Maratón Capítulos 12, 13 & 14

My Sister's Boyfriend

Capítulo 12
Abro un rato mi ordenador y entro a facebook. No tengo casi ninguna notificación, vaya, qué popular puedo llegar a ser justo un día antes de mi cumpleaños. No importa. Rápidamente salta la conversación con Vanessa, quien está dando de brincos por toda su casa, pues el profesor y ella verán una película en su próxima “cita” de trabajo. Me burlo un poco diciéndole que se quedará dormido a plena película y no tendrá tiempo de besarla, justo como hacen todos los chicos en el cine. Ella se defiende diciendo que si el se duerme, aprovechará para besar sus labios sin culpa. Basta. Con ella es imposible, ya no tengo alguna otra broma. 
De pronto salta otra estúpida conversación que me pone de nervios. El sonidito de las conversaciones nunca me ha gustado. Pero lo dejo estar y lo ensordezco un poco poniendo música. Taylor Swift con All Too Well. Esa Taylor me recuerda un poco a la Taylor de mi hermano. Ambas son adorables, sencillas y muy talentosas, pero bueno, esa es otra historia que tarde o temprano tengo que contarles. Me rehúso a dejar que mi hermano de por terminada su historia con ella. A saber porqué. En fin, que la conversación nueva es de Austin y me propone llevarme mañana en la mañana a comer a algún lugar. Me tienta la idea, él conoce restaurantes increíbles. Pero ya tengo todo el día ocupado, no le especifico que voy a comer con el novio de mi hermana, pero le digo que ya tengo un compromiso. El se queda sin responder como por cinco minutos, pero después me suelta toda un saga con palabras graciosas. “No deberías crecer tan rápido” “Recuerdo cuando fue tu cumpleaños trece” “No importa, vas a seguir siendo hermosa” “Siento lo del beso de hoy, pero en serio me gustó”.
¡Whoa! Este chico me pone los pelos de punta. ¿Cómo puede ser tan directo? Claro, es del equipo de básquetbol varonil, un chico como los más populares, con su chaqueta de la escuela siempre, su cabello castaño claro suave y desordenado, claro, siempre y cuando no lleve ese gorro gris con el que lo vi hoy, que supongo es su favorito, sus ojos azules y sonrisa que te hace derretirse a sus pies. Debo confesarlo. Es un sueño. Pero por alguna razón no es mi tipo de chico. No quiero toda esa atención y odio de las chicas de la escuela si alguna vez llego a tener algo serio con él. Y llevamos tanto tiempo siendo amigos que me parece hasta un delito ser otra cosa. Es como Eddie. Como mi hermano. Aunque debo confesar que después del beso de hoy, siento un pequeño interés extra por él. Tal vez debería interesarme más en él, dado a que el chico que me importa aún más está ocupado y va a casarse con mi hermana. 
Me dejo encantar por Austin, pues comienza a contarme bromas graciosas, piropos intencionales, y anécdotas del día. Me dice que de cumpleaños me regalará una fábrica de nutella. Recuerdo de nuevo nuestro beso y me siento culpable. Él está haciendo lo posible por verme en mi día especial. Quiere felicitarme. ¡Ha sido mi amigo por casi catorce años, mierda! Decido ablandar mi corazón confundido y le digo que podremos vernos en la noche e ir a comer algo rápido antes de ir con Vanessa y con Bridgit a ver películas. El casi me da de besos por la pantalla. “Eres muy increíble” “Te morirás e irás directo al cielo” “En serio quiero besarte ahora mismo” “Me encanta la idea” “Déjame sorprenderte nena”. 
Aunque no quiera admitirlo, me encanta que sea así conmigo. Quiero darle una oportunidad. ¿Qué tan malo puede ser? Si es conmigo así de dulce siempre, no habrá problema, ya aprenderé a quererlo. Converso con Vanessa hasta las nueve y media, y me voy de lleno con Austin hasta que mis ojos no pueden permanecer abiertos. El se despide, pues tiene práctica temprano. Yo, sin saber qué hora es, apago la computadora y me voy directo a la cama. Abrazo la almohada y me quedo pensando un buen rato sobre Austin. Y Justin. Oh mierda, casi se llaman igual. Hasta en eso tengo una suerte sarcásticamente bonita. Recuerdo cuando fuimos a una excursión en tercero de secundaria, hace tres años, nos perdimos y Austin, quien fue mi pareja de viaje, nunca me soltó la mano. Nunca. Y como pudo, me ayudó a continuar caminando, pese a que estaba muy cansada. Él ha hecho tanto por mí que me sentiría culpable si no le hubiera aceptado la cita. Dios, el es una buena persona y yo con mi corazón alocado, lo voy a lastimar. Con antelación lo sé. No quiero eso. No quiero perder esa amistad de prácticamente toda la vida. El es increíble. Y siempre ha querido ser algo más, hasta ahora lo sé. Siempre he buscado el estúpido amor, y nunca me di cuenta de que ya lo tenía en mis narices. Me quedo dormida lamentándome de eso. 


