Stay safe.

@faithtobiebs

“No te muerdas el labio, anastasia.” #soon «@uslovewasred».

“Bajo las sabanas de un Dios griego”. Capítulo 3; ♥

Lo  primero  que  pensé  fue:  ¡Oh  Dios  mío!  ¡Oh  Dios  mío!  ¡Oh  Dios  mío!  Justin
Bieber  me  acaba  de  invitar  a  cenar…
—Pero  si  apenas  me  conoces.
—Por  eso  te  invito  a  cenar,  para  poder  conocerte  mejor.
—Pero…  yo….  Pero.
—No  voy  a  aceptar  un  no  por  respuesta.
—Pero…
—Así  tenga  que  pasar  toda  la  noche  fuera  de  tu  casa  para  que  aceptes.
Dios,  no  iba  a  decir  que  no,  ¿o  sí?
—Está  bien.
El  maldito  me  dio  una  sonrisa  demasiado  encantadora  como  para  negarme,
demonios,  qué  había  hecho.
—Paso  por  ti  a  las  8,  ¿está  bien?
—Claro,  está  bien.
—Que  descanses  y  que  tengas  una  linda  noche.
—Tu  igual.
Me  bajé  del  coche  y  el  aire  frío  me  golpeó  en  la  cara  y  me  aclaro  las  ideas,  qué
acaba  de  hacer,  le  había  dicho  que  sí,  iba  a  salir  con  un  total  desconocido,
bueno  no  un  total  desconocido,  era  el  dueño  de  los  hoteles  Bieber;  era  rico
guapo  y  también  conocido  como  el  hombre  más  mujeriego.  ¿Y  si  todo  era  un
juego?,  yo  no  quería  enamorarme,  no  tenía  tiempo,  pero  con  él  no  pensaba;  se
había  metido  bajo  mi  piel  en  sólo  dos  días  ¿Y  si  me  rompía  el  corazón?
Mierda,  ¿qué  acababa  de  hacer?

**********************

Había  dicho  que  sí,  era  igual  que  las  demás;  una  pequeña  sonrisa,  unas  suaves
palabras  y  decían  que  sí.  No  esperaba  otra  cosa  la  verdad.
De  todos  modos,  ¿qué  demonios  había  hecho?  ¿por  qué  la  invite  tan  pronto?
Debía  haber  esperado  hasta  que  me  lo  pidiera,  hasta  que  rogara  que  saliera  con
ella,  no  podía  cometer  el  mismo  error,  pero  ______  hacia  que  mi  mundo  diera
vueltas.  No  pensaba,  mis  impulsos  juntos  a  ella  se  hacían  más  grandes;  cada  vez
que  la  veía  lo  único  que  quería  era  tomarla  en  mis  brazos  y  besarla  hasta  dejarla
sin  sentido.
Demonios,  de  sólo  pensarlo  mi  sangre  empezaba  a  hervir.  La  deseaba,  pero  sólo
su  cuerpo;  yo  nunca  volvería  amar.  ¡Carajo!  ¿Pero  qué...?  ¡Ella  tenía  que
desearme,  no  yo  a  ella!

No  importaba  como  le  iba  a  hacer,  pero  ella  iba  a  terminar  en  mi  cama
haciendo  todo  lo  que  yo  quisiera.  De  sólo  imaginármela  ahí,  en  medio  de  las
sábanas,  desnuda  con  su  pelo  suelto  y  esperando  por  mi...  Hacía  que  me  diera
una  dolorosa  erección.  Mierda,  no  podía  ponerme  caliente  con  sólo  imaginarlo,
no  iba  a  perder  la  cabeza.
Nunca  lo  volvería  a  hacer.

