broken.

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Empecé a construirme como escritora, pero con la crisis tuve que parar las obras. Profesional en cazar sueños. Diferente, no rara. Sonríe, la vida es corta.

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SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
Al menos Liam había perdonado a Niall, Harry y Niall estaban aclarando las cosas, Marina y Mary se llevaban bien, lo de Harry y Laura parecía haber acabado… En el recuento en su cabeza, Blanca pensó que le faltaba algo. ¡Ah, claro! ¿Cómo estaría Zayn? Había sido tan bueno con ella…
Y… ¿cómo les iría a Elena y a Louis?


_
Capítulo cincuenta y siete.

Varios meses después…

-¡Vamos a llegar tarde! Si es que contigo no se puede ir a ningún sitio…
-No seas exagerada, ¡es que no me cierra el pantalón!
-Eso es porque te ha vuelto a crecer el culo –dijo Elena, riendo.

Louis le dio una cachetada en el trasero a la chica, aunque también reía.

-No es posible que me crezca más –bromeó él.
-Pronto dejará de haber calzoncillos de tu talla.
-Eso quizás no sea por culpa del culo –guiñó un ojo.
-Vaya un guarro –Elena le dio un codazo, aunque no podía negar que le había hecho gracia el comentario.
-Cariño, ya me conoces –sonrió de oreja a oreja.
-No me llames “cariño” –bufó ella.
-Está bien, El.
-Mucho mejor.

La chica se acercó a él con una mirada pícara y le dio un prolongado beso en los labios. Louis subió su mano por la cintura de ella hasta la base del pecho, pero luego se retiró.

-¿No decías que íbamos a llegar tarde? –preguntó, alzando las cejas.
-Tienes razón…
-Pues no hay tiempo para eso –sonrió, regocijándose con su pequeña venganza.
-Luego a la vuelta habrá –se encogió de hombros.
-Puede que me niegue… -el inglés ladeó la cabeza.
-No creo que lo hagas –Elena le pasó una mano lentamente por el pecho y sintió cómo él se estremecía-. ¿Ves?
-Tienes razón –suspiró.
-Además, es a ti al que le interesa llegar a tiempo –le recordó la chica-. Tú actúas, yo no.
-Ya, pero es un papel totalmente secundario y…

Le puso un dedo en los labios.

-Vamos –le apremió ella, y, apretando con fuerza, le abrochó la cremallera del pantalón a Louis.

La pareja salió de la habitación del chico, desde donde se iban a ir directos al instituto. Esa noche era por fin la actuación, la obra de primavera, la representación de “La leyenda del rey Arturo”. Elena tenía muchos motivos para ir a verla. Sus amigos actuaban, su mejor amiga era la protagonista y… también le apetecía mucho ver cantar en lo alto del escenario a su novio.



Zayn caminaba nervioso de aquí para allá. No es que el hecho de cantar delante de la gente le preocupara, ni siquiera tenía ningún solo, así que no sentía ninguna clase de temor en ese sentido. Era otro el motivo que le llevaba a estar recorriéndose el estrecho pasillo por enésima vez, ya caracterizado para la obra y listo para salir al escenario cuando le dijeran.

Se había decidido. Tenía que decírselo. Sabía que no serviría de mucho, de hecho probablemente lo único que conseguiría sería hacer daño. Tanto a Blanca como a Niall, como a sí mismo. Sobre todo a sí mismo. Porque, a fin de cuentas, Blanca seguiría queriendo al irlandés. Y él lo único que recibiría sería una disculpa cortés y una mirada de lástima. Pero necesitaba decirle que la quería. Creía que así, al menos podría liberarse un poco de la carga que llevaba a cuestas. Llevaba demasiado tiempo siendo el amigo incondicional que está ahí siempre y que no recibe nada a cambio. Bueno, sí. Recibía la amistad de Blanca. Pero eso no era suficiente para él.

Precisamente, la chica venía andando en dirección a él justo en ese momento. Estaba preciosa. Lucía un vestido de época color esmeralda que se le ceñía a la cintura dejando ver sus bonitas curvas, y el pelo le caía salvaje sobre los hombros. Realmente parecía una princesa. Claro que ya tenía a su príncipe, que estaría por allí, en alguna parte.

A Zayn se le pasó por la cabeza la idea de decírselo en ese mismo momento, pero su lado racional le dijo que no lo hiciera, o acabaría estropeando la ilusión que Blanca había puesto en esa obra. No, era mejor hacerlo después. Pero lo haría, ese mismo día.

-¿Nervioso? –preguntó la muchacha, cuando estuvo lo suficientemente cerca de él.
-Bastante –dijo, aunque no estaba así por lo que ella creía.
-Yo también –admitió Blanca-. Hemos ensayado mucho, pero…
-No te preocupes –esbozó una sonrisa que en realidad no sentía-. Va a salir genial.
-Eso espero –ella también sonrió, y siguió su camino para terminar con los últimos preparativos.

Zayn la observó mientras se alejaba, preguntándose cómo reaccionaría cuando le dijera que llevaba queriéndola desde la primera vez que la vio.



Marcos señaló a sus padres tres butacas libres en la parte central del auditorio, y la familia caminó hacia ellas. Mientras se acomodaban en los asientos color burdeos, el joven miró hacia el escenario. No se veía nada más que el telón bajado, claro, pero pensó en su hermana yendo de un lado a otro en la parte de atrás, la que el público no ve. Se sintió orgulloso de ella, porque sabía lo importante que era para Blanca ese día, y lo mucho que había trabajado en ello. También estaba seguro de que lo haría genial, y les demostraría por fin a sus padres lo bien que se le daba actuar, y también cantar.

-Mamá, ¿estás bien? –preguntó Marcos al ver el rostro de su madre algo pálido.
-Sí, sí, es sólo que…
-¿Qué? –intervino el padre.
-Estoy nerviosa –murmuró ella.

Su hijo no pudo evitar soltar una carcajada.

-Lo hará bien –la tranquilizó Marcos.
-Lo sé, pero aun así… -suspiró.
-Me alegro de que entiendas lo que esto significa para ella.
-Mira –su madre señaló a un par de tipos que se sentaron en unos asientos de la primera fila en los que había sendos carteles que rezaban “reservado”-. ¿Quiénes serán?
-Ni idea. Supongo que profesores.
-No me suenan…
-A mí tampoco –coincidió el padre.

Sin embargo, no pudieron seguir con la conversación, porque una voz por megáfono anunció que el espectáculo daría comienzo en cinco minutos, y las luces se apagaron, tras lo que la sala quedó totalmente en silencio.



-Mary…

La chica se encontraba mirando al público que había ido a verles a través de un pequeño agujerito en el telón, por lo que dio un respingo al escuchar que alguien la llamaba. Sin embargo, al darse la vuelta, reconoció a Liam.

-¿Qué? –dio un paso hasta él.
-He sido un estúpido.
-Ya lo sé –ambos sonrieron levemente.
-Y durante este tiempo… sé que me he distanciado.
-También me he dado cuenta…
-Ya sabes que me cuesta mucho tomar decisiones –dijo en un susurro-. Y que tardo el triple que el resto del mundo.
-Lo he comprobado en mis propias carnes –alzó una ceja.
-Pero hay una cosa de la que estoy seguro –continuó.
-¿De qué estás seguro?
-De que te quiero. No he dejado de hacerlo ni un solo segundo. Y por culpa de mi orgull…

Mary no le dejó seguir hablando, sino que se pegó contra él y buscó sus labios con los de ella. El joven respondió al beso algo desconcertado, tal vez esperando que después de todo ese tiempo la chica hubiera dejado de quererle.

-Liam… -dijo ella en voz muy baja.
-¿Qué?
-Yo también te quiero –sonrió en sus labios y volvió a besarle.



Ya estaba todo listo, todo el mundo estaba colocado en sus puestos, ya habían calentado la voz y retocado una vez más el maquillaje. Todo estaba perfecto, preparado para empezar. Blanca contempló al chico que hacía de rey Arturo. No era ninguno de sus amigos ingleses, sino un español. También era cierto que para el papel protagonista, era mejor contar con un chico que supiera hablar el idioma a la perfección. La muchacha recordó algo divertida que Niall lo único que sabía decir en español eran sus diálogos y sus canciones, eso sí se lo había aprendido bien. Bueno, para ser justa, debía admitir que también había aprendido a decir algunas frases sencillas, aunque las conjugaciones verbales le costaban mucho.

-¿Pensando en mí? –preguntó una voz con inconfundible acento irlandés en su oído.
-Pues sí –admitió ella.
-¿En serio? –se sorprendió Niall.
-Totalmente –sonrió.
-Yo también pienso en ti. Constantemente.

La chica se dio la vuelta y quedaron cara a cara. Niall llevaba un traje medieval, lo que le hacía aún más atractivo, si es que eso era posible.

-¿Estás preparada?
-Nunca podría estarlo, por mucho que ensayáramos –la chica se encogió de hombros.
-¡Venga, todo el mundo a sus puestos! –se escuchó la voz del profesor de teatro.
-Debo irme, milady –Niall hizo una especie de reverencia, tras lo que cogió a Blanca por la cintura, la inclinó un poco y la besó.
-Suerte –susurró ella, en sus labios.
-Suerte –le dijo él, y se fue hasta su sitio.

Entonces el telón comenzó a levantarse, Blanca tomó aire con los ojos cerrados, y se preparó para vivir ese momento que tanto había estado esperando, y que había sido el responsable de los tantísimos cambios que se habían producido ese año en su vida.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Y.... DESPUÉS DE 500 AÑOS, ¡VUELVO A SUBIR CAPÍTULO! Ya lo sé, han pasado meses y probablemente ya ni siquiera os acordéis de que leíais esta novela. Sólo espero que os haya gustado si lo habéis leído, y que si lo hacéis, comentéis, significaría mucho para mí. Intentaré volver a subir antes de que pasen otros cinco siglos, pero lo cierto es que perdí bastante la motivación con esta novela (a la vista está).

En fin, MIL GRACIAS POR LEER, de verdad, os quiero muchísimo.


AbstractLands.

  • 258 days ago via site
  • 334

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
Sencillamente eso. Sus voces, sus guitarras, sus sentimientos llenando un escenario que en ese momento brillaba más que cuando tenía montones de purpurina sobre él. Brillaba mucho más.


_
Capítulo cincuenta y seis.

“… and all your little things”

Se produjo un silencio sepulcral en el que lo único que se escuchaba era la respiración entrecortada de Blanca.

“¿Qué pasa? ¿Por qué nadie aplaude, aunque sea por compasión?”, se preguntó la chica.

Entonces, algunos de sus compañeros de clase de teatro empezaron a ponerse de pie y a aplaudir, y todos les imitaron. Blanca no estaba segura de cómo de fuerte habían aplaudido a Laura y a Harry, pero no le parecía haber escuchado ese ruido tan ensordecedor mediante el que sus compañeros alababan su canción.

Sonrió de oreja a oreja, y miró a Niall. Él también sonreía. El irlandés le guiñó un ojo a modo de: “te dije que nuestra actuación les gustaría más”, y Blanca le tomó la mano. Niall se acercó a ella y le dio un tierno beso en la frente.

Se levantaron de los taburetes y bajaron a las butacas a sentarse con todo el mundo. La muchacha vio que Laura y Harry estaban sentados a un par de filas de distancia, separados de los demás. La chica los miraba intentando fingir desprecio, pero Blanca sabía que en realidad lo que sentía era rabia. Harry dirigió a su amigo una mirada de admiración, y Niall respondió encogiéndose de hombros y sonriendo.

Los profesores subieron al escenario, y esperaron unos segundos a que la gente se diera cuenta y guardara silencio.

-Vaya… Ambas actuaciones han sido de lo más impresionantes –comenzó el hombre.
-Sí, pero como bien sabéis, no podemos tener a dos Lanzarotes ni a dos Ginebras en la obra –continuó la profesora.
-Así que hemos tenido que escoger a nuestros personajes… hoy.

Todos notaron que estaban intentando poner emoción e intriga al asunto, pues estaba claro que ellos ya habían decidido, y aunque nadie sabía con total seguridad por cuál de las parejas se habían decantado, la mayoría de la gente pensaba que serían Blanca y Niall los seleccionados.

-La actuación de Laura y Harry ha estado llena de color, ha contado con la colaboración de excelentes bailarines, y ha sido realmente intensa. Sin embargo, Harry ha cantado bastante poco, lo cual es una pena, pues tiene una voz increíble –valoró la señorita Montes, que, por ser la profesora de música, cargaba con la mayor parte del peso de la elección.
>>Por otra parte, tenemos la actuación de Blanca y Niall. ¿Desde cuándo tocas la guitarra, Blanca? No sabía que lo hicieras…
-Desde hace dos semanas –reconoció la chica desde su butaca.

Todo el mundo la miró en ese momento, asombrado.

-Sí, seguro –ironizó Laura en voz baja, pero la muchacha la escuchó.
-Pues sí. Niall me ha enseñado, aunque sólo he tenido tiempo de aprenderme de memoria los acordes de esta canción –contestó Blanca, molesta.
-Interesante… -intervino la profesora-. Por cierto, ¿cómo se llama la canción que habéis elegido? Nunca la había escuchado.
-Se llama “Little Things” –respondió Niall-. Y nunca la ha escuchado porque la he compuesto yo.

Si antes la gente estaba sorprendida, ahora lo estaba más todavía. ¿De verdad él había compuesto esa canción? ¿Con guitarra y todo?

-Eso ya sí que no me lo creo –dijo Laura, esta vez en voz alta.
-Pues búscala en Internet, a ver si aparece, guapa –soltó Marina en defensa de sus amigos.
-Pienso hacerlo.
-Sí, ridiculízate aún más –murmuró Blanca, y Niall rió por lo bajo, pues fue el único que pudo oírla.

El profesor llamó al orden, y volvió a imponerse el silencio.

-Así que tenemos que Blanca ha aprendido a tocar esa canción, una que tú has compuesto, en dos semanas. Aparte de eso, vuestra actuación ha estado cargada de sentimiento, ha sido penetrante, emotiva… Se nota que los dos os habéis entregado al máximo.

Se calló un momento para dar énfasis a lo que iba a decir a continuación.

-Así que, teniendo en cuenta todos estos factores, tanto Jorge como yo hemos estado de acuerdo en que la pareja que se merece los papeles de Lanzarote y Ginebra son…

Niall estrechó con fuerza la mano de la chica.

-¡Blanca y Niall!

Los compañeros comenzaron a aplaudir, y Blanca soltó todo el aire que había contenido sin ni siquiera darse cuenta. La pareja se abrazó, y el irlandés le susurró a la chica:

-Te dije que podrías.
-Niall, esto no es sólo mío, también es tuyo. Incluso diría que es más tuyo que mío –respondió ella.

El joven la besó dulcemente en los labios, compartiendo así el momento de felicidad. Cuando se separaron, todos se acercaron a darles la enhorabuena, no sólo por haber sido escogidos, sino por su actuación. Entre par de besos y par de besos, Blanca pudo ver cómo Laura se iba del auditorio a toda prisa, enfadada, y Harry se quedaba sentado en la butaca, sin saber muy bien qué hacer.

La joven consiguió escabullirse un momento de la gente que la felicitaba, y se acercó a Harry.

-Lo habéis hecho muy bien –dijo ella, antes de que el inglés pudiera decir nada.
-En realidad yo he hecho bastante poco –suspiró Harry.
-Sé que no hemos tenido tiempo de conocernos, pero también sé que eres un buen chico, y que vales mucho más de lo que ella te ha valorado. No deberías dejar que te menospreciara.
-Supongo que tenías razón, y simplemente me ha usado. Y ni siquiera sé muy bien cómo. Si no hubiera actuado, tampoco habría habido diferencia.

Blanca se quedó pensativa un momento.

-Quizás sólo quería que desestabilizaras tu grupo de amigos para que eso afectara a Niall, o tal vez sí que quería que actuaras, pero al darse cuenta de que cantabas mejor que ella, decidió que no quería que le hicieras sombra.
-Puede ser…
-Harry, ¿la quieres?
-Creo que si la quisiera, me habría dolido más que justo antes de irse me haya llamado “inútil”. Pero si no sintiera nada por ella… bueno, no estaría con ella.
-Yo…
-Sí, sé lo que estás pensando. Que es un interés sólo físico. Pero no es así. ¿Sabes? Cuando estábamos solos no era como es normalmente…

“Claro, sabe muy bien cómo manipular a la gente, especialmente a los hombres”, pensó Blanca, pero no lo dijo.

-De todos modos, no creo que ella sintiera nada por mí. Y ya no le sirvo para nada. Así que dudo que sigamos juntos.
-¿No crees que tal vez sea mejor así? –se arriesgó a preguntar.
-Puede ser –dijo él, apenado.

En ese momento, Niall se acercó a ellos. Los dos amigos se miraron, y Blanca pudo ver la disculpa en los ojos de Harry. Supuso que querrían hablar.

-Chicos, me voy, Marina me está llamando. Nos vemos –le dijo a Harry, y se despidió de Niall con un beso.

El irlandés sonrió, consciente de por qué se iba, y se dispuso a arreglar las cosas con su amigo.

Blanca caminó hasta donde estaba Marina. Obviamente no la había llamado, pero de todos modos, quería hablar con ella. Su amiga estaba jugueteando con el borde de un pañuelo que llevaba al cuello con la mirada perdida.

-¿Qué tal estás? –preguntó Blanca, sentándose a su lado.

Marina dio un respingo y volvió en sí. Se encogió de hombros.

-Vaya, lo habéis hecho… ¡genial! En serio. ¿Seguirás hablándome cuando seas famosa? –bromeó.
-No seas tonta, ¡pues claro! –rió Blanca.
-Gracias –sonrió.
-Marina… ¿Te apetece ir a tomar un helado? –preguntó la chica.
-Vale.

Se levantaron de las butacas y Blanca fue hasta donde Harry y Niall estaban hablando.

-Me voy con Marina.
-¿Te veo luego? –preguntó él.
-Sí, no creo que tardemos mucho.
-¿Paso a por ti a las nueve para que vayamos a la pizzería?
-Genial –Blanca sonrió y se fue con su amiga, dejando a Niall y Harry que hicieran tranquilamente las paces.

La muchacha sabía que Niall y Liam ya se habían reconciliado –el irlandés se lo dijo justo antes de que salieran a actuar-, pero no sabía cómo llevaba las cosas Marina. A fin de cuentas, fue ella la que se fue de la lengua y le dijo a Liam que Mary y Niall habían estado juntos.

-¿Qué tal estás? –volvió a preguntar Blanca cuando salieron del instituto.

Su amiga la miró.

-Bien, supongo.
-¿Cómo te va con Mary?
-Sorprendentemente bien. Quiero decir, en ningún momento me ha dirigido una mala palabra, un mal gesto… Nada.
-Vaya, eso es bastante… noble por su parte.
-Ya. Estuvimos hablando sobre eso. Me dijo que en algún momento habría tenido que decírselo, así que… Sé que en realidad no me ha reprochado nada porque es consciente de que Liam la quiere, aunque se hayan peleado, y sin embargo yo le quiero, pero él por mí no siente nada. Pensará que bastante tengo con eso.
-¿Sigues queriéndole?

Marina respiró hondo.

-Estoy intentando olvidarle. Ya sólo le veo en el instituto, porque nunca viene a casa (Mary y él aún no lo han arreglado). Pero es bastante difícil. No te haces una idea de lo pillada que estaba… Y seguramente lo sigo estando.
-Tienes que olvidarle.
-Lo sé. Pero no es tan fácil…
-No es imposible.
-Ya, tú olvidaste a Iván. Pero no es lo mismo… Querías a Niall.
-Pero también le quería a él. Sé que suena raro, pero es verdad. Lo que pasó fue que… quería a Iván de forma diferente a como quería a Niall. Iván era un cielo conmigo, pero me faltaba… ese algo que Niall me dio. ¿Suena horrible? –Blanca se mordió el labio.
-No, te entiendo.

Las chicas entraron en la cafetería de al lado del instituto y se sentaron en la mesa.

-Blanca, estoy bien, de verdad. Sólo es cuestión de tiempo –sonrió.

Su amiga sonrió también. Sí, sólo era cuestión de tiempo. Aunque algunas cosas necesitan más tiempo que otras…

Al menos Liam había perdonado a Niall, Harry y Niall estaban aclarando las cosas, Marina y Mary se llevaban bien, lo de Harry y Laura parecía haber acabado… En el recuento en su cabeza, Blanca pensó que le faltaba algo. ¡Ah, claro! ¿Cómo estaría Zayn? Había sido tan bueno con ella…
Y… ¿cómo les iría a Elena y a Louis?

_
¡He revivido! (?) Bueno, pues aquí me tenéis otra vez. Sé que hace 3546546856854654689744 años que no subo capítulo, pero es que entre viaje de estudios, daneses de intercambio, y exámenes, no he encontrado el tiempo para escribir. Pero bueno, aquí sigo.

Ya sé que este capítulo ha sido a lo mejor un poco aburrido, pero los siguientes serán más intensos (ya que serán los finales de la novela). En cualquier caso, espero que os haya gustado. ¡Han ganado Niall y Blanca! Aunque eso no era muy difícil de suponer, ¿no? JAJAJAJA

Pues nada, lo de siempre: POR FAVOR, COMENTAD EN TWITPIC (cuanto más largo mejor JEJEJE), o comentad por menciones, pero si leéis, hacédmelo saber, que además si me lo decís, yo os menciono cada vez que suba capítulo :D

Os quiero muchísimo, mil gracias por seguir ahí <3

AbstractLands.

  • 352 days ago via site
  • 405

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:

Blanca cerró los ojos poco a poco, casi sin darse cuenta, y sucumbió al sueño con una sonrisa en los labios y la mejilla apoyada en un pecho cuyo corazón latía ahora aún más rápido de lo que lo estaba haciendo antes. Un corazón que, a pesar de que tal vez ella no fuera consciente de eso, latía por ella.


_
Capítulo cincuenta y cinco.

Los días siguientes pasaron muy deprisa. Blanca volvió a casa sintiéndose una de las personas más afortunadas de la Tierra, no sólo por haber ido al concierto de su cantante favorita, sino también por haber tenido a Niall a su lado en todo momento, por habérselo encontrado abrazando su cintura aquella mañana en el hotel, allí, con ella, a su lado. Quizás podría pedir algo más, pero no sería justo que lo hiciera.

A lo largo de esa semana previa a la actuación que decidiría quién iba a tener los papeles protagonistas de la obra de primavera, Niall y ella no dejaron de ensayar. No sólo iban a clase de teatro, sino que también quedaban todas las tardes-noches para seguir ensayando.
-Niall, esto es a absurdo -suspiró la chica tres días antes de la actuación-. Sigo sin saber tocar casi nada y aún no sé ni la canción que vamos a cantar...
-¡Pero si has mejorado muchísimo! -Niall se acomodó en la cama y ella lo miró con escepticismo desde su silla del escritorio.
-Sí, sí, eso me dices todos los días, pero yo no veo que haya mejorado casi nada…
-¡Sí que has mejorado! Ya tocas perfectamente casi toda la canción –el irlandés sonrió, alentándola.
-Tardo mil años en pasar de una nota a la siguiente, así es normal… -bufó.
-No, no lo es, es muy difícil aprender, créeme. Lo estás haciendo genial.
-Y ni siquiera me has dicho aún la letra de la canción…

Niall abrió los brazos y ladeó una sonrisa. Blanca se levantó de la silla, se subió en la cama y avanzó hasta acomodarse entre los brazos del chico. Él le dio un besito en la frente y le acarició con ternura la piel de un brazo.

-Toma –el joven cogió la guitarra y se la tendió a Blanca.
-¿Qué? –le miró.
-Toca la canción –pidió él.
-Aún no sé…
-Sí que sabes. Por favor –le dio un beso en el cuello, y luego otro, y después otro más.

Blanca se estremeció.

-Está bien, haré lo que pueda.
-Gracias –la besó dulcemente en los labios.

La chica se colocó bien la guitarra y respiró hondo. No sabía muy bien por qué, pero sentía que esa vez tenía que hacerlo bien. Empezó a tocar, y aunque quizás iba algo más lenta de lo que debería, al menos no parecía estar cometiendo ningún error.

En un determinado momento, Blanca notó cómo Niall tomaba aire, y, por puro desconcierto, paró un segundo de tocar, pero luego continuó. “¿Por qué…?” Su cerebro no pudo intentar procesar la información, pues justo entonces, el chico comenzó a cantar.

“Your hand fits in mine
Like it's made just for me
But bear this in mind
It was meant to be
And I'm joining up the dots
With the freckles on your cheeks
And it all makes sense to me.”

Niall pasó delicadamente la yema de su dedo índice por la mejilla de la muchacha, que paró de tocar definitivamente, sin siquiera darse cuenta. Estaba demasiado atónita con lo que estaba escuchando, la voz del irlandés –y lo que la propia canción decía- la habían hipnotizado.

“I know you've never loved
The crinkles by your eyes
When you smile,
You've never loved
Your stomach or your thighs
The dimples in your back
At the bottom of your spine
But I love them endlessly”

Su dedo bajó por toda la espalda de la chica hasta llegar a la base, donde tenía dos pequeños hoyuelos, que, en realidad, no sabía cómo era posible que Niall supiera que estaban ahí. ¿Se los había visto alguna vez? No era capaz de recordarlo.

“I won't let these little things
Slip out of my mouth
But if I do
It's you
Oh it's you
They add up to
I'm in love with you
And all these little things”

Niall la miró a los ojos fijamente, con esos ojos celestes como el cielo, cálidos, llenos del mismo amor que las palabras de la canción proclamaban.

“You can’t go to bed
Without a cup of tea
And maybe that's the reason
That you talk in your sleep
And all those conversations
Are the secrets that I keep
Though it makes no sense to me

I know you've never loved the sound of your voice on tape
You never want to know how much weigh
You still have to squeeze into your jeans
But you're perfect to me

I won't let these little things
Slip out of my mouth
but if it's true
It's you
Oh it's you
They add up to
I'm in love with you
And all these little things”

A Blanca comenzaron a escapársele las lágrimas sin poder evitarlo. Sabía que esa canción no existía, que la había compuesto él, que era perfecta para las notas que llevaba casi dos semanas intentando aprender a tocar. Era la canción que iban a cantar en la actuación, y era para ella, compuesta por él.

Niall sujetó su barbilla con dos dedos y la alzó con delicadeza para hacerla mirarle. Limpió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas con dos besos y continuó cantando.

“You'll never love yourself
Half as much as I love you
You'll never treat yourself right darlin'
But I want you to
If I let you know
I'm here for you
Maybe you'll love yourself like I love you
Oh…

I've just let these little things
Slip out of my mouth
Because it's you
Oh it's you
It's you
They add up to
And I'm in love you
And all these little things

I won't let these little things
Slip out of my mouth
But if it's true
It's you
It's you
They add up to
I'm in love with you
And all your little things…”

Su voz se fue convirtiendo en un susurro hasta desvanecerse por completo.

-¿Por qué lloras, cielo? –preguntó, acunándola entre sus brazos.
-Es… es… -Blanca no conseguía hablar.
-Es para ti –sonrió.
-Lo sé, y es… preciosa –sonrió a la vez que lloraba.
-No tanto como tú.
-Te quiero.
-Yo a ti también.
-¿Qué nombre le has puesto a la canción? –se enjugó las lágrimas.
-“Little Things” –esbozó una sonrisa-. Por fin vamos a tener ese “Niall Horan feat. Blanca Martín”.

La chica rió levemente.

-Pues sí.
-Espero que ese día no te olvides de tocar –señaló a la guitarra, que permanecía apoyada en la cama.
-¡Ups! –Blanca hizo una mueca- Lo siento, ni siquiera me he dado cuenta, es que la canción era tan… bonita.

Niall acercó sus labios a los de ella y la besó. La muchacha se giró un poco para estar cómoda y se quedaron un así, besándose, queriéndose el uno al otro como al fin parecía que habían conseguido quererse.

_

-¿Has conseguido hablar con Harry? –preguntó la chica.

Niall negó con la cabeza.

-No me quiere coger el teléfono. Es imposible… Está loco.
-Tarde o temprano se dará cuenta y entonces dejará a Laura –intentó animarle Blanca.
-No lo sé… Puede parecer que no, pero Harry se implica mucho en las relaciones, aunque la otra persona no lo haga tanto. Lo va a pasar mal, pero estoy deseando que esa arpía lo deje.
-Si no ganan hoy, no dudes que lo hará –Blanca se terminó de colocar su chaleco vaquero-. ¿Le perdonarás?
-Liam me ha perdonado a mí, así que… sí, le perdonaré. Supongo que le perdonaré incluso si perdemos y se llevan los papeles protagonistas. Es mi amigo, todo el mundo comete un error –se abrochó los cordones de los tenis.
-Así que al final Liam te ha perdonado… -la muchacha sonrió de oreja a oreja.
-Sí, bueno, me pidió que habláramos, y al final nos reconciliamos –Niall también sonrió.
-Me alegro –le dio un leve beso en los labios y se miró en el espejo.

