All that matters.

@diana97LovesJB

16. #Beliectioner #14/03/13 #31/10/12 #4/06/13 LOLERS ∞ Enamorada de mis libros. Intento de escritora. Shadowhunter en los ratos libres. Divergent. S2FD.

Cap. 63 "Promesas"
En el capítulo anterior...

-Buenas noches, señorita.-dice Berta cabizbaja y muriéndose de la vergüenza. 
-Buenas noches, Berta. Te he dicho un millón de veces que me llames Diana.-asiente con la cabeza, roja como un tomate-¿Podrías prepararnos algo ligero para la cena?-pregunto.
-¿Le parece bien una ensalada?
-Perfecto. Y tutéame.-asiente de nuevo.
----------------------------------------------------------------------



-Héctor, lo dejo. Quiero abandonar esta vida de mierda.-mi voz se cuela por mi garganta y sale ronca. Sé que no le va a gustar lo que le estoy diciendo.
-¿De verdad vas a jugarte la vida por esa chica? Porque es por ella, ¿no? Es una maldita rica más, todas son iguales. Acabará dejándote por uno de la clase alta que pueda darle de todo, después de acabar moribundo por su culpa.-cierro los puños con fuerza. No va a hablar así de ella, no delante de mí. 
-Me da jodidamente igual lo que pienses, lo haré y se acabó.
-Eres mi hijo, no quiero tener que apalizarte, y sabes que si esa es tu decisión lo haré.-dice, sin ni siquiera mirárme a la cara. Tan solo se concentra en sus asquerosos zapatos llenos de barro por la tormenta de hoy.

No le importaría tener que ser uno de los que me zurren hasta casi matarme por salir de la banda. Siempre he sabido que me tiene rencor. Me considera el culpable de su miserable vida. ¡No fui yo el que dejó a mi madre embarazada con diecisiete años, joder!

-Pues tendrás que hacerlo, porque mañana iré al almacén. Asi que prepara tus mejores golpes, los vas a necesitar.
-Suenas muy decidido...-dice levantando la vista hasta mí.

Es por ella. Tengo que estarlo.

-Lo estoy. 
-¿No fue ella la que hizo que te apuñalaran?-automáticamente miro mi brazo. Maldición, todavía me duele. Seguramente la herida acabará sangrando en medio de la paliza.
-Deberías mantener esa boca cerrada, papá.-la palabra "papá" suena agria después de todo esto-Fui al intercambio para salvarte el pescuezo, y fuiste tú el que me metió en este mundo.
-Es un modo fácil de ganar dinero.-se excusa, encogiéndose levemente de hombros.
-¿Fácil? Eso me hiciste pensar al principio. Pero muchos de mis amigos han muerto ganando dinero "fácil".-espeto.
-Tú vales para ésto.
-Yo quiero ganarme la vida honradamente, Héctor.
-¿Con qué estudios, Justin? No sabes hacer una mierda.
-Quiero ir a la universidad.-Lo solté. ¿Lo he hecho? Sí. 

Admiro la expresión de su cara. Quiero ver su reacción, la cual desemboca en una fuerte carcajada de burla. 

-Seguro que te aceptan.-dice en cuanto puede parar de reír. 
-Eres una mierda de persona, PAPÁ.-digo enfatizando la última palabra. Su cara cambia totalmente y se vuelve seria. 

Salgo de un portazo que hace vibrar toda la casa, y me dirijo hasta mi moto. La cual Ryan me ha perdonado a pesar de haber perdido la apuesta de una manera aplastante. ¿A quién se le ocurriría aceptar ese tipo de apuesta sabiendo que la perdería de cualquier modo? 


