“Be Mine”


Capítulo 39.


<<Lost the battle, win the war>>


Deslizo el papel entre mis manos, y leo una y otra vez. “Hotel Michelangelo, cuarto piso, habitación 95”. Sé que la intención de Vanessa era que vaya ahí, el problema es que aún no sé si confiar en ella. No puedo ir sola al lugar donde se aloja Claire. Pero tengo que ir. Y voy a ir.

Busco entre los pasillos del alojamiento de la academia el número de la habitación de David, pero sin éxito. Estoy a punto de rendirme cuando él se asoma por una de las puertas de madera.

-	¿Me buscabas a mí? –pregunta, y cierra la puerta detrás de sí.

-	Sí, es que –hago una pausa- ¿Me puedes acompañar a un lugar?

-	Depende, si es que no interfiere con mi apretada agenda –ruedo los ojos- Bueno, bueno. Cuéntame de que se trata.

Le doy un pequeño resumen de la historia y de mi… objetivo. 

-	Así que quieres conocer el territorio enemigo –dice.

-	Algo así, creo –mascullo- ¿y bien?

-	Cuentas conmigo –hace una pausa- ¿sabes dónde queda ese hotel?

-	Queda en el Midtown West, pero no sé donde vendría siendo eso. 

-	Yo tengo la solución –saca su celular y me lo muestra.

-	¿Qué?

-	Chica prehistórica, existe algo llamado GPS, por si no lo sabías.

Caminamos hasta la salida y cuando estamos en la puerta de la academia, escribe algo en el teléfono y su dichoso GPS suelta un pitido. El indica al frente de nosotros. 

-	Por aquí –dice.

Y así se pasa todo el camino, indicando hacia donde debemos dar un paso. Nos demoramos menos de diez minutos en llegar. Antes de entrar a la recepción del hotel, tramamos un plan siniestro. No siniestro, pero es un buen plan. El va primero hacia la recepcionista.

-	Disculpe –dice- ¿se encuentra la señorita Claire Evans? Se hospeda en la habitación 95. –la recepcionista sonríe, marca un número en el teléfono y espera.

-	No se encuentra, ¿quiere que le deje un mensaje en el buzón de voz?

-	No, gracias.

Ahora es mi turno. Seré Claire Evans por un segundo, aterrador.

-	Señorita, se me perdió la tarjeta que abría la habitación. Me quedé fuera –río.

-	¿Cuál es el número de su habitación?

-	95.

-	¿Claire Evans?

-	La misma. 

-	Este señor la estaba buscando –dice, mientras me entrega una tarjeta- Que bueno que llegó.

-	David –digo, y le doy un abrazo- Me alegro de que hayas venido –miro a la recepcionista- Gracias.

Nos alejamos hacia uno de los ascensores con una sonrisa de suficiencia en nuestros rostros. Trago aire antes de entrar a la caja, como yo le digo, pero es la única opción. Subir por las escaleras hasta un cuarto piso cuando tienes el tiempo contado, no es muy viable. Cuando entramos al ascensor, la recepcionista aún nos observa. Se cierran las puertas y comenzamos a auto felicitarnos por nuestra admirable actuación.

Llegamos al cuarto piso y buscamos la habitación. David la encuentra. Entro y le pido que se quede vigilando en la puerta, luego de darle una descripción física de Claire. 

-	Suena linda –dice David, y le doy un golpe en la cabeza.

-	Cierra la boca. 

Entro por el pasillo, más que una habitación parece una casa. Avanzo hasta el final, donde hay una puerta corrediza, la abro y veo la cama, sobre la cual hay un centenar de DVD’s. Me siento sobre la cama y tomo uno entre mis manos. Dice “Día 53”. 

Frunzo el ceño y lo coloco en el reproductor que hay debajo de un televisor de plasma de 42 pulgadas que está frente a la cama. Enciendo la televisión y presiono play. Enseguida me congelo. 

Veo el auto de Justin frente a mi antiguo edificio en Lakewood. Él se baja y sonríe a la vez que yo voy saliendo del edificio. El cielo está oscuro, así que no dudo a que eso fue el día en que Justin me despertó a las cinco de la mañana para llevarme al parque. Ver eso me desespera. Claire es una verdadera psicópata. 