Niall apoyó los codos en sus rodillas.

-Pues ya está, supongo que es el momento.
-Eso parece –Blanca sintió un escalofrío.

Por fin había llegado el día.

Estaban en el cuarto de baño de las chicas del instituto, terminando de arreglarse. Cuando salieran, Laura y Harry harían su actuación, y luego la harían ellos dos. Esa misma tarde sabrían quiénes se llevaban los papeles protagonistas de la obra de primavera. Y todos sus compañeros de teatro estaban allí para verlos. Ganar o perder. En realidad, Niall sólo quería ganar para que Blanca se llevara el papel que tanto deseaba; para él no era realmente importante ser Lanzarote en la obra o no. Pero sabía que su chica merecía ser Ginebra, y lo iba a conseguir. Estaba seguro de ello. O intentaba estarlo.

-¿Vamos? –preguntó él.

La chica asintió con la cabeza, algo asustada.

-No te preocupes, Blanca, todo va a salir bien, te lo prometo –la estrechó con fuerza entre sus brazos y respiró el aroma de su perfume.
La pareja salió, y cuando llegaron al auditorio, los profesores les pidieron que se sentaran, pues Laura y Harry iban a comenzar su actuación.
Blanca no fue consciente de prácticamente nada de lo que pasó en los siguientes minutos. Sólo fue capaz de ver más luces de las que creía que había en ese escenario, cosas brillantes, a Laura bailando y cantando y a Harry por detrás, siempre por detrás de ella, en un segundo plano, casi sin cantar apenas. Le pareció que la canción que habían escogido era “Scream & Shout”, de Will.I.am y Britney Spears, pero tampoco escuchó si la cantaban bien o mal, ni se fijó en si bailaban mejor o peor. Simplemente veía que ellos habían desplegado una cantidad infinita de cosas en el escenario y que Niall y ella no iban a llegarles ni a la altura del zapato.
Cuando su actuación terminó, el irlandés casi tiró de ella para que subiera al escenario. Cogieron sus dos guitarras y dos taburetes, se sentaron en ellos, y se miraron. La chica empezó a ser consciente y a retomar el control de sí misma, pensando en que esa era la única posibilidad que tenían de demostrar que ellos merecían esos papeles.
Le tocaba empezar a ella. Estuvo a punto de salir corriendo de allí, pues todas las miradas recaían sobre Niall y sobre ella, pero logró no hacerlo. Miró a la gente, luego al chico, y finalmente a la guitarra. Se imaginó que estaba en la silla de su escritorio, que Niall estaba sentado en su cama y que aquello sólo era un ensayo.
Y empezó a tocar. Luego Niall comenzó a cantar, y a tocar. Y ella también cantó. Sencillamente eso. Sus voces, sus guitarras, sus sentimientos llenando un escenario que en ese momento brillaba más que cuando tenía montones de purpurina sobre él. Brillaba mucho más.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Bueeeeeeeeno, ¿qué tal? ¿Os ha gustado? asdfghjklñ Espero que sí, me ha salido larguito, además. Siento haber tardado tantísimo en subir, pero he estado con los exámenes finales del trimestre y mi tiempo libre ha sido inexistente.

Por favor, si leéis, COMENTAD en twitpic o a las malas MENCIONADME en twitter, pero no leáis y ya está, dadme vuestra opinión del capítulo, GRACIAS :) {Los comentarios largos -si los ponéis, comprobad que no se corten y si lo hacen dejad dos comentarios o los que hagan falta- los agradezco muchísimo}.

Pues nada, todo en la novela a partir de ahora va a pasar bastante deprisa, porque como ya sabéis, pretendo acabarla pronto, así que no me voy a entretener demasiado en los detalles, como habréis podido comprobar en este capítulo.

Nada más, sólo quiero daros las gracias y deciros que os quiero más de lo que pensáis <3



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  • 398 days ago via site
  • 516

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
-Bienvenida a nuestra habitación –con una sonrisa, mantuvo la puerta abierta para que la chica pasara, y lo primero que Blanca vio fue una gran cama de matrimonio en el centro.
Con un estremecimiento, pensó que quizás se estaba adelantando a los acontecimientos. Niall no le había propuesto nada de… hacerlo. Aún.

_
Capítulo cincuenta y cuatro.

Blanca dejó su bolso de viaje en lo alto de la cama con creciente nerviosismo.

-Es una... habitación muy bonita -sonrió de forma algo forzada.

Era como si todo hubiera desaparecido de su mente, excepto, claro está, la gran cama de matrimonio.

-Lo es -Niall mostró una de sus espléndidas sonrisas, pero después su expresión cambió-. Blanca, ¿te pasa algo?
-¿A mí? No, no, nada -la joven intentó mostrarse despreocupada.

Niall dejó también sus cosas en la cama.

-Pareces... nerviosa. ¿Es por el concierto? -ladeó la cabeza.
-No, estoy bien, de verdad -sonrió intentando que pareciera algo creíble, pero más bien debió salirle una mueca.
-Si tú lo dices... -el irlandés no quería insistir más de la cuenta.

Blanca abrió la bolsa, sacó su pijama y se metió en el cuarto de baño.

-Voy a cambiarme -dijo, ya desde dentro del aseo.

Se puso rápidamente el pijama y se miró al espejo. Se atusó el pelo y se enjuagó la boca. No sabía lo que podía pasar. ¿Qué quería ella que pasara? Si veía todo aquello como una posibilidad, sería por algo... De hecho, incluso sentía cierta curiosidad con la idea; pensó que de atreverse a hacerlo querría que fuera con Niall. Pero tal vez era demasiado pronto. Ni siquiera se había atrevido a decirle que le quería, entonces... hacerlo no tenía sentido. ¿O sí? No podía pasar por alto lo que sentía cuando Niall estaba cerca o cuando la besaba. Pero quizás aquello no fuera suficiente.
Con un suspiro, abrió la puerta del baño, y al salir, se chocó con el irlandés.

-Lo siento -se disculpó, tan caballeroso como siempre.
-Ha sido culpa mía, que nunca miro por dónde voy -sus cuerpos seguían pegados.

Blanca podía sentir perfectamente los abdominales de Niall contra su barriga, su pecho rozando el de ella, sus dedos tocando suavemente los de ella. Ambos cuerpos en contacto, dependiendo el suficiente calor como para que traspasara la tela de la ropa y los dos sintieran el del otro.

Niall bajó la mirada y se encontró con los ojos de la chica. Ella se perdió, una vez más, en sus ojos azules. Profundos. Infinitos. El irlandés buscó con sus labios los de la muchacha, y los presionó contra los suyos en un cálido beso. Ella lo recibió con gusto, sintiéndose una vez más arropada por el chico, a salvo, y durante esos instantes, sus miedos desaparecieron. En ese momento sólo podía sentir sus suaves labios sobre los de ella, sus brazos rodeando su cintura en un envolvente abrazo, y la piel del cuello de Niall bajo sus dedos. Por primera vez, fue Blanca la que buscó la lengua de él con la suya. Después de tantos nervios y tanta tensión, necesitaba liberarse de algún modo.
El irlandés acarició la espalda de la chica, desde la base hasta los omóplatos y Blanca recorrió el torso de él con sus manos.

Niall dejó de besarla en los labios y llenó con sus besos el cuello de la muchacha. Ella simplemente echó la cabeza hacia atrás y se abandonó a la sensación que los fríos labios del chico le producían. Niall retrocedió un poco y se sentó en la cama, con Blanca de pie, entre sus piernas. La miró y bajó sus manos delicadamente hasta el trasero de la chica. Blanca volvió a buscar sus labios con avidez, y él correspondió al apasionado beso, sin apartar las manos de dónde las tenía; Niall sabía que si hacía algo que la muchacha no quisiera, esta se lo iba a decir. Ella acarició sus brazos y apartó durante un momento su rostro del de Niall. Le miró, y vio al chico que tanto había luchado por ella observándola con ojos brillantes, esperando a que hiciera o dijera algo. Había recorrido quinientos kilómetros en un Mini para hacerla feliz e ir al concierto con ella. Le había compuesto una canción, que le cantó bajo su ventana cuando ella aún estaba saliendo con Iván. Había soportado todas sus indecisiones. Estaba allí con ella, dispuesto probablemente a llegar hasta donde ella quisiera. Así que era ella la que debía decidir si quería hacerlo o no. Sus ojos seguían clavados en los del chico, y pudo ver amor en ellos. La quería, estaba totalmente segura de ello. Entonces, ¿cuál era el problema? Quizás en realidad no había ningún problema. O sí.

Sus dudas la estaban matando, y seguramente a Niall también. Él bajó lentamente las manos desde su trasero por toda la parte posterior de los muslos, y una descarga eléctrica recorrió la espalda de Blanca. En un impulso, se decidió, y tiró lentamente del borde de la camiseta del chico hacia arriba, dejando su barriga al descubierto. La muchacha pasó los dedos con delicadeza alrededor del ombligo de él, y finalmente, le sacó la camiseta y la tiró al suelo. El joven, sin dejar de mirarla, hizo lo mismo que ella. Subió su camiseta dejando ver sólo la piel de la barriga, y Blanca se alegró de haber adelgazado por la preocupación durante las últimas semanas. El irlandés sujetó su cintura con sus manos y le dio un leve beso justo debajo de su ombligo. El corazón de Blanca comenzó a latir muy deprisa. Jamás había hecho nada parecido a eso. Iván y ella se habían acariciado un poco alguna vez, pero ni siquiera habían llegado nunca a quitarse la ropa. Niall sonrió y le quitó la camiseta lentamente, recreándose en cada milímetro de piel que dejaba al descubierto.

Blanca se sonrojó cuando fue consciente de que lo único que le tapaba la parte de arriba era su sujetador. Él la contempló durante unos instantes, subió la mirada desde su barriga hasta sus ojos, deteniéndose una décima de segundo en su pecho.

-Eres preciosa –susurró, atrayéndola aún más hacia sí.

Ella no sabía muy bien qué hacer, aunque de todos modos, Niall se adelantó a cualquier movimiento que la chica pudiera realizar. Comenzó besándole justo en el borde del pantalón, y fue subiendo sus labios por toda su barriga, hasta que llego a la piel que sobresalía por encima del sujetador. Se recreó un poco más besando esa zona, aunque finalmente continuó por el cuello hasta llegar a sus labios.

Blanca pensó que era como si Niall se hubiera transformado. No conocía esa faceta suya, quizás porque tampoco había tenido oportunidad de mostrársela. Y le gustaba, las descargas eléctricas que no cesaban de recorrerle todo el cuerpo le gustaban mucho, pero lo veía… extraño. Sacudió la cabeza, cerró los ojos con fuerza, tomo aire y se apartó de Niall. Él la miró, confundido.

-¿Pasa algo? –preguntó con preocupación.
-No… Sí. No lo sé –Blanca se llevó las manos a la frente.

El joven parpadeó un par de veces.

-No tienes que hacer nada que no quieras hacer, lo sabes, ¿no?
-Claro que lo sé –comenzó a andar de un lado para otro por la habitación-. Pero es que no… a ver, no es que no quiera, lo que es querer, quiero, ¿no se nota? –se señaló a sí misma y a las camisetas en el suelo- Pero no… es que… Dios, no sé, no soy capaz, tengo miedo, ¿entiendes? –buscó algo de comprensión en la mirada de Niall.

Él, contra lo que ella esperaba, sonrió. Se levantó de la cama y se acercó a ella.

-Blanca, cielo, mírame –levantó su mentón con delicadeza para que sus ojos se encontraran, pues ella estaba esquivando su mirada, avergonzada-. Lo entiendo. Lo entiendo perfectamente, es normal, de verdad que lo es –la estrechó con fuerza entre sus brazos.
-No, no es normal –sollozó-. Ni siquiera soy capaz de intentarlo.
-Amor, lo has intentado –le acarició el pelo con dulzura, la misma que imprimía en sus palabras-. Llegará un momento en que no sientas este miedo, en que quieras hacerlo. ¿Y sabes qué? Que yo estaré esperándote. No quiero que te sientas presionada o algo así. Te juro que yo no pretendía nada de esto, que la habitación es para los dos porque no quedaban más, simplemente he seguido porque pensaba que querías. Pero no quiero que tengas prisa. Supongo que eres…
-Sí, lo soy –se adelantó ella; la palabra “virgen” era una de las que más vergüenza le daba escuchar o decir.
-Pues ya está. Shhh, tranquila –seguía acariciándola con ternura-. No hay prisa, de verdad. Aquí estaré, hasta que te sientas preparada. Por mí como si nunca llegas a estarlo. Te quiero demasiado como para dejarte ir por algo así.
-Gracias –musitó ella, conmovida.
-No me las tienes que dar, pequeña.

Niall limpió con dos besos las lágrimas que corrían por las mejillas de la joven.

-¿Quieres dormir? –preguntó él.
-Está bien. –luego añadió, en voz bajita:-Niall…
-¿Sí?
-¿Puedes dormir conmigo?
-Blanca, sólo hay una cama, de todos modos –rió levemente.
-Sabes a qué me refiero, tonto.
-Lo sé –le dio un besito en la frente y la tomó de la mano.

El irlandés cogió la camiseta de la chica de suelo y la ayudó a ponérsela. Aunque él no se había puesto el pijama, se metió en la cama, sin tampoco ponerse de nuevo su camiseta. Blanca se metió con él bajo las sábanas blancas. Niall la estrechó con fuerza contra sí, y la joven apoyó su cara en el pecho del chico, sintiendo su piel contra la de ella, escuchando el latido de su corazón.

-Late muy deprisa –dijo ella.
-¿Qué?
-Tu corazón. Late muy deprisa.

Él sonrió.

-Claro, lo hace siempre que tú estás cerca.

Blanca también sonrió. Notó que un profundo sueño se apoderó de ella, tal vez causa de todo lo ocurrido durante el día. Se acordó durante un momento de que había estado en el concierto de su cantante favorita, pero luego volvió a pensar en el chico que en ese momento la estaba abrazando. Se sentía cómoda y segura, como si no hubiera otro sitio en el mundo mejor que ese. Una gran certeza se apoderó de ella, y la pronunció en voz alta.

-Te quiero –dijo la muchacha de repente.

Niall la miró con los ojos muy abiertos. Él también era consciente de que nunca se lo había dicho. Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro.

-Y yo a ti, pequeña, y yo a ti –le acarició suavemente la espalda.

Blanca cerró los ojos poco a poco, casi sin darse cuenta, y sucumbió al sueño con una sonrisa en los labios y la mejilla apoyada en un pecho cuyo corazón latía ahora aún más rápido de lo que lo estaba haciendo antes. Un corazón que, a pesar de que tal vez ella no fuera consciente de eso, latía por ella.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
ASDFGHJKLÑ. ¿Os habéis quedado con ganas de más? JOJOJO. Bueno, algo es algo, ¿no? Espero que os haya gustado, yo creo que Niall es muy tierno *-* No os puedo poner qué pasará en el próximo capítulo porque no lo tengo escrito Ö

He subido tan pronto como he podido, y la verdad es que empiezo unas semanas de exámenes horribles, así que no sé cuándo podré volver a hacerlo :S Como siempre, por favor, si leéis, COMENTAD en twitpic o MENCIONADME en twitter, es muy importante para mí y no os cuesta nada :$

Gracias por todo, de veras. Os quiero <3


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  • 419 days ago via site
  • 429

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
-Está bien –aceptaron finalmente.
-¡Gracias! –Blanca se levantó de la mesa, contenta, y metió las dos entradas en su maleta.
Ya estaba todo preparado para ir con Niall a ese concierto que tanto llevaba esperando.

_
Capítulo cincuenta y tres.

Blanca esperaba en la puerta de su casa, con una pequeña maleta en las manos y un bolso colgado del hombro. Ya era la hora que Niall le había dicho, pero él todavía no había aparecido. Aunque estaba segura de que si hubiera habido algún contratiempo que le hubiera impedido ir, la habría avisado. Daba golpecitos con el pie en el suelo cuando, cinco minutos después de la hora, un Mini aparcó justo delante de la puerta del jardín. Para su sorpresa, del coche salió Niall, y se acercó hasta ella.

-¿Y eso? –preguntó Blanca señalando al Mini; no sabía ni que conducía, y era imposible que ese coche fuera de él, pues no podía habérselo traído desde Irlanda, ¿o sí?
-Buenos días –dijo Niall sonriente, le dio un besito en los labios y cogió su maleta.
-Buenos días –sonrió levemente con el contacto de sus labios.
-¿Te gusta? –preguntó el irlandés señalando el coche.
-Claro, siempre me han gustado los Mini, pero… ¿de dónde lo has sacado? Y tampoco sabía que condujeras…
-Me lo han prestado los padres de mi nuevo español de acogida –se le notaba realmente exultante-. Y conduzco desde que cumplí los dieciocho, fue cumplirlos y me saqué el carné.
-Ah, vaya –Blanca se dio cuenta una vez más de que le quedaban miles de cosas por descubrir de Niall.

Se subieron en el coche y el irlandés puso el motor en marcha.

-Mis padres piensan que me voy con Elena –murmuró la chica.
-¿No te habrían dejado si supieran que venías conmigo?
-Más bien no… ¿Crees que llegaremos a Madrid a tiempo para el concierto?
-¡Por supuesto! Estaremos allí por la tarde siempre que no surja ningún imprevisto… Como que nos perdamos o nos estrellemos con algún otro coche.
-¿Y por qué iba a pasar algo así? –Blanca sentía más curiosidad que preocupación.
-Porque no tengo ni idea de qué carreteras se toman para ir a Madrid y te recuerdo que en Irlanda conducimos por la izquierda –Niall miró a la muchacha con cara de preocupación exagerada a posta.
-Aunque parezca que no, a veces sí que te conozco, y sé perfectamente que no vas a permitir que eso sea un problema.
-Tienes razón –Niall pulsó un botón y se encendió la pantalla de un GPS-. Además, ayer estuve toda la tarde dando vueltas por la ciudad con el coche para aprender a usar esto con la otra mano –señaló al cambio de marchas.

Blanca sonrió, triunfante.

-Voy a poner música, ¿te importa? –preguntó la chica.
-Claro que no.

Buscó una emisora de radio en la que estuviera sonando música medianamente decente, y la dejó ahí.

-“You’re a shooting star I see, a vision of ecstasy, when you hold me, I’m alive, we’re like diamonds in the sky…” -sonaba en la radio.
-I knew that we’d become one right away, a right away, at first sight I left the energy of sun rays, I saw the life inside your eyes –Blanca empezó a cantar, y Niall la siguió.

Se escuchaban más sus voces que la de Rihanna cantando Diamonds, pero ellos se sentían bien así, eran felices cantando.

Estuvieron así un rato, simplemente cantando cada canción que sonaba y que ellos conocían, hasta que llegó la publicidad. Blanca bajó el volumen de la radio para poder hablar un poco.

-Me acabo de acordar del día en que cantamos juntos por primera vez, en el banco esperando al autobús, para ir a casa de Iván… -comentó ella.
-Me acuerdo perfectamente de aquel día. Cantamos “Don’t ever let it end”, de Nickelback. Me empezaste a gustar entonces… -Niall sonrió, aunque no apartó la vista de la carretera, quería estar atento por si acaso.
-Fue raro porque… -Blanca pensó que quizás como él no la estaba mirando, era más fácil hablar.
-¿Porque…?
-Porque yo también… no sé, me sentí… atraída por ti. Pensé que simplemente era porque eras guapo y tal, pero mira dónde estamos ahora…
-¿Pensaste que era guapo? –Niall sonrió.
-Mira que eres tonto, eh. ¡Sí, lo pensé! Lo eres… -se sonrojó.
-Yo pensé lo mismo.

Blanca decidió que era mejor cambiar de tema.

-Oye, no habrás hablado por casualidad con Liam, ¿verdad?

Esta vez Niall sí que la miró.

-Pues no, pero hoy estaba un poco más… no sé, me ha dado la sensación de que me odiaba menos que estos últimos días. ¿Por?

Ella se mordió el labio.

-No, por curiosidad.
-Ya –no la creyó, pero decidió no preguntar.

El viaje duró algo más de cinco horas. Hicieron un par de paradas, una para almorzar y otra para ir al baño, aunque de todos modos fue un trayecto ameno. Los chicos hablaron de cualquier cosa que se les venía a la cabeza, cantaron lo que sonaba en la radio, y al final resultó que llegaron a Madrid en un santiamén.

-Es mejor que vayamos directamente al concierto –comentó Niall cuando estaban entrando en la ciudad.
-¿Tú crees? Aún quedan un par de horas para que empiece…
-Ya, pero hay que llegar hasta el Palacio de Deportes, que no tengo ni idea de dónde está, y tenemos que ponernos en la cola.
-Tienes razón.

Blanca tenía muchísima curiosidad por saber dónde iban a alojarse, pero pensó que realmente Niall tenía razón. Estaba cada vez más emocionada con el concierto. Por fin iba a ver a su cantante favorita actuar en directo. Era un sueño hecho realidad.

-¿Estás nerviosa? –el chico la miró de reojo.
-Un poco –admitió ella.
-No lo estés. Sé que algún día tú estarás en lo alto de un escenario dando conciertos para tus fans –rió.
-Nialler… yo quiero ser actriz.
-Ya, pero también te gusta cantar, y lo haces de maravilla. Además, hay un montón de actrices que son cantantes –la miró y le guiñó un ojo.
-Entonces alguna vez tenemos que hacer una colaboración, que sé que tú sí que te vas a hacer famoso… -ella también rió- ¿Te imaginas? ¡“Niall Horan feat. Blanca Martín”!

Los dos rompieron a reír.
Tuvieron que aparcar el coche bastante lejos del Palacio de Deportes, en un parking de esos que cuestan un riñón la hora, pero tampoco tenían tiempo de buscar otro sitio.

-¿Es la primera vez que vienes a Madrid? –preguntó Niall cuando se bajaron del coche.
-Pues sí –respondió ella-. También es la tuya, ¿no?
-Sí, estamos compartiendo nuestra primera vez –bromeó él.

La muchacha se sonrojó. Niall cerró el coche y buscó con su mano la de Blanca. Ella la tomó con alegría. Caminaron cogidos de la mano hasta que llegaron al Palacio. Blanca pensó que cualquiera que los viera pensaría que eran novios. ¿Lo eran. ¿Qué eran ellos? En realidad no importaba. Ella se sentía feliz en ese momento, con eso bastaba.

Había una cola inmensa, sobre todo de chicas, que esperaban para entrar. Se respiraba un ambiente de excitación contenida; iban a ser dos horas increíbles.

-Espero que no te aburras mucho en el concierto –dijo Blanca a Niall.
-¡No me voy a aburrir! Me gustan algunas canciones de Taylor, y además, jamás podría aburrirme contigo –le dio un beso en la mejilla.

Blanca buscó con sus labios los de Niall, y le besó. Él sonrió y la atrajo hacia sí por la cintura. Llevó las manos a su trasero y la chica se sonrojó levemente, aunque no dijo nada, le gustó.
Cuando la cola comenzó a avanzar, tuvieron que dejarse de besos y echar a andar, si bien era a un paso tan lento que desesperaba.

-No te agobies, que ya en nada estamos dentro –Niall pasó un brazo por sus hombros y ella le cogió esa mano y empezó a jugar con sus dedos.
-Eso espero –bufó.

Tenía razón. Increíblemente, en media hora ya estaban todos dentro. Ellos tenían pista –Iván no había podido pagar grada-, y estaban situados más o menos hacia la mitad. Había bastante gente, pero no tanta como para estar demasiado apretados unos con otros e incómodos. Niall se colocó detrás de Blanca, y ella apoyó la espalda en su pecho. El joven le dio un tierno beso en el cuello.

-Ya queda menos –susurró en su oído.

Ella se estremeció. Quizás por el beso, quizás por el aliento del chico en sus oído o tal vez porque estaba a unos minutos de ver en persona a esa cantante a la que adoraba.

Lo que vino después pasó muy deprisa. Taylor apareció en el escenario con un montón de luces y bailarines cantando “I know you were trouble”, y las demás canciones se sucedieron rápidamente una tras otra, la mayoría de su nuevo disco.

“We are never ever getting back together”. Y Taylor contaba cosas entre canción y canción. Niall le prometió que si no había entendido algo, luego se lo diría él.

“Treacherous”. Niall la tomó por la cintura y se movieron suavemente al ritmo de la música.

“Everything has changed”. Ed Sheeran apareció como salido de la nada, y Blanca rompió a llorar de felicidad. No podía creerlo. Aquello estaba siendo demasiado perfecto.

Y un sinfín de canciones que Blanca bailó, cantó, disfrutó.

Luces.

Gente llorando, saltando.

Más luces.

En algún momento, Niall la cogió en volandas y la subió a sus hombros, de modo que podía ver perfectamente el escenario, podía ver a Taylor moviéndose, cantando, y se dejó llevar por todas las sensaciones que le producían las canciones, disfrutando más de lo que lo había hecho en mucho tiempo.

-

-¡Ha sido increíble! –exclamó cuando entraron de nuevo en el coche, dando saltitos de la emoción.
-La verdad es que sí –Niall sonrió.
-¡Ojalá vuelva a venir a España! ¡Tengo que volver a venir a un concierto suyo! ¡AH, ES ALUCINANTE!

El chico la miró con ternura. Tenía una forma de exteriorizar sus emociones tan expresiva que le encantaba.

-¿Has hecho fotos? –miró al chico.
-Claro que he hecho fotos –puso el coche en marcha.
-Madre mía, ¡no puedo creer que haya estado en un concierto de Taylor Swift! ¿Has visto lo perfecta que es también en persona? Es que… buf, es increíble.
-Tú me pareces más perfecta que ella…
-¡Anda ya! Será que necesitas gafas o algo. No sé. A lo mejor es porque no llevaba el pelo rizado. ¡Si vieras sus rizos! ¡Quién los tuviera!

Niall la dejó hablar durante todo el trayecto hasta el hotel, que echara todos esos nervios y esa emoción. Aparcaron en el parking del hotel, aunque Blanca no era consciente de nada de eso.

-En resumen, lo has pasado bien, ¿no? –cogió las bolsas de viaje del maletero del coche.
-¿Bien? ¡¿BIEN?! ¡LO HE PASADO MEJOR QUE NUNCA! –se movía de aquí para allá.
-¿Blanca?
-¡¿Sí?!
-¿Crees de verdad que esta noche vas a poder dormir algo? –preguntó, riendo.
-La verdad es que no –ella rió también.
-Anda, vamos a la recepción –la cogió de la mano y tiró de ella.
-¿Vamos a quedarnos aquí? Este hotel parece caro –miró los sillones de terciopelo que había en recepción.
-Aparenta más de lo que es –dijo Niall, aunque en realidad no era así.

Era un hotel bastante caro, pero el irlandés se había permitido el lujo de llevarla a un sitio como aquel.

Puesto que la recepcionista sabía inglés, fue Niall el que hizo todo el check-in, y Blanca esperaba, observando con algo de celos como la joven que les atendía, que tendría unos veinticinco años, se lo comía con los ojos.

-Bueno, ya está. Si necesita algo, sólo avíseme –dijo la mujer en tono provocativo.
-Ah, estaremos bien –intervino Blanca, en español.
-Perfecto, entonces –puso una sonrisa forzada; quizás no esperaba que la chica la entendiera.

Los jóvenes fueron hasta el ascensor.

-Habitación 411 –comentó Niall.

Blanca alzó las cejas.

-¿Una habitación? –puso especial énfasis en la palabra “una”.
-Sí, verás, es que con tan poca antelación… el hotel estaba lleno, te recuerdo que en ese concierto había miles de personas que necesitan dormir en algún sitio. Bastante es que haya encontrado una –frunció el ceño, y Blanca supo que le decía la verdad.
-Bueno, es igual –dijo, pero se empezó a sentir algo nerviosa.

No es que le molestara estar a solas con Niall o algo así, es que en una habitación hay una cama, y con toda la noche por delante… no sabía lo que el irlandés podría querer. ¿Y ella? ¿Qué quería ella? Por una parte pensó que le apetecía la idea, pero por otra, sentía un pánico atroz atenazándola. No sabría qué hacer. ¿Estaba preparada?

Niall interrumpió sus pensamientos.

-Bienvenida a nuestra habitación –con una sonrisa, mantuvo la puerta abierta para que la chica pasara, y lo primero que Blanca vio fue una gran cama de matrimonio en el centro.