Diana

Unos golpes desde la ventana me despiertan. Genial. Otra vez lloviendo. Malditas tormentas de verano. No podré volver a dormirme por lo menos en media hora. 
Miro a María, quien duerme con la boca abierta hacia el techo, soñando con quién sabe qué.
Más golpes chocan contra la ventana. 
¿Qué tipo de lluvia es esa? Parece que está granizando más bien. Me levanto de la cama, acalorada a pesar de que las noches y el clima de verano en este país no sean tan altas. Me asomo a la ventana y descubro que no llueve, ni mucho menos está granizando. Los ojos se me abren como platos cuando diviso entre la oscuridad de la noche a Justin con un par de piedras en las manos. Las suelta en cuanto me ve, y sonríe, de una manera que me contagia. ¿Por qué tiene que ser tan...perfectamente imperfecto?
Abro la ventana, dejando que el fresco de la noche entre en contacto con el calor que se había acumulado en la habitación. Él se acerca a las enredaderas pegadas a la fachada de la casa, y mi impresión de que va a comenzar a escalarla de un momento a otro se cumple. Trato de no mirarle por el miedo a verle en el suelo de repente, y aprovecho para ver la hora. ¡Las tres de la madrugada! Madre mía, éste hombre está loco. Vuelvo mi cabeza de nuevo y me encuentro con su cara a no demasiados centímetros.

-Estás loco.-le susurro. 
-¿Llevas sólo una camisa?-ignora mi afirmación y sonríe maliciosamente. Una sonrisa que me recuerda a viejos tiempos.
-No te propases, puedo hacerte abrazar el suelo con sólo un empujoncito.-ríe, mostrando su perfecta dentadura. 

Salta la ventana y se cuela dentro de mi habitación. Lo primero en lo que su mirada se clava es en la cama, donde María se encuentra en la misma posición que antes, tratando de cazar moscas con la boca. Me mira confuso, y divertido a la vez. ¿Qué tiene esto de gracioso, además de los ronquidos que empiezan a sonar desde la profundidad de la garganta de mi mejor amiga? 
Le empujo fuera de la habitación y cierro la puerta cuidadosamente, tratando de hacer el menor ruido posible. 

-¿Qué haces aquí?-digo cuando le he arrastrado hasta la habitación de papá. Su mano se enrolla a la mía gracias a sus dedos, mientras su mirada se vuelve ardiente y tierna a la vez. Mierda, esa mirada, esa expresión agresiva en la cara...Saludemos al antiguo Justin, no pasa por aquí muy a menudo. 
-Me apetecía verte.-sus ojos se ablandan un poco, y la ternura va ganando terreno, pero no por mucho tiempo.
-¿Sólo verme?-pregunto. No estoy segura de si con la intención de provocarle o si tan sólo por curiosidad.
-¿Querrías que hiciese otra cosa?-está jugando sucio, no vale. 
-Bueno...No te lo impediría.-mascullo ya totalmente intimidada por su furtiva y depredadora mirada.
-Dime qué no me impedirías.-carajo, eso no me lo esperaba. Se mantiene firme, abrazado a mi medianamente. Con tan sólo una mano apoyada en mi espalda y la otra enredada en la mía.

Miro hacia abajo, hacia nuestros pies. Parece mentira que después de todo me siga dando vergüenza pronunciar una simple palabra: "sexo" 
Pasa la mano que acariciaba mi espalda a mi mejilla, y la acaricia también con la yema de sus dedos, y cierro mis ojos, sintiendo el contacto. Sus dedos tocan mi labio inferior, y muerdo uno de ellos sin ejercer fuerza. Puedo oírle sonreír, estoy segura. Instintivamente abro los ojos y me lanzo a sus labios, besándolos con fervor al no poder soportar la enorme necesidad de su sabor con el mío juntos.
De pronto se separa, dejándome con una respiración más jadeante de lo normal.

-Todavía no me has dicho que no me impedirías. Necesito saberlo.-dice de la misma manera en la que se encuentra mi respiración.
-Ya lo sabes.
-Quiero oírlo salir de tu boca.-exige. Reúno valor y lo suelto. 
-No te impediría que me hicieses el amor.-me ruborizo. Sé que mis mejillas se ven tan ardientes por fuera como las siento por dentro.
-Oh nena, necesitaba eso.-me besa, aún con más pasión que la vez anterior. Sus labios saben tan...bien...

Me arremete contra la pared de un movimiento, pegado a mi, sintiendo su corazón latir a trescientos por hora y él el mío a mil. Levanta mis brazos a ambos lados de mi cabeza y besa mi cuello, mordisqueandolo varias veces entre beso y beso. Desliza sus manos por mis brazos hasta agarrar fuertemente mis muñecas, haciéndome sentir un intenso dolor tanto emocional como físico. Gimo. Pero no de placer, si no de lo contrario. 
Me mira con preocupación cuando se da cuenta, y me besa en los labios esta vez con dulzura.