“Cuando persigues un sueño, encuentras en el camino muchas señales que te indican la dirección, pero si tienes miedo, no las ves”.- Giovanni Allevi. 


***


Siento un peso enorme y extra en mi espalda y me despierto de golpe. Eddie está encima de mí, dando de saltos alegres y gritando “Feliz día” me molesto un poco, pero luego me divierto y me levanto a su lado para saltar juntos en la cama como niños pequeños. De improviso miro el reloj de mi mesilla y me vuelvo loca. Me ha despertado a las siete de la mañana. Aún tenía una hora para dormir. Corro a darme una ducha y me pongo muy nerviosa a la hora de elegir mi ropa. Será para todo el día y quiero estar presentable. Tengo cuatro citas. Espero no estar muy estresada. Elijo un pantalón negro, ceñido y una blusa común y corriente blanca, algo suelta con la inscripción “Dance” con letra exageradamente estilizada. Mis All Star negros, recojo mi cabello en un moño alto y lo ato con mi lazo multicolor. Directo al maquillaje. Las pestañas encrespadas, y como odio el brillo labial, solo uso uno ligeramente rojo. Listo. Algo de perfume, voy a mi cama y la reacomodo. Todo bien aquí. Tomo una pequeña bolsa que se cuelga de lado, color café de gamuza y meto un pequeño espejo, rímel, y el perfume. Paso por mi mesilla y meto mi teléfono y un paquete de pañuelos desechables. Cierro la bolsa y bajo corriendo hacia el desayunador, para tomar un yogurt. Me encuentro con una sorpresa increíble. Mi madre, mi hermana y Eddie están delante de mí, con un pastel de chocolate especialmente para mí. Las velas están encendidas y me piden que sople. Pido un deseo. Ser feliz. No sé si para toda la vida, o en este día, pero quiero ser feliz. Todos me dan un abrazo sincero y mi respectivo regalo. Mi madre me entrega mi cajita con el lazo rojo y me guiña. Luego le contaré como resultó todo el lío del iphone. Cuento la mitad del dinero, y por debajo de la mesa, le paso lo que le debo a Eddie. Con lo que me queda, aún puedo gastarlo en algo que me guste, o simplemente ahorrarlo. Alicia me regala un collar con un dije en forma de luna menguante. Todo es color dorado. Me encantó. Eddie me regala un libro llamado “El puente Roto” me gusta. Se ve interesante. Como una rebanada de torta de chocolate, y escucho el claxon justo afuera de casa y me apresuro a ir al baño, cepillarme los dientes y vaciar lo innecesario. Qué gracioso. Corro hacia la puerta y me despido de todos con un grito y les agradezco su sorpresa. Ya le había contado a mi madre con antelación que iba a estar todo el día fuera. Lo tuvo que aceptar. 
Corro hacia el auto que sé que es de Justin, y abro la puerta. Al entrar me encuentro con el Justin increíble y me olvido por completo de la oportunidad de Austin. Soy una perra y me voy a ir directo y sin escalas al infierno.


-¿Cómo se encuentra el día de hoy la chica del cumpleaños?- me pregunta con un tono juguetón y pica mis costillas.- Por cierto, amé el teléfono.
-Me va muy bien gracias.- le regreso la broma de las costillas y después subo mis pies al salpicadero, con una expresión indiferente.- Debería de gustarte ese teléfono. Debería…
-Como también deberías bajar esos pies de ahí.- señala mis All Star, que están haciendo daño a parte de su auto.- ¿Sabes porqué me gusta mejor llevarte en motocicleta?- me escruta. Yo finjo que no sé la respuesta y me encojo de hombros.- Así no dañas nada, aunque pensándolo bien, dañaste mi teléfono…
-¡Imbécil!- golpeo su brazo y me burlo.- Ya, vamos, tú… conduce.- una ligera culpa me invade nuevamente.- En serio siento lo de tu antiguo teléfono. 
-Ya basta de eso.- me regañó, sin dejar de ver hacia el frente.- Eso es pasado, además era algo material, si lo perdía no haría daño. Tú los soltaste por instinto. Porque necesitabas sostenerte a mí sino caerías. Fue mejor perder mi teléfono que perderte a ti.