Con un estremecimiento, pensó que quizás se estaba adelantando a los acontecimientos. Niall no le había propuesto nada de… hacerlo. Aún.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
No os puedo poner qué pasará en el próximo capítulo porque no lo tengo escrito, pero... ASDFGHJKLÑ. ¿Os ha gustado? Espero que sí. Lo he hecho algo más largo que de costumbre porque llevaba mucho sin subir. Lo siento, no he podido hacerlo antes, espero que la espera haya merecido la pena.

Como siempre, COMENTAD EN TWITPIC o MENCIONADME en twitter, P-O-R F-A-V-O-R, ya no sé cómo decirlo, es DE VITAL IMPORTANCIA. Gracias.

Deciros que preveo que la novela tenga como cinco o seis capítulos más -intentaré ser capaz de sintetizar-, porque ya es hora de acabarla, no sé, no le veo mucho sentido a alargarla más.
Intentaré subir el próximo capítulo cuanto antes, de verdad.


Muchísimas gracias por leer, os quiero, sois geniales, gracias por hacerme sonreír con vuestros comentarios <3


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  • 426 days ago via site
  • 409

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
-Esto…
-¿Sí? –preguntó él.
-Nada, bueno, que el concierto es mañana por la noche.


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Capítulo cincuenta y dos.

Blanca estuvo toda la mañana intentando entender lo que Niall le explicaba, pero no era capaz. Eran muchos conceptos en muy poco tiempo, y acabó bastante deprimida.

-No soy capaz de hacer que suene en condiciones ni tardando tres horas en colocar los dedos, ¿cómo voy a tocar una canción en dos semanas? –bufó Blanca.

Estaba sentada en las piernas de Niall, con la guitarra entre sus brazos, y él le corregía cada vez que se equivocaba.

El irlandés le apartó el pelo del cuello y besó su piel desde detrás.

-No te agobies, vas a ser capaz, vamos a conseguirlo juntos –dijo él en voz baja.

Blanca suspiró.

-Sí, vamos a conseguir romper los tímpanos de los profesores el día que actuemos.
-Mira que eres negativa, eh –Niall la sentó en la cama para poder quedarse mirándola cara a cara-. Blanca, esto va a salir bien, mañana por la mañana nos vamos a ir al concierto de Taylor Swift, y a la vuelta esto va a salir, ¿me oyes? –le tomó la cara entre sus manos.

La muchacha asintió con la cabeza.

-¿Y cómo vamos a hacer para estar mañana en Madrid para el concierto? Y encima perdemos un día de clase… ¿Y si no hay autobuses? ¿Y si los que hay ya están llenos? –ahora la preocupación de Blanca pasó al concierto-. ¿Y dónde vamos a dormir? Eso es a las nueve, no podemos volver justo después, acabará a las once como pronto.

-Relájate –le cogió una mano y se puso a jugar con sus dedos-. Yo me encargo, ¿sí?
-Está bien –Blanca respiró hondo, el ver que no era capaz de tocar ni una nota después de toda la mañana en ello la había estresado.

“Al menos”, pensó, “Niall está aquí, conmigo; todo se ha arreglado”. Algo es algo.

-¿Quieres que nos pongamos con esto otra vez? –preguntó Niall mirándola.
-No, quiero besarte –se escuchó decir a sí misma.

El irlandés sonrió fugazmente y acercó su cuerpo al de ella, los dos encima de la cama. La besó, Y Blanca apoyó su espalda en la pared a la vez que Niall se inclinaba hacia ella. Blanca acarició los brazos de él, sus fuertes músculos, mientras la lengua de Niall luchaba por abrirse paso entre los labios de ella. La chica abrió un poco la boca y finalmente sus lenguas se encontraron. Blanca cada vez se sentía más segura con Niall, y, sin pensarlo, metió sus manos dentro de la camiseta de él, y acarició la piel de su espalda. La intensidad del beso fue aumentando, cada vez había más pasión. Niall acariciaba las caderas de la muchacha, y sus manos fueron subiendo, hasta que en algún momento Blanca notó un suave roce en uno de sus pechos, por encima de su camiseta. Tanto el irlandés como ella parecieron darse cuenta de dónde estaba la mano de él al mismo tiempo, pues los dos se separaron un poco a la vez.

-Yo… -lo siento –retiró rápidamente su mano.

Blanca se sonrojó un poco, pero dijo:

-No hay nada que sentir, tonto –lo agarró del cuello de la camisa y le besó de nuevo.

Entonces tocaron a la puerta del dormitorio, y los chicos se separaron bruscamente, sonrojándose. La puerta se abrió y la madre de Blanca se asomó. Miró a su alrededor, como esperando encontrar algo que mostrara que los jóvenes estaban haciendo algo indebido, pero sólo vio al chico con una guitarra en las manos, y a su hija sentada al lado.

-Perdón por interrumpir, pero, eh… vamos a comer en poco rato –dijo la mujer.

Blanca asintió con la cabeza y su madre se fue. Los chicos rompieron a reír.

-Menos mal que tu madre toca a la puerta –comentó Niall.
-¿La tuya no?
-Casi nunca. Dice que tiene derecho a saber todo lo que pasa dentro de su casa –dijo el irlandés.
-Pues vaya…
-Ya, bueno –se levantó de la cama-. Es hora de que me vaya.

Blanca suspiró, pero se levantó también. Niall se acercó al cojín en que descansaba Algodón y lo acarició.

-Hasta luego, amigo –le dijo al gatito, y él respondió con un tenue maullido.

Blanca acompañó al chico a la puerta de la casa.

-Entonces, sobre el concierto…
-Tranquila. Tú sólo arréglate para las once de la mañana.
-Pero si no sabes la hora del autobús…
-Tú haz lo que te digo –Niall sonrió misteriosamente.

Blanca miró alrededor por si sus padres estaban por allí, y como no los vio, se acercó al irlandés y le besó. Niall sonrió en sus labios, y le dio otro corto beso antes de separarse de ella.

-¡Nos vemos mañana! –exclamó ya desde más allá del jardín.

Ella se despidió con la mano y entró a su casa, sonriente. De ningún modo se esperaba ver a Marcos en la entrada, con los brazos cruzados y apoyado en la pared.

-Pitufa, eres de lo que no hay –negó con la cabeza.
-¿Por qué? –preguntó ella.
-Porque se nota que este chico te gusta de verdad –sonrió.
¿Y?
-Que no entiendo por qué le has dado tantas largas.
-Porque no estaba segura –bufó Blanca.
-¿Segura de qué? ¿De que te gustase?
-No, no estaba segura de si me gustaba lo suficiente. No quería hacerle daño a él también, bastante tuve con hacérselo a Iván.
-Tú tienes un problema serio con eso, ¡pasa página ya! –exclamó Marcos.
-Ya acabas de ver que lo he hecho, pero eso no implica que no pueda aprender de mis errores –fue a subir las escaleras, pero su hermano la detuvo.
-En cualquier caso, creo que por fin estás haciendo lo correcto.
-¿Y qué es lo correcto?
-Hacer lo que uno de verdad desea –Marcos se fue y dejó que su hermana subiera a su dormitorio.

Sí, quizás estaba haciendo lo correcto. Al menos se sentía feliz, y llevaba un tiempo sin experimentar esa agradable sensación.

Miró alrededor y se dispuso a preparar una maleta con algo de ropa y las cosas de aseo que iba a necesitar. Se puso el disco de Demi Lovato, ‘Unbroken’, a todo volumen, y mientras sus padres terminaban de cocinar, lo preparó todo para irse.

Durante la comida, les comentó a sus padres sus planes… o la mayor parte.

-Mañana, no sé si os acordáis, es el concierto de Taylor Swift…
-¿Qué concierto? –preguntó su padre.
-Pues el de mi cantante favorita.
-A mí no me suena nada de eso –comentó Rosa.
-Sí, sí, yo recuerdo que lo dijo –la apoyó su hermano.
-¿Sí? –ahora su padre dudó un poco.
-Sí –dijo Blanca.
-Pero mañana es lunes… -apuntó César.
-Sí, y hoy domingo –bromeó Marcos.

Sus padres lo miraron, serios.

-Vale, lo siento, sólo quería decir que… bueno, ya tiene las entradas, y además… ¡es su cantante favorita! ¿Cuántas veces se le va a repetir esa oportunidad?
-Ya está en primero de bachillerato, no debe perder clase –dijo la madre.
-Por un día no le va a pasar nada –la defendió Marcos.
-¿Y se supone que irías sola? –preguntó César.
-¡Claro que no! –Blanca dudó un poco, pero decidió que tenía que mentir si quería que la dejaran ir- Elena fue la que me regaló la entrada, e iré con ella.
-¿Y por qué te regaló ella una entrada?
-Por mi cumpleaños.
-Es dentro de una semana –dijo su padre.
-Ya, pero el concierto no lo van a posponer para que caiga justo en el día de mi cumpleaños, ¿no? ¡Parecéis policías! –bufó la chica.
-Sólo queremos saber qué pretendes hacer –intervino Rosa.
-Pues ya lo sabéis. Elena viene a por mí, nos vamos a Madrid, vamos al concierto, dormimos allí en un hotel y luego volvemos.
-No sé… Sois pequeñas todavía.

“¿Pequeñas?”, pensó Blanca, algo divertida. “Niall tiene dieciocho años, ya es mayor de edad”.

-No lo son, papá –dijo Marcos.

Sus padres volvieron a intercambiar miradas, comunicándose de esa forma tan especial en que solían hacerlo. Asintieron levemente con la cabeza.

-Está bien –aceptaron finalmente.
-¡Gracias! –Blanca se levantó de la mesa, contenta, y metió las dos entradas en su maleta.

Ya estaba todo preparado para ir con Niall a ese concierto que tanto llevaba esperando.

_
En el próximo capítulo...
"-¿Crees que llegaremos a Madrid a tiempo para el concierto?"


*-*-*-*-*-*-*
Bueeeeeeeeno. He tardado un montón, muchísimo, pero es que no he tenido tiempo, lo siento de veras. ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Os ha gustado? asdfghjklñ Espero que sí, porque Nialler y Blanca... ejem ejem JAJAJAJA.

La verdad es que me he animado bastante, porque varias personas que yo no sabía que leían mi novela me han dicho que lo hacen, así que ya me siento un poco mejor, ya que además en este habéis comentado más. Lo de siempre, si leéis, por favor, COMENTAD EN TWITPIC o MENCIONADME, que no os lleva ni dos minutos, pero a mí me hacéis sonreír.

Pues ya está. No se cuándo podré subir el siguiente capítulo, intentaré que sea cuanto antes. Os quiero de veras, gracias, sois geniales <3


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  • 440 days ago via site
  • 386

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
Sonrió sólo por el hecho de haber recibido un mensaje de él. Respondió afirmativamente. ¿Cómo no iba a querer saber lo que había pensado Niall? Y además, ¿cómo no iba a querer verle otra vez al día siguiente? Era feliz sólo de imaginar lo que le esperaba.

_
Capítulo cincuenta y uno.

Ese domingo, Blanca se despertó muy temprano, impaciente. Una cosa era que Niall apareciera por sorpresa en su casa y otra muy distinta era saber que iba a ir. Se levantó de un salto de la cama. Eran las ocho de la mañana, pero como no sabía a qué hora iba a aparecer el irlandés, empezó a arreglarlo todo.

Hizo su cama con mucho cuidado y ordenó todas las cosas que había por medio en la habitación. Se puso un jersey diferente al del día anterior, pero se cuidó de ponerse también unos leggings, para no encontrarse en el mismo aprieto. Dejó uno de sus hombros al descubierto tirando un poco de la manda izquierda hacia abajo y se arregló el pelo, echándose un poco de espuma y dejándolo caer suelto.

Cogió a Algodón y bajó las escaleras intentando no hacer ruido para no despertar a sus padres, y fue a la cocina. Abrió la puerta despacio y con cuidado.

-¡Buenos días! –la vital voz de su hermano sonó desde el interior de la cocina.
-¡Dios, Marcos, qué susto! –exclamó ella, a la que casi se le escapó el gatito de los brazos.
-Ya será menos –le enseñó un cartón de leche-, ¿Quieres?
-Prefiero zumo de naranja.
-Eso te lo haces tú –sonrió-. Pero cuando estés menopáusica, te arrepentirás de no haber tomado leche en tu juventud –guardó el cartón.
-Todavía queda mucho para eso –Blanca cogió unas mandarinas del frutero.
-Todo llega… -Marcos metió su vaso de leche en el microondas-. Igual que nuestro invitado, ¿no?

Como siempre, Blanca se quedó con la boca abierta.

-¿Cómo…? –no llegó a terminar la pregunta.
-Mira, te has arreglado pero llevas tu ropa de casa, así que eso sólo puede significar que hay visita que tú sabrás que habrá, y además, como te has arreglado tanto, no es precisamente una chica quien viene. ¿He acertado?
-Pleno –reconoció ella.
-También acertaría el nombre del chico.
-No hace falta que no digas, lo sabes.

Blanca sacó el exprimidor y fue exprimiendo naranja por naranja mientras su hermano se hacía la leche, en silencio.

-A veces me pregunto cómo es posible que seas tan listo –comentó ella.
-Tú eres más lista que yo, sólo que no lo sabes.
-Vale, has dejado de ser inteligente para mí, está claro que, con lo que acabas de decir, no lo eres.
-El tiempo te demostrará que tengo razón.

Marcos se fue de la cocina tras meter su taza en el lavavajillas, dejando a su hermana bebiéndose el zumo de naranja.

Se lavó los dientes a toda prisa pero con más atención que de costumbre. Luego pensó que parecía estúpida, arreglándolo todo como si nunca hubiera visto a Niall a solas, como si lo tuviera que impresionar, cuando se suponía que él ya la quería. A veces casi se le olvidaba que el irlandés ya le había declarado su amor, y todo lo que ocurriese entre ellos estaba en manos de ella. Otras muchas veces se le olvidaba que él era unos tres años mayor que ella, probablemente porque no la trataba como a una niña pequeña, sino como a alguien de su edad.

Sonó el timbre.

-¡Voy yo! –se apresuró a gritar ella.

Bajó las escaleras en tiempo récord y justo antes de abrir la puerta se atusó el pelo. Tal y como esperaba, ante ella estaba Niall, muy sonriente y tan guapo como siempre. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca cubierta casi entera por una rebeca de botones. Al hombro llevaba una guitarra… Espera, ¿Había una, o dos guitarras? ¡Había dos! Imposible. Blanca sacudió la cabeza y miró de nuevo, pero seguía habiendo dos guitarras.

-Buenos días –saludó él alegremente.
-Hola –estaba algo desconcertada.
-¿Puedo? –preguntó, al ver que la muchacha permanecía parada en mitad de la puerta.
-¿Eh? Ah, sí, claro, claro. Adelante.

-¿Quién es? –la voz de la madre de Blanca llegó hasta allí.

La joven miró a Niall un momento.

-¡Un compañero de teatro! –gritó.
-¿Sólo eso? –preguntó él, decepcionado, al subir las escaleras, acompañado de ella- Me gustaría ser… algo más.
-Sería imposible explicarle a mi madre nuestra compleja relación –suspiró abriendo la puerta de su dormitorio para que entraran.
-¿Compleja? –entró- Yo no lo veo así. Veo tus dudas, pero no hay complejidad, no para mí.

Blanca entró tras él y cerró la puerta.

-Mis dudas tienen una respuesta difícil de explicar, normalmente.
-Estoy dispuesto a explicarte lo que quieras –Niall se acercó a donde estaba Algodón, pero al ver que parecía dormir, lo dejó en su cojín.
-No creo que sean dudas que tú puedas resolver –lo miró.
-A lo mejor sí… -su voz se volvió seductora y caminó hacia la muchacha.

Blanca no sabía cómo reaccionar, así que se quedó quieta como una estatua. El irlandés entrecerró los ojos.

-¿Estás bien?
-S… sí, claro –logró responder.

Niall terminó de recorrer la distancia que había entre ellos y le dio un tierno beso en los labios.

-Genial –susurró en su boca.

La joven inspiró su aliento y unió sus labios con los del chico de nuevo. Paró de besarle cuando empezó a faltarle el aire.
Se pasó la lengua por los labios y Niall le apartó un mechón de pelo de la frente con dulzura.

-Eres preciosa, ¿lo sabías? –dijo en voz baja.
-No lo soy…
-Sí que lo eres.

A Blanca le asaltaron unas súbitas ganas de llorar que no comprendía, y se refugió en el pecho de él, que la abrazó con fuerza.

-Entonces, ¿me has perdonado? –preguntó él.

La chica asintió con la cabeza.

-Creo que ya no la quieres a ella.
-De hecho te quiero a ti –le besó el pelo.

Ella subió su mirada y la cruzó con la de él. En los ojos de Blanca se leía la disculpa por no decirle “yo también te quiero”, pero es que no lo sabía. Niall le gustaba mucho, muchísimo. Pero no estaba segura de poder decir con total certeza que estaba enamorada de él. Esa era una de sus dudas. Y no quería decir unas palabras que implicaban tanto si no sabía con certeza que las sentía.

-Está bien –dijo Niall en un susurro.
-¿Por qué… por qué tienes dos guitarras? –preguntó con curiosidad al notarlas en la espalda del chico, al que seguía abrazada.
-¡Ah, eso! –se dio con una mano en la frente- Lo había olvidado.

Se separó de ella muy a su pesar y dejó las dos guitarras –con sus fundas- en el suelo.

-Pues una de ellas es para ti –informó el chico.

Blanca abrió mucho los ojos.

-¿Para mí? Sabes que no sé tocarla, y tampoco quiero. Ya te lo dije ayer.
-No sabes, pero yo te voy a enseñar.
-Niall, no.
-Blanca, sí. Te voy a explicar por qué.

Ella se cruzó de brazos.

-Adelante.
-¿Recuerdas que te dije que el truco para ganar a Laura… y Harry –dijo el nombre de su amigo con pesar- estaba en hacer algo sencillo?

Blanca asintió con la cabeza.

-¿Y qué hay más sencillo que dos personas en dos sillas con su voz y sus guitarras? –sonrió, animado.
-Sería más sencillo todavía si una de esas personas no tocara la guitarra –apuntó la muchacha.
-¡Eso sería lo fácil! Pero todos saben que tú no tocas. Imagínate sus caras cuando, en dos semanas, te vean tocar una canción –replicó apasionadamente.
-Imagínate tú la mía diciéndote que no. Ni de coña puedo aprenderme una canción en dos semanas.

Niall se acercó a ella.

-Sí que puedes. Es fácil, sólo tienes que creer que puedes. ¡Oh, venga, no me estropees la sorpresa! –exclamó, pero se tapó la boca justo después, arrepintiéndose de lo que se le había escapado.
-¿Qué sorpresa? –preguntó Blanca, curiosa.
-Ninguna –sonrió inocentemente.
-Niall James, dímelo –lo señaló con el dedo índice.
-No.
-Dímelo.
-Lo sabrás si tocas la guitarra –dijo él.
-Cabezota.
-Cotilla.
-Pesado –reprochó Blanca-
-Quejica.
-Tont… -antes de poder terminar, Niall la interrumpió con un beso.

Colocó ambas manos sujetando su rostro.

-Sé que puedes –susurró.

Blanca bajó la mirada.

-Joder, ¡está bien! –accedió finalmente, y le besó de nuevo.

Continuaron besándose unos minutos, sólo parando para respirar, intentando conocer mejor los labios del otro.

-Por cierto… -empezó Blanca.
-Adoro tus ‘por ciertos’ –dijo el irlandés en sus labios.

La muchacha sonrió.

-Pues que probablemente Taylor Swift no sea tu estilo, pero me preguntaba si querías venir al concierto conmig…

Niall la interrumpió.

-Por supuesto –y volvió a besarla.
-Esto…
-¿Sí? –preguntó él.
-Nada, bueno, que el concierto es mañana por la noche.

_
En el próximo capítulo...
"-¿Quieres que nos pongamos con esto otra vez? –preguntó Niall mirándola.
-No, quiero besarte –se escuchó decir a sí misma."


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
LO SIENTO. Sé que he tardado 345168546854 años en subir capítulo, pero nadie casi comentaba y estaba -y sigo estando- muy desanimada con la novela. En fin, espero que el capítulo os haya gustado, ya es más asdfghjklñ, ¿no? Son lindos *---*

No sé si ya os lo dije, pero tengo intenciones de acabar la novela lo antes posible. Estoy bastante deprimida con el tema de que lea menos gente aún que antes, y pienso que cuanto antes termine esto, mejor, porque ya no va a mejorar. Como siempre, POR FAVOR, si leéis, COMENTAD en twitpic o MENCIONADME, es muy, muy, MUY importante para mí...

Nada más, mil gracias por leer a las que lo hacéis, siento haber tardado tanto, de verdad... Os quiero <3


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  • 453 days ago via site
  • 503

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
Lo miró con excitación. Ponía:

“ASÓMATE A TU VENTANA”.

Así que Blanca se fue a su cuarto y miró a través del cristal.

_
Capítulo cincuenta.

Al principio no vio nada, sólo su jardín. Buscó a Niall por allí, pero no estaba, de hecho le pareció verle alejándose de la casa a paso ligero. Sin embargo, su mirada fue a parar por casualidad a la parte del jardín que quedaba justo debajo de su ventana. Había una frase escrita con piedras de tamaño mediano, en inglés, que Blanca tradujo en su cabeza: “TE QUIERO, Y LO SIENTO DE VERAS. ¿ME PERDONAS?”

Una amplia sonrisa ocupó todo el rostro de la muchacha.

-Qué tonto –dijo en voz baja.

Contempló las piedras durante un minuto pensando en lo loco que estaba Niall, y en lo persistente que era. Aunque ambas cosas le gustaban. ¿Cómo no le iba a perdonar si hacía todo lo que hacía? Además, estaba segura de que le dijo la verdad sobre todo lo que le contó de Mary. Podía parecer absurdo, pero lo había visto en sus ojos.

Entonces se dio cuenta de que cuando sus padres llegaran de trabajar se iban a dar cuenta de la frase y le iban a hacer preguntas que no le apetecía responder. Bajó alegremente las escaleras, pero una vez que estuvo al lado del mensaje, le dio mucha pena borrarlo. Para tener un recuerdo, le hizo una foto con le móvil, ella era así de ñoña.

Quitó las piedras y las tiró por todo el jardín a la vez que se preguntaba cuándo había puesto Niall todo eso allí, pero no se le ocurría, así que no quiso darle más vueltas.

Ya que creía que las había esparcido todas, se dio cuenta de que el punto del signo de interrogación seguía en su sitio original. No se notaría, porque ya era sólo una piedra en un jardín, pero Blanca se agachó a recogerla. Era algo más pequeña que las otras, cabía perfectamente en un puño, y se fijó en que su forma era bastante similar a la de un corazón. “¿Casualidad? No lo creo”. Cerró la mano, envolviéndola, y la notó fría, tal y como estaba siempre Niall. Sonrió y decidió quedarse aquella piedra. Sería un recuerdo de ese bonito detalle.

Volvió a su cuarto y al encender de nuevo el ordenador vio que Elena ya no estaba conectada, así que le dejó un mensaje privado contándole lo que había pasado esa mañana. Entonces se acordó de algo, y de hecho estuvo buscando y encontró un post-it entre dos libros que decía: “RESPONDER A IVÁN”.

-¡Mierda! –se dio con la palma de la mano en la frente.

Tenía que responder a Iván. Debía haberlo hecho la tarde anterior, cuando recibió su mensaje, pero tras enterarse de lo de Niall y Mary su estado de ánimo había empeorado bastante, y ni siquiera se había acordado.

Abrió el privado del joven y lo volvió a leer. ¿Qué debía contestarle? No estaba segura. Pulsó ‘responder’ y empezó a escribir, ya le saldría algo.

“Hola Iván.
Siento muchísimo lo de tu casa, aunque me alegro de que vuestras cosas personales estén bien. Supongo que ya estarás en casa de tu tía, e irás a ese nuevo instituto el lunes que viene. Probablemente tenga razón y sea mejor para los dos así. Imagino que esta es la última vez que te digo cuándo lo siento, que ojalá esto no hubiera pasado así, que yo no debería haber estado tan confusa, pero no he sabido la forma de hacerlo bien.
Iván, eres una gran persona, un chico estupendo y muy guapo, te van a querer todas las chicas, y de todas ellas sé que tú querrás a alguna. Sé feliz, por favor.

P. D.: Gracias. Estoy intentando darle esa oportunidad. No tengo palabras para decirte lo mucho que te debo.

Espero verte aquí cuando actúe, aunque ya no sé si como Ginebra. Será un bonito detalle. Un beso”.

Le envió el mensaje. Era mucho más corto que el de él, pero no quería entretenerse demasiado: ese tema era mejor zanjarlo ya.

Suspiró y cogió a Algodón.

-Ojalá hablaras… -le dijo mientras lo acariciaba, y él maulló- Maullar no es lo mismo. Yo no entiendo el idioma gatuno.

Blanca puso la piedra del jardín, que llevaba en el bolsillo del jersey, en una pequeña cajita donde guardaba esos recuerdos de viajes que no quería tirar, o esas pulseras de la amistad que se le habían quedado pequeñas: sus tesoros.

Abrió su Facebook con la esperanza de que Niall estuviera conectado, pero no fue así.

Sin embargo, cuando lo iba a cerrar, vio que tenía una petición de amistad de la que no se había dado cuenta. Fue a mirar quién era pensando que seguramente sería uno de esos tíos a los que no conoces que suelen decir “hola, guapa, me gustaría conocerte”. Pero no, para su sorpresa, la petición era de Liam Payne. Iba acompañada de un mensaje: “Necesitaría hablar contigo. ¿Podemos quedar esta tarde a las cinco en la cafetería Alambique?”.

Blanca estaba muy sorprendida. ¿Liam quería hablar con ella? No recordaba haber tenido contacto directo con él, aunque a lo mejor aquel día en que habían salido todos a comer se habían dicho algo, no se acordaba. Pensó que de los ingleses, a los que menos había tratado eran Liam y Harry, y quizás por eso Harry no le quiso hacer caso cuando le dijo que no se fiara de Laura el día anterior.

No sabía lo que Liam podía querer decirle, y como sentía curiosidad, aceptó la petición de amistad y le respondió al mensaje diciendo que iría.

Durante el resto de la mañana estuvo estudiando inglés, pero le costó bastante concentrarse y de vez en cuando se descubría pensando en Niall. ¿Qué se le habría ocurrido que se había ido tan deprisa y tan emocionado? Se moría de curiosidad.

En el almuerzo, Blanca estaba bastante feliz, y toda su familia de dio cuenta de ello, en especial Marcos, que sonrió para sí pensando que quizás su hermana había decidido hacer lo correcto.

-¡Esta tarde voy a salir un rato! –dijo alegremente la chica mientras subía a su habitación para cambiarse de ropa

Sus padres no se quejaron ni preguntaron porque Rosa creyó que, por una vez que su hija parecía tener ilusión por salir en los últimos tiempos, había que dejarla.

Blanca se puso unos vaqueros y una sudadera que había mandado hacer en la que ponía en letras negras: “Smile, life is too short to waste it being unhappy”, que en español significa: “Sonríe, la vida es demasiado corta como para desperdiciarla siendo infeliz”. Se calzó sus converses y se soltó el pelo, pasándose los dedos para arreglárselo un poco.

Salió de su casa a las cinco menos cuarto, pues no quería llegar tarde, y le picaba la curiosidad.

Caminó por las mismas calles que recorría todas las mañanas para ir al instituto, ya que la cafetería estaba justo enfrente de la escuela. Como siempre, iba escuchando música mientras contemplaba a la gente que caminaba por la calle. Casi todos parecían felices, pero, ¿lo serían de verdad? En ese momento, le llamó la atención una frase de la canción que estaba sonando. La canción era “The other side of the door”, de Taylor Swift –la mayoría de la música que escuchaba era de ella-, y la frase decía: “Baby you know everything tell me why you couldn’t see that when I left I wanted you to chase after me?” Le recordó a ella y a Niall, solo que el irlandés sí parecía haberse dado cuenta de que, aunque Blanca estaba decepcionada por lo de Mary, lo único que necesitaba era que él le mostrara que la quería, y lo estaba haciendo.

Llegó a la cafetería un par de minutos antes de las cinco. Empujó la puerta de cristal y la invadió un penetrante olor a café. Pensó en pedirse algo mientras esperaba a Liam, pero se dio cuenta de que él ya estaba sentado en una pequeña mesa redonda en una esquina. Caminó hacia allí.

-Hola –dijo ella cuando estuvo enfrente de él.

Cogió una silla y se sentó.

-Buenas. Supongo que te habrá parecido raro esto de pedirte quedar para hablar y demás –empezó Liam-. Pero tiene un motivo.
-Ya imagino –sonrió para quitarle hierro al asunto.

Él sonrió también.

-A ver, tú y yo estamos en una situación parecida…

Empezó a hablar, pero justo entonces se acercó a ellos una camarera.