-¿Qué ocurre?
-Nada...-contesto aturdida, tratando de disimular mi cara de dolor ante su continuo agarre. 

Levanta la vista hasta mis manos, retorcidas ahora por encima de mi cabeza y automáticamente frunce el ceño. Mierda.

-¿Qué te pasa en las manos?-pregunta sin dejar de mirar las pulseras hechas de tela india que expresamente me compré para no tener que quitármelas nunca. 
-Nada...-murmuro de nuevo, incapaz de mirarle a la cara. 

Baja mis manos y, con semblante serio, arranca las pulseras de mi muñeca decididamente. Oh no, por favor. 

Las marcas. Siguen ahí. Igual que el dolor que me infringieron en el pasado. Las manos comienzan a temblarme, y aún así sigo sin poder mirarle. Sé que está enfadado, lo puedo oler.

-¿Qué demonios es esto, Diana?-comienza, elevando mi muñeca hasta mis ojos, acaparando mi campo de visión al completo con unas horribles y asquerosas cicatrices-¡Explícamelo!-grita al ver que no me inmuto después de medio minuto en silencio-Joder, esto es una broma, ¿verdad?-cierro los ojos, aguantando las inevitables lágrimas al menos un par de minutos más-¡Dímelo, maldita sea! 
-Lo-lo-lo siento...-reúno fuerzas para decir en un inevitable tartamudeo.

¿Por qué está siendo tan brusco y frío? Sigo estando aquí después de todo.
Se pone tenso, tanto que las venas del cuello se le hinchan, dándole una visión más atractiva aún. Hunde las manos en su pelo cuando se sienta en el borde de la cama, en señal de frustración, supongo. Me acerco con cuidado y me siento a su lado, pero no me mira. Las ganas de llorar aumentan por segundo, y me refiero a las mías.

-Lo siento...-repito una vez más. Pero no me contesta. Espero un minuto, pensando minuciosamente mi siguiente movimiento-Fue horrible no tenerte a mi lado durante todo ese tiempo. No podía soportarlo.-explico la razón de mis actos, pronunciando cada palabra como si estuviera hablando con un niño pequeño. Sigue meditando en silencio, para sus adentros, durante unos instantes más.
-Prométeme que si alguna vez me pasara algo...-traga saliva y hace una pequeña pausa-...no cometerías ninguna locura.
-¿Por qué te iba a...
-¡Prométemelo!-grita interrumpiéndome. 
-Te lo prometo. Pero por favor, no te enfades conmigo.
-No estoy enfadado.-masculla de nuevo sin mirarme.
-Si que lo estas. Siento haberte ocultado eso, y siento haberlo hecho. Te quiero...
-No, no me digas que me quieres, Diana.
-¿Por qué no?-pregunto confusa y asustada al mismo tiempo por su repentina exaltación.

Mi corazón se detiene y deja de bombear sangre hasta que oigo su respuesta.

-Porque si lo dices no puedo estar enfadado, y es lo que te mereces. Has puesto tu vida en un grave y serio peligro. Podrías haber...-se para y suspira profundamente. 

¿Muerto? Lo sé, eso pretendía para entonces, querido.

-Lo sé, lo sé...Y lo siento. 
-Eso ya lo has dicho.-dice sin ningún sentimiento en sus palabras. 

Cambio de táctica. Pongo mi mano en su muslo, y deposito un húmedo beso sobre su mejilla, tratando de hacerle olvidar el enfado, pero no se inmuta, o puede que lo esté disimulando. Muevo mi mano por su muslo, un poco hacia su interior, pero sin propasarme como él estoy segura que haría. Nada. ¡Mierda! Sigue observando como una estatua el papel de pared con el que esta empapelado el cuarto de papá. 
De acuerdo, él lo ha querido. Mi mano se acerca peligrosamente a un amigo íntimo de mi novio, cada vez más cerca, pero de repente siento su cálida mano sujetando la mía, impidiendo que continúe esa misma trayectoria. Sus ojos vuelven a atravesar los míos, salvajemente, siento furor dentro de esos ojos miel tan increíblemente ardientes. 
Ha funcionado después de todo. 