*********************

No  había  dormido  nada  en  toda  la  noche  pensando  en  lo  mismo,  ¡¡¡qué  iba  a
hacer!!!!  Ya  eran  las  7:30,  ¿y  si  cancelaba?  No,  ya  era  demasiado  tarde,  ya  sólo
faltaba  media  hora,  sería  muy  grosero  cancelar  ahora,  además  ya  estaba
arreglada,  tendría  que  ir.
A  las  8  en  punto  escuché  un  golpe  en  la  puerta  y  la  manada  de  mi  estomago
empezó  a  hacer  revuelo;  cuando  abrí,  ahí  estaba  él  en  un  traje  negro  que  hacía
que  quisiera  ver  que  había  debajo  de  él.
Tendría  que  cambiarme,  junto  a  él  yo  parecía  una  vagabunda.  Llevaba  puesto
un  pequeño  vestido  blanco  de  mangas  largas,  un  listón  beige  en  la  cintura  con
una  pequeña  flor  del  mismo  color  y  unas  pequeñas  zapatillas  blancas,  era  una
vergüenza  mi  aspecto  junto  al  suyo.
—¿Lista  para  irnos?
—Mmm,  creo  que  iré  a  cambiarme.
El  me  dio  una  mirada  la  cual  no  pude  descifrar.
—Creo  que  estás  demasiado  sexy  y  hermosa  con  ese  vestido.
—¿Estás  hablado  en  serio?
—Totalmente,  entonces,  ¿lista  para  irnos?
Demonios,  debí  cancelar  cuando  pude.
—Si  —dije  con  un  suspiro  resignado.
De  nuevo  me  abrió  la  puerta  del  coche.  En  el  camino  ninguno  de  los  dos  habló,
pero  no  fue  necesario;  fue  un  silencio  cómodo  y  no  incómodo.  No  había
necesidad  de  hablar.
Cuando  llegamos  a  un  restaurante,  el  cual  debo  decir  se  veía  demasiado
costoso  pero  demasiado  bello  (por  fuera  estaba  alumbrado  con  una  serie  de
luces  de  navidad  y  unos  lazos  que  colgaban  del  techo  con  pequeños  diamantes
falsos,  o  eso  creía  yo),  entramos  y  nos  llevaron  a  la  mesa.  Unos  momentos
después  llegó  la  mesera  y  tomó  nuestra  orden,  cuando  la  mesera  se  fue,  él
rompió  el  hielo.
—¿Estás  aquí  de  vacaciones?
—Se  podría  decir  que  si,  mi  padre  falleció  hace  unos  meses,  necesitaba  olvidar  y
tener  un  poco  de  aire  nuevo.
—Lo  lamento.
 —Está  bien.
—¿De  qué  murió?
—Estaba  enfermo  del  corazón,  en  su  última  operación  estaba  demasiado  débil  y
no  soportó  la  cirugía.
—Debió  ser  cansado  para  ti.
—Un  poco,  pero  aprendes  a  vivir  y  lidiar  con  ello.
—¿Y  tu  madre?
—Murió  cuando  yo  nací  así  que  sólo  éramos  mi  padre  y  yo,  ¿Y  tú  tienes  familia?
—Es  una  historia  demasiado  larga.
—¿No  era  para  eso  que  venimos  a  cenar?  ¿para  conocernos?  —dije  con  un
poco  de  burla.
—Es  cierto,  bueno,  mi  madre  murió  cuando  yo  era  joven;  debí  haber  tenido  10
años.  Murió  en  un  accidente,  mi  padre  nunca  superó  la  pérdida,  se  dedicó  a
tomar  y  golpearme  cada  vez  que  tenía  la  oportunidad;  decía  que  me  parecía  a
mi  madre  y  empezaba  con  los  golpes,  siempre  estaba  demasiado  herido  como
para  quejarme  o  pedir  ayuda  hasta  que  un  día  una  vecina  vio  todo  y  llamó  a  la
policía;  servicios  infantiles  vino  por  mí  y  me  llevó  a  una  casa  hogar,  desde  ese
día  decidí  que  tenía  que  superarme  para  no  ser  un  don  nadie.  Fui  a  la  escuela,
me  gradué  y  empecé  mi  primer  hotel...  lo  demás  es  historia.
—Lo  lamento.
—¿Por  qué?
—Por  haberte  recordado  tu  pasado.
—Está  bien,  ¿no  venimos  a  eso?  ¿a  conocernos?  —cuando  lo  dijo  me  dio  una
pequeña  sonrisa  pero  esta  no  llegaba  a  sus  ojos.  Claro,  no  era  para  menos,  su
vida  había  sido  demasiado  dura.
Estuvimos  platicando  horas,  reímos,  le  conté  más  sobre  mi  vida  (no  era  mucho
dado  que  tenía  24  años),  no  había  hecho  gran  cosa:  había  terminado  la  carrera
de  administración  y  cuando  iba  a  buscar  empleo  mi  padre  enfermó  y  no  pude
hacerlo,  así  que  mi  carrera  quedó  varada  y  no  tenía  ganas  por  el  momento  de
retomarla;  él  me  contó  de  todos  los  hoteles  que  tenía  por  todo  el  mundo  y
todas  las  cosas  que  había  hecho  con  ellos,  que  eran  bastantes  para  sus  29  años.
Cuando  salimos  del  restaurante  él  me  dijo:
—  Ven,  te  voy  a  enseñar  mi  hotel,  el  de  París  es  el  que  más  hospedajes  tiene.
Cuando  llegamos  al  hotel  era  todo  lujo,  la  decoración  era  una  delicia.  Al  pasar