-Buenas tardes, ¿qué van a tomar?
-Em, pues… ¿tienen té? –preguntó Liam en un español con mucho acento inglés.
-Claro –la camarera mostró una sonrisa amable-. ¿Con leche o sin leche?

Él pareció entender.

-Con leche.
-¿Y usted? –le preguntó a Blanca.
-Un batido de chocolate, por favor –pidió ella.
-Enseguida lo tendrán aquí.

La camarera se fue a atender otras mesas y Liam retomó la conversación.

-Como te decía… No sé si sabes, pero si no, seguramente lo imaginas, que Niall y yo… bueno, yo no le hablo después de todo lo de ayer, y tampoco tengo fuerzas para intentar hablar con Mary.
-Lo entiendo –asintió ella.
-Por eso quería saber si tú habías… hablado con él del tema.

Blanca se rascó la frente.

-Sí, mi orgullo me impide hacerlo yo –admitió Liam-. No suelo ser así, pero esta situación me ha sacado de mis casillas. Y nadie parece entender cómo me siento.
-Yo lo hago. Quizás no del todo, pero más o menos te comprendo –cogió una servilleta del servilletero y empezó a jugar con ella-. Y sí, he hablado con Niall. Yo estaba bastante… en fin, molesta no es la palabra, pero no encuentro otra mejor. Pues eso, y no quería hablar con él. No sabía si iba a poder soportar lo que él me fuera a decir. Ya, suena raro, pero Niall significa mucho para mí a pesar del poco tiempo que lleváis aquí. Bueno y…

Blanca no continuó la frase porque apareció la camarera con su batido y el té.

-Aquí tienen –sonrió y miró a Liam con descaro.
-Muchas gracias –respondieron los dos jóvenes a la vez.
-De nada. Si desean algo, avísenme.

La camarera se fue a seguir con su trabajo y Blanca rompió a reír.

-¿Qué pasa?
-¿Has visto cómo te miraba? –le preguntó, aún riendo.
-Pues… no sé, creo que no –estaba desconcertado.
-Yo no digo nada, pero le has gustado. ¡Te estaba comiendo con los ojos!
-¿Qué? Eso es imposible –Liam también rió.
-Que no, que no, que es verdad.

Blanca le dio un sorbo a su batido y Liam probó su té.

-No está tan bueno como los de Inglaterra, ¿no? –preguntó la chica.
-Bueno, no está tan mal…
-Eso lo dice todo –sonrió.

La muchacha se pasó una mano por el pelo.

-Como te estaba diciendo antes… En fin, no sé por dónde iba, pero el caso es… que Niall me pidió hablar con él, y al final accedí –le contó todo lo que el irlandés le había dicho sobre su relación con Mary-. Y le creí. Le creí cuando me dijo que ya no significa nada. Si significara algo, estarían juntos, y no es así.

Liam permaneció pensativo durante unos segundos, con los ojos fijos en la superficie del té.

-Pff… no sé.
-Tal vez… deberías hablar con ellos –Blanca buscó sus ojos con los de ella.
-Ya, pero… entiéndeme, me cuesta. Ellos… estuvieron juntos, y me duele.
-Mary no sabía que tú la querías.
-Lo sabía, aunque yo nunca se lo había dicho –él torció el gesto.
-Entonces, ¿por qué no estabais juntos?
-Ninguno fuimos lo suficientemente valientes como para decirlo –suspiró.

Blanca frunció los labios. Pensó que Liam seguramente necesitaba desahogarse, y dejó que lo hiciera.

-Entonces… no sé, pero no puedes echarle en cara a Niall que estuviera con ella si no le habías dicho a nadie lo que sentías.
-Todos lo sabían, se me notaba.

Blanca miró por un momento a la camarera que iba de aquí para allá.

-Mira, Liam, no sé de quién es la culpa, tal vez no sea de nadie, y entiendo como te sientes porque yo me he sentido igual, y quizás yo no sea la persona más indicada para decirte esto teniendo en cuenta que mi reacción fue más o menos como la tuya. Pero hay que saber perdonar, y más si con quienes estás enfadado son uno de tus mejores amigos y la chica a la que quieres, porque si no, cuando ya no haya vuelta atrás, te darás cuenta de que les echas de menos –le empezó a dar vueltas al vaso del batido-. Además, Mary ya sabe lo que sientes por ella. Aprovecha. Sé que seréis una pareja estupenda.

Ella sonrió amistosamente y el inglés se mostró preocupado.

-¿Y si ahora me odia por mi reacción?
-Si te quiere (y lo hace) no te odiará –Blanca pensó que se le estaba pegando la vena filosófica de Zayn y de su hermano.

Liam le dio un largo sorbo a su té y se lo terminó.

-Gracias. No sabía qué hacer, y te he pedido quedar porque creo que eres la única persona que puede entenderme. Has sido una gran ayuda –sonrió.
-De nada, Liam. Si alguna vez necesitas algo, avísame, ¿sí?
-Lo mismo digo.

Los chicos se levantaron de la mesa y dejaron en ella el dinero correspondiente a lo que habían tomado. Salieron de la cafetería.

-¿Por dónde queda tu casa? Te acompaño –dijo Liam ya fuera del local.
-No hace falta, si está aquí cerca.
-Va, sí.

Blanca vio que parecía querer acompañarla, quizás para compensarle un poco el haberle hecho ir para comentar sus problemas.

-Está bien –accedió finalmente-. Es por aquí. Por cierto, querría preguntarte algo.
-Dime.
-¿Odias a Marina? –la muchacha fue directa al grano.
-¿Odiarla? ¿Por qué debería hacerlo?
-Ella fue la que te lo dijo, ¿no?
-Sí, pero… Bueno, su situación es peor que la mía… -Liam suspiró- De verdad que me encantaría poder quererla, corresponderla, pero…
-Tranquilo, nadie puede evitar sentir lo que siente.
-Ya, pero… debe sentirse fatal.
-Tranquilo, se le pasará. Creo que Lucía, otra amiga nuestra, estuvo ayer toda la tarde con ella. Y Mary tampoco la culpa. Eso es algo bastante noble por su parte –comentó Blanca, pensativa-. Marina es una chica frágil, pero no está sola.
-Algún día iré a hablar con ella…
-Aún no, déjala que asuma las cosas por sí misma –aconsejó la chica.

Liam asintió con la cabeza. Durante el resto del camino hablaron de cualquier cosa, de todo un poco, de música, de cine, de Inglaterra, de España.

El inglés dejó a la muchacha en la puerta de su casa, y le volvió a dar las gracias por haberle ayudado.

-Voy a intentarlo. Voy a tratar de hacerlo como tú. Hablaré con Mary –le aseguró.

Blanca subió las escaleras hasta su cuarto, satisfecha de haber podido ayudar a alguien, y por una vez no ser ella la que necesitaba ayuda.

Saludó a Algodón con una caricia y vació el bolso que había llevado para volver a poner cada cosa en su sitio. Sacó el móvil y vio, sorprendida, que tenía un mensaje. Lo abrió.

“Hola Blanca, soy Niall. No me preguntes cómo he conseguido tu número, eso es información confidencial. El sms es para decirte que se me ha ocurrido lo que podemos hacer en la actuación. ¿Te lo digo mañana en tu casa? Sé que mi idea te va a gustar. Besos”.

Sonrió sólo por el hecho de haber recibido un mensaje de él. Respondió afirmativamente. ¿Cómo no iba a querer saber lo que había pensado Niall? Y además, ¿cómo no iba a querer verle otra vez al día siguiente? Era feliz sólo de imaginar lo que le esperaba.

_
En el próximo capítulo....
"-No creo que sean dudas que tú puedas resolver –lo miró.
-A lo mejor sí… -su voz se volvió seductora y caminó hacia la muchacha."


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Lo siento. Probablemente os haya decepcionado que lo que hubiera en el jardín solo fueran piedras, pero es que no va a estar el pobre Niall siempre ahí cantando JAJAJA. Espero que no os haya disgustado demasiado el capítulo, el próximo será bastante más asdfghjklñ *--*

Como siempre digo, por favor, SI LEÉIS, COMENTAD EN TWITPIC o MENCIONADME, que no os lleva más de medio minuto, pero para mí es muy importante.

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Muchas gracias por todo, os quiero más de lo que imagináis.


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  • 470 days ago via site
  • 319

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
Quizás Blanca se lo pusiera más difícil, pero el irlandés iba a hacer varias cosas que sabía que le iban a gustar tanto que el beso que acababan de darse sólo iba a ser el primero de muchos como aquel. O incluso mejores.

_
Capítulo cuarenta y nueve.

Blanca estrechó su cojín con fuerza mientras esperaba a que se cargase el Tuenti. Estaba feliz, aunque no estaba segura de si de verdad tenía motivos para estarlo. Sí, aquel beso había sido… increíble, nunca le habían dado uno tan apasionado, Iván solía ser más tierno. No es que Niall no fuera dulce, pero aquello… Apretó más fuertemente el cojín. Pero por otro lado, lo de Mary seguía rondando su cabeza, y la duda de que si Niall le había mentido –u ocultado- algo más era inevitable. Y además estaba lo de la obra de teatro, que tenían que pensar algo urgentemente.

Sacudió la cabeza. Puf, y encima tenía que estudiar inglés. Bueno, en cuanto hablara con Elena –si es que estaba conectada- se pondría a ello.

Miró entre los contactos de la barra del Chat, y allí estaba, y eso que eran las diez de la mañana. Le escribió:

-¡Lo que te tengo que contar!

Y justo a la vez de mandárselo, recibió un mensaje de ella.

-¡Ni te imaginas lo que tengo que contarte!

Ambas se echaron a reír, pero luego les pudo la curiosidad.

-Dime.
-No, empieza tú.
-Vamos, suéltalo.
-Pues lo ponemos a la vez.
-Okay.

Las dos resumieron todo lo que les había pasado, a una con Niall y a la otra con Louis, y se lo enviaron entre ellas. Ambas se quedaron con la boca abierta.

-¡¿Niall con Mary?! –y una cara asombrada.
-¡¿Qué os besasteis?! –una ‘ñ’, un punto, otra ‘ñ’.
-¿Y la puta de Laura con Harry? –cara enfadada.
-¿Pero Louis que hizo después? –dos puntos sobre una ‘O’.

Entonces tocaron a la puerta de la casa de Blanca, y como nadie parecía ir a abrir, fue ella.

-Un momento, que voy a abrir la puerta –dijo a su amiga.

Blanca bajó los escalones de dos en dos y abrió la puerta sin mirar siquiera quién era.

Ante sus sorprendidos ojos estaba Niall.

-Eh, ho… hola –tartamudeó la chica, al darse cuenta de que sólo llevaba puesto un jersey gris largo que hacía de vestido y unas zapatillas de casa del mismo color que le llegaban hasta el tobillo.

Él la miró, pero no a sus piernas descubiertas, sino a los ojos, y sonrió divertido.

-Esto… ¿quieres pasar? –preguntó Blanca, cuyas mejillas se habían vuelto color carmín.
-Si no te molesto…
-No, no, claro que no –le hizo un gesto para que entrara-. Además, mis padres están trabajando y mi hermano se ha ido a la biblioteca a estudiar.
-Vale –sonrió de nuevo y entró en la casa.

Blanca le puso una mano en el pecho para que no caminara más.

-Dame un segundo –subió las escaleras más rápido de lo que las había bajado y entró a su cuarto.

-Elena, me tengo que ir, Niall ha venido. Ya te informaré –escribió a su amiga y apagó el ordenador.

Rebuscó en el armario hasta que encontró unos leggins celestes que se puso para cubrirse las piernas, se arregló un poco el pelo con las manos y se echó algo de colonia. Antes de salir, comprobó que Algodón descansaba plácidamente en su cojín.

-¡Ya estoy! –gritó desde el principio de la escalera- Sube a mi cuarto si quieres.

La chica contempló como Niall subía las escaleras, y se dio cuenta de que llevaba su guitarra a la espalda. ¿Tenía pensado cantarle alguna otra canción? “¡¿Pero qué dices?! Con una que ya te ha dedicado te apañas, maja”, le dijo una voz en su cabeza.

Entraron a la habitación y Blanca le hizo al irlandés un gesto para que se sentara en la cama.

-Mira, aquí hay alguien que a lo mejor se alegra de verte –fue hasta donde estaba Algodón y lo tomó con delicadeza entre sus brazos.

Niall abrió mucho los ojos y sonrió con sinceridad.

-Vaya, no me habías dicho que al final te lo pudiste quedar –lo cogió, y el gato pareció reconocerle, porque maulló complacido.

-Sí, bueno… Desde el día en que me lo traje a casa… En fin, las cosas se complicaron, ya sabes. Y no encontré el momento de decírtelo.
-Tranquila, lo entiendo.

Niall rascó al gatito por detrás de las orejas, ensimismado. La chica lo observó unos instantes.

-Bueno, supongo que… -no sabía cómo decirlo sin parecer borde- Habrás venido por… algo.
-Ah, sí, sí, claro –parecía como si acabara de recordar por qué estaba allí-. Te explico.

Blanca cogió la silla de su escritorio y se sentó mirando al irlandés.

-Venía por lo de la actuación de teatro. Para que fuéramos viendo. Si no tienes otra cosa importante que hacer, claro.

-Eh… no, no, podemos ponernos con esto.

Niall frunció el ceño ante su reacción.

-¿Qué te pasa? –le preguntó.

Ella desvió la vista.

-Es que… En fin, no se me ha ocurrido nada para que hagamos –admitió al fin.

El joven sonrió.

-No pasa nada, a mí tampoco. Por eso he venido, para que lo intentemos… juntos.
-De todos modos, no vamos a ganarle. No es sólo cantar, también se puede preparar coreografía y demás. Y Laura va a llenar el escenario de focos, brillantina y bailarines. No podemos intentar competir contra eso, créeme.

La mirada de Niall se iluminó de repente, y el chico dio un salto de la cama y se puso a andar por toda la habitación.

-¡Claro! ¡Ahí está la clave! –exclamó.

Blanca se sobresaltó.

-Quizás no podemos competir contra toda esa parafernalia que Laura va a montar, pero podemos hacer que nuestra actuación sea justo lo contrario.
-No entiendo…

Los ojos de la muchacha iban de aquí para allá, pero fijos siempre en Niall.

-Sí, mira. Ella les va a impresionar con su espectáculo, pues nosotros les vamos a impresionar porque no vamos a hacer nada excepto cantar. Eso les demostrará que nosotros sólo necesitamos nuestras voces para hacernos valer.

Blanca sonrió también al comprender lo que él quería decir.

-Sí, me gusta… De todos modos, competir contra ella e intentar ganar con los mismos recursos sería imposible.
-Me encanta cuánto crees en nosotros –ironizó Niall, bromeando.
-Y a mí –rió.
-¡Y vamos a tocar la guitarra! –se le ocurrió de repente, y ya que había dejado de dar vueltas empezó a andar de nuevo.
-Querrás decir que ‘tú’ vas a tocar la guitarra –Blanca entrecerró los ojos.
-No, vamos a tocarla los dos –contestó tranquilamente.
-¡Já! Ni-de-coña –marcó mucho cada palabra.
-¿Por qué no? –preguntó en todo de súplica- Antes querías que te enseñara.
-Claro, pero no para tocar delante de la gente, ¡y tampoco pretendía aprender en dos semanas! –se llevó un dedo a la frente como diciendo: “no hay que ser demasiado listo para darse cuenta”.
-¡Ah, vale, vale, ya sé!

Parecía un loco hablando tan rápido y como para sí mismo, a parte de que seguía de aquí para allá.

-¡Sí! ¡Sí, ya sé! En fin, tengo que irme, ¡no puedo dejar que esto se me olvide! –se acercó a una atónita Blanca y le dio un rápido beso en los labios.

Eso la hizo reaccionar.

-Eh, ¡que aún no sé si te he perdonado!

Pero él ya estaba bajando las escaleras a toda velocidad, con la guitarra a cuestas.

-¡Ya te avisaré con las novedades! –gritó Niall antes de salir rápidamente por la puerta.

Blanca vio que se le cayó un papel doblado del bolsillo.

-¡Eh, Niall, se te ha caído…!

Sin embargo, el joven ya se había alejado de la casa, y, o no la oyó, o no quiso responder a posta.

La muchacha se agachó y cogió la nota; la guardaría para dársela. Pero el ver su nombre escrito en la parte superior izquierda del papel, hizo que no pudiera resistirse a abrirlo.

Lo miró con excitación. Ponía:

“ASÓMATE A TU VENTANA”.

Así que Blanca se fue a su cuarto y miró a través del cristal.

_
En el próximo capítulo...
"Una amplia sonrisa ocupó todo el rostro de la muchacha. -Qué tonto –dijo en voz baja."


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
asdfghjklñ Todo va mejorando, ¿no? *-* Espero que esto ya os vaya gustando más. ¿Y qué será lo que espera a Blanca cuando se asome a la ventana? Lo sabréis en el próximo capítulo Ü

Como siempre, si lees, COMENTA EN TWITPIC o MENCIÓNAME, por favor, es algo muy importante para mí. Tanto, que NECESITO 30 COMENTARIOS PARA SUBIR EL SIGUIENTE CAPÍTULO.

Nada más, sólo deciros que os quiero muchísimo, y que feliz Navidad.


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  • 476 days ago via site
  • 340

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
No voy a seguir insistiendo, me demostrarás que seguir con todo esto no tiene sentido si no estás allí, dejaré de molestarte, no volverás a saber de mí más de lo que te cuenten otros; jamás. Te lo prometo.
De nuevo apareció el símbolo ‘visto’.

_
Capítulo cuarenta y ocho.

Los pasos de la chica resonaban por toda la calle. Cada vez andaba con más preocupación, pues temía que él ya se hubiera marchado. Iba media hora tarde, ya que tampoco quería ponérselo todo tan fácil. Esta vez, el que lo había hecho mal era él, y quería que se diera cuenta de cómo se sentía ella. Además, lo que había hecho no era justo. Sabía que Blanca iba a ir, porque si no iba, él había prometido salir de su vida, y ambos sabían que la chica no quería eso. Así que Niall había jugado sucio, y ella había decidido hacerle esperar un poco para que se pusiera nervioso, aunque ahora tenía miedo de que él ya se hubiera ido. Aceleró el paso.

Cruzó una calle y entró en la zona del parque. Ya era casi de noche, y aquello estaba completamente vacío de niños jugando en los columpios o de gente paseando por las calles de tierra.

Las farolas estaban encendidas, pero a Blanca no le hacía mucha gracia adentrarse en el parque para buscar a Niall. Afortunadamente, él la encontró primero.

-Hola –dijo acercándose a ella desde la zona de los columpios.

Blanca adoptó una expresión seria; estaba dolida. Le saludó haciendo un breve gesto de asentimiento con la cabeza.

-¿Tienes pensado hablar? –preguntó Niall.
-Sí, cuando sea necesario –respondió la chica en tono monótono.
-Entiendo… Bueno, al menos has venido, eso ya es un progreso.
-Ajá.

Niall se pasó las dos manos por el pelo.

-Uff… -suspiró- A ver, sé que estás enfadada, y lo…

Ella le interrumpió.

-No estoy enfadada.
-Ah… ¿no? –preguntó confundido.
-No, estoy decepcionada y triste –se sentó en uno de los muchos bancos de piedra que había por allí, y el irlandés la imitó.
-¿Cómo…? Yo pensaba que… -no supo terminar la frase.
-Pues pensabas mal –puntualizó ella.

Niall se rascó la barbilla.

-Bueno, yo quería que me preguntaras lo que quisieras, por si tenías dudas de algo de lo que pasó con Mary, o de lo que quieras. Y te voy a decir toda la verdad, te lo juro.
-No creo que haya nada que preguntar, todo está bastante claro –contestó ella, aunque se moría por hacer miles de preguntas.
-Sé que no es así.
-Y si sabes tanto, ¿por qué no empiezas tú directamente a responder a esas preguntas? –le retó Blanca.

Niall apoyó las manos en sus rodillas.

-Está bien. Intentaré no hacerlo muy largo.

La muchacha alzó las cejas con escepticismo.

-¿Cuándo? Este verano, a mediados –el irlandés empezó a hacer preguntas y a responderlas-. ¿Dónde? En Londres. ¿Cómo? Mary y yo estábamos allí para adaptarnos a la vida en la ciudad antes de empezar la universidad, nos conocíamos un poco a través de Liam, nos encontramos por casualidad y empezamos a quedar. ¿Por qué? Yo no lo sabía, pero ella estaba cansada de esperar a Liam, quería algo diferente, y yo me sentía bastante solo tan lejos de mi familia y amigos. ¿Cómo acabó? Yo no sabía que Liam la quería, y poco después de enterarme, decidimos acabar lo nuestro; de todos modos sólo nos gustábamos, nunca llegó a haber amor. ¿Qué siento hoy por ella? Nada. A ver, me cae bien, aunque la relación entre nosotros quedó un poco tensa (como suele ocurrir con los ex), porque además no queríamos decir nada para no herir a Liam, y ese secreto se notaba. Pero ya está, como ya te he dicho, mis sentimientos por ella se quedan ahí, entre nosotros ya no hay nada.

Blanca permaneció todo el rato con una máscara de indiferencia.

-Quizás Liam merecía saberlo, y no enterarse de esa forma –comentó ella, y ambos sabían que se estaba refiriendo a sí misma empleando el nombre del inglés, pues su situación era parecida.
-Tal vez no merecía la pena hacer un daño innecesario a Liam cuando eso no afecta a su relación actual con Mary.
-A lo mejor sí afecta, porque Liam creía conocer a Mary, pero ahora se da cuenta de que no es así, e igual que no sabía esto de ella, hay otras muchas cosas que no sabe.
-¡Señor, Blanca, no te he ocultado nada más, me conoces! –exclamó Niall.

Ella miró al suelo.

-Eso no puedo saberlo. Pero es que no entiendo por qué no me lo has dicho.
-¡Quise hacerlo, pero no pude!
-Anda, qué casualidad, como en las películas –ironizó ella.

El joven suspiró, impotente.

-Va en serio. No te acordarás, pero te dije que no quería darte clases de guitarra porque había tenido una mala experiencia con una chica a la que enseñé… Pues ella era esa chica.

Blanca se acordaba perfectamente.

-Algo me suena, sí –se hizo la despreocupada-. Pero eso no me explica por qué no me lo dijiste todo.
-¡Joder, me acojoné! ¡No quería estropear las cosas cuando no parecían ir demasiado mal! –alzó la voz.
-No pensaste que a lo mejor entonces no se estropeaba nada, simplemente era una anécdota más, pero que al callarte y al yo enterarme de esa forma sí que se jodía todo, ¿no?
-Blanca, sé que si has venido es por algo.
-Por supuesto. Para decirte que creía conocerte, y que quería algo con el Niall al que suponía conocer, pero ahora… creo que prefiero ser sólo amiga tuya hasta conocerte de verdad.
-¿Qué quieres decir?

Blanca se tocó el puente de la nariz con el dedo índice y el pulgar, con cansancio.

-Creo que es mejor que por ahora sólo seamos amigos.

Niall la miró con horror.

-¡¿QUÉ?!
-Mira, todo esto ha ido muy deprisa, demasiado. Conozcámonos mejor, por ejemplo, mientras estemos preparándonos para la actuación de dentro de un par de semanas. Centrémonos en eso y luego ya…

La chica no pudo continuar, pues Niall la besó con fiereza. Era la primera vez que sus labios no derramaban dulzura, sino frustración y anhelo. Mucho anhelo. Blanca reaccionó instintivamente y respondió al beso. Lo que más deseaba no era ser la amiga del joven, sino que creía que eso era lo más correcto; sin embargo, en aquel momento la razón se había puesto en modo ‘off’. Sus bocas seguían sin despegarse cuando Niall colocó sus manos en la parte baja de la espalda de la chica, acercándola a sí mismo, y ella directamente se subió a horcajadas en él, quedando sentada en sus piernas. Niall le llevó las manos al trasero para pegarla aún más, y ella pasó sus dedos por el pelo del chico mientras los labios de ambos seguían unidos.

-¿No prefieres esto? –preguntó Niall con voz ronca justo en el oído de Blanca.

Ella no fue capaz de emitir ningún sonido, pues ahora el joven le estaba mordiendo el lóbulo de la oreja, jugueteando con su pendiente.

De repente, sonó un teléfono móvil. La pareja se separó y Niall señaló el bolso de ella. Blanca buscó su móvil con fastidio.

-Mierda, mis padres –carraspeó-. ¿Diga? Sí, mamá. Ya. Sí, lo sé, ya voy, es que me he entretenido porque Elena me estaba contando una cosa. ¡No, no hace falta que me recojáis! Su casa está al lado de la nuestra. Ahora mismo voy. Un beso –colgó.

Sí, les había tenido que mentir para poder salir a esas horas. Simplemente, les había dicho que iba a llevarle unos apuntes a su amiga.

-¿Hora de volver a casa?
-Sí –bufó ella.

Niall le dio un corto beso con sus labios, tan inexplicablemente fríos como siempre.

-Y no te creas que se me ha olvidado lo que ha pasado esta tarde –la chica se levantó de sus piernas-. Sigo dolida.

Él la agarró por la cintura e hizo que se sentara de nuevo sobre sus piernas, pero ahora como si fuera una niña pequeña.

-No te pido que olvides, sólo que perdones.
-Pues ya veremos… -le miró.

Sin embargo, los dos sabían que con ese beso todo estaba demostrado y perdonado.

Quizás Blanca se lo pusiera más difícil, pero el irlandés iba a hacer varias cosas que sabía que le iban a gustar tanto que el beso que acababan de darse sólo iba a ser el primero de muchos como aquel. O incluso mejores.


_
En el próximo capítulo...
"Él (Niall) la miró, pero no a sus piernas descubiertas, sino a los ojos, y sonrió divertido."

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Bueno, ¿qué os ha parecido? Como ya os dije, a partir de ahora todo va a cambiar y va a ser más asdfghjklñ, pero al menos en este capítulo ha habido beso, ¿no? Qué lindos. ¿Y ese adelanto? ¿Qué pasará en el próximo capítulo? *---*

En fin, como siempre, os lo pido por favor, COMENTAD EN TWITPIC si leéis o MENCIONADME al menos, es muy, muy importante para mí. Gracias a las que siempre comentáis :3

Nada más, sólo que os quiero, que sois geniales <3

P.D.: ¿Os ha tocado la lotería? ¿Qué tal las notas? Espero que alguna se haya hecho rica hoy JAJAJA.



AbstractLands.

  • 483 days ago via site
  • 436

¡Buenas! Por favor, tomad un par de minutos para leer esto. Ha pasado mucho tiempo, pero quizás algunas recordéis mis mini-historias. Pues me entró la nostalgia y he hecho otra. Esta está basada en "One Thing" y su protagonista masculino es Zayn.
Por favor, si la leéis, COMENTAD EN TWITPIC o mencionadme, lo agradecería muchísimo.
Y si os gusta, hace tiempo hice más mini-historias, y además tengo una novela, todo está aquí: www.twitpic.com/photos/AbstractLands

Sin más, os dejo la mini-historia. COMENTAD, espero que os guste y gracias :3

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Bajas del avión después de algo más de nueve horas de vuelo. Al principio te cuesta un poco andar, y tienes la sensación de que tu pelo parece más la melena de Mufasa, el del Rey León, que el pelo de un humano.

-¡Vamos! –apremias a tus padres.

Necesitas de verdad ir a un aseo. No podrás ser completamente feliz por el hecho de que estás haciendo realidad tu sueño a menos que tu vejiga recupere su tamaño normal.

Entras al cuarto de baño. Vacías tu vejiga, te echas un poco de agua en el pelo para intentar que recupere sus ondas naturales y te pones algo de rímel en las pestañas. Ya está, has dejado de ser un zombi. Aunque tu aspecto sigue siendo un poco desaliñado.

Ya empiezas a sentir el cosquilleo que te produce estar allí.

-Ve con papá a recoger las maletas –te dice tu madre, que aún no ha entrado al baño porque ha llegado algo después que tú y hay cola.

Sales del aseo y buscas a tu padre, pero no le ves por ninguna parte; seguirá también en el baño. Preocupada por las maletas, vas a la cinta transportadora. Localizas tu maleta, que por cierto, es enorme, e intentas cogerla. Tiras del asa y tratas de sacarla de la cinta, pero no crees que vayas a poder tú sola. De repente, notas que la maleta deja de pesar entre tus manos, y se sitúa en el suelo. Miras esperando ver que quien te ha ayudado sea tu padre, pero la imagen que te encuentras es bien distinta.

-Gr… gracias –tartamudeas en inglés.

Ante ti tienes a un chico de piel morena, con algo de barba de un par de días, de pelo casi negro con una pequeña mecha rubia en el flequillo. Sus grandes ojos marrones, rodeados de unas largas pestañas, te miran con un poco de curiosidad, tal vez estudiándote igual que tú le estás estudiando a él. Es un chico… buf, probablemente el más guapo que hayas visto en tu vida.

