-víctor.

@victorandxtina

and in that moment, i swear we were so fetch!.

La canción de cuna de Rue... (FanFic - One-shot).

La oscuridad reinaba cada vez más aquella nublada tarde, y la luz que avanzaba entre las ramas de los altos árboles se extinguía poco a poco. Esa pequeña niña seguía saltando entre las ramas más altas divirtiéndose un poco al ya finalizar la jornada diaria de trabajo. No podía creer lo fácil que se le hacía transportarse de un árbol a otro pues hace apenas un par de meses había empezado a aventurarse de esa manera entre las plantas, la sensación que envolvía a su cuerpo al saltar era única e inigualable, incluso podía afirmar que era lo que más le gustaba del día. 

Cuando logró notar un poco de cansancio, avanzó un par de ramas más hasta llegar a la parte media del roble más fuerte que había en la región. Suspiró al llegar y cerró los ojos un rato, relajándose ante los ligeros cantos que regalaban las aves que se preparaban para dormir. Notó un bulto dentro de su pantalón y recordó lo que había conseguido hoy, después de asegurarse de que no hubiera nadie cerca (aunque claro, tan arriba pocos llegaban, más no era imposible) sacó unos cuantos frutos que había tomando en secreto y sonrió inevitablemente al imaginarse la felicidad de sus hermanos menores al ver semejante tesoro para sus paladares. Dejó sus piernas al aire agitándolas ligeramente observando su entorno para planear cómo bajaría de allí. Definitivamente ésa era la parte más difícil, pues al bajar saltando de rama en rama nunca se tenía bien definido un camino, incluso corría el peligro de que alguna se rompiera, sin embargo lo dudaba pues era una niña muy delgada y poco pesada. 

Se armó de valor y decidió brincar hacia otro árbol situado a no más de un metro de ella. Se dibujó una sonrisa de alivio en su rostro al llegar a la delgada rama que quería, pues entre más pequeña fuera la parte del árbol, más peligro tenía de caerse. Se tomó del tronco con fuerza y se aseguró de que las bayas siguieran en su lugar. Fácilmente continuó cayendo de árbol en árbol debido a que siempre pensó que lo más difícil de todo era el primer salto.

Cayó en el piso haciéndo un ruido seco que se dispersó por el claro al que llegó. Un par de trabajadores iban caminando, aunque casi no notaron la llegada de la chica, pues ya se habían acostumbrado a ver caer la gente de los cielos, era algo natural en el Distrito 11. Lo único que les sorprendía a los habitantes era observar a una niña tan corta de edad haciéndo un trabajo que regularmente ocupaban las personas más experimentadas, claro, procurando que tuvieran buena condición física para realizar aquella tarea. 

Comenzó a caminar dirigiéndose hacia su humilde hogar, mientras tarareaba una antigua canción de cuna que siempre le cantaba su abuela, de hecho, había bautizado a la canción como ‘La canción de Rue’, dado que a la hora de dormir, era la favorita de la pequeña niña. Aunque Rue suponía que la tituló así porque a su abuela siempre se le olvidaban las cosas, sin embargo, la intención era lo que contaba.

