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Me pongo a jugar con los dedos y dejo que escuchen el problema de mi mejor amiga. Es fácil distraerse cuando ya sabes el problema y cuando no tienes ningún consejo que dar porque no has pasado por él. Y esa soy yo. La chica del fondo. Ni la más divertida, ni la más social y tampoco la más guapa. Soy la chica a la que se coge cariño, pero no a la que más. Estoy acostumbrada a eso, a ser “la chica morena que las acompaña”. A veces pienso que, por lo menos, cuando una chica hace o dice algo fuera de lo común está mandado una señal de auxilio… Curioso porque a mi no me quedan fuerzas para hacerlo. Estoy gritando en una sala en silencio y nadie me oye o no les interesa oírme que es distinto. Sea como sea, camino fuera del instituto hacia la parada del autobús. No llevo los cascos de música pero cuelgan de mi cuello, dejando que yo oiga la melodía. Llueve, así que mi pelo se ha encrespado y ahora parezco un león. Casi tropiezo con mis pies y hace que un grupo de chicos que está allí se ría. Sube la temperatura y entiendo que me he sonrojado. Camino haciendo como que no me he dado cuenta y me siento mientras toqueteo el móvil y finjo hacer algo interesante. Que raro porque nunca lo hago. Sin embargo hay alguien que se me ha quedado mirando. Es de la panda de chicos, no parece mucho más mayor que yo y él no se ríe, pero sus amigos le empujan de forma juguetona pero no les hace caso. Los reconozco, forman parte de la élite de mi instituto, por llamarlo así. La típica panda que se lleva bien con todo el mundo. Desvío la mirada y me avergüenzo mientras vuelvo al móvil. Pasa poco tiempo pero se me hace largo hasta que me doy cuenta de que las risas han parado y deduzco que se han ido. Me giró y solo le veo a él, que me esta observando. Pongo cara rara como para querer decirle “¿Tengo monos en la cara?” pero a él no parece importarle y solo se dedica a encogerse de hombros mientras me dice: —Los días contadosle— miro y me sonrojo mientras me avergüenzo. Él se explica con rapidez—Es el título de la canción—me giro mientras noto como ha subido mi temperatura— ¿Tu no hablas? —¿Y a ti que te importa?—le contesto. Creo que algo borde. Veo como ha venido el autobús. Y me esfuerzo por no tropezar con el suelo cuando me dirijo y subo. Oigo que él me llama con un “¡Ey!”. Me miro de refilón para verificar que no estoy roja y le miro por encima del hombro. —Bonitos ojos—dice como si fuera lo más natural del mundo. Yo trago con fuerza e intento parecer indiferente. —Son negros. Son como un fondo. —Yo los veo más brillantes que eso. La puerta se cierra pero puedo ver antes de girarme como él esta sonrojado. ______________________________________ Escrito por #Julia Lo he visto en www.wambie.com Con esto se me ocurrió una historia! Me encanto el relato, a ustedes?