-De nada –sonríe, y te tiende tu maleta-. ¿Es tu primera vez en Nueva York?
-Pues sí, ¿cómo…?
-Se te nota en los ojos. Brillan de una forma especial. Siempre le pasa a la gente cuando viene por primera vez. Por eso me encantan los aeropuertos. La felicidad de la gente ‘se ve’.
-Habrá gente a la que no le haga feliz venir aquí –dices ladeando la cabeza.
-Sin duda –se pasa una mano por el pelo y se lo alborota.
-¿Sabes que a las mujeres embarazadas los ojos les brillan mucho? –te pones seria.
-¡¿Estás…?!

Se le abren mucho los ojos. ¡Eres sólo una adolescente! Pero luego parece darse cuenta de que no debería haberte preguntado eso, pues en realidad no te conoce de nada, y cambia la expresión de su cara.

-¡Claro que no! –dices antes de que pueda disculparse- Estaba bromeando. Me hace mucha ilusión estar aquí –te muerdes el labio, sonriente.
-Lo entiendo. A mí me pasó igual.
-No es tu primera vez, ¿no?

Él se ríe y tú te sonrojas. Sí, ha sonado un poco… raro.

-No, ya he venido unas seis veces. Pero siempre descubro algo nuevo. En muchas ocasiones descubro… gente.

No sabes qué decir ante ese comentario. Te parece un chico bastante simpático, un poco osado, quizás.

Entonces ves a tus padres por detrás, buscándote casi seguro.

-Bueno, me voy. Gracias por haberme ayudado. Espero que en esta ocasión también descubras a alguien interesante.

Sonríes y te vas, antes de que pueda decir nada más. Te reúnes con tus padres, que ya han recogido sus maletas, y os vais hacia vuestro hotel en un taxi de esos amarillos.

Rápidamente olvidas la anécdota del chico, estás demasiado eufórica por el hecho de estar pisando suelo americano como para ser capaz de pensar de forma coherente.

Vuestro hotel se llama “Pennsylvania Hotel”, y está justo enfrente del Madison Square Garden.

-¡Mamá! ¡El Madison Square Garden! ¡¡Está aquí!! ¡AAAAAAH! –das saltos de la emoción.

Tu madre te mira sin entender.

-Sí, bueno, anda, vamos a la habitación, estoy hecha polvo.

Las habitaciones no son demasiado modernas, pero todo lo que vais a hacer allí está fuera.

-¿Nos vamos ya? ¡Hay mucho que ver! –dices una vez que te has cambiado de ropa, impaciente.
-Nosotros necesitamos un rato de descanso –te dice tu padre-. El viaje ha sido muy largo, no estamos ya para estos trotes…
-¡¿Qué?! ¡No, no, no, no! ¡¿Sólo vamos a estar tres días y queréis pasaros toda la tarde en el hotel?! –protestas, incrédula.
-¿Por qué no sales tú un poco? –propone tu madre.
-¡Sí, sí, sí! ¡Por favor!
-No sé, ella sola en una ciudad tan grande… -a tu padre no le hace gracia la idea.
-¡Oh, vamos! ¡Hay taxis por todas partes! Si me pierdo, les doy la dirección del hotel y me traen. Por favor… -pones cara de buena.

Tu padre mira a tu madre, y tienes la sensación de que se comunican con los ojos.

-¡Está bien! –accede al fin- Pero quédate sólo por los alrededores del hotel.
-Vale, ¡gracias! –le das un beso a tu madre y otro a tu padre.

Sales corriendo de la habitación, con unas ganas inmensas de poder salir de allí y ver la vida neoyorquina.

Al salir a la calle, te encuentras ante tanta gente, tantas tiendas, que no sabes muy bien qué hacer. Miras a tu alrededor y localizas un Starbucks –por lo visto allí hay uno en cada esquina-, así que decides entrar y tomarte algo. Probablemente luego te quedes con el vaso y lo pongas como decoración en tu cuarto. ¡Uno no va todos los días a un Starbucks en Nueva York!

Te pones en la cola, y cuando llega tu turno, pides un Frappuccino de chocolate. Esperas a que te lo den y pagas. Es un poco caro, pero estás segura de que merece la pena. Buscas un lugar donde sentarte, y finalmente escoges una mesa vacía para dos que queda justo al lado de una cristalera a través de la cual puedes ver la calle.

Tomas un sorbo. Está buenísimo. Te fijas en que hay cientos de taxis pasando por la calle en todo momento, y la cantidad de gente que circula por las aceras constantemente es increíble. Allí todo parece a gran escala.

-Tienes un poco de chocolate en el labio –escuchas una voz que te suena cerca de ti.

Miras para ver si se dirigen a ti, y ves que allí, justo al lado de tu mesa, está el chico del aeropuerto con un café en la mano. Increíble.

-Eh, esto… -coges una servilleta y te das en los labios.
-Ya se ha ido –sonríe-. Por cierto, hola de nuevo.

¿Cómo es posible que en una ciudad tan grande, habiendo tantos cientos de Starbucks, hayáis coincidido?

-Gracias –dices, un poco recelosa-. Qué casualidad, ¿no?
-Bastante –admite él, aunque parece mucho más seguro de sí mismo que tú-. Es que me alojo justo aquí, en el hotel “Pennsylvania”.
-¡¿En serio?! –estás realmente sorprendida- Yo también.

Sonríe mordiéndose un poco la punta de la lengua. “¡Dios, qué sonrisa!”, piensas.

-Eso no me lo esperaba –admite él-. ¿Me puedo sentar?

Señala la silla que queda libre en tu mesa. “¿Por qué no?”, te preguntas. Es un chico bastante majo, y para una vez que ves a un chico guapo que quiere hablar contigo…

-¡Soy un maleducado! –dice de repente- ¡No me he presentado! Me llamo Zayn, ¿y tú?

Le dices tu nombre, y él lo repite, aunque con acento. Echas a reír.

-¿Te hace gracia como pronuncio? –frunce el ceño, pero una sonrisa asoma en sus labios.
-Un poco –bebes un sorbo de tu bebida-. Aunque yo seguro que soy peor hablando en inglés…
-¡Qué va! Te entiendo perfectamente –ladea la cabeza-. Pero si fuera igual de malo que tú, diría: sí, tu inglés es horrible, no se te entiende ni una palabra.

Haces un mohín.

-¡Yo no soy mala!
-Yo creo que sí.

Te mira, lo miras, y rompéis a reír.

-Bueno, Zayn, ¿de dónde eres?
-Inglaterra –bebe de su café-. Tú eres latina, ¿verdad?

Te sorprendes.

-Pues sí. Concretamente de España. ¿Tanto se me nota?
-Pronuncias las “r” muy fuertes –asiente con la cabeza.
-Lo suponía –suspiras.
-Pero créeme, la mayoría de la gente lo hace mucho peor que tú.

Terminas tu bebida. Lo miras mientras bebe un último sorbo de su café. Ese chico cada vez te gusta más.

-¿Y a qué has venido por aquí? –pregunta Zayn, y luego sonríe al haberte pillado observándole.

Te sonrojas.

-Turismo. Con mis padres y eso.
-Ah –te parece quizás un poco decepcionado, aunque no estás segura-. Yo vengo por motivos de negocios.
-Ya, claro. ¿Cuántos años tienes? ¿Veinte? ¿Y estás de negocios? –no le crees.
-Diecinueve –sonríe-. Y sí. Unos amigos y yo tenemos un grupo, por ahora sólo tocamos en fiestas y demás, pero estamos intentando convencer a una discográfica de aquí, luego saltaremos a la fama, seremos mundialmente conocidos, y tocaremos por todo el mundo. Quizás vayamos a España. Me encargaré de que tengas un pase VIP.

Ríes.

-Pues espero que tengas suerte. Y sí, agradeceré mucho ese pase.

Te mira con sus ojos marrones y pierdes la respiración por un instante.

-¿Has visto ya algo de por aquí?
-La verdad es que no –suspiras.
-¿Te gustaría?
-¡Pues claro!

Zayn te toma de la mano, sonríe, y te lleva fuera del Starbucks.

-¿Quieres que te enseñe algunos sitios?
-No sé… ¿Y si eres un psicópata que quiere matarme? –bromeas, aunque en realidad no estás muy segura de si debes irte con él.

Se encoge de hombros.

-Te digo que no lo soy, pero probablemente si fuera un psicópata de verdad, también lo negaría. Tú decides.

Te muerdes el labio, indecisa. Aprietas su mano y tomas aire. Esperas no estar equivocándote.

-Está bien.

Sonríe con sinceridad y te lleva de la mano a los sitios más emblemáticos de Nueva York. Primero subís al Rockefeller Center, un edificio realmente alto desde donde podéis ver toda la ciudad, el Empire State, y la típica imagen de Central Park desde arriba, rodeado de rascacielos.

-Me da miedo. ¡Estamos en el piso sesenta y nueve! ¿Y si nos caemos?
-No te vas a caer, yo te sujeto –asegura, tranquilizador.

Luego vais a Chinatown. Hay cientos de tiendas de souvenirs, y hacéis un rato el tonto probándoos cosas.

-Mira que gafas, ¡estas me las compro! –Zayn te enseña unas gafas que se ha probado que tienen la parte que cubre los ojos el triple de grande de lo normal.

Ríes ante su aspecto. Te parece increíble lo fácil que te está resultando tratar a ese chico que acabas de conocer.

-¡Pues yo me voy a comprar estas! –te pones unas de las que cuelga un pequeño bigote que queda justo encima de tu labio superior.

Él sonríe, aunque tú no lo ves porque te has dado la vuelta para mirarte al espejo.

Después tomáis un ferry que pasa justo al lado de la Estatua de la Libertad. Vais sentados uno al lado del otro, aunque cuando tenéis la Estatua cerca, te asomas por la ventana para poder verla bien.

-¡Mírala! ¡Es enorme! –no cabes en ti de alegría- Te giras hacia Zayn, que sigue sentado, observándote-. ¿No vienes a verla? Ah, claro, que ya la habrás visto seis veces, ¿no?

Le sale una media sonrisa y va a tu lado.

-Impone, ¿verdad? –comenta, serio de repente.
-Mucho.

Os miráis. Vuestras caras están justo al lado. Sientes como si algo tirase de ti hacia él, y vuestros ojos se conectan, observáis en el fondo de los ojos del otro. Sientes unas ganas increíbles de besarle, pero giras la cara para mirar la Estatua. No le conoces de nada, sería un error. De todos modos, ¡no tiene sentido querer besar a alguien a quien acabas de conocer!

Cuando el viaje termina, cogéis un taxi para volver al hotel. Se está haciendo tarde y tus padres se preocuparán como no llegues pronto. Zayn le dice algo al taxista tan rápido que no eres capaz de entenderlo.

Miras como las calles de Nueva York pasan por la ventana, y, en un determinado momento, comienzas a darte cuenta de que estáis en un sitio que te suena.

-Esto es… ¡ESTO ES TIMES SQUARE! –le miras.
-Cierto –sonríe ante tu efusividad.

El taxista para allí y os bajáis. Al estar oscureciendo, las luces de los carteles llaman mucho la atención. Aquello tiene que ser un sueño. No es posible que hayas visto tantas cosas que deseabas ver en un día.

Zayn acerca su mano a la tuya y te la toma con algo de timidez, quizás pensando que vas a rechazarla. Sin embargo, tú la estrechas con fuerza. Camináis por entre la gente, hablando de vuestras vidas, de lo que os gusta, de lo que no. No llegas a comprender cómo es posible que en un rato ese chico te caiga tan bien, pero es así.

Observas con atención todo lo que hay a tu alrededor. Sabes que irás de nuevo con tus padres, pero no quieres perder ni un solo detalle.

-Guau –murmuras-. Esta ciudad es impresionante.

Después de un rato por allí, cogéis otro taxi y ya sí que volvéis al hotel.

-¿Dónde está tu habitación? –pregunta él.
-Planta dieciséis.
-Te acompaño –sube contigo al ascensor.
-Oh, no hace falta –sonríes.
-La mía está en la diecisiete, así que me pilla de camino.

Vuestras manos siguen entrelazadas. Cuando el ascensor llega a la planta, él va contigo hasta la puerta de tu habitación.

-Muchas gracias por el día, lo he pasado genial –sonríes-. Y gracias por no ser un psicópata.

Él ríe.

-De nada. Yo también lo he pasado bien.

Os miráis sin saber qué hacer.

-Bueno, supongo que… debería entrar –señalas la puerta.
-Sí… -dice con un atisbo de tristeza.

Miras de nuevo a sus ojos y te pierdes en ellos. Hay tantas cosas en sus profundidades… Ves a un chico alegre, jovial, pero también a alguien realmente inteligente y… sabio. Intentas apartar esos pensamientos, pero te das cuenta de que Zayn te gusta bastante. Te gusta todo lo que una persona te puede gustar tras conocerle de sólo un día.

Ves que está esperando. Probablemente o a que entres a la habitación o a que le beses. Te deja decidir. Y precisamente eso es lo que hace que tomes tu decisión. Le agarras del cuello de la camiseta y lo atraes hacia ti para besarle. Tiene unos labios cálidos que parecen encajar con los tuyos. Coge tu cintura con una mano y apoya la otra en la pared. Tú entrelazas tus manos en su cuello, con vuestros labios aún unidos.

Unos minutos después, os separáis. Él está sonriente, y tú también.

-Ahora sí que debería entrar –dices, pero ahora más feliz.
-Buenas noches.
-Buenas noches.

Antes de que abras la puerta, te pregunta.

-¿Crees que podré verte mañana? –parece esperanzado.
-Claro –te pasas la lengua por los labios-. Ya sabes dónde encontrarme.
-Que descanses, y… sí, he encontrado a alguien muy interesante esta vez.

Te da un besito en los labios y se va. Tú entras a la habitación como la persona más feliz del mundo en ese momento.

¿Quién sabe lo que pasará? ¿Quién sabe qué surgirá entre vosotros? Él es de Inglaterra y tú de España… Pero tenéis tres días para decidirlo. A veces las cosas más increíbles suceden así, en un instante.

Sonríes. Pase lo que pase, ese día maravilloso estará siempre en tu memoria.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

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  • 490 days ago via site
  • 1,064

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...

En ese momento, nada importaba. Sólo estaban ella y él, él y ella. Entonces deseó que aquel instante no acabase nunca.

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Capítulo cuarenta y siete.

Niall suspiró. Aquella situación lo iba a volver loco, y eso que llevaba sólo un par de horas metido en aquella casa. A ver, la casa estaba bien. Era espaciosa, bien cuidada, luminosa… Y el español –y su familia- que se habían ofrecido a acogerle después del incendio de la casa de Iván eran muy amables y simpáticos.

Todo sería perfecto si no fuera por el detalle de que Liam, que era el único inglés que originalmente se hospedaba en esa casa, llevaba esas dos horas sin dirigirle ni una palabra, ni siquiera una mirada. No había querido dejarle explicarse y a Niall le estaba poniendo enfermo la idea de que uno de sus cuatro mejores amigos parecía odiarle. No iba a poder soportarlo.

Se dejó caer en la cama color azul pastel de su habitación y miró al techo sin verlo en realidad. Y encima estaba lo de que Blanca se había ido de allí al enterarse de lo suyo con Mary, seguramente también enfadada, Ya que parecía que la cosa empezaba a ir por buen camino…

Se preguntó por qué Zayn fue tras ella cuando Blanca se marchó esa tarde. “Bueno, él es muy inteligente, seguro que lo que sea que le haya dicho no es más que la verdad. Sólo espero que ella no haya cambiado de opinión sobre lo que insinuó con aquel beso”, pensó.

De repente, vio que alguien pasaba por la puerta del dormitorio, que Niall no había terminado de cerrar. Supo quién era porque reconoció el sonido de sus pasos.

-¡Liam! –le llamó, aunque no creía que fuera a molestarse en responder.

Sin embargo, el joven apareció unos segundos después, abrió del todo la puerta del cuarto y se quedó allí, en el quicio, mirando a Niall.

-Liam, te pido que me escuches –rogó, sentándose en la cama-. Y si a mí no me quieres prestar atención, préstasela a ella. Ella te quiere.
-Claro, y por eso estuvo contigo, ¿no?-ironizó él.

Niall pensó que estaba dramatizando, que su amigo veía las cosas peores de lo que eran, que en realidad todo tenía menos importancia de la que él le estaba dando. Aunque no sabía si él mismo sería capaz de reaccionar mejor si se tratase de Blanca, él, y otro amigo suyo. Probablemente no.

-Joder, la gente suele tener más de una relación a lo largo de su vida.
-La gente no suele esconder esas otras relaciones –Liam seguía exactamente en el sitio en el que se había puesto al llegar.
-No es esconder. ¿Has visto que hayamos intentado negarlo? No. Lo hemos admitido-. Se puso de pie. Simplemente no dijimos cosas que no merecía la pena decir.
-Ya, claro –puso los ojos en blanco.
-Mira, Liam, lo siento. Yo ya no sé qué más hacer. No puedo ir atrás en el tiempo. Estoy intentando que nuestra amistad no se rompa por una tontería, pero tú no pareces por la labor…
-A lo mejor sólo es una tontería para ti. ¡Dios, Niall, te follaste a la chica de la que estoy enamorado!

El irlandés quiso decir algo, pero para entonces Liam se había marchado. Suspiró y encendió un ordenador portátil que le había dejado su nueva familia; necesitaba escuchar música.

Las últimas palabras de Liam le habían herido bastante. Dicho así, parecía que… que él la hubiera forzado o algo por el estilo, y no fue así. Solamente eran dos jóvenes que se habían sentido atraídos el uno por el otro, y que disfrutaron durante unos meses de su juventud. ¿Tan malo era?

Fue a YouTube y buscó ‘Paradise’ de Coldplay, le encantaba esa canción, solía escucharla cuando se deprimía, y este era uno de aquellos momentos en los que necesitaba refugiarse en la música. Quizás podría ponerse a tocar la guitarra, pero… le recordaba demasiado a cuando, después de pasar un rato con Mary, se ponía a enseñarle algunos acordes.

Se conectó a Facebook para ver si estaba su hermano, le habría gustado hablar con él, pero no vio su nombre entre los contactos conectados. Sin embargo, sí que había alguien con quien necesitaba hablar, y ese alguien era Blanca Martín.

Niall dudó. Quizás por chat no era la mejor forma de hablar con ella, pero era viernes, y no era menester pasar por su casa a hablar con ella para ver si estaba o no enfadada, pero tampoco podía esperar hasta el lunes; quizás fuera demasiado tarde entonces. Así que al final se decidió. En la barra del chat pulsó su nombre, y apareció un cuadro en la parte baja de la pantalla, en el que escribió:

-Blanca, hola, me gustaría hablar contigo.

Esperó un poco y apareció al lado de sus palabras el símbolo de ‘visto’, o sea, que la joven había leído su mensaje, pero no recibió de ella palabras de contestación. El irlandés suspiró: estaba enfadada. O quizás sólo molesta. Quizás.

-¿Qué te pasa? –añadió dos puntos y un paréntesis de principio de oración, es decir, una carita triste-. Es por toda esta historia con Mary, ¿no?

De nuevo el ‘visto’, pero tampoco obtuvo respuesta.

-Blanca… -intentó él, impotente; cuando hablas cara a cara con una persona, al menos es más fácil evitar que te ignoren.

Nada.

-Oye, sé que estás leyendo esto. Y… mira, no sé por qué te pones así por algo que ocurrió en el pasado, pero no te estoy pidiendo tus motivos. Sólo quiero… saber qué sientes con todo esto. Y bueno, a lo mejor te interesa saber cómo me siento yo. Lo que yo siento es que Mary es parte de mi pasado, y eso es así, pero eso no significa que siga sintiendo algo ahora. Créeme, lo que sentí por ella entonces no era ni la mitad de fuerte de lo que siento por ti ahora.

Ni siquiera esperó al ‘visto’, sabía que no le contestaría. No comprendía por qué todos se tomaban tan a pecho lo que había pasado, pero ahora su prioridad era arreglar las cosas.

-Blanca, tú también has estado con otra gente. Iván, por ejemplo. Y sí, me moría de celos cuando os veía tan juntos y felices, pero ya no estoy celoso, porque lo vuestro ha terminado. No tendría sentido estarlo. Pero yo creo que… que tú lo estás, o al menos sientes algo así. Y sólo quiero que me expliques cómo te sientes, y poder aclarártelo todo. Mira, ahora mismo, entre unas cosas y otras, la mitad de mis amigos me odia y la otra mitad prefiere no decidir de parte de quién ponerse. Tú también no, por favor.

Lo envió y esperó un rato. Miró la foto de perfil de la joven. Aparecía ella con unos vaqueros desgastados y una camiseta de tirantas de color celeste con algunos dibujos blancos. La foto parecía tomada mientras ella prestaba atención a otra cosa, pues su mirada no se centraba en la cámara, y esa cosa parecía graciosa, ya que tenía una leve sonrisa que dejaba entrever sus dientes blancos. Era preciosa. Niall podría haberla contemplado –en persona o en fotos- durante horas y horas. Estaba enamorado de ella, y sabía que la muchacha sentía lo mismo, pero ahora estaba confusa. Por eso quería hablar con ella, explicárselo todo.

No entendía cómo podía haber ocurrido todo tan rápido. Llevaba en España poco más de quince días, y desde el primer momento habían crecido en él sentimientos que no había experimentado nunca con anterioridad. No llegaba a comprender por qué había ocurrido eso, pero ahora no podía evitarlo, y necesitaba por todos los medios hacerle entender eso a Blanca, aunque ya no sabía cómo, pues la chica parecía bastante enfadada. Y con todo el jaleo en que se había convertido su vida en las últimas horas, necesitaba intentar arreglar al menos una cosa de las muchas que se le habían puesto patas arriba.

Se le ocurrió algo, pero lo vio demasiado arriesgado, aunque… tal vez esa fuera la única forma de hacer que Blanca le escuchase, porque si lo dejaba mucho tiempo sería aún más difícil arreglarlo. Cerró los ojos con fuerza y lo pensó durante un minuto. Los abrió y escribió rápidamente para no tener tiempo de pensar lo que estaba haciendo y no poder echarse atrás.

-Blanca, no quiero que estés así, quiero hacer que lo entiendas todo, pero no me estás poniendo las cosas nada fáciles –respiró hondo-. Mira, voy a ir al Parque del Olmo dentro de una hora. Te estaré esperando para contarte todo lo que quieras saber con total sinceridad. Estaré allí durante un rato, y tranquila, que si no vienes lo entenderé. No voy a seguir insistiendo, me demostrarás que seguir con todo esto no tiene sentido si no estás allí, dejaré de molestarte, no volverás a saber de mí más de lo que te cuenten otros; jamás. Te lo prometo.

De nuevo apareció el símbolo ‘visto’.

_
En el próximo capítulo...
"-¿Tienes pensado hablar? -preguntó Niall. -Sí, cuando sea necesario -respondió la chica en tono monótono."
"Era la primera vez que sus labios no derramaban dulzura, sino frustración y anhelo."


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Lo sé, el capítulo no ha sido muy interesante, pero a veces tiene que haber capítulos así para que luego pasen cosas como las que van a pasar en el próximo asdfghjklñ. Uf, por muy enfadada que Blanca pueda estar, irá, ¿no? Porque no puede ser que vaya a acabarse lo que tiene con Niall, ¿o sí? Todo lo sabréis en el próximo capítulo, y os aseguro que a partir de ahora todo va a cambiar :3

Como siempre, POR FAVOR, COMENTAD EN TWITPIC O MENCIONADME si leéis la novela, es algo realmente importante para mí.

NECESITO 30 COMENTARIOS PARA SUBIR EL SIGUIENTE.

Ah, y sé que a veces llego a los 30 pero tardo un par de días en subir, porque estoy ocupada y demás, lo siento, pero es que no doy más de mí misma.

Muchísimas gracias por leer, por estar ahí, sois las mejores, os quiero <3



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SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
Ambos buscaron la mano del otro y la tuvieron entrelazada durante el resto de la película. Fue un gesto sencillo, pues además no había luz que pudiera desvelar sus sonrojos, ni nada que les hiciera separar las manos. Y aquello era sólo un pequeño principio para todo lo que estaba por llegarles.


_
Capitulo cuarenta y seis.

Los dos chicos salieron del cine llevando sus respectivos tiestos con palomitas casi terminados de comer.

-Bueno, he visto otras mejores, pero tampoco ha estado demasiado mal… -comentó Louis.
-Sí, demasiado fantástica para mi gusto –dijo la chica.
-A ver, se supone que si vas a ver una película en la que saber que el protagonista aparece en Marte y demás, va a ser fantástica.

Elena cogió una palomita de su cartón y la masticó pensativa.

-Ya, pero no solo me refiero a eso… Sí, esa parte tenía algunas cosas demasiado exageradas, pero sobre todo me parece fantástico en cuanto a los sentimientos de los protagonistas.
-Pues como en todas las películas.

La muchacha miró a Louis, que se encogió de hombros.

-¿Qué? Es la verdad.
-Bueno –hizo una mueca-, pero a veces exageran más y a veces menos. Y esta película está más que exagerada. Es que vamos a ver, se conocen los protagonistas y tres segundos después ya se han enamorado…
-Eso no es tan fantástico si crees en el amor a primera vista –apuntó Louis llevándose unas cuantas palomitas a la boca.
-Yo no creo en el amor a primera vista, creo en la atracción a primera vista.
-Pues quizás los protagonistas sólo se sentían atraídos.
-Yo no haría todo lo que John Carter ha hace por la princesa por alguien que simplemente me atrae.
-Todo depende del grado de atracción –añadió él.

Elena no supo qué contestar a aquello. Tenía la sensación de que la conversación había adquirido algún tipo de doble sentido que les incumbía a ellos, pero tampoco estaba segura de que no fueran imaginaciones suyas. Prefirió cambiar de tema.

-Bueno, dejando la película aparte, ¿te apetece ir a los recreativos o algo así?
-Ah, ¿que también tenéis recreativos? –se mostró asombrado para meterse con la muchacha.
-Pues sí –le sacó la lengua en un gesto inconsciente, pero al darse cuenta la ocultó rápidamente y se ruborizó-. Que no seremos muchos en la ciudad, pero un centro comercial en condiciones tiene que haberlo, digo yo.

Louis negó con la cabeza y de repente sonrió con expresión pícara.

-¿Qué? –preguntó la chica al verle la cara.
-¡El último que llegue a los recreativos paga! –exclamó de repente.

Elena rió.

-Si tú no sabes dónde… -comenzó a decir, pero él ya había empezado a correr.
-¡No vale que se te caiga ninguna palomita! –gritó el joven desde unos metros más adelante, corriendo.

Elena agarró con fuerza su cartón con palomitas y salió a toda velocidad tras Louis, esquivando a todas esas personas que se cruzaban en su camino y que la miraban extrañadas. Se guiaba por la risa de Louis, pues casi no podía ver su camiseta de rayas blancas y azules entre aquel gentío. Además, descubrió que ella misma estaba riendo mientras corría. Aprovechó un momento en que el chico dudó sobre qué camino escoger, y consiguió adelantarle y llegar hasta los recreativos antes que él.

Paró en la puerta, apoyando las manos en las rodillas y resollando.

-¡Te he ganado! –dijo cuando Louis llegó, un par de segundos después que ella.
-Pero tú sabías el camino –bufó él, que no parecía cansado.
-Y tú has empezado con ventaja.
-Eso no cuenta.
-¡Claro que sí!

Rompieron a reír de nuevo, y el joven se metió las manos en los bolsillos de los pantalones.

-¿Entramos? –preguntó.

Elena asintió con la cabeza.

-¿A qué quieres jugar, perdedor?
-Ja, ja, ja –rió irónicamente-. Me da igual, ganadora tramposa.
-Encima de que la carrera la has propuesto tú… Bueno, mejor, así elijo yo –caminó por entre los pasillos con máquinas de distintos juegos, y él la siguió-. Ya está, a esto.
-¿Carreras de motos? –se asombró Louis.
-Ajá, ¿no te gustan? –alzó una ceja.
-Sí, sí, por supuesto que sí.
-Te recuerdo que has perdido la carrera… -comentó Elena como quien no quiere la cosa.
-Ah, es verdad, pago yo.

Louis sacó una mano del bolsillo delantero del pantalón y la metió en el trasero. Unos segundos después sacó un billete de cinco euros.

-Aquí pone que nada de billetes –dijo Elena mirando la máquina.

Él suspiró, exasperado.

-A ver si me cambian esto en el mostrador.

La pareja caminó hacia una mesa en la que normalmente había alguien, pero en aquel momento ese alguien no estaba allí.

