volver a llorar y se tranquiliza un poco.


—Después de que te vi así con aquella chica en la fiesta, me derrumbé y me quedé totalmente paralizada. —Continúa. —Nunca soporté las emociones fuertes, y la descompensación de todo ese tiempo fue la gota que colmó el vaso. Colapsé. Caí desmayada al piso y desperté en un hospital, totalmente sola. —Con una voz temblorosa, exhala de nuevo y continúa. —Tengo anemia, y estoy pasando por un duro régimen para poder superarlo. He respondido bien al primer tratamiento y hay posibilidad de que me mejore. No quería que supieras dónde vivo porque estoy en una clínica. En parte porque lo que tenía era un desorden de alimentación y debía estar bajo supervisión. Así estuve todos estos meses y por fin puedo volver a salir, vivir normalmente, y aún mejor que antes. Es una oportunidad única en la vida Justin, y quiero compartirla contigo.
—Dios, yo… —Me quedo pasmado, mirándola. Ella desvía la mirada, intentando no ponerse a llorar de nuevo. La abrazo más fuerte y me escondo en su cuello, dejando mis lágrimas en su piel. —Perdóname.
—Tú no tienes la culpa. —Añade llorando. —Toda la culpa la tengo yo por dejarme llevar por lo que las demás personas querían para mí. Debí hacerte cas desde un principio y des afanarme de todo…
—No ______. —Me levanto del sofá y pego un golpe con mi puño a la pared. —Todo esto es mi culpa. Yo te pude haber ayudado, pude haberme dado cuenta de algo, estar disponible para lo que quisieras hablar… pero fui un puto egoísta. Te llevo a todos lados conmigo, quiero que hagas lo que me gusta y nunca te pregunté si estaba bien.
—Nunca te lo hubiera dicho, yo tampoco sabía que estaba mal. —Me defiende levantándose y toma mis hombros con sus pequeñas manos. —
—Si yo lo hubiera notado… soy un maldito. —Me regaño recargando mi cabeza en la pared al mismo tiempo que mi respiración se agita. —No soy digno de ti. Tú luchas demasiado y yo soy una vergüenza.
—No digas eso Justin por favor. —Me abraza por detrás. —He superado todo esto. Por esa misma razón no quería contártelo aún. Por eso quería irme sin verte esta noche. Pero creo que fue una buena decisión estar contigo. Desde el principio.
—No merezco todo lo que eres. —Me doy media vuelta y me encuentro con sus hermosos ojos escrutándome, llorosos. —Eres mucho más de lo que yo merezco.
—No es verdad. —Toma mi rostro con sus manos y me besa fugazmente. —Yo estoy contigo porque siento que puedo ser feliz a tu lado. Por siempre. Siento que lo nuestro puede ser más que un simple flirteo que pasó en el verano. ¿No te das cuenta? Tú me seguiste, fuiste paciente conmigo, juzgando el mal genio que tenías antes. Antes eras tan perfecto para mí, así con tus arrebatos de furia y lastimándome… imagínate ahora. Has cambiado. Ahora estoy segura de aceptar lo mucho que te amé antes. Y claro… lo mucho que te amo ahora.
—Yo estoy seguro de que te amaré siempre. —Confieso abrazándola y levantándola del piso en mis brazos. —No estaba bromeando con pedirte matrimonio nena. En verdad quiero que te cases conmigo.
—Estaría encantada. —Sonríe lanzándose a mis brazos. —Te amo.
—Te amo.


***


Siento su aliento en mi pecho y abro los ojos. Mi _______ duerme tranquila, abrazándome con fuerza. Subo mi mano hacia su hombro desnudo y acaricio su piel, acercándola a mí lentamente para darle un beso en la frente. Regreso mi mirada al techo y dibujo una sonrisa en mi cara.
_______ ha aceptado ser mi esposa.
Sin siquiera un anillo de por medio.
Pero aún así es oficial.
Me siento pleno esta vez. Recuerdo los altibajos que fue el día de ayer. Iniciamos con una pelea, hicimos las pases, después hicimos el amor, justo después nos debatimos entre quién era culpable de nuestros problemas y la conocí aún más de lo que creí conocerla. Y al final, le pedí que fuera mi esposa y la amé de nuevo, y ella me contó sobre su empleo y sobre el día que iniciaría. Después de seis meses al fin encuentro mi lugar.
Cierro los ojos y dormito un rato más. Cuando los vuelvo a abrir, ella sigue dormida. Estiro mi mano y tomo mi teléfono que está en la mesa a lado de la vieja lámpara aún encendida. Es muy tarde. Le hago cosquillas en su oreja hasta que despierta con buen humor. Le doy unas palmadas en sus mejillas, jugando con ella y suelta un carcajada.


—Vamos, vamos, tienes que despertarte. Que tu reloj interno se acostumbre a levantarse temprano si quieres conservar tu empleo.
—Basta, aún tengo mucho tiempo para dormir. —Tapa su rostro con la manta y se queja por debajo. —¿Puedes dejar de hacerme cosquillas?
—Despiértate.
—Estoy despierta tonto.
—Entonces levántate. —La fuerzo. —Vamos, tienes que desayunar.
—No uses esa excusa. También tengo horario y falta mucho para el desayuno. No molestes. —Se defiende. —Déjame dormir.
—No. ¡Te compro lo que quieras pero ya levántate!
—No puedo.
— ¿Por qué?
— ¡Porque tus piernas están enredadas con las mías!


***


Sonrío cuando la veo terminar su último bocado. Pero tampoco quiero ser tan obvio como para tratarla diferente, pues se que a ella no le gustaría. Así que finjo limpiarme la boca con una servilleta de papel para ocultar mi sonrisa. Ella termina de un trago su segundo vaso de jugo de naranja y se limpia bruscamente con el puño.


—Ahhh esto era lo que necesitaba. —Dice palmeando su estómago varias veces. —
—Y no querías desayunar. —Puntualizo terminando mi desayuno también. —Ahora imagino si hubieras tenido hambre.
—Deja de burlarte. —Contesta ______ retirando su plato un poco de ella. —Creo que mi hambre ha sido causada por actividades un tanto nuevas y extenuantes para mí.


Me río de su comentario, entendiendo por completo a lo que se refiere. Al pagar nuestra comida, salimos hacia mi auto y la llevo directo al centro donde está. Parece estar acostumbrada a la idea, por más que parece algo triste. Me despido con un beso y la observo entrar al edificio. Hasta cuando no la veo por completo, me dirijo a casa. Al fin puedo vivir en donde me gusta, mi casa normal, sin recuerdos de Kate o de algo más. Me doy una ducha al salir y vestirme, me siento en mi cama y veo algo de televisión. Mi teléfono, que está en el buró comienza a sonar y me levanto a contestarlo. En el identificador de llamadas está el nombre de Dina Lawrence. Pero… yo no recuerdo haber guardado su número. Tal vez ella lo guardó cuando lo perdí y tuvo que entregármelo. Suspiro pesadamente y decido contestar.




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Oh... -.- ella se ha atrevido.


Aquí les dejo el capítulo, que iba a subir ayer,
pero por culpa de mi prima no pude hacerlo.
(Aparte de que tenía que estudiar historia) D:

Bueno, ya todo bien. Espero que les guste :)

#MuchLove #Swaggy #AbrazosVirtuales


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*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
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Mafer.

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Stuck In The Past


Capítulo 4


La miro y me parece extrañamente diferente. Siento como si nada de lo que vivimos antes hubiera pasado. Su rostro me mira con miedo, y reacciona alejándose de mí. Sus ojos llorosos me suplican que no le haga daño, y me pregunto porqué me puse tan rudo con ella. Lo único que quiero es tenerla a mi lado como antes y fue una decepción al comportarme como un jodido patán. Pero ¿Qué más puedo hacer? Conozco la necedad de ______ y si no fuera por mi carácter, ella haría lo que quisiera… bueno, he fallado. Aún con mi carácter, ella se alejó.
Se da la media vuelta y comienza a caminar por el oscuro cemento seco del lugar. Me quedo quieto, intentando buscar la forma en la que puedo hacerla regresar. Pero no me viene nada a la mente, en concreto. Cuando me doy cuenta, ya estoy caminando hacia ella y la tomo del brazo. Deslizando mi mano hacia su muñeca y apretándosela con fuerza. Esa siempre ha sido mi reacción. Por más que trato de no hacerlo, siempre termino lastimándola. Aflojo la mano y bajo de tono mi mirada, intentando tranquilizarla. La jalo con cautela un poco más cerca de mí, y le ruego… cosa nueva en mi personalidad.