Okay, mi corazón no puede estar más feliz. El es un tierno. Maldita Alicia de verdad tiene un gusto estupendo para los chicos que elige. Escondo mi rostro sonrojado y miro hacia la ventanilla, esto no está funcionando, mejor cambio la conversación.


-Vamos hombre. ¿Piensas quedarte ahí sin conducir?- pregunté altaneramente. El solo se rió.- Puedo bajar ahora y buscar que otra cosa hacer en el día de mi cumpleaños… como ir a un centro comercial y ocultarme en una Sex Shop.
-¿Tienes idea de a dónde te llevaré?- dice intentando no reír. Enciende el auto y lo pone en marcha.- Estarás conmigo por las próximas cuatro horas y media. 


Con ese pensamiento, mi corazón toma vida propia, le salen ojitos, boquita y una tierna sonrisa. Alguien le pasa unos pompones de animadora y los agita diciendo “Es tuyo por cuatro horas y media nena”. 


-No lo sé… te dije que me sorprendieras.- me tapo los ojos con ambas manos y bajo los pies del salpicadero.- Vamos… no estoy viendo nada. 
-Vale, espera.- detiene el auto, y enciende la radio. Hit the lights. Me gusta.- ¿Qué tal si nos perdemos a nosotros mismo hoy? – Se aclara la garganta.- Eso nos ordena Selena Gomez. 
-Si, si.- aplaudo y me destapo los ojos.- Si no quieres que tenga mies pies en el salpicadero, entonces tendré que hacer esto.


Me coloco de lado en el asiento, y saco mis pies por la ventanilla. Escucho la risa contagiosa de Justin y a continuación escucho la parte de la canción que dice “let the moment take you…” okay. Me dejaré llevar por el momento. Todos los problemas han pasado a segundo puesto. Muevo mis pies al ritmo de la música y canto la canción. De vez en cuando, me “dejo llevar” y grito, emocionada. Después sigue otra canción, y otra, y luego un juego de radio para ganar boletos para algún concierto. Todas las canciones hoy me parecen hermosas. Miro a Justin y él está entusiasmado. Me mira de vez en cuando y me hace una broma. Se ve impresionante hoy. Típico. Pantalones negros, camisa blanca y una chaqueta negra de cuero. Ya se que usa supras hoy. Miro su cabello. Con el sol se vuelve dorado. Y sus labios se ven tan besables… 


-¿Qué tanto miras?- me pregunta, despertándome de mis sueños.- Hemos llegado.
Me levanto de mi posición extraña y me doy cuenta de dónde estamos. Es increíble. Es la playa. ¿Cómo llegamos tan rápido? Miro a mí alrededor y después lo veo a él, ahora está a mi lado, algo tímido y con una sonrisa impresionante en su rostro. No me lo puedo creer, en serio que no. estamos en el restaurante donde nos tomamos nuestro batido de fresa la vez que nos conocimos.



“Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces” - Marco Valerio Marcial.

Capítulo 13
Entramos al lugar y todos parecen ser sacados de un cuadro de recuerdos. Dos chicas charlan amigablemente en una mesa a un lado de la barra y miran a Justin cuando él pasa a su lado. Luego me miran a mí y casi parecen querer tener un botón para borrarme y dejarles el campo libre y coquetearle descaradamente. Pero no. No se los voy a permitir, pues Justin está conmigo hoy y no dejaré que nada ni nadie lo arruine. Es mi cumpleaños. Lo viviré plenamente y estaré feliz. No me doy cuenta de que él ha ordenado por mí. Toma mi mano tan suavemente, que creo que si hago un movimiento mal, toda la magia se irá. Me sostiene de la cintura y me guía a mi asiento. El mismo que dejamos atrás hace unas semanas. Me siento en el mismo espacio y lo miro fijamente. Está orgulloso de su sorpresa. Cruza los brazos por encima de la mesa y se inclina hacia adelante. 


