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751 days ago
______ Wilson es una chica citadina y superficial que cree tenerlo todo en la vida, pero todo cambia en su mundo de perfección, cuando su padre Elliot Wilson recibe un nuevo puesto de trabajo fuera de San Diego. Es entonces cuando _____ cree que todo su mundo ha sido afectado por aquel cambio, pero pronto se dará cuenta de lo contrario al conocer a Liam, un chico con una capacidad especial que le hará saber que el amor puede verse mejor desde el corazón.
Miradas del corazón es el primer libro de mi antología Crónicas de un amor. Una historia llena de un amor puro y sincero, que no se deja guiar por las apariencias, si no por el alma y el corazón de aquella persona que tanto se ama.
Prefacio - La entrevista
Mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho, lo oía claramente retumbar en mis oídos como enormes tambores. En varias ocasiones estuve a punto de salir corriendo del lugar, pero tomé todo el valor que había en mí y me quedé ahí plantada esperando, no podía salir huyendo así como así, "¿A caso no es lo que quieres?", preguntó una voz dentro de mi cabeza, "claro que es lo que quiero", respondí yo misma con decisión, asentí sin poder evitarlo y tomé mi asiento de los extremos como obligando a mi cuerpo a permanecer ahí.
Me dediqué entonces a observar aquel sitio, las blancas paredes de la sala de espera estaban bastante limpias y relucientes; había gente que pasaba sin cesar frente a mí, bastante ocupada en lo que hacía, pues ni siquiera parecían darse cuenta de la presencia de aquella chica delgada, de cabello castaño y piel calida que estaba ahí sentada en una de las tantas sillas.
-______ Wilson- llamó una mujer tras un mostrador cerca de la pequeña sala de espera.
Salté de mi asiento al escuchar mi nombre, caminé apresuradamente hasta donde se encontraba aquella persona, una mujer de mediana edad, un poco robusta pero de aspecto amable, quien sonrió de manera comprensiva al verme llegar hasta ella dando traspiés y con cara de estar bastante nerviosa.
-¿_____ Wilson?- preguntó ella en cuanto llegué al mostrador frente a ella.
-Si- contesté yo con voz temblorosa.
-Bien, necesito que me llenes firmes en este libro con lo requerido... solo es un control de acceso, todo aquel que entra en la estancia tiene que hacerlo- declaró ella pasándome el pesado libro y una pluma.
Yo firmé aquello en silencio y con todo el cuidado posible para no equivocarme. Después de haber terminado lo que aquella mujer me mandó volví a dirigirme a ella, que en aquel momento estaba enfrascada en una computadora, en el que parecía ser su escritorio. Al darse cuenta de que la observaba nuevamente desvió la mirada de lo que hacía y caminó hacia mí.
-La directora te espera, la última puerta a mano derecha.
Caminó en dirección a la pequeña puerta que estaba en el mostrador y la abrió para que yo pasara por ella. Por un momento me quedé ahí parada, esperando a que esta me guiara, pero al ver que se volvía a sentar tras su escritorio comprendí que yo misma tenía que ir a buscar a la directora.
Caminé por un largo pasillo, ahí las paredes ya no eran blancas, si no de suaves colores pastel: rosas, azules, amarillos y verdes, eran los colores que cubrían las paredes de pasillos y salones en los que niños y niñas jugaban y cantaban. Al fin llegué al final de aquel enorme pasillo, ahí había solo una puerta de madera fina, aspiré hondo por la boca y luego llamé tres veces a la puerta.
-Adelante- dijo una voz femenina desde dentro de la habitación.
Di vuelta a la manija y abrí lentamente la ligera puerta de madera, dentro yacía una mujer joven, de largo cabello castaño claro que caía sobre sus hombros y tras la espalda, sus ojos verdes eran enmarcados por unas finas gafas y vestía un elegante traje color oscuro, al verme, aquella elegante mujer sonrió e hizo una seña para que pasara por completo a la habitación.