—No sé que hice que te alejó de mí. —Suspiro, dejando al descubierto mis pensamientos. —Pero te he extrañado cada maldito segundo de mi vida.
—No sé porqué mientes.
—Joder, nena… —Cubro mi rostro con las manos en señal de frustración. La tomo de la cintura y después de sus mejillas, haciendo que me mira directamente. — ¿Qué te he hecho? Me quieres culpar de algo que ni yo mismo sé que hice, me quieres culpar de algún mal entendido de mierda… yo…
— ¡¿Es que a caso no te enteras?! —________ alza la vos y me observa con sus profundos ojos llorosos. —Justin, fui a la estúpida fiesta de la amiga de Carter, ahí estaba… no sé que mierda me dieron que enloquecí. Me divertí y decidí ir al baño.
—Por un demonio… —Lo que hice está más que claro. Lo recuerdo poco, pero sé que lo hice… pensaba ocultarlo y ahora me doy cuenta del pedazo de imbécil que soy. —
—Ya lo has recordado ¿cierto? ¿Tienes idea de cómo me sentí? ¿Tienes idea de todo lo que tuve que hacer para no volverte a ver? Justin, he pasado por tantas cosas en estos meses que de verdad mi problema contigo es una pequeñez. Yo estoy con esta enfermedad de mierda que yo misma me provoqué, pero agradezco estarlo en vez de tener que soportar tus mentiras.
—No…


Intento decir algo, pero mi garganta está tan cerrada, que me detengo. Ella me observa sin entender porqué me ha dicho todo esto. Intento tomarle la mano otra vez, pero ella la quita bruscamente. Soy un bruto. Un imbécil. Corro detrás de ella y vuelvo a tomarla en mis brazos. No dejo que mi actitud molesta-dolida arruine el momento y solo lloro a su lado. Tomo su cara entre mis manos y toco su frente con la mía. Ella jadea en su llanto, intentando cesarlo, pero es obvio que está consumida.


— ¿Qué es lo que tienes? —Pregunto sobre la supuesta enfermedad que tiene. —_______, sólo dime qué tienes.
— ¿Acaso te importa?
—No hay nada más importante en mi vida que tú, entiéndelo. —Insisto. Ella suspira y sus labios se curvean tristemente. —No, no… nena no llores.


Mis rodillas tiemblan y la abrazo. Escondo mi rostro en su cuello e inhalo su delicioso aroma. En eso no ha cambiado nada… acaricio su espalda con mis manos y mi corazón se vuelve loco al notar que ella también me abraza a mí. Mis labios besan la piel helada de su cuello, subiendo hasta su mejilla. Acaricio su barbilla y me vuelvo a perder en esos bonitos ojos suyos. Me siento como si no hubiera pasado el tiempo, la tengo finalmente en mis brazos y es lo único que me debe importar. Ella es mía. Va a ser mía hasta siempre y voy a luchar por ello.


—Te amo _______.


No dejo que ella conteste algo que me pueda lastimar. Empujo sus labios hacia mí y ella ahoga un gemido de llanto contra mi boca. Enrollo mis brazos con más fuerza a su alrededor para no dejarla escapar lejos de mí. Separo nuestros labios y los vuelvo a unir, sintiendo como ella cede a cada segundo que pasa. Siento sus manos en mi cintura, yendo hacia atrás, acercándome a ella aún más. Siento en su pecho su corazón latiendo. Debe ser magia… ella está de nuevo conmigo y no voy a dejarla ir.
Nuestros labios de nuevo comienzan a encontrarse y no se dejan ir. Ella abre su boca sensualmente en mis labios y atrapa con voracidad. Pronto su llanto cesa y se concentra más en hacerme sentir bien, tanto como yo lo hago para que ella entienda que no le estoy mintiendo. No más. No más mentiras de mi parte. De ahora en adelante le voy a entregar todo de mí a la que algún día fue mi chica, y que ahora, con mayor razón deseo recuperar.
Cuando me separo de ella, espero con ansias ver su reacción. Sus ojos me escrutan atentamente esperando a que haga otro movimiento. Sonrío en su dirección y la noto sonrojarse. Esa es la chica que nunca debí tratar mal. Ésta es la chica de la que estoy enamorado. Ella está aquí conmigo y no quiero que se vaya.


—Dime qué sientes. —Le ruego, no sin antes besarla de nuevo. —No te dejes llevar por lo que hice tiempo atrás. Dime qué sientes ahora. Solo dime qué te hice sentir en este beso. Sé honesta y enséñame a decir la verdad.
—Debo volver a casa… —Dijo ella, mirando hacia atrás. Cuando volvió a mirarme, sus ojos de nuevo estaban luchando por no llorar. —Justin, en verdad debo regresar.
—Cásate conmigo. —Solté dejándome llevar por el momento. —En este mismo momento mi amor… casémonos y de verdad prometo serte fiel hasta el final de mis días. Solo quiero estar contigo.


Ella tomó mi mano, sin apartar la vista de mi rostro. Su cara se iluminó y comenzó a llorar de nuevo. Forcé una media sonrisa, pues todo lo que quería hacer era llorar igualmente. Acaricié su mejilla y por tercera vez la apreté contra mi pecho. Esta vez fue ella quien me tomó de la mano y entrelazó nuestros dedos, besando mi cuello húmedamente por sus lágrimas. No puedo soportar el tiempo y vuelvo a besarla. Un solo beso casi eterno. El más sincero que le pude haber dado. Al apartarme de ella, seco sus lágrimas con mi pulgar y recojo su cabello detrás de su oreja.


—Dime qué tienes… —Insisto, obviamente preocupado. — ¿Te puedo ayudar en algo?
—No quiero contártelo. —Espeta firmemente, pero su mirada está más relajada, y mucho menos temerosa. —No quiero preocuparte.
—Creo que me preocuparía más si no me lo dices. —Tomo su barbilla y hago que me mire. —Ahora… vamos. Puedes decírmelo.
—No lo creo.
— ¿Podré saberlo algún día?
—Debes ganártelo.
—Eso quiere decir que tengo que pasar mucho tiempo contigo para ganármelo. Eso es demasiado bueno de tu parte… —De un momento a otro me siento mejor, y afortunado por ser beneficiado por su hermosa personalidad. —No me equivoco ¿cierto?
—Me temo que no… —Duda mi chica… bueno, ya no es mi chica, pero aún siento como si lo fuera. —Comenzar desde cero sería esencial para ganártelo. Necesito tu confianza. Y tú necesitas la mía.
—Yo ya confío en ti.
—Pero yo no…
—Es buena señal de que me conoces en serio. —Dibujo media sonrisa en mi rostro, jugando con ella. —Te he mentido tantas veces, que ya no lo recuerdo…
—Siempre logras salirte con la tuya cuando quieres ¿ah? —_______ se cruza de brazos y su mirada de tristeza, cambia a ser la misma de siempre. —Tenía entendido que me mentías, pero eres tan descarado que bueno… te creo.
— ¿Me crees?
—Creo que me has dicho que eres mentiroso. Eso es lo que creo.
— ¿Y si te estoy mintiendo ahora mismo?
—Ni tú mismo entiendes lo que dices Bieber. —Sonríe y me golpea en el hombro no tan fuerte como para lastimarme, pero aún así hago como si me hubiera dolido un montón. —Ahora basta. Debo irme a casa, tengo toque de queda.
—Te llevo.
—No, no puedes. —Agranda su mirada en modo de advertencia y me toma la mano para llevarme hacia el auto. Yo agradezco por dentro tener su toque. —Solo… conduce hasta donde yo te diga y ya. No te diré donde vivo porque no saldrías de allí
—Vaya que me conoces.


***


Conduzco atento a los lugares de mí alrededor, memorizando cada calle para no perderme cuando vaya a buscarla cada día (ella me conoce demasiado bien) y daré con ella sin siquiera preguntarle. El trayecto es mejor que el intento de secuestro de mi parte. Ella habla sobre su nuevo trabajo, pero tampoco dice nada de dónde es ese dichoso set de la revista. Pero me alegra en lo más profundo que haya seguido mi consejo e hiciera lo que más le gusta en el mundo.