-¿Y bien?- pregunta satisfecho.- Me pareció una buena idea traerte aquí y hacer un homenaje a nuestra amistad.- vaya… amistad. Eso es todo.- Vamos, me estás matando de nerviosismo. Quiero saber si mi plan salió bien.
-Justin, es increíble, de veras.- le sonrío agradecida por lo que ha hecho.- No debiste hacer todo esto, de verdad pensé en algo más simple. 
-¿Me estás llamando simple?- se vuelve hacia la ventana, sonriendo y fingiendo estar ofendido.- Vaya… yo haciendo mi mayor esfuerzo y tú… me llamas simple.-chasquea su lengua repetidas veces y niega con la cabeza.- No puede ser. Eres, eres…
-Ya basta.- le reclamo tomando sus manos.- No me hagas sentir peor. En serio no necesitabas hacer todo esto, a eso me refiero.- insisto, no suelto sus manos, el aprieta las mías con fuerza.- Me siento especial cuando haces este tipo de cosas por mí.
-Deberías.- su mano derecha sube por mi brazo, acariciándolo y después sube hasta mi barbilla y la masajea con su dedo meñique.- Porque tú eres una chica muy especial. Hermosa, divertida y única. Así que no es malo sentirse especial. Porque lo eres. Para mí.


¡Oh por Dios! Mi corazón en este momento salta de felicidad, utiliza fuegos artificiales, salta entre luces y papelitos de colores, haciendo un Harlem Shake solitario. Estoy roja a más no poder y Justin lo nota. Me mira tan… es increíble. Muerde su labio inferior y traza con su lengua el mismo camino. Miro hacia mis manos, y el las tiene completamente atrapadas con la suya. Me vuelvo hacia él y está acercándose a mí. Acerca su cabeza más y más cerca, casi rozamos. Mierda, mierda. No sé que hacer. Aspiro su aroma cercano y me siento desfallecer. De nuevo me veo con sus labios a poca distancia de los míos. En serio me quiere matar.


-Desayuno completo.- anuncia la chica que nos ha traído nuestros platos con comida.- 
-Gracias.- decimos al unísono, mientras volvemos a sentarnos rectos y recibimos nuestro plato.-
-¿Algo más en lo que pueda ayudarles?- encima amable la chica… ¡esto no puede ser!- 
-No, gracias.- espeta Justin sonriéndole amablemente.- Que tengas buen día.
-Gracias.


La chica se aleja, extrañamente feliz. Casi ningún cliente le ha dicho eso. Puedo apostarlo. Justin es fenomenal. Nos sonreímos y comenzamos a comer la deliciosa comida. Waffles con fresas y moras, y exceso de miel. Y claro, nuestro batido de fresa habitual. No hablamos mientras comemos, solo nos dedicamos miradas que expresan algo como “esta comida es deliciosa” “no puedo hablar, estoy enamorándome de la comida” y ahí me paro en eso. Yo no me estoy enamorando de la comida. Me estoy enamorando de él.
Cuando terminamos de desayunar, caminamos lentamente hacia la playa. Un poco menos silenciosos, pues ya ha pasado algún tiempo. Él saca su teléfono y me presume que ya tiene las canciones que contenía el antiguo. Rebusca en su playlist y elige una canción de Metálica. Me gusta. Cantamos en voz baja mientras nos dirigimos a la playa. Poco a poco vuelve la confianza perdida en ese intento de beso fallido, y me vuelve a tomar de la mano, y nos volvemos locos cantando el coro de todas las canciones que van apareciendo. Nos quitamos nuestros zapatos y caminamos descalzos por la arena ligeramente caliente. Nos sentamos en un espacio debajo de ésas tipo sombrillas hechas con palma o algo así. Abrazo mis rodillas y lo miro… se me ocurre algo que decirle para tratar de calmar esta situación.