Saco rápidamente el DVD y tomo otro al azar “Día 91”. Lo coloco en el reproductor. 

Justin, Linny, Chad, Nicole y yo saliendo del colegio y amontonándonos dentro del auto de Justin. Creo tener un vago recuerdo de ese día, pero evado el pensamiento. El vídeo sigue, el auto avanza y la cámara avanza detrás. Saco el DVD justo cuando David entra y me hace señas de que viene alguien. Dejo todo en su lugar y escucho un sonido en la puerta. Corro a abrir un pequeño armario y me meto dentro, dejando espacio para que David se meta y no nos descubran. Al momento en que cierro la puerta, se oyen pasos en el pasillo. Claire viene tarareando una canción, muy feliz. Los dos contenemos la respiración cuando sentimos que pasa frente al armario, oímos que cierra la puerta de la habitación y su voz se extingue. Abro el armario y salimos corriendo sin pensarlo.

-	Estás pálida –me dice David mientras comenzamos a bajar por las escaleras.

-	Últimamente me han dicho eso bastante seguido –digo, distraída. Aún no asimilo que Claire tiene una colección de vídeos diarios sobre nosotros.

-	Dime que encontraste ahí –ordena. Cierro los ojos con fuerza y boto todo el aire que tengo en los pulmones. Vuelvo a respirar y entonces le cuento todo, con lujo de detalles. 

-	¿Y no piensas decirle a Justin sobre esto?

-	¿Debería?

-	Yo creo que sí. 

A eso siguieron unos segundos de silencio. Silencio incómodo.

David se aclara la garganta.

-	¿Sabes lo que creo? –Niego con la cabeza- Creo que ella sabe perfectamente que acabamos de salir de allí.

-	¿Por qué lo…?

-	¿Por qué no lo sabría? –me interrumpe, y luego se queda en silencio.

-	Continúa.

-	Te persigue siempre. Es probable que nos haya seguido y haya fingido no darse cuenta de que veníamos aquí. 

-	¿Por qué mierda querría fingir? –digo en voz baja, pero enojada.

-	Tal vez quiere que te vuelvas loca antes de que ella te haga algo. Alejarte de Justin mediante un manicomio es más fácil para ella, no se mancha las manos ni nada –dice, pero no hay ni una pizca de broma en su voz.

-	Ya se las ha manchado bastante.

David se encoge de hombros y espera hasta que estemos fuera del edificio para mirar hacia atrás y luego hablarme.

-	¿Vas a hablar con él? –respira profundo- sobre… eso –apuntó con un pulgar hacia atrás.

-	No lo sé.

-	Deberías hacerlo –dice- podría apostar cualquier cosa a que no soy el único que piensa eso.

-	No lo eres –murmuro.

-	¿Qué?

-	Que no eres el único que cree eso. Mis amigas creen lo mismo.

-	¿Y qué esperas?

Me quedo en silencio. Ni siquiera yo sé que estoy esperando. 


*

Entro a la casa y subo las escaleras lo más rápido que me dan los pies. Me lanzo sobre la cama, aún algo perturbada por los vídeos y confundida por la sugerencia de David. Lo peor es que el muy estúpido tiene razón, tengo que decirle. El problema es cuando. El problema es cómo.

“Justin, ¿Qué crees? Una tipa loca me está amenazando para que me aleje de ti, porque según ella eres el amor de su vida.”

No, no es tan simple como eso. 

Tal vez sí voy a acabar en un manicomio después de todo.

Tomo mi teléfono y observo el fondo de pantalla. Madison sentada en el suelo, yo sentada a su derecha. Amy agachada con las manos en las rodillas, sonriendo. Linny parada atrás con los brazos abiertos y una sonrisa en su rostro. Justin sacó la foto, aún recuerdo cómo Chad le decía que se ponga en la foto, pero él insistía en que no quería porque no se veía “decente”, como si él pudiera salir mal en una foto. 

Miro la foto de nuevo y me doy cuenta de que no he llamado a Madison hace más de una semana. Quiero darme con un palo en la cabeza, pero decido que es más cuerdo llamarla y darle una explicación. 

