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Mariano Martínez ( @mariannmartinez ) : “El cine no es lo mismo que la tele”
El jueves estrena la película “La pelea de mi vida”, donde vuelve a componer a un boxeador, como en “Campeones”. El galán cuenta en qué pugilistas se inspiró, dice que la trama contiene una historia de amor y adelanta su próximo unitario en Telefe.

El productor Luis Alberto Scalella cuenta que fue Santiago Segura (actor y director de la saga Torrente ) quien, de alguna manera, lo convenció de que la apuesta valía la pena. Cuando Segura viajó a la Argentina para presentar Torrente 4 , Scallela le había preguntado por qué había decidido hacerla en 3D. Segura respondió: “Porque hay que darle más a los espectadores”. Esto, dice Scalella, lo dejó pensando, y decidió que La pelea de mi vida era la película ideal para hacer la prueba, ya que es una película con mucha acción en la que el 3D no sólo da espectacularidad, sino que contribuye a la trama en términos narrativos.

La película cuenta la historia de El Príncipe (Martínez), ex campeón mundial de box, que en su juventud tuvo una actitud antideportiva hacia su archirrival, El Potro (Federico Amador, de Niní), y fue descalificado. Después de este hecho lamentable, El Príncipe huye de la Argentina, en parte por vergüenza y en parte por orgullo, y lo hace sin decirle a nadie adónde va. No se lo cuenta ni siquiera a su novia de entonces, que está -aunque El Príncipe no lo sabe- embarazada de pocos meses. Diez años después, que es el momento desde el que empieza a contarse la historia, las vueltas de la vida traen a El Príncipe nuevamente a Buenos Aires. Lo primero que el ex campeón hace al llegar es intentar conectarse con su novia de entonces, pero descubre tres cosas: que la chica murió, que después de que él la abandonara ella empezó y formalizó una pareja con el mismísimo Potro, su otrora enemigo, y que -lo más importante de todo- tiene un hijo.

Un hijo que no es del Potro, sino suyo, que se llama Juani (Alejandro Porro) y ahora tiene 10 años. Mientras El Príncipe intenta “mejorar su vida” y corregir sus errores para poder ser un padre (y si es posible, un buen padre) para Juani, el Potro intenta retener al chico con él, a quien quiere como si fuera su propio hijo; porque, al fin y al cabo, fue el Potro quien lo crió y lo cuidó. El Príncipe regresa a su país no sólo para recuperar su honor y su dignidad sobre el cuadrilátero, sino también para conquistar el amor de Juani. Quién se quedará finalmente con el chico es algo que estos dos boxeadores definirán de la única forma que conocen para arreglar las cosas: en un ring, y a las piñas.

Clarín conversó con Mariano Martínez sobre la película y su nuevo proyecto televisivo en el que, por primera vez, además de ser actor, se lanza al mercado como productor.

Ya habías interpretado antes a un boxeador...

Sí, en Campeones , a mis 18. Ahí me conecté con el boxeo. Tenía relación antes con los deportes de contacto, hacía taekwondo hasta que a mis 9 años tuve un accidente. Un colectivo me pisó una pierna, estuve dos años sin caminar, y ahí tuve que dejar todos los deportes. Pero el deporte de contacto, las artes marciales, me fascinaban. Cuando me recuperé de a poco fui volviendo a practicar artes marciales, y cuando llegó Campeones me acerqué al boxeo, durante tres años. Después nunca más boxeé, hasta que me llegó la propuesta de La pelea de mi vida . Ahí me puse a hacer laburo intenso, técnico y físico, para lograr parecerme lo más posible a un boxeador.

¿Te inspiraste en algún boxeador puntual para construir el personaje?

No. Miré mucho, para ver la técnica, qué me gustaba más, en qué me sentía más cómodo. Pero hay boxeadores que me encantan, por lo aficionado que soy. (Marcos) Maidana, por ejemplo. O Maravilla Martínez, a quien descubrí antes de que fuera un boom acá en la Argentina. Ahora pelea en septiembre y estoy atento al resultado, me interesa. Pero para componer el personaje trabajé mucho en “descontracturar el muñeco”, como decía mi coach. Algo más relacionado con sacar los vicios de la tele. No sé bien cuáles vicios, pero el cine no es lo mismo que la tele. Y como había tiempo, porque el cine te da mucho más tiempo que la tele, pude trabajarlo bien. Me sentí muy bien en el rol, muy seguro. En cada situación yo sabía qué cuerpo tenía mi personaje.

¿Eran intensas las escenas?

Muy. Todo estaba coreografiado, pero igual no dejabas de tirar golpes durante diez horas, y de moverte y tener los hombros arriba en tensión, y eso te quema. Pero estábamos entrenados para eso, para aguantarnos eso. Había que tener cuidado para no lastimarnos, porque estábamos actuando, no somos boxeadores. Pero salió bien, salió real.

¿”La pelea de mi vida” es una historia de amor?

Diría que sí. Una historia de amor entre dos padres y un hijo. Un padre biológico, y otro político. Lo que tiene de bueno esta historia es que los dos que pelean por el hijo son buenas personas, dos tipos de buenos sentimientos. No está el malo y el bueno, son dos tipos que tienen debilidades, claro, pero no son malas personas. Esto, que tal vez es poco común en una película comercial de estas características, hace muy linda la historia. Todo el desenlace, creo yo, es inesperado. Tiene humor, romance, acción... Y el 3D está buenísimo. Porque cada puesta, cada iluminación, todo está pensado para que se aprecie eso, algo que le da otra profundidad, otra realidad a la imagen.

¿Tu personaje es un “tiro al aire”?

Tal vez eso parece al principio, pero no. Después te vas dando cuenta de que es un pibe tristísimo, que está solo, que nunca pudo separar ese incidente que le pasó cuando era joven y fue descalificado en la pelea más importante contra El Potro. Se escapa, no le dice ni a sus amigos, y está muy solo. Y cuando vuelve y descubre que tiene un hijo de 10 años, se da cuenta de que tiene algo por lo cual cambiar sus defectos, algo por lo cual pelear. Tiene una segunda oportunidad para hacer las cosas mejor.

¿Esto se dirime en una pelea final?

Sí, porque cuando él vuelve y descubre todo esto dice “vuelvo por todo”. Entonces quiere no sólo armar una relación con su hijo, sino también volver a conquistar el título de campeón del mundo, que es lo que él había perdido cuando se fue.

Es un hijo con dos papás y ninguna mamá…


Exacto, y de eso también habla la película. De los nuevos formatos de familias, algo que tal vez en el pasado podía parecer “disfuncional”, pero que hoy es lo más normal del mundo. Podés tener un papá y una mamá, o sólo uno, o dos papás y ninguna mamá, o dos mamás y dos papás… O la combinación que quieras. Pero lo que importa, lo que yo creo que cuenta esta historia, es que cualquier familia va a funcionar, sin importar la “forma” que tenga, si hay amor.

vía http://www.clarin.com/espectaculos/cine/cine-mismo-tele_0_766123436.html