-Estoy interesada… ¿cómo le pediste a mi hermana matrimonio?- la verdad es la única salida que me queda. Soy una masoquista.- Vamos, no se lo contaré a nadie.
-Bueno…- se rascó la cabeza, pensativo, como si intentara recordar hasta el más mínimo detalle.- Fuimos a una cena con sus amigos.- no tiene ninguna expresión en su rostro. Es extraño. Debería de recordarlo felizmente.- Peleamos un poco, pues yo quería irme, y ella no. Estaba un poco dolido y salí a tomar aire fresco. Ella salió y se disculpó conmigo tantas veces, que parecía ser que estaba diciendo una especie de acertijo.- suelta una risa seca. Y evita mi mirada- Me abrazó, yo la besé y le dije. “Casémonos”. 
-¿Y ella lo aceptó rápidamente?- estoy sorprendida. Mi hermana… es una… estúpida.- 
-Sí.- asintió. Mirando la playa.- Después de eso, ella me preguntó que si hablaba en serio, yo asentí y pues… mírame ahora.
-No pareces muy contento con la idea.- lo escruto. El me mira y trato de buscar en sus ojos algún signo de que me está pidiendo ayuda. Lastimosamente lo encuentro.- Justin, Alicia puede llegar a ser irritante a veces, pero es una buena persona. De seguro está muy feliz, es muy afortunada de tener a un chico como tú, la verdad.- me encojo de hombros y decido darle el siguiente paso a la operación “solo amigos”.- Necesito un consejo. Tal vez tú puedas ayudarme. 
-Lo que quieras.- su rostro se ilumina, por el simple hecho de cambiar de conversación.- Vamos, dime.
-Lo que pasa es que tengo un amigo… casi de toda la vida.- juego con mis dedos nerviosamente. Me siento mal, pero tengo que terminar con esto. Él se casará con mi hermana… no hay ningún problema.- Él quiere algo serio conmigo, pero yo no puedo. Es decir… siento que es como salir con mi hermano. 
-¿Y qué se supone que puedo decirte?- se encoje de hombros y veo su mandíbula tensarse.- Si te gusta… si él es buena persona contigo, no veo problema. ¿No tienes algún otro chico que sea mejor que él?
-En absoluto.- miento. De todas formas a él no le intereso ¿verdad?- Él es mi mejor amigo, me apoya en todo y creo que debo darle una oportunidad.- reflexiono. La verdad me siento mal, pues sé que lo estoy dejando ir. Pero… bueno… nunca lo tuve.- Nadie más me quiere de la forma en la que él lo hace. Nunca nadie me ha tratado igual de especial que él.
-¿Te ha besado?- pregunta de improviso. Lo miro y sus ojos están perdidos en mi rostro, al darse cuenta de que me ha vuelto hacia él, baja su mirada a la arena.- 
-Sí.- no quiero decir mentiras. Mierda, estoy matándome por dentro.- Lo hizo ayer en la mañana, antes de entrar a clase. Él nunca había hecho eso, y me dejó muy confundida. Hablé con él por la noche y la verdad me dejó claro con indirectas que quiere estar conmigo. Y sé que nunca me va a lastimar.
-Bueno…entonces…- suspira, levantando su mirada de nuevo.- Entonces te diré que lo hagas.- asiente, rendido y sin pensar dos veces. Vaya, en serio… nunca se ha fijado en mí.- No te hace daño una oportunidad.- toma mi barbilla y la acaricia con dulzura.- ______ por favor no te subestimes. No sólo tu amigo está loco por ti.
-Claro…- comenté sarcásticamente, intentando no echarme a llorar.- Yo soy la típica chica que solo tiene amigos. No sale con  nadie nunca y el idiota que me gusta está saliendo con otra.
-¿Entonces tu amigo tiene novia?- preguntó. La ira se acumuló en sus ojos y llegó a darme un poco de miedo.- ¿Ese bastardo quiere que tú salgas con él cuando ya sale con alguien mas?
-No Justin.- le aclaré.- Él no es el chico del que hablé esta vez.- me encogí de hombros y lo tranquilicé- Solo digo que algunos chicos que me gustan ya están ocupados.- intenté no dejarlo solo en “un chico” sería muy obvio.- Mi amigo es el único que me ha esperado desde siempre. Sí ha salido con chicas, pero nada serio. 
-Bueno… debes darle una oportunidad.- oh Dios mío. Está demasiado cerca. ¡Retrocede! Estoy intentando olvidarte, ya que es imposible.- Si te llega a ofender… sabes que yo puedo partirle la cara. ¿Hecho?
-Hecho.- contesté, con una media sonrisa asomándose en mi rostro.- Gracias, muchas gracias de verdad.- me acosté en la arena y lo miré.- Está fresco aquí. Debes intentarlo… se siente muy bien.- tomé su mano e hice que se recostara a mi lado. Mirando entre las palmas de la sombrilla. Algunos rayos del sol entraban por éste, pero no llegaban a lastimarnos tanto los ojos.- Desearía vivir en la playa.
-¿Porqué?- preguntó él.- Hoy muchas tormentas. No quieres eso.
-Bueno, supongo que me gustaría vivir en una casa de ésas que ponen casi en la punta de los rascacielos.- hago corazones en la arena con mi índice sin mirar.- Las olas enormes no llegarían hasta allá. Mi sueño es graduarme como trabajadora social, y mudarme cerca de la playa. Tener a alguien a quien amar, casarme y después de un años de viajar por hermosas partes del mundo, formar una familia y quedarnos por siempre juntos.
-Buena idea.- Justin se levanta sobre sus hombros y me mira.- La verdad me encantó tu idea. Tal vez la copie.
-No necesitas copiarla.- giro mi cabeza hacia él aún en la arena.- Tú debes tener tus propios sueños e inspiraciones y todo eso. ¿O no?
-Bueno…- apretó los ojos, fingiendo recordar. Amo cuando hace eso.- Me encanta la música. De pequeño quería ser algo así como una estrella de rock.- deja salir una risa inocente de sus labios. Yo le pongo toda la atención posible.- Pero ahora solo quiero lograr ser feliz y estar conforme con todo lo que he hecho a lo largo del tiempo. Solo eso. No importa cual sea el precio de mi felicidad. Si me hace feliz, lo haré y listo.
-Entonces eres de esas personas que viven el presente.- asentí.- Me gusta eso.
-Bueno señorita… ya no más preguntas.- se levanta, se sacude la arena de los pantalones y ofrece su mano para ayudarme a levantar.- Vamos hacia la segunda parte de la sorpresa. ¿Te parece?
-Está muy bien.- tomé su mano y me levanté. No me dio tiempo de sacudirme la arena de mi ropa y me llevó corriendo hacia fuera de esa arena blanca.- ¡Hey, para! 
-¡No quiero llegar tarde! - gritó sin soltar mi mano y corrió más rápido conmigo detrás de él.- 