Marco su número de teléfono y espero. Son las siete y media de la tarde, debe estar disponible. 
Espero.

Sigo esperando.

Pienso que tendré que enviarle señales de humo o una lechuza hasta Londres en mi desesperación.

Justo cuando estoy a punto de presionar el botón rojo y lanzar el teléfono contra la pared, escucho su voz.

-	¡Hermana! –grita del otro lado- Hasta que te dignaste a llamar –suena ridículamente animada, entusiasmo falso, lo puedo oír.

-	Madds –digo- Lo siento mucho, es que…

-	No lo sientas –interrumpe- la academia, lo sé –hace una pausa- Sobre eso, ¿Cómo te ha ido?

-	El primer día me sentía como bicho raro, pero ya comienzo a… ¿encajar? 

-	Tranquila, te va a ir increíble.

-	¿Y qué tal el internado?

-	Es fantástico –no le creo, pero no me atrevo a decírselo. 

-	¿Segura? ¿Todo va bien?

-	Perfecto –no del todo, pero me tranquiliza.

-	Me alegro mucho –luego hay unos segundos de silencio que parecen una eternidad.

-	Supe lo que le pasó a Ariana. 

-	¿Quién te…?

-	Tal vez Linny lo mencionó.

-	Estúpida –murmuro.

-	¿Por qué no querías que lo sepa? 

-	No quería que te compliques la vida por tonterías.

-	No son tonterías.

Aquí vamos. 

Intento olvidarme del tema, y mi hermanita se ocupa de recordármelo. Genial.

Doy un suspiro y concluyo preguntarle su opinión con respecto a contarle a Justin todo esto. Aunque tal vez ya lo sepa.

-	¿Crees que deba decirle a Justin?

-	Totalmente.

Mierda.

-	Pero, no es fácil –digo, y sueno como una niña pequeña.

-	La vida nunca ha sido fácil, hermana. –vaya, ¿enserio estoy hablando con mi hermana menor?

-	Lo sé.

-	Entonces, hazlo. –se escucha el sonido de una puerta a través del teléfono- Oye, tengo que dormir, me pueden encontrar despierta. Te quiero demasiado, ¿sí? 

-	Yo te quiero mucho más –digo, con una sonrisa- Te llamaré cuando pueda.

-	Y si no, confía en que lo haré yo –dice- Buenas noches.

-	Espera, ¿Qué hora es allá?

-	Las doce y media. –hace una pausa- Envíale saludos a Justin. Te quiero, bye.

Si seré estúpida. Siempre se me olvidan las malditas cinco horas de diferencia. 

Me quedo sentada sobre la cama con el teléfono en la mano, observando la foto hasta que la pantalla se apaga. Luego de eso, sigo inmóvil hasta que el sonido de la puerta abriéndose me vuelve a la realidad. Justin entra con una sonrisa en el rostro. 

Miro hacia la ventana. Ya está oscuro. ¿Cuánto tiempo estuve aquí?

-	Hola –murmura.

-	Hola –le dedico una sonrisa y vuelvo a observar el teléfono en mis manos.

-	¿Qué te pasa? –se sienta junto a mí y acaricia mi cabeza.

-	Nada –miento.

-	Vamos, te conozco más que esto. 

-	Hablo enserio, no me pasa nada –podría hacerme millonaria, si pagaran por mentir. 

-	Dime qué te pasa hoy.

-	Nada –insisto. 

-	Está bien, si no quieres hablar –dice- Pero, ¿al menos podrías decirme dónde fuiste esta tarde?

Podría inventar una mentira, otra mentira. Pero creo que es mucho por hoy. En lugar de eso, digo:

-	Que yo sepa no me he casado contigo. –sonrío- Así que no tienes porqué preguntar.

-	Según yo, eso no tiene lógica porque un marido no tendría por qué saber absolutamente todo sobre su esposa, pero –hace una pausa- ¿Crees que podría pasar?

-	¿Qué cosa?

-	Casarnos –entorno los ojos hacia él- Me refiero a… en unos cuantos cientos de miles de años más. ¿Qué crees?