—Tal vez sería buena idea que hicieras una sesión para mí. —Bromeo mirándola de reojo mientras conduzco. —Tengo habilidades de modelo… te podría seducir.
—Tentador… pero de verdad necesito seriedad. Y tú eres un niño. —Dice ella golpeándome por segunda vez en el mismo hombro. De nuevo finjo dolor. —Te pones a pintar paredes de lugares cerrados y se supone que son reliquias. Eso es muy infantil.
—Tú lo has hecho. —Giro en la esquina rápidamente y ella se sorprende. —De seguro no se preocupan si llegas un poco más tarde ¿verdad?
— ¡Justin necesito regresar! —Grita ella, desesperada mirando por la ventanilla al darse cuenta de mi desvío. —Da la vuelta ahora.
—No puedo. Es un solo sentido. —Sonrío y acelero. —Me lo agradecerás.


Tomo la carretera hacia la playa y en poco menos de veinte minutos estamos frente al gran castillo que hay en la colina. Bajo y corro alrededor del auto para llegar a su lado y ayudarla a bajar. Ella me lanza una mirada asesina, y yo solo sonrío y llevo mi brazo hacia por sobre sus hombros, caminando juntos hacia la entrada. Cuando entramos, la llevo rápidamente hacia donde tengo mi nuevo dibujo sin terminar.
Las alas negras se despliegan por toda la pared, sobre otros dibujos viejos y casi despintados. No puedo evitarlo y me coloco detrás de ella, rodeando su cuerpo con mis brazos, respiro cerca de su oreja y ella suspira. Cree que no me di cuenta ¿eh? Pero sí. Aquí estoy tan cerca como para escuchar sus pensamientos, y obviamente son sobre nosotros. Sobre lo que va a pasar ahora que estamos tan juntos. Yo no apostaría en contra mía. No sé si pueda contenerme.


— ¿Notas cómo se despliegan a lo largo y ancho? —Indico con mi dedo índice hacia la vieja pared recién pintada. —Yo quería que fueran monumentales. Pero me terminé la pintura. Pronto volveré a terminarlas. Creo que es una hermosa obra de arte… sin deseos de alardear.
—Vaya… —Por un momento se queda sin habla. — ¿Cuándo es que tú, Justin Bieber – Jason McCann alardeas?
—He captado tu indirecta directa.
— ¿Puedo ir al balcón? ¿Aún existe?
—Claro que existe, en vez de una silla hay un sofá. —Río y la tomo de la mano antes de echarme a correr como un loco. — ¡Cuidado con las escaleras!


Subimos corriendo las escaleras y me detengo en seco en la entrada de la habitación. ______ sigue de largo hacia el balcón y pone sus manos en los soportes de concreto. Mirando hacia abajo. Me acerco hacia una esquina del cuarto, donde hay un bulto grande, cubierto por una manta negra cubierta de polvo. La quito y debajo de ella hay un sofá casi nuevo, color marfil, muy elegante. Me siento en medio de ese gran sofá y la observo. Ella se vuelve y se ríe al confirmar que hay un sofá en el lugar.
Me levanto y camino hasta quedar a su lado y rodeo su cintura con mi brazo. Ambos miramos el océano revuelto y sentimos el aire caliente de la noche. Cierro los ojos y le doy un beso en la cien. Ella suspira.


— ¿Medirás ahora lo que tienes? —Pregunto impaciente. —Por favor.
—Solo debes hacer una cosa.
—Lo que quieras.
—Nunca vuelvas a lastimarme.


Sus palabras me llegaron profundamente. Me volví hacia ella, y no estaba con la expresión que creí que tendría. Estaba serena, mirando hacia abajo. Hacia el océano aún. Me recargo sobre la barda baja y toco su hombro para que me vea. Me obsequia una preciosa sonrisa y rompo mis reglas.
Dije que ya no sería mi chica.
Me prometí a mi mismo aguantar.
Pero simplemente no podía.
Seis meses de espera se resumen en esto.
Tomo su barbilla y la beso de nuevo. Ella no opone resistencia y me abraza. Con mis dos manos sostengo su rostro y la beso como nunca. Devoro sus labios en cada beso y con mi lengua toco los mismos.
Ella gime y la aprieto más a mi cuerpo. Introduzco mi lengua en su boca y consigo que ella se arquee contra mí. Demonios… es la mejor sensación del mundo, tenerla conmigo nuevamente. Como si no fuera el imbécil que la lastimó. Bajo mis manos a sus caderas y acaricio lentamente su piel. Ella coloca sus brazos alrededor de mi cuello y juega con mi cabello haciéndome estremecer de gusto.
Bajo mis manos a su trasero y hago que de un brinco, para dejarla a horcajadas alrededor de mi cintura. Bajo mis besos a su cuello y muerdo su piel, después la acaricio con mi lengua, hasta conseguir el efecto que quiero. Ella ríe escondida en mi cuello, intentando hacer lo mismo que yo. Succiono su piel hasta dejarla de un color rojizo. Camino con ella aún sobre mí hacia dentro de la habitación y la bajo con cuidado sobre el sofá. Me coloco sobre ella y meto mis manos sobre su blusa, mientras acaricio su piel desnuda. Beso lentamente su brazo a lo largo, del hombro hasta su codo. Su manía de jugar con mi cabello me encanta… suspiro en su piel y la noto erizarse. Saco su blusa y la arrojo al piso. Inmediatamente también quito su sostén y beso sus pechos. Bajo hasta su estómago y siento sus costillas marcadas en cada beso. Me gustaría preguntarle algo… pero no puedo detenerme. Quiero amarla. Jugueteo con mis dedos en su cadera y le hago cosquillas. Sonreímos y ella se decide a quitar mi camisa sin llevarse la gruesa cadena dorada que llevo colgada del cuello. Tira de ella suavemente para atraerme y me besa dulcemente. Mete sus manos bajo mis pantalones y mi ropa interior y los baja. Me sorprende la forma en la que me toca. Decido no quedarme atrás y bajo sus shorts y sus bragas. Beso su cuello infinidad de veces hasta darme cuenta de que ambos estamos con miedo. Ella es diferente. He estado con demasiadas chicas, lo admito, pero ella… es… oh Dios. No quiero lastimarla. Se lo prometeré. La voy a cuidar de ahora en adelante. Abre los ojos lentamente, esperando que yo haga algo. Sonrío y acaricio su mejilla reconfortándola antes de entrar en ella. Ella… demonios, ella necesita ser tratada con cuidado. Escondo mi rostro en su cuello y ella aprieta sus dedos en mi espalda. Gime en respuesta a mis lentos movimientos hasta que estoy en su punto. Ahora sé que será mía. Mi mujer. Sin haberme prometido nada, de antemano lo sé. Soy le primero, y juro que también el último. Un ´último movimiento y la hago gritar. Mi corazón se parte en dos, pero intento hacerlo con el mayor cuidado posible. Se siente tan bien, es tan hermosa… ella lucha por no lastimar mi espalda… nena, yo hago un esfuerzo mayor… poco a poco ella se relaja nuevamente y gime más seguido en mi oído. Poco a poco pierdo completamente la cordura y la hago mía sin pensar en nada más. Se arquea contra mí y aumento mi ritmo, al igual que ella. Gotas de sudor emanan de nuestra piel y me siento al límite. Ella grita, desplomándose sobre el sofá, moviéndose con firmeza y rapidez, terminando. Segundos después, yo estoy besándola sin control y me dejo caer sobre su pecho, exhausto. Ella acaricia mi espalda y besa mi frente.
Escucho sus latidos y beso por última vez su piel.


—A excepción de hoy, nunca más te lastimaría. —Le prometo. —


---------------------------

Uh, estoy enamorada y con hambre.
Qué decepción. Ahq.
Podría dormir y comer mil años, ok ya. klasndflkds
Justo como prometí, ellos están juntos, todo bonito ue, ah.

Que tengan un lindo inicio de semana.

#MuchLove #AbrazosVirtuales #AbrazosDeLunes


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Mafer.

  • 207 days ago via site
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Stuck In The Past


Capítulo 3


—…hemos llamado para avisarle que su solicitud a la revista Faces ha sido aceptada. En un momento le llegará un correo con las características. Que tenga un buen día. —La voz que se parecía a la de una experta en idiomas desapareció, y solo se escuchó el sonido largo de la línea.


Suelto el teléfono en el colchón y salgo corriendo hacia la oficina de Lidia, donde ésta, está desayunando un plato de patatas fritas con un trozo de carne y pan que antes se hacía llamar hamburguesa. ¿Qué clase de desayuno es ése? Me pregunto cuando la veo masticando con los ojos casi cerrados de placer. No me importa mucho y tomo una patata del plato y me la llevo sin pensarlo a la boca. Lidia me mira extrañada, aunque con un brillo de orgullo. Me cede el plato, y como una patata más.