Corrimos por un malecón lleno de turistas y personas mayormente de edad media con shorts y cámaras fotográficas. Un montón de monumentos hechos con arena quedaban justo debajo del malecón y las olas del mar rompían en unas piedras a lo lejos. Cada vez que nos acercábamos más, la playa se cerraba y las olas chocaban con la gigante muralla que hacía dicho malecón y la brisa nos llenaba. Pasamos por una preciosa fuente de ésas de las que tienen ritmo o algo así, enorme. Y fuimos de lleno hacia un pequeño edificio a lado del final del malecón. Entramos y había un pequeño recibidor, y una recepción de madera donde se encontraba detrás un chico moreno muy amable. 


-Hola.- saluda Justin.- Tengo una reservación por dos horas. De clases.- soltó mi mano y subió las dos al mueble de madera.- Están a nombre de Justin… Bieber. 
-Verificaré.- asintió el chico sin quitar la sonrisa de su rostro.- Veamos… aquí está.- se vuelve hacia nosotros y nos entrega una especie de credencial.- Vayan al fondo, ahí está su instructor, y les dirá qué hacer con los equipos.


¿Equipos? ¿De qué habla? Intento saberlo, investigarlo con la mirada. Pero en la pared solo hay un certificado viejo, una foto de muchos deportistas y un viejo barco de madera en un soporte también de madera. Me encojo de hombros y sigo a Justin hacia el fondo del lugar. Llegamos hacia una especia de pasillo cerrado y ahí nos espera un chico igual de moreno que el anterior, solo que un poco más musculoso y más alto. Debe ser su hermano o algo así. Hay un cierto parecido. El chico nos dio la bienvenida y abrió una puerta hacia una bodega enrome. ¿Qué mierda? ¿Es un secuestro? Ah no. Colgados hay un montón de trajes de buceo de todos tamaños y colores. Digo mi talla y me entregan uno verde con gris y me indican dónde están los vestidores. Cuando salgo, me encuentro con Justin usando un traje parecido, solo que es un verde más oscuro, con negro. El instructor, también trae el suyo y nos lleva al otro lado de la bodega a tomar unas tablas de surf. Mierda. ¿Surf? Moriré ahogada. 

Capítulo 14
Después de una clase intensiva con todas las reglas, entrenamiento básico en un simulador y pruebas algo psicológicas, (supongo que para que no pase ningún accidente) nos dirigimos a la puerta del fondo del lugar y al abrirla, nos encontramos con una playa privada con olas mas o menos grandes. Muchas personas están practicando surf en las olas, unas toman el sol y otras corren con sus tablas de un lado a otro. Unos más avanzados que otros. A algunos metros, hay un pequeño restaurante donde muchos aprendices están sentados conversando, descansando y tomando algo. Unas bocinas negras altas retumban con alguna canción animada y conocida. Creo que es “Crazy In Love”  Tomo mi tabla como puedo y caminamos hacia la orilla del océano. 


-Éste era otro de mis sueños.- me susurra Justin cuando caminamos detrás del instructor, con el sol dándonos de lleno en la cara.- Siempre me ha interesado el surf.