No respondo. 

-	Estaba intentando cambiar el tema, por si no te diste cuenta. Deberías agradecérmelo.

Me levanto de la cama y camino hacia la puerta. Luego me vuelvo hacia él.

-	Gracias por su consideración. –hago una reverencia a lo Katniss Everdeen, lo que lo hace reír- Y creo que no lo sé –le guiño el ojo y salgo de la habitación. Doy dos pasos fuera y vuelvo a entrar- Hable con Madison, te envió saludos. 

-	La llamaré y le diré que es la mejor cuñada del mundo –dice- ¿Cómo le ha ido? No he sabido nada de eso en un tiempo.

-	Genial –hago una pausa- Quisiera saber cómo le ha ido a alguien, alguien que no me ha hablado demasiado en el último siglo –exagero- Y por alguna estúpida razón no le he preguntado.

-	¿A sí? ¿Se podría saber quién?

-	No sé, déjame pensar… -hago una pausa excesivamente larga- tú. 

Silencio. Oh, creí que había estado alucinando sobre cuán poco he hablado con Justin en el último tiempo. 

-	¿Cómo te ha ido en las clases? –le pregunto.

-	Bien, de hecho, muy bien. ¿y a ti?

-	Desearía que me hubiera ido así. 

-	¿Qué pasa?

-	No encajo. 

-	¿Cómo que no? Obviamente que encajas.

-	No es tan obvio, no encajo. Siento que soy un chiste para todo el mundo ahí.

-	Ven aquí –dice, y doy un paso cerca de él. Se acerca a mí y toma mi rostro entre sus manos- Nunca más digas eso, ¿está bien? –Su voz es suave, pero firme.

Doy un suspiro y asiento lentamente.

-	Está bien –mascullo. 

Justin sonríe,  me envuelve con sus brazos y deja un pequeño beso en mi frente. Daría cualquier cosa para que no me suelte y estemos así por siempre. Hundo la cabeza en su camisa y cierro los ojos un segundo. 

Para mi gran desgracia, aleja sus brazos de mi cuerpo. Pasa una mano por su cabello y deja que una dulce sonrisa curve sus labios, para luego soltar una leve risita nerviosa.

-	Es tarde. –dice, mirando su reloj- ¿Vas a comer algo o…?

-	Mi apetito está muerto hoy –me encojo de hombros- así que no –digo, alargando cada palabra- Mejor voy a –apunto con el dedo hacia mi cama- dormir ahora.

-	Está bien. –sonríe, y sale de mi habitación.

-	Oye, Justin –grito, y el asoma la cabeza por la puerta, alzando las cejas.

-	¿Qué se le ofrece, señorita? –dice con un acento raro que me hace reír.

-	Quería saber sí… -comienzo- ¿puedo dormir contigo hoy? No me gusta la idea de dormir sola hoy. –explico, él esboza una sonrisa extraña- ¿puedo?

-	No tienes que preguntar. –dice, se aleja de la puerta y lo oigo bajar las escaleras.




***************************************

HOLAHOLAHOLAHOLAOH.

¿Me van a creer que no sabía como terminar este capítulo? Estuve muuuucho rato pensando y fue como "que importa, lo dejo así" (?).

Espero que les haya gustado mucho :3.

Me demoré porque he leído mucho y escrito poco, ayer casi terminé el capítulo 40 y lo subiré cuanto antes. 

Cambiando de tema....

PARAMORE SACÓ SU NUEVO SINGLE Y ESTOY MUY EMOCIONADA OMG OMG OMG sljkdfhasd ah.

Momento fangirl, lol. 

Otra cosa, estaba pensando cambiar mi username. Así que ahí se darán cuenta si les llega el cap desde otro user, ji. 

Uhm, un abrazo grandototote para todas y eso. 

BYEEEEEEEEEE, nos leemos al rato<3.

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648 days ago

“Be Mine”


Capítulo 39.


<<Lost the battle, win the war>>


Deslizo el papel entre mis manos, y leo una y otra vez. “Hotel Michelangelo, cuarto piso, habitación 95”. Sé que la intención de Vanessa era que vaya ahí, el problema es que aún no sé si confiar en ella. No puedo ir sola al lugar donde se aloja Claire. Pero tengo que ir. Y voy a ir.