-Toma asiento, por favor.
Yo accedí al instante y tomé asiento torpemente frente a ella en una silla de cojines de terciopelo.
-Eres... _____ Wilson, ¿verdad?- comentó mirando una hoja, de seguro era la solicitud de empleo que había mandado hace unas semanas atrás.
-Si- contesté yo con un hilo de voz poco audible.
-Mucho gusto, soy la profesora Nicole Wells, directora de la estancia- dijo ella tendiéndome una mano por encima del elegante escritorio.
-El gusto es mío- contesté yo mientras estrechaba la mano que me tendía.
-Estaba viendo tus notas... son muy buenas debo decir- dijo esta mientras echaba una mirada en una hoja.
-Gracias...
-Bueno...- me ponía un tanto nerviosa saber que estaba leyendo sobre mí en aquellas hojas, la examinó por un momento y luego se volvió de nuevo hacía mí- aquí menciona que tienes 23 años... estudiaste para educadora, si bueno, todas las chicas que vienen por el trabajo traen estos mismos datos.
-¿Entonces está mal?, ¿necesitaba algo más... que me faltó?- pregunté yo de inmediato. No recordaba que se me hubiera pasado apuntar algún dato o algo en mi solicitud, estaba segura que estaba todo completo.
-No, no... No te preocupes por eso, no te falta nada. De lo que yo hablaba es que necesito saber más sobre ti... como... ¿Qué te gusta hacer?- preguntó ella como dando un ejemplo mientras se encogía de hombros.
-Ah, bueno...- el simple hecho de contestar una pregunta tan fácil me hacía poner de nervios, talvez de aquella fácil preguntita podía depender que me dieran o no el puesto- me gusta escuchar música... eeh...
-La música es una buena forma de enseñanza, de hecho, solemos usarla mucho con los niños- comentó ella con una sonrisa.
-Si... lo aprendí en la escuela...
-______l- llamó la directora de pronto, algo que me hizo saltar levemente al oírla- imagino que sabes que tipo de estancia es esta, ¿verdad?
-Si, lo se- contesté yo mirándola a los ojos.
-Entonces supongo que comprendes lo importante de este trabajo. Trabajar con niños de habilidades especiales no es cualquier cosa, requiere de una gran responsabilidad de tu parte- explicó ella con energía, mientras me miraba directamente a los ojos sin casi pestañear.
-Lo se y lo entiendo- repuse yo tratando de sonar lo más convencida posible de lo que en verdad quería.
-Entonces... me gustaría que me contaras mejor, porque es que has decidido dedicar tu vida a la educación de niños especiales- pidió ella mientras posaba ambas manos sobre el escritorio.
-¿Por lo que he decidido dedicarme a esto?- pregunté yo mientras me acomodaba mejor en la silla.
-Sí. Quiero que me cuentes que es lo que te ha motivado... porque debe haber algo, ¿verdad?
-Sí, si... lo hay, pero... es una larga historia- expliqué yo.
La recordaba perfectamente, desde el primer día en que aquello cambió mi vida tan repentinamente, porque si había un gran motivo por el que yo hubiera querido dedicarme al cuidado y educación de niños especiales.
-No tengo nada más que hacer el resto del día, así que creo que tenemos el tiempo necesario para escuchar tu historia- dijo ella haciéndose un poco hacía adelante en su silla, me miró fijamente y compuso una sonrisa.
-Más que nada... yo creo que los niños no son quienes aprenden de nosotros, si no que nosotros aprendemos de ellos.- hice una pausa en la que me dediqué a meditar en lo que diría a continuación- Nosotros solo los impulsamos para que sean personas de bien cuando crezcan, ellos en cambio nos enseñan a ser mejores personas...
Miré a aquella mujer que se encontraba frente a mí, pude percibir el ansia en su rostro, me miró con interés y sonrió en señal de que diera inicio a mi relato.

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