De repente, alcanzó a escuchar un sollozo a la distancia, no obstante siguió caminando. El ruido se incrementó conforme avanzaba, lo cual empezaba a molestarle un tanto pues estaba acostumbrada al silencio. Un par de metros adelante distinguió que se trataba del ruido de un bebé pues era muy agudo como para ser de alguien mayor. Preocupada por el bienestar del pequeñuelo se orientó hacia el lugar de donde provenía el llanto. Se sorprendió al ver a un pequeño crío envuelto en sábanas grises (tal vez blancas originalmente, pero la suciedad que se notaba en ellas no lograba ayudar a distinguir el verdadero color). Lo observó por un rato, todavía sorprendida de que alguien pudiera abandonar a semejante chiquillo a su suerte, agudizó sus sentidos procurando que nadie estuviera cerca y lo tomó en brazos cuidadosamente. No sabía si estaba bien o mal el tomar a un bebé como si nada, pero los agentes de la paz que vigilaban el Distrito 11 ya no dejaban siquiera saber qué habías hecho incorrectamente con tal de castigarte, muchos llegaban a pensar que lastimaban a los humildes habitantes sólo por placer, lo cual a Rue le disgustaba demasiado. Por suerte, pronto llegarían los Juegos del Hambre y los agentes de la paz tendrían otra cosa en la cual enfocarse. El llanto del bebé se hizo más fuerte y la morena Rue decidió sentarse entre las raíces de un árbol cercano para tratar de calmar al pequeño. Al darse cuenta que la mugre no sólo atacaba a las mantas sino también al cuerpecillo del niño, pensó en limpiarlo, más sólo se le vino a la mente un lugar: El Manantial Metza, un pequeño lago prohibo para los habitantes por órdenes del alcalde, quien lo usaba exclusivamente para su familia. Pero claro, Rue y unos cuantos amigos suyos ya habían descubierto una manera rápida de llegar sin ser detectados por los vigilantes, sin embargo al ser tan peligroso, Rue sólo había decido entrar una vez. Fue asombroso, pero el sentimiento de culpa la había embargado por tres semanas enteras, así que desistía de ir nuevamente. Pero ahora era importante, ella tenía conciencia de lo elemental que era la limpieza de un pequeño, su abuela siempre bañaba a sus hermanitos todos los días sin falta, pues argumentaba que podían contraer alguna enfermedad, las cuales abundaban en el 11. Siguió su camino, vigilante por si algún agente aparecía en cualquier parte. Recorrió casi un kilometro hasta llegar al hoyo que la conducía subterraneamente hasta una abertura oculta por diversos arbustos. La cruzó procuranto que no se lastimara el bebé y por fin distinguió el manantial al salir, se veía igual de precioso que la última vez, lo más hermoso que había visto jamás, con pequeñas plantas alrededor y diversos animalitos que embellecían el paisaje. Cualquier otra persona que no viviera allí podría confesar con toda seguridad que ese lugar no era el Distrito 11 por la diferencia al resto del aspecto del pueblo. 

El niño paró de llorar cuando sintió las primeras gotas de agua en su cabecita, lo había desnudado con cuidado, dándose cuenta que era en realidad una niña. ‘Gracias a Dios’, pensó Rue inocentemente, pues lo que menos quería en éstos momentos era verle sus partes a un bebito. Al terminar, le dio a beber un poco de aquella agua pura, tuvo que requerir varios sorbos debido a que parecía que la chiquilla no había bebido nada en un buen tiempo. La dejó descansando a un lado mientras limpiaba rápidamente sus sábanas, todavía con miedo a ser descubierta.
Una hora después ya estaba tranquilamente junto a la niña, todavía a la orilla del manantial. Decidió refugiarse cerca de un cómodo arbusto para lograr dormir a la bebé, quién ya se había comido la mitad de las bayas que Rue había recolectado en la mañana. La diminuta sonrisa que se dibujaba en el rostro de la pequeña le hacía olvidar todas sus preocupaciones, obviamente quería una bebé como esa de nuevo en su casa, no recordaba lo bien que le reconfortaba la felicidad de un ser como áquel. ‘Cuando sea grande definitivamente tendré un bebé, ¡es de lo más lindo del mundo!’, pensaba con inocencia la muchacha. Sin embargo, al repasar las circunstancias en las que vivía su gente actualmente, no se imaginaba el traer niños a éste mundo. 

Se sobresaltó nuevamente al escuchar un ligero sollozo de la creatura y sonrió al ver que la pequeñita parpadeaba una y otra vez pesadamente. Recordó su canción de cuna favorita, y comenzó a tararearsela con voz silenciosa. Eso le ayudaría a dormir definitivamente. Aprovechó la situación para arreglarle un poco el cabello al bebé, acariciando sus pequeños y delicados mechoncitos cafés. Sus facciones eran hermosas y sus ya cansados ojos lograrían que cualquier persona se perdiera en aquella inocencia teñida de marrón claro. Al lograrla dormir, Rue recordó que no sabía el nombre de aquella pequeña, definitivamente debía de ponerle uno, ¿pero cuál sería el indicado para éste ángelito que había encontrado?, debía de bautizarla de una manera especial, pero…

Una sensación de terror la inundó cuando visualizó a dos agentes de la paz que se dirigian a ella, no lo podía creer, quedó en shock en el instante, ¿qué le harían a ella y a su familia?, ‘O peor, ¿qué le pasará a la bebé?’ pensó Rue entrando en pánico.

-Jovencita, ¿qué hace en ésta área restringida?, ¿sabe que el acceso a ciudadanos está estrictamente prohibido, verdad? –argumentó con voz firme aquél soldado vestido de blanco-.

Si, pero… yo… es que… -titubeó tímidamente Rue, consumida por el miedo-.

¿Usted qué? –dijo gravemente el segundo agente-.