Busco entre los pasillos del alojamiento de la academia el número de la habitación de David, pero sin éxito. Estoy a punto de rendirme cuando él se asoma por una de las puertas de madera.

- ¿Me buscabas a mí? –pregunta, y cierra la puerta detrás de sí.

- Sí, es que –hago una pausa- ¿Me puedes acompañar a un lugar?

- Depende, si es que no interfiere con mi apretada agenda –ruedo los ojos- Bueno, bueno. Cuéntame de que se trata.

Le doy un pequeño resumen de la historia y de mi… objetivo.

- Así que quieres conocer el territorio enemigo –dice.

- Algo así, creo –mascullo- ¿y bien?

- Cuentas conmigo –hace una pausa- ¿sabes dónde queda ese hotel?

- Queda en el Midtown West, pero no sé donde vendría siendo eso.

- Yo tengo la solución –saca su celular y me lo muestra.

- ¿Qué?

- Chica prehistórica, existe algo llamado GPS, por si no lo sabías.

Caminamos hasta la salida y cuando estamos en la puerta de la academia, escribe algo en el teléfono y su dichoso GPS suelta un pitido. El indica al frente de nosotros.

- Por aquí –dice.

Y así se pasa todo el camino, indicando hacia donde debemos dar un paso. Nos demoramos menos de diez minutos en llegar. Antes de entrar a la recepción del hotel, tramamos un plan siniestro. No siniestro, pero es un buen plan. El va primero hacia la recepcionista.

- Disculpe –dice- ¿se encuentra la señorita Claire Evans? Se hospeda en la habitación 95. –la recepcionista sonríe, marca un número en el teléfono y espera.

- No se encuentra, ¿quiere que le deje un mensaje en el buzón de voz?

- No, gracias.

Ahora es mi turno. Seré Claire Evans por un segundo, aterrador.

- Señorita, se me perdió la tarjeta que abría la habitación. Me quedé fuera –río.

- ¿Cuál es el número de su habitación?

- 95.

- ¿Claire Evans?

- La misma.

- Este señor la estaba buscando –dice, mientras me entrega una tarjeta- Que bueno que llegó.

- David –digo, y le doy un abrazo- Me alegro de que hayas venido –miro a la recepcionista- Gracias.

Nos alejamos hacia uno de los ascensores con una sonrisa de suficiencia en nuestros rostros. Trago aire antes de entrar a la caja, como yo le digo, pero es la única opción. Subir por las escaleras hasta un cuarto piso cuando tienes el tiempo contado, no es muy viable. Cuando entramos al ascensor, la recepcionista aún nos observa. Se cierran las puertas y comenzamos a auto felicitarnos por nuestra admirable actuación.

Llegamos al cuarto piso y buscamos la habitación. David la encuentra. Entro y le pido que se quede vigilando en la puerta, luego de darle una descripción física de Claire.

- Suena linda –dice David, y le doy un golpe en la cabeza.

- Cierra la boca.

Entro por el pasillo, más que una habitación parece una casa. Avanzo hasta el final, donde hay una puerta corrediza, la abro y veo la cama, sobre la cual hay un centenar de DVD’s. Me siento sobre la cama y tomo uno entre mis manos. Dice “Día 53”.

Frunzo el ceño y lo coloco en el reproductor que hay debajo de un televisor de plasma de 42 pulgadas que está frente a la cama. Enciendo la televisión y presiono play. Enseguida me congelo.

Veo el auto de Justin frente a mi antiguo edificio en Lakewood. Él se baja y sonríe a la vez que yo voy saliendo del edificio. El cielo está oscuro, así que no dudo a que eso fue el día en que Justin me despertó a las cinco de la mañana para llevarme al parque. Ver eso me desespera. Claire es una verdadera psicópata.

Saco rápidamente el DVD y tomo otro al azar “Día 91”. Lo coloco en el reproductor.

