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1463 days ago
En una sociedad enferma como la que vivimos, es imposible nacer con felicidad.Este estado de satisfacción ideal debe ser conquistado por nosotros mismos. No se le debe confundir con la prosperidad material o la pura satisfacción sexual. La felicidad no se consigue tratando de ser lo que se fue o se tuvo,ni lo que se será o se alcanzará.Tampoco se consigue queriendo ser lo que no se es o obtener lo que es imposible. Se consigue siendo lo que uno auténticamente es. ¿Pero qué es lo que somos? Las personas que nunca han meditado creen que son tal y cual se sienten cuando están despiertos. Se identifican a su ego limitado formado por la familia, la sociedad y la cultura, y desconocen la infinita extensión de sus valores espirituales. A pesar de haber acumulado riquezas, amoríos, triunfos, la persona que no ha abatido los límites de su Ego, liberándose del egoísmo para unirse a la totalidad, no puede conocer la felicidad. Siempre estará aplastada por el miedo a perder lo que tiene y por la insatisfacción de no obtener la totalidad del éxito. Quien vive en la cárcel del Ego, nunca cesa de compararse y, en medio de su abundancia, se ve envejecer con la muerte ineludible acechándolo. Quien reconoce las fuerzas Universales y eleva cada día más consciencia y huella en esta humanidad, inclina su Ego ante su Ser. El intelecto se une a la intuición. Fuerzas inefables comienzan a guiar su vida. Sabe que todo ser viviente es una parte de la Conciencia creadora universal, acepta la muerte no como un fin sino como una transformación, aprende a escuchar y amar a los otros, comprende que en su inmensa pequeñez es un precioso aporte a la grandiosidad del mundo, y se hace servidor de la belleza que impregna a toda la vida. Amando la totalidad ha descubierto también el amor a sí mismo. Comprende, conoce, que cada parte del universo, grande o pequeña, es una obra milagrosa que encierra a la totalidad de la conciencia divina…. Entonces vence a su deseo de querer poseer lo que no puede ser suyo, porque lo único que es suyo es él mismo. Comprende que sólo le pueden robar lo que no le pertenece, lo que es él nadie se lo puede quitar. Se reconoce como obra divina. Siente en su cuerpo fluir la vida, y se da cuenta que la vida es alegría, felicidad. Cada mañana, cuando se despierta, agradece estar vivo. Cada segundo que se escurre es una sublime joya, la compañía de los otros es un elixir fragante, el latir del corazón se une a los latidos de incontables seres y cada una de sus respiraciones es una fiesta que lo nutre al mismo tiempo que nutre al mundo. Ama su trabajo porque trabaja solo en lo que ama, admite la compañía de personas que agregan alegría a su alegría de vivir y con ilimitada compasión, en la medida de sus posibilidades, ayuda a los que sufren. Es feliz sin pedir, avanzando con un gracias continuo. Sabe que aceptará a la muerte como su realización suprema.

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