Me río. No sé porqué, pero ésa pudo haber sido la frase más divertida que él ha dicho desde que lo conocí. Se está abriendo conmigo. Me hace sentir especial.


“Estamos hechos del mismo material de los sueños” – William Shakespeare. 


El instructor nos fue diciendo paso a paso qué hacer cuando venga una ola buena, y también nos dio otra charla intensiva sobre la seguridad. Después hizo que entráramos al agua. En la parte aún baja. Colocamos nuestra tabla en el agua y subimos a horcajadas sobre ella. Remamos con las manos y nos dirigimos hacia un poco más adentro. El chico nos indicó qué ola podría ser la nuestra y le avisó a Justin primero. Él tomó la ola a la perfección. Subió a la tabla justo a tiempo y mantuvo el equilibrio hasta llegar a la orilla, cuatro o cinco metros más adelante. Regresó, recostado en su tabla y remando con sus brazos. Ambos me miraron, haciéndome saber que ya estaban listos y que me tocaba a mí arriesgarme. Por favor Dios ayúdame a salir de esto con vida. 
El chico moreno me indicó que era hora de salir. La ola estaba llegando. Era perfecta, según él. Desvié mi mirada hacia Justin y el me regaló una sonrisa de apoyo. Remé un poco hasta llegar a estar frente a la orilla. La ola llegó por mis pies y rápidamente me paré sobre la tabla. Cerré los ojos y era peor, así que los abrí y me concentré al máximo para no caer. ¡Lo estaba logrando! ¡Lo hago, estoy surfeando! Doblé mis rodillas y la ola me impulsó hacia adelante, casi llego a la orilla y me dejo caer hacia un lado de la tabla y al salir grito de alegría. Lo hice. Lo hice. Estoy tan eufórica, que salgo del agua, tomo mi tabla que aún está atada a mi pié y me siento en la arena para desatarla. La dejo en el piso y me pongo a hacer locuras, gritar y saltar y me dejo caer en la arena y miro el cielo azul. El sol me da en los ojos y los cierro. Siento un movimiento a mi lado y abro los ojos. La mirada de Justin está fija en la mía y está encima de mí. Con sus manos a mis lados haciendo soporte a su cuerpo. Aún sigo eufórica, emocionada. Ebria de amor, de triunfo y felicidad. Tomo sus mejillas y lo atraigo hacia mí. No me puedo aguantar ni un momento más. Hago presión sobre sus labios, contra los míos. Él se deja caer lentamente sobre mí y  me abraza. Yo enrollo mis brazos en su cuello y saboreo sus labios salados y dulces al mismo tiempo. Esto está mal… no quiero estar bien. Besa tal y como lo había imaginado. Tal vez mejor. Mierda, debí hacer esto desde hace tiempo. 
Nuestros labios tienen una sincronización increíble. Siento su sonrisa en mis labios. ¿Lo hago feliz? ¿Lo estoy haciendo tan feliz como él me hace feliz a mi? Acaricia mi cintura con ambas manos y muerde mi labio inferior. Me siento consumida. Hipnotizada. Estoy enamorada.


“En un beso, sabrás todo lo que he callado” – Pablo Neruda. 


-Lo siento ______.- dice Justin sacándome de mis pensamientos.- No debí… lo siento, no sé porqué lo hice.- se levantó, y se hizo a un lado sentándose en la arena y cubriendo su cara con sus manos.- Me dejé llevar por la emoción. Perdona.
-No.- negué con la cabeza y me senté de nuevo, a su lado.- Perdóname a mí. Es decir… no debí hacerlo, eres el prometido de mi hermana.
-Desearía que no.- Justin se levantó de su asiento, con su semblante aturdido, molesto y yo me quedé sentada y en shock.- 