Justin, Linny, Chad, Nicole y yo saliendo del colegio y amontonándonos dentro del auto de Justin. Creo tener un vago recuerdo de ese día, pero evado el pensamiento. El vídeo sigue, el auto avanza y la cámara avanza detrás. Saco el DVD justo cuando David entra y me hace señas de que viene alguien. Dejo todo en su lugar y escucho un sonido en la puerta. Corro a abrir un pequeño armario y me meto dentro, dejando espacio para que David se meta y no nos descubran. Al momento en que cierro la puerta, se oyen pasos en el pasillo. Claire viene tarareando una canción, muy feliz. Los dos contenemos la respiración cuando sentimos que pasa frente al armario, oímos que cierra la puerta de la habitación y su voz se extingue. Abro el armario y salimos corriendo sin pensarlo.

- Estás pálida –me dice David mientras comenzamos a bajar por las escaleras.

- Últimamente me han dicho eso bastante seguido –digo, distraída. Aún no asimilo que Claire tiene una colección de vídeos diarios sobre nosotros.

- Dime que encontraste ahí –ordena. Cierro los ojos con fuerza y boto todo el aire que tengo en los pulmones. Vuelvo a respirar y entonces le cuento todo, con lujo de detalles.

- ¿Y no piensas decirle a Justin sobre esto?

- ¿Debería?

- Yo creo que sí.

A eso siguieron unos segundos de silencio. Silencio incómodo.

David se aclara la garganta.

- ¿Sabes lo que creo? –Niego con la cabeza- Creo que ella sabe perfectamente que acabamos de salir de allí.

- ¿Por qué lo…?

- ¿Por qué no lo sabría? –me interrumpe, y luego se queda en silencio.

- Continúa.

- Te persigue siempre. Es probable que nos haya seguido y haya fingido no darse cuenta de que veníamos aquí.

- ¿Por qué mierda querría fingir? –digo en voz baja, pero enojada.

- Tal vez quiere que te vuelvas loca antes de que ella te haga algo. Alejarte de Justin mediante un manicomio es más fácil para ella, no se mancha las manos ni nada –dice, pero no hay ni una pizca de broma en su voz.

- Ya se las ha manchado bastante.

David se encoge de hombros y espera hasta que estemos fuera del edificio para mirar hacia atrás y luego hablarme.

- ¿Vas a hablar con él? –respira profundo- sobre… eso –apuntó con un pulgar hacia atrás.

- No lo sé.

- Deberías hacerlo –dice- podría apostar cualquier cosa a que no soy el único que piensa eso.

- No lo eres –murmuro.

- ¿Qué?

- Que no eres el único que cree eso. Mis amigas creen lo mismo.

- ¿Y qué esperas?

Me quedo en silencio. Ni siquiera yo sé que estoy esperando.


*

Entro a la casa y subo las escaleras lo más rápido que me dan los pies. Me lanzo sobre la cama, aún algo perturbada por los vídeos y confundida por la sugerencia de David. Lo peor es que el muy estúpido tiene razón, tengo que decirle. El problema es cuando. El problema es cómo.

“Justin, ¿Qué crees? Una tipa loca me está amenazando para que me aleje de ti, porque según ella eres el amor de su vida.”

No, no es tan simple como eso.

Tal vez sí voy a acabar en un manicomio después de todo.

Tomo mi teléfono y observo el fondo de pantalla. Madison sentada en el suelo, yo sentada a su derecha. Amy agachada con las manos en las rodillas, sonriendo. Linny parada atrás con los brazos abiertos y una sonrisa en su rostro. Justin sacó la foto, aún recuerdo cómo Chad le decía que se ponga en la foto, pero él insistía en que no quería porque no se veía “decente”, como si él pudiera salir mal en una foto.

Miro la foto de nuevo y me doy cuenta de que no he llamado a Madison hace más de una semana. Quiero darme con un palo en la cabeza, pero decido que es más cuerdo llamarla y darle una explicación.

Marco su número de teléfono y espero. Son las siete y media de la tarde, debe estar disponible.
Espero.

Sigo esperando.

Pienso que tendré que enviarle señales de humo o una lechuza hasta Londres en mi desesperación.