-¿Así es como quieres arreglar esto? Podemos jugar los dos a este mismo juego.-dice inesperadamente, con una lujuria chispeante en la mirada.

Asiento, ¿avergonzada de los actos de hace medio segundo? 

-Esta vez diriges tu.-¿yo? ¿Cómo que dirijo yo? ¿Quiere decir...?

Me siento encima de él sin vacilar un instante más, enrollando mis piernas alrededor de su cadera, casi pudiendo sentir algo activo rozándome desde su entrepierna. Inconscientemente, miro sus labios deseosa de besarlos mientras muerdo el mío, la pregunta es: ¿Por qué demonios no lo hago?
Coge mi mentón con la mano y tira un poco hasta hacer que suelte mi labio, sintiendo los resultados una vez más debajo de mi cadera. 

-Quiero cuidar de ti, Diana, no lo hagas difícil.-susurra.
-Te prometo que no haré ninguna locura peor que meterme con alguien que lleva pistolas en lugares inimaginables.-río entre dientes, sin querer estropear el momento.
-¿Lo dices por mi?
-¿Acaso lo que llevas en los pantalones ahora mismo es una pistola? Porque de ser así me estas apuntando con ella.
-Eso no es precisamente una pistola, nena. Es algo mejor...-murmura esto último en mi oído, excitándome con sus palabras y oh, esa voz tan sensual que utiliza para estas ocasiones...

Justin

Ella se mueve mientras duerme debajo de mi cabeza apoyada en su pecho. Abro los ojos y me aparto para permitir que siga durmiendo, y me coloco sobre la almohada. 
Todavía es de noche, ya que por la ventana no hay ni rastro del sol. ¿Cuánto ha podido pasar? No llevamos ni una hora durmiendo. Cojo su móvil de la mesilla de noche y lo desbloqueo, con una inicial intención de mirar la hora, pero cuando lo hago, antes de apagarlo de nuevo y dejarlo donde estaba, éste vibra en mis manos. ¿Quien le está hablando a las cinco de la mañana? 
Busco el centro de notificaciones y cuando encuentro el mensaje que le acaban de mandar miro el remitente de la persona que lo ha hecho. "Miles". 

¿Diana? ¿Estas despierta? ¡No puedo dormir!

Leo una y otra vez el mensaje con seriedad, meditando en si hacerme pasar por ella o si borrar el mensaje y dejarlo estar, pero me decanto por la primera opción al recordar la conversación que tuvimos hace un par de días en aquella habitación del hospital. 

Sí, estoy despierta.

El siguiente mensaje llega rápido, juraría que en menos de un minuto.

Bien, así nos hacemos compañía mutua haha

¿Compañía mutua? Compañia mutua te voy a dar yo en la cara.

No necesito tu compañía.

Si no soy duro con él no la dejará nunca en paz. Probablemente, incluso consiga que no quiera ni mirarla. Eso sería un gran logro.

¿Te has enfadado con Bieber y lo estás pagando conmigo? Porque, ¿sabes? Creo que desde que habéis vuelto a estar juntos estás diferente, y eso no me gusta...

¿Diferente? ¿Acaso yo la he cambiado? Ella es feliz conmigo, o por lo menos lo aparenta.

No soy diferente, pero el número de extremidades de tu cuerpo va a serlo si sigues intentando seducirme. Te estoy avisando, Miles, la próxima vez que vea tu asquerosa cara delante de mi lo pagarás caro, ¿entiendes? 

Ya casi son las seis de la mañana y no ha contestado todavía, pero no puedo esperar más a que un chaval que quiere sexo con mi novia me responda. ¿Qué podría haber contestado aún así? Estará confuso, seguramente, o asustado. Si, esa es la palabra que más se acerca a su estado ahora mismo.
Observo a Diana mientras duerme silenciosamente, probablemente cansada por sus nuevos experimentos con mi cuerpo de la madrugada anterior. Me levanto y me visto con rapidez, para después acercarme a la ventana y echarle un último vistazo. Verla desnuda y desprotegida me recuerda una de las razones por las que estoy a su lado. Me gusta protegerla, de todo lo que estoy intentando huir y de esos buitres a los que cautiva con sus impresionantes caderas. No, definitivamente no puedo irme ahora.