-¡Oh, no jodas! –protestó él.
-Vamos a esperar, a lo mejor viene pronto. Yo es que no tengo dinero suelto para cambiarte –rebuscó en su cartera, pero no encontró nada y la guardó.

Justo al lado derecho del mostrador estaba la entrada de un área de colchonetas, piscinas de pelotas, bolas gigantes y demás, de donde provenían constantes gritos de júbilo de niños pequeños.

Louis desvió la vista hacia allí, y Elena vio en sus ojos la mirada que había puesto un segundo antes de proponer la carrera que se acababan de echar.

-Louis… ¿qué planeas? –preguntó con cautela y curiosidad a la vez.

Él no respondió con palabras, sino que señaló una vez con la cabeza ese sitio.

-¡Ah, no! ¡No, no, no! –dijo ella al adivinar lo que pretendía hacer- ¡No me pienso meter ahí!
-¿Por qué no? Será divertido –daba saltitos como un niño pequeño, emocionado.
-¡Porque eso es para críos! ¿Cuál es la edad máxima para entrar ahí? ¿Diez años? Seguro que con dieciséis está prohibido, y con… ¿diecinueve? –él asintió-, y con diecinueve te llevan a la cárcel por psicópata.

Él rió.

-Nadie nos va a ver.
-Eso es lo que tú te crees.
-Por favor –suplicó Louis.

Elena miró la entrada y pensó que nunca había hecho nada parecido… Tal vez sería un buen día para estrenarse. Y a Louis parecía hacerle ilusión…

-¡Vale! –entrecerró los ojos- Pero como nos pillen digo que me has obligado.
-Como quieras –aceptó él, rebosante de felicidad.

Los jóvenes caminaron hacia la entrada del área de colchonetas. Louis iba despreocupadamente, pero Elena miraba constantemente a su alrededor, esperando que en cualquier momento apareciera la muchacha del mostrador para llamarles la atención.

-Relájate –le dijo el chico-. Así es como se nota cuando te estás colando en algún sitio.
-Lo siento, es que no suelo hacer estas cosas, ¿sabes?

Él sonrió.

-Ya lo noto.

Cuando llegaron a la puerta, se dieron cuenta de que hacía falta una tarjeta para abrirla.

-Mierda –murmuró Louis.
-Hay que ver, te ahogas en un vaso de agua, eh. –le reprochó la muchacha, y como no le había gustado que se metiera con ella, añadió-: Dame tus cinco euros.
-¿Qué? –la miró confuso.
-Tú dame los cinco euros y espera aquí, coño –extendió una mano en la que él depositó el dinero tras dudar un poco.

Elena caminó tan despreocupadamente como pudo hacia el mostrador, vigió que nadie la observaba y cogió una tarjeta que colgaba de una esquina del monitor del ordenador que tenían allí. Supuso que sería esa. Dejó los cinco euros en el mostrador, colocándolos debajo de un bolígrafo para que no se volaran ni nada por el estilo, y volvió tranquilamente hasta donde Louis la esperaba boquiabierto.

-¿Qué? –preguntó ella con autosuficiencia mientras abría la puerta; había acertado con la tarjeta- No me gusta no pagar si hay que hacerlo, y aquí, de hecho, hay que pagar. Así que… Además, me lo debías por haber perdido la carrera.

El joven la miró perplejo, pero poco después una sonrisa ocupó su rostro.

-Eres… -comenzó.
-¿Increíble? –le interrumpió ella.
-Iba a decir impredecible, pero si prefieres lo otro, también lo eres.

Ambos rieron.

-Bah, no importa. Vuelvo enseguida.

Igual que había hecho para coger la tarjeta, Elena fue hasta el mostrador y la dejó en el lugar del que la había cogido.

-Aprendes rápido –admitió Louis cuando ella volvió.
-Gracias, gracias –saludó con la mano imitando a los reyes-. Dentro de poco, robo bancos sin que se den cuenta ni las cámaras.
-Pues espero que me des parte de los beneficios por haberte enseñado, ¿no? –Louis traspasó la entrada y sostuvo la puerta abierta para que pasara su acompañante.
-Más quisieras tú –dijo ella, caminando con el mentón exageradamente alto.

Una vez que la pareja entró, se encontraron ante un mar de niños que corrían de aquí para allá, saltando de colchoneta en colchoneta, algunos subiendo por unas escaleras, también acolchadas, que llevaban a un segundo piso lleno de cosas similares a las del primero, y otros bajando por unas barras como las de los parques de bomberos, pero, como no, cubiertas por colchoneta.

-Aquí es materialmente imposible hacerse daño al chocarse con lo que sea –observó Elena.
-Y que lo digas.

Ambos permanecían de pie, quietos, por fin dentro de la zona de colchonetas, pero sin saber qué hacer.

-¿A ver quién encuentra antes la piscina de bolas? –propuso Louis.

La chica asintió con la cabeza, y los dos echaron a correr al mismo tiempo, cada uno en una dirección. Él se quedó en la planta de abajo, y Elena optó por la de arriba. Subió las escaleras ayudándose con las manos, y salió disparada a una especie de habitación cuya pared no era más que una red. Entró, agachándose un poco para no darse en la cabeza, pero allí dentro sólo había dos camas elásticas y una niña saltando en ellas.

Al salir giró a la derecha, pero al ver unas bolas gigantes, se dio la vuelta: aquello no podía ser. Finalmente, entró en otra habitación en la que no había ningún niño, y al mirar al suelo se encontró con una piscina de pequeñas bolas de colores. Sonrió triunfal. La había encontrado antes que Louis.

Pero entonces, una cabeza asomó de entre las pelotas.

-Bú –dijo Louis.
-¡Ah! –se sobresaltó- Dios, qué susto.
-Has tardado un rato en encontrarla, eh –se acercó al borde de la piscina, donde estaba la muchacha.
-¿Pero cómo…? Si no te he visto y he estado todo el rato por aquí.
-Tengo mis métodos –respondió él en tono misterioso.
-Ya veo, ya.

Él agarró a Elena del pie e hizo que cayera en la piscina.

-¡Eh! –se quejó.
-¿Qué? –Louis rió.
-Bah, es igual –ella rió también; cogió una de las muchas pelotas que había y se la tiró al chico a la cara.

Cuando la pelota le dio en la frente, Louis comenzó a acercarse poco a poco a Elena, que se desplazaba hacia atrás, divertida, hasta que chocó con el borde.

-No vuelvas a hacer eso –dijo el joven en un tono que intentaba ser serio.
-¿O qué? –preguntó ella, mordiéndose el labio inconscientemente.
-O recibirás tu merecido.
-¿Como por ejemplo?

Louis apoyó ambas manos en el filo de la piscina, de modo que sus fuertes brazos creaban una prisión de la que la muchacha ni podía ni quería escapar. Elena contempló sus músculos en tensión, y no pudo evitar mirarle a los ojos con un asomo de deseo.

Louis eliminó toda distancia entre sus cuerpos y la besó con pasión. Elena agarró el pelo del chico con una mano, y con la otra rodeó su cuello, para impedir que sus labios se separasen. El inglés, por su parte, envolvió la cintura de la muchacha con un brazo, esquivando las bolas de la piscina, que les llegaban hasta el pecho, y la pegó contra sí como si quisiera que sus cuerpos se fundieran en uno solo. Louis le besó todo el cuello dejando un momento para que ella tomara aire, pero su respiración era cada vez más irregular, y le costaba pensar con claridad. Se apretó contra él y buscó sus labios cálidos con los de ella.

¿Qué más daban los niños que corrían por allí y que podían entrar en la habitación en cualquier momento? ¿Y qué más daba si ella se había propuesto tomarse las cosas con calma, para antes asegurarse de que Louis no le haría daño? En ese momento, nada importaba. Sólo estaban ella y él, él y ella. Entonces deseó que aquel instante no acabase nunca.

_
En el próximo capítulo...
"Blanca... -intentó él, impotente."
""Estaba enamorado de ella, y sabía que la muchacha sentía lo mismo, pero ahora estaba confusa"


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
¿Qué os ha parecido? *-* Qué lindos son, ¿no? Al final no han sido Blanca y Niall, pero Elena y Louis también son akjsdbahjsbdahjsdbahjsd. Espero que el capítulo os haya gustado.

Siento haber tardado en subir, pero entre que no llegaba a los 30 comentarios y que estoy de exámenes finales... es casi imposible. Por favor, os lo suplico, si leéis la novela COMENTAD EN TWITPIC o MENCIONADME, es extremadamente importante para mí.

SIN 30 COMENTARIOS NO SUBO NUEVO CAPÍTULO.

Ya lo sabéis, pero os lo repito, muchas gracias por todo, sois las mejores, os quiero.


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SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
Por primera vez, Zayn no pudo elegir entre lo que la razón y el corazón le pedían que respondiera, así que se limitó a guardar silencio.

-Necesito pensar –concluyó Blanca.

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Capítulo cuarenta y cinco.

Al ver acercarse a la chica, el rostro de Louis se iluminó casi imperceptiblemente. No estaba seguro de qué era, pero cuando veía a Elena, algo se modificaba en su interior justo después de sentir un leve cosquilleo al que estaba empezando a acostumbrarse a experimentar cada vez que estaba cerca de ella.

Cuando la chica le localizó entre la creciente multitud de aquella plaza ajardinada, aceleró el paso y sus labios dibujaron una sonrisa fugaz.

-Hola -saludó él en el momento en que Elena estuvo lo suficientemente cerca como para que le escuchara.

-Buenas -la joven sacó las manos de los bolsillos de su sudadera y agitó una para acompañar su saludo-. Perdón por... esto. Espero que no te haya molestado.

Hizo un gesto con los brazos que abarcaba casi la totalidad de la plaza.

-¿El qué? -Louis parecía confuso.

La muchacha ladeó la cabeza como si fuera a responder a una obviedad.

-Haberte hecho quedar en este lugar, y todo eso. Quizás te habría venido mejor venir a recogerme a mi casa, como me propusiste en un principio...
-Eh, no, si no me ha supuesto nada venir hasta aquí, no ha sido ninguna molestia -parecía extrañado de lo que ella le decía.
-Es que... -Elena apartó la mirada- Que vinieras a por mí a casa me parecía demasiado.... 'Crepúsculo'.
-¿'Crepúsculo'? -preguntó Louis sin entender, aunque el comentario le hizo gracia.
-Sí, ya sabes, todo ese rollo del súper tío que siente un amor tan grande por la típica chica que bla, bla, bla -puso los ojos en blanco-. Son sólo prejuicios míos, pero es que, considero que, si por ejemplo mis amigas no vienen a recogerme a mi casa, ¿por qué tendrías que venir tú? Ni que me fuera a perder.

Él rió.

-Desde luego, tú no eres la típica chica -sonrió.
-No -se encogió de hombros.

Louis bajó la cabeza y se pasó una mano por el pelo.

-Bueno, ¿y a dónde te apetece ir?
-¿No te acabo de decir que no me van las cosas estilo 'Crepúsculo'? -rió- Elige, me da igual.
-¡Oh, venga ya! Es mucho más sencillo cuando vosotras escogéis...
-Pues ya es hora de que alguien os lo ponga difícil alguna vez -Elena se pasó el pelo por detrás de las orejas.
-Mmm... no sé, ¿tenéis cine por aquí? -el joven la miró sin estar muy convencido.

Ella asintió con la cabeza.

-Aunque está como dentro de un centro comercial. Es un poco raro pero las salas son normales y todo eso, eh.

Louis sonrió una vez más.

-Pues por mí perfecto, ¿qué te parece?
-Genial -ella torció un poco gesto-. ¿Pero hay últimamente alguna buena película?

El chico se cruzó de brazos intentando recordar.

-No lo sé, la verdad.
-Bueno, es igual, vamos y lo miramos, tampoco queda tan lejos.

Louis hizo un gesto de aprobación y la pareja comenzó a andar a través de los jardines de la plaza en la que estaban.

-Oye... a lo mejor no debería preguntarte, pero... -el joven se llevó una mano a la barbilla- ¿Sabes algo de lo que le ha pasado a Blanca esta tarde?

Elena dio un respingo al escuchar el nombre de su amiga, y miró a Louis con preocupación.

-No, ¿qué ha pasado? ¿Está bien?
-No, no –se apresuró a decir él, mientras seguían caminando-. Ella está bien, al menos físicamente. Ha sido otro jaleo con Niall, quizás es mejor que te lo cuente ella…
-Dios, esta niña no da para disgustos…
-La verdad es que está siempre metida en historias –comentó Louis.
-Sí, pobre… Bueno, ya hablaré más tarde con ella.

Él asintió.

Giraron a la izquierda y tomaron una calle llena de tiendas por la que caminaron durante un rato en silencio.

-Esto… ¿y qué tipo de música te gusta escuchar? –preguntó Louis de repente para sacar tema de conversación.
-Sobre todo rock –Elena sonrió ante el gesto asombrado del joven-, aunque a veces algo de heavy e incluso pop.
-Guau –exclamó él-. No es que no te pegue, es sólo que… no sé, no me lo esperaba.

Elena se encogió de hombros.

-Ya, casi todos reaccionan como tú. Pero es lo que me gusta. Al rock le veo… no sé, mucha personalidad… creo que la forma de ser del artista se imprime mucho más en las canciones de rock que en las de otro estilo –ladeó la cabeza-. ¿Y a ti qué te gusta?
-Mmm –dudó-. Yo es que soy más de pop.
-Bah, eres un influenciable –dijo metiéndose con él en broma-. Te ponen música pop en la radio y por eso te gusta.
-Más influenciable sería si de repente me gustara el rock ahora que tú me has dicho que te gusta, ¿no? –planteó el joven con una media sonrisa en los labios.
-Quizás –coincidió Elena, sonriendo también.
-¿Y cómo os podéis llevar tan bien Blanca y tú si sois dos personas con gustos tan diferentes? Porque a ella le va más el pop y todo eso…
-Ya, bueno, ni idea, la verdad. Tal vez por ser tan diferentes… es como si –empezó a hacer gestos con las manos para intentar explicarse mejor-… como si nos complementáramos la una a la otra… es raro, yo tampoco me lo acabo de explicar.

Los jóvenes dejaron de andar al encontrarse frente a un gran panel en el que ponía en grandes letras rojas: ALCAMPO. Era el nombre del centro comercial, un edificio de unas cinco o seis plantas llenas de todo tipo de cosas, como por ejemplo restaurantes y un cine, que era lo que la pareja iba buscando.

-Pues aquí es –anunció la chica.
-¿…aquí? –Louis pareció dudar.

Elena puso los ojos en blanco y caminó hacia la puerta.

-Sí, discúlpeme el señorito inglés si esto no es de su gusto, pero a lo mejor se podía esperar a verlo, ¿no?

El joven sonrió divertido.

-Está bien, adelante.

La puerta se abrió para dejarles paso y ante ellos se extendió un mar de diferentes tiendas de todo tipo, y gente entrando y saliendo de ellas. Louis miró a su alrededor sorprendido. Aquella no era una ciudad demasiado pequeña, pero no creía que toda esa gente pudiera ser de allí. Elena intentó que la siguiera, pero estaba embobado, así que le cogió de la mano y tiró literalmente de él hasta que llegaron a las escaleras mecánicas.

-Vaya, este sitio es inmenso –admiró Louis.
-Lo sé, es uno de los más grandes de la región, aunque no sé para qué queremos un sitio tan grande en una ciudad como esta, pero bueno… En fin, nosotros tenemos que subir hasta la planta tres.

Él asintió con la cabeza. Entonces, ambos parecieron darse cuenta a la vez de que sus manos permanecían unidas. El rubor asomó en las mejillas de la muchacha. Debían soltarse la mano, ¿no? Es decir, eso sería lo lógico, pero es que la mano cálida del inglés abrazando la suya se sentía tan bien…

Louis tampoco sabía qué hacer, por lo que dejó la mano ahí, deseando, en realidad, que ella no quitara la suya.

-Em, hemos llegado –informó el joven, salvando a Elena de tomar una decisión.

Salieron de las escaleras mecánicas y ante sus ojos encontraron el cine, con muchos carteles de películas actuales y futuras alrededor.

-Va, elige una –pidió Louis.
-No pienso hacerlo –se cruzó de brazos.
-Cabezota.
-Pesado.

Tras lo cual rompieron a reír.

El inglés le echó un vistazo rápido a las películas.

-Pues… la de “Todos los días de mi vida” dicen que está bien –dijo Louis mirando el panel con las sesiones de cada película.

Elena hizo un círculo con los ojos.

-¿Es que no te ha quedado claro que eso no me gusta? –le preguntó al joven en tono de reproche.
-Sí, sí, pero no sabía… Quiero decir, hemos hablado de música, no de películas, y… en fin, eso –se rascó la nuca-. Esta clase de películas suele ser una apuesta segura con la mayoría de las chicas.
-Pues ve acostumbrándote a que yo no estoy dentro de ‘esa mayoría’, ni pienso estarlo –echó una ojeada a las películas que había.
-Recuérdame que el próximo día me traiga un bloc de notas para apuntar todo esto –bromeó él.
-Claro –Elena sonrió levemente-. Anda, elige ya una película.
-No sé cuál nos puede gustar –hizo un gesto de desesperación.
-¡Señor, no se os puede dejar que hagáis nada! –bufó la chica.
-¿A quiénes? –preguntó Louis.
-A los tíos –la joven sonrió angelicalmente-. Pero lo digo desde el cariño.

Elena dio un paso hacia el panel con las sesiones de cine, y él hizo lo mismo, pues sus manos aún estaban unidas.

-¡Ya sé cual vamos a ver! –exclamó haciendo que Louis se sobresaltara.
-¿Cuál? –se notaba el alivio en su voz.
-John Carter de la Tierra –contestó, orgullosa.
-¿John Carter de la Tierra? –repitió el inglés, pero volviéndolo una pregunta en un tono bastante escéptico.
-Sí, ¿qué pasa? –entrecerró los ojos- ¿Demasiada acción para ti? –se burló.
-No es eso –se quejó Louis-. Simplemente no…
-No sigas la frase si vas a decir que no esperabas que me gustara eso –pidió ella, y sólo obtuvo silencio por parte del joven-. Gracias.
-En fin –suspiró Louis después de eso-, vamos a comprar las entradas.

Se pusieron en la cola.

-¿Me dejas invitarte? –preguntó él.

Elena se rascó la barbilla con la mano que tenía libre.

-Bueeeeeno, está bien –aceptó al fin.

Louis sonrió como un niño.

-Genial.

El inglés tuvo que soltar la mano de la chica para coger el dinero una vez que les tocó pedir sus entradas en la taquilla.

-Esto… ¿pides tú? –miró apurado a su acompañante- Porque mi nivel de español deja mucho que desear.
-Debes practicar, Louis –guiñó un ojo.
-Esta me la pagas –murmuró al tiempo que se giraba hacia la chica de la taquilla-. Dos por… no, para… dos para John Carter de la Tierra.

Elena rompió a reír, y él le lanzó una mirada llena de rencor.

-Aquí tiene –dijo la chica-. Son quince euros.
-¿Perdón? –no había comprendido el precio.
-Quin-ce eu-ros –sonrió.

Louis empezó a sacar billetes de la cartera y Elena se llevó las manos al torso sin poder parar de reír. Cuando se recuperó un poco fue en ayuda de su acompañante.

-El rosita y el verde, Lou, el rosita y el verde –le dio unas palmadas en la espalda.

Él entregó los billetes y la de la taquilla le dio sus entradas.

-¿Por qué eres tan mala? –preguntó al salirse de la fila.
-¡Pero si te he ayudado! –pestañeó varias veces con aire angelical.
-Sí, claro, después de reírte de mí…

Elena caminó alegremente hasta el mostrador de palomitas.

-¿Quieres? Va, yo las pido –sonrió.
-Entonces sí –imitó su gesto.
-¿Cuánta hambre tienes?
-Mucha –chasqueó los dientes.

La chica pidió dos tiestos de palomitas y pagó con su dinero.

-Bueno, yo invito a esto, por haberme reído de ti.
-¡Hombre, por fin lo admite!

Rompieron a reír y entraron a la sala que les correspondía. Ambos buscaron la mano del otro y la tuvieron entrelazada durante el resto de la película. Fue un gesto sencillo, pues además no había luz que pudiera desvelar sus sonrojos, ni nada que les hiciera separar las manos. Y aquello era sólo un pequeño principio para todo lo que estaba por llegarles.

_
En el próximo capítulo...
"Se apretó contra él y buscó sus labios cálidos con los de ella".

*-*-*-*-*-*-*
Ya sé que el capítulo no ha sido demasiado akdbajshajsdv, pero ya veréis el siguiente... Yo creo que os va a gustar *-* ¿Qué me decís del adelanto? ¿Quiénes serán? JOJO.

Como siempre, por favor, si leéis la novela, COMENTAD EN TWITPIC o si no, MENCIONADME AL MENOS. Es muy importante para mí.

NECESITO 30 COMENTARIOS PARA SUBIR EL SIGUIENTE.

No sé cuándo podré subir porque ahora me esperan unas semanas bastante liadas de exámenes, pero intentaré hacerlo lo antes posible.

Muchas gracias a todas por comentar, sois lo mejor, os quiero de veras,


AbstractLands.

  • 508 days ago via site
  • 476

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior...
El escuchar que Niall y Mary estuvieron saliendo casi la dejó en estado de shock. ¿Era eso verdad? ¿Por qué Niall no se lo había dicho? ¿Se habría acabado completamente lo que había habido entre ellos? Las piernas empezaron a temblarle y temió que en cualquier momento iban a dejar de sostener el peso de su cuerpo.


_
Capítulo cuarenta y cuatro.

Blanca se encontraba en un estado en el que todo le parecía demasiado irreal para ser verdad. Las cosas a su alrededor se movían tan despacio que parecía una película puesta a cámara lenta, y sentía cada segundo estirarse tanto que, de haber sido una goma elástica, estaría a punto de romperse.

No comprendía lo que estaba ocurriendo, de hecho, en ese momento no habría sido capaz de decir qué acontecimiento o noticia la había llevado a ese estado.

Volvió a mirar al resto de gente que, por sus expresiones, no parecían tan en shock como ella. Vio a Laura marcharse intentando no llamar la atención, seguramente para librarse de aquella conversación embarazosa que había estado manteniendo unos minutos -o tal vez sólo unos segundos- antes, no podía saberlo con seguridad, su concepto del tiempo se acababa de ver seriamente trastornado. También observó caras perplejas, en concreto las de Louis, Zayn, e incluso Harry, que parecía haberse olvidado por completo del tema que estaban tratando antes de que llegaran Liam y Mary.

La cara de Niall era… un misterio. Intentaba aparentar indiferencia, pero se leía la acusación en sus ojos.

Y Liam parecía destrozado y engañado. Entonces Blanca cayó en la cuenta de que seguramente ella se estaba viendo igual que Liam, pues por dentro de ella fluían en cantidades industriales los sentimientos que se leían en Liam. Y si él estaba así porque quería a Mary… ¿significaba eso que ella, Blanca, quería a Niall? ¿Eran algún tipo de… celos lo que sentía? La certeza de que la respuesta a las dos preguntas anteriores era afirmativa la hizo volver de repente a la realidad, y poner de nuevo el vídeo en modo de reproducción normal.

-¿Cómo…? –empezó Louis, pero se calló.
-¿Cuándo…? –comenzó a preguntar Zayn, aunque prefirió imitar a su amigo.
-Eso, decidlo. Todos queremos saberlo –dijo Liam en tono amargo.
-Liam, fue una tontería, no duró nada, y ya tampoco significa nada –se defendió Niall.
-Seguro –ironizó el otro-. No lo intentes. Yo pensaba que… que tú eras mi amigo –habló en voz baja y sus ojos comenzaron a ponerse llorosos.
-¡Y lo sigo siendo! Te repito que aquello es pasado.
-¡Dios, Niall! ¡Sabes que siempre la he querido! ¡Lo sabes! ¡Da igual cuándo ocurriera lo vuestro, siempre habrá sido mientras yo la quería! –gritó.
-Yo no supe que la querías hasta hace poco, Liam.
-¿Y es que no se me notaba? ¡¿No lo sabías o no querías saberlo?!

El irlandés se quedó callado por un momento. En ese instante Blanca se dio cuenta de que se había confirmado que esa relación había ocurrido, y no era cualquier mentira, porque Niall lo acababa de demostrar. Se le nubló la visión y se percató de que estaba a punto de llorar.

-Eso no puedo saberlo –contestó él finalmente.
-Pues eso a mí me lo dice todo –dijo Liam dolido.

Parecía que nadie se había dado cuenta de que el inglés acababa de declarar su amor a los cuatro vientos, excepto por Mary, que se había quedado boquiabierta.

-¡¿Y POR QUÉ NO ME LO DIJISTE, ESTÚPIDO?! –chilló ella cuando todos se volvieron a callar.
-¿Qué? –parecía desconcertado.
-¡¿Por qué no me dijiste que me querías?! –apretó los puños con fuerza por la rabia- ¡Eso lo habría cambiado todo! ¡TODO! -una lágrima se escapó de sus ojos.
-No me atrevía, ¿vale? –frunció el ceño- Y tú deberías haberme dicho esto.
-De todos modos, ¿quién…? –la cuestión de Mary se quedó a medias.
-¡Lo siento! –exclamó Marina- No lo pretendía hacer, o sea, se me escapó, me sentía mal, frustrada, pero ahora soy una persona horrible, fatal, la peor, y yo…

La inglesa se acercó a ella y le tomó una mano.

-Oye, no es culpa tuya, ¿vale? –dijo con voz repentinamente dulce- Yo debí habérselo dicho antes –reconoció con pesar.
-Demasiado tarde –apuntó Liam.
-Déjame que te lo explique. Te prometo que vas a entenderlo todo y a ver que no fue nada si me escuchas –rogó Mary.
-Mira, no puedo. Dejadme solo. No me habléis en una temporada, haced como si no existiese. Necesito… recapacitar sobre todo esto.

Liam se dio la vuelta y se marchó de allí.

-¡Espera! –la inglesa fue a seguirle, pero Niall la sujetó de la muñeca e impidió que siguiera avanzando.
-Déjale que piense –le dijo en un susurro-. Tanto tú como yo sabemos que cuando se dé cuenta de que en realidad no sabe qué ocurrió, te buscará para que se lo expliques. Y entonces sí que te escuchará. Y lo entenderá.
-Niall, él… lo ha dicho… Lo acaba de decir. ¡Me quería! –se refugió en el pecho del chico y rompió a llorar.

Blanca se dio cuenta de que lo estaba viendo todo como si ella no formara parte de la escena, como si, además, no le afectara lo que estaba pasando. Pero no era así.

Miró por un segundo la imagen de Mary y Niall abrazados, y se imaginó que cuando estaban saliendo juntos debían tener más o menos esa pinta. Se estremeció con ese sentimiento de celos que tan pocas veces había sentido hasta el momento. Aunque le costó, consiguió mover sus músculos y echar a andar. No miró adónde, sólo procuró alejarse de toda esa gente que seguía dándole vueltas a la historia de Niall con Mary,

Se encontraba mal; la cabeza estaba empezando a dolerle, tenía la boca seca y un fuerte nudo en la garganta que casi la asfixiaba. Quería gritar, de hecho, lo necesitaba.

Siguió caminando unos minutos, ignorando los gritos de llamada de Niall diciéndole algo así como: “¿a dónde vas?” o “¿qué ocurre? Vuelve”.

Sin embargo, le fue imposible no hacer caso a los dos golpecitos que alguien le dio en el hombro. Miró al lado con expresión cansada y vio a un joven de piel morena.

-¿Zayn? ¿Qué…?

Él sonrió amistosamente.

-No te voy a preguntar por qué te has ido, porque eso es obvio.

Blanca frunció el ceño.

-¿Tanto se ha notado?
-Un poco –admitió Zayn.
-Genial –bufó ella, descontenta.

El joven habló mientras caminaba.

-Oye, es normal que estés enfadada, pero…
-No estoy enfadada –le interrumpió Blanca; se acarició el brazo izquierdo con gesto de preocupación.
-Ah, ¿no? –Zayn alzó las cejas, asombrado.
-No, Zayn. De todos modos, dudo que alguna vez hayas sentido esto, tú eres mucho mejor persona que yo, y probablemente no permitirías que este sentimiento irracional te invadiera.
-¿El amor? –fue lo primero en lo que pensó.
-No, los celos –la muchacha miró al suelo y suspiró-. Sé que es absurdo tener celos después de todo lo que Niall me ha dicho, pero no puedo evitarlo. Y no me enfada, me entristece.
-Pues sí que sé lo que se siente –confesó Zayn, aunque por supuesto no dijo que los experimentaba bastante en los últimos tiempos por culpa de ella y de Niall-. Sé lo que es sentir que todo se te escapa de las manos y que no puedes hacer nada para evitar que las cosas sean como son.

-Entonces entiendes a la perfección lo que me pasa.