las  puertas  había  una  pequeña  fuente  con  una  figura  de  una  mujer  en  una
túnica;  habían  también  candelabros  colgando  del  techo,  el  piso  era  de  un
bellísimo  mármol.  Todo  era  simplemente  hermoso.
Al  llegar  al  elevador  Justin  pasó  su  brazo  sobre  mi  cintura  y,  oh  Dios,  sentí
toda  una  descarga  eléctrica.  Pero  fui  distraída  al  darme  cuenta  de  que  el
elevador  era  transparente,  y  mientras  subías  podías  ver  toda  la  ciudad;  lo  mejor
era  como  se  veía  la  Torre  Eiffel  alumbrada,  me  dejó  sin  palabras.  Estaba  tan perdida  viendo  el  paisaje  que  no  me  di  cuenta  hacia  dónde  íbamos.  Cuando
volteé  a  ver  los  botones  había  una  llave  insertada  en  donde  decía  pent—house,
diablos,  ¡vivía  en  el  pent—house!  ¿Pero  no  era  obvio?  Él  era  el  dueño  del  hotel,
¿En  dónde  diablos  estaba  mi  cabeza?
Se  abrieron  las  puertas,  y  era  mejor  de  lo  que  podía  esperar.
—Aquí  estamos.
—Es  hermoso.
—¿Quieres  tomar  algo?
—No,  creo  que  he  bebido  demasiado  en  el  restaurante.
Tenía  una  chimenea,  era  del  tipo  rústico  pero  hermoso.  Nos  sentamos  en  la  sala
y  he  decir  que  era  muy  cómoda.
—No  sé  si  te  lo  han  dicho  pero  eres  hermosa.
Mis  mejillas  ardieron  en  vergüenza.
—Gracias.
Estuvimos  platicando  unas  horas  hasta  que  vi  el  reloj,  era  demasiado  tarde.
—Tengo  que  irme,  ya  es  muy  tarde.
Me  levanté  y  tomé  mis  cosas;  iba  hacia  la  puerta  cuando  sentí  su  mano  en  mi
brazo.  Me  di  la  vuelta  para  verlo  y  noté  que  estaba  más  cerca  de  mi  de  lo  que
mi  cordura  permitía.
—Quiero  volver  a  verte.
—No  creo  que  sea  correcto.
—¿Por  qué  no?
Cada  vez  se  estaba  acercando  peligrosamente,  un  paso  más  e  iba  a  tirar  la
decencia  por  la  ventana,  este  hombre  me  iba  a  volver  loca.
—¿Qué  diría  tu  novia  si  me  ve  contigo?
—¿Novia?  —preguntó  extrañado.
—Leí  en  una  revista  de  chismes  que  el  magnate  Justin Bieber  estaba  casi
comprometido  con  la  modelo  francesa  Márchela  Otti.
Sentí  que  mi  cara  ardía  de  vergüenza,  ¿por  qué  le  había  dicho  lo  de  la  revista?
¿En  qué  estaba  pensando?  ooohh,  eso  era,  no  estaba  pensando;  además  ¿quién
se  llama  así?  Seguro  que  era  como  todas  las  modelos:  anoréxica,  de  piernas
largas,  y  sobre  todo  hermosa.
¡Carajo!  Sentí  una  emoción  desconocida,  está  bien,  no  tan  desconocida,  no
podía  estar  celosa;  no  éramos  nada  ni  él  me  había  prometido  nada.  Además,
apenas  nos  conocíamos.
—¿Márchela?  ¿Estás  hablado  en  serio?
—Sí,  ¿por  qué?
Cuando  me  di  cuenta  el  maldito  hombre  se  estaba  riendo  de  mi,  aaahh,  esto  sí
que  no  lo  iba  a  permitir.  Me  solté  de  su  mano  y  traté  de  seguir  mi  camino  a  la
salida  pero  por  supuesto,  él  no  me  dejó.
 —Espera...  Lamento  reírme,  veo  que  estás  molesta  pero  es  ridícula  esa  historia
de  Ottis  y  yo,  Márchela  es  solo  una  gran  amiga.
—¿En  serio?
—Siiii.
Cuando  terminó  de  decir  esa  pequeña  sílaba,  sus  labios  estaban  casi  rozando
los  míos  pero  por  alguna  razón  no  lo  hicieron,  él  se  alejó,  ¿Por  qué?  Ni  idea.
—Déjame  llevarte  a  casa.
—Ajá...
¿Qué  más  podía  decir?  El  hombre  me  había  dejado  sin  palabras  ¡¡¡y  no
habíamos  hecho  nada!!!
De  camino  a  casa  ninguno  de  los  dos  habló,  de  nuevo,  era  un  silencio  agradable
y  no  incómodo.  Cuando  llegamos  me  abrió  la  puerta  del  coche  y  al  tocar  su
mano  sentí  que  el  corazón  se  me  iba  a  salir  del  pecho.
—¿Puedo  visitarte?  —preguntó.
—Yo….  Lo  que  pasa…..este.
—No  quieres  que  nos  veamos.
—¡¡¡Nooooooo!!!  No  es  eso—  suspiré—.  Está  bien,  puedes  visitarme  cuando
quieras  mientras  me  siga  quedando  aquí.
—Cuenta  con  que  te  visitare  pronto.
En  verdad  este  hombre  haría  que  me  fuera  a  la  tumba.
—Será  mejor  que  entre  —Asintió—.  Adiós.
—Chao.
Y  antes  de  que  me  diera  cuenta...  me  besó.  Pero  en  ambas  mejillas  y  con  eso
bastó  para  que  casi  mis  piernas  se  doblaran.
Lo  más  vergonzoso  es  que  él  había  notado  mi  reacción  y  se  estaba  burlando
poniendo  una  sonrisa  en  su  bello  rostro.
Subió  al  coche  y  lo  vi  alejarse.