Yo… encontré a ésta niña aquí cerca de la entrada al manantial, la escuché llorar y vine a ver si estaba bien…  -susurró mintiendo la pequeña Rue, esperaba que no pasara nada malo, no se imaginaba los mil castigos que podrían aplicarle-.

¿Por qué no reportó su hallazgo con nosotros? –inquirió nuevamente el segundo agente-.

P-porque apenas la encontré hace un par de minutos antes de que ustedes llegaran, m-me iba a dirigir c-con ustedes justamente cuando llegaron… -mintió entrecortadamente la morena-.

Los agentes de la paz susurraron con las cabezas juntas por largo rato. ‘Probablemente estén pensando en algún tipo de castigo para mí, o peor, para mi familia’ pensaba nerviosamente Rue, a quien ya le empezaban a temblar las piernas, aún con la bebé en brazos. Después de un par de minutos, los agentes voltearon a verla nuevamente.

Señorita, nos vamos a llevar al bebé con nosotros y usted podrá irse, sólo que su ración de comida disminuirá por dos semanas, a manera de reprimenda por estar en terreno prohibido a éstas horas… -afirmó el primer agente de forma amenzadora-.

P-pero… ¿qué le harán a la bebé? –preguntó preocupada la niña-.

La llevaremos con nuestros superiores, probablemente buscarán a su familia, y de no ser así, asignarán a alguien para su cuidado –concluyó fuertemente el mismo oficial-.

¿Tiene alguna información importante que darnos sobre ésta niña antes de que nos la llevemos? –preguntó más tranquilo el segundo agente, aún intimidando a la pobre Rue-.

N… Sí, su nombre es… Micaela… -susurró con una pequeña sonrisa que rápidamente disfrazó con un gesto extraño-.

Esta bien, vuelva a su hoga, ¡ya! –gritó el primer agente haciendo que la pequeña Rue empezara a correr fuera del manantial-.

Definitivamente le fue mucho mejor de lo que esperaba, mañana por la mañana iría a las oficinas de los agentes a preguntar por la bebé, se prometió al correr entre los árboles que jamás perdería de vista a aquella dulce bebé, a la que le tarareó esa canción de cuna tan especial, a la que cuidó tiernamente, a la que llamó… Micaela.

|| Sí lo lees por favor mándame un tweet diciendo si te gustó, o tienes alguna sugerencia. Si detectas algún error por favor házmelo saber, pues no le dí un segundo vistazo al fic. Gracias por verlo. ||

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954 days ago

La canción de cuna de Rue... (FanFic - One-shot).

La oscuridad reinaba cada vez más aquella nublada tarde, y la luz que avanzaba entre las ramas de los altos árboles se extinguía poco a poco. Esa pequeña niña seguía saltando entre las ramas más altas divirtiéndose un poco al ya finalizar la jornada diaria de trabajo. No podía creer lo fácil que se le hacía transportarse de un árbol a otro pues hace apenas un par de meses había empezado a aventurarse de esa manera entre las plantas, la sensación que envolvía a su cuerpo al saltar era única e inigualable, incluso podía afirmar que era lo que más le gustaba del día.

Cuando logró notar un poco de cansancio, avanzó un par de ramas más hasta llegar a la parte media del roble más fuerte que había en la región. Suspiró al llegar y cerró los ojos un rato, relajándose ante los ligeros cantos que regalaban las aves que se preparaban para dormir. Notó un bulto dentro de su pantalón y recordó lo que había conseguido hoy, después de asegurarse de que no hubiera nadie cerca (aunque claro, tan arriba pocos llegaban, más no era imposible) sacó unos cuantos frutos que había tomando en secreto y sonrió inevitablemente al imaginarse la felicidad de sus hermanos menores al ver semejante tesoro para sus paladares. Dejó sus piernas al aire agitándolas ligeramente observando su entorno para planear cómo bajaría de allí. Definitivamente ésa era la parte más difícil, pues al bajar saltando de rama en rama nunca se tenía bien definido un camino, incluso corría el peligro de que alguna se rompiera, sin embargo lo dudaba pues era una niña muy delgada y poco pesada.

Se armó de valor y decidió brincar hacia otro árbol situado a no más de un metro de ella. Se dibujó una sonrisa de alivio en su rostro al llegar a la delgada rama que quería, pues entre más pequeña fuera la parte del árbol, más peligro tenía de caerse. Se tomó del tronco con fuerza y se aseguró de que las bayas siguieran en su lugar. Fácilmente continuó cayendo de árbol en árbol debido a que siempre pensó que lo más difícil de todo era el primer salto.