Views 19

588 days ago

Cap. 63 "Promesas"
En el capítulo anterior...

-Buenas noches, señorita.-dice Berta cabizbaja y muriéndose de la vergüenza.
-Buenas noches, Berta. Te he dicho un millón de veces que me llames Diana.-asiente con la cabeza, roja como un tomate-¿Podrías prepararnos algo ligero para la cena?-pregunto.
-¿Le parece bien una ensalada?
-Perfecto. Y tutéame.-asiente de nuevo.
----------------------------------------------------------------------



-Héctor, lo dejo. Quiero abandonar esta vida de mierda.-mi voz se cuela por mi garganta y sale ronca. Sé que no le va a gustar lo que le estoy diciendo.
-¿De verdad vas a jugarte la vida por esa chica? Porque es por ella, ¿no? Es una maldita rica más, todas son iguales. Acabará dejándote por uno de la clase alta que pueda darle de todo, después de acabar moribundo por su culpa.-cierro los puños con fuerza. No va a hablar así de ella, no delante de mí.
-Me da jodidamente igual lo que pienses, lo haré y se acabó.
-Eres mi hijo, no quiero tener que apalizarte, y sabes que si esa es tu decisión lo haré.-dice, sin ni siquiera mirárme a la cara. Tan solo se concentra en sus asquerosos zapatos llenos de barro por la tormenta de hoy.

No le importaría tener que ser uno de los que me zurren hasta casi matarme por salir de la banda. Siempre he sabido que me tiene rencor. Me considera el culpable de su miserable vida. ¡No fui yo el que dejó a mi madre embarazada con diecisiete años, joder!

-Pues tendrás que hacerlo, porque mañana iré al almacén. Asi que prepara tus mejores golpes, los vas a necesitar.
-Suenas muy decidido...-dice levantando la vista hasta mí.

Es por ella. Tengo que estarlo.

-Lo estoy.
-¿No fue ella la que hizo que te apuñalaran?-automáticamente miro mi brazo. Maldición, todavía me duele. Seguramente la herida acabará sangrando en medio de la paliza.
-Deberías mantener esa boca cerrada, papá.-la palabra "papá" suena agria después de todo esto-Fui al intercambio para salvarte el pescuezo, y fuiste tú el que me metió en este mundo.
-Es un modo fácil de ganar dinero.-se excusa, encogiéndose levemente de hombros.
-¿Fácil? Eso me hiciste pensar al principio. Pero muchos de mis amigos han muerto ganando dinero "fácil".-espeto.
-Tú vales para ésto.
-Yo quiero ganarme la vida honradamente, Héctor.
-¿Con qué estudios, Justin? No sabes hacer una mierda.
-Quiero ir a la universidad.-Lo solté. ¿Lo he hecho? Sí.

Admiro la expresión de su cara. Quiero ver su reacción, la cual desemboca en una fuerte carcajada de burla.

-Seguro que te aceptan.-dice en cuanto puede parar de reír.
-Eres una mierda de persona, PAPÁ.-digo enfatizando la última palabra. Su cara cambia totalmente y se vuelve seria.

Salgo de un portazo que hace vibrar toda la casa, y me dirijo hasta mi moto. La cual Ryan me ha perdonado a pesar de haber perdido la apuesta de una manera aplastante. ¿A quién se le ocurriría aceptar ese tipo de apuesta sabiendo que la perdería de cualquier modo?