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711 days ago

“Bajo las sabanas de un Dios griego”. Capítulo 3; ♥

Lo primero que pensé fue: ¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! Justin
Bieber me acaba de invitar a cenar…
—Pero si apenas me conoces.
—Por eso te invito a cenar, para poder conocerte mejor.
—Pero… yo…. Pero.
—No voy a aceptar un no por respuesta.
—Pero…
—Así tenga que pasar toda la noche fuera de tu casa para que aceptes.
Dios, no iba a decir que no, ¿o sí?
—Está bien.
El maldito me dio una sonrisa demasiado encantadora como para negarme,
demonios, qué había hecho.
—Paso por ti a las 8, ¿está bien?
—Claro, está bien.
—Que descanses y que tengas una linda noche.
—Tu igual.
Me bajé del coche y el aire frío me golpeó en la cara y me aclaro las ideas, qué
acaba de hacer, le había dicho que sí, iba a salir con un total desconocido,
bueno no un total desconocido, era el dueño de los hoteles Bieber; era rico
guapo y también conocido como el hombre más mujeriego. ¿Y si todo era un
juego?, yo no quería enamorarme, no tenía tiempo, pero con él no pensaba; se
había metido bajo mi piel en sólo dos días ¿Y si me rompía el corazón?
Mierda, ¿qué acababa de hacer?

**********************

Había dicho que sí, era igual que las demás; una pequeña sonrisa, unas suaves
palabras y decían que sí. No esperaba otra cosa la verdad.
De todos modos, ¿qué demonios había hecho? ¿por qué la invite tan pronto?
Debía haber esperado hasta que me lo pidiera, hasta que rogara que saliera con
ella, no podía cometer el mismo error, pero ______ hacia que mi mundo diera
vueltas. No pensaba, mis impulsos juntos a ella se hacían más grandes; cada vez
que la veía lo único que quería era tomarla en mis brazos y besarla hasta dejarla
sin sentido.
Demonios, de sólo pensarlo mi sangre empezaba a hervir. La deseaba, pero sólo
su cuerpo; yo nunca volvería amar. ¡Carajo! ¿Pero qué...? ¡Ella tenía que
desearme, no yo a ella!