Blanca le dio con el pie a una piedra que había en mitad de la calle. Iban caminando sin rumbo fijo por una zona llena de casas blancas con sus jardines alrededor.

-Escucha, Blanca, te entiendo y sé que es muy difícil evitar sentir celos –Zayn la miró a los ojos-, pero no te va a llevar a ninguna parte. De todos modos, estar celosa por algo del pasado no tiene demasiado sentido, piénsalo.
-Ya, pero ese abrazo no forma parte precisamente del pasado.
-Te mostraré una cosa, ven –Zayn abrió los brazos invitando a la chica a que le abrazase.

Blanca no comprendía qué estaba haciendo, pero aun así se refugió entre sus brazos, en poco tiempo el chico se había convertido en un gran amigo.

Permanecieron así durante unos segundos en los que Zayn la apretó fuertemente pero con dulzura contra sí,

-Bueno, ¿qué has sentido? –preguntó él cuando se separaron.

Blanca no sabía qué contestar a esa pregunta.

-Eh… -dudó.

El joven sonrió con tristeza, aunque ella no lo vio.

-¿Ves? No has sentido nada…
-A ver, sí –le interrumpió-. He sentido el consuelo de los brazos de un amigo.
-¡Exacto! –exclamó Zayn- No en todos los abrazos hay amor, no al menos en ese sentido, Blanca. Su abrazo habrá significado para ellos lo mismo que para ti el nuestro.

Al chico le estaba costando hacer aquello, porque era para él una prueba más de que Blanca no sentía por él nada aparte de amistad, pero sufría viéndola pasarlo mal, así que prefirió ayudarla.
Ella sonrió levemente ante su explicación.

-¿Tú crees?
-Estoy seguro –asintió con la cabeza reforzando su afirmación-. Ella quiere a Liam, y él te quiere a ti.

Blanca se metió las manos en los bolsillos del pantalón y empezó a caminar de nuevo con Zayn a su lado.

-¿Tú lo sabías? –preguntó de repente.

Él la miró.

-No –contestó-. Tampoco me lo esperaba, pero ahora que lo sé, se me hace más obvio… Siempre se están evitando, pero algunas veces se miran como… cómplices de un crimen.
-Vaya… -Blanca suspiró.
-No te agobies, en serio. Esto no tiene por qué cambiar lo que hubiera entre vosotros –dijo él a su pesar-. Cuando lo veas con perspectiva te darás cuenta de que esos celos no tienen razón para existir.

Blanca pensó unos segundos en sus palabras.

-¿Sabes qué? –sonrió- Me recuerdas mucho a mi hermano.
-¿Ah, sí? ¿En qué? –preguntó sorprendido.
-Siempre tenéis una buena respuesta para todo –se mordió el labio inferior, pensativa-. Y además, sois los dos como… como muy filosóficos.

Zayn soltó una carcajada.

-¿Filosóficos?
-Sí, de verdad –Blanca se ruborizó-. Así que eres casi como un hermano para mí.

El joven fingió una sonrisa. “Yo no quiero ser un hermano para ti”, deseaba decirle. “Quiero ser mucho más. ¿No ves qué sencillo sería todo? Sin celos ni problemas…” Miró al otro lado de la calle y vio pasar a una pareja cogida de la mano. Bufó.

-Mi problema es que esto no se reduce a los celos –dijo Blanca retomando la conversación de antes-. Mi problema es que Niall no me había dicho nada de esto.
-Bueno, tal vez no se dio la ocasión.
-No, Zayn, no es eso –negó con la cabeza-. Es que en realidad no sé casi nada de él. No nos hemos parado a contárnoslo todo, o algo. Él simplemente ha obviado la parte de su vida anterior a España. Ahora me doy cuenta.
-No creo que haya sido así. Simplemente, no le parecerá importante hablar de cosas que tú sólo te puedes imaginar, porque no estabas.
-¡Venga ya! Todo el mundo se cuenta cosas, aunque el otro no estuviera, ¡pues con más motivo! Y ahora siento que quizás el Niall que yo creía conocer no es el verdadero Niall.

Zayn guardó silencio ante sus palabras, sabiendo que ella diría algo más.

-Es que… buf. Quería darle una oportunidad, pero ahora… no sé, estoy hecha un lío. ¿Y si le conozco menos de lo que creía? A lo mejor me estoy precipitando demasiado y empezar algo con él es un error…

Por primera vez, Zayn no pudo elegir entre lo que la razón y el corazón le pedían que respondiera, así que se limitó a guardar silencio.

-Necesito pensar –concluyó Blanca.


_
En el próximo capítulo...
"-Pues ya es hora de que alguien os lo ponga difícil alguna vez -Elena se pasó el pelo por detrás de las orejas."
"-Desde luego, tú no eres la típica chica -(Louis) sonrió".


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Lo primero es que siento mucho haber tardado tanto en subir, este fin de semana he estado bastante liada, y quería subir ayer, pero fue mi cumple y estuve respondiendo a las felicitaciones de la gente JOJO.

Bueno, ¿qué? No parece que Blanca esté muy contenta con lo que ha pasado, pero ella sabe que quiere a Niall... Peeeeero en el próximo capítulo no os enteraréis de qué pasa con ellos, porque en el adelanto ya habéis visto que va de Louis y Elena... *-*

Lo segundo, y como siempre, por favor, COMENTAD. Es muy, muy importante para mí. Si leéis, COMENTAD EN TWITPIC O MENCIONADME, lo necesito, gracias. Intentaré subir tan pronto como pueda, pero...

30 COMENTARIOS PARA SUBIR EL SIGUIENTE.

Muchas gracias a las que comentáis, y a las que leéis siempre, os quiero.


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  • 515 days ago via site
  • 517

SUEÑOS ADOLESCENTES.

Capítulo anterior...
Blanca miró a Laura con furia y luego al irlandés con frustración. Su sueño de ser protagonista tenía muchas posibilidades de verse destrozado, al igual que el resto de sus nuevas ilusiones, aunque esto último ella no podía saberlo.


_
Capítulo cuarenta y tres.

Al final de la clase, en la que se habían dedicado a representar fragmentos de obras clásicas, Blanca se rezagó un poco para poder hablar con los profesores.

-Señorita, no pueden hacernos esto –dijo en tono casi de súplica-. No están siendo justos.
-Blanca, sentimos mucho que esto sea así, pero vuestros compañeros tienen razón. Dijimos que no era la prueba definitiva. Fue un error nuestro, y lamentamos de verdad que os haya afectado a Niall y a ti de esa forma.
-¡Pero no…! –tomó aire- El papel, o más bien los papeles, ya eran nuestros. Ya preguntaron si había alguien disconforme, y ellos no dijeron nada.
-Eso es cierto –concedió la señorita Montes.
-Sí, pero tú sabes que muchas veces los alumnos no se atreven a contradecir a los profesores a menos que tengan un argumento razonable –le dijo el profesor a su compañera-. Y es probable que entonces ellos no lo tuvieran.

Blanca se cruzó de brazos, enfadada, pero sobre todo impotente.

-En cualquier caso... Si fuiste capaz de salir seleccionada una vez... bueno, estoy segura de que sabrás cómo hacerlo para que te volvamos a escoger -la mujer sonrió amistosamente.
-Más me vale -murmuró la chica al darse la vuelta para marcharse.

Cuando Blanca salió del auditorio, vio a Niall apoyado en la pared, esperándola.

-¿Por qué no has intentado tú también hablar con ellos? -preguntó molesta.

Él se encogió de hombros.

-Es tontería, no nos van a hacer caso.
-Pues a ella le han hecho, y bastante -bufó.
-Sí, pero ella tiene unas pestañas postizas muy grandes que le ayudan a parpadear inocentemente, no sé si me entiendes. Su capacidad de convicción es muy grande.
-Recuérdame que me compre unas de esas pestañas postizas -suspiró Blanca.
-Tú no las necesitas, eres preciosa como eres.
-Pues por lo visto no parpadeo inocentemente lo suficientemente bien -dijo con resignación.
-No seas tonta -le reprendió el irlandés.
-¿Es que no te preocupa esto? ¿No te fastidia? ¡Joder, nos han quitado los papeles protagonistas! -exclamó la muchacha ante la pasividad de él.
-Te corrijo: nos los pretenden quitar. Con una actuación para escoger a la mejor pareja. Nadie dice que no podamos ganar de nuevo... Bueno, si quieres hacerlo conmigo.
-Claro, idiota, sin ti me saldría un churro de actuación -Blanca resopló.
-No estoy de acuerdo, pero tampoco voy a discutir contigo por eso. Eres muy buena en esto, que lo sepas.
-Bla, bla, bla -la joven movió la cabeza hacia los lados, negando lo que Niall le decía.
-Vamos a ganar.
-Pareces muy seguro de ti mismo.

Un brillo centelleó en los ojos de Niall.

-Vale, replanteo la frase: sé que vamos a ganar.

Blanca no pudo evitar sonreír al ver al chico tan pagado de sí mismo.
En ese momento, la pareja llegó a la puerta del instituto, donde la gente comentaba lo ocurrido. Niall fue directo a donde se encontraba Harry, que estaba solo y parecía esperar a alguien.

-Eh, ricitos de oro -el irlandés llamó su atención en un tono no muy amistoso, era normal que se sintiera dolido por la traición-. ¿Por qué narices has hecho eso?

Harry puso los ojos en blanco.

-Vamos, Niall, no es para tanto.
-Sí, sí que lo es.

Blanca se preguntó por qué de repente el irlandés parecía tan furioso, cuando hacía unos minutos no lo estaba. ¿No sería por... lo que a ella le había afectado la noticia? No, eso era imposible. Además, en ese momento, el hecho de ya no ser con seguridad Ginebra en la obra de teatro parecía algo irreal; se sentiría mucho peor cuando llegase a su casa y fuera consciente de que aquello era real.

-...y no entiendo por qué. Los amigos no se hacen estas cosas -escuchó cuando paró de dejar vagar sus pensamientos-. Si tú me hubieras dicho que querías ese papel, podríamos haber encontrado una forma de arreglarlo, dejando el papel de Blanca en paz, pero no. ¡Los amigos están por encima de todo y tú...!
-No quedan por encima de las novias -le interrumpió Laura, que acababa de aparecer como salida de la nada.

La expresión atónita de los presentes ante esas palabras fue más que obvia. Blanca habría jurado que hasta Harry parecía sorprendido.

-Sí, ¿a qué vienen esas miradas? -apostilló ella- ¿Es que no podemos estar juntos o qué?

Sin previo aviso, le plantó al inglés un beso en los labios.

-Pues ya veis. Sólo apoya a su amor, y quiere que ella, o sea, yo, sea feliz. Me quiere casi tanto como yo a él -sonrió angelicalmente.
-¿Tú? ¿A él? -Blanca fue la única que logró articular palabra a pesar de la sorpresa- Cuéntame otro chiste.

Harry la miró con rencor y Laura con odio.

-Ya tuvo que saltar la princesita destronada -se burló.

Blanca hizo caso omiso a su alusión a que había dejado de ser lady Ginebra y contestó:

-En respuesta a la enamorada rechazada. Porque todos los españoles aquí presentes saben que tú no has superado tu ruptura con Iván y que aún le quieres.
-¿Y tú? ¿Has superado tú tu ruptura? -preguntó con autosuficiencia.
-Más de lo que tú lo has hecho -las miradas de ambas destilaban odio-. Pero Harry no se merece que le engañes de esa forma. Y sigues sin haber respondido a mi pregunta.
-Aquí nadie está engañando a nadie. Lo que hay entre Harry y yo es algo totalmente sincero, ¿es o no?

El aludido no podía evitar que en su cara se viera la sorpresa. Todo aquello de su relación con Laura era tan nuevo para él como para los demás. Aunque la idea le gustaba. ¿Pero qué era aquello de que si Laura había superado una ruptura? No entendía nada.

-Cariño -dijo la joven a Blanca-, te recuerdo que fui yo la que acabó lo que había entre él y yo.

Blanca miró a Niall en busca de auxilio, pero éste se encogió de hombros, sin saber qué decir o hacer, porque tampoco sabía de qué hablaban.

-Harry, no hagas caso de lo que Laura te diga -pidió la chica-. Se le da muy bien mentir, te usará en su propio beneficio, y luego...

No llegó a terminar la frase, pero no fue ni por la mirada asesina de Laura ni por la expresión enfurecida de Harry ni por la actitud curiosa del resto de los presentes. Fue porque en ese momento aparecieron dos personas cuya ausencia nadie parecía haber notado y que, por lo visto, se habían quedado aún más rezagados que Blanca y Niall.

Eran Mary y Liam, y por sus caras no parecían estar teniendo una conversación precisamente amistosa.

-¡Sí! ¡Niall y yo estuvimos juntos, ¿algún problema?! -gritó Mary.

Si el descubrimiento de la relación entre Laura y Harry había dejado atónita a Blanca, el escuchar que Niall y Mary estuvieron saliendo casi la dejó en estado de shock. ¿Era eso verdad? ¿Por qué Niall no se lo había dicho? ¿Se habría acabado completamente lo que había habido entre ellos? Las piernas empezaron a temblarle y temió que en cualquier momento iban a dejar de sostener el peso de su cuerpo.


_
En el próximo capitulo...
"-¡Dios, Niall, sabes que siempre la he querido! ¡Lo sabes!"

"Siguió caminando unos minutos, ignorando los gritos de llamada de Niall".


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Puf, se va a liar una buena, ¿eh? Entre la bruja de Laura liando a Harry y que ahora Blanca se acaba de enterar de lo de Mary y Niall... ¿cómo reaccionará? ¿Se enfadará con nuestro pequeño Leprachaun? JOJO, os enteraréis en el próximo capítulo.

Por favor, sé que soy una pesada, pero es que cada vez me cuesta más llegar a los 30 comentarios. Tampoco pido tanto, ¿no? Sólo que si leéis, COMENTÉIS EN TWITPIC O ME MENCIONÉIS. Es muy muy importante para mí, prefiero que pongáis solo "siguiente" a que no me digáis nada.

30 COMENTARIOS PARA SUBIR EL PRÓXIMO.

Muchas gracias por todo, chicas, sois geniales, no sé cómo puedo quereros tanto.


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  • 524 days ago via site
  • 490

SUEÑOS ADOLESCENTES.

Capítulo anterior...
Había alguien en la puerta cuyo pelo rubio brillaba bajo la luz del sol que penetraba por las ventanas, alguien con quien Blanca tenía que hablar, y, ¿qué mejor momento que ese?

_
Capítulo cuarenta y dos.

Blanca curvó las comisuras de sus labios hacia arriba de forma involuntaria.

-Hola –dijo en voz baja cuando llegó a la altura de Niall.
-Hola –respondió él, repentinamente contento al ver la expresión de la muchacha-. ¿Cómo estás? Ya he recogido mis cosas (que por suerte están intactas) de la casa de Iván, no sé si lo sabrás, y…

La joven hizo que dejara de hablar posando sus labios con delicadeza sobre los de él. Niall pareció algo sorprendido al principio, pero reaccionó con rapidez. Pasó una mano por la cintura de Blanca y la atrajo hacia sí, haciendo que la distancia entre sus cuerpos desapareciera. Ella enroscó sus manos en el cuello del irlandés. La muchacha separó un poco los labios, y la lengua del chico penetró en su boca, buscando la de ella, hasta que se encontraron y comenzaron a moverse al mismo ritmo. El beso se prolongó, cada vez con más pasión, hasta que…

-Ejem.

Los chicos se separaron, ruborizados. Encontraron frente a ellos a la señorita Montes y al profesor Jorge Ibáñez mirándolos con cierto reproche, pero Blanca se dio cuenta de que la profesora escondía una sonrisa.

-Por favor, estas cosas guardadlas para un sitio un poco más privado –les reprendió Jorge entrando en el auditorio.

Los dos jóvenes entraron tras los profesores, sonrientes y con miradas cómplices.

-Con respecto a tu pregunta… estoy genial –le susurró Blanca al irlandés.

Él rió levemente y le dio un beso fugaz a la muchacha en la mejilla.

Al menos, parecía haber comprendido lo que Blanca le estaba diciendo: “no hay por qué concretar qué somos con palabras, simplemente mostremos nuestros sentimientos y ya se verá”.

Niall se apresuró a sentarse con sus amigos ingleses, y Blanca fue con Marina, que ese día se había sentado sola. “Qué extraño”, pensó la muchacha, “suele sentarse con Mary y Liam”.

-Buenas –susurró cuando llegó a su lado-. ¿Estás bien?

Marina tenía una expresión diferente a la de costumbre, como afectada.

-Sí, sólo… no sé, será que no he dormido siesta.
-Marina, esta mañana yendo al instituto ya estabas así. Últimamente estoy un poco ida, pero de algunas cosas me doy cuenta.
-No es nada, de verdad –luego murmuró para sí-. Ya te enterarás pronto, de todas formas.

Su amiga no preguntó más, porque en ese instante se dio cuenta de que había dos personas hablando con la señorita Montes y el profesor Ibáñez, y esas dos personas eran… ¡Laura y ¿Harry?! ¿Qué hacían ellos dos juntos hablando con los profesores? Aquello era muy extraño… ¿es que Harry y Laura se conocían? A ver, habían sido pareja el primer día que les habían puesto a cantar, cuando les seleccionaron a Niall y a ella, pero Blanca no les había vuelto a ver juntos jamás, ni siquiera dirigiéndose una mirada.

Vio que Laura había unido las manos, que caían en sus piernas con gesto angelical, y hablaba a los profesores con una sonrisa inocente e los labios.

“Falsa”, pensó Blanca. Aquello que fuera que les estuviera diciendo no podía ser nada bueno. Frunció el ceño con preocupación.

La señorita Montes asintió a lo que fuera de lo que esa bruja les estuviera intentando convencer. Harry no parecía estar aportando nada a la conversación, sólo permanecía allí de pie y decía que sí cada vez que la joven que lo acompañaba se volvía hacia él.

-¿Qué ocurre? –preguntó Marina al darse cuenta de que su amiga estaba muy concentrada en algo.
-Bah, no lo sé. Pero presiento que nos vamos a enterar en unos instantes.
-Es por esos dos, ¿no? –inquirió señalando a los chicos que hablaban con sus profesores.
-Sí –suspiró.
-No te preocupes. Esa tía no te llega ni a la suela del zapato.
-Gracias –ella sonrió, pero seguía preocupada.

Justo en ese momento, los dos profesores y los dos alumnos se giraron para quedar cara a cara con el resto de los presentes.

-Hola a todos –comenzó el profesor Ibáñez-. Vuestros compañeros Laura y Harry nos han… hecho un comentario crítico sobre algo que no les ha parecido bien, y la señorita Montes y yo coincidimos al creer que tienen razón.
-En efecto –la mujer tomó la palabra-. Vuestros compañeros nos han recordado que, cuando pusimos a cantar por parejas a aquellos que quisieran optar a tener papeles protagonistas en la obra, dijimos que aquello era solo una prueba, y que a los protagonistas les escogeríamos tras veros cantar a todos varias veces.
>Pero yo me precipité, y cuando vi esa conexión y compenetración entre vuestros compañeros Blanca y Niall, me apresuré a seleccionarles a ellos.
-Por eso –continuó el señor Ibáñez-, Laura y Harry opinan que la elección no fue del todo justa, y tienen razón.

La sangre desapareció del rostro de Blanca cuando comprendió lo que aquello conllevaba.

-Dentro de exactamente quince días, todos aquellos que quieran optar a ser personajes principales tienen que realizar una actuación. Podéis elegir si hacerlo individual o en pareja, podéis escoger la canción o canciones que queráis, podéis hacerlo como queráis, pero que sea algo impactante, porque aquellos que mejor lo hagan serán los nuevos y definitivos protagonistas. Lo siento, chicos –dijo la señorita Montes mirando a Blanca y a Niall con pesar-, pero vuestros papeles ya no son vuestros, a menos que los volváis a ganar.

Blanca miró a Laura con furia y luego al irlandés con frustración. Su sueño de ser protagonista tenía muchas posibilidades de verse destrozado, al igual que el resto de sus nuevas ilusiones, aunque esto último ella no podía saberlo.

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En el próximo capítulo...
"Las mirabas de ambas destilaban odio.
-Harry no se merece que le engañes de esa forma"


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
LO SIENTO. Siento que e capítulo haya sido tan corto, pero es que ha salido así. Aunque... ¿y ese beso de Niall y Blanca? ajhdbaghsvdghasvdahsg. Ah, y sí, os dejo que odiéis a Laura JOJO. ¿Y el adelanto? Ya veréis todo lo que va a pasar en los próximos capítulos.

Como siempre, por favor, COMENTAD EN TWITPIC O MENCIONADME cuando leáis el capítulo, es extremadamente importante para mí, tanto que si no llego a 30 COMENTARIOS NO SUBO EL PRÓXIMO.

Os quiero muchísimo, sois las mejores, gracias.


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  • 532 days ago via site
  • 471

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
Entonces se dio cuenta de que lo que tenía que hacer con ella era dejar de una vez el tema de Iván, e intentar por todos los medios conseguir que la joven volviera a ser una chica alegre. Tenía que hacerla reír, saltar de contento, e iba a hacer todo lo que fuera necesario para lograrlo.

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Capítulo cuarenta y uno.

Al llegar a casa, Blanca tenía sentimientos encontrados. Por un lado, la conversación con Iván había vuelto a dejarle bien claro el daño que le había causado, pero por otro también le había hecho darse cuenta de que aquello ya había acabado, que debía pasar página, no podía estar eternamente culpándose y sufriendo, ya estaba cansada de esas sensación.

Aquello iba a cambiar. Hablaría con Niall. Le diría la verdad: que estaba casi completamente segura de que sentía lo mismo que él, y quería intentarlo. O eso o se volvía loca.

Blanca se dio una ducha rápida y bajó a almorzar.

-¡Oh, lentejas! –se lamentó al ver los platos en la cocina.
-No eres la única que siente repulsión hacia la comida de hoy, tranquila –dijo su hermano, que acababa de aparecer por allí.
-¡Sois unos desagradecidos! –exclamó su madre.

Rosa observó a su hija mientras la muchacha preparaba los cubiertos. ¿Y ese nuevo brillo en los ojos? Algo le había pasado para que su casa de zombi fuese sustituida por una expresión alegre y mejillas sonrosadas, y para que su típico mutismo en presencia familiar hubiera desaparecido. No le preguntó por el cambio, como tampoco hizo cuando fue para mal. Una madre descubre más observando que intentando sonsacar.

-¡Venga! ¡A poner mesa! –apremió a sus hijos.
-¡Vale, vale!

Los chicos salieron de la cocina al salón con las manos cargadas de cosas para el almuerzo.

-Oye, Marcos, me gustaría saber tu opinión sobre una cosa… -comentó Blanca fingiéndose despreocupada mientras colocaba vasos y cubiertos sobre el mantel.
-Sí –afirmó él con rotundidad.
-Eh, ¿qué? –preguntó ella, desconcertada.
-Que sí. Que hagas lo que estás pensando hacer.
-¿Cómo sabes qué estoy pensando hacer?
-De hecho, no lo sé –sonrió-. Pero sé que muchas veces las personas tenemos ideas repentinas, que surgen en un instante, y normalmente, estas ideas son las más acertadas cuando se refieren a temas del corazón, que es tu caso sin duda. En el amor no hay lugar para la reflexión, pensar demasiado es peor. Y bueno, este cambio repentino en tu actitud tiene que estar relacionado con tu telenovela personal, así que… Resumiendo, que sea lo que sea que se te haya ocurrido, es lo correcto.

Blanca cerró la boca al darse cuenta de que la tenía abierta. ¿De dónde sacaba su hermano esas reflexiones filosóficas que le hacía de vez en cuando? Si se le ocurrían a él, entonces iba a ser verdad que era casi un genio…

Pero tenía razón. Cuando pensaba demasiado sobre qué hacer, nunca encontraba una solución que la hiciera sentir mejor, pero con esto, con la idea de empezar algo con Niall, que le había venido de repente como algo que estaba dispuesta a hacer, ya estaba notando la mejoría en su estado de ánimo, y eso que no le había dicho nada todavía al irlandés.

Aun así, no le solía gustar admitir que su hermano tenía razón, así que…

-Te iba a pedir tu opinión sobre si crees que debo celebrar mi cumpleaños o no, pero bueno...
-Ya, claro. Tanto tú como yo sabemos que eso no es verdad.
-No, tú nunca lo sabrás –le sacó la lengua.
-Mira que eres tonta –resopló Marcos negando con la cabeza.

Blanca echó a reír y fue a la cocina a por más cosas para la mesa.

_

Había terminado de comer más rápido que de costumbre, por lo que le quedaba un ratito antes de tener que ir a clase de teatro. Estaba en su habitación encendiendo el ordenador a la vez que tarareaba despreocupadamente Good Time, una canción de Owl City y Carly Rae Jepsen, que había escuchado por primera vez unos días atrás, pero que ya casi se había aprendido de memoria de lo pegadiza que era.

Abrió Tuenti como siempre hacía cada vez que encendía el ordenador, aunque no solía tener ninguna novedad.

Sin embargo, esta vez tenía un mensaje privado.

Pulsó en el numerito verde que aparecía en un cuadrado en el que ponía “Mensajes” y apareció su bandeja de entrada. El mensaje era de… ¡Iván! ¿De Iván? No tenía sentido, su casa había ardido… ¿y se conectaba a Tuenti? “Espera y léelo antes de sacar conclusiones precipitadas”, le dijo una vocecita en su cabeza.

Clic, y el mensaje apareció ante sus ojos curiosos.

“Blanca:
No sé si debería escribirte este mensaje, de hecho, quizás cometa un error en el momento en que pulse ‘enviar’, ya que además, cuando lo haga será irreversible, pero creo que merecías saber el… supongo que el final de esta historia de la que hasta hace poco formabas parte.

El edificio principal de mi casa no ha sufrido demasiados daños, excepto porque todo está lleno de polvo y ceniza, y en la planta baja el fuego ha llegado a algunos sitios, además de que un par de habitaciones de la planta alta tienen varios muebles con grandes manchas negras, imagino que de chispas solitarias que hayan entrado por las ventanas abiertas. Los vecinos fueron rápidos llamando a los bomberos, por suerte.

Además, de jardín hay poco: ya no hay hierba. Y de la caseta que había en él, más de lo mismo. Todo esto se traduce en que mis cosas personales y las de mi familia no han sufrido desperfectos, pero el salón, el estudio, y parte de la cocina se han borrado del mapa. Como es normal, esta situación no me agrada lo más mínimo, pero lo miro desde otro punto de vista cuando pienso que me voy a ir a vivir con mi tía hasta que mi casa vuelva a ser un lugar habitable. Me voy con la hermana de mi madre, la que vive más cerca de aquí, pero ya sabes que es en otra ciudad, a unos 50 kilómetros.

Y si lo miro por ahí, pienso que quizás esto me sirva para desaparecer un tiempo, volver a ser como yo era, cambiar de aires. Bueno, mis padres y mi hermana también vienen conmigo. Con respecto a Niall… él se va a quedar en la casa de un chico que tiene consigo a otro inglés, creo que a Liam. Sabes que todo esto es mejor así.

Ah, he pedido traslado a un instituto de allí, así no tengo que darme la paliza en coche y… en fin, sabes que nuestra situación era insostenible por más tiempo. Había que cortar esto por lo sano, olvidarnos el uno del otro. Es lo mejor.

Me voy ya, de hecho acabo de terminar de recoger mis cosas. Nos han metido cierta prisa porque no saben si la casa se seguirá teniendo en pie después de esto. Los que han venido del seguro han dicho que es raro que los muros hayan soportado el fuego tan bien.

En fin, ya no me entretengo más. No me gustaría que esto supiera a despedida amarga o algo por el estilo. Si necesitas cualquier cosa, aquí estaré. Que te vaya todo bien, y no creas que no iré a verte actuar en la obra de primavera, que pienso ir a verte brillar, estrella.

Adiós, Blanca. Un beso.

P. D.: Dale una oportunidad, ¿vale? Se le nota que te quiere se verdad, y él va a hacerte feliz.”

La chica no podía creer lo que acababa de leer. Todo lo que le había dicho en el mensaje le había impactado, pero lo último… Se refería a Niall, no podía ser a otra persona. ¿En serio? Releyó las últimas dos líneas hasta que se aprendió las palabras de memoria. Iván estaba loco. O ella, pero creía que eso que estaba leyendo era real.

Y, sin embargo, se dio cuenta de que estaba sonriendo. Tardó varios minutos en comprender el por qué. No sólo Iván la estaba liberando totalmente de cualquier compromiso que pudiera tener con él, sino que además estaba apoyando esa idea a la que ella había llegado durante el día.

Iba a contestar cuando vio por casualidad el reloj del ordenador.