Diana

Unos golpes desde la ventana me despiertan. Genial. Otra vez lloviendo. Malditas tormentas de verano. No podré volver a dormirme por lo menos en media hora.
Miro a María, quien duerme con la boca abierta hacia el techo, soñando con quién sabe qué.
Más golpes chocan contra la ventana.
¿Qué tipo de lluvia es esa? Parece que está granizando más bien. Me levanto de la cama, acalorada a pesar de que las noches y el clima de verano en este país no sean tan altas. Me asomo a la ventana y descubro que no llueve, ni mucho menos está granizando. Los ojos se me abren como platos cuando diviso entre la oscuridad de la noche a Justin con un par de piedras en las manos. Las suelta en cuanto me ve, y sonríe, de una manera que me contagia. ¿Por qué tiene que ser tan...perfectamente imperfecto?
Abro la ventana, dejando que el fresco de la noche entre en contacto con el calor que se había acumulado en la habitación. Él se acerca a las enredaderas pegadas a la fachada de la casa, y mi impresión de que va a comenzar a escalarla de un momento a otro se cumple. Trato de no mirarle por el miedo a verle en el suelo de repente, y aprovecho para ver la hora. ¡Las tres de la madrugada! Madre mía, éste hombre está loco. Vuelvo mi cabeza de nuevo y me encuentro con su cara a no demasiados centímetros.

-Estás loco.-le susurro.
-¿Llevas sólo una camisa?-ignora mi afirmación y sonríe maliciosamente. Una sonrisa que me recuerda a viejos tiempos.
-No te propases, puedo hacerte abrazar el suelo con sólo un empujoncito.-ríe, mostrando su perfecta dentadura.

Salta la ventana y se cuela dentro de mi habitación. Lo primero en lo que su mirada se clava es en la cama, donde María se encuentra en la misma posición que antes, tratando de cazar moscas con la boca. Me mira confuso, y divertido a la vez. ¿Qué tiene esto de gracioso, además de los ronquidos que empiezan a sonar desde la profundidad de la garganta de mi mejor amiga?
Le empujo fuera de la habitación y cierro la puerta cuidadosamente, tratando de hacer el menor ruido posible.

-¿Qué haces aquí?-digo cuando le he arrastrado hasta la habitación de papá. Su mano se enrolla a la mía gracias a sus dedos, mientras su mirada se vuelve ardiente y tierna a la vez. Mierda, esa mirada, esa expresión agresiva en la cara...Saludemos al antiguo Justin, no pasa por aquí muy a menudo.
-Me apetecía verte.-sus ojos se ablandan un poco, y la ternura va ganando terreno, pero no por mucho tiempo.
-¿Sólo verme?-pregunto. No estoy segura de si con la intención de provocarle o si tan sólo por curiosidad.
-¿Querrías que hiciese otra cosa?-está jugando sucio, no vale.
-Bueno...No te lo impediría.-mascullo ya totalmente intimidada por su furtiva y depredadora mirada.
-Dime qué no me impedirías.-carajo, eso no me lo esperaba. Se mantiene firme, abrazado a mi medianamente. Con tan sólo una mano apoyada en mi espalda y la otra enredada en la mía.

Miro hacia abajo, hacia nuestros pies. Parece mentira que después de todo me siga dando vergüenza pronunciar una simple palabra: "sexo"
Pasa la mano que acariciaba mi espalda a mi mejilla, y la acaricia también con la yema de sus dedos, y cierro mis ojos, sintiendo el contacto. Sus dedos tocan mi labio inferior, y muerdo uno de ellos sin ejercer fuerza. Puedo oírle sonreír, estoy segura. Instintivamente abro los ojos y me lanzo a sus labios, besándolos con fervor al no poder soportar la enorme necesidad de su sabor con el mío juntos.
De pronto se separa, dejándome con una respiración más jadeante de lo normal.

-Todavía no me has dicho que no me impedirías. Necesito saberlo.-dice de la misma manera en la que se encuentra mi respiración.
-Ya lo sabes.
-Quiero oírlo salir de tu boca.-exige. Reúno valor y lo suelto.
-No te impediría que me hicieses el amor.-me ruborizo. Sé que mis mejillas se ven tan ardientes por fuera como las siento por dentro.
-Oh nena, necesitaba eso.-me besa, aún con más pasión que la vez anterior. Sus labios saben tan...bien...

Me arremete contra la pared de un movimiento, pegado a mi, sintiendo su corazón latir a trescientos por hora y él el mío a mil. Levanta mis brazos a ambos lados de mi cabeza y besa mi cuello, mordisqueandolo varias veces entre beso y beso. Desliza sus manos por mis brazos hasta agarrar fuertemente mis muñecas, haciéndome sentir un intenso dolor tanto emocional como físico. Gimo. Pero no de placer, si no de lo contrario.
Me mira con preocupación cuando se da cuenta, y me besa en los labios esta vez con dulzura.

