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711 days ago
“Bajo las sabanas de un Dios griego”. Capítulo 3; ♥
Lo primero que pensé fue: ¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! Justin
Bieber me acaba de invitar a cenar…
—Pero si apenas me conoces.
—Por eso te invito a cenar, para poder conocerte mejor.
—Pero… yo…. Pero.
—No voy a aceptar un no por respuesta.
—Pero…
—Así tenga que pasar toda la noche fuera de tu casa para que aceptes.
Dios, no iba a decir que no, ¿o sí?
—Está bien.
El maldito me dio una sonrisa demasiado encantadora como para negarme,
demonios, qué había hecho.
—Paso por ti a las 8, ¿está bien?
—Claro, está bien.
—Que descanses y que tengas una linda noche.
—Tu igual.
Me bajé del coche y el aire frío me golpeó en la cara y me aclaro las ideas, qué
acaba de hacer, le había dicho que sí, iba a salir con un total desconocido,
bueno no un total desconocido, era el dueño de los hoteles Bieber; era rico
guapo y también conocido como el hombre más mujeriego. ¿Y si todo era un
juego?, yo no quería enamorarme, no tenía tiempo, pero con él no pensaba; se
había metido bajo mi piel en sólo dos días ¿Y si me rompía el corazón?
Mierda, ¿qué acababa de hacer?
**********************
Había dicho que sí, era igual que las demás; una pequeña sonrisa, unas suaves
palabras y decían que sí. No esperaba otra cosa la verdad.
De todos modos, ¿qué demonios había hecho? ¿por qué la invite tan pronto?
Debía haber esperado hasta que me lo pidiera, hasta que rogara que saliera con
ella, no podía cometer el mismo error, pero ______ hacia que mi mundo diera
vueltas. No pensaba, mis impulsos juntos a ella se hacían más grandes; cada vez
que la veía lo único que quería era tomarla en mis brazos y besarla hasta dejarla
sin sentido.
Demonios, de sólo pensarlo mi sangre empezaba a hervir. La deseaba, pero sólo
su cuerpo; yo nunca volvería amar. ¡Carajo! ¿Pero qué...? ¡Ella tenía que
desearme, no yo a ella!
No importaba como le iba a hacer, pero ella iba a terminar en mi cama
haciendo todo lo que yo quisiera. De sólo imaginármela ahí, en medio de las
sábanas, desnuda con su pelo suelto y esperando por mi... Hacía que me diera
una dolorosa erección. Mierda, no podía ponerme caliente con sólo imaginarlo,
no iba a perder la cabeza.
Nunca lo volvería a hacer.
*********************
No había dormido nada en toda la noche pensando en lo mismo, ¡¡¡qué iba a
hacer!!!! Ya eran las 7:30, ¿y si cancelaba? No, ya era demasiado tarde, ya sólo
faltaba media hora, sería muy grosero cancelar ahora, además ya estaba
arreglada, tendría que ir.
A las 8 en punto escuché un golpe en la puerta y la manada de mi estomago
empezó a hacer revuelo; cuando abrí, ahí estaba él en un traje negro que hacía
que quisiera ver que había debajo de él.
Tendría que cambiarme, junto a él yo parecía una vagabunda. Llevaba puesto
un pequeño vestido blanco de mangas largas, un listón beige en la cintura con
una pequeña flor del mismo color y unas pequeñas zapatillas blancas, era una
vergüenza mi aspecto junto al suyo.
—¿Lista para irnos?
—Mmm, creo que iré a cambiarme.
El me dio una mirada la cual no pude descifrar.
—Creo que estás demasiado sexy y hermosa con ese vestido.
—¿Estás hablado en serio?
—Totalmente, entonces, ¿lista para irnos?
Demonios, debí cancelar cuando pude.
—Si —dije con un suspiro resignado.
De nuevo me abrió la puerta del coche. En el camino ninguno de los dos habló,
pero no fue necesario; fue un silencio cómodo y no incómodo. No había
necesidad de hablar.
Cuando llegamos a un restaurante, el cual debo decir se veía demasiado
costoso pero demasiado bello (por fuera estaba alumbrado con una serie de
luces de navidad y unos lazos que colgaban del techo con pequeños diamantes
falsos, o eso creía yo), entramos y nos llevaron a la mesa. Unos momentos
después llegó la mesera y tomó nuestra orden, cuando la mesera se fue, él
rompió el hielo.
—¿Estás aquí de vacaciones?
—Se podría decir que si, mi padre falleció hace unos meses, necesitaba olvidar y
tener un poco de aire nuevo.
—Lo lamento.
—Está bien.
—¿De qué murió?
—Estaba enfermo del corazón, en su última operación estaba demasiado débil y
no soportó la cirugía.
—Debió ser cansado para ti.
—Un poco, pero aprendes a vivir y lidiar con ello.
—¿Y tu madre?
—Murió cuando yo nací así que sólo éramos mi padre y yo, ¿Y tú tienes familia?
—Es una historia demasiado larga.
—¿No era para eso que venimos a cenar? ¿para conocernos? —dije con un
poco de burla.
—Es cierto, bueno, mi madre murió cuando yo era joven; debí haber tenido 10
años. Murió en un accidente, mi padre nunca superó la pérdida, se dedicó a
tomar y golpearme cada vez que tenía la oportunidad; decía que me parecía a
mi madre y empezaba con los golpes, siempre estaba demasiado herido como
para quejarme o pedir ayuda hasta que un día una vecina vio todo y llamó a la
policía; servicios infantiles vino por mí y me llevó a una casa hogar, desde ese
día decidí que tenía que superarme para no ser un don nadie. Fui a la escuela,
me gradué y empecé mi primer hotel... lo demás es historia.