-¡Mierda! –murmuró para sí al ver que ya debería haber salido de su casa si quería llegar a tiempo.

Apagó el ordenador rápidamente y apuntó en un post-it: “RESPONDER A IVÁN”, para no olvidar contestar a su mensaje, aunque no tenía ni idea de qué le iba a decir.

-¡Me voy a teatro! –gritó justo antes de salir a paso rápido de su casa.

Por el camino sacó su MP3, y tras desliar los cascos que, como siempre, misteriosamente se habían hecho un lío, pulsó el PLAY. Empezó a sonar una canción de The Wanted, la primera que había escuchado de ellos, llamada Heart Vacancy. Sí, quizás a ella le pasaba un poco como a la chica de la canción: había cerrado su corazón y no dejaba que nadie entrara en él, o al menos intentaba no hacerlo, aunque Niall ya se estaba abriendo paso.

Llegó a teatro y al parecer ya habían entrado todos, porque sólo faltaban un par de minutos para que empezaran las clases. “Vaya, no he llegado tarde, todavía no es la hora. He sido rápida”, se felicitó a sí misma.

¡Pero no! No todos habían entrado ya al auditorio. Había alguien en la puerta cuyo pelo rubio brillaba bajo la luz del sol que penetraba por las ventanas, alguien con quien Blanca tenía que hablar, y, ¿qué mejor momento que ese?

_
En el próximo capítulo...
..."Él rió levemente y le dio un beso fugaz a la muchacha [Blanca] en la mejilla."...


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
JOJOJOJOJO. Ya sé que este capítulo es un poco sosillo, pero... el siguiente, o al menos el principio, OS VA A ENCANTAR, lo sé, porque tiene que ver con Blanca y Niall, y eso os encanta JAJAJA.

Ya sabéis, os lo digo siempre, pero es muy importante para mí. Por favor, si leéis, COMENTAD, es algo realmente importante para mí, en serio, COMENTAD EN TWITPIC O MENCIONADME. Gracias a las que siempre lo hacéis :3

Bueno, a ver si este puente que viene os puedo subir un par de capítulos, porque como el jueves y el viernes no tengo clase, a lo mejor me da tiempo, pero NECESITO LLEGAR A LOS 30 COMENTARIOS PARA SUBIR EL SIGUIENTE. Si no llego, no subo, lo siento, pero es que si no, no comenta la gente :$

Os quiero, gracias por hacerme feliz, en serio, sois geniales.


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  • 453

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior:
Su sorpresa fue aún mayor cuando el irlandés se dirigió al otro chico sin dedicarle ni una mirada a la joven. Algo debía ocurrir.

-Iván, tu casa está ardiendo –dijo finalmente con voz ahogada.

_
Capítulo cuarenta.

El joven español estaba demasiado sorprendido como para mover un solo músculo.

-Iván, ¡hay un incendio en tu casa! –volvió a decir Niall -¡¿No piensas ir?!

Sin previo aviso, el aludido echó a correr en dirección a la salida, pasando primero por la pista de baloncesto para coger su mochila. Una profesora le impidió el paso, pero tras un breve intercambio de palabras, accedió a dejarle marchar.

Blanca aún se encontraba en estado de shock.

-¿Estás bien? –le preguntó el irlandés al verla como ausente -¿Hola? ¡¿HOLA?!

La cogió de los hombros y la zarandeó sin emplear demasiada fuerza pero con firmeza. Al fin, la chica volvió en sí, pero cuando lo hizo, empezó a temblar de pies a cabeza.

-Blanca, ¿qué te pasa? –estaba preocupándose de verdad.
-Su hermana… su madre… su padre… -sollozó- Pueden estar… -no fue capaz de pronunciar en voz alta sus peores temores.
-Ellos están bien –la tranquilizó Niall-. La pequeña Natalia estaba en el colegio, y sus padres, como siempre, en el trabajo. A esa hora ya no quedaba nadie en casa.

La muchacha parecía temblar menos, pero seguía sollozando.

-¿Y tú cómo… cómo te has enterado? ¿Qué ha pasado? –sorbió por la nariz.
-Bueno, obviamente estaba aquí en el instituto. Entonces me di cuenta de que había olvidado la ropa de deporte para la clase de Educación Física que tenemos a última hora –explicó-. Como ya tengo dieciocho años, puedo entrar y salir del instituto cuando quiera, por lo que aproveché el recreo. Sí, este recreo en el que estamos ahora. Al llegar a la casa… Lo único que he podido ver han sido llamas y un par de camiones de bomberos que intentaban apagarlas. Imagino que los vecinos les han avisado.
-Joder, joder –era lo único que Blanca decía una y otra vez.
-Los bomberos me han dicho (como han podido, porque inglés sabían más bien poco) que necesitaban a algún adulto que viviera allí, no sé para qué, no me lo han sabido explicar.
-Si los padres de Iván están ahora en el trabajo…

Niall asintió con la cabeza.

-Lo sé, lo sé. Por eso se lo he dicho a él. Para que vaya, hable lo que necesite con los bomberos, y avise a sus padres.
-Ajá. Pero… la casa… ¿estaba muy quemada?
-¡No, no! –se apresuró a consolarla- Era más bien una caseta del jardín, creo. Aunque luego las llamas han incendiado algunas partes de la casa, no creo que los daños sean muchos. Los bomberos han sido rápidos.

De repente, la muchacha pareció acordarse de la conversación que había mantenido hacía unos instantes con Iván.

-Niall, ¿por qué le pasa todo lo malo a él? –preguntó con voz ahogada- No se lo merece.
-La vida nunca es justa –reconoció él con pesar.

Blanca se abrazó la cintura en un gesto típico de cuando tienes frío, excepto que ella no sentía frío alguno. Estaba a punto de romper a llorar una vez más, y no quería hacerlo. Ahora era porque se había dado cuenta de que una de esas cosas malas que le habían ocurrido a Iván era ella.

El irlandés iba a decirle alguna palabra de consuelo cuando Elena apareció donde ellos estaban –en un pequeño recodo apartado de la mayoría de gente pero cerca de la pista de baloncesto- y seguramente les había encontrado porque suponía que ese “asunto” que su amiga le había dicho que tenía que arreglar estaba relacionado con Iván.

-Blanca, ¿qué te pasa? –corrió preocupada hacia su amiga al verla en el estado en que se encontraba.

La interpelada echó la cabeza hacia atrás y miró al cielo con abatimiento. La cosa empezaba a ser superior a lo que una adolescente podría soportar.

-Me pasa lo de siempre, supongo –dijo con voz cansada.

Elena suspiró. Odiaba ver así a su amiga, pero ya no sabía qué hacer para ayudarla. Lo único que se le ocurría era escucharla.

-¿Qué ha ocurrido?

Hablaban en español, así que Niall no podía entenderlas, pero por si acaso, Blanca tomó a la otra chica de la mano y le alejó unos pasos para hablar con ella. Le hizo un gesto de disculpa al irlandés, al que él respondió con una sonrisa que dejaba claro que no le molestaba. Así era él, lo hacía todo sencillo.

Una vez que las chicas estuvieron aparte, Blanca le contó a su amiga todo lo que había pasado durante el recreo.

-¡¿HA HABIDO UN INCENDIO EN LA CASA DE IVÁN?!

Blanca asintió con la cabeza y tras unos segundos que necesitó para recomponerse, continuó contándole. Aunque dudó, al final le dijo que Niall la había visitado la tarde anterior, incluyendo el beso. Era algo demasiado significativo como para olvidarlo. Pero a la vez era extraño, porque ni el joven ni Blanca parecían haber cambiado la forma de tratarse el uno al otro. Y eso estaba bien, al menos para ella.

-No sé qué más quieres –dijo Elena cuando su amiga terminó de hablar.
-No te entiendo.
-No, en realidad yo soy la que no te entiende a ti. No comprendo, y mira que lo intento, qué más necesitas de parte de Niall. Ya te ha dicho lo que siente y te ha dejado claro que va a estar ahí para ti… ¿Qué más quieres? –decía todo esto para ayudar a Blanca a hacer lo que ella creía correcto, pero realmente tampoco era capaz de ver por qué la muchacha y Niall no daban un paso más; ¡¡estaba claro lo que sentían el uno por el otro!!
-Elena, sabes que no se trata de él, sino de mí… -suspiró.
-Ya, ya, esa es la típica excusa. Lo único que sé es que a ti también te gusta él.
-Sí, se supone que eso ya es una realidad, sé que me gusta, pero no sé si le quiero.
-¡Joder, que no te ha pedido matrimonio!

Blanca hizo caso omiso del comentario de su amiga y continuó explicándose.

-Es que no creo que haya podido enamorarme de él en tan poco tiempo, y también me cuesta creer que él se haya enamorado de mí. ¿Cuánto lleva aquí? ¿Un par de semanas? Y no quiero acabar haciéndole daño como a Iván… -se cruzó de brazos.
-Mira, yo ni puedo ni quiero obligarte a hacer nada, la decisión debe salir de ti, pero aunque Niall te haya dicho que te va a esperar, tienes que pensar que él no va a estar aquí para siempre; volverá a Irlanda.

La chica negó con la cabeza, reacia a seguir hablando de eso. Decidió abordar una última cuestión.

-Oye, te voy a pedir un favor –continuó antes de que su amiga tuviera tiempo de hablar-. Sé que no es tu estilo favorito ni de lejos, pero necesito que te quedes tú las entradas del concierto de Taylor. Yo no puedo usarlas.
-No, no, no, no –se apresuró a contestar-. Si Iván quiere que te las quedes no es porque le dé igual gastar dinero, es porque quiere que tú disfrutes de eso. Y yo no puedo desobedecer su voluntad –dijo en tono solemne-. Blanca, quiere que tú disfrutes de ese concierto. Le haces un feo mayor si me las das a mí que si vas tú sin él, créeme. Tómatelo como un último regalo de su parte, ¿sí?
-Ya estamos con lo mismo… ¿Y con quién voy? Es mejor que te las quedes.
-¡No digas estupideces! Vas con Niall, y listo.

Blanca rió irónicamente.

-Sí, seguro que eso es lo que Iván quiere, que vaya con el causante (o uno de ellos) de todo lo que ha pasado entre nosotros, y por tanto de su sufrimiento –dijo con sarcasmo.
-Vale, quizás no quiera eso. Pero quiere que te lo pases bien allí. Yo sé que con Niall eso es lo que va a pasar. Y él también lo sabe. Pero tranquila, para el día del concierto, seguramente Niall y tú ya estaréis saliendo.
-¡¿Qué?! ¿De verdad piensas eso? –estaba realmente sorprendida por la sinceridad que impregnaba las palabras de Elena- El concierto es en unos días…
-Imagino que con esos días tendrás suficiente y aceptarás por fin el amor de Niall, ¿no?

Desde el punto de vista de Elena, y teniendo en cuenta que conocía bastante –muy- bien a su amiga, Blanca debía simplemente reconocer la obviedad e intentar ser feliz otra vez, aunque fuera con otra persona que no fuese Iván. Aunque también estaba la posibilidad de ser feliz… sola.

-Eres una pesada –bufó Blanca.
-Y tú una tonta –le sacó la lengua-. Pero me preocupo por esta tonta y quiero que sea feliz.
-Gracias –respondió ella con sinceridad.

Elena se metió las manos en los bolsillos de su sudadera.

-Ah –dijo mirando al suelo-… Louis me ha preguntado si… si quiero volver a quedar.

La otra chica abrió mucho los ojos por la sorpresa.

-¡¿En serio?!
-Sí, ¿tan raro es? Tampoco soy tan fea –dijo defendiéndose, en broma.
-Pues claro que no es raro, estúpida. Sólo me ha… sorprendido –“porque hablé con él y le dejé bien claro que si seguía adelante contigo no era para pasar un rato, y luego, hala, a la mierda, no, era para algo hasta cierto punto serio”, pensó, pero de eso no dijo nada.
-Le he dicho que sí –informó Elena.
-¡Genial! –respondió su amiga con entusiasmo, que por unos instantes había olvidado todo aquello que la hacía sentirse mal.
-Pero no sé qué ponerme –admitió al fin con pesar-. No tengo ropa adecuada para una cita.
-No te intentes vestir diferente, ponte tu ropa de siempre, esa que te gusta. Os tenéis que conocer tal y como sois en realidad –la animó Blanca-. ¿Y cómo te lo ha pedido? –preguntó con curiosidad.
-Pues mira, se ha puesto de rodillas, ha sacado una cajeta con un anillo y me ha preguntado si quería volver a quedar mientras sonaba la novena sinfonía de Beethoven tocada por la orquesta sinfónica de Viena. Todo esto acompañado por una lluvia constante de pétalos de rosas, orquídeas y gardenias. No sé cómo ha hecho para que cayeran los pétalos, eso no me lo preguntes.

A Blanca le llevó dos minutos comprender que su amiga estaba siendo completamente irónica. Lo decía tan seria que parecía verdad, pero, obviamente, le estaba tomando el pelo.

-Imbécil –bufó su amiga, pero luego echó a reír.

Niall, desde donde estaba, alejado unos metros de las muchachas, contempló como la expresión de Blanca se volvía despreocupada y feliz por un momento. Entonces se dio cuenta de que lo que tenía que hacer con ella era dejar de una vez el tema de Iván, e intentar por todos los medios conseguir que la joven volviera a ser una chica alegre. Tenía que hacerla reír, saltar de contento, e iba a hacer todo lo que fuera necesario para lograrlo.

_
En el próximo capítulo...
"Aquello iba a cambiar. Hablaría con Niall. Le diría la verdad."

*-*-*-*-*-*-*
Bueno queridas lectoras, pues aquí tenéis otro capítulo. Niall piensa hacer todo lo necesario para que Blanca sea feliz... ¿hasta dónde será capaz de llegar? ahdbasdagsd. Pues ya lo veréis JOJO. Y en los dos próximos capítulos van a pasar muuuuuchas cosas, más de las que esperáis JEJE.

Como siempre, POR FAVOR, COMENTAD en twitpic o MENCIONADME cuando lo leáis, es algo muy, muy importante para mí. Vuestros comentarios son lo que me anima a seguir escribiendo.

Nada más, solo deciros que he hecho un vídeo con la canción de Taylor Swift (Red), y os lo dejo aquí por si a alguna os gusta Taylor y queréis verlo, es con fotos de ella :3 http://www.youtube.com/watch?v=HwAAHv9_7kY&feature=plcp Espero que os guste ^^

Os quiero mucho, muchísimo, de verdad, sois geniales, me hacéis sonreír cuando peor estoy. Gracias.


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  • 545 days ago via site
  • 536

SUEÑOS ADOLESCENTES

Capítulo anterior (relacionado con la historia de Blanca y Niall):
La chica se estremeció. Antes de que pudiera pensar siquiera una respuesta, los labios de ambos comenzaron a acercarse, buscando ese beso tan dulce y tan deseado, precedido por las palabras de amor más bonitas que Blanca podía haber esperado.

_
Capítulo treinta y nueve.

Blanca llevaba lo que le parecían horas tumbada en su cama, inmóvil. Algodón había permanecido acurrucado a su lado durante todo ese tiempo. Era como si supiera por lo que estaba pasando su nueva amiga, y por eso no se había separado de ella ni un segundo, a pesar de no estar recibiendo ninguna atención por su parte.

Los padres de la chica se habían marchado toda la tarde y su hermano se había ido con su novia durante un rato para dejarles a Niall y a ella a solas, y aún no había vuelto. Así que Blanca llevaba toda la tarde, desde que el irlandés se había ido, sola, sin ninguna posible distracción de sus pensamientos.

De hecho, llevaba una buena parte de la tarde dándole vueltas a su encuentro con Niall, y también a las implicaciones del mismo. Todavía casi podía sentir los fríos labios de él contra los suyos, sus propias manos agarrando con suavidad el pelo del irlandés, los dedos de él recorriendo su espalda con dulzura, sus cuerpos entrelazados en aquel sillón durante unos minutos que se asemejaban a una eternidad.

Ese era quizás su primer beso de verdad. Lo demás habían sido roces de labios bastante fugaces, pero esto… en este había habido pasión, y había que añadir que en este caso Blanca fue plenamente consciente desde el primer momento de lo que ocurría, y si ese beso pasó, fue porque ambos lo deseaban.

Y luego estaba también la declaración de amor de Niall. Debía admitir que le gustaba, pero no se sentía con fuerzas de empezar algo serio justo después de lo pasado con Iván, ni con Niall ni con nadie. Tal vez fuera una tontería, pero dudaba ante la idea de una nueva relación, sobre todo con la anterior tan reciente.

Suspiró con lo que fue su primer movimiento desde que había caído en la cama. Bueno, su primer movimiento consciente, pues su pecho no había dejado de subir y bajar de forma algo irregular debido a su respiración entrecortada, no sabía si de emoción o de ansiedad.

Aquello tenía que cambiar. Tenía que dejar de sentirse mal porque Niall hubiera empezado a gustarle mientras estaba con Iván. No podía estar así toda la vida, ¿no?

Se puso en pie, sorprendiendo a Algodón, que maulló desconcertado. Blanca lo tomó entre sus brazos y le rascó la cabeza.

-Estás siéndome un gran consuelo, pequeño…

Algodón ronroneó complacido, como si hubiera entendido lo que ella le decía.

Blanca alzó la vista y se encontró con algo que ya había olvidado, o quizás simplemente se había acostumbrado a su presencia, y ya no lo veía. Sus ojos intentaron huir, pero era como su un imán invisible los mantuviera fijos en aquellos dos papelitos que descansaban pegados al espejo. En ellos se veían nítidamente dos palabras: Taylor Swift.

Una punzada de dolor le atravesó el pecho al recordar quién le había regalado esos dos tickets, la ilusión que le había hecho, y lo mucho que había llegado a desear ir a ese concierto con Iván. ¡Cuántas cosas habían cambiado desde el día en que le regaló aquello! Se volvió a tirar en la cama, ahora con los ojos anegados en lágrimas, y lloró hasta quedarse dormida.


El sonido de la alarma la sacó de las pesadillas que llevaba teniendo toda la noche e hizo que se despertara. Miró el reloj. Eran las 7:16 de la mañana, y tenía que empezar a arreglarse para ir al instituto si no quería llegar tarde. Se levantó pesadamente, se puso unos vaqueros y una camiseta cómoda y ancha –sus ganas de arreglarse eran inferiores a cero-, y se recogió el pelo en una cola bastante descuidada.

Se miró al espejo para comprobar que, aunque no muy arreglada, iba presentable. Sus ojos se posaron de forma inconsciente en las dos entradas para el concierto de Taylor Swift. Tuvo que apretar los labios con fuerza para no romper a llorar de nuevo. Ya prácticamente se había acostumbrado a que cualquier cosa que le recordase a Iván la hiciera llorar, si bien no estaba segura de si era por lo mal que se sentía al haberle hecho daño a él de esa manera, o por el dolor que le había causado a ella misma la ruptura, pues, a pesar de haber empezado a sentir algo por Niall, aún quería a Iván, probablemente no tanto como cuando el irlandés todavía no existía para ella, pero le quería.

En ese momento llegó a una resolución. Tenía que devolverle a Iván esas entradas. No creía que a él le gustara demasiado Taylor Swift, pero tal vez su hermana podría pasarlo bien en ese concierto. En cualquier caso, ella no tenía derecho a disfrutar del dinero de su ex novio.

Cogió los tickets y los guardó cuidadosamente en su cartera de Betty Boop: era una que llevaba siempre en la mochila del instituto con un par de euros por si tenía que comprar fotocopias o cualquier otra cosa.

-Milady, el desayuno está servido, vuestra madre os ruega que honréis a la familia con vuestra presenc…

Marcos no pudo terminar de hablar porque su hermana lanzó la almohada en su dirección.

-Si no tenéis hambre, podríais haberlo dicho de otra forma, y si lo que deseáis es que limpiemos la almohada, sólo tenéis que tocar la campanilla y alguien del servicio os hubiera atendido.
-Eres tonto.
-No sé si soportar los insultos entraba en mi contrato… Aunque en mi condición de esclavo, el contrato es un poco “muy” inexistente.

Blanca empujó a Marcos fuera de la habitación al tiempo que salía ella con la mochila colgada en un hombro y su carpeta en una mano.

-Lo que quiero, señor esclavo, ¡es que dejes de entrar en mi cuarto cuando te dé la gana! Se escribe: “quiero intimidad” y se pronuncia: “la próxima vez que te cueles en mi dormitorio sin pedirme permiso te arranco los dientes” –sonrió exageradamente a su hermano.
-¡Señor, sí, señor! –exclamó él, y se llevó una mano a la frente en un gesto típico de los soldados.
-Menudo payaso estás hecho –bufó la muchacha.

Sin embargo, en su fuero interno, a Blanca le estaba divirtiendo el comportamiento de su hermano, y sabía que lo hacía para distraerla de sus penas, objetivo que había conseguido en cierta medida.

-En la época en que nos encontramos se dice “bufón”, milady.

La joven puso los ojos en blanco mientras bajaban las escaleras uno al lado del otro.

El desayuno transcurrió sin demasiada comunicación por parte de ninguno de los componentes de la familia, con únicamente frases cortas y monosílabos; ninguno parecía tener demasiadas ganas de hablar.

De camino al instituto, Blanca se animó un poco más al hablar con sus amigas, pero cuando llegó la hora del recreo y supo que era momento de ir en busca de Iván, se desmoralizó de nuevo.

-Tengo que… bueno, arreglar unas cosas. –dijo a su amiga Elena, y al ver su expresión de duda, añadió:- Luego te cuento.

Caminó hacia la pista de baloncesto, donde suponía que estaría Iván. En efecto, allí le encontró jugando, con la pelota en sus manos. Unas gotas de sudor perlaban su frente, y su expresión concentrada le hacía casi más guapo de lo que era normalmente. Corría a lo largo del campo botando el balón. Cuando se acercó lo suficiente a la canasta, dio dos pasos tan grandes como pudo, saltó y encestó el balón haciendo un mate. Entonces fue cuando su mirada se encontró con la de ella, y al caer, perdió el equilibrio y fue a parar al suelo.

Blanca se sobresaltó un poco, pero al instante se recobró –no quería parecer débil ante él-, y aunque no hizo ningún gesto, le pidió a Iván con la mirada que fuera hasta donde ella estaba.

El joven se levantó a trompicones y dijo algo a uno de los otros jugadores que había en la pista, el cual asintió con la cabeza. Se acercó a la chica con paso vacilante.

Ella le miró e intentó mostrar indiferencia cuando habló, yendo directamente al grano del asunto.

-Tengo algo que es tuyo, sólo quería devolvértelo –dijo, lo más serena que fue capaz.

Iván la miró extrañado, y esperó a que ella sacara algo que buscaba en su mochila. La muchacha le tendió dos papeles que él reconoció al instante.

-Blanca, eso fue un regalo –habló despacio, como si le costase que le salieran las palabras-. Es tuyo.
-Lo sé, pero… -su máscara inexpresiva de indiferencia se desmoronaba por momentos- pero nosotros… tú y yo… íbamos a ir juntos a ese concierto. Yo no puedo simplemente ir con otra persona, o sola, el dinero es tuyo.

Iván la tomó de la muñeca con suavidad y la apartó un poco de la pista de baloncesto y de la gente que había alrededor para que pudieran hablar sin temor a que alguien les escuchara.

-Escúchame –dijo con ternura; siempre le salía ese lado protector cuando estaba con ella-. Yo te regalé esas entradas porque sé la ilusión que te hace ir a un concierto de Taylor Swift. Te di dos, pero te dije que no tenías que ir conmigo. Si la segunda hubiera sido para mí, no te la habría dado para que te la llevaras a tu casa, me la habría quedado yo.

Blanca no pudo seguir fingiendo que aquello no le afectaba, y se le escapó una lágrima.

El chico sonrió con tristeza y le limpió la gota que corría por la mejilla de la joven con su pulgar.

-No, cielo… -casi parecía suplicar- Ya sabes que no quiero hacerte sufrir, así que, por favor, no llores por mí. Es lo último que querría verte hacer. Ve a ese concierto. Disfrútalo. Pídele a alguien que te acompañe, no sé, a una amiga, Elena por ejemplo, o a… -se lo pensó mejor- En fin, a la persona con quien mejor lo vayas a pasar.

Blanca cerró los ojos con fuerza durante un minuto para intentar no llorar.

-Iván, no hagas esto más difícil dándome un amor que no merezco.
-Perdona. No puedo tratarte de otra manera. Lo siento –estaba siendo sincero.
-¡Por Dios! ¿No te das cuenta de que te he tratado fatal? ¿De que mientras estaba contigo me gustaba otro? ¡Te he roto el corazón! ¡Te he engañado! ¿Y lo peor que me haces es llamarme “cielo” en vez de “amor”?

Él se cruzó de brazos, dolido.

-¡¿Y qué quieres que haga?! –era una pregunta retórica, pero Blanca no lo vio así.
-Que me dijeras que no me quieres sería de gran ayuda –susurró ella; la furia de hacía un momento parecía haber pasado, al menos por el momento.

Iván abrió los ojos como platos.

-No entiendo qué tiene que ver, pero lamento decepcionarte. Que lo nuestro haya acabado no implica que haya dejado de quererte.
-¡Tiene que ver, y mucho! –volvió a enfurecerse- ¡Si me odiaras, me sentiría menos una mierda de persona!
-Blanca, no es culpa tuya tener sentimientos y querer a otras personas, deja de sentirte mal por algo que no puedes controlar. Y, al igual que tú, yo tampoco puedo controlarlo. Pero tranquila, ya se me pasará.

Ella se llevó las dos manos a la cara, abatida, sobrepasada.

-No sabes cuánto me gustaría que esto fuera diferente –su voz se convirtió de nuevo en un susurro.
-Puedo hacerme una idea –respondió el chico con tono irónico.
-Por favor, quédate las entradas.
-No.

Blanca suspiró, y se llevó una mano de forma inconsciente al cuello. Entonces notó algo que quizás no había olvidado, pero estaba tan acostumbrada a sentirlo que ya lo consideraba como una cosa suya, y no lo era.

Se trataba de una cadena de acero de la que colgaba una placa grabada. Aquella que Iván le regaló. Aquella a la que él le tenía tanto cariño, la que estaba grabada con la fecha de su primer partido de baloncesto. La chica la llevaba puesta siempre desde que él se la dio, y ya casi era una parte más de su cuerpo.

Tiró con suavidad de la cadena –la llevaba por dentro de la camiseta-, y se la pasó por encima de la cabeza para quitársela.

-Iván, me acabo de dar cuenta… -le tendió el objeto- Esto también es tuyo. Y no voy a aceptar que no te lo quedes porque sé lo importante que es para ti.

El joven cerró la mano de Blanca alrededor del colgante.

-Te lo regalé, ya no es mío. Quiero que lo tengas tú. Sé que, cuando pase un tiempo y lo mires, serás capaz de sonreír. También hemos vivido momentos bonitos. No quiero que sólo recuerdes los malos.

Ella intentó decir algo, pero tenía un nudo en la garganta tan grande que casi parecía estar asfixiándola.

-No… -logró empezar a contestar.

En ese momento apareció Niall, corriendo y resollando por el esfuerzo. Durante la décima de segundo que tardó en recuperar el aliento, tanto Blanca como Iván le miraron desconcertados. Su sorpresa fue aún mayor cuando el irlandés se dirigió al otro chico sin dedicarle ni una mirada a la joven. Algo debía ocurrir.

-Iván, tu casa está ardiendo –dijo finalmente con voz ahogada.

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En el próximo capítulo...
"-Su hermana… su madre… su padre… -sollozó- Pueden estar… -no fue capaz de pronunciar en voz alta sus peores temores."


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Bueeeeeeno. ¿A que no esperabais un incendio en la casa de Iván? Ö Ya, era difícil de sospechar. Y os aseguro una cosa. A partir del próximo capítulo... Las cosas van a cambiar entre Niall y Blanca. Ya os enteraréis de lo que pasa JOJO. ¿Y el beso? Ya, no lo he descrito mucho... Pero no os preocupéis, que todo lo bueno llega *--*

En fin, nada, os pido disculpas por tardar taaaaanto en subir capítulo, pero a partir de ahora va a tener que ser así, de fin de semana en fin de semana, porque este año estoy bastante agobiada con el instituto, y no tengo mucho tiempo para escribir, lo siento.

Como siempre, POR FAVOR, COMENTAD EN TWITPIC O MENCIONADME si leéis el capítulo. No os cuesta nada, prefiero que pongáis solo "siguiente" o cosas así a que no pongáis nada, es muy importante para mí, es mi motivación.

PD: Siento cuando os mando mil veces los enlaces de los capítulos, pero a veces no sé si me ha faltado enviárselo a alguien, y prefiero ser pesada a que no os lleguen los capítulos...

Nada más muchísimas gracias por leer y comentar, os quiero mucho muchísimo.


AbstractLands.

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