Cayó en el piso haciéndo un ruido seco que se dispersó por el claro al que llegó. Un par de trabajadores iban caminando, aunque casi no notaron la llegada de la chica, pues ya se habían acostumbrado a ver caer la gente de los cielos, era algo natural en el Distrito 11. Lo único que les sorprendía a los habitantes era observar a una niña tan corta de edad haciéndo un trabajo que regularmente ocupaban las personas más experimentadas, claro, procurando que tuvieran buena condición física para realizar aquella tarea.

Comenzó a caminar dirigiéndose hacia su humilde hogar, mientras tarareaba una antigua canción de cuna que siempre le cantaba su abuela, de hecho, había bautizado a la canción como ‘La canción de Rue’, dado que a la hora de dormir, era la favorita de la pequeña niña. Aunque Rue suponía que la tituló así porque a su abuela siempre se le olvidaban las cosas, sin embargo, la intención era lo que contaba.

De repente, alcanzó a escuchar un sollozo a la distancia, no obstante siguió caminando. El ruido se incrementó conforme avanzaba, lo cual empezaba a molestarle un tanto pues estaba acostumbrada al silencio. Un par de metros adelante distinguió que se trataba del ruido de un bebé pues era muy agudo como para ser de alguien mayor. Preocupada por el bienestar del pequeñuelo se orientó hacia el lugar de donde provenía el llanto. Se sorprendió al ver a un pequeño crío envuelto en sábanas grises (tal vez blancas originalmente, pero la suciedad que se notaba en ellas no lograba ayudar a distinguir el verdadero color). Lo observó por un rato, todavía sorprendida de que alguien pudiera abandonar a semejante chiquillo a su suerte, agudizó sus sentidos procurando que nadie estuviera cerca y lo tomó en brazos cuidadosamente. No sabía si estaba bien o mal el tomar a un bebé como si nada, pero los agentes de la paz que vigilaban el Distrito 11 ya no dejaban siquiera saber qué habías hecho incorrectamente con tal de castigarte, muchos llegaban a pensar que lastimaban a los humildes habitantes sólo por placer, lo cual a Rue le disgustaba demasiado. Por suerte, pronto llegarían los Juegos del Hambre y los agentes de la paz tendrían otra cosa en la cual enfocarse. El llanto del bebé se hizo más fuerte y la morena Rue decidió sentarse entre las raíces de un árbol cercano para tratar de calmar al pequeño. Al darse cuenta que la mugre no sólo atacaba a las mantas sino también al cuerpecillo del niño, pensó en limpiarlo, más sólo se le vino a la mente un lugar: El Manantial Metza, un pequeño lago prohibo para los habitantes por órdenes del alcalde, quien lo usaba exclusivamente para su familia. Pero claro, Rue y unos cuantos amigos suyos ya habían descubierto una manera rápida de llegar sin ser detectados por los vigilantes, sin embargo al ser tan peligroso, Rue sólo había decido entrar una vez. Fue asombroso, pero el sentimiento de culpa la había embargado por tres semanas enteras, así que desistía de ir nuevamente. Pero ahora era importante, ella tenía conciencia de lo elemental que era la limpieza de un pequeño, su abuela siempre bañaba a sus hermanitos todos los días sin falta, pues argumentaba que podían contraer alguna enfermedad, las cuales abundaban en el 11. Siguió su camino, vigilante por si algún agente aparecía en cualquier parte. Recorrió casi un kilometro hasta llegar al hoyo que la conducía subterraneamente hasta una abertura oculta por diversos arbustos. La cruzó procuranto que no se lastimara el bebé y por fin distinguió el manantial al salir, se veía igual de precioso que la última vez, lo más hermoso que había visto jamás, con pequeñas plantas alrededor y diversos animalitos que embellecían el paisaje. Cualquier otra persona que no viviera allí podría confesar con toda seguridad que ese lugar no era el Distrito 11 por la diferencia al resto del aspecto del pueblo.