-¿Qué ocurre?
-Nada...-contesto aturdida, tratando de disimular mi cara de dolor ante su continuo agarre.

Levanta la vista hasta mis manos, retorcidas ahora por encima de mi cabeza y automáticamente frunce el ceño. Mierda.

-¿Qué te pasa en las manos?-pregunta sin dejar de mirar las pulseras hechas de tela india que expresamente me compré para no tener que quitármelas nunca.
-Nada...-murmuro de nuevo, incapaz de mirarle a la cara.

Baja mis manos y, con semblante serio, arranca las pulseras de mi muñeca decididamente. Oh no, por favor.

Las marcas. Siguen ahí. Igual que el dolor que me infringieron en el pasado. Las manos comienzan a temblarme, y aún así sigo sin poder mirarle. Sé que está enfadado, lo puedo oler.

-¿Qué demonios es esto, Diana?-comienza, elevando mi muñeca hasta mis ojos, acaparando mi campo de visión al completo con unas horribles y asquerosas cicatrices-¡Explícamelo!-grita al ver que no me inmuto después de medio minuto en silencio-Joder, esto es una broma, ¿verdad?-cierro los ojos, aguantando las inevitables lágrimas al menos un par de minutos más-¡Dímelo, maldita sea!
-Lo-lo-lo siento...-reúno fuerzas para decir en un inevitable tartamudeo.

¿Por qué está siendo tan brusco y frío? Sigo estando aquí después de todo.
Se pone tenso, tanto que las venas del cuello se le hinchan, dándole una visión más atractiva aún. Hunde las manos en su pelo cuando se sienta en el borde de la cama, en señal de frustración, supongo. Me acerco con cuidado y me siento a su lado, pero no me mira. Las ganas de llorar aumentan por segundo, y me refiero a las mías.

-Lo siento...-repito una vez más. Pero no me contesta. Espero un minuto, pensando minuciosamente mi siguiente movimiento-Fue horrible no tenerte a mi lado durante todo ese tiempo. No podía soportarlo.-explico la razón de mis actos, pronunciando cada palabra como si estuviera hablando con un niño pequeño. Sigue meditando en silencio, para sus adentros, durante unos instantes más.
-Prométeme que si alguna vez me pasara algo...-traga saliva y hace una pequeña pausa-...no cometerías ninguna locura.
-¿Por qué te iba a...
-¡Prométemelo!-grita interrumpiéndome.
-Te lo prometo. Pero por favor, no te enfades conmigo.
-No estoy enfadado.-masculla de nuevo sin mirarme.
-Si que lo estas. Siento haberte ocultado eso, y siento haberlo hecho. Te quiero...
-No, no me digas que me quieres, Diana.
-¿Por qué no?-pregunto confusa y asustada al mismo tiempo por su repentina exaltación.

Mi corazón se detiene y deja de bombear sangre hasta que oigo su respuesta.

-Porque si lo dices no puedo estar enfadado, y es lo que te mereces. Has puesto tu vida en un grave y serio peligro. Podrías haber...-se para y suspira profundamente.

¿Muerto? Lo sé, eso pretendía para entonces, querido.

-Lo sé, lo sé...Y lo siento.
-Eso ya lo has dicho.-dice sin ningún sentimiento en sus palabras.

Cambio de táctica. Pongo mi mano en su muslo, y deposito un húmedo beso sobre su mejilla, tratando de hacerle olvidar el enfado, pero no se inmuta, o puede que lo esté disimulando. Muevo mi mano por su muslo, un poco hacia su interior, pero sin propasarme como él estoy segura que haría. Nada. ¡Mierda! Sigue observando como una estatua el papel de pared con el que esta empapelado el cuarto de papá.
De acuerdo, él lo ha querido. Mi mano se acerca peligrosamente a un amigo íntimo de mi novio, cada vez más cerca, pero de repente siento su cálida mano sujetando la mía, impidiendo que continúe esa misma trayectoria. Sus ojos vuelven a atravesar los míos, salvajemente, siento furor dentro de esos ojos miel tan increíblemente ardientes.
Ha funcionado después de todo.

