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742 days ago
Un día cualquiera, un día singular, un día al que para algunas personas fue normal, pero para mí, fue el mejor. ¿Queréis qué os cuente una historia? ¿Nuestra historia? Fue un tres de Junio del dos mil once, verano. Nos conocimos unos días antes, como si fuésemos amigas de toda la vida, compartiendo secretos, risas, momentos. ¿Quién nos iba a decir que ese sería el comienzo de nuestra amistad? Nadie. Y llegó el día, el día en el que nos conocimos, ese tres de Junio. Impaciente por que llegase, sentada en un banco con más Beliebers. Ella se hacía de esperar, pero de pronto, apareció la loca de los pelos rizados, con una sonrisa en la cara. Una sonrisa de la cual estoy enamorada y espero que nunca deje de brillar. Nos abrazamos, nos sonreímos. En nuestras caras se podía ver la ilusión que nos hacía conocernos, estar juntas. Quedamos unos días más, hasta que llegó Septiembre. ¿Qué pasó? Ninguna lo supo, nos olvidamos de la otra, pero en verdad, ambas nos seguíamos acordando de la otra. ¿Cómo poder olvidarme de una persona tan genial como es ella? No puedo. Por motivos desconocidos, sin saber la causa, nos volvimos hablar. ¿Cuándo? Unos meses antes del verano. Quedamos y volvimos a compartir risas, momentos, penas, llantos, todo. Volví a ver esa sonrisa que durante meses había guardado en mi cabeza y que constantemente me preguntaba el cuándo poder volver a verla. Llegó verano, un verano inolvidable el del dos mil doce. Nos volvió unir nuestro ídolo. Las entradas del Believe Tour se empezaban a poner en venta, y ambas queríamos ir. Yo me tuve que ir de vacaciones y ella también, sin casi comunicación, pude llamarla y contarle que sí, que tenía entradas, que había conseguido mi sueño. Ella me contó que también, pero no para la misma ciudad, yo tenía para Barcelona, ella para Bilbao. Estuvimos pensando en ir juntas a Bilbao, en estar unidas en esta experiencia que era única para las dos. Volvimos de las vacaciones, unas semanas, aún era Junio, a mitad, más o menos. Un día quedamos, y nos encontramos con su madre, y se le ocurrió decirle si podía irme con ellos a la playa. Después de unos días, me dijo que no, que no podía ir por motivos que ambas conocemos, después de otros días me dijo que sí, que podía ir. Y ocurrió. Cuando menos me lo esperaba estaba en el coche, con los cascos puestos, mirando por la ventana mientras su hermano nos daba el follón y ella escuchaba música. Y llegamos, llegamos a la playa y vivimos una semana intensa, llena de emociones, tanto llantos como sonrisas. Una semana que para mí marcó mi vida y que nunca olvidaré, que siempre estará en mi corazón. Al terminar el verano, las dos nos prometimos no separarnos en invierno como el año en el que nos conocimos, y así de momento estamos cumpliendo. A pasado Septiembre, y dentro de poco pasa Octubre y las dos seguimos unidas, hablando todos los días que podemos, quedando cuando alguna tiene un hueco. Y me alegro que estemos cumpliendo nuestra promesa, porque sé que ahora mi felicidad depende de ella. Que si ella no está, no tengo nada, aunque ella piense lo contrario. Que no la cambiaría por nada, ni nadie. Que nos unió nuestro ídolo, ese que es criticado por cumplir su sueño. El día que no hable con ella me falta algo, porque sin ella no puedo seguir adelante, porque se ha convertido en una pieza fundamental en mi vida. Que si ella me dice salta, yo saltaré. Y que si ella se cae, estaré ahí para evitarlo y que se levante con más fuerza. Porque ella me ha enseñado el verdadero significado de la amistad, que hasta hace poco no sabía cual era. Sólo quiero, que tú, Reyes Córcoles Martinez, sepas que te quiero, que nunca podré olvidarme de alguien como tú, con esa sonrisa que como ya digo me tiene enamorada, esos ojos marrones y grandes que envidio. ¿Te puedo pedir un favor? No me faltes nunca, por favor.
PD: Te quiero.

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