—Me han llamado de Faces.
—No me digas, no me digas, no me digas… —Lidia se levanta y lleva su voluptuoso cuerpo hacia la puerta. La cierra y guía uno de sus mechones rubios por su hombro. Camina hacia su locker y saca un precioso conjunto digno de una empresaria. —Yo tenía guardado esto para tu primer día de trabajo. ¿A caso ya te han dicho cuándo de presentes?
—Tengo que estar pendiente en mi bandeja… me dejarían un mensaje con todos los datos.
—Entro ahora.


Lidia había sido la encargada de ayudarme con todo, y a decir verdad, lo pensó en todo. Me abrió una cuenta de correo electrónico, pues sabía perfectamente que me la pedirían. También consiguió una carta de recomendación de la Academia de ballet, de mi “curso intensivo” en pintura y fotografía y también de mis antiguas escuelas. Fue muy precisa en todo. Casi parece que es una de esas agentes encubiertas que no deja huella y no se olvida de nada. Es muy madura para tener veintiséis. No tanto, a decir verdad… solo sé que ella si sabe qué hacer en casos de crisis.
Después de dejarla sin patatas fritas, me levanto y le extiendo la mano exigiendo mi teléfono de vuelta. Me lo dio solo el día de la entrevista y me lo confiscó de nuevo. Apostamos que si conseguía el empleo, me dejaría tenerlo de nuevo.
Yo misma se lo había dado después de quedar internada. No tuve el valor de cambiar de número, pero tampoco lo tenía pare recibir llamadas. Las únicas personas que me llaman son Jace, Addy, mi madre y Nadine… Baxter. La chica con la que competí en ballet en la Academia. Ella muchas veces ha demostrado ser una buena persona. En cuanto se enteró de lo que pasó, me llamó y Lidia tuvo que contestar por mí, claro está. Ahora creo que tengo otra amiga.
Llego a mi habitación y mi teléfono suena con timbre sin remitente. Veo el identificador y noto el nombre de “Dina (Entrevista)” y me siento algo extrañada. Contesto y rápidamente escucho un grito de ella por la línea. Cuando recupero mi tímpano del suelo, le pido que se relaje y me diga que pasa.


— ¡Soy la nueva cara de Faces, es decir que ironía! —Se carcajea y aclara la garganta. —Sé que has quedado. Lo sé. Deberían darme una columna como adivina.
—Es verdad. —Admito seria. —Ahora tendré que fotografiarte.
—Mucho mejor, así me sentiré más segura. De verdad odio que los camarógrafos o fotógrafos sean chicos y tengan una excusa para mirarte detenidamente y te obliguen a hacer poses dignas de Playboy.
—Juro por todo lo que tengo que no te forzaré a eso. —Como si tuviera algo… —Supongo que tendré que ir contigo al club.
—No te habría llamado si no. —Espeta con alegría. —Sé que quieres venir… te veo en el club cerca de las nueve. Por favor… tengo que presentarte a algunas personas. ¡Puedes llevar amigos!


Repito, como si tuviera…


—Está bien, nos vemos allá. —Finjo emoción y también algo de prisa. —Debo irme, iré a cenar con mi madre.
—No me dejes plantada ¿vale?
—No lo haré.


Si tuviera remedio. Cuelgo y suspiro sonoramente. Busco en mis contactos y llamo a Addy. Le aviso que podré salir esta noche, y que la veo en The Devil a las nueve menos diez. Ella duda un poco, por el lugar, alegando que Justin y Jace siguen presentándose allí. Le digo que no importa y la convenzo. Solo quiero pasar un rato libre… aunque debo admitir que quiero ver a Justin. Por lo menos de lejos, pensar las cosas y saber si sigo sintiendo algo después de este tiempo sin saber casi nada de él.
Pensando en un posible encuentro, aunque odie admitirlo. Saco de mi armario casi vacío un short de cintura ceñida color negro y una blusa blanca holgada. Un par de zapatos con tacón bajo color negro y una chaqueta de piel, igualmente negra. Tomo mi cabello en una coleta y llamo a Lidia para que me ayude a maquillarme. Como la reina de las emergencias, consiguió un permiso especial para mí. Dice que me quedaré a cenar con mi madre y llegaré tarde. Solo me prohibió beber alcohol. Está bien para mí.
A las ocho en punto, Addy me llama y me avisa, que mejor irá por mí. Espero sentada en mi cama mirando dibujos animados en la televisión, pues es el único canal que está desbloqueado. Cerca de las ocho cuarenta, Addy está conmigo mirando el final de los dibujos antes de tomar nuestras cosas y marcharnos. Antes, paso con Lidia para avisarle que tendré mi teléfono encendido y que no dude en llamarme su surge algo. No puedo creer que esté por salir de nuevo con Addy, como en los viejos tiempos.
Miro su cabello nuevo, castaño, y la felicitos, pues le ha quedado precioso el color. Ella me dice que me veo diferente con el pelo largo y recogido. Siempre me veía con cabello suelto o en un moño, pero jura que mi coleta es muy linda. Yo no le doy la razón, pero tampoco discuto. Yo pienso que sigo siendo la misma. Tal vez con el trasero huesudo y las mejillas más grandes. Como dijo Lidia. “Todo lo que comemos debe ir a nuestras mejillas”. Reí mucho con eso. Ella puede decir lo que sea sin sonar hiriente o prepotente.
Llegamos al club y entramos rápidamente en cuanto el gorila de la entrada nos ve. No sé si nos recuerda, o solo fue porque nos vio elegantes. Pero tampoco pidió identificación. Addy me explicó que Jace acaba de llegar de la Universidad y que probablemente esté en el escenario de nuevo, junto con Justin. Mi corazón se vuelve loco y comienzo a buscar personas conocidas con la mirada. Nadie en específico. Nos dirigimos a la barra y por suerte encontramos a Dina y a otros tres chicos con los que viene. Una es Alana, otra modelo. Alta, cabello negro y de tez más morena. Parece brasileña. Un chico demasiado guapo para mi gusto, Steven, alto, rubio y con sonrisa, digamos que de comercial… el otro chico es Greg, quien lleva el cabello muy corto y trae un cigarrillo en su boca. Éste nos saluda con un beso en la mejilla y nos guiña. Sus ademanes me parecen conocidos… pronto me doy cuenta de que es el mismo Greg de la recepción. Les presento a Addy y pedimos unas bebidas. (Solo una con alcohol para mí).
Cuando terminamos, dejamos la pequeña zona de la barra en donde estábamos y nos dirigimos a bailar. Encuentro todo igual. Nada ha cambiado en absoluto y eso me agrada. No me hubiera gustado perderme de mucho. Cierro los ojos por un momento y me dejo llevar por la música. Después de cuatro canciones, tomo a Addy de la mano y nos dirigimos a los baños. Tomo agua con mis manos y la coloco en mi cuello, refrescándome, para luego limpiar el exceso con un trozo de papel higiénico. Addy entra a un cubículo y cierra la puerta. Yo arreglo mi delineador y me siento en el lavamanos esperando a mi amiga. La puerta se abre y veo a una chica de cabello negro con luces rubias platinadas entrar. Me bajo del lavamanos y arreglo mi cabello. La chica que acaba de entrar se lava la cara con agua y se vuelve hacia mí. Pronto la reconozco.


—Oh por Dios… —Susurro. —No pensaba verte aquí.
—Un gusto. —Sonríe amablemente Darcy, extendiendo su mano para saludarme. —Tengo que decirte un par de cosas…
—No quiero problemas. —Musito a la defensiva. —
—Yo tampoco. —Darcy se encoge de hombros y toma su maquillaje y comienza a frotar la esponja en su cara. —Solo quería decirte que en verdad fui una idiota. ¿Está bien? Justin no era mío…
—Tampoco mío.
—Si no quieres verlo, será mejor que te vayas ______.
— ¿Él está aquí?
— ¿Dónde si no? —Darcy se encoje de hombros y se pasa su brillo labial por sus labios gruesos. Junta ambos para lograr un maquillaje uniforme y se vuelve hacia mí. —Él ha estado extraño. Sigue haciendo lo mismo, es un imbécil de mierda como siempre… pero por lo menos va a la universidad.
— ¿Él pregunta por mí? —Un aire de egoísmo me invade, intentando resolver todo con esa pregunta. Darcy no parece darse cuenta de lo que pienso… ella tampoco ha de pensarlo. —
—Yo no estoy para contártelo. Solo lleva ese culo tuyo con él y hablen. No tengo absolutamente nada que ver. Y te repito que lo siento. Yo arreglé mi problema, ahora hazlo tú.