Corrí hacia dentro del edificio, y entré a los vestidores. Me entregaron mi ropa y después de ponérmela, fui por mis cosas, me limpié el rostro de los rastros de rímel y lo volví a aplicar correctamente. Salí de nuevo a la playa a buscar a Justin. Saqué mi teléfono e intenté llamarle, pero olvidé por completo que tenía el número de su antiguo teléfono, no del actual. Nunca recordé anotarlo o pedírselo. Mierda. Me senté en la barra y compré un agua embotellada. Solté mi cabello y lo acomodé un poco, para volverlo a atar en un moño algo alto y desordenado. 
No quiero llorar. Aunque todo esto es mi culpa. Es decir… yo lo besé. Pero, oh, él se dejó. Me abrazó y hasta me mordió mi labio. Inconscientemente hago lo mismo y lo recuerdo. Aún tengo su sabor en mi mente. Estoy algo mareada. No sé si es porque estoy a punto de llorar, o por el efecto del sol. Me levanto del asiento y entro de nuevo a buscarlo. Espero fuera del vestidor de hombres y mi celular comienza a vibrar. Número desconocido. Lo abro y leo el contenido: “Lo siento por lo que pasó, en un momento iré por ti nena. En verdad lo siento.” Supongo que es de Justin. Suspiro y me quedo recargada en la pared mirando hacia el techo. ¿Porqué el dijo que desearía no ser el prometido de mi hermana? ¿Es una clase de señal que quiere darme? Dios mío. Me siento culpable.
La puerta de los vestidores se abre y Justin sale de ahí. Me mira y esboza una débil sonrisa. Yo la devuelvo, y no sé que hacer. No puedo más. Aspiro hondo y hago una especie de puchero que odio. No quiero llorar, pero esto es definitivo. Una lágrima resbala por mi mejilla y no me controlo. Un sollozo sale de mi garganta y tapo mi rostro con mis manos. 


-Oh… nena.- siento los brazos de Justin rodeándome. Escondo mi rostro aún tapado con mis manos en su pecho. Otro sollozo. No me puedo controlar. Me siento una basura, una zorra.- No llores por favor. No fue nuestra culpa, después de todo. 
-Lo siento mucho… yo, solo…- sacudo la cabeza desesperadamente y mejor callo. No sé que decir después de esto.- Mírame… soy un desastre.
-Basta.- besa mi frente y me aparta de él, tomando mis hombros con sus manos.- Eres una llorona _____ Brown.- de nuevo vuelve a ser el Justin divertido.- En serio. Soportaste la humillación de entrar a una tienda sexual, eres una rebelde a la hora de poner tus pies en el salpicadero y dañar mi auto, gastas todos tus ahorros en algo que no es para ti, me ganas en la guerra de columpios, eres una fiera en el surf… y lloras por esto. ¡Por favor! 
-Perdóname.- río mientras seco mis lágrimas.- 
-Está olvidado. No pienso arruinar tu cumpleaños.- toma mi cabello, sujeta los palillos y el lazo y lo quita. Haciendo que mí cabello desordenado y un poco húmedo, baje. Está  suelto. – Así está mejor.


***


Ashtrays & Heartbreaks. Me sé el coro de memoria. Justin y yo cantamos mientras él conduce de regreso a la ciudad. Esta vez, me dejó subir mis pies a donde yo quisiera. Bromeé colocándolos encima del volante, él los tomó y los puso en el salpicadero.


-Creo que estabas mejor así.


Como lo dije, me encantaría quedarme a vivir en la playa, pero aún tengo tres citas pendientes y apenas son las tres de la tarde. Pensándolo bien, es algo tarde. Llamo a mi padre, avisando que llegaré un poco más atrasada de lo normal. Él se burla diciendo que he estado muy solicitada solo por tener la mayoría de edad para conducir sin supervisión. 
He dejado mi cabello suelto, como a Justin le gusta. Después de ese abrazo en el pasillo, no hemos vuelto a tocar el tema del beso. La verdad me gustaría decirle que fue intencional, pero no quiero que se moleste. Tengo que mentirle. Es lo que más odio. Siento que él está siendo muy sincero conmigo y yo le juego mal. 
Otro problema. No quiero salir con Austin después de lo que pasó. Me siento hipócrita al intentar ser amable y solo le estoy dando falsas esperanzas. ¿Por qué es tan difícil decir la verdad? Quisiera decir todo lo que pienso sin miedo a que todo resultara mal. Que todos lo tomaran bien y siguiéramos sin ningún problema con nuestra vida. Pero no es así. No hay esperanza acerca de eso. Y lo peor es que no sé quién será el culpable. 
Lo único que sé es que estoy cansada y lo único que quiero es dormir.


“El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios.” – Séneca.

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Espero que les haya gustado el maratón.
Fue mi idea de un cumpleaños perfecto, no sé ustedes
lasdññdsnñlnsdñlsdnñl OMG tuvieros un poco de todo
beso, celos, verdades... mnkfldsnfklds 

Gracias por ser tan geniales. Las amo.
Prometo que habrá más maratones.

#BienvenidasNuevasLectoras 
#MuchLove 
#FelizFin

*Si no te avisé o te avisé dos veces, regáñame bonito, ah. 
*Tu comentario es importante.
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*Si cambias de user, avísame para seguirte mandando el link del capítulo.

Mafer.