-¿Así es como quieres arreglar esto? Podemos jugar los dos a este mismo juego.-dice inesperadamente, con una lujuria chispeante en la mirada.

Asiento, ¿avergonzada de los actos de hace medio segundo?

-Esta vez diriges tu.-¿yo? ¿Cómo que dirijo yo? ¿Quiere decir...?

Me siento encima de él sin vacilar un instante más, enrollando mis piernas alrededor de su cadera, casi pudiendo sentir algo activo rozándome desde su entrepierna. Inconscientemente, miro sus labios deseosa de besarlos mientras muerdo el mío, la pregunta es: ¿Por qué demonios no lo hago?
Coge mi mentón con la mano y tira un poco hasta hacer que suelte mi labio, sintiendo los resultados una vez más debajo de mi cadera.

-Quiero cuidar de ti, Diana, no lo hagas difícil.-susurra.
-Te prometo que no haré ninguna locura peor que meterme con alguien que lleva pistolas en lugares inimaginables.-río entre dientes, sin querer estropear el momento.
-¿Lo dices por mi?
-¿Acaso lo que llevas en los pantalones ahora mismo es una pistola? Porque de ser así me estas apuntando con ella.
-Eso no es precisamente una pistola, nena. Es algo mejor...-murmura esto último en mi oído, excitándome con sus palabras y oh, esa voz tan sensual que utiliza para estas ocasiones...

Justin

Ella se mueve mientras duerme debajo de mi cabeza apoyada en su pecho. Abro los ojos y me aparto para permitir que siga durmiendo, y me coloco sobre la almohada.
Todavía es de noche, ya que por la ventana no hay ni rastro del sol. ¿Cuánto ha podido pasar? No llevamos ni una hora durmiendo. Cojo su móvil de la mesilla de noche y lo desbloqueo, con una inicial intención de mirar la hora, pero cuando lo hago, antes de apagarlo de nuevo y dejarlo donde estaba, éste vibra en mis manos. ¿Quien le está hablando a las cinco de la mañana?
Busco el centro de notificaciones y cuando encuentro el mensaje que le acaban de mandar miro el remitente de la persona que lo ha hecho. "Miles".

¿Diana? ¿Estas despierta? ¡No puedo dormir!

Leo una y otra vez el mensaje con seriedad, meditando en si hacerme pasar por ella o si borrar el mensaje y dejarlo estar, pero me decanto por la primera opción al recordar la conversación que tuvimos hace un par de días en aquella habitación del hospital.

Sí, estoy despierta.

El siguiente mensaje llega rápido, juraría que en menos de un minuto.

Bien, así nos hacemos compañía mutua haha

¿Compañía mutua? Compañia mutua te voy a dar yo en la cara.

No necesito tu compañía.

Si no soy duro con él no la dejará nunca en paz. Probablemente, incluso consiga que no quiera ni mirarla. Eso sería un gran logro.

¿Te has enfadado con Bieber y lo estás pagando conmigo? Porque, ¿sabes? Creo que desde que habéis vuelto a estar juntos estás diferente, y eso no me gusta...

¿Diferente? ¿Acaso yo la he cambiado? Ella es feliz conmigo, o por lo menos lo aparenta.

No soy diferente, pero el número de extremidades de tu cuerpo va a serlo si sigues intentando seducirme. Te estoy avisando, Miles, la próxima vez que vea tu asquerosa cara delante de mi lo pagarás caro, ¿entiendes?

Ya casi son las seis de la mañana y no ha contestado todavía, pero no puedo esperar más a que un chaval que quiere sexo con mi novia me responda. ¿Qué podría haber contestado aún así? Estará confuso, seguramente, o asustado. Si, esa es la palabra que más se acerca a su estado ahora mismo.
Observo a Diana mientras duerme silenciosamente, probablemente cansada por sus nuevos experimentos con mi cuerpo de la madrugada anterior. Me levanto y me visto con rapidez, para después acercarme a la ventana y echarle un último vistazo. Verla desnuda y desprotegida me recuerda una de las razones por las que estoy a su lado. Me gusta protegerla, de todo lo que estoy intentando huir y de esos buitres a los que cautiva con sus impresionantes caderas. No, definitivamente no puedo irme ahora.

0 Comments

Realtime comments disabled