Sonríe y sale del baño. Addy rápidamente sale del cubículo y me abraza, pensando que estoy lastimada, cuando no es así. La verdad no pienso hablar con Justin, tal vez no lo vea, pero Darcy me ha dicho algo importante. Él siguió adelante, justo como yo quiero hacerlo. Está muy bien. Y me siento en parte orgullosa de que haya conseguido entrar a la universidad.
Salimos de nuevo hacia la pista, y encontramos a Dina con los chicos, bailando, pensando en la filosofía “YOLO” por primara vez en mi vida. ¿Qué más da? Esta vez Darcy contribuyó con mi buen humor, y no estoy bromeando.


***


La música es más fuerte desde aquí. Doy la última calada a mi cigarrillo antes de tirarlo al piso y pisarlo. Observo por el balcón hacia abajo, donde hay un mar de personas bailando. Es difícil distinguirlos. Hay pocos conocidos y me estoy aburriendo demasiado. El grupo de chicos, y también Joe, están pasando un buen momento, pero no tengo ánimos para nada. Darcy llega y se sienta a mi lado, algo nerviosa, jugando con sus nudillos.


—Acabo de ver a _______ en los baños. —Dijo en una voz casi audible y tuve que callarme carios segundos para procesarlo. —Búscala Justin. Debe hablar de una jodida vez.


Me levanto rápidamente y me olvido de agradecerle su gesto. Un hueco en el corazón se extiende hasta mi garganta y mis ojos comienzan a arder. El odio, o el amor, o lo que sea me invade tanto, que uso esa energía para correr, bajar las escaleras y colarme con la gente que baila en la pista de baile. Busco a _______ solo a ella. Necesito dejarle las cosas claras de una jodida vez, como dice Darcy.


***


_______ baila sola con Addy, pues Dina y los demás se han ido. Por encima de su hombro echa una ojeada y su piel se queda helada. Justin está a pocos metros de ella. Mirando hacia todas direcciones, con sus anteojos oscuros, como antes. Como siempre. Toma a Addy del brazo y la jala hacia un lado de la pista


—Tengo que irme. —Le dice en un grito sobre la música. —De seguro Darcy le ha dicho.
—No huyas ______.
—Creí estar lista, pero no lo estoy.


Suelta a Addy y corre a la salida. Justo cuando lo hace, Justin gira la mirada hacia allá y la observa correr. Se dirige hacia la otra salida, la que va al estacionamiento y saca rápidamente su auto, haciendo los neumáticos chirriar para correr hacia en frente del Club. Donde divisa a _______ caminando rápido por la acera. Acelera y se posiciona a su lado. Adopta una actitud natural con un ligero toque de sarcasmo. Decide esperar a que ella esté a punto de cruzar la esquina, para dar la vuelta y quedar justo frente a ella. Lo logra. Abre la ventanilla y la mira. Ella está con cara de pánico justo frente a él.


—Sube. —Ordena fríamente. —
—No voy a subir contigo.
—Por una puta vez en tu vida hazme caso y sube ______. —Justin sigue sereno y se quita las gafas, mirándola. — ¿Tendré que bajarme y subirte por la fuerza?
—Está bien. —Suspira _______ abriendo la puerta del acompañante y sentándose. —¿Ahora qué?
—Nos vamos de aquí, te llevo a un lugar tranquilo, y me explicas porqué me has dejado ¿Te parece? Muy bien.


No deja que conteste y acelera el auto, no sin antes poner seguro a todas las puertas. Enciende la radio a un volumen muy fuerte, con una canción de Lil Wayne escuchándose. ________ no se atreve siquiera a mirarlo. Está apenada, con miedo y… sobre todo… nerviosa. Él no ha cambiado nada. Se vuelve y ve a Justin conduciendo con una mirada dura hacia el frente. Sus labios se curvan en una media sonrisa y se le cae el alma a los pies.
Se vuelve hacia la ventanilla y no despega la mirada del vidrio empañado hasta que el auto se detiene. Justin baja, y rodea el auto, hasta que está de su lado y abre la puerta. Jalando a ______ del brazo. Forzándola a salir y observar el lugar en el que están.
De seguro esta vez no la dejará escapar. Están en su lugar especial, y nadie los puede interrumpir. El estacionamiento abandonado el cual ha sido cede de todas sus peleas, momentos felices y de decepción. Un hueco en el corazón de nuevo. _______ siente sus fuerzas caer al recordar la última vez que lo vio. Claro que le recordará todo.


—Puedo escucharte. —Justin se cruza de brazos, expectante. —Comienza, pequeño desastre... tenemos toda la vida.



-----------------------------------


Raya tiene un nuevo apodo! ksnflksndlkfds
por fin alguien le dice que es un desastre oe kldnsfklsdnk

Nos metemos de lleno en la historia y vamos por todo
¿Vale? *voz de orador motivacional* ¡Yeah!

#MuchLove #GraciasPorLeer

*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
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*Amo que comentes. ;)
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Mafer.

  • 211 days ago via site
  • 587

Stuck In The Past

Capítulo 2


Dina mastica su trozo de tarta de chocolate y se limpia la boca educadamente con una servilleta. Para ______ es un reto completamente difícil masticar un bocado, después de que en la rehabilitación, siempre era supervisada. Pero ahora mismo muere de hambre, y su cuerpo se ha acostumbrado nuevamente a alimentarse correctamente. Se sorprende al terminar todo el desayuno sin quejarse, y se alegra. Tal vez eso hacía falta. Salir un poco al mundo real y no estar encerrada.


— ¿Y qué hacías antes de estudiar fotografía? —Pregunta Dina retirando el plato con las manos, delicadamente. —Yo tuve que practicar defensa personal. Una vez me asaltaron, y quedé completamente traumada.
—Practico pintura en mi tiempo libre. Nada profesional, solo es una manera de pasar mi tiempo libre… —Duda unos segundos y decide contar más. —Antes practicaba ballet.
—Oh… ¡es genial! —Anima la chica de ojos azules. —Yo practiqué ballet a los cuatro años, hasta que me torcí el tobillo y no pude seguir. Pero supongo que el ballet es la etapa de todas las niñas… me interesaba uno de esos Concursos Internacionales, pero no llegué ni siquiera a dos recitales seguidos.
—Sí, es una etapa de sueños. —Asiente, ______. Evitando contar de más. No quiere mencionar su pasado a una casi desconocida. —Me gustaban los recitales navideños.
— ¿Intentaste Romeo y Julieta?
—Para nada.
—Yo tampoco. Era una Academia para niñas en Boston. Imagínate hacer el papel de romeo… debe haber un beso si quieres hacerlo completo.
—Entiendo, es terrible que separen, pero no podemos hacer nada. —Se encoge de hombros y suspira. —Sé que es precipitado, pero el martes pensaba en ir a un bar cercano. ¿Has escuchado de The Devil?


_______ deja de masticar, y se queda mirando fijamente a Dina. Suelta su tenedor y sus nervios comienzan a salir a flote. Se da cuenta de que la ha mirado por mucho tiempo y desvía la mirada hacia la derecha, mirando por la ventanilla del local hacia la calle. Mete otro trozo de chocolate a su boca y lo mastica lentamente.


—_______.... —La llama Dina, con tono preocupado. —Eh… ¿ocurre algo?
—Nada, nada. Es solo que no estoy segura de poder ir esa noche. Tengo mucho que hacer.
— ¿Algún otro día? De verdad me parece que podríamos ser buenas amigas. No acepto un no.
—Tendré que pensarlo, tengo muchas cosas en mi mente ahora y lo menos que quiero es agobiarte a ti con mis problemas.
—Para nada. Esperemos a ver que pasa con las llamadas, y decidiremos. Pero tienes que venir. —Sonríe Dina. —Verás que te divertirás.