El niño paró de llorar cuando sintió las primeras gotas de agua en su cabecita, lo había desnudado con cuidado, dándose cuenta que era en realidad una niña. ‘Gracias a Dios’, pensó Rue inocentemente, pues lo que menos quería en éstos momentos era verle sus partes a un bebito. Al terminar, le dio a beber un poco de aquella agua pura, tuvo que requerir varios sorbos debido a que parecía que la chiquilla no había bebido nada en un buen tiempo. La dejó descansando a un lado mientras limpiaba rápidamente sus sábanas, todavía con miedo a ser descubierta.
Una hora después ya estaba tranquilamente junto a la niña, todavía a la orilla del manantial. Decidió refugiarse cerca de un cómodo arbusto para lograr dormir a la bebé, quién ya se había comido la mitad de las bayas que Rue había recolectado en la mañana. La diminuta sonrisa que se dibujaba en el rostro de la pequeña le hacía olvidar todas sus preocupaciones, obviamente quería una bebé como esa de nuevo en su casa, no recordaba lo bien que le reconfortaba la felicidad de un ser como áquel. ‘Cuando sea grande definitivamente tendré un bebé, ¡es de lo más lindo del mundo!’, pensaba con inocencia la muchacha. Sin embargo, al repasar las circunstancias en las que vivía su gente actualmente, no se imaginaba el traer niños a éste mundo.

Se sobresaltó nuevamente al escuchar un ligero sollozo de la creatura y sonrió al ver que la pequeñita parpadeaba una y otra vez pesadamente. Recordó su canción de cuna favorita, y comenzó a tararearsela con voz silenciosa. Eso le ayudaría a dormir definitivamente. Aprovechó la situación para arreglarle un poco el cabello al bebé, acariciando sus pequeños y delicados mechoncitos cafés. Sus facciones eran hermosas y sus ya cansados ojos lograrían que cualquier persona se perdiera en aquella inocencia teñida de marrón claro. Al lograrla dormir, Rue recordó que no sabía el nombre de aquella pequeña, definitivamente debía de ponerle uno, ¿pero cuál sería el indicado para éste ángelito que había encontrado?, debía de bautizarla de una manera especial, pero…

Una sensación de terror la inundó cuando visualizó a dos agentes de la paz que se dirigian a ella, no lo podía creer, quedó en shock en el instante, ¿qué le harían a ella y a su familia?, ‘O peor, ¿qué le pasará a la bebé?’ pensó Rue entrando en pánico.

-Jovencita, ¿qué hace en ésta área restringida?, ¿sabe que el acceso a ciudadanos está estrictamente prohibido, verdad? –argumentó con voz firme aquél soldado vestido de blanco-.

Si, pero… yo… es que… -titubeó tímidamente Rue, consumida por el miedo-.

¿Usted qué? –dijo gravemente el segundo agente-.

Yo… encontré a ésta niña aquí cerca de la entrada al manantial, la escuché llorar y vine a ver si estaba bien… -susurró mintiendo la pequeña Rue, esperaba que no pasara nada malo, no se imaginaba los mil castigos que podrían aplicarle-.

¿Por qué no reportó su hallazgo con nosotros? –inquirió nuevamente el segundo agente-.

P-porque apenas la encontré hace un par de minutos antes de que ustedes llegaran, m-me iba a dirigir c-con ustedes justamente cuando llegaron… -mintió entrecortadamente la morena-.

Los agentes de la paz susurraron con las cabezas juntas por largo rato. ‘Probablemente estén pensando en algún tipo de castigo para mí, o peor, para mi familia’ pensaba nerviosamente Rue, a quien ya le empezaban a temblar las piernas, aún con la bebé en brazos. Después de un par de minutos, los agentes voltearon a verla nuevamente.

Señorita, nos vamos a llevar al bebé con nosotros y usted podrá irse, sólo que su ración de comida disminuirá por dos semanas, a manera de reprimenda por estar en terreno prohibido a éstas horas… -afirmó el primer agente de forma amenzadora-.

P-pero… ¿qué le harán a la bebé? –preguntó preocupada la niña-.

La llevaremos con nuestros superiores, probablemente buscarán a su familia, y de no ser así, asignarán a alguien para su cuidado –concluyó fuertemente el mismo oficial-.

¿Tiene alguna información importante que darnos sobre ésta niña antes de que nos la llevemos? –preguntó más tranquilo el segundo agente, aún intimidando a la pobre Rue-.

N… Sí, su nombre es… Micaela… -susurró con una pequeña sonrisa que rápidamente disfrazó con un gesto extraño-.

Esta bien, vuelva a su hoga, ¡ya! –gritó el primer agente haciendo que la pequeña Rue empezara a correr fuera del manantial-.

Definitivamente le fue mucho mejor de lo que esperaba, mañana por la mañana iría a las oficinas de los agentes a preguntar por la bebé, se prometió al correr entre los árboles que jamás perdería de vista a aquella dulce bebé, a la que le tarareó esa canción de cuna tan especial, a la que cuidó tiernamente, a la que llamó… Micaela.

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backtoapril 854 days ago

Es verdaderamente precioso. Estoy conmovida, nunca había leído tan hermoso como esto. Perfecto.