Justo cuando estoy a punto de presionar el botón rojo y lanzar el teléfono contra la pared, escucho su voz.

- ¡Hermana! –grita del otro lado- Hasta que te dignaste a llamar –suena ridículamente animada, entusiasmo falso, lo puedo oír.

- Madds –digo- Lo siento mucho, es que…

- No lo sientas –interrumpe- la academia, lo sé –hace una pausa- Sobre eso, ¿Cómo te ha ido?

- El primer día me sentía como bicho raro, pero ya comienzo a… ¿encajar?

- Tranquila, te va a ir increíble.

- ¿Y qué tal el internado?

- Es fantástico –no le creo, pero no me atrevo a decírselo.

- ¿Segura? ¿Todo va bien?

- Perfecto –no del todo, pero me tranquiliza.

- Me alegro mucho –luego hay unos segundos de silencio que parecen una eternidad.

- Supe lo que le pasó a Ariana.

- ¿Quién te…?

- Tal vez Linny lo mencionó.

- Estúpida –murmuro.

- ¿Por qué no querías que lo sepa?

- No quería que te compliques la vida por tonterías.

- No son tonterías.

Aquí vamos.

Intento olvidarme del tema, y mi hermanita se ocupa de recordármelo. Genial.

Doy un suspiro y concluyo preguntarle su opinión con respecto a contarle a Justin todo esto. Aunque tal vez ya lo sepa.

- ¿Crees que deba decirle a Justin?

- Totalmente.

Mierda.

- Pero, no es fácil –digo, y sueno como una niña pequeña.

- La vida nunca ha sido fácil, hermana. –vaya, ¿enserio estoy hablando con mi hermana menor?

- Lo sé.

- Entonces, hazlo. –se escucha el sonido de una puerta a través del teléfono- Oye, tengo que dormir, me pueden encontrar despierta. Te quiero demasiado, ¿sí?

- Yo te quiero mucho más –digo, con una sonrisa- Te llamaré cuando pueda.

- Y si no, confía en que lo haré yo –dice- Buenas noches.

- Espera, ¿Qué hora es allá?

- Las doce y media. –hace una pausa- Envíale saludos a Justin. Te quiero, bye.

Si seré estúpida. Siempre se me olvidan las malditas cinco horas de diferencia.

Me quedo sentada sobre la cama con el teléfono en la mano, observando la foto hasta que la pantalla se apaga. Luego de eso, sigo inmóvil hasta que el sonido de la puerta abriéndose me vuelve a la realidad. Justin entra con una sonrisa en el rostro.

Miro hacia la ventana. Ya está oscuro. ¿Cuánto tiempo estuve aquí?

- Hola –murmura.

- Hola –le dedico una sonrisa y vuelvo a observar el teléfono en mis manos.

- ¿Qué te pasa? –se sienta junto a mí y acaricia mi cabeza.

- Nada –miento.

- Vamos, te conozco más que esto.

- Hablo enserio, no me pasa nada –podría hacerme millonaria, si pagaran por mentir.

- Dime qué te pasa hoy.

- Nada –insisto.

- Está bien, si no quieres hablar –dice- Pero, ¿al menos podrías decirme dónde fuiste esta tarde?

Podría inventar una mentira, otra mentira. Pero creo que es mucho por hoy. En lugar de eso, digo:

- Que yo sepa no me he casado contigo. –sonrío- Así que no tienes porqué preguntar.

- Según yo, eso no tiene lógica porque un marido no tendría por qué saber absolutamente todo sobre su esposa, pero –hace una pausa- ¿Crees que podría pasar?

- ¿Qué cosa?

- Casarnos –entorno los ojos hacia él- Me refiero a… en unos cuantos cientos de miles de años más. ¿Qué crees?

No respondo.

- Estaba intentando cambiar el tema, por si no te diste cuenta. Deberías agradecérmelo.

Me levanto de la cama y camino hacia la puerta. Luego me vuelvo hacia él.

- Gracias por su consideración. –hago una reverencia a lo Katniss Everdeen, lo que lo hace reír- Y creo que no lo sé –le guiño el ojo y salgo de la habitación. Doy dos pasos fuera y vuelvo a entrar- Hable con Madison, te envió saludos.