***


No, no quiero divertirme por ahora. Intento zafarme de algo, pero simplemente no pude. No puedo rechazar la oportunidad de tener amigos. Nuevamente quiero adaptarme a lo que era antes, o por lo menos las partes buenas. Antes de que todo esto pasara… salir con Addy, conocer nuevas personas, (convenientes para mí) y por supuesto, intentar no dejarme llevar por malas influencias, que mucha falta me hace. Nunca he estado segura del todo. Pero… ¿Quién rayos lo está?
Acepto la invitación de Dina con todo y nervios locamente despiertos. Me pasa su número y yo le paso el mío. Nos despedimos y ella se aleja en su moto color azul cielo. Yo, llamo a un taxi y pido que me lleven al centro de nuevo. Al llegar, debo contarle todo a Lidia, antes de que me saque la verdad a punta de arma.
Me ha dicho que si consigo el trabajo, podré regresar con mi madre y mi hermana. No me planteo esa solución, así que le pido que me investigue sobre apartamentos disponibles en la zona cerca de Sunset. Será demasiado caro, pero aún me queda algo del depósito de la beca, y supongo que si me contratan, será fácil.
Llega un momento de la tarde que ya no tengo nada por hacer. Es terrible quedarme quieta un tiempo y pensar en él. No recuerdo casi los buenos momentos. Solo me mantengo pensando en la forma en la que lo encontré la última vez que lo vi.
Decía que yo era lo único que importaba.
Decía que era hermosa.
Y me dejó caer. En todos los sentidos.
Aún así yo no tenía derecho a marcharme sin dejarlo explicarse. Temía que me mintiera, sí. Pero lo vi luchar tanto por mí, que terminé creyéndome todo y posiblemente todo era cierto. Y nunca es tarde, sé que mi peor miedo es enfrentarlo. Pero ya ha pasado mucho tiempo y pienso que puedo verlo sin echarme a llorar.


***


La chica recién morena se sienta en la banca del parque y teclea su teléfono. ______ le ha contado sobre su nuevo proyecto: conseguir un empleo. Hace tanto tiempo que no la ve… desde que regresaron de Escocia, el único medio es llamada y mensaje. Suspira, diciéndole por milésima vez que la extraña mucho. Es su mejor amiga. Y le manda una foto suya con su nuevo color de cabello. Ahora es castaña. Al fin sus profesoras de ballet han logrado que se tiñera el cabello de un color normal. Pero le gusta. Hace mucho tiempo que perdió ese tono por querer ser una estrafalaria pelirroja. Pero ahora se siente más madura con ese color.
Justin llega y se sienta a su lado, sonriéndole mientras la mira de reojo. Su amistad no se ha desvanecido, y cada semana tienen sus conversaciones personales sobre sus planes, y como no podría se de otra forma, Justin también le pregunta por _______ diario. Addy parece mostrarse cada vez más triste cuando debe decirle como siempre, que no sabe mucho de ella. Le oculta absolutamente todo. Aunque no hay mucho que contar y ocultar, sabe que la mayoría de cosas que han pasado son graves. ________ tiene principios de anemia y está aún en tratamiento. Está a punto de conseguir un empleo y está feliz por ella. Así que es lo que le cuenta.


—Ella ha decidido dejar el ballet y hacer lo que le gusta. —Le informa a Justin con mucho cuidado de no delatar algo que no quiere decir. —Tomó el cheque de la beca que ganó en Escocia para ser feliz. Sé que es algo egoísta, pero ella lo necesitaba. Luchó por ello toda su vida… entiendes que es algo por el cual no se debe de pensar mucho.
—No puedo creer que no te diga dónde está. —Suspira, desesperado. —Fui un verdadero idiota desde el inicio y ni si quera me di cuenta.
—No te culpes por todo lo que pasó, Justin. —Lo tranquiliza Addy. —Ella en estos momentos está bien, y es lo que debe importar. Está por conseguir un empleo, está bien con su familia, no puede pedir nada más. Solo debemos darle tiempo a lo demás.
—Tiempo sobra Addy. —Musita sin despegar la mirada del piso. Suspira profundamente y rasca su nuca.
—Te prometo que intentaré ir a verla, y te lo diré. Lo haré.
— ¿Cómo sé que no lo sabes ya? —Justin se levanta exasperado de la banca y camina de un lado a otro, totalmente transformado. — ¿Ella te ha pedido que no me lo digas verdad? Eso es todo. Lo puedes decir de una jodida vez si te apetece. Solo necesito que sean honestos conmigo, mierda. Por una puta vez quiero saberlo todo y no cometer idioteces. —Se talla el rostro desesperadamente con las manos y vuelve a suspirar dramáticamente. —No sabes cuánto tiempo he pasado siendo miserable una y otra vez sin saber nada de ella. Cuántas veces me mandé a la mierda yo mismo por ser como soy… y lo peor es que no puedo cambiar yo solo. Ella es la única que puede hacerlo y no está. ¿Qué se supone que haga?
—Lo siento. —Addy está cabizbaja, forzándose a mentirle a su amigo. —Te prometo que en cuanto pueda, le diré todo. La forzaré a hablar contigo, terminar lo que inició. Lo prometo. De veras.
—No fue mi intención decir eso Addy…
—Estás en todo tu derecho. Sé que estás desesperado y si estuviera en mis manos, te ayudaría a arreglarlo. Pero no se nada.
—Está bien. Haces lo que puedes y lo agradezco.
—Debo irme. Tengo práctica. —Se levanta y abraza a Justin con fuerza. —No sé cuando pueda volver a verte. En cuanto pueda, te llamo. Pasa un buen verano.
—Lo intentaré. —Mira su reloj, y se da cuenta de que es tarde. — Pasaré a la universidad a recoger las últimas calificaciones. Necesito suerte.
—Mucha suerte.


Cada quién se va por su lado. Justin sube a su auto, y Addy se retira caminando. Él conduce rápidamente hacia la universidad y por diversión se pasa algunos altos, festejando con gritos. A ésta hora ni siquiera hay tránsitos, y son plenas las cinco de la tarde. Llega al complejo y estaciona su auto en el estacionamiento vacío. La mayoría de sus compañeros supone que han venido en la mañana, o a mediodía. Sube las escaleras de concreto y pasa por las puertas corredizas que rara vez están cerradas en días de clase. Llega a la recepción, donde hay folders tirados por todos lados y las secretarias están muy apresuradas al fin de cursos oficial. Pregunta por el profesor James y se encamina a donde le han indicado. Sube las escaleras de caracol hasta el quinto piso a la derecha, donde el profesor está revisando sus últimos apuntes en su oficina, con una chica castaña sentada en el asiento de la derecha. El profesor parece molesto.


—Le dije a Taylor que se fijara en los archivos. —Mira a la chica con algo de pena, y le aclara lo sucedido. —Parece que se ha traspapelado tu carpeta, niña. Tendrás que venir mañana, cuando haya más orden.
— ¿Le parecería buscar de nuevo? Mañana salgo de la ciudad y de verdad lo necesito ahora. Me transferiré.
—Haré un intento, pero no creo tener resultados. —El profesor alza la mirada y divisa a Justin recargado en el cuadro de la puerta. —Señor Bieber, pase, en un momento lo atiendo, tome asiento.


Justin entra rápidamente y se sienta perezosamente en el asiento libre, a lado de la chica. Se vuelve hacia ella y la descubre observándolo. Tiene una tez morena, probablemente morena clara, ojos azules y cabello largo.
Le dedica una media sonrisa con desinterés y se vuelve hacia el profesor, quien sigue buscando el expediente. Cuando se da cuenta de que él la sigue mirando, le dedica otra sonrisa, y una mueca de desagrado hacia el profesor. Justin ríe en voz baja y también observa al nervioso Sr. James.


—Muy bien… señorita Lawrence… es el último intento. —Busca en los expedientes y saca una carpeta beige y se la entrega a Justin. —Usted ya puede retirarse. Un placer trabajar con usted este ciclo.
—Que tenga buenas vacaciones Sr. James. —Justin se levanta de su asiento y sonríe modestamente a la chica, dejando al problema atrás. —


Baja las escaleras de nuevo, hasta llegar al recibidor y sale por las mismas puertas por las que entró, dirigiéndose al estacionamiento. Saca sus llaves y desactiva la alarma, subiendo rápidamente. Está a punto de arrancar, y ve en su reproductor. No está conectado a su teléfono. ¿Lo sacó cuando bajó? Sí. Baja nuevamente y no cierra la puerta. Buscando entre las llantas y maldiciendo en voz baja. Cuando menos lo piensa, alguien toca su hombro. Se da la media vuelta y se encuentra con unos ojos azules muy familiares. Sonríe al ver a la chica sosteniendo su teléfono con una sonrisa divertida en el semblante.