—Lo lamento.
—¿Por qué?
—Por haberte recordado tu pasado.
—Está bien, ¿no venimos a eso? ¿a conocernos? —cuando lo dijo me dio una
pequeña sonrisa pero esta no llegaba a sus ojos. Claro, no era para menos, su
vida había sido demasiado dura.
Estuvimos platicando horas, reímos, le conté más sobre mi vida (no era mucho
dado que tenía 24 años), no había hecho gran cosa: había terminado la carrera
de administración y cuando iba a buscar empleo mi padre enfermó y no pude
hacerlo, así que mi carrera quedó varada y no tenía ganas por el momento de
retomarla; él me contó de todos los hoteles que tenía por todo el mundo y
todas las cosas que había hecho con ellos, que eran bastantes para sus 29 años.
Cuando salimos del restaurante él me dijo:
— Ven, te voy a enseñar mi hotel, el de París es el que más hospedajes tiene.
Cuando llegamos al hotel era todo lujo, la decoración era una delicia. Al pasar
las puertas había una pequeña fuente con una figura de una mujer en una
túnica; habían también candelabros colgando del techo, el piso era de un
bellísimo mármol. Todo era simplemente hermoso.
Al llegar al elevador Justin pasó su brazo sobre mi cintura y, oh Dios, sentí
toda una descarga eléctrica. Pero fui distraída al darme cuenta de que el
elevador era transparente, y mientras subías podías ver toda la ciudad; lo mejor
era como se veía la Torre Eiffel alumbrada, me dejó sin palabras. Estaba tan perdida viendo el paisaje que no me di cuenta hacia dónde íbamos. Cuando
volteé a ver los botones había una llave insertada en donde decía pent—house,
diablos, ¡vivía en el pent—house! ¿Pero no era obvio? Él era el dueño del hotel,
¿En dónde diablos estaba mi cabeza?
Se abrieron las puertas, y era mejor de lo que podía esperar.
—Aquí estamos.
—Es hermoso.
—¿Quieres tomar algo?
—No, creo que he bebido demasiado en el restaurante.
Tenía una chimenea, era del tipo rústico pero hermoso. Nos sentamos en la sala
y he decir que era muy cómoda.
—No sé si te lo han dicho pero eres hermosa.
Mis mejillas ardieron en vergüenza.
—Gracias.
Estuvimos platicando unas horas hasta que vi el reloj, era demasiado tarde.
—Tengo que irme, ya es muy tarde.
Me levanté y tomé mis cosas; iba hacia la puerta cuando sentí su mano en mi
brazo. Me di la vuelta para verlo y noté que estaba más cerca de mi de lo que
mi cordura permitía.
—Quiero volver a verte.
—No creo que sea correcto.
—¿Por qué no?
Cada vez se estaba acercando peligrosamente, un paso más e iba a tirar la
decencia por la ventana, este hombre me iba a volver loca.
—¿Qué diría tu novia si me ve contigo?
—¿Novia? —preguntó extrañado.
—Leí en una revista de chismes que el magnate Justin Bieber estaba casi
comprometido con la modelo francesa Márchela Otti.
Sentí que mi cara ardía de vergüenza, ¿por qué le había dicho lo de la revista?
¿En qué estaba pensando? ooohh, eso era, no estaba pensando; además ¿quién
se llama así? Seguro que era como todas las modelos: anoréxica, de piernas
largas, y sobre todo hermosa.
¡Carajo! Sentí una emoción desconocida, está bien, no tan desconocida, no
podía estar celosa; no éramos nada ni él me había prometido nada. Además,
apenas nos conocíamos.
—¿Márchela? ¿Estás hablado en serio?
—Sí, ¿por qué?
Cuando me di cuenta el maldito hombre se estaba riendo de mi, aaahh, esto sí
que no lo iba a permitir. Me solté de su mano y traté de seguir mi camino a la
salida pero por supuesto, él no me dejó.
—Espera... Lamento reírme, veo que estás molesta pero es ridícula esa historia
de Ottis y yo, Márchela es solo una gran amiga.
—¿En serio?
—Siiii.
Cuando terminó de decir esa pequeña sílaba, sus labios estaban casi rozando
los míos pero por alguna razón no lo hicieron, él se alejó, ¿Por qué? Ni idea.
—Déjame llevarte a casa.
—Ajá...
¿Qué más podía decir? El hombre me había dejado sin palabras ¡¡¡y no
habíamos hecho nada!!!
De camino a casa ninguno de los dos habló, de nuevo, era un silencio agradable
y no incómodo. Cuando llegamos me abrió la puerta del coche y al tocar su
mano sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.
—¿Puedo visitarte? —preguntó.
—Yo…. Lo que pasa…..este.
—No quieres que nos veamos.
—¡¡¡Nooooooo!!! No es eso— suspiré—. Está bien, puedes visitarme cuando
quieras mientras me siga quedando aquí.
—Cuenta con que te visitare pronto.
En verdad este hombre haría que me fuera a la tumba.
—Será mejor que entre —Asintió—. Adiós.
—Chao.
Y antes de que me diera cuenta... me besó. Pero en ambas mejillas y con eso
bastó para que casi mis piernas se doblaran.
Lo más vergonzoso es que él había notado mi reacción y se estaba burlando
poniendo una sonrisa en su bello rostro.
Subió al coche y lo vi alejarse.

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