- La llamaré y le diré que es la mejor cuñada del mundo –dice- ¿Cómo le ha ido? No he sabido nada de eso en un tiempo.

- Genial –hago una pausa- Quisiera saber cómo le ha ido a alguien, alguien que no me ha hablado demasiado en el último siglo –exagero- Y por alguna estúpida razón no le he preguntado.

- ¿A sí? ¿Se podría saber quién?

- No sé, déjame pensar… -hago una pausa excesivamente larga- tú.

Silencio. Oh, creí que había estado alucinando sobre cuán poco he hablado con Justin en el último tiempo.

- ¿Cómo te ha ido en las clases? –le pregunto.

- Bien, de hecho, muy bien. ¿y a ti?

- Desearía que me hubiera ido así.

- ¿Qué pasa?

- No encajo.

- ¿Cómo que no? Obviamente que encajas.

- No es tan obvio, no encajo. Siento que soy un chiste para todo el mundo ahí.

- Ven aquí –dice, y doy un paso cerca de él. Se acerca a mí y toma mi rostro entre sus manos- Nunca más digas eso, ¿está bien? –Su voz es suave, pero firme.

Doy un suspiro y asiento lentamente.

- Está bien –mascullo.

Justin sonríe, me envuelve con sus brazos y deja un pequeño beso en mi frente. Daría cualquier cosa para que no me suelte y estemos así por siempre. Hundo la cabeza en su camisa y cierro los ojos un segundo.

Para mi gran desgracia, aleja sus brazos de mi cuerpo. Pasa una mano por su cabello y deja que una dulce sonrisa curve sus labios, para luego soltar una leve risita nerviosa.

- Es tarde. –dice, mirando su reloj- ¿Vas a comer algo o…?

- Mi apetito está muerto hoy –me encojo de hombros- así que no –digo, alargando cada palabra- Mejor voy a –apunto con el dedo hacia mi cama- dormir ahora.

- Está bien. –sonríe, y sale de mi habitación.

- Oye, Justin –grito, y el asoma la cabeza por la puerta, alzando las cejas.

- ¿Qué se le ofrece, señorita? –dice con un acento raro que me hace reír.

- Quería saber sí… -comienzo- ¿puedo dormir contigo hoy? No me gusta la idea de dormir sola hoy. –explico, él esboza una sonrisa extraña- ¿puedo?

- No tienes que preguntar. –dice, se aleja de la puerta y lo oigo bajar las escaleras.




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HOLAHOLAHOLAHOLAOH.

¿Me van a creer que no sabía como terminar este capítulo? Estuve muuuucho rato pensando y fue como "que importa, lo dejo así" (?).

Espero que les haya gustado mucho :3.

Me demoré porque he leído mucho y escrito poco, ayer casi terminé el capítulo 40 y lo subiré cuanto antes.

Cambiando de tema....

PARAMORE SACÓ SU NUEVO SINGLE Y ESTOY MUY EMOCIONADA OMG OMG OMG sljkdfhasd ah.

Momento fangirl, lol.

Otra cosa, estaba pensando cambiar mi username. Así que ahí se darán cuenta si les llega el cap desde otro user, ji.

Uhm, un abrazo grandototote para todas y eso.

BYEEEEEEEEEE, nos leemos al rato<3.

4 Comments

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fixyours0ul 647 days ago

SIGUELA PRONTO, ANTES QUE ME DE UN ATAQUE. Amé el capitulo, y Claire me da cada vez mas miedo :c A TI TAMBIÉEEEN TE GUSTA PARAMORE? OH MY GOD! IF THERES A FUTURE WE WANT IT NOW-8-

Danielaapm_ 647 days ago

esta demasiado bueeena! "A lo Katniss Everdeen" tributo ah? CHOCALAS! Tributos forever (?) Suube el 40 :3 SIGUELA o muero e.e Claire me mataraa! Y me avisas?

Iovatodrews 648 days ago

jlfasdiulhgsdjkglsdg siguela prontooooo *o* esta muy muy muy muy genial.

severtties 648 days ago

omg, me encantó. SIGUELAAAAAAAA<3