—Imagino que no quieres perder esto. —Sonríe y le entrega el teléfono, seguido, señala su carpeta rosa. —Solo tenía que buscar a fondo.
—El Sr. James así es siempre de desordenado. Me pregunto cómo es que conserva el empleo…
—Me pregunto cómo conservas el tuyo. —Bromea la chica. —Se nota que no puedes tener aparatos electrónicos. ¡Tu auto está abierto!
—Lo justifico, estaba buscando mi teléfono. —Ríe por primera vez en seis meses. —Justin, ya escuchaste mi apellido.
—Señor Justin Bieber… —Asiente ella saludando educadamente. —Tu nombre es digno de un empresario de NYC. ¿Acaso lo eres?
—Digamos que soy un empresario del peligro. —Esta vez es honesto. —Carreras de autos, apuestas… cosas por el estilo. ¿Y tú? ¿Modelo, a caso?
—No, solamente soy estudiante… que miente para no tener que volver mañana.
— ¿Entonces no sales del país?
—Patrañas… un poco de ellas. —Resopla. —No dañan a nadie.
—Debo estar en otra parte, perdona por esto, pero tengo que irme. Muchas gracias por ser honesta… por lo menos conmigo.
—No es nada.
— ¿Tienes nombre, chica mentirosa? —Pregunta al subir a su auto y encenderlo. —
—Dina Lawrence. —Grita al ver que Justin se aleja rápidamente en su auto. —Has acertado…


---------------

Okay.. esos dos se han conocido D:
¿Qué va a pasar?

Disculpen por tardar tanto en subir, no he tenido mucha imaginación, pero
hoy fue diferente. El hamster en mi cerebro se puso a correr.

Gracias por esperar, y gracias por sus mensajes el día
de mi cumpleaños, significó mucho. <3


#MuchLove #abrazosvirtuales


*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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Stuck In The Past

Capítulo 1


La estación está a reventar. Muchas personas con maletas, bolsos y boletos se pasean de un lado a otro. Otras más pacientes, están sentadas en los asientos, mirando por las pantallas grandes el ridículo documental de Discovery Channel que los encargados han programado. Cada minuto suena una campanilla electrónica seguida de una voz femenina avisando de un nuevo viaje que está por irse, o por llegar. Algunas personas se levantan, aliviadas de no tener que ver más ese documental y pasan al pasillo en donde los trenes van llegando. El movimiento está tan lento, que no me extraña que la escala se haya retrasado. Miro mi reloj, y luego recuerdo que el de la central es más preciso. Tienen la misma hora, así que checarlo fue completamente en vano.
¿Por qué no simplemente tomó un jodido avión? ¿Eh? ¿Por qué tuvo que tomar un tren? Hay civilización desde hace años. ¡Años!
Debo admitirlo. He iniciado el día con un humor de mierda. Básicamente todos mis días se constituyen de eso. Me despierto, tomo mi desayuno de mierda, voy a las clases de mierda, y como la comida de mierda, hago los deberes de mierda y… ¡Claro! Todo es una mierda. Simplemente no sé que voy a hacer en el verano. Estoy pensando en buscar empleo, pero no lo necesito. Continúo yendo de vez en cuando a las carreras y me queda una verdadera fortuna. Todos me conocen, cuando me ven apuestan mucho más. Debo asumirlo. Entre menos voy más gano. Aunque simplemente termino hecho un manojo de emociones cuando voy. Fumo, tomo, tal vez de vez en cuando me dan algo más, pero cuando lo hago, juro que me siento mejor. Todo me sale mejor cuando no me acuerdo de nada. Vuelvo a ser ese chico de antes, que montaba en motocicleta, robaba para divertirse, y peleaba todas las noches. Realmente creo que ese será mi verano de nuevo. No veo otra salida.
Meto mis manos en mi chaqueta de piel negra (la misma de hace tanto tiempo) y mastico mi goma de mascar con esa actitud desinteresada que me gusta pretender cuando me encuentro en frente de tantas personas. Veo por la ventana, que mi amigo ha regresado. Sonrío y lo miro por encima de mis gafas oscuras. Mi hermano. Al fin de vuelta. Siento que no ha cambiado nada y yo soy alguien muy diferente… tal vez por dentro.


— ¡Qué pasa! —Parece más bien un alarido, que una pregunta. Deja caer sus cosas en el suelo y me saluda con un abrazo. —Hombre, hasta has crecido. Enano de mierda.
— ¿Ése vocabulario te enseñaron en la universidad Jace? —Pregunto al tomar una maleta del piso, ayudando a mi amigo. —No es por parecer marica, pero creo que mejoraste tu estilo estando con esos estirados.
—Lo dices porque es tu estilo. —Jace toma el cuello de su chaqueta café y se hace el listo y el interesante. —Muchas chicas amarían mi atuendo.
—Solo quieres a una. —Le recuerdo, escupiendo mí goma de mascar en un contenedor por el que paso. —Cuidé bien de Addy, por si te molestaba.
—Y lo agradezco. —Asiente Jace mientras salimos de la central y nos apresuramos a entrar al estacionamiento. —Confío serenamente que no la hayas arrastrado de nuevo a las fiestas salvajes. He escuchado que entraste a una fraternidad.
—Rumores falsos Ellen. —Bromeo encendiendo un cigarrillo al sentir el jodido viento en mi cara. —A la mierda que no me permitan fumar allá adentro. Muero, soy un puto adicto y ellos no se compadecen.
—Algún día tendremos que buscar un centro de Rehabilitación. —Jace se detiene casi al término de la palabra y adopta una expresión totalmente seria y casi parece triste. —
— ¿Qué ocurre?
—No, nada. —Me mira, intentando disculparse por ese episodio corto. —En verdad extrañé todo.
—Hubiera dado todo por irme de aquí también, pero llegó mi carta de aceptación y estuve atado. —Confieso quitando rápido la alarma de mi renovado auto. (Ahora en vez de negro, es gris). —Estar encerrado con solo personas estudiando y con cigarrillos… no es una combinación coherente.
— ¿Has sabido algo de ella? —Me suelta Jace como una bomba. Mi faceta de chico rehabilitado se cae al suelo como el fósforo que no prendió mi cigarrillo. —Lo siento hombre, no quise…
—Está bien. —Contesto con amargura. La bilis la saboreo de desayuno cada mañana. —No. nada desde que se fue a Escocia. De eso ya hace seis meses… ¿tal vez siete? Algo así.


Eso es una mentira más grande que el jodido ratón de los dientes. Siete meses y medio, contando de hoy hacia atrás. Y dos días más a la cuenta de no escuchar su voz. Me estoy intentando calmar, pero es algo tarde para eso. Mis calificaciones son tan buenas, que hasta me da miedo creerlo. ¿Qué más puedo hacer? Es lo único que me estresa más que el hecho de no saber nada de _______.
Me siento tan estúpido al recordarlo todo, que le doy razón a la pobre por haberme dejado. He llegado a la etapa de resignación mezclada con la negación. Si es que es posible. Hay una razón por la que no he ido a buscarla a la academia. Sé que no está allí. Addy me lo dejó claro la última vez que hablamos (hace una semana). ________ se encuentra bien, eso lo sé. Pero la palabra “bien” define hasta a casos de personas que han decidido quitarse la vida. Así que prácticamente estoy en el abismo.
También estoy en la etapa en la que creo que si la veo, no podré expresar nada. Pero solo estoy siendo hipócrita conmigo mismo, sé lo que estoy haciendo, sé que uso bien mis facultades mentales y sé que aún la quiero demasiado. ¿La amo? Vamos… pónganla en mi camino de nuevo y les contestaré.


