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751 days ago
Capítulo 2
Javier tomó el camino al instituto más largo, pues le apetecía pasear. El pan recién echo daba aroma a toda la calle y el pueblo quedo a oscuras cuando la hora en que se apagan las farolas llegó. En la madrugada había llovido, por lo cual, diminutas gotitas de rocío texturizaban los cristales de los coches. Al horizonte de la avenida, los primeros rayos de sol aparecían suavemente, y una nueva jornada comenzaba en el pueblo, como todos los días.
Javier se acercaba al instituto, y en la penúltima manzana antes de llegar, escuchó que alguien le llamaba.
— ¡Javi, espérame! — Era Natalia, que venía detrás de él.
— Hola Natalia. No te había visto.
— Estaba intentando alcanzarte. ¡Y aquí me ves! — Se rió. Pero Javier no. — ¡He! ¿Qué te pasa? Te veo mala cara.
— Nada, que no he dormido bien.
— Bueno… Ahora tenemos que hacer la práctica de biología en el laboratorio. Creo que miraremos unas células de la boca al microscopio.
En la entrada, antes del timbre, Javier no paró de buscar a Daniel, pero hizo todo en vano. Daniel no apareció.
— ¡He Javi, que ha tocado el timbre! No te empanes. — Le avisó Natalia.
Todos entraron al instituto.
Cuando comenzó el patio, Daniel apareció.
— ¡Daniel, creía que no vendrías nunca! — Exclamó Javier.
— Vaya, sí que me echabais de menos. — Dijo Daniel.
— ¡Ha sí! Tengo una libreta tuya, estaba en la biblioteca.
— Así que tú tenías mi libreta.
— Sí. Fui a… — Javier casi dijo que fue a casa de Daniel, y no quería que Daniel sospechara de que sabía algo. — ¡Secretaria! Pero no había nadie para dejarla ahí.
— Gracias por cuidármela.
Daniel parecía más animado de lo que Javier pensó que estaría. Esto extrañó a Javier, que no había olvidado el incidente pasado.
En las siguientes clases Javier se sentó al lado de Daniel. Natalia estaba dos filas más detrás con su amiga Delia.
— Te veo desanimado. — Dijo Javier. Pero Daniel se mostraba animado, aunque Javier pensaba que por dentro estaba mal.
— ¿Yo? No… ¿Por qué lo preguntas?
— Lo noto. ¿Te ha pasado algo malo?
— No.
— ¿Enserio?
— ¡Que no! ¡No sé por qué preguntas eso, estoy bien! — Daniel estaba hablando muy alto. Casi gritando.
— ¡Daniel! ¿Qué comportamiento es ese? Ves a dirección. — Dijo la profesora. Estaba enfadada por el comportamiento de Daniel.
— ¡Joder! — Gritó Daniel a la vez que propinaba una fuerte patada a su mochila, mandándola a mitad del pasillo. Luego salió del aula.
La profesora tomó medidas frente a ese comportamiento tan agresivo, y le anotó una falta grave.
Javier se quedó perplejo ante la agresividad de Daniel, pero sentía pena por él, pues la culpa de que se enojara era suya. Sabía que estaba mal por lo que ocurrió el anterior día.
En la siguiente y última clase Daniel se sentó al final, sin nadie a su lado. Pero no parecía estar enfadado, más bien, decaído.
A mitad de clase una bolita de papel le dio a Javier en la cabeza y este se giró.
— Coge la nota. — Le dijo Daniel con señas.
Javier cogió la nota y la leyó. “Siento lo de antes. Quiero hablar contigo a la salida”. Es lo que ponía en la nota de Daniel.
En ese momento pensó que iba a perder la poca amistad que tenía con Daniel.
Sonó el timbre, y Javier salió a la entrada, donde le esperaba Daniel. Se fueron a un parque donde no había gente.
— Javier… Perdón por lo que he hecho antes, veras… Tú ya sabes lo que me ocurre. Sé que sabes lo que pasó ayer. — Dijo Daniel.
En ese momento Javier estaba sorprendido. No esperaba que Daniel supiera que se había enterado de lo que pasó. No comprendía como era posible.
— Te vi desde la ventana entrar en mi finca. Yo estaba pasando de él, por eso estaba en la ventana, y como no le escuchaba, me pegó. — Dijo Daniel.
— No quiero meterme Daniel… Pero, no te estaba pegando. ¡Tu padre te estaba maltratando!
— ¿Mi padre? ¿Qué dices? ¡Es mi hermanastro!
— ¿Tu hermanastro? — Preguntó Javier sorprendido.
— Claro. Mi padre está trabajando en Alemania. Y mi madre vive a treinta kilómetros de aquí. Estoy a cargo de mi hermanastro.
— ¿Y tú padrastro?
— Murió en un accidente de coche, hace seis años.
— Lo siento.
— No lo sientas. Mi padrastro era un cabrón. Igual que lo es su hijo.
— ¿Lo sabe tu madre?
— No. Si se lo digo puede caer en depresión. Solo hace un año que supero la depresión por la muerte de mi padrastro. No sé cómo podía amar a ese imbécil.
— Pero no puedes dejar que tu hermanastro te maltrate.
— ¡No te metas en esto! Es cosa mía.
— Daniel, te está maltratando. ¿No te das cuenta?
— Enserio Javier. No te metas en esto. No quiero hacer otra locura.
— Tú sabrás lo que haces. ¡Adiós!
Los dos se marcharon por caminos distintos. Javier estaba un poco confundido. Todo había pasado demasiado rápido. A la vez, estaba enfadado con Daniel, porque no soportaba saber que era maltratado y que él no hiciera algo al respecto.

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