No importaba como le iba a hacer, pero ella iba a terminar en mi cama
haciendo todo lo que yo quisiera. De sólo imaginármela ahí, en medio de las
sábanas, desnuda con su pelo suelto y esperando por mi... Hacía que me diera
una dolorosa erección. Mierda, no podía ponerme caliente con sólo imaginarlo,
no iba a perder la cabeza.
Nunca lo volvería a hacer.

*********************

No había dormido nada en toda la noche pensando en lo mismo, ¡¡¡qué iba a
hacer!!!! Ya eran las 7:30, ¿y si cancelaba? No, ya era demasiado tarde, ya sólo
faltaba media hora, sería muy grosero cancelar ahora, además ya estaba
arreglada, tendría que ir.
A las 8 en punto escuché un golpe en la puerta y la manada de mi estomago
empezó a hacer revuelo; cuando abrí, ahí estaba él en un traje negro que hacía
que quisiera ver que había debajo de él.
Tendría que cambiarme, junto a él yo parecía una vagabunda. Llevaba puesto
un pequeño vestido blanco de mangas largas, un listón beige en la cintura con
una pequeña flor del mismo color y unas pequeñas zapatillas blancas, era una
vergüenza mi aspecto junto al suyo.
—¿Lista para irnos?
—Mmm, creo que iré a cambiarme.
El me dio una mirada la cual no pude descifrar.
—Creo que estás demasiado sexy y hermosa con ese vestido.
—¿Estás hablado en serio?
—Totalmente, entonces, ¿lista para irnos?
Demonios, debí cancelar cuando pude.
—Si —dije con un suspiro resignado.
De nuevo me abrió la puerta del coche. En el camino ninguno de los dos habló,
pero no fue necesario; fue un silencio cómodo y no incómodo. No había
necesidad de hablar.
Cuando llegamos a un restaurante, el cual debo decir se veía demasiado
costoso pero demasiado bello (por fuera estaba alumbrado con una serie de
luces de navidad y unos lazos que colgaban del techo con pequeños diamantes
falsos, o eso creía yo), entramos y nos llevaron a la mesa. Unos momentos
después llegó la mesera y tomó nuestra orden, cuando la mesera se fue, él
rompió el hielo.
—¿Estás aquí de vacaciones?
—Se podría decir que si, mi padre falleció hace unos meses, necesitaba olvidar y
tener un poco de aire nuevo.
—Lo lamento.
—Está bien.
—¿De qué murió?
—Estaba enfermo del corazón, en su última operación estaba demasiado débil y
no soportó la cirugía.
—Debió ser cansado para ti.
—Un poco, pero aprendes a vivir y lidiar con ello.
—¿Y tu madre?
—Murió cuando yo nací así que sólo éramos mi padre y yo, ¿Y tú tienes familia?
—Es una historia demasiado larga.
—¿No era para eso que venimos a cenar? ¿para conocernos? —dije con un
poco de burla.
—Es cierto, bueno, mi madre murió cuando yo era joven; debí haber tenido 10
años. Murió en un accidente, mi padre nunca superó la pérdida, se dedicó a
tomar y golpearme cada vez que tenía la oportunidad; decía que me parecía a
mi madre y empezaba con los golpes, siempre estaba demasiado herido como
para quejarme o pedir ayuda hasta que un día una vecina vio todo y llamó a la
policía; servicios infantiles vino por mí y me llevó a una casa hogar, desde ese
día decidí que tenía que superarme para no ser un don nadie. Fui a la escuela,
me gradué y empecé mi primer hotel... lo demás es historia.
—Lo lamento.
—¿Por qué?
—Por haberte recordado tu pasado.
—Está bien, ¿no venimos a eso? ¿a conocernos? —cuando lo dijo me dio una
pequeña sonrisa pero esta no llegaba a sus ojos. Claro, no era para menos, su
vida había sido demasiado dura.
Estuvimos platicando horas, reímos, le conté más sobre mi vida (no era mucho
dado que tenía 24 años), no había hecho gran cosa: había terminado la carrera
de administración y cuando iba a buscar empleo mi padre enfermó y no pude
hacerlo, así que mi carrera quedó varada y no tenía ganas por el momento de
retomarla; él me contó de todos los hoteles que tenía por todo el mundo y
todas las cosas que había hecho con ellos, que eran bastantes para sus 29 años.
Cuando salimos del restaurante él me dijo:
— Ven, te voy a enseñar mi hotel, el de París es el que más hospedajes tiene.
Cuando llegamos al hotel era todo lujo, la decoración era una delicia. Al pasar
las puertas había una pequeña fuente con una figura de una mujer en una
túnica; habían también candelabros colgando del techo, el piso era de un
bellísimo mármol. Todo era simplemente hermoso.
Al llegar al elevador Justin pasó su brazo sobre mi cintura y, oh Dios, sentí
toda una descarga eléctrica. Pero fui distraída al darme cuenta de que el
elevador era transparente, y mientras subías podías ver toda la ciudad; lo mejor
era como se veía la Torre Eiffel alumbrada, me dejó sin palabras. Estaba tan perdida viendo el paisaje que no me di cuenta hacia dónde íbamos. Cuando
volteé a ver los botones había una llave insertada en donde decía pent—house,
diablos, ¡vivía en el pent—house! ¿Pero no era obvio? Él era el dueño del hotel,
¿En dónde diablos estaba mi cabeza?
Se abrieron las puertas, y era mejor de lo que podía esperar.
—Aquí estamos.
—Es hermoso.
—¿Quieres tomar algo?
—No, creo que he bebido demasiado en el restaurante.
Tenía una chimenea, era del tipo rústico pero hermoso. Nos sentamos en la sala
y he decir que era muy cómoda.
—No sé si te lo han dicho pero eres hermosa.
Mis mejillas ardieron en vergüenza.
—Gracias.
Estuvimos platicando unas horas hasta que vi el reloj, era demasiado tarde.
—Tengo que irme, ya es muy tarde.
Me levanté y tomé mis cosas; iba hacia la puerta cuando sentí su mano en mi
brazo. Me di la vuelta para verlo y noté que estaba más cerca de mi de lo que
mi cordura permitía.
—Quiero volver a verte.
—No creo que sea correcto.
—¿Por qué no?
Cada vez se estaba acercando peligrosamente, un paso más e iba a tirar la
decencia por la ventana, este hombre me iba a volver loca.
—¿Qué diría tu novia si me ve contigo?
—¿Novia? —preguntó extrañado.
—Leí en una revista de chismes que el magnate Justin Bieber estaba casi
comprometido con la modelo francesa Márchela Otti.
Sentí que mi cara ardía de vergüenza, ¿por qué le había dicho lo de la revista?
¿En qué estaba pensando? ooohh, eso era, no estaba pensando; además ¿quién
se llama así? Seguro que era como todas las modelos: anoréxica, de piernas
largas, y sobre todo hermosa.
¡Carajo! Sentí una emoción desconocida, está bien, no tan desconocida, no
podía estar celosa; no éramos nada ni él me había prometido nada. Además,
apenas nos conocíamos.
—¿Márchela? ¿Estás hablado en serio?
—Sí, ¿por qué?
Cuando me di cuenta el maldito hombre se estaba riendo de mi, aaahh, esto sí
que no lo iba a permitir. Me solté de su mano y traté de seguir mi camino a la
salida pero por supuesto, él no me dejó.
—Espera... Lamento reírme, veo que estás molesta pero es ridícula esa historia
de Ottis y yo, Márchela es solo una gran amiga.
—¿En serio?
—Siiii.
Cuando terminó de decir esa pequeña sílaba, sus labios estaban casi rozando
los míos pero por alguna razón no lo hicieron, él se alejó, ¿Por qué? Ni idea.
—Déjame llevarte a casa.
—Ajá...
¿Qué más podía decir? El hombre me había dejado sin palabras ¡¡¡y no
habíamos hecho nada!!!
De camino a casa ninguno de los dos habló, de nuevo, era un silencio agradable
y no incómodo. Cuando llegamos me abrió la puerta del coche y al tocar su
mano sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.
—¿Puedo visitarte? —preguntó.
—Yo…. Lo que pasa…..este.
—No quieres que nos veamos.
—¡¡¡Nooooooo!!! No es eso— suspiré—. Está bien, puedes visitarme cuando
quieras mientras me siga quedando aquí.
—Cuenta con que te visitare pronto.
En verdad este hombre haría que me fuera a la tumba.
—Será mejor que entre —Asintió—. Adiós.
—Chao.
Y antes de que me diera cuenta... me besó. Pero en ambas mejillas y con eso
bastó para que casi mis piernas se doblaran.
Lo más vergonzoso es que él había notado mi reacción y se estaba burlando
poniendo una sonrisa en su bello rostro.
Subió al coche y lo vi alejarse.

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