***


— ¡Levántate y brilla pequeño rayo de sol! —La voz chillona de Lidia, mi enfermera, me despierta de un hermoso sueño. El mismo sueño que sueño todas las noches. Yo, sonriendo. Siendo feliz de nuevo. —Hoy es el día pequeña. Hoy por fin se cumplirá tu permiso de poder salir. ¿Contenta?
—No podría sentirme mejor. —Contesto tallando mis ojos con mis puños huesudos. —Por lo menos los tratamientos sufren efectos.
—No estés triste solecito, hoy buscarás tu empleo de ensueño, después de esa beca que ganaste para estudiar lo que querías.
—Parecieron cursos intensivos, pero valió la pena. —Sonrío por primera vez con ganas. No veo la hora de quitarme una bata que me hace sentir una loca, y salir de esta clínica. Con solo decir “clínica” me creo estar fuera de mi mente. —Ahora mi tratamiento depende de fotos y lienzos en blanco.
—Haz inspirado a muchas chicas. —Aplaude Lidia. —Ahora el taller es fotografía, alimentación y pintura. —Mira el reloj de la pared y se levanta, aplaudiendo de nuevo. —Corre, corre… llegarás tarde a tu entrevista en Sunset.
— ¡Hollywood es la mierda! —Grito, consciente de que Lidia me enseñó a no tener pelos en la lengua. Me obliga a callar con una risa reprimida. —Ya sé, ya sé…


Por segunda o tercera vez en todo este tiempo, me dejan mirarme en un espejo. Mi cabello es tan largo, que golpea mi trasero un poco. Lo tomo en una coleta alta y noto que aún así me llega a poco menos de la espalda baja. Lidia me ayuda a maquillarme, me da unos jeans ajustados negros, unas botas a juego de tacón de aguja y una blusa abotonada blanca con cuello. Profesional, fresca. Me siento linda por primera vez en tanto tiempo. Me pongo un saco gris claro sin abotonar y estoy lista. Miro por la ventana de mi habitación por última vez, antes de poner un pie fuera de esas cuatro paredes que me mantenían cautiva. Por fin haciendo algo que me gusta. Iré a una entrevista para convertirme en fotógrafa de una importante revista. Si les gusto lo suficiente, podré quedarme. No saben sobre mis “problemas personales” y Lidia me aconsejó no poner nada de mi pasado en mi currículo. Me tiemblan las piernas de pollo pequeñas y rehabilitadas. (Ahora, Lid’s me ayudó a tomarme con gracia todo).


—Entras en el lugar, todo es serio. Adopta actitud empresarial y todo listo. —Aconseja mi enfermera. —A la izquierda está el recibidor, diles que vienes por recomendación de Give a Break y sabrán que eres algo así como una altruista.
—Está bien.


Salgo y un taxi me espera. Directo y sin escalas al futuro, claro. Subo y reviso en el camino, por milésima vez en mi maleta. Traigo mi cámara, mi carpeta con todos los datos necesarios para el empleo, y la carta de recomendación. Me miro por el retrovisor, y me doy un ligero toque de labial rojo casi al final del camino. Bajo, agradeciendo al conductor y dejo una propina. Cruzo la calle, y tomo valentía. Aclaro la garganta y levanto la barbilla al caminar. En frente mío encuentro un gran edificio, que parece estar hecho de puro cristal ventanas largas, paredes móviles y todo parece elegante. La puerta tiene un sistema de sensor, la cual se abre cuando uno se aproxima a ella. Justo a mi izquierda está el recibidor. Parece que todo es de madera dentro. Un aire Zen que me ha encantado.


—Disculpe, ¿dónde puedo esperar por las entrevistas de trabajo? —Pregunto sin dudar al recepcionista. Miro su tarjeta de presentación en su traje azul. “Greg” —Vengo de Give a Break…
—Ah si linda. —Es obvio que el tipo es gay. Otro aire de confianza. Esto va demasiado bien para mí. —Sube al tercer piso y siéntate en la sala de espera. Ponte cómoda, la jefa es muy amable, no temas. Y no le digas que te di valor, o me despiden.
— ¿Amable entonces?
—Sí, lo es. —Sonríe y se despide, pues tiene que atender una llamada. —Suerte.


El ascensor me lleva hacia el piso tres. Al abrirse la puerta, hay otro piso completamente distinto. Todo es colores llamativos, portadas de revista en forma de collage por todas partes y sillones realmente cómodos. Allí mismo, una chica solitaria está sentada, leyendo una revista que tomó de allí mismo. Trae unos jeans de mezclilla ajustados, un par de tacones rojos, blusa a juego y un saco largo y blanco. Su cabello Cataño claro cae hacia un lado en una coleta simple, y su maquillaje es profesional. Ahora tengo algo de miedo. Sonrío por inercia cuando la chica sube su mirada y es correspondida. Parece amable. Pronto, la chica cierra la revista y deja que me siente a su lado.


— ¿Nerviosa? —Me pregunta de manera amistosa, estirando sus manos con elegancia apoyándose en sus rodillas. —Creo que debemos ser primerizas. Mi agencia es nueva y no tengo posibilidades.
— ¿Eres modelo? —Pregunto algo aliviada por no tener competencia. —Oh vaya…
— ¿Tú lo eres no? tienes cara, cuerpo y presencia de modelo. —Sonríe y estira la mano, cortés y sencilla. —Dina Lawrence. Un placer.
—_________ Lombardi… no, no soy de Italia. Solo descendiente. —Anticipo después de tantos malos entendidos. —Fotógrafa… supongo.
—Espero conseguir el trabajo, así podremos trabajar juntas. —Sonríe Dina cada vez más emocionada. —Debemos ser de la misma edad… ¿te parece si vamos a desayunar después de la entrevista? Tengo la impresión de que no debemos dejarlo en presentación.
—Supongo que puedo. —Acepto, abriendo mi carpeta con mis documentos, y metiendo la dirección del lugar. —


Ambas nos quedamos platicando un momento, hasta que llaman a Dina. Ella sonríe y suspira, expectante. Se levanta del sillón y camina decidida hacia la oficina de la mujer con ropa elegante que ha salido de aquella oficina. La puerta se cierra a sus espaldas, y yo me quedo sola en la sala de espera. Mirando a los trabajadores haciendo lo suyo y releyendo todos mis documentos una y otra vez. Mis manos me tiemblan y me sudan, pues estoy completamente nerviosa. ¿Qué puede salir mal? ¡Es solo una entrevista! Como las muchas que hice para entrar a las Academias de baile. Prácticamente soy experta.
La puerta de la oficina se abre, y Dina sale sonriendo. Discretamente levanta los dedos pulgares, revelando que no ha pasado por nada embarazoso. Ahora solo falta la llamada, pero para eso tendría que esperar unos días. Me toma la mano con cortesía y guiña, brindándome algo de confianza.


***


Después de llevar a Jace a casa, conduce libremente por la costa. Es muy temprano, y no hay mucha gente en la calle. La playa aún está solitaria, solo algunas gaviotas revolotean cerca de la arena. Deja su auto en el estacionamiento vacío y camina por la banqueta, mirando hacia la orilla de la playa. Un día en el cual quiere estar completamente solo. ¿Y qué más da? Está solo.
Sube sin pensarlo por la colina, y pronto se encuentra en la entrada de aquellas ruinas. No ha ido allí en mucho tiempo. Entra y camina por el pasillo hasta llegar al salón donde hacía sus dibujos en la pared. Algunos han sido totalmente tapados por algunos otros dibujos o solo letras indescifrables. En el piso hay una lata en aerosol de pintura negra. La toma, la bate y presiona hacia el piso, para comprobar que la pintura no esté seca. Aún sale, así que se pone a dibujar un par de alas en un lugar más o menos vacío. Cuando la pintura se termina, solo le faltaba poco para terminarlas. Pero ya no hay rastro de otra lata y lo deja estar. Revisa las paredes a su alrededor hasta que encuentra el árbol de _______. Toca la pared pintada anteriormente y cierra los ojos, intentando no enloquecer.
Decide retirarse y sale de nuevo por el pasillo. No sin antes subir las escaleras y entrar a su habitación favorita. Camina, evitando siquiera mirar la silla en la que se había sentado tantas veces para mirar por la ventana. Sale al balcón y se recarga mirando hacia abajo. El océano está a sus pies. Junta sus manos y mira ahora hacia el cielo. Deja que el aire lo despeine un poco antes de volver a entrar y sentarse en la silla. Si tan solo ella de hubiera quedado con él un momento más en el teléfono, cree que hubiera podido arreglarlo. Pero no. es un estúpido. No puede seguir pensando en ella. Aunque… ¿Cuántas veces ha insistido? Se dio por derrotado tempranamente y siempre ha presumiendo su filosofía de no tener miedo a nada. Vaya máscara. Debe quitársela, y solo hay una forma de hacerlo. Preguntar a todos, buscar por él mismo, mover medio mundo solo por encontrar a ________. Lo puede lograr. Sabe que sí.



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A iniciar de nuevo. Oh sí.
Goshh si les digo la verdad, esta temporada promete
mucho más que la anterior. Yo pienso eso, no sé...

Gracias por seguir conmigo, y sobre todo,
gracias por desearme un feliz cumpleaños.
Significa muchísimo. <3.

#MuchLove #GraciasPorLeer #AbrazosVirtuales

*PRIMERA TEMPORADA (Stuck In The Reality) AQUÍ: http://twitpic.com/dhdwej
*Si cambias de username avísame por favor.
*Si no te avisé, o lo hice dos veces, regañame.
*Amo que comentes. ;)
*#NL si eres nueva y quieres